Lucía Converti, Guillermo Oglietti, Jorge Hernández Un año perdido para Argentina

Análisis
Alainet

El triunfo de Mauricio Macri en Argentina en las elecciones presidenciales de 2015 inauguró una expectativa de derrota de los proyectos nacionales y populares en el continente, y de victoria por parte de la derecha y su modelo económico neoliberal. Sin embargo, expectativa y realidad no siempre se aproximan y este optimismo inicial, que está en ADN de cualquier nuevo gobierno al iniciar, no excusa al gobierno de Macri de la indispensable necesidad de mostrar, tanto al interior como al resto de la región y el mundo, al menos un desempeño económico saludable. Sin embargo, tras un año de gobierno, y de haber reformado completamente el esquema macroeconómico vigente desde la salida de la convertibilidad, los resultados dejan mucho que desear, sobre todo, en lo que respecta al bienestar del pueblo argentino.

La macroeconomía Argentina ha repetido un karma histórico, pendulando nuevamente entre extremos, desmontando lo conseguido tras una dura década de esfuerzos y avances. Entre el modelo kirchnerista basado en el desarrollo endógeno y el mercado interno al proyecto de apertura irrestricta basado en el sector financiero. Entre un modelo implementado desde la salida de la convertibilidad que intentaba combinar pragmáticamente los estímulos a la demanda y a la oferta productiva, a un modelo que descansa en la teoría del derrame. Desde un modelo de desarrollo soberanista basado en el financiamiento propio y el desendeudamiento al proyecto macrista apoyado en la deuda. Desde un modelo tributario progresivo a uno regresivo. Desde un modelo que apostaba en la equidad como eje de conducción de la política y como estrategia para estimular el consumo y la producción, al modelo macrista que apuesta por la competitividad y flexibilidad que brinda la desregulación de los mercados y del salario. En definitiva, Argentina ha abandonado un modelo que tenía como principio rector al Pleno Empleo en condiciones dignas y regulaba la economía y sus desequilibrios con tal propósito, a un modelo que ha dejado el timón en manos del mercado esperando que la corriente lleve el barco a buen puerto.

La percepción que tenemos al concluir el primer año de gobierno es que el barco efectivamente no tiene capitán y que el timón sin control nos lleva a un puerto que ya hemos conocido en nuestra historia reciente. Con gran preocupación observamos que este modelo de apenas un año de edad, está repitiendo a pasos acelerados lo peor de las prácticas económicas que sobrevivimos a duras penas en durante los dos procesos que más contribuyeron a minimizar nuestro país, la dictadura y el menemismo. Y el síntoma que todo lo resume es el descomunal crecimiento de la deuda, el pilar que le permite al gobierno sortear las consecuencias de la inconsistencia macroeconómica que genera su política de deriva sin timonel. El macrismo está endeudando el país a un ritmo entre 4 y 5 veces superior al que lograron la dictadura y el menemismo, y esta velocidad nos asegura que la duración de este ciclo será también entre 4 y 5 veces más corto que en estas fatídicas experiencias de nuestra historia reciente.


1. Caída del nivel de actividad. El consumo, la victima de los huevos de oro

En diciembre de 2015, la primera medida del nuevo gobierno consistió en la modificación del modelo cambiario, desde uno de flotación administrada a uno de flotación libre. Se liberó el precio del dólar lo que provocó inicialmente una devaluación de la moneda que alcanzó un 62%[1] para fines de febrero. El primer éxito económico del gobierno, la estabilización del dólar en torno a un valor que oscila en torno a los 15/16 pesos por unidad, se logró rápidamente ya que esta liberalización no cundió en mayores corridas cambiarias. Este logro inicial no se debió a las virtudes de un modelo sustentable, ni a un boom exportador que eliminase el problema habitual de la escasez de divisas -también llamado restricción cambiaria- sino, que por el contrario, se fundamentó en una estrategia extremadamente dolosa, el ingreso de divisas obtenidas mediante un endeudamiento masivo, sin parangón, incluso en contraste con los gobiernos deudores seriales como el de Menem en los 90s y el de la dictadura en los 70s. Se recurrió al mecanismo de fijar altas tasas de rentabilidad en dólares para las colocaciones de corto plazo, que consiguieron desplazar la demanda de divisas.

Esta devaluación significó una fuerte transferencia de ingresos al sector exportador, cuya rentabilidad no sólo se benefició de esta devaluación sino también por la disminución de las retenciones a la exportación de soja y la eliminación de las mismas para otros productos como el trigo y el maíz entre otros. La consecuencia inevitable de estas dos medidas, fue un aumento inevitable de los precios locales como consecuencia del doble impacto de la devaluación y de la reducción o eliminación de retenciones sobre los precios locales de los bienes transables.[2] La transferencia de ingresos al sector exportador se realizó a costa de la caída del salario real de los trabajadores y consecuentemente de su poder de compra. Sumado a esto debe mencionarse que aproximadamente a mitad de año se produjo un aumento de tarifas de los servicios públicos  de luz y gas, cercano al 600% en algunos casos. Estos aumentos de precios, que hoy alcanzan un 45% interanual, superaron ampliamente las paritarias laborales haciendo caer el salario real y consecuentemente el consumo privado.

A su vez, las altas tasas de interés para contener la huida al dólar, sumadas al freno en el consumo, produjeron también una caída en la inversión. A este motivo, por demás sólido para explicar el desplome de la inversión, se sumó el freno de la obra pública que provocó el desplome del nivel de actividad de la construcción. También debe señalarse que los mayores ingresos de los exportadores tampoco se están traduciendo en crecimientos de la inversión en construcción residencial, por lo que la actividad de la construcción continúa cayendo a ritmos interanuales mayores al 10%.

Según datos elaborados con las últimas mediciones públicas del INDEC en el segundo trimestre, el PIB registra un ritmo de caída en torno al 3,4%.

Tabla 1. Desplome generalizado en los componentes del PIB. Segundo trimestre de 2016
PBI
Importaciones
Consumo Privado
Consumo Público
Exportaciones
Inversiones
-3,4%
8,7%
-0,1%
-2,0%
-1,9%
-4,9%
 
Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC)

Como puede observarse en el cuadro precedente, para el segundo trimestre, contrario al efecto que debería haber producido la devaluación, las exportaciones cayeron y las importaciones aumentaron aportando ambos efectos a la caída del producto. Sin embargo observando datos más recientes de comercio exterior, a octubre la caída de las exportaciones se acelera hasta el 2,1%.[3]Las importaciones, de acuerdo a estos últimos registros, desaceleran moderadamente su avance, lo que si bien puede representar un alivio en términos del consumo de divisas, son la consecuencia inevitable de la recesión que continúa este segundo semestre del año.

Asimismo, ni las expectativas oficiales son optimistas y, por ejemplo, en el proyecto de Ley de Presupuesto 2017 enviado por el ejecutivo al Congreso de la Nación en septiembre, se estimó una caída del producto del 1,5%.


2. Desmantelamiento de la producción

Lógicamente la caída del PBI tiene su reflejo en la caída de la producción local, observar cuáles fueron los sectores más afectados echa luz sobre los efectos provocados por la política macroeconómica y comercial aplicada. De acuerdo a los últimos datos publicados para el 2do trimestre, la variación interanual del valor agregado bruto (VAB) muestra una caída de 3,5%.

Tabla 2. Producción por sectores. Segundo trimestre de 2016
VALOR AGREGADO BRUTO a precios básicos
-3,5%
A -  AGRICULTURA ,GANADERIA,CAZA Y SILVICULTURA.
-7,9%
B – PESCA
-15,7%
C - EXPLOTACIÓN DE MINAS Y CANTERAS
-5,5%
D - INDUSTRIA MANUFACTURERA
-7,9%
E - ELECTRICIDAD, GAS Y AGUA
4,1%
F – CONSTRUCCIÓN
-10,2%
G - COMERCIO MAYORISTA, MINORISTA Y REPARACIONES
-2,1%
H - HOTELES Y RESTAURANTES
3,1%
I - TRANSPORTE Y COMUNICACIONES
1,2%
J - INTERMEDIACIÓN FINANCIERA
-5,7%
K - ACTIVIDADES EINMOBILIARIAS, EMPRESARIALES Y DE ALQUILER
-0,9%
L - ADMINISTRACIÓN PÚBLICA Y DEFENSA; PLANES DE SEGURIDAD SOCIAL DE AFILIACIÓN OBLIGATORIA
2,8%
M – ENSEÑANZA
1,7%
N - SERVICIOS SOCIALES Y DE SALUD
3,3%
O - OTRAS ACTIVIADADES DE SERVICIOS COMUNITARIAS, SOCIALES Y PERSONALES
-0,8%
P - HOGARES PRIVADOS CON SERVICIO DOMÉSTICO
-1,3%
Fuente: Elaboración propia en base a datos del INDEC

De estos grandes sectores, los que mayor peso tienen en el VAB son el agropecuario (A) con un 15,8% y la industria manufacturera con 18,2%, el comercio con el 14,6% y la actividad Inmobiliaria con el 11,3%. Dentro de la industria manufacturera las mayores caídas se producen en la fabricación de equipos de transporte (-29,8%), fabricación de instrumentos médicos (-26,5%), fabricación de muebles y colchones (-24,8%), fabricación de prendas de vestir (-21,2%) y  fabricación de maquinaria (-19%). La apertura de las importaciones perjudica a estos sectores, ya que las salvaguardias que protegían al mercado interno frente a un escenario global super-competitivo, ya sea como consecuencia de los bajos costos salariales de otros países como por los excesos de oferta globales acumulados tras años de recesión global.

En cuanto a la exportación, las caídas son alarmantes y las más elevadas corresponden a los siguientes sectores: calzados y sus partes componentes con un -38,5%, carburantes -33,0%, productos lácteos un -30,7%, grasas y aceites lubricantes -30,6%, textiles y confecciones -28,1%, material de transporte terrestre -23,9% y café, té, yerba mate -23,4%. Igualmente alarmantes para la producción nacional y el equilibrio de balanza de pagos resultan los crecimientos de las importaciones de productos, entre los que destacan los vehículos automotores de pasajeros, con un incremento de 19,2% respecto a 2015, los bienes de consumo con un aumento del 14,8% y, por tomar un ejemplo particular dentro de una tendencia generalizada que afecta a todas las ramas de actividad transables internacionalmente, los combustibles y lubricantes con un 58,2% de crecimiento respecto al año anterior.

El impacto de la apertura comercial es devastador aunque no se observan todavía un déficit comercial significativo. En efecto, debe tenerse en cuenta, que la economía está en plena recesión, por lo que los incrementos observados de las importaciones, que son muy significativos en muchos sectores, ocultan el verdadero potencial de importaciones que tendrían lugar si la economía argentina estuviese atravesando un momento de bonanza. Sin duda, con viento de cola favorable, el modelo actual de comercio exterior solo conduciría a un gran déficit externo y no se canalizaría hacia un estímulo de nuestras capacidades productivas. Los productores orientados al mercado interno, el grueso de la industria PyME de carácter nacional, hoy experimentan una debacle como consecuencia de sus ventas mermadas como consecuencia del desplome de todas las fuentes internas de demanda, a la vez que enfrentan una competencia importadora sin frenos, sin limitaciones como las salvaguardias que protegen la industria nacional frente a circunstancias globales adversas en las que abunda una capacidad de sobreoferta como consecuencia de la crisis de insuficiencia de demanda que afecta la economía global desde 2008.


3. Economías regionales en situación crítica

Los principales beneficiarios han sido los grandes operadores de las producciones de bienes exportables tradicionales -el complejo oleaginoso con epicentro en las provincias de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, y el cerealero mas extendido sobre el territorio del país a excepción de la región patagónica- que se apropiaron de la mayor parte del excedente generado por el nuevo conjunto de políticas.

La combinación de devaluación y quita de retenciones incrementó el valor en pesos en el mercado doméstico de los productos de esos complejos generando dos efectos negativos principales: 1) se trasladaron al precio de bienes salarios, reduciendo capacidad de compra de los ingresos salariales y, por lo tanto, la demanda de otros bienes y 2) incrementaron los costos de producción en las cadenas productivas que los utilizan como insumos importantes.

La anemia de la demanda externa junto a la debilitada demanda interna y las importaciones, han impactado con intensidad sobre los complejos productivos regionales:
-vitivinícolas de Mendoza, San Juan, Neuquén y, en menor medida Río Negro;
-avícola, principalmente alojado en Entre Ríos y Buenos Aires;
-lácteo, de Santa Fe, Córdoba y el norte de Buenos Aires;
-yerbatero, en Misiones y Corrientes;
-frutícola, principalmente en Río Negro; y forestal-celulósico, de Misiones, Chaco, Formosa y Corrientes.

Esta combinación de políticas también ha afectado negativamente las producciones de porcinos, en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe y citrícola de Salta, Jujuy, Buenos Aires, Entre Ríos y Corrientes.

Por su parte, los aumentos tarifarios, en especial los vinculados a la calefacción, han afectado la rentabilidad del sector turístico en todo el país, pero incide especialmente en la Patagonia.

El sector industrial ha sido victimado también del desplome de la demanda y la apertura importadora, ocasionando cierres de empresas, despidos y suspensiones de trabajadores, retroalimentado la reducción de ingresos salariares y su demanda derivada. Los efectos se ensañan con los mayores centros urbanos, como los cordones industriales del Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario, pero las provincias de San Luís y Tierra del Fuego y sus enclaves industriales se suman a este derrotero.

El incremento de los precios de los insumos de origen agrícola impactó intensamente sobre los sectores productores de leche, cerdos y aves.

En tanto, la concentración preexistente y el relajamiento de controles al abuso de posición dominante posibilitaron el crecimiento de la participación en los ingresos de los intermediarios comerciales en los complejos productivos de yerba mate, lácteos, frutas, aves, vinos y cítricos, reduciendo las participaciones de los productores primarios, principales difusores regionales de las desventuras sectoriales.

El sector de los hidrocarburos no parece responder frente a los incentivos ya implementados y los comprometidos. No solo han experimentado pobres avances en términos de empleo y producción, sino que más bien, la situación parece empeorar y, en estos últimos días, se están produciendo cancelaciones de proyectos y despidos en el sector, que afectan en especial a las provincias patagónicas.

Se han registrado, también, señales negativas en la coyuntura de producciones como el tabaco - con presencia en las provincias de Salta, Jujuy, Misiones, Catamarca y Tucumán-, el complejo olivícola -alojado en Catamarca, San Juan, La Rioja y Mendoza- y las de hortalizas distribuidas en el territorio.
La matriz de precios relativos desregulados con los que el programa del gobierno nacional pretende desarrollar las regiones argentinas, está mostrando resultados desalentadores que afectan casi todas las provincias y a la gran mayoría de los trabajadores del país.

Por el momento, el esperado efecto derrame derivado de la reinversión de las utilidades de los sectores “ganadores” que resultaron beneficiados con el cambio de precios relativos, no se ha hecho presente en toda la geografía nacional. Esto se refleja contundentemente con la caída de la inversión real que registra la contabilidad pública y la creciente remisión al exterior de las utilidades.


4. Caída del empleo y del poder adquisitivo

Desde el inicio de la gestión Macri, la defensa del principio del pleno empleo en condiciones dignas no solo dejó de ser una prioridad, sino que por el contrario, se adoptó a rajatabla el decálogo neoliberal para el que tanto el salario, como el empleo y los mecanismos institucionales creados para defenderlos, son barreras a la competitividad y solo representan costos para las empresas. La perspectiva fordista, para la que el salario representa una fuente de demanda no existe en este modelo y desde el inicio se tomaron medidas para atacar el poder adquisitivo del salario. El despido masivo de empleados estatales marcó la primera etapa de gobierno que dio pie a los despidos en el sector privado. Frente a la ola generalizada de despidos en el sector privado, el gobierno reaccionó vetando una ley que aprobó el congreso que intentaba prohibir los despidos con el objetivo de defender las fuentes de trabajo y su poder de compra. Su única respuesta “superadora” frente a la crisis de despidos, fue la de elaborar un pacto en el que los empresarios se comprometieron a no realizar despidos, pero naturalmente, como era solo una expresión de deseos que no obligaba a los firmantes a su cumplimiento, los despidos siguieron a la orden del día como era de esperar.

La caída de la producción afectó fuertemente tanto la construcción (-10,3%) como la producción industrial (-7,9%) siendo estos los pilares dinamizadores del empleo del país. Según datos oficiales del INDEC, para el 3er trimestre del año 2015 la tasa de desocupación era de 5,9% -la cifra más baja de desocupación registrada en todo el gobierno anterior-, mientras que un año después, para el 3er trimestre de 2016, aumentó a 8,5%. Esto implica 1,1 millón de desocupados y un crecimiento de más de 300 mil nuevos desocupados.

Como se ha señalado, la oposición intentó frenar los despidos mediante una ley de emergencia social que fue sancionada por el congreso, sin embargo, el gobierno no solo respondió vetando la ley, sino que durante el segundo trimestre adujo que se trataba de “trabajos obsoletos” y que “deben generarse mejores puestos de trabajo”.

Acompañado de la caída en el empleo, el aumento salarial conseguido en paritarias a principios de año resultó rápidamente carcomido por la inflación (que en mayo alcanzó el 44,1%) y se registró una caída del salario real para el segundo semestre del 12%.[4] Sin embargo, la desaceleración de la inflación para el resto del año, el efecto de las paritarias en cuotas y la negociación de un bono de fin de año para algunas ramas de actividad, permitirán reducir la caída del salario real para fin de año hasta alrededor de un 6,6% (cifra estimada por el mismo instituto para el período Nov 2015/Oct 2016).

Dada la tasa de inflación anual, el gobierno tuvo que actualizar tanto el valor de la Asignación Universal por Hijo como la jubilación, en un 30% a lo largo del año, no obstante lo cual, la caída del poder de compra de estos sectores sigue siendo significativa, más aun teniendo en cuenta que el gobierno ha desmontado el popular sistema de créditos bancarios económicos otorgados en cuotas a bajo interés a los perceptores de pensiones y jubilaciones (programa Ahora12), por lo que su capacidad de consumo está seriamente constreñida.   


5. Caída en la recaudación y aumento del déficit fiscal

Dos ejes de la campaña del PRO fueron las promesas de reducir la presión fiscal a la clase media, a los empresarios, a los exportadores y a reducir el déficit fiscal para detener la inflación, un viejo reclamo del mainstream. Las promesas de campaña fueron importantes y consistieron en reducir las retenciones a las exportaciones, eliminar el impuesto a los bienes personales, eliminar el impuesto a las ganancias a los trabajadores de mayores ingresos y de llevar el déficit a cero progresivamente. La propuesta constituía una apuesta por un esquema tributario regresivo.

El primer paso que se dio fue sobre las retenciones a las exportaciones, como se mencionó anteriormente, eliminándolas para el caso de las exportaciones de maíz, girasol, trigo, cebada y carne vacuna y reduciéndolas un 5% para la soja y sus derivados. A octubre de 2016, esta medida significó 5 mil millones de pesos menos de recaudación por este impuesto. Con respecto a la eliminación de los bienes personales, se planteó una reducción fuerte y progresiva de la alícuota para el 2019.

Debe señalarse que Argentina logró durante los años del kirchnerismo una estructura tributaria progresiva, no tanto gracias a la progresividad del impuesto a las ganancias, que nunca dejó de ser un impuesto difícil de recaudar y fácil de eludir sino, sobre todo, gracias a la aplicación de las retenciones a las exportaciones cuya recaudación recaía sobre los estratos de ingresos más altos de la sociedad. Por lo tanto, al desmontar la recaudación basada en este impuesto, se desmontó en gran medida la progresividad tributaria lograda por el kirchnerismo. Sin duda, una deuda pendiente del kirchnerismo ha sido la de lograr una estructura tributaria progresiva más consistente y estructural, que enfrentase todos los caminos de elusión y evasión, como los precios de transferencia y el ataque consistente a las prácticas que trasladan beneficios a guaridas fiscales. En definitiva, el grueso de la progresividad tributaria de Argentina dependía básicamente de un impuesto al comercio exterior, que pudo ser borrado de un plumazo por la nueva administración ya que los impuestos al comercio exterior pueden ser modificados por decreto sin participación del Congreso.

Respecto al impuesto a las ganancias, al momento de escribir este informe se ha aprobado una reforma en el Congreso que no es del agrado del gobierno, quien al parecer ya tiene listo el decreto que veta su sanción. En definitiva, el gobierno ha decidido no cumplir su promesa de eliminar el impuesto a las ganancias, que básicamente beneficiaría a los trabajadores de mayores ingresos, sino que por el contrario, ha aumentado su recaudación debido a que el gobierno decidió aumentar el mínimo no imponible (por debajo de la inflación) y revisado las escalas, por lo que en la práctica ha aumentado el impuesto y ampliado la base de recaudación afectando a un mayor número de trabajadores. También se planteó un descuento de IVA a los jubilados, como respuesta a la emergencia social, pero dado su formato de ejecución, impactará poco en la recaudación.

La caída en el nivel de actividad, tuvo un fuerte impacto en la recaudación fiscal. A octubre, la  variación interanual de la recaudación fue de un +28%,[5] muy por debajo del registro de inflación acumulado, es decir, que la recaudación en términos reales se desplomó. Por el contrario, para este mismo mes el gasto público se disparó, generando un déficit primario de casi $63 mil millones de pesos, un 61,8% más que el mes anterior. Si sumamos a esto el pago de intereses por deuda interna, el déficit alcanza los $77.500 millones de pesos, un 336,3% más que durante el mismo mes del año 2015.  El déficit primario acumulado para octubre de 2016 sumó 286 mil millones de pesos, aumentando un 307% con respecto al acumulado al mismo mes el año previo.


6. Valorización Financiera

La economía del macrismo volvió a poner el eje sobre la valorización financiera en Argentina. Al igual que durante el menemismo y la dictadura del 76, el sector financiero pasó a ser el negocio estrella en Argentina del PRO. En este sentido, el gobierno desregularizó el mercado financiero, tarea que el gobierno anterior había promovido fuertemente, liberando las comisiones bancarias, las tasas de interés y minimizando la intervención de la Comisión Nacional de Valores (CNV), entre otras acciones.

Gráfico 1. Tasas de interés


Fuente: Ministerio de Hacienda y Finanzas y Banco Central de la República Argentina.

La tasa de interés nominales de referencia para préstamos bancarios (Badlar Privada) en 2015 fue de 20,7% en promedio hasta octubre. El resultado de las elecciones y la devaluación anunciada hicieron que en noviembre alcanzara un 23,4% y el nuevo gobierno aceleró su crecimiento hasta un 32,2% alcanzando una tasa máxima de 31,0% en mayo de 2016 donde, mes a mes fue disminuyendo hasta alcanzar los 22,1% en octubre. Debe tenerse en consideración, que si bien estos registros muestran un aumento de la rentabilidad nominal del capital financiero, el incremento de la rentabilidad en términos de dólares ha aumentado significativamente más, debido a que el valor del dólar permanece prácticamente sin cambios desde la devaluación que marcó el inicio del gobierno. Este movimiento de la rentabilidad aumenta la ganancia de los prestamistas por sobre la de los deudores y desalienta la inversión productiva que no pueden alcanzar estos altos niveles de rentabilidad.

Las LEBACs, letras del Banco Central, se convirtieron en uno de los instrumentos más utilizados para la inversión financiera debido a su alto rendimiento tanto para personas físicas como para los bancos. El 20 de octubre de 2015, la tasa promedio era de un 27,0% y alcanzó un máximo de 37,0% el 15 de diciembre tras el triunfo del PRO y luego bajó para mantenerse en un promedio de 31,0% hasta junio y luego empezó a disminuir hasta un promedio de 23,0%. En términos de divisas, este instrumento se ha transformado en uno de los activos más rentables del planeta, muy superior incluso a la rentabilidad que producen activos basura, y es uno de los canales de atracción por los cuales el gobierno canaliza ingresos de capitales golondrina. Las emisiones de LEBACs han sido utilizadas intensamente por el BCRA para absorber la oferta de dinero y mantener bajo control la inflación y el tipo de cambio. De todos modos, si bien el instrumento ha sido efectivo moderando las expectativas de devaluación y atenuando los aumentos de precios, la contracara de este instrumento es una gran transferencia de ingresos al sector financiero y un crecimiento insustentable, al estilo bola de nieve, de la deuda pública en pesos, que tarde o temprano presionará sobre las expectativas de devaluación y la inflación.
Una muestra contundente de este nuevo proceso de valorización financiera, es el hecho de que los bancos hayan obtenido las mayores ganancias durante 2016, año en que el resto de la economía fue a pique. Esta ganancia claramente fue a costa de la devaluación, el endeudamiento público y de la libertad otorgada por el gobierno para aumentar las comisiones bancarias. Según el último informe de bancos del BCRA, para septiembre el resultado total acumulado del sistema financiero para 2016 aumentó un 43,9% con respecto al mismo período para el año pasado.


7. Superávit de Balanza de Pagos y Endeudamiento

La restricción externa fue uno de los principales problemas del gobierno de Cristina Kirchner. El comercio internacional en baja debido a la crisis global y la caída de los precio de los commodities, requirieron reducir la fuga de divisas vía remisión de utilidades y reducción de las importaciones y acceder al endeudamiento externo en un contexto hostil ya que el conflicto con los Fondos Buitres impedía el acceso a los mercados de crédito.

Macri asumió anunciando la lluvia de inversión extranjera directa y la vuelta al mundo financiero, por lo cual, una de sus primeras acciones fue la de claudicar frente a las pretensiones de los fondos buitres pagándoles en efectivo y sin quita a los fondos buitres (9.300 millones de dólares) y simultáneamente abrió la posibilidad de que tanto las gobernaciones como municipios y personas accedieran al crédito internacional en dólares. 

Tanto el primer como el segundo trimestre de 2016, según los últimos datos oficiales del Ministerio de Economía, se acumularon reservas internacionales. Si se observa el balance de pagos por sector propietario acumulado al segundo trimestre de 2016, no fue la cuenta corriente la que cambió el signo negativo sino la cuenta financiera. En la misma se puede distinguir, entrada de divisas por el Banco Central por un importe mayor a todos los registrados desde 2001 (USD 4.800 millones), aportes del gobierno nacional (USD 5.100 millones) e ingresos significativos de los gobiernos provinciales (USD 4.600 millones) que no tienen precedentes al menos desde 1994 (primer dato oficial). También en esta cuenta se distingue un desahorro del sector privado no financiero en el segundo trimestre, de 2.600 millones de dólares, monto que se puede asemejar a los momentos álgidos de fuga de divisas en la Argentina. Según el equipo de CIFRA la fuga de divisas acumuló 11.700 millones de dólares hasta septiembre de 2016.

En resumidas cuentas, lo que equilibró el balance de pagos fue el endeudamiento externo. No existe al día de hoy un balance de pagos por componentes actualizado al segundo trimestre pero en el primero, la inversión extranjera directa fue menor que en todos los trimestres de 2015[6], mientras que aumentó un 188% la inversión financiera con respecto al primer trimestre de 2015 (USD 2.900 millones)  y se incrementaron 107% los pasivos en concepto de préstamos (USD 7.000 millones).

Gráfico 2. Evolución de la deuda externa

Fuente: Información económica al día, Ministerio de Hacienda y Finanzas.

Como mencionábamos anteriormente, la base de sostenimiento del modelo de Macri es el endeudamiento externo. En el gráfico 2 puede verse el crecimiento de la deuda anual desde 1995 hasta diciembre de 2004, el pago y la quita de deuda negociada por Néstor Kirchner en 2005 y un movimiento ondulatorio desde 2005 hasta diciembre de 2015 aunque con tendencia creciente. Para junio de 2016 el gobierno de Macri superó el monto máximo de endeudamiento que había alcanzado el 2014. Pero lo más llamativo no es el volumen acumulado de deuda sino la rapidez del endeudamiento. En 6 meses la deuda creció un 23%, ritmo que no se había visto ni siquiera en los momentos de mayor endeudamiento de la argentina durante el gobierno de Carlos Menem. Si consideramos la toma de deuda entre junio y noviembre de este año, por 9.100 millones de dólares adicionales, el crecimiento de la deuda alcanza casi un tercio (29,3%) del total de deuda.


8. Aumento de la pobreza y la desigualdad

Los resultados de este corto período van en la línea con las consecuencias pasadas de la aplicación de este mismo modelo económico 12 años atrás en la Argentina. El 10% de la población más rica acumuló un ingreso en el segundo trimestre de 2016 que representa 23,2 veces el acumulado por el 10% más pobre. Un año atrás era de 18,7 veces, por lo que el diferencial se incrementó un 24%, mostrando las consecuencias sobre la desigualdad del modelo implementando. El Coeficiente de Gini avanza en el mismo sentido pasando, en el mismo período, de 0,3856 a 0,4168[7], un retroceso que no tiene parangón en un período tan corto de tiempo sin que hayan mediado eventos económicos catastróficos que lo justifiquen. Este incremento de la desigualdad, sumado al de la pobreza que, en igual período, pasó de del 27,3% al 32,2%[8] de la población, nos brindan una idea de la magnitud de la redistribución del ingreso en sentido inverso, de abajo hacia arriba, que se ha realizado durante este primer año de gobierno.


9. Contexto mundial y regional

La propuesta de campaña del macrismo apostaba por volver al mundo. ¿Pero cuál era el mundo que iba a recibir este triunfal regreso? Cualquier estrategia o apuesta aperturista no puede dejar de considerar, al menos, la coyuntura económica mundial. Más allá de que un estratega conduciría la inserción global al menos intentando rentabilizar oportunidades de desarrollo, de integración en cadenas productivas, procurando transferencias tecnológicas y un balance de poder que brinde un mínimo de seguridad nacional y proyecte la nación en el concierto internacional, la estrategia del macrismo ni siquiera tuvo la cordura de reconocer la coyuntura inmediata que enfrentaría el proceso de apertura. Aplicando al extremo la teoría naïve del derrame, aplicó la receta liberar el mercado para sentarse a esperar la lluvia de inversiones en un contexto internacional que sigue siendo recesivo, donde escampa el proteccionismo y abundan los excedentes productivos, por lo que más que esperar una lluvia de inversiones, el gobierno debería haber esperado una avalancha de importaciones acompañadas de un torrente de inversiones financieras de corto plazo, que no contribuyen a modificar nuestra estructura productiva sino a aumentar nuestra dependencia financiera.

Según el FMI, la economía mundial crecerá 3,1%, menos que lo que se esperaba a principio de año, mientras que de acuerdo a CEPAL, el producto regional se contraería un 0,9% al finalizar el año y nuestro principal socio comercial, Brasil, enfrenta una grave recesión. Para 2015 la evolución de la IED en el continente se contrajo un 9,1% y se espera que el proceso continúe en 2016, con una caída proyectada del 8%.


10. Reflexiones finales

Luego de realizar un recorrido por todos los aspectos económicos de este primer año de gobierno de Mauricio Macri, podemos afirmar que los resultados no fueron positivos en ningún sentido. La inflación se disparó y lo único que ayudo a disminuirla para fin de año fue la caída de la actividad. Todos los indicadores de actividad cayeron, acompañando a estos los retrocesos en el nivel de empleo y el salario real. El endeudamiento público siguió avanzando, mientras las obras se paralizaron y los beneficios sociales se redujeron. La restricción externa no se superó por la llegada de inversión extranjera directa sino a costa de un fuerte endeudamiento externo a tasas cada vez más elevadas y comprometiendo el futuro económico del país y de sus habitantes.  Este modelo, lo único que aseguró hasta el momento, es la transferencia de ingresos de los que menos tienen a los que más y del interior al exterior del país. También nos asegura que los costos de estas inconsistencias no sólo tendrán que ser afrontadas por nuestros hijos o nuestros nietos, sino por nuestra propia generación que ha votado este cambio en el modelo económico.

Muchas características del modelo vigente merecen un análisis pormenorizado que no es posible afrontar, por razones de extensión, en este breve informe de balance. En general, el cambio de modelo es abrumador. Las políticas de desarrollo de infraestructura, energía, ciencia y técnica, educación y salud pública, son comprendidas dentro de la ley general que básicamente consiste en desmonte del capital público y desinversión que hipotecan nuestro futuro al igual que la deuda creciente.

El macrismo llegó al gobierno elevando a la comunidad promesas a todos los sectores, entusiasmando con un futuro mejor para todas las clases, con un podemos vivir mejor, terminar la pobreza y ser más felices. A lo largo de este año ha sido muy selecto eligiendo qué promesas cumplir y cuáles no. Su selección, sin dudas, no ha contribuido al bienestar ni la felicidad de la mayoría de los argentinos, que a un año de su mandato manifiestan en un 70% que Macri no ha cumplido sus promesas.

No es posible hallar consistencia en la política macroeconómica observada durante este primer año de gestión. Quizás sea el resultado de la selección de timoneles, pues para conducir la macroeconomía el presidente puso al frente de la conducción un cuerpo de ejecutivos (CEOcracia de acuerdo al término acuñado por Alfredo Zaiat) extraído sobre todo de las plantillas de las empresas más representativas de las finanzas globales. La falta de coherencia macroeconómica puede ser explicada precisamente como la consecuencia psicológica de esta selección de timoneles. Los CEOs son ejecutivos provenientes de la empresa privada, inspirados en la idea de que la mano invisible del mercado brinda la mejor conducción, que el interés privado se confunde con el interés público, están esperanzados con las bondades del efecto derrame, tienen una visión cortoplacista de la economía, se apoyan en las lecturas de informes de coyuntura económica que publican las instituciones financieras y confían en la autorregulación de los mercados. Los ciudadanos de a pie, y los economistas formados en historia económica, en las problemáticas del desarrollo y cuyas lecturas van más allá de los reportes de las instituciones financieras, entendemos, por el contrario, que esto no es así, y que la confianza en la autorregulación y en la deriva económica solo conduce al mismo puerto que nos llevó a la crisis de la deuda en los 80s y la de la convertibilidad en 2001. La CEOcracia ha demostrado su incapacidad para gobernar, y Macri, más pronto que tarde si quiere asegurar su supervivencia, deberá hacer un giro de timón en su selección de timoneles.
10 de Diciembre 2016

- Lucía Converti, Guillermo Oglietti y Jorge Hernández, Unidad Debates Económicos de CELAG


[1] Elaboración propia en base a datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA)
[2] En efecto, teniendo en cuenta que el PL es el precio local, PI el precio internacional, e el tipo de cambio USD/$ y ret la alícuota de retenciones en porcentajes, resulta que PL = PI e * (1–ret), por lo que tanto un aumento de e como una disminución de rettienen el mismo efecto de elevar el precio local.
[3] Fuente: Cuadros Anexos de Informe de Prensa del Intercambio Comercial Argentino (INDEC)
[4] Instituto Estadístico de Trabajadores (IET).
[5] Fuente: Información Económica al día. Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas
[6] Fuente: INDEC
[7] “Desigualdad. Un cambio con ganadores y perdedores”, CEPA-INDEP, Octubre 2016.
[8] “Pobreza e indigencia en Argentina (2003-16)”, CESO, Informe Económico Especial, Septiembre 2016.


Nancy Romer Standing Rock, Celebrada la victoria la lucha continua


Tras ocho meses de haber iniciado la acampada con unos cientos de jóvenes nativos americanos y haber llegado a las 15 000 personas, en los campamentos de Standing Rock (Dakota del Norte), se celebró la victoria. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos rechazó la petición de Energy Transfer Partners (ETP)/1 y su "familia" de empresas logísticas para que garantizar la construcción del oleoducto de Dakota (DAPL, Dakota Access Pipeline) bajo el lago Oahe y el río Missouri, que amenazan el abastecimiento de agua y los cementerios sagrados de los Sioux de Standing Rock. Además, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército exigió que para reconsiderar esta decisión sería precisa una Declaración de Impacto Medioambienta global, que generalmente tarda meses, y a veces años, en realizarse.
El oleoducto DAPL es un proyecto de 1 770 Km, con un coste de 3 700 millones y que prevé transportar más de 500 000 barriles de crudo diario desde Dakota del Norte hacia del centro-oeste y eventualmente a la costa este y al sur de Estados Unidos. La soleada y aventada pradera de Standing Rock revela lo absurdo de la construcción de una infraestructura para combustibles fósiles que daña enormemente al planeta cuando en todas partes existen energías renovables a la espera de ser desarrolladas.
La decisión del 4 de diciembre se dio justo después que 2 500 veteranos de guerra estadounidenses se sumaran a los "protectores del agua", como se les conoce en Standing Rock. Los veteranos formaron un escudo humano para defender a los "protectores del agua" de la multitud de policías locales que defienden los intereses de la industria privada del gas y el petróleo. Muchos de estos veteranos, que sirvieron en Afganistán e Irak, afirman que defendiendo Standing Rock sienten por primera vez que están protegiendo al pueblo estadounidense.
Después de 500 años de colonización blanca y de que el gobierno de Estados Unidos robe la tierra a las tribus nativas americanas, fomentando la división entre ellas, más de 200 tribus nativas se han unido para defender Standing Rock. La historia del genocidio y del colonialismo impuesto por el gobierno constituyen temas recurrentes en esta lucha.
La principal "ruta" que atraviesa el campamento es la Flag Row, un largo camino de tierra lleno de banderas tribales de todo el continente Americano que muestran su unidad. [En la acampada] rigen estrictas normas de respeto: no se permiten drogas ni alcohol ni cualquier tipo de armas, se respetan las decisiones adoptadas por el consejo tribal y por los ancianos y se impulsa la no-violencia. Su lema es "El agua es vida". A Standing Rock han acudido miles de indígenas de todo el mundo y decenas de miles de no-indígenas para defender los derechos indígenas y proteger a la Madre Tierra. Quieren matar a la "serpiente negra": la DPAL. En Standing Rock residen las semillas de la unidad y la disidencia.
Tierra Madre y/o derechos indígenas
Activistas indígenas como Tara Houska, abogado en defensa del Honor de la tierra, o Anishinaabe y Tom Goldtooth, líder Navajo de la Indigenous Envirenmental Network, consideran que la lucha contra el oleoducto va más allá de la defensa de las tribus; lo consideran como la defensa de la Tierra Madre. Desean ver el desarrollo de las energías renovables y el fin de los combustibles fósiles.
Dave Archambault II, jefe de la Tribu Sioux de Standing Rock y portavoz principal de la coalición tribal, se sentirá contento si el oleoducto se desplaza del territorio Sioux. Dijo a los "protectores del agua" que podían volver con sus familias para pasar el invierno, que su trabajo ya estaba hecho. Manifestó de forma reiterada que no se opone a proyectos de infraestructura o de "independencia energética" sino a que los pueblos indígenas no sean consultados cuando el oleoducto pasa por sus tierras y aguas.
Muchos nativos americanos, pobres, desesperados y sin oportunidades, vendieron los derechos del subsuelo de sus parcelas a las empresas del combustible fósil. Esta es una contradicción básica en los pueblos indígenas: quienes ven la Tierra Madre como su responsabilidad para protegerla para las futuras negociaciones (un mantra indígena) frente a quienes quieren salir de la pobreza, que es algo mucho más inmediato. Se trata de un fenómeno global.
Meses de lucha contra los cuerpos de seguridad locales han dejado un balance de cientos de activistas arrestados, balas de goma, gases lacrimógenos, cañones de agua utilizados con agua helada, gente con heridas graves y un brutal trato a las personas detenidas. Las imágenes de esta brutalidad policial contra el pueblo indígena y contra quienes les apoyaban galvanizaron el apoyo a las protestas y atrajeron a miles de personas a los campos 5 y 6, que conforman la extensa acampada de Standing Rock.
A menudo, los Ancianos de la tribu miran con recelo muchas de las actividades "no oficiales" desarrolladas por el "Red Warrior Camp" y sus aliados, porque han generado mucha violencia contra ellos. No obstante, los jefes tribales censuran la violencia y la naturaleza partidista de la salvaje respuesta en " aplicación de la Ley". Red Warrior ve en estas acciones de confrontación directa la razón por lo que Standing Rock se ha dado a conocer y ha atraído la atención y ganado los corazones de los defensores radicales de los derechos humanos en todo el mundo.
Vivir en Standing Rock: Construir espacios liberados

En Standing Rock se han creado campamentos masivos, repletos de tiendas de cocina, cada una de las cuales alimenta a cientos de personas cada día, donaciones a gran escala, servicios de asesoría legal, médica y psicológica, escuelas, sesiones de orientación y cursos de acción directa. Cada mañana y cada noche la gente se reúne alrededor del fuego sagrado y escucha las noticias, los discursos, la música y baila y siente el poder de la unidad.
En comparación con Occupy Wall Street y sus distintas vertientes, Standing Rock aparece como un espacio mucho más amplio, más dinámico y mucho más disciplinado. Ha atraído la imaginación y el apoyo de cientos de miles de personas en todo el planeta, desde los pueblos indígenas samis de Noruega hasta los trabajadores y trabajadoras de todo Estados Unidos que están enojados con la falta de apoyo de la clase obrera organizada, y en concreto la AFL-CIO.
La presencia juvenil salta a la vista en los campamentos aunque también hay un montón de personas mayores y niños y niñas. La gente solidaria acampa en el exterior y ayuda a preparar para el invierno los tipis, las yurtas, las tiendas kakis, las caravanas, las tiendas de campaña, las furgonetas y los autobuses escolares, que en conjunto constituyen una pequeña ciudad de protesta.
Se ha creado un espacio liberado, un espacio donde las personas progresistas pueden unirse para proteger juntas sus ideas y sus culturas. El sentimiento utópico del lugar se hace palpable. La atracción de un espacio liberado como este es tanto más significativa ante el recién elegido presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El campamento constituye tanto una vuelta a la historia y como un pueblo futurista del cuidado y compromiso con un mundo más igualitario y solidario.
Son muchas las semejanzas con Ocupar Wall Street, tanto en lo que respecta a la construcción de una alternativa con valores progresistas y humanistas como en lo referente a oponerse a la opresión de nuestro pueblo. Ambos captan los corazones de gente progresista y comprometen a la mayoría de la juventud, si bien entre los partidarios de Standing Rock hay muchas más gente de color de todos los orígenes.
En esta solidaridad está presente la historia de las tribus indígenas que dieron la bienvenida a los afrodescendientes, especialmente durante la esclavitud. El éxito de Standing Rock se basa en los valores culturales indígenas de respeto, en la forma representativa de tomar decisiones, en la disciplina y el trabajo que se expresa a través de una espiritualidad profunda que conecta nuestra actividad humana con la tierra. En Standing Rock reina el orden y las normas de comportamiento están claramente articuladas y fomentadas, aunque no se fuerce su cumplimiento.
Naomi Klein, en su revelador libro, Esto lo cambia todo, afirma que el movimiento en defensa del clima solo puede triunfar si plantea la opresión racial, de género y económica como elementos fundamentales de su estrategia y se pone a la cabeza de los sectores más afectados por el cambio climático y del capitalismo salvaje. Sin un lenguaje tan explícito, esto es lo que está pasando en Standing Rock. El poder de esta estrategia impacta a todo el mundo que entra en el campamento y se integra en el movimiento. La fuerzas de este enfoque es enorme.
¿Y hacia adelante?
El 4 y 5 de diciembre, más de 15 000 personas celebraron la decisión del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de negarse a garantizar los trabajos para el oleoducto, tal y como esta previsto, pero la lucha no ha terminado. Varios factores hacen que una compleja red de posibilidades subraye la necesidad de continuar con la acampada y el apoyo masivo.
En primer lugar, Trump puede revocar la decisión del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE UU. y obligarlas a garantizar los trabajos de la ETP. Una decisión sería recurrida en los tribunales, porque el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito de los Estados Unidos dictaminó que una resolución adoptada en base a hechos no puede ser modificada por la llegada al poder de nueva Administración. La Corte Suprema de Estados Unidos declinó tomar ninguna decisión, dejando prevalecer la adoptada por el tribunal del Noveno Circuito.
Si Trump intenta obtener el permiso sin una declaración de impacto medioambiental, se encontrará con un recurso inmediato que impediría seguir adelante, al menos de forma inmediata. Además, las inversiones de Trump en DAPL, entre 500 000 y 1 millón de dólares le pueden crear un conflicto de intereses ingobernable. La existencia de otros recursos contra ETP en los tribunales también puede ralentizar aún más el proceso.
Más allá de eso, Trump ha hablado de privatizar más de 56 millones de acres de las reservas de nativos americanos con el fin de facilitar la explotación de los recursos naturales de esas tierras. Según la Red Indígena Ambiental, las reservas indígenas cubren el 2 % de las tierras estadounidenses, pero se estima que contienen un 20 % de sus reservas de petróleo y gas, además de grandes reservas de carbón. Esa lucha ampliará la organización y la resistencia.
En segundo lugar, y quizás lo más importante, son los detalles de los acuerdos entre ETP y Sunoco Logistics, su socio en este proyecto, con la docena de las principales instituciones financieras que han invertido en DAPL. Estos contratos pueden ser anulados y/ o renegociados si el gasoducto no se termina para el 1 de enero de 2017. En ese momento las instituciones financieras podrán retirar o disminuir sus inversiones de forma legal. Hay docenas, tal vez cientos, de grupos en los Estados Unidos que están presionando a estas mismas instituciones financieras para que abandonen sus inversiones en DAPL. Muchos de los fondos de pensiones de las y los trabajadores públicos y de otros sectores están invertidos en esas instituciones financieras y sus titulares están impulsando campañas para hacerlo público y exigir su desinversión.
Quienes las impulsan han estado rompiendo sus tarjetas de crédito y cerrando sus cuentas de los bancos que invierten en DAPL. The Sightline Institute realizó un estudio financiero de DAPL y los encontró "desvencijados". Hallaron que el valor del petróleo crudo ha disminuido en cerca de 50 % desde que fueron firmados los contratos, lo que hace que mucho menos probables los beneficios imprevistos de esta empresa. También encontraron una fuerte disminución en la producción de petróleo que puede indicar que el oleoducto ya no es necesario. Para algunos de los inversionistas, DAPL aparece con riesgos a muchos niveles.
En tercer lugar, ETP también se escabulle de los trabajos. Su contrato indica que no son responsables de la terminación del proyecto si se producen "disturbios". ETP, junto con sus aliados en la aplicación de la ley local de Dakota del Norte han estado calificando de "disturbios" la acción directa de los "protectores de agua", preparando el terreno para una posible desistimiento de su responsabilidad. Los manifestantes han sido pacíficos a pesar de las provocaciones y cantidad de videos evidencian que la violencia ha emanado de las fuerzas del orden y no los manifestantes. Pero "disturbios" es el lenguaje que ETP y la policías utiliza para fines específicos.
En cuarto lugar, el apoyo popular en Standing Rock parece crecer cada día y con cada informe de la violencia contra los protectores del agua. Hay retos similares en los oleoductos de combustibles fósiles en muchas otros lugares de Estados Unidos y la gente se reúne para protestar en esos lugares también. Se ha impuesto el modelo de acampadas, de crear espacios liberados que protegen a los activistas, la tierra, el agua y al movimiento.
Ninguna fuerza lo impedirá. Desde el oleoducto AIM Spectra que pasa por debajo del río Hudson e inmediatamente después bajo la central nuclear de Indian Point, a 10 millas de la ciudad de Nueva York, a la coalición Black Mesa Water n del suroeste de Estados Unidos, las luchas para rechazar la infraestructura de combustibles fósiles y poner en pie una economía de energía sostenible está presente en todas partes de EE UU, como lo está en todo el planeta.
Emerge una nueva solidaridad. Una que tiene un gran potencial para unir a la izquierda bajo las banderas de la opresión de la gente, particularmente la gente de color, y de la propia tierra. La esperanza radica en cabalgar esa unidad con la vista puesta en resolver ambas opresiones simultáneamente. Está emergiendo un nuevo mundo. Su hogar está en todas partes, sus habitantes son muchos. Mientras sus oponentes están en ascenso, la lucha continúa. La compasión, el respeto, las exigencias claras, los procesos de toma de decisiones y la solidaridad pueden guiar el camino.
10/12/2016
Notas:
1/La "Familia de Transferencia de Energía" de las corporaciones involucradas en la logística detrás de la construcción del Oleoducto Dakota Access son: Enbridge, Inc., Energy Transfer Partners, Energy Equity Partners, Marathon Petroleum Corp., Sunoco LP y Phillips 66
Nancy Romer, es una activista por la justicia social y feminista y participa en el movimiento por la justicia climática. Es Profesora Emerita de Psicología en el Brooklyn College.
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Laurent Mauduit La agonía del socialismo francés



A lo largo de su historia, el socialismo francés ha conocido episodios no solo oscuros sino vergonzosos, antes de recuperarse o renacer. Pero esta vez, después del lánguido final del quinquenio de Hollande, asistimos a un acontecimiento histórico: las últimas convulsiones de uno de los más viejos movimientos políticos franceses.
Decir que en su larga historia, el socialismo francés conoció páginas poco gloriosas, incluso algunas veces, páginas vergonzosas, es decir poco. Del voto a favor de los créditos de guerra y su adhesión a la Unión Sagrada en el inicio de la Primera Guerra Mundial, en clara violación de todas las resoluciones de la II Internacional y del combate de Jaurès, hasta el recurso a la tortura en Argelia, pasando por el abandono de los republicanos españoles por parte del gobierno del frente Popular frente a la barbarie franquista e incluso el otorgar plenos poderes al mariscal Pétain por la misma mayoría del Frente Popular (a excepción de 80 parlamentarios que salvaron el honor de la izquierda), la lista de los naufragios que ha conocido el socialismo francés es larga.
Podríamos inclinarnos a pensar que la historia se repite. Sin duda, la renuncia de Hollande a presentarse para un segundo mandato marca el punto álgido de un nuevo y lamentable naufragio del socialismo francés. Pero pronto o tarde se pasará esta página, ¿verdad? Totalmente desacreditada, la SFIO de Guy Mollet fracasó pero sobre sus bases, ¿No reconstruyó François Mitterand un nuevo Partido Socialista en Épinay? El fénix socialista siempre parece renacer de sus cenizas. Apenas François Hollande tiró la toalla de las presidenciales de 2017, la batalla de la sucesión ha comenzado. Con herederos a porrillo, de Manuel Valls -que anunció su candidatura el lunes 5 a la noche en Évry donde fue alcalde- a Arnaud Montebourg, pasando por Benoît Hamon y algunos otros a los que les gustaría ocupar el papel protagonista. Si no en 2017 – eso parece desgraciadamente e irremediablemente comprometido- al menos en un plazo más largo.
¡Y sin embargo, no! Esta vez está en juego algo mucho más grave. Más allá de las torpezas de un hombre, François Hollande, que nunca estuvo a la altura de sus responsabilidades ni de su función, más allá de las innumerables renuncias de las que se le puede acusar y del clima decadente al que arrastró a todo el país, asistimos a un acontecimiento histórico cuya dimensión no hemos previsto: la últimas convulsiones del partido más viejo de la izquierda francesa, el Partido Socialista, que ha entrado en agonía.
El sentimiento de que el país llega a un punto de inflexión de su historia, o al menos de la de la izquierda, ha crecido rápidamente en la cabeza de la gente. Progresivamente, se ha convertido en una clara evidencia: algo irreparable, irreversible, ha ocurrido desde el acceso al poder de los socialistas. En los treinta años transcurridos han recurrido a menudo a las circunstancias atenuantes para justificar sus errores o sus renuncias y han reclamado la confianza de sus votantes a pesar de todo. Se arrepintieron después de su calamitosa derrota en las elecciones legislativas de 1993… Enmendada en 2002.
En casa ocasión, entraba en juego el “pueblo de izquierdas” (si la fórmula aún tiene sentido). En cada ocasión, innumerables ciudadanos, al margen de su filiación partidista, - Nuevo Partido Anticapitalista, Frente de Izquierda, Europa Ecológica-Los Verdes (EELV), Partido Socialista, etc. – acudían a la cita. Cualesquiera que fueran sus rencores, su decepción y su desánimo, la gran mayoría de esa gente siguió votando en la segunda vuelta al candidato de izquierda mejor colocado. Aunque no fuera mas que para frenar a la derecha.
No hay duda de que en mayo de 2012, el candidato Hollande se benefició ampliamente de esta fidelidad del electorado de izquierdas a su opción. Se benefició de los votos de un electorado que, sin embargo, había sobrepasado a los dirigentes socialistas, más fiel a los valores fundadores de la izquierda y al ideal que alguna vez tuvo.
Al día siguiente a las elecciones de 2012 y desde entonces, el vínculo entre los electores y de forma más amplia, entre la ciudadanía y el núcleo del poder socialista se rompió de forma innegable. La cólera y el sentimiento de deslealtad, de traición, dieron un giro. François Hollande privó al “pueblo de izquierdas” de la victoria arrancada en las presidenciales y prolongó casi punto por punto la política de Nicolas Sarkozy. Son muchos los que entonces aseguraron que no volverían a votar al PS, a pesar de la amenaza de una derecha dura o extrema. Ahí está la ruptura.
Y luego ha habido los tiros de gracia de François Hollande contra su propio campo, con el odioso proyecto (abortado) de la pérdida de la nacionalidad anteriormente solo defendido por el Frente Nacional; otra vez con la ley El Khomri que ha quebrantado el código de trabajo de forma mucho más grave que las medidas tomadas bajo el quinquenio precedente. Con el paso de los meses, la “gente de izquierdas” o lo que quede de ella, ha llegado por sí misma a esta triste pero implacable evidencia: en su configuración actual, la izquierda está muerta. Es una larga historia, de casi dos siglos que se acaba ante nuestros ojos.
Falta entender por qué. ¿Por qué esos rechazos hasta perderse de vista? ¿Por qué ese copiar y pegar perpetuo de las medidas tramadas por la UMP [partido de Sarkozy] o los cenáculos empresariales llevado a cabo por el gobierno socialista ? Seguramente, no solo responden a la cobardía, a la mediocridad de los socialistas que gobiernan, aunque eso tenga su peso. Se trata, sobre todo, del epílogo de un seísmo más profundo que tiene que ver con el aumento de la voracidad de un capitalismo financiero netamente más tiránico que el de los Treinta Gloriosos. Este es un hecho absolutamente decisivo.
No es difícil identificar el punto de inflexión de esta historia: la Caída del Muro en 1989. Antes de eso, el movimiento de la desregularización liberal planetaria ya había comenzado. Por medio de golpes sucesivos, el mundo estable querido por los vencedores de la segunda Guerra Mundial, codificado mediante el plan monetario de los acuerdos de Bretton Woods firmados en julio de 1944, y regulado en el plano social dos meses antes por la Declaración de Filadelfia .declaración que dará nacimiento a la Organización Internacional del Trabajo (OIT)-, estaba ya gravemente quebrantado.
Primero llegó la desregularización monetaria: decretada el 15 de agosto de 1971 por el presidente estadounidense Richard Nixon, el fin de al convertibilidad del dólar en oro es el primer gran mazazo que sumerge al mundo en un universo más inestable donde los mercados financieros progresivamente van a conquistar una fuerza considerable. En la prolongación de la ola ultraliberal, cuyos campeones son Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la desestabilización del mundo antiguo se acelera. Desde 1984, se produce la desregularización bursátil cuyo constructor en Francia -esta no es la menor paradoja- va a ser Pierre Bérégovoy [primer ministro socialista en 1992-1993]. Al mismo tiempo, se dan las primeras mediadas para la desregularización del mercado laboral con la aparición de las primeras formas de empleo precario.
Un capitalismo que ignora el compromiso social y que prohíbe el reformismo
A partir de 1986, un nuevo seísmo va a cambiar todo: las privatizaciones. Todo se combina y se acelera. En este furor liberal a la que se abandonan los socialistas, la desregularización fiscal ocupa su propio lugar: al inicio del segundo quinquenio de Mitterrand, Francia acepta bajar casi a cero la fiscalidad de los ahorros. En la primavera de 1989, -los socialistas quieren poner tanto celo en materia de liberalismo que se anticipan a la decisión europea-, es la liberación definitiva del movimiento de capitales.
El hecho es incontestable: aún cuando el virus liberal se inmiscuye por todo y la lógica de “menos Estado” o de “menos impuestos” provoca cada vez más estragos, el modelo social francés aún no se ve gravemente afectado hasta el final de la década de los ochenta. En realidad, el viejo modelo francés, el del capitalismo renano, sobrevive a sí mismo. Ciertamente, comienza a tener fisuras pero todavía se mantiene en pie. Además, el capitalismo tiene sus reglas: está regido por los principios de la economía de mercado pero las grandes empresas privadas cada vez más a menudo viven en endogamia o consanguinidad con el Estado. Sobre todo, este sistema de economía de mercado está muy unido a un sistema fuerte de regularización social: seguridad social, seguro de desempleo, cajas complementarias de jubilación... En conclusión, el capitalismo renano cohabita con el Estado de Bienestar, incluso le saca ventaja.
Este capitalismo, es el que se desarrolló en Alemania, después de que el SPD abjuró del marxismo y se convirtió a la economía de mercado, con motivo de su congreso de 1959, celebrado en Bad Godesberg, pequeña localidad a orillas del Rin. De ahí la denominación de “capitalismo renano”.
Este capitalismo es, evidentemente, el más favorable al compromiso social. Hizo eclosión y se consolidó bajo los Treinta Gloriosos; ofrece “mucho que pensar” según la fórmula de André Bergeron, el viejo dirigente de Fuerza Obrera. De hecho, según la relación de fuerzas del momento, y según al variación de la coyuntura, el compromiso entre el trabajo y capital puede cambiar.
Para los socialistas, esta podría haber sido una época afortunada. Una época favorable a una auténtica transformación social y de redistribución de los ingresos. La paradoja de la historia es que los socialistas franceses, que fracasaron por poco en las presidenciales de 1974, accedieron al poder cuando este periodo tocaba a su fin. Cuando el capitalismo renano comienza a debilitarse. Y cuando el Estado de Bienestar entra en una crisis de la que ya no saldrá. Es el drama del socialismo francés: ellos, cuya doctrina estaba concebida para generar la expansión de los Treinta Gloriosos, llegan con retraso al poder para generar la más detestable de las conversiones: la conversión neoliberal y el fin del Estado de Bienestar.
Esto comienza con el giro de 1982-1983. Después de la Caída del Muro, todo cambia, todo se acelera. Es un gran empresario francés, Michel Albert, que en aquella época dirige AGF, quien primero tiene el presentimiento: comprende que el derrumbe del Muro va a cambiar los equilibrios geoestratégicos planetarios y que el capitalismo anglosajón, más individualista que el capitalismo renano, dando curso libre a los mercados financieros, iba a sentir crecer sus alas y convertirse en más tiránico.
En un libro premonitorio, titulado “Capitalismo contra capitalismo” (1992), Michel Albert vislumbra el inexorable ascenso del capitalismo anglosajón. Constatando el hundimiento del modelo estalinista, predice que la confrontación Este-Oeste, que había marcado la posguerra va a apartarse en provecho de una confrontación entre dos modelos de capitalismo. Entre estos dos modelos, escribe el autor, “será una guerra subterránea, violenta, implacable, pero amortiguada e incluso hipócrita, como son toda las guerras de capillas dentro de una misma iglesia. Una guerra de hermanos enemigos armados de dos modelos salidos de un mismo sistema, portadores de dos lógicas antagónicas del capitalismo en el seno del mismo liberalismo. E incluso de dos sistemas de valores opuestos respecto al lugar de las personas en la empresa, al lugar del mercado en la sociedad y del papel del marco legal en la economía internacional”. Añade: “ Todo nuestro futuro depende de esto: la educación de nuestros hijos; la atención sanitaria de nuestros padres, el aumento de la pobreza en las sociedades ricas, las políticas de emigración y para terminar, nuestros salarios, nuestros ahorros, y nuestra declaración de impuestos”.
Sin embargo, lo que el autor no podía saber entonces, es que esta confrontación se va a resolver rápidamente a favor del modelo anglosajón. Fortalecidos con la caída del Muro, los mercados financieros tienen la idea de que la época es altamente favorable y que es propicia a una modificación radical de la correlación de fuerzas entre capital y trabajo.
Europa continental -empezando por Alemania y Francia- empieza a vivir una impresionante mutación del capitalismo. Progresivamente, el capitalismo renano se aleja en provecho de una capitalismo que ejerce una verdadera tiranía sobre el trabajo y favorece a los accionistas, en primer lugar con los fondos de pensiones. Un capitalismo que ignora el compromiso social y que prohíbe las reformas.
Lo más espectacular es que PS, partido cuya esencia es el reformismo, va a contribuir a la aparición de este capitalismo exactamente opuesto al reformismo. Va a tirar de la soga para ahorcarse, participando en la loca oleada de las privatizaciones. Así pues, es por este conducto por el que el virus de este capitalismo patrimonial infecta el modelo social francés hasta el punto de pervertirlo.
Las privatizaciones empiezan en 1986; la onda de choque que provocan es considerable. De 1986 a 1988 comienzan los grandes saldos. De los bancos a las aseguradoras: grandes sectores de la economía pasan a manos privadas. Después del muy efímero “ni...ni...” (ni nacionalización ni privatización) promulgado por François Mitterrand en su “Letre à tous les Français", en la apertura de su segundo septenio, vuelve la loca carrera de las privatizaciones. Primero de 1993 a 1997, bajo Éduard Balladur, después bajo Alain Juppé. Lionel Jospin, en 1997, acelera la cadencia y bate todos los récords.
Este mar de fondo acaba por romper el modelo francés. En algunos años, el porcentaje de posesión de capital de los grupos del CAC 40 [el IBEX 35 francés] por fondos de inversión extranjeros, entre ellos los tóxicos fondos de pensiones anglosajones, pasa de alrededor del 5 % en 1985 a más del 47 o 48 % a final de los noventa, más del 60 % en el caso de algunas firmas. Es una carrera loca porque Francia es asaltada por un complejo de neoliberalismo y se abre a los grandes vientos de la globalización de forma más fuerte que Estados Unidos o Gran Bretaña que tienen una tasa de posesión extranjera para sus grandes empresas nacionales mucho más baja: del orden del 20 % en el primer caso y del 30 % en el segundo.
La patética impotencia de Lionel Jospin
De entrada, la derecha, a continuación, la izquierda, ofrecen sin complejos los grandes grupos empresariales franceses a los mercados financieros. Es la vuelta a la monarquía de Julio (1830-1848. Periodo en el que los terratenientes y la burguesía son los grandes beneficiarios. NdT) adobada con salsas anglosajona: “¡Venga!¡ Sírvanse! Todo es suyo. Háganse ricos...".
Ya no está François Guizot (1787-1874) para hacer esta invitación. Pero a su manera, Balladur y Sarkozy, después Strauss-Khan y Fabius rivalizan con él, ofreciendo como pasto a los mercados financieros los buques insignia de la economía francesa. Hasta los servicios públicos: de France Telecom a Gaz de France. Y desde el momento en que es Ministro de Economía de François Hollande, Emmanuel Macron sigue este trabajo de zapa desregulando el transporte terrestre u ofreciendo los aeropuertos regionales al apetito de los grandes fondos de inversión, o incluso a los corruptos oligarcas chinos. Al diablo el servicio público y todo lo que conlleva: la igualdad de acceso garantizada a toda la ciudadanía para sus necesidades básicas, el ajuste de las tarifas...
Los efectos contaminantes de estas privatizaciones son considerables. El virus modifica radicalmente la gobernanza de las empresas. Los principios de gestión cambiaron radicalmente con la entrada en el capital de los grandes grupos franceses de accionistas bulímicos que exigen rentabilidades mucho más espectaculares. Terminados los empresarios a la antigua usanza, monarcas por derecho divino, arbitrando según su humor, de la coyuntura o de la correlación de fuerzas, dando satisfacción unas veces a sus asalariados mediante la revalorización de sus remuneraciones, a veces a sus clientes bajando los precios, otras a sus accionistas subiendo los dividendos. Pero en el nuevo sistema, casi nada cuenta salvo los accionistas.
Los principio fundamentales son los de la corporate governance (gobierno de la empresa) y del share holder value (beneficio para el accionista).
De entrada, son las cláusulas de las remuneraciones las que primero saltan. Mediante el sueldo de sus accionistas y ya no árbitros de intereses a veces contradictorios, los PDG están en este nuevo sistema generosamente recompensados por su cercanía a sus nuevos dueños. Stock-opciones, paracaídas de oro, jubilaciones millonarias: a lo largo de los años, es una verdadera lluvia de oro de la que se benefician.
Esta extravagante riqueza en la cúspide de las empresas tiene como corolario un fenómeno nuevo y masivo: la aparición de los working poors (trabajadores pobres). El capitalismo anglosajón favorece el recurso a las formas de trabajo precario y lo más flexible posible. Para seguir con el mismo ejemplo, el del automóvil, casi un empleo de cada dos de este sector, es trabajo temporal. Con otras palabras, el trabajo no protege de la precariedad, es decir, de la pobreza.
La progresión del virus va más allá. Por efecto del contagio, hace que los mercados financieros sean el árbitro de todas las grandes decisiones. Raras, incluso imposibles en la Europa continental hasta 1999 -fecha de una incursión histórica de la británica Vodafone sobre el grupo Mannesmann que traumatizó toda Alemania- las OPA se vuelven frecuentes y no asombran al público. Los planes de reestructuración de las empresas cambian de lógica: antes, los empresarios justificaban los despidos alegando que era necesario cortar las “ramas muertas” de su grupo; sin embargo, cortan también las ramas bajas, las que son rentables pero insuficiente para su gusto, a ojos de la bulimia de sus accionistas. Esta nueva época, marcada por una verdadera tiranía del capital sobre el trabajo, abre el camino a despidos de nuevo tipo: despidos bursátiles para seguirles la corriente a los mercados -como los de Michelin frente a los que Lionel Jospin había confesado su impotencia.
De forma gradual, todo el modelo social francés está en trance de derrumbarse. Con el avance de la eventualidad, es toda la cobertura del despido, es decir, toda una parte del derecho laboral que desaparece; con una cobertura por enfermedad o unas jubilaciones cada vez menos protectoras, son los sistemas de seguro privado individual y de capitalización los que prosperan. Bueno, son todas las grandes conquistas sociales las que han sido tumbadas una detrás de otra. A lo largo de los años se ha hecho añicos la Declaración de Filadelfia, página a página.
Alain Supiot, profesor de derecho, director del Instituto de Estudios Avanzados de Nantes y miembro del Instituto Universitario de Francia, es quien primero señaló este abandono de los principios fundacionales de lo que será la Organización Internacional del Trabajo en una notable obra El espíritu de Filadelfia. La justicia social frente al mercado total (leer Justicia social: el olvidado manifiesto de la posguerra). Mediante un análisis a medio camino entre dos disciplinas, historia y filosofía del derecho, aporta una aclaración destacando las causas profundas de los disfuncionamientos y de la crisis en nuestras sociedades actuales. Esto se puede resumir en una fórmula que sugiere el título de la obra: nuestras sociedades han roto con el espíritu de Filadelfia.
¿Qué es ese espíritu de Filadelfia? Aparece en la declaración de los participantes en la famosa conferencia: “El objetivo central de toda política nacional e internacional” debe ser la justicia social. Defendiendo el principio de que “el trabajo no es una mercancía” y que “la pobreza, donde existe, es un peligro para la prosperidad de todos”, esta declaración añade: “Todos los seres humanos, cualesquiera que sean su raza, su religión o su sexo, tienen derecho a lograr su progreso material y su desarrollo espiritual en libertad y dignidad, en la seguridad económica y con iguales oportunidades; la creación de las condiciones que permitan llegar a este resultado debe constituir el objetivo central de cualquier política nacional o internacional.”
Sin embargo, para Alain Supiot, la historia de después de la Segunda Guerra Mundial puede resumirse en esta constatación: es la historia de “un gran cambio”. A lo largo del tiempo, los grandes países desarrollados rompieron radicalmente con el espíritu de Filadelfia para desenvolver políticas estrictamente contrarias. El profesor de derecho social muestra “ese gran giro que parece haber abolido las lecciones sociales extraídas de la experiencia del periodo 1914-1945”. Precisamente, este gran giro de la mutación anglosajona de la economía francesa es el que acelera e incluso acaba con ella.
En el contexto de estas enormes transformaciones del capitalismo francés sobre el fondo de la aceleración de la globalización, hay que situar, en primer lugar, la patética historia de Jospin de 1997 a 2002 y después la de Hollande a partir de 2012. Una historia cuya continuación percibimos. Bajo las embestidas de la globalización, bajo los avances del capitalismo anglosajón, el primero accede a Matignon con las alforjas llenas de promesas de izquierdas, cede progresivamente el terreno, recula, se niega a sí mismo pero con tristeza. En un contexto más difícil, marcado por una crisis económica histórica, el segundo ya no lucha: el día de su acceso al Eliseo, cercano a algunos símbolos, aplica la política del campo contrario.
La promoción de la Generación MNEF
De alguna manera, a través de la historia del gobierno de Jospin, después del quinquenio de Hollande, sigue en paralelo el aumento de este capitalismo anglosajón. En 1997, Francia todavía solo se había convertido parcialmente a este capitalismo anglosajón y Jospin pudo acceder a Matignon con la ambición de desarrollar una política más anclada a la izquierda. Pero finalmente, cede día tras día a la presión de los mercados y abandona la mayoría de sus proyectos. Hasta la confesión final, patética, formulada durante su campaña presidencial: "Mi proyecto no es socialista”.
Pero cuando Hollande accede al Eliseo, este capitalismo anglosajón se reforzó considerablemente. De manera que el Jefe del Estado, ni siquiera amaga como Jospin; ni siquiera intenta mover un poco las líneas. ¡No! Desde el primer día, se pasa al campo contrario. O más exactamente, hace suyo el programa del campo de enfrente: subida del IVA, congelación del Smic (salario mínimo), desmantelamiento de los derechos laborales, etc.
En principio, es la época, más que los hombres, la que explica esta gran renuncia; época muy especial que ha visto la eclosión de un capitalismo inédito, mucho más desigual que el que le precedió y mucho más intransigente. Si embargo, los hombres también tienen su parte de responsabilidad. Y para comprender las razones de este naufragio, también hay que tener en cuenta este factor.
Respecto a esto hay una razón obvia. Resistiendo durante un tiempo a los avances del capitalismo anglosajón antes de ceder a su presión más tarde, a menudo sumándose a los valores que conlleva, muchos dignatarios socialistas han acabado por aprovechar los favores y prebendas que ofrece. No contamos a los altos funcionarios de izquierdas que se han aprovechado de las privatizaciones antes de convertirse en directivos sin diferenciarse en nada de sus homólogos del CAC 40. Además, durante el quinquenio de Hollande se ha podido verificar en vivo los estragos de este sistema consanguíneo, con una plétora de miembros de consejos, en el Ministerio de Finanzas, en Matignon e incluso en el Elíseo, que han sido reclutados en las grandes entidades financieras y que han vuelto a ellas rápidamente.
¡Nada muy asombroso! Si el socialismo ya no tiene un proyecto y se resigna a aplicar la política del campo contrario, es bastante lógico que vaya a reclutar a sus cuadros... a ese campo contrario para que la apliquen. De ahí la oscura historia que conocemos: el fichaje de Jean-Pierre Jouyet como Secretario General del Elíseo por parte de Hollande. Claro que es su amigo, pero también ha sido un ministro de Sarkozy y tiene numerosos vínculos de proximidad y afinidad con los sectores más reaccionarios de las altas finanzas parisinas. Y también el fichaje de Emmanuel Macron como Secretario Adjunto del Elíseo: antiguo gerente asociado de la banca Rothschild, y antiguo ponente de la Comisión Attali puesta en pie en 2007 por Sarkozy...
Personalidades de derecha o íntimamente ligadas a los medios empresariales en las más altas instancias del Estado: evidentemente esto no se debe, para nada, al azar ni a las amistades de François Hollande. Es una fase de la agonía del socialismo que ya no tiene alma ni ideal propio, ni siquiera altos funcionarios que defiendan o sirvan valores específicos.
Además, esta triste constatación no vale solamente para los altos funcionarios con los que se ha rodeado Hollande. Se puede decir otro tanto de algunas de las personalidades en las que se ha apoyado el Jefe del Estado a lo largo de su etapa de gobierno. Colocando en el puesto de primer secretario del PS a Jean-Christophe Cambadélis, condenado dos veces a prisión en el pasado con suspensión por faltas graves de ética pública (empleo ficticio), ofreciendo una cartera ministerial a su amigo Jean Marie Le Guen e instalando a Manuel Valls primero en Interior para acabar más tarde en Matignon, François Hollande puso en primera línea del poder a las figuras más conocidas de la generación Mnef (Mutua Nacional de Estudiantes de Francia. NdT) que en el pasado Lionel Jospin tuvoi cuidado de mantener a distancia de cualquier puesto de responsabilidad, por cuestiones referidas a la ética pública.
Triste historia pero, en verdad, bastante lógica: para acompañarlo en los cinco años de esta etapa de gobierno que acaba de forma bastante tumultuosa e inquietante, grotesca y grave, François Hollande instaló en el mando a los síndicos de la quiebras más improbables o los más infernales. ¿Se recuerda así lo que Arnaud Montebourg decía no sin razón, en 2011, durante las primarias socialistas de su rival Manuel Valls? Que: “no le faltaba más que un paso para ir a la UMP”. Y he aquí que tres años más tarde, en 2014, es este clon de la UMP (hoy Los Republicanos) que François Hollande promueve para dirigir un gobierno que se dice socialista.
Además es este fin lastimoso, sin dignidad, lo que llama la atención. Porque en otros países, ha habido partidos de izquierda que han tenido la franqueza o la valentía de hacer de su mutación un debate público y asumido. El caso más conocido es el ya mencionado del SPD, que en 1959, en Alemania anuncia su adhesión a la economía de mercado y se dota de una nueva doctrina en ruptura con el marxismo. El PS, él, no ha tenido nunca esa honestidad. Y si se implica en una gran mutación, o más bien en una gran conversión, a partir de los años 1982-1983, no lo asumirá nunca públicamente. Según la célebre fórmula de Jospin, este giro a la austeridad solo es “un paréntesis”. E incluso si este “paréntesis” no se ha cerrado nunca, el PS no ha tenido jamás la valentía de decirlo y asumirlo.
Al contrario, ha continuado fingiendo perpetuamente. Fingiendo llevar políticas de izquierdas, fingiendo defender siempre los mismos valores al servicio de los más pobres, por un mundo más justo... Y en esta triste comedia del poder en la que se ha convertido la escena socialista, -cuyo electorado de izquierda progresivamente ha dejado de estar engañado antes de sufrir una enorme exasperación-, François Hollande, hay que darle crédito, no ha tenido el papel protagonista. A veces otros le han birlado el protagonismo. Por ejemplo, Aranaud Montebourg. Así recordamos lo que decía el día en el que se conoció que François Hollande había tomado la decisión de sustituir a Jean-Marc Ayrault en Matigon por Manuel Valls, el socialista más contestado dentro de su propio campo y que incluso no había obtenido el 6 % de los votos en las primarias socialistas. Olvidando la proximidad que había revelado un poco antes entre la UMP y el interesado, el 3 de abril de 2014 Arnaud Montebourg, se precipitó al plató de France 2, para aplaudir a rabiar esta nominación: “Manuel Valls es un hombre apasionadamente de izquierdas. Quiero recordar que hemos militado juntos por el No contra el Tratado Constitucional Europeo en 2005. No olvido esos combates comunes […]. Sin duda, teníamos desacuerdos, vamos a confrontarlos con los hechos, pero hemos trabajado en el mismo gobierno y pertenecemos a una familia que tiene el deseo de cambiar Francia. Podemos hacerlo en armonía”.
Enemigos en 2011, amigos en 2014, de nuevo adversarios en 2016: ¿y querrán que el país llegue a comprender estas oscuras palinodias?
¡No! ¡La verdad es más cruel que esto! Es todo un mundo que se hunde ante nuestros ojos, en convulsiones a veces grotescas, a veces indignantes. Por ahora, solo François Hollande ha renunciado. Pero el Partido Socialista está abocado a desaparecer. Aquí acaba su larga historia.
Aquí comienza la esperanza de una refundación...
5/12/2016
Caja negra
En esta “toma de partido”, he cogido algunos préstamos del libro que escribí en 2014 À tous ceux qui ne se résignent pas à la débâcle qui vient (Éditions Don Quichotte)
Traducción VIENTO SUR

 
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Michel Husson El sombrío futuro de la crisis



La crisis no ha terminado, pero deja ya un paisaje social devastado. Tras describir sus efectos sociales, este estudio se interroga sobre la existencia de alternativas a las políticas neoliberales llevadas a cabo en la actualidad en Europa.
Las marcas de la crisis
El balance sobre el empleo se puede resumir, simplemente, señalando que en la actualidad hay el mismo número de personas que disponen de un empleo que cuando estalló la crisis: la creación neta de empleo ha sido nula en la zona euro en el curso de estos ocho últimos años. No es pues, nada asombroso, constatar que la tasa de paro sea en la actualidad del 10%, es decir casi dos puntos más que al inicio de la crisis. Esta media coexiste con importantes disparidades entre países: la tasa de paro sobrepasa el 20% en Grecia y en España, mientras que es inferior al 5% en Alemania y el Reino Unido. Pero sobre todo, estas cifras globales no dan cuenta de las transformaciones estructurales desencadenadas por la crisis.
Esta tiene, en primer lugar, un impacto sobre la demografía: a partir de 2009, la población total ha disminuido en los países más golpeados por la crisis, especialmente en España, Portugal y Grecia. Ese fenómeno se explica por la inversión de los saldos migratorios: las entradas de inmigrantes se agotan y la emigración se desarrolla. Pero la crisis deja también su marca sobre otro indicador del que se podría pensar que es relativamente independiente, el número de nacimientos. Es llamativo constatar que ha tenido la misma evolución en España y en Grecia: baja hasta mediados de los años 1980, estabilización, después aumenta desde el inicio del siglo (ver gráfico 1). Y, en los dos países, la irrupción de la crisis provoca un nuevo giro a la baja.
Gráfico 1
Número de nacimientos en Grecia y en España
En millares. Fuente: Eurostat
Estas involuciones contribuyen a la desvitalización de los países concernidos por la salida de la juventud cualificada. Refuerzan el círculo vicioso de la austeridad, a corto plazo pero también a largo plazo al hacer más difícil el equilibrio y la financiación de las pensiones.
Los movimientos subterráneos
Las cifras del paro y del empleo ocultan movimientos menos visibles, transformaciones que corresponden, en su mayor parte, a inflexiones irreversibles.
El paro de la gente joven se aprecia mejor por la parte de los jóvenes (de 15 a 29 años) que no trabajan y ni estudian ni están en formación (NEET, Not in Education, Employmentor Training) que por la tasa de paro. Esta proporción ha aumentado en la Unión Europea, pasando del 13,2% en 2007 al 15,9% en 2013. Ha comenzado a bajar a continuación para volver al 14,8% en 2015. Pero permanece muy elevada en los países más tocados por la crisis, como Italia (25,7%), Grecia (24,1%) o España (19,4%). El paro de larga duración aumenta desde 2008 y retrocede desde 2014, pero más lentamente que el paro global. La crisis ha alejado duraderamente del empleo a una parte de la gente trabajadora, a menudo la de mayor edad y al mismo tiempo ha inscrito en la realidad social el largo y difícil acceso de la gente joven al empleo.
En un primer momento, la duración del trabajo ha servido de variable de ajuste entre actividad económica, empleo y paro. Bajo formas diversas (desempleo parcial, mantenimiento negociado de los efectivos, trabajo a tiempo parcial, etc.) la caída del tiempo de trabajo ha permitido amortizar el impacto inmediato de la crisis sobre los efectivos empleados. Pero este homenaje del vicio a la virtud era provisional: el movimiento se ha interrumpido desde que ha parecido instalarse una cierta recuperación económica. Después todo ocurre como si las modulaciones de la duración del tiempo de trabajo estuviesen puramente ligadas a la coyuntura: la crisis no ha conducido a hacer de una reducción colectiva del tiempo de trabajo un elemento estructural del combate contra el desempleo. Muy al contrario, las reformas tienden a una utilización diferenciada de la duración del trabajo: tiende a aumentar para los empleos “competitivos” y a reducirse para permitir la multiplicación de los pequeños trabajos.
El trabajo a tiempo parcial es en efecto el medio de crear un mayor número de empleos para un mismo volumen de horas trabajadas. No es pues asombroso constatar que ha sobrepasado una escalera en los países más golpeados por la crisis. Entre 2007 y 2015, la parte de las personas asalariadas a tiempo parcial ha pasado así del 13,4% al 18,3% en Italia y del 11,4% al 15,6% en España. Esta evolución es tanto más regresiva que la parte del tiempo parcial forzoso es muy elevada (68,8% en Grecia, 63,9% en Italia y 63,4% en España) y que se acompaña en estos países de una progresión aún más rápida de los contratos cortos (de menos de 15 horas por semana).
Como los empleos a tiempo parcial son mayoritariamente ocupados por mujeres, nos podemos dar cuenta que la progresión del tiempo parcial equivale a otra báscula importante en la estructura del empleo. Entre 2008 y 2015, el número de empleos a tiempo completo ha caído en 7,6 millones en la Unión Europea y este retroceso ha sido aproximadamente compensado por un aumento de 3,7 millones de empleos a tiempo parcial. Al mismo tiempo, el empleo masculino ha retrocedido en 4,7 millones mientras que el empleo femenino ha aumentado en 0,8 millones. La parte de las mujeres en el empleo total ha continuado pues progresando durante la crisis, pero esta progresión ha estado ampliamente condicionada por la del tiempo parcial (ver gráfico 2). La crisis ha reafirmado y generalizado así la “fatalidad” del tiempo parcial para las mujeres.
Gráfico 2
Empleo de las mujeres y trabajo a tiempo parcial
Fuente: Eurostat
La bipolarización del empleo
La crisis ha acentuado las tendencias a la segmentación y a la bipolarización del mercado de trabajo, entre los “pequeños trabajos” y los empleos cualificados y mejor remunerados. Un muy interesante estudio /1 loha mostrado recientemente a nivel de la Unión Europea. El estudio clasifica los empleos en cinco quintiles o tramos de remuneraciones y observa su progresión entre 2011 y 2015 según los diferentes estatutos de empleo. El gráfico 3 ilustra los principales resultados de este estudio: cada columna representa la progresión del número de empleos según el tramo de salarios considerado. La primera columna corresponde al 20% de los menos bien pagados, la segunda a los 20% siguientes y así hasta el 5º quintil mejor pagado.
Gráfico 3
Crecimiento del empleo en la UE entre 2011 y 2015 según el tramo de salario y el estatuto
En millones. Fuente: Fernández-Macías y otros /1
Se pueden observar cuatro evoluciones significativas.
1. se acentúa la polarización de los empleos: solo las categorías extremas ven progresar significativamente sus efectivos;
2. se instala la precarización: en todas las categorías de empleo, salvo en el 20% de los mejor pagados, retroceden los empleos a tiempo completo;
3. se consolidan las desigualdades salariales: el empleo de los 20% mejor pagados aumenta principalmente bajo la forma de tiempo completo;
4. retrocede el empleo autónomo, salvo entre las personas asalariadas mejor pagadas.
Hacia la fragmentación salarial
La progresión del poder de compra de los salarios ha sido evidentemente frenada por la crisis pero no ha sido completamente anulada. De media, este poder de compra ha aumentado el 4% en la Unión Europea entre 2008 y 2015. Pero ese resultado global es engañoso al no tener en cuenta los efectos de estructura: la crisis ha destruido, sobre todo, los empleos de bajos salarios, lo que da lugar a que el salario medio vaya hacia arriba /2. Y, por supuesto, las personas asalariadas que pierden su empleo pierden una parte de su ingreso. Y, por supuesto también, esa media encubre grandes disparidades según los países: también aquí, hay que citar a Grecia donde el retroceso del poder de compra alcanza un record del 17%.
De forma aparentemente paradójica, la crisis ha hecho incrementar la parte de los salarios en el valor agregado. Pero eso no es verdaderamente una paradoja: de media siempre, ni el freno salarial ni las supresiones de empleo han compensado plenamente el retroceso de la producción. Se podría entonces hablar de una “vuelta a la normalidad”, en la media en que la parte de los salarios ha reencontrado su nivel de inicios de los años 2000.
Sin embargo, esta evolución global encubre procesos menos visibles que conciernen a la estructura sectorial de la masa salarial. En una precedente contribución/3, analizábamos los proyectos tendentes a desconectar la evolución relativa de los salarios entre los dos grandes sectores de la economía: el sector expuesto a la competencia internacional y el sector “protegido” de la misma. Se podía ya mostrar que se esbozaba un cambio de régimen salarial, desde una progresión relativamente homogénea de los salarios en estos dos grandes sectores a una desconexión/4.
Por otra parte una recomendación de la Unión Europea, en su jerga característica, invoca una “necesaria reasignación de los recursos de los sectores no intercambiables hacia los sectores cambiables”. Dicho de otra forma, la “devaluación interna” (el otro nombre de la austeridad salarial) no bastaría, sería también necesario devaluar “la tasa interna de intercambio” entre los salarios de los sectores expuesto y protegido. En resumen, la austeridad debería centrarse especialmente en los salarios del sector llamado protegido, el que no está expuesto a la competencia internacional. Y es ello lo que ocurre: en casi todos los países/5, el salario medio en los servicios se distancia del salario medio en la industria (ver gráfico 4).
Gráfico 4
La desconexión salarial
Diferencial de evolución del salario medio entre los servicios y la industria
Base 100 en 2000. Fuente: Ameco
Una tal tendencia a la desconexión de los salarios entre grandes sectores de la economía significa que la mayoría de los países europeos converge hacia un modelo “a la alemana”, donde la progresión de los salarios ya no sigue la productividad del trabajo medio en el conjunto de la economía sino la productividad específica de cada sector, incluso de cada empresa. El sector expuesto a la competencia internacional ya no estaría afectado por los costos del trabajo “excesivos” en el sector de los servicios.
Las reformas estructurales de los mercados de trabajo tienen como principal función hacer posible esa desconexión. El objetivo es descentralizar al máximo la negociación colectiva para acercarla a la realidad de las empresas y ajustar la progresión de los salarios a los resultados de cada empresa. La “ley del trabajo” francesa es un buen ejemplo de esta lógica, puesto que la mayor parte de sus disposiciones tienden a hacer posibles los acuerdos derogatorios en relación con los convenios colectivos de sector (en esta web se han dedicado varios artículos al análisis de esta ley y a las movilizaciones contra la misma; el último es de Patrick Le Moal, “Formas inéditas y problemas políticos”, ndt).
Las transformaciones que se acaban de describir no son el producto de evoluciones espontáneas. Han sido acompañadas de la puesta en práctica de “reformas estructurales” que marcan ya su sello al funcionamiento de los mercados de trabajo. Una encuesta del Banco Central Europeo sobre los salarios/6 muestra así que el 10% de los empleadores europeos considera que es más fácil “ajustar el empleo” en 2013 que en 2010. Este porcentaje es particularmente elevado (el 30% y más) en los países más afectados por las citadas “reformas”, como Grecia, España y Portugal. Los resultados son similares en lo que concierne al ajuste de los salarios, que se ha hecho más fácil en todos los países, especialmente para las nuevas contrataciones.
Los cambios en el mercado de trabajo se prologan en los sistemas de negociación colectiva. Las tendencias desfavorables a las personas asalariadas (reducción de la cobertura convencional, retroceso de la sindicalización, descentralización de las negociaciones salariales) estaban en marcha antes de la crisis y engendraban una profundización de las desigualdades/7. Pero la crisis ha introducido una “ruptura política”, como señala Jelle Visser/8. La intervención del Estado se ha hecho mucho más presente en materia especialmente de formación de los salarios: los planes sociales que tendían a conseguir un relativo compromiso han desaparecido del paisaje y, en los países más afectados por la crisis, la negociación salarial ha “más o menos desaparecido”. Ahí también, el efecto de la crisis ha sido la profundización de la separación ente algunos países “regulados” y los otros, más numerosos, “donde son los mercados quienes deciden, en los que las negociación salarial está fraccionada y no coordinada y donde los niveles de desigualdad de los ingresos son más elevados/9.
Gran recesión, ¿gran bifurcación?
Este rápido examen panorámico ha permitido ilustrar la variedad de los procesos de ajuste entre diferentes países, que hace bastante vanas las tentativas de comparaciones internacionales basadas sobre tal o cual indicador unidimensional. La constatación más llamativa de esta revisión es sin duda que la crisis ha acelerado la divergencia entre las diferentes zonas de la Unión Europea. No ha golpeado a todos los países de la misma forma y las políticas de austeridad han sido desigualmente severas. En los países del “Norte” se han acentuado las tendencias ya presentes antes de la crisis, mientras que en los países del “Sur” el retroceso del empleo se acompaña de inflexiones irreversibles en el funcionamiento de los mercados de trabajo. En fin, la desconexión salarial entre sectores protegidos y expuestos parece haberse generalizado al conjunto de los países europeos: el auge del tiempo parcial es sin duda el indicio de una inflexión duradera hacia un nuevo modelo social esencialmente dualista.
There is no alternative

El rápido cuadro que acaba de ser esbozado muestra que las reformas neoliberales del mercado de trabajo traen consigo una regresión social sistemática. Se podría generalizar este diagnóstico al conjunto de las políticas europeas\10. Más allá de esa constatación, la cuestión que se plantea es la de interrogarse sobre la coherencia y la eficacia de esas políticas.
Es necesario empezar por sobrepasar por el análisis marxista básico sobre las cuestiones de la crisis. Consiste en decir que la austeridad y las reformas estructurales son políticas coherentes porque tienden a restablecer la tasa de beneficio y que no hay otra forma para el capitalismo de salir de la crisis.
Ello es cierto, pero incompleto. La austeridad salarial no basta para salir de una gran recesión; es necesaria también una desvalorización masiva del capital que ponga los contadores a cero. Pero, y esto es uno de los parámetros de la situación actual, el capitalismo financiero no lo quiere. Una lectura sin duda más adecuada podría se la siguiente. Las diferentes fracciones del capital persiguen (en proporciones diversas) dos objetivos: restablecer la tasa de beneficio, ciertamente, pero también conservar y validar los derechos de giro adquiridos antes de la crisis bajo forma de capital ficticio. En resumen, los capitalistas rechazan “asumir sus pérdidas”: ellos lo quieren todo.
Pero esos dos objetivos son manifiestamente contradictorios. Lo son todavía más si se tiene en cuenta otros dos parámetros esenciales del período abierto por la crisis, es decir el agotamiento de las ganancias de productividad y el freno de la globalización. Por presentar las cosas de otra forma, en el fondo hay tres formas de hacer aumentar la tasa de beneficio: desvalorizando el capital, logrando ganancias de productividad o bajando los salarios. Los capitalistas no quieren desvalorizar el capital. No pueden lograr aumentos de productividad. Si se deja de lado la apuesta por las “reformas estructurales” que provienen del pensamiento mágico, solo queda una palanca: la compresión salarial.
El atolladero reformista
En todo ello hay una lógica implacable y por ello tienen algo de patético todas las tentativas de convencer a los capitalistas de que existe una forma más racional de salida de salida de la crisis. Esta es una de las enseñanzas de la crisis griega que se puede evocar rápidamente: el gobierno Syriza ha llegado a las negociaciones con la Troika con un proyecto de reestructuración de la deuda. Se había concebido un plan en colaboración con el banco Lazard, cuyas grandes líneas fueron presentadas por el banquero Mathieu Pigasse: es suficiente con escuchar su entrevista/11 para comprobar que ese plan era perfectamente racional, razonable y que constituía a priori un buen punto de partida para un compromiso asimismo razonable.
Se sabe lo que ha sucedido y desgraciadamente se podría generalizar esta lección a todas las alternativas racionales, por coherentes que sean: no es por la convicción que podrán ser puestas en práctica, ya que las mismas implican forzosamente el abandono de uno u otro de los objetivos citados anteriormente, sea frenando la carrera a la rentabilidad, sea cuestionando los derechos adquiridos sobre la plusvalía.
El espanto burgués
No es posible otra política de los dominantes, pero eso no quiere decir que funcione la que ellos imponen a los pueblos. Ya hemos comentado las inquietudes del FMI/12 en relación con la economía mundial. Son todavía quizá más grandes en Europa, como testimonian estos gritos de alarma lanzados por tres responsables europeos: “Nunca jamás había visto tal fragmentación y tan poca convergencia en nuestra Unión”, “La Unión Europea está en peligro. Nadie puede decir si (ella) existirá todavía en diez años”, “Europa no produce suficientes resultados/13.
Más recientemente todavía, una tribuna (que ha pasado relativamente desapercibida) es propiamente alucinante/14. Los firmantes componen un extraño equipo, ya que se encuentran Christine Lagarde, directora general del FMI y Pascal Lamy, antiguo director general de la OMC (Organización Mundial del Comercio, Ndt), pero también los PDG (Presidente Director General, Ndt) de Air France-KLM y de Veolia. E incluso el del PMU (Pari Mutual Urbain) más acostumbrado sin duda a las apuestas hípicas que a la prospectiva económica.
Las quince personalidades deploran que “la búsqueda excesiva de una finalidad exclusiva –maximizar los beneficios para los accionistas- ha aislado a la empresa y alimentado la sospecha sobre la misma”, rechazan “la idea falsa de que una empresa pertenece a sus accionistas” y retoman a su cuenta “el consenso cada vez más fuerte” según la cual “la financiarización del capitalismo es un error”. Se pronuncian pues “a favor de una economía de mercado responsable” y, para llegar a ella, nuestros aprendices altermundialistas se limitan a proponer la modificación de los artículos 1832 y 1833 del Código Civil francés, lo que seguramente va a trastornar el funcionamiento del capitalismo.
Sin embargo, hay que tomar en serio estas manifestaciones de inquietud ya que expresan la sensación de los gestores de los intereses capitalistas de que no disponen de los útiles necesarios para “morder” sobre todos los aspectos de la realidad. Desde este punto de vista, merece ser detallado el desasosiego manifestado por la Unión Europea en una reciente Comunicación/15. Se encuentra en primer lugar una autocrítica sobre la austeridad presupuestaria llevada a destiempo: “la orientación presupuestaria de la zona euro ha sido restrictiva en el curso del período 2011-2013, en un momento en el que la economía se deterioraba”.
La Comisión va todavía más lejos, cuando descubre los problemas planteados por la ausencia de coordinación presupuestaria a nivel europeo. La política óptima no debe ser “el resultado espontáneo de la aplicación de las reglas presupuestarias de cada Estado miembro” y es difícil de alcanzar “en ausencia de un presupuesto centralizado que podría desempeñar un papel más activo”. La Comisión se pone incluso a soñar: sería necesario “considerar a la zona euro como una entidad única, como si hubiera un Ministro de Hacienda para el conjunto de la zona euro y definir a la política presupuestaria en términos agregados”.
Sin embargo hay fondos estructurales, el Banco Europeo de Inversiones y su Fondo Europeo para las Inversiones Estratégicas, el plan Juncker, pero ello no le parece suficiente a la Comisión que sugiere un relanzamiento equivalente al 0,5% del PIB europeo, es decir, equivalente a 50 000 millones de euros. Pero ¿quien a va a relanzar? “Los que no tienen margen de maniobra presupuestario querrían utilizarlo; los que tienen no quieren utilizarlo”, tal es la “paradoja” que subraya la Comisión. Este emplazamiento a Alemania para que tome su parte en una “orientación presupuestaria más positiva” está evidentemente llamado a ser letra muerta (el 5-12-2016, el Eurogrupo ha rechazado, por una amplia mayoría, el paquete fiscal propuesto por la Comisión, ndt).
Las manifestaciones de este “espanto burgués” remiten a otra fuente de inquietud: la regresión social –que se desprende mecánicamente de las políticas capitalistas de salida de la crisis- es el trampolín que propulsa a las corrientes soberanistas polarizadas por la extrema derecha. Los desastres sociales del neoliberalismo suministran su base económica, el recubrimiento xenófobo y reaccionario solo es el fondo la “superestructura” que sirve para desviar la cuestión social hacia las afirmaciones identitarias.
Noviembre 2016
Notas:
1/ Enrique Fernández-Macías, John Hurley, Martina Bisello, What do Europeans do at
work? A task-based analysis, Eurofound, European Jobs Monitor 2016. https://goo.gl/O3Wb9Z
2/ Sobre esta cuestión técnica (pero esencial en las negociaciones salariales) ver: Michel Husson, “Les salaires ne baissent pas assez en France?”, note hussonet n° 79,
20 de enero de 2015. https://goo.gl/6tl8tk
3/ Michel Husson, “Europe. Le tout-compétitivité contre les salaires”, A l’encontre, 24 de diciembre 2014. https://goo.gl/lNFj5X
4/ Para un análisis más detallado, ver: Odile Chagny y Michel Husson, “Quel régime
salarial optimal pour la zone euro?, La Revue de l’Ires, n° 81. https://goo.gl/4MizMn
5/ Las principales excepciones son Suecia y Alemania. Suecia mantiene una estructura estable de salarios. En Alemania, el período abierto por la crisis ha corregido la tendencia anterior a una desconexión muy marcada y que era anteriormente una excepción en Europa, especialmente con la puesta en marcha de un salario mínimo interprofesional.
6/ “New evidence on wage adjustment in Europe during the period 2010-13”, ECB Economic Bulletin, Issue 5/2016. https://goo.gl/fQDhzN
7/ Florence Jaumotte y Carolina Osorio Buitron, “El poder desde el pueblo”, Finanzas & Desarrollo, marzo de 2015. https://goo.gl/n0HVRF
8/ Jelle Visser, “What happened to collective bargaining during the great recession?”,
IZA Journal of Labor Policy, 2016, 5:9.https://goo.gl/8hZiMO
9/ Paul Marginson y Christian Welz, Changes to wage-setting mechanisms in the
context of the crisis and the EUs new economic governance regime, Eurofound, 2014.
10/ Para una revisión sistemática de los efectos económicos y sociales de estas políticas, ver: Thomas Fazi, “How Can Europe Change? Civil Society Proposals”, ISI growth, Octobre 2016.https://goo.gl/FTjcCV
11/ Mathieu Pigasse sobre la deuda griega, France Inter, 3 de febrero de 2015.
12/ Michel Husson, “Los desconciertos del profesor Obstfeld”, Viento Sur, 30 de abril 2016 https://goo.gl/fQRbLG
13/ Las citas son respectivamente de: Jean-Claude Juncker (presidente de la Comisión Europea), Discurso sobre el estado de la Unión 2016, 14 de septiembre de 2016; de: Martin Schulz (presidente del Parlamento Europeo), “Die Europäische Union ist in Gefahr”, Die Welt, 07.12.2015 y de: Pierre Moscovici (Comisario europeo de asuntos económicos y financieros), “L’Europe ne produit pas assez de résultats”, FranceTVinfo, 11 de septiembre de 2016.https://goo.gl/v3YGmN https://goo.gl/OFPyz6 https://goo.gl/QRR0Ev
14/ Colectivo, “Plaidoyer en faveur d’une économie de marché responsable”, lemonde.fr, 16 de noviembre de 2016. https://goo.gl/3sbzlu
15/ European Commission, “Towards a Positive Fiscal Stance for the Euro Area”, Communication, 16 de Noviembre de 2016. Ver también el comunicado de prensa: “En pro de una recuperación económica más firme e integradora”. https://goo.gl/ULnCdP

 
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