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Crisis en Europa: transferencias y lucha de clases


x Alejandro Nadal
Las crisis del capitalismo en Europa (y en el mundo) llevan la marca de colosales transferencias de recursos en el plano internacional y entre clases dentro de cada país
En 1941 la Wehrmacht nazi aniquiló en unas cuantas semanas la resistencia griega. La ocupación fue brutal: más de 325 mil civiles murieron en Grecia antes de que concluyera la guerra. Durante la ocupación, Berlín impuso un préstamo forzoso a Atenas por 476 millones de marcos, con lo que el pueblo griego acabó pagando el costo de su propia ocupación por las tropas nazis. El préstamo nunca fue reembolsado.
En 2013 una comisión del gobierno griego concluyó que Alemania debía 160 mil millones de euros a Grecia para cubrir aquel préstamo y los daños de la ocupación. La cancillería alemana respondió que el tratado de 1990 sobre la reunificación había cerrado el tema.
El informe de la comisión griega fue un subterfugio demagógico del ex primer ministro Antonis Samaras para legitimarse ante el electorado griego. Hoy el nuevo gobierno de Alexis Tsimpras ha hecho alusión a este tema: en estricto rigor jurídico el tratado de 1990 no cierra el caso (Grecia no fue parte de él) y el asunto podría seguir envolviendo las tensas negociaciones entre Atenas y Berlín.
Las crisis del capitalismo en Europa (y en el mundo) llevan la marca de colosales transferencias de recursos en el plano internacional y entre clases dentro de cada país. El que estos grupos sean de una u otra nacionalidad es accidental. La historia económica muestra que estas transferencias son crónicas en Europa y con frecuencia han sido impuestas después de una guerra por los vencedores a los vencidos.
De aquí se desprende una narrativa equivocada, pues se piensa que las transferencias son entre países. Así, hoy se afirma que Grecia (o España) debe pagar sus deudas. Pero las palabras Grecia o Alemania se refieren a una abstracción. Si nos adentramos en el análisis, veremos que en cada uno de estos espacios nacionales hay obreros, capitalistas, terratenientes, banqueros y financieros, así como políticos corruptos.
El tema de la transferencia debe ser analizado con rigor para entender la crisis en Europa y la manera de superarla. El programa de austeridad impuesto en Grecia y España conlleva un inmenso flujo de transferencia de recursos que es soportado por ciertas clases sociales en beneficio de otros grupos o clases en esos y otros países (por ejemplo, del norte de Europa).
Es necesario superar la narrativa que ve en estas transferencias simples vínculos entre Estados nacionales e ignora la dinámica de las relaciones de clase. Las transferencias de recursos en Europa (y en el mundo) dependen de fuertes ajustes en la estructura de clases al interior de cada país.
Por eso una aportación interesante es el trabajo del analista financiero Michael Pettis, (http://blog.mpettis.com). Pettis examina el proceso de estancamiento en el crecimiento del salario real en Alemania a partir de 1995 como precursor de la crisis. Al constreñirse el crecimiento salarial se forzó la reducción del consumo y, dice Pettis, creció el ahorro forzado. Los bancos alemanes no podían invertir el exceso de ahorro en Alemania y enfocaron la mira hacia países como España, Italia y Grecia. Los bancos alemanes buscaron y encontraron prestatarios ávidos de obtener créditos baratos para todo tipo de proyectos, algunos poco viables y otros especulativos.
Cuando estalla la crisis, los bancos alemanes observan el aumento de su cartera vencida e incobrable. El lobby financiero hace lo que sabe hacer muy bien: busca que los gobiernos trasladen el costo del ajuste a las clases media y trabajadora a través de la devaluación interna.
Observa Pettis con razón: antes de la crisis los trabajadores alemanes pagaron las burbujas griega y española al aceptar un crecimiento muy bajo del salario real (en un contexto en el que la productividad en Alemania se mantenía constante). Y después de la crisis los trabajadores españoles y griegos se vieron obligados a pagar el costo de la explosión a través de salarios deprimidos y desempleo.
Pero el análisis de Pettis es incompleto y sólo toca la punta del iceberg. La capacidad de creación monetaria de los bancos en Europa encontró un gigantesco espacio de rentabilidad con la unión monetaria. Así que no sólo se trasladó el ahorro forzado de países como Alemania hacia bancos y prestatarios en Grecia o España. Bajo la unión monetaria los bancos más fuertes pudieron ejercer su capacidad de creación monetaria en todo el euro espacio y fueron capaces de generar burbujas como las que estudia Minsky en su modelo de crisis bancarias.
Hoy la clase trabajadora en Europa se enfrenta a un escenario desfavorable: los bancos alemanes, franceses, holandeses e ingleses tienen grandes necesidades de recapitalización y ello necesitará de apoyo público, es decir, de una masiva transferencia de recursos de las clases medias y trabajadoras del continente hacia el sector financiero.
Los funcionarios del gobierno griego tienen razón cuando afirman que luchan no sólo por el ciudadano griego promedio, sino por el ciudadano europeo en general. La recuperación del alma social de Europa pasa por una exitosa renegociación de la crisis en Grecia.
@anadaloficial
Texto completo en: http://www.lahaine.org/crisis-en-europa-transferencias-y

Alejandro Nada: Las leyes de la economía: Piketty

 Sin Permiso
07/09/14
 


Algunos de los libros más citados son con frecuencia los menos leídos. Y la obra de Thomas Piketty Capital en el siglo XXI es quizás el ejemplo más reciente. Lástima, porque la lectura desordenada de algunos pasajes y crónicas conduce a conclusiones superficiales y apreciaciones equivocadas sobre uno de los fenómenos más importantes de la historia, la desigualdad económica.
El texto de Piketty se convirtió en un fenómeno literario, una proeza para un libro sobre economía de más de 650 páginas. Se trata de una aportación importante al promover el debate sobre desigualdad económica y los males que entraña, en especial para la democracia y la vida en sociedad.
Pero, ¿es que Piketty es el primero en analizar la desigualdad económica y sus implicaciones en la economía del siglo XXI? La respuesta es negativa. Muchos antes que Piketty han examinado este problema y de manera más profunda. Dos ejemplos son James Galbraith y su equipo en la Universidad de Texas y el grupo de economía política de la Universidad de Massachusetts en Amherst, con Gerald Epstein y Bob Pollin a la cabeza. Otra muestra es el economista Branko Milanovic, cuyo trabajo sobre desigualdad internacional cubrió encuestas ingreso-gasto en hogares de 91 países. Destacan también los trabajos que publica desde 1988 el equipo del Economic Policy Institute en sus informes sobre empleo, desigualdad, salarios e ingresos familiares en Estados Unidos. Y como la lista no se acaba, surge otra pregunta: ¿por qué el libro de Piketty atrajo tanta atención sobre un tema que se había venido trabajando desde años atrás?
La respuesta de Thomas Palley, otro macroeconomista con importantes investigaciones sobre el tema, es que el pequeño mundo de la economía dominante en las universidades delestablishment, nunca quiso reconocer el valor de estos trabajos porque sus autores permanecen etiquetados como de izquierda y reconocerlos como interlocutores equivale a legitimarlos. Según Palley parece que el tema de la desigualdad sigue siendo un tabú a menos que sea discutido por la persona ‘correcta’.
Piketty es quizás esa persona. Su libro encuentra perturbadoras tendencias en materia de desigualdad creciente, pero sus herramientas analíticas y sus recomendaciones de política económica dejan mucho que desear. Los conceptos utilizados son los que convencionalmente utiliza la teoría económica neoclásica y han sido desacreditados en debates teóricos bien conocidos. La ignorancia de Piketty sobre estos debates es sorprendente porque tienen que ver precisamente con la definición decapital, palabra clave en el título de su obra.
Entre otras cosas, Piketty sostiene que cuando la tasa de remuneración al capital aumenta más que la tasa de crecimiento de la economía se fortalece la tendencia a una creciente desigualdad. Pero eso implica que Piketty posee una medida del capital pues, de otro modo, su tasa de remuneración carecería de sentido. El problema es que en la definición de este autor el capital es una colección de bienes heterogéneos (edificios, máquinas) y lo único que los une es una medida en términos monetarios. Ahora bien, se sabe desde la controversia sobre la teoría del capital de hace cincuenta años que el valor monetario de esos bienes heterogéneos no puede ser utilizado en sustitución de la cantidad de máquinas y edificios utilizados en la producción.
Este no es un detalle técnico. El corolario de lo anterior es que el capital no recibe una ganancia por su participación en la producción. Los propietarios de las máquinas y edificios no reciben una remuneración ligada a la productividad marginal del capital. Y ahora sí estamos cerca de la médula del problema. En sus leyes fundamentales del capitalismo Piketty utiliza el principal elemento ideológico de la teoría convencional sin cuestionarlo. El establishment le ha respondido: con este tipo de análisis edulcorado sí podemos entablar un diálogo sobre la desigualdad. Bueno, quizás algo es algo.
Piketty encuentra que la desigualdad existe y que hay épocas en las que puede intensificarse. Pero vayamos a la pregunta de fondo: ¿cuál es la causa de esa desigualdad creciente según Piketty? La respuesta se encuentra en varios pasajes y se puede sintetizar en sus palabras: el principal impulso de la desigualdad proviene de la difusión del conocimiento y la inversión en capacitación. Esto es música a los oídos del coro de economistas neoliberales que llevan años afirmando que la desigualdad proviene de un sesgo en el proceso de cambio tecnológico en la economía que proporciona mayor remuneración para ciertos grupos de trabajadores (los que poseen mayor calificación) y menor para otros (los menos calificados).
Todo esto explica por qué el libro de Piketty carece de una buena discusión sobre las causas del estancamiento de los salarios en las principales economías capitalistas a partir de los años setenta. Podemos hablar de desigualdad, por cierto, pero no de salarios. Podemos hablar del capital en el siglo XXI, pero no demasiado sobre capitalismo.
Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de Sinpermiso

Alejandro NadaL Rescatar a Europa del neoliberalismo

28 de marzo 2014

Las medidas avaladas por las instituciones europeas desde que estalló la crisis han estado comprometidas ante todo con el modelo neoliberal, los bancos y el sistema financiero
  

La Unión Europea está hoy más desunida que nunca. La crisis sigue su rumbo, agravada por la obsesión de la austeridad fiscal. La desigualdad y el resentimiento destruyen los cimientos de la unión. La desafortunada situación económica ha puesto de relieve una pregunta fundamental: ¿qué aporta la Unión Europea a los valores fundamentales de la izquierda democrática en el continente europeo? ¿Ha contribuido a fortalecer los principios de la democracia republicana con un compromiso social o es una máquina para destruir esos valores?

Todas las medidas avaladas por el Consejo, la Comisión europea y el Banco central europeo desde que estalló la crisis han estado comprometidas ante todo con el modelo neoliberal, los bancos y el sistema financiero. Los habitantes de Europa vienen muy atrás en la lista de prioridades. La pregunta es si los privilegios otorgados a las grandes corporaciones y al sistema financiero es lo que define a la Unión Europea, o si es la democracia republicana y sus valores sociales.

Sin participación ciudadana

La verdad es que la integración europea no ha sido moldeada por la participación ciudadana. El órgano más importante de la Unión Europea es el Consejo y ese órgano es una organización intergubernamental. La influencia de la ciudadanía europea sobre el Consejo está mediada por los resultados de las elecciones nacionales. En el mejor de los casos es de índole indirecta. Es cierto que se han presentado a referendo algunas iniciativas importantes. Pero los detalles han estado moldeados en las instancias tecnocráticas en las que las prioridades han sido las de los grandes grupos corporativos. Esta captura ideológica ha transmitido a la integración europea las prioridades estratégicas de una derecha subordinada al capital financiero.

El Parlamento europeo podría ser el único contrapeso en esta estructura. Pero, a pesar de que ese órgano legislativo y de supervisión ha ido ganando terreno, sigue estando sometido al derecho de veto que el Consejo tiene sobre sus decisiones. En síntesis, no existe en la actualidad un organismo que permita orientar el proceso de integración en función de las prioridades de los ciudadanos de Europa.

Para ello será necesario politizar el debate sobre la respuesta a la crisis. El colapso económico en Europa es engendro del neoliberalismo. La recuperación no puede estar basada en el salvamento del modelo que originó la crisis.

¿La austeridad está comenzando a dar frutos?

Se insiste hoy en Europa en que la recuperación ya comenzó y se irá fortaleciendo gradualmente. Se dice que la estrategia de corto plazo (es decir, la austeridad) está comenzando a dar frutos. ¿Es cierto?

La volatilidad en los mercados financieros y los diferenciales de tasas de interés sobre deuda soberana en Europa han disminuido sensiblemente. Y eso se debe a la estrategia del Banco central europeo (BCE) desde que Mario Draghi anunció en 2012 que el banco haría "todo lo necesario" para asegurar la supervivencia del euro. Solo que esa estrategia está basada en la promesa de realizar compras masivas de deuda soberana en los mercados secundarios y no es creíble en el largo plazo y tiene dos defectos importantes.

Primero, sólo trabaja alrededor de los síntomas, no de la enfermedad. Si genera algo de estabilidad financiera, eso no se acompaña de crecimiento y bienestar. Es más, cualquier intervención del BCE debe estar acompañada de fuertes medidas de condicionalidad (bajo la supervisión de la troika) que actuarán como un freno sobre el crecimiento. Segundo, existen varias amenazas de choques externos que podrían hacer retornar la volatilidad en los mercados financieros europeos (por ejemplo, si la Reserva federal [de EEUU] modifica su postura de política monetaria fácil y eleva el tipo de interés se podría generar una sacudida mayor).

Las señales sobre una pretendida ‘recuperación’ no se reducen a los indicadores sobre diferenciales de tasas de interés. En casi todos los rubros, el desempeño de las economías europeas es decepcionante. No es de sorprenderse: el efecto de la política de austeridad afecta en primer lugar tasas de crecimiento y genera desempleo, y la contracción económica golpea los ingresos fiscales y agrava el déficit público.

El neoliberalismo construyó un castillo de naipes

Además, los niveles de endeudamiento han seguido aumentando: en la eurozona la deuda pública con respecto al PIB pasó de 62 a 85 por ciento entre 2008 y 2012. Los pronósticos independientes sobre crecimiento del PIB en la eurozona no llevan buenas noticias: el crecimiento en 2014 y 2015 sería un raquítico 1.0 y 1.5 por ciento respectivamente. Finalmente, la desigualdad en Europa se ha convertido en uno de los problemas que marcarán el futuro de Europa.

El neoliberalismo construyó un castillo de naipes sobre los huesos y las vidas de la clase trabajadora en Europa. Las autoridades del proyecto neoliberal en Europa mantienen firme la subordinación a ese paradigma. (...)

La Jornada

Alejandro Nadal: El comité Nobel esquizofrénico

Sin Permiso, 23 Octubre 2013

El Premio Nobel de economía este año es para economistas antagónicos. Es como si le hubieran dado el premio de medicina al creador de un veneno mortal y, al mismo tiempo, al inventor del antídoto. O como dice Yanis Varoufakis, es como si le hubieran dado al mismo tiempo el premio de física a Galileo y al inquisidor que le condenó. Para como se las gastan en el Premio Nobel, esto no debiera sorprender. Este año le ha tocado a Eugene Fama, Lars Peter Hansen y Robert Shiller. Si dejamos de lado el interesante trabajo econométrico de Hansen, se trata de una extraña decisión.

Desde los años setenta Fama llegó a desarrollar la llamada “hipótesis de mercados eficientes”, según la cual los precios de los activos financieros siempre traducen toda la información disponible en los mercados financieros. Tarde o temprano, el mercado termina por incorporar toda la información pertinente en los precios y eso tiene un efecto mágico: algunos agentes sobre reaccionan y otros cometen el error inverso, pero el mercado en su conjunto nunca se equivoca. En el universo en el que se desenvuelve la imaginación febril de Eugene Fama, no hay espacio para las burbujas ni para los agentes especuladores que lucran apostando a conocer el resultado final mejor que el mercado.

La hipótesis de mercados eficientes (HME) ha estado cercana de la hipótesis de expectativas racionales y de los modelos para determinar precios de opciones y otros productos financieros exóticos (Black-Scholes). Todas estas construcciones sirvieron de fundamento ‘teórico’ para el desarrollo de los mercados financieros durante los últimos dos decenios. Su combinación se ha traducido en un desastre para la política económica a escala mundial.

La hipótesis de mercados eficientes tiene dos componentes medulares. El primero es que la información pública se ve reflejada en los precios de los activos casi de manera instantánea. Así, la información que afectaría al alza (o a la baja) el precio de un activo en el futuro se verá incorporada hoy en el precio de dicho activo. Por ejemplo, si las acciones de una compañía farmacéutica se venden hoy a 80 pesos y dicha compañía recibe autorización para comercializar un nuevo medicamento que aumentará las ganancias mañana, el precio de las acciones se incrementará de manera inmediata.

Esto lleva al segundo componente de la HME: algunos participantes en el mercado podrían subestimar el efecto de ese nuevo producto en el mercado, mientras que otros pueden sobreestimarlo. El mercado puede ser influido de manera más o menos decisiva por estas fuerzas, pero según la HME de Eugene Fama estos errores no abrirán la puerta para que los agentes especuladores realicen operaciones de arbitrajes, ajusten riesgos y obtengan ganancias extraordinarias. Este es quizás el aspecto más importante y el más absurdo de la teoría de Fama: en los mercados eficientes no existen oportunidades para realizar arbitrajes.

El chiste que mejor cristaliza lo anterior es el de un profesor que camina con un estudiante en el campus de la universidad y de pronto observa un billete de cien dólares en el piso. El estudiante tiene el reflejo de irlo a recoger, pero el profesor, más experimentado, le aclara el panorama:“no se moleste usted en recogerlo, si fuera un billete de verdad ya no estaría ahí tirado”. La moraleja de la historia: en un mercado eficiente, la competencia siempre se encarga de eliminar las oportunidades de ganancias extraordinarias.

Al igual que su primo cercano, el modelo de Black-Scholes para determinar precios de opciones, la hipótesis de mercados eficientes está basada en la fe y la idolatría en el panteón del libre mercado. Los resultados están a la vista: la gigantesca burbuja en los precios de ciertos activos financieros explotó precisamente en el sistema financiero y ahora tiene de rodillas a la economía mundial. A pesar de todo, en una entrevista con John Cassidy en 2011 Fama declaró “la verdad, ni siquiera sé lo que es una burbuja”, lo que puede traducirse como “las burbujas no existen”).

Para compartir el Nobel con Fama, el comité no pudo escoger a nadie más opuesto que Robert Shiller. Este autor ha hablado de la hipótesis de mercados eficientes como “el error más sorprendente en toda la historia del pensamiento económico”. Y es que el análisis de Shiller es capaz de abarcar la dimensión macroeconómica de la especulación (en contraste, Fama confiesa no saber nada de macroeconomía). Shiller sabe lo que Fama ignora: que una parte significativa de la actividad financiera es ciento por ciento especulativa y conlleva externalidades negativas para toda la economía.

En los años que precedieron la crisis que estalló en 2008 Robert Shiller mantuvo su trabajo sobre la evolución de los precios de diversos activos, en especial los bienes inmuebles. Quizás su trabajo más conocido es el desarrollo de un índice compuesto del precio de casas para 10 ciudades en Estados Unidos que demuestra una fenomenal inflación de precios a partir del año 2001. Es el anuncio de la crisis…que para Eugene Fama nunca debió existir.

Alejandro Nadal es un reconocido economista mexicano, profesor del centro de estudios Económicos del Colegio de México, miembro del consejo editorial de Sin Permiso