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Ana Esther Ceceña: Gaza

Israel, Palestina: Cómo empezó todo

“Si eres neutral ante situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor” (Desmond Tutu)


Gaza

 Gran parte de los palestinos de Gaza son refugiados, expulsados o descendientes de los expulsados en 1948 a través de lo que constituyó, según historiadores israelíes como Ilan Pappé, una limpieza étnica, con el objetivo de levantar un Estado de mayoría judía. Incluso el historiador israelí sionista Benny Morris, ha escrito que “con la suficiente perspectiva resulta evidente que lo que se produjo en Palestina en 1948 fue una suerte de limpieza étnica perpetrada por los judíos en las zonas árabes”.

 Los palestinos de Gaza viven hacinados, castigados, limitados. Israel controla qué productos y personas acceden a la Franja y prohíbe la entrada de materiales fundamentales. Practica un castigo colectivo.

 Esto, lo que está pasando en Gaza, se inició hace 66 años, cuando se optó por una concepción de Israel como un Estado judío con mayoría judía. Para mantener esa mayoría Israel practica la ocupación, aparta y discrimina a los palestinos y, de vez en cuando, lleva a cabo operaciones militares que matan a cientos o miles y provocan el desplazamiento de miles más.
Para mantener la mayoría judía...

 El Estado israelí, para ser fiel a su autodefinición -Estado judío- excluye el concepto de ciudadanía universal. Si aceptara como ciudadanos a los palestinos de Gaza y Cisjordania -territorios que controla u ocupa- su concepción como Estado judío estaría en peligro, ya que la población judía dejaría de ser la mayoritaria.
 La elevada natalidad entre los palestinos es una de las preocupaciones principales de Israel. Lo llaman la cuestión demográfica. Ya hoy los judíos dentro de la llamada Línea Verde -las fronteras de antes del 67- conforman el 70% de la población, y se calcula que dentro de veinte años podrían ser el 50%.

 Israel se opone a la creación de un Estado palestino pero también se niega a conceder derechos plenos y ciudadanía a los palestinos de Gaza y Cisjordania, porque si lo hiciera, estaría renunciando a su carácter judío como Estado. Es decir, a lo que algunos historiadores y politólogos llaman etnocracia.

 Como subrayaba el israelí Sergio Yahni, integrante del Alternative Information Center, en una conversación que mantuvimos en Jerusalén:

 “Israel solo puede ser un Estado judío si mantiene la supremacía demográfica o legal de la población judía, pero para ello tiene o que llevar a cabo una nueva limpieza étnica, como la de 1948, o practicar la segregación étnica legalizada, es decir, el apartheid. Mientras Israel no asuma una verdadera transformación democrática, no viviremos en paz y seguirá la represión”. ("El hombre mojado no teme la lluvia", Ed.Debate, 2009).

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 Ana Esther Ceceña
 Observatorio Latinoamericano de Geopolítica
 Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM
 (52 55) 5623 0100 extensión 42418
www.geopolitica.ws

Ana Esther Ceceña: Los golpes de espectro completo[1]



Ana Esther Ceceña[2]

Observatorio Latinoamericano de Geopolítica

Nuevos aires cargados de viejos hábitos soplan sobre los territorios de Latinoamérica y el Caribe. La vocación hegemónica y su permanente necesidad de renovarse y reafirmarse trae consigo una cartera de elementos de seducción, disuasión o represión que pueden ser usados aislada o simultáneamente y que ofrecen la posibilidad de combinaciones muy diversas, versátiles y siempre, eso sí, con el mismo propósito: en ocasiones explícito y las más de las veces encubierto detrás de velos insostenibles como el de la restauración de la democracia.

Durante el siglo XXI hemos visto reaparecer las figuras autoritarias de tiempos pasados pero con una esencia distinta. El capitalismo de este nuevo siglo llegó con ímpetus renovados pero con características diferentes. Se modificaron sus condiciones materiales tanto como sus modos y sentidos. Las materias primas de ayer hoy pierden relevancia frente a nuevos materiales; las tecnologías invaden nuevos espacios y usan otros caminos; las comunicaciones ocupan todos los ámbitos y descubren formas y vehículos; los sentidos de realidad en su conjunto se transforman y se enajenan a través de nuevos mecanismos. 

En términos de concepción hay cambios muy notorios, correspondientes a las modalidades capitalistas del siglo XXI, un momento en que los estados a la vez se refuerzan y se disuelven, pero sobre todo se rediseñan; en que los territorios se redefinen de acuerdo con los nuevos sentidos cohesionadores y con los nuevos imperativos materiales; en que la sociedad se transforma desde la ofensiva del poder ética y estética; en que los valores materiales, sociales, culturales, políticos y simbólicos son violentados por los mismos poderes que anteriormente los crearon, en su versión dominante y dominadora.

El nuevo campo de batalla

1. Quizá el elemento más relevante ha sido el cambio en la idea de la guerra y sus propósitos. Si hasta ahora hemos estado acostumbrados a medir las guerras por sus ganadores y perdedores, hoy tendremos que adecuarnos a las guerras infinitas. Esas guerras indefinidas que buscan mantener los territorios en situación de guerra porque ya no son el medio sino el fin. Es la situación de guerra la que proporciona los beneficios: da paso al saqueo, estimula una variedad de negocios (armas, drogas, alimentos, trata de personas, mercenarismo y muchos otros) y permite un control sobre las poblaciones no legitimado porque se ejerce en condiciones de excepción. 

2. Un segundo elemento significativamente distinto se refiere a la concepción del enemigo. El enemigo en verdad es, en este siglo XXI, la otredad bajo cualquiera de sus formas. Y el otro, por virtud de la competencia y el correspondiente imaginario de campo de batalla que la acompaña, debe ser dominado o negado; convertido en –o tratado como- objeto. Pasible de ser manipulado, usado, pero también deshechado. El otro que aparece por todos y cualquier rincón como ocurrió en Vietnam, como ocurre dondequiera que hay un pueblo en resistencia, es asimilable al estatus de virus. Un virus es relativamente invisible, imperceptible e incomprensible, salvo cuando incomoda; un virus es, como los humanos-masa, útil pero despreciable, dañino cuando rebasa cierta dimensión o cuando la emprende por su cuenta. Debe ser controlado “por el bien de la humanidad”, aunque en este caso justamente forme parte de esa humanidad.

3. La idea central que conduce a entender de una manera muy distinta el campo de batalla, que a la vez es un equivalente del mercado, se refiere al problema de la incompletud, que acompaña todos los procesos vitales, pero que debe ser superada, desde la perspectiva del poder, para evitar porosidades que lo pongan en peligro. Tarea imposible pero a la que se le dedican esfuerzos ingentes: tecnología abrumadora y avasalladora; investigaciones de psicología y de comportamiento de sistemas complejos; técnicas de convencimiento, envilecimiento, disuasión o parálisis; cálculos de equilibrios asimétricos; investigaciones (y prácticas) culturales, lingüísticas, antropológicas y similares que propicien el sometimiento; fabricación unilateral y universalización de sentidos “comunes” a través de los medios masivos de comunicación, de los contenidos de la educación, de las orientaciones de la ciencia y otros vehículos del mismo carácter. 

4. El concepto de dominación de espectro completo ha sido la clave de transformación en el arte de la guerra y orienta sus modalidades prácticas. Es un concepto complejo que se actualiza mediante la experiencia cotidiana de la guerra en todos sus distintos escenarios y mediante el estudio del comportamiento humano, e incluso del de todas las formas de vida que concurren en cada uno de ellos. 

Uno de sus aprendizajes, muy evidente en las disputas por la territorialidad en la actualidad, es el de la aplicación simultánea y sin tregua de mecanismos variados que tiendan a confundir y a la vez a producir resultados combinados mientras agotan, en principio, las fuerzas físicas y morales del enemigo (Ver, a este respecto, el acoso a Venezuela desde febrero de 2014). 

Con la idea orientadora de “no dejar resquicio al enemigo”, ningún espacio de resguardo, ni un momento para tomar aliento, se han puesto en práctica un conjunto de elementos de los que yo distingo tres que combinados tienen un efecto explosivo: avasallamiento, simultaneidad, impunidad.

Avasallamiento. Cuando el enemigo es concebido como una fuerza invisible o difícil de reconocer porque se pierde en esa masa de seres a los que nunca se les había puesto casi atención porque se les consideraba demasiado pequeños e irrelevantes, el procedimiento se inclina por lo que podría considerarse una purga general, relacionada con las tareas de prevención y disuación pero con propósitos de más larga duración. Este mecanismo consiste en evitar que la asimetría se convierta en vulnerabilidad aplicando una fuerza sobredimensionada, desproporcionada, con carácter arrasador. 

Simultaneidad. El mejor medio para desgastar al enemigo es atacarlo sin tregua por todos lados al mismo tiempo; como un ataque de un enjambre de avispas. Con esta idea, se aplican simultáneamente mecanismos desestabilizadores o directamente de ataque en todos los ámbitos de la vida social. Desde casos como el mexicano en que se aprobaron en cascada reformas antipopulares (laboral, fiscal, de control de comunicaciones, educativa y energética) que generaron confusión y respuestas fraccionadas y que transformaron sustancialmente y de golpe las relaciones laborales, las pautas educativas, el patrimonio de la nación (del pueblo de México), los niveles salariales y de imposición, la vigilancia o intromisión en la vida privada y los márgenes de maniobra de la sociedad; hasta procesos directamente de propiciamiento de golpes de estado como el venezolano en que se manejan los imaginarios y sentidos de realidad, se genera violencia y confusión, se introducen operativos de descomposición social, corrupción y soborno, al mismo tiempo que se genera desabasto de bienes básicos, se ataca al gobierno y también a la sociedad. 

Es decir, la simultaneidad es el elemento que más claramente permite entender la estrategia de dominación de espectro completo, siempre combinado con la idea de eliminar la porosidad que permita resquicios de recuperación de fuerzas y de sentidos. Es un modo de proceder que puede aplicarse en cualquier ámbito, en ámbitos combinados, en todos a la vez y en cualquier nivel.

Impunidad. El dislocamiento de sentidos y la confusión que de esta manera se crea es potenciada al máximo posible cuando a los referentes formales de justicia y moralidad social se les invalida en la práctica con la ostentación de comportamientos ilegales. La pérdida de referentes sociales garantizadores, de lo que se entiende por estado de derecho, equivale a la construcción de un contexto en el que aparecen como dupla indisoluble el estado de excepción y una tierra de nadie. Crimen, extorsión, corrupción, violaciones al orden establecido, atropello, autoritarismo, vaciamiento de la justicia, del derecho y del respeto social son los componentes del nuevo escenario impuesto unilateralmente. En mayor o en menor escala, la complicidad entre crimen y aparatos de justicia genera condiciones de pérdida de sentidos y de indefensión de la sociedad que entonces es sometida a una dinámica pantanosa en la que se mueve con dificultad y sin tener clara la ruta. 

El México del siglo XXI quizá sea uno de los más elocuentes casos de dislocamiento de las reglas del juego y de imposición de una política general de impunidad en el sentido que la hemos referido.

La dominación de espectro completo y los elementos de intervención que hemos destacado, podemos observarlos lo mismo en una escala planetaria, es decir, en calidad de macropolítica, que en escalas locales, con todas las gradaciones y diferencias correspondientes a las especificidades del caso y al momento o grado de intervención que se busca.

Los mecanismos de intervención

5. En el terreno de los modos y las formas, o de la espacialidad material de la ocupación, también podemos observar cambios significativos. 

La primera década del siglo XXI estuvo marcada por un nuevo despliegue de instalaciones militares estadounidenses en algunos puntos estratégicos del territorio latinoamericano y caribeño. El efecto fue doble. Por un lado, siguiendo con la pauta del avasallamiento, la excesiva presencia militar con altas tecnologías y capacidades de respuesta tuvo un impacto intimidante y disuasivo; por otro lado realmente mostraba la dimensión del potencial enfrentamiento y el margen de irradiación casi instantánea de la fuerza estadounidense y sus aliados. El despliegue y reposicionamiento de las fuerzas estadounidenses en la zona durante estos años, que en principio las tenían distraidas en Medio Oriente y Asia Central, es impresionante (ver mapa). 

El estilo de instalaciones que se han promovido a partir de 2013 ya es distinto; tiene un perfil más discreto (ver artículo de Sandy Ramírez). El propósito no es tanto intimidatorio sino totalmente funcional; se busca el entrenamiento y homogeneización de códigos en la lucha contra “contingencias” de estilos variados como las de posibles sublevaciones urbanas (particularmente para Chile pero con alcance general), trastornos ambientales, y situaciones de “ingobernabilidad” entre las que está el rechazo de la minería a cielo abierto, a la construcción de una carretera en medio de la selva, de una hidroeléctrica o simplemente la disputa por el sentido y posesión de un territorio. Es decir, prepara el terreno para acciones “especiales” y puntuales forjando los cuerpos de élite.

6. La presencia militar directa, o incluso la policiaco-militar, generan suspicacias y rechazo entre las poblaciones. Por ello son acompañadas por múltiples mecanismos de entrelazamiento con la población que aparecen como ajenos a la esfera militar, entre los que destacan los programas de la USAID. Aportando dinero, asesoría, apoyo tecnológico, capacitación o cuestiones similares, USAID, nacida en el marco de las políticas anticomunistas de la Alianza para el Progreso en 1961, que buscaban eliminar la influencia de la revolución cubana en otros países del continente (cuyo correlato fue el bloqueo económico a Cuba), ha tenido una historia muy claramente vinculada a los golpes militares de las décadas de los 60 y 70 del siglo XX. En los años posteriores a las dictaduras militares su presencia se hizo más notoria en la región centroamericana, marcada por las guerras, y en la actualidad se extiende visiblemente en países que desde la visión hegemónica resultan estratégicos como Haití, Colombia, México, Guatemala y Honduras, a quienes se les ha otorgado un financiamiento de  1,224; 582; 290; 217; y 212 millones de dólares respectivamente en sólo 3 años, de 2010 a 2012. 

De 1990 a 2003 Perú, Bolivia y Colombia (2,753; 2,333; y 2,190 millones de dólares respectivamente), considerados el brazo sur del plan Colombia, fueron los países que mayores financiamientos recibieron. Les siguieron de cerca El Salvador, Nicaragua y Honduras (con 1,923; 1,414; 1,116), relacionados con el control del área del Gran Caribe y con las rutas de narcóticos y de migrantes. En la década de los 80, marcada por las guerras en Centroamérica, solo El Salvador recibió 4.047 millones de dólares.[3] 

Lo mismo sucede con agencias como la DEA, que no sólo tienen paso por todo el continente sino que también son portadoras de políticas de ocupación en países o sitios estratégicos. Durante 2008-2014 el presupuesto destinado al CARSI (Iniciativa de Seguridad de la Región Centroamericana) es de 665 millones de dólares, cuando el de Colombia (279 en 2013) y el de México (154 en 2013), países centrales en la estrategia de seguridad del continente, resulta ser moderado frente a este monto que se justifica por la “…transferencia de 1,388 mil millones de dólares en equipo electrónico de uso exclusivamente militar, parte del cual es expresamente para uso del propio personal estadounidense en Honduras. Se tendrá ahí posiblemente uno de los mayores centros de información y telecomunicaciones del Continente.” (Ceceña, Ana Esther 2014 “La dominación de espectro completo sobre América” en Patria (Ecuador: Ministerio de Defensa), con información de Isacson, Adam et al 2014 Time to listen: trends in U.S. security assistence to Latin America and the Caribbean (USA: Latin America working group education fund, CIP, WOLA)).

El avance discreto a través de estos mecanismos puede ser considerado de alto riesgo -combinado con el avance explícito de la década anterior obviamente-, pues permite una penetración más sutil, más profunda, más inadvertida y más consistente, creando complicidades a la vez que condiciones de disciplinamiento o de intervención. 

Socavar para intervenir desde el fondo.

7. Lo que resulta significativo es que la intervención con vestido de economía no cesa de ocurrir y extenderse mientras las otras tienen comportamientos más erráticos. Las relaciones entre los estados pueden deteriorarse mientras calladamente las inversiones mineras, petroleras o similares siguen encontrando recovecos por donde extraer hasta el último gramo de los ricos yacimientos latinoamericanos. La economía de rapiña, en connivencia con las oligarquías locales, recuerda permanentemente la época de la (primera) Conquista. La voracidad del capital es hoy, tanto como los mecanismos de disciplinamiento y control, avasalladora, simultánea e impune. Al menor descuido ocupa espacios y vacía y transforma territorios.
Chevron, Anglo Gold, Repsol, Halliburton, Barrick Gold, Monsanto, Cargill y algunas otras, son tan dañinas como las bases militares y los dispositivos de disciplinamiento. Son tan depredadoras como las acciones militares. Son también fuerzas de ocupación, saqueo y desolación.

Es por eso que las luchas crecen y revientan por todos los rincones. Es por eso que los operativos de desestabilización se multiplican. Es por eso que el proceso de militarización no puede detenerse, como no logren detenerlo los pueblos. 

Las geografías del poder

8. La geografía del área de seguridad de Estados Unidos en el continente también se ha transformado. De la primera década del siglo XXI con un centro asegurado en Colombia, hoy se ha extendido, a manera de derrame, hacia Perú y Paraguay en el sur y hacia Centroamérica y México en el norte, formando auténticamente un corredor geográfico de aseguramiento y garantía hegemónica. Las políticas y métodos aplicados en Colombia; los procesos de desestructuración comunitaria y arrasamiento físico; las imposiciones de lógicas económicas saqueadoras y devastadoras como las del monocultivo, ya sea de palma, caña, café, soya o cualquier otro cultivo de rentabilidad garantizada en el mercado mundial; la minería a cielo abierto, con mercados inmediatos en el exterior; los desplaamientos de población; la violencia a la vez selectiva e inespecífica; todos estos elementos, acompañados de cambios en la normatividad nacional e internacional, los códigos penales y civiles y en general los usos y costumbres, han transitado territorialmente hasta crear un corredor securitizado y productor de commodities que atraviesa América a lo largo desde una punta hasta la otra. Corredor que marca una línea divisoria entre los países agrupados en el ALBA o las organizaciones regionales en resistencia frente a las políticas hegemónicas, y marca la ruta de la Alianza del Pacífico o del Tratado Transpacífico que hace recordar al legendario ALCA pero reforzado con una coraza militarizada. Como dijera Colin Powell, no tiene caso hacer acuerdos de libre comercio si no se garantiza y se acoraza antes la ruta con acuerdos de seguridad.

Hoy, sin embargo, aun en estas circunstancias, los pueblos se aferran a la vida y encuentran formas de restablecer los resquicios, los enjambres y las urdimbres comunitarias. A pesar del miedo; a pesar del dolor; o justamente por eso.





[1] Publicado en América Latina en Movimiento 495, mayo 2014.
[2] Coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, Instituto de Investigaciones Económicas, Universidad Nacional Autónoma de México.
[3] La presencia de la USAID ha sido fuertemente cuestionada. Ecuador ha resuelto a inicios de mayo 2014 cortar toda relación con esta agencia, por considerarla injerencista y dañina para la estabilidad y soberanía nacional.

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 Ana Esther Ceceña
 Observatorio Latinoamericano de Geopolítica
 Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM
 (52 55) 5623 0100 extensión 42418
www.geopolitica.ws 
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Ana Esther Ceceña y David Barrios:Y cuando volvió la luz quedaban sólo pedazos...



Rebelión,8 de febrero 2014


Al concepto de progreso hay que fundamentarlo en la idea de catástrofe. La catástrofe consiste en que las cosas “siguen adelante” así como están. No es lo que nos espera en cada caso sino lo que ya está dado en todo caso. 

 Walter Benjamín, Tesis sobre la historia 

El capitalismo o la vida 

 El capitalismo del siglo XXI es mucho más poderoso y arrasador que el del pasado, y a la vez mucho más frágil, con claros signos de senilidad y descomposición. Su capacidad destructiva se multiplica y difunde por todos los vasos capilares de la sociedad carcomiendo la vida, los cuerpos, los territorios y la imaginación. Aire y agua envenenados, alimentos que pudren el organismo, medios que trastornan el sentido común, balas, bombas, químicos, bacterias y virus generados para mutilar, dañar y eliminar son sólo algunos de los elementos que van marcando las rutas del mundo de los negocios y el poder. Y, no obstante, vemos vida brotando incansablemente hasta de las piedras, en una lucha sin cuartel de la que nadie se atreve a perfilar el final. El capitalismo o la vida parece ser claramente la disyuntiva de este siglo que comienza convertido en un campo de batalla. [1] 

 Si bien los planes de despliegue sobre el petróleo, el agua, los minerales, las rutas y las selvas estratégicas estaban prefigurados de antemano, el acontecimiento en las torres gemelas de la city de Manhatan detonó una carrera de velocidad con múltiples derroteros: Asia Central, el Medio Oriente, África y América, sin dejar de mirar hacia Europa y el Lejano Oriente. El Secretario de Defensa aseguraba, en 1998, que “... Estados Unidos se encuentra en un periodo de oportunidad estratégico. La amenaza de guerra global ha retrocedido y los valores fundamentales de la nación de democracia representativa y economía de mercado son adoptados en muchos lugares del mundo..." (Cohen, 1998) para instar a una política de despliegue hegemónico planetario haciendo frente no sólo a los competidores sino al conjunto de resistencias que emergían desde todos los rincones del mundo. 

 Planes hegemónicos ambiciosos desarrollados en este siglo XXI, consecuentemente, llevaron a poner en juego mecanismos de todos tipos, combinados de acuerdo a las situaciones específicas. Afganistán, Irak, Colombia, Sudán, Libia, siempre Palestina, Honduras y tantos otros lugares recibieron parte de las esquirlas detonadas el 11 de septiembre de 2001, unas más leves, otras contundentes. Dos casos, Pakistán y México, fueron evaluados como piezas especiales en el rompecabezas planetario, destinados a jugar un papel de bisagras, diques, enlaces en contextos regionales de la más alta relevancia. El argumento: a pesar de su situación de relativa estabilidad están en riesgo de devenir estados fallidos súbitamente, "por colapso". El colapso puede ser atribuido a acciones desproporcionadas del narco, a inestabilidad social, a problemas políticos, a migraciones, a conflictos transfronterizos o a cualquier otra causa, incluso inundaciones que den lugar a desequilibrios sociales. No está definido para admitir definiciones a modo (igual que la categoría terrorista), adaptables a las circunstancias. 

 Así se asienta en el Joint operating environment 2008: 

 En la literatura de los estados débiles y fallidos hay una dinámica que ha recibido relativamente poca atención, y es el fenómeno de “colapso rápido”. (…) El colapso de un estado viene usualmente como una sorpresa, tiene un comienzo rápido y plantea problemas graves. (JOE, 2008: 35. Traducción AEC) . 

México: el aliado incondicional 

 Después de ser el primer país de América Latina (1994) en incorporarse a un bloque económico regional (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) en condiciones de total desventaja, México, en 2005, adhiere al primer bloque regional de seguridad (Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte) mediante un acuerdo marco casi inespecífico, que iría siendo dotado de contenido atendiendo a las circunstancias. 

 Simultáneamente a la firma de estos acuerdos, a México le toca la distinción de entrar a formar parte del área a cargo del Comando Norte de las fuerzas armadas de Estados Unidos en ocasión de la reorganización ocurrida en secuela de los acontecimientos de las torres gemelas. El Northcom, que cuida la seguridad interna de Estados Unidos, extendió sus fronteras abarcando Canadá y México, en razón de las amplias líneas fronterizas que comparten. 

 Así el México pacifista de la autodeterminación y de la no injerencia empezó a realizar ejercicios militares navales con el Comando Sur y a tener intercambios y entrenamientos en el marco de las actividades del Comando Norte. 

 Poco a poco, todo el funcionamiento de la Nación se fue adecuando a las normas regionales, manteniendo siempre la distancia en salarios y la permisividad para los capitales foráneos en el territorio mexicano, pero conservando las brechas que hicieron apetecible el agrupamiento regional. Desde la constitución de la Nación, nunca la soberanía se había encontrado en las condiciones de fragilidad con las que abre el 2014. Nunca el país había estado tan desatado. Nunca se había tenido una situación de inmoralidad, corrupción, saqueo y violencia generalizada como la que se vive en este momento. 

 México ha transitado hacia un estado de impunidad en el que se han desatendido las reglas mínimas de convivencia social: Con un poder legislativo que sesiona amurallado por vallas de metal y de policías para impedir que cualquiera de los supuestos representados pudiera acercarse a ver cómo se decide su futuro, crecientemente a contrapelo del clamor popular; con un poder judicial que rara vez, y después de mucha presión, tiene un fallo justo; y con un poder ejecutivo vocero de las grandes corporaciones y de los altos intereses de Washington. Tanto, que resulta difícil no evocar las burdas y brutales imágenes de las dictaduras militares o civiles de nuestro Sur. 

 Lo que 30 años de neoliberalismo, el TLCAN o la ASPAN no lograron, fue consumado por el estado de impunidad en solamente unos meses: el petróleo del pueblo de México se ha puesto a disposición del mejor postor, ha dejado de ser el "patrimonio de la Nación". 

La construcción del Estado de impunidad 

 México es uno de los países que tuvo durante el siglo XX una de las construcciones estatales más completas de la región, con la edificación parcial de un amplio sistema de seguridad social así como importantes obras en infraestructura en educación, salud y transportes. Parte de ello fue la expropiación petrolera de manos de compañías privadas para elevarlo al rango de bien estratégico de la Nación. En los últimos 30 años, que coinciden con la puesta en marcha del proyecto político y económico del neoliberalismo, dicha construcción ha sido desmantelada casi en su totalidad. Si bien es cierto que en todo momento hubo sectores ausentes del proyecto de país (de manera acusada los pueblos indios), durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial y hasta los años ochenta, una gran porción de la sociedad incorporada al ámbito laboral gozó de derechos sociales conquistados por luchas históricas, reconocidas institucionalmente. La mayor fue la Revolución mexicana, de la que emanó una Carta Magna que reconocía la propiedad colectiva, entre otros. 

 El estado del México posrevolucionario, que incluso fue tratado de replicar en otros lugares de la región, tenía como contracara una peculiar manera de hacer presencia en diversos espacios de la vida social. El sindicalismo, el orden familiar, la educación, los medios de comunicación, entre otros ámbitos seguían de manera irrestricta las directrices de un eficaz aparato ideológico y represivo. Al mismo tiempo que México mantenía excelentes relaciones diplomáticas con Cuba; se constituía en lugar privilegiado de refugio para los exiliados políticos del Cono Sur y albergaba negociaciones de paz entre distintas fuerzas revolucionarias y los gobiernos de sus países; en México había un proceso silencioso de represión que incluyó la llamada “guerra sucia” contra movimientos armados, campesinos y sindicales y centenares de asesinatos de activistas, desapariciones forzadas y personas encarceladas por motivos políticos. Tres episodios críticos de conocimiento público fueron la masacre de los trabajadores ferrocarrileros en 1958 y las estudiantiles de octubre de 1968 y junio de 1971. Y todo esto ocurrió siempre en un estado de paz. 

 Un matiz que es oportuno establecer es que una de las más caras y perversas cualidades de este régimen residió en su capacidad para hacer funcionales y controlar sectores e instancias de mediación social estratégicas a nivel nacional y regional. Esta habilidad política no se expresaba en el control absoluto de la vida social, sino en la cooptación y manejo de las instancias sociales que funcionaban como articuladoras de la vida nacional. Esto se hizo manifiesto no sólo a nivel federal, sino también en la distintas regiones políticas que configuran al Estado mexicano. En cada una de las escalas había una misma lógica que se expresaba en el control de diversos ámbitos (en algunas ocasiones o geografías se controlaba el aparato productivo, en otras las organizaciones populares, los medios de comunicación...). La eficacia del gobierno no residía entonces en una verticalidad absoluta, sino en una compleja red de poderes que funcionaban bajo la lógica de controlar las prácticas y espacios sociales estratégicos. 

 Será a comienzos de la década de los años ochenta que comienza un proceso de transformación que, como ocurriría en diversas partes del mundo, incluía un discreto proceso de apertura política, acompañado de uno voraz en el ámbito de la economía. De esta manera inició un violento proceso de privatizaciones y reformas a la Constitución, que culminaron en la firma del TLC en 1992 (entró en vigor en 1994) y ahora en las privatizaciones de todo lo que restaba dentro del marco de los bienes estratégicos de la Nación. 

Los engranes del viraje 

 Cambios tan profundos en una sociedad como la mexicana no podían ser realizados sin la aplicación de dispositivos de control social que pudieran neutralizar las posibles respuestas. Esto fue evidente en el momento en que la entrada en vigor del TLCAN fue acompañada del estallamiento social de mayor envergadura desde las revueltas del 68. El telón cayó y en el México que preparaba su entrada en el primer mundo aparecían los verdaderos integrantes del pueblo: con fusiles de madera y cuerpos forjados en el maltrato un ejército maya recorría las calles mestizas de Chiapas repudiando el TLCAN y proponiendo una guerra contra los vendepatrias. 

 El impacto fue definitivo y el zapatismo se convirtió casi instantáneamente en una enorme fuerza política, pesando en contra de las reformas todavía no consumadas que, después de una cuidadosa ingeniería de la descomposición, acaban de ser aprobadas 20 años después. 

 Si en 2005 se firmó la ASPAN, desde ahí fue generándose, en acuerdo con Estados Unidos, una política de securitización cuyo primer paso fue el involucramiento del ejército en labores de seguridad interna. A la par de un clima crecientemente represivo en contextos de movilización y protesta social, se prefigura uno de los ingredientes principales de esta política: la construcción de un enemigo interno, que en este caso fue identificado públicamente con el narcotráfico. De esta manera los primeros atisbos de una nueva estrategia de lucha contra el llamado “crimen organizado” se remonta a los últimos años de la gestión de Vicente Fox, coincidentes con la firma de la ASPAN, en los cuales se desplegaron operativos policiacos y militares en las regiones más relacionadas con la acción de los cárteles. 

 Sin embargo, es en 2006, después de un fraude electoral flagrante en unas elecciones muy concurridas, que inicia realmente el proyecto de instalación de la guerra en México que en 2007 tomará el nombre de Iniciativa Mérida. Felipe Calderón, a quien se la he intentado hacer un juicio por genocidio, optó por desplegar miles de efectivos militares en distintos puntos del país usando como pretexto un relativo incremento en los asesinatos vinculados con la disputa de los cárteles de la droga por las rutas y mercados del país. Aun cuando hubo sectores seducidos por la retórica bélica instaurada por el gobierno federal, el incremento exponencial de los asesinatos, aunado a la violación de las garantías de la población por parte de los militares y policías, propició diversas protestas en la geografía del país. En estos años, México incorporó a la cotidianidad, no sólo el asesinato sistemático de personas, sino formas de violencia antes prácticamente inexistentes como masacres, colocación de explosivos en el espacio público, cuerpos calcinados, decapitados y mutilados que aparecían diariamente en todo el territorio nacional. 

 La llamada guerra contra el narcotráfico ha incrementado y visibilizado la presencia y actuación de efectivos norteamericanos en suelo mexicano. Como ejemplo de ello podemos señalar la implementación de la Operación Rápido y Furioso, a través de la cual desde Estados Unidos fueron ingresadas de manera ilegal alrededor de 2 mil armas que posteriormente serían utilizadas en diversos actos de violencia por el denominado “crimen organizado”. El objetivo declarado de los agentes de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, encargados de la operación, era rastrear a los vendedores y compradores que no encontraron, sorprendiendo con tal grado de ¿ineficiencia?. 

 La situación de guerra que aqueja al país desde 2006 ha dejado un saldo de personas asesinadas que, a pesar de las cifras distintas de las fuentes que hacen el seguimiento de datos, se coincide en que sobrepasa los 100 mil decesos. La cifra oficial de asesinatos es de 94 mil 249 de diciembre de 2006 a diciembre de 2011 (INEGI, 2012). Las cifras de desplazados oscilan entre 780 mil y 1 millón 648 mil (Parametría, 2011) aunque otras fuentes registran solamente 250 mil (Sanjuana Martínez). El secuestro de migrantes se estima en alrededor de 10-12 mil al año (CNDH, 2011) y los desaparecidos ascienden a alrededor de 50 mil. 

 Una depredación social de enormes dimensiones si pensamos que la dictadura argentina de los setenta arrojó una cifra de 30 mil muertos. 

 La llamada guerra contra el narco o guerra contra el crimen organizado impulsada desde 2006 instituyó como política de estado la persecución y eliminación de lo que se identificaba como el enemigo interno. Esto significa que gran parte de esos asesinatos deben ser atribuidos a las fuerzas de seguridad del estado. Miles de policías y militares mexicanos (se contabilizaban 7 mil en 2011) han sido entrenados por sus pares colombianos siendo en parte financiadas estas actividades por Estados Unidos a través de la Iniciativa Mérida. La estimación es que Colombia ha entrenado cerca de 13 mil personas desde 2005 como parte de su política de “exportación de seguridad” que se dirige hacia Centroamérica y algunos otros países pero, de acuerdo con los datos, especialmente a México (Isaacson, 2014). Los vínculos entre Colombia y México nunca habían sido tan fuertes como a partir de 2007 en que se echó a andar el Plan México, llamado Iniciativa Mérida. En el ámbito de la seguridad se han creado, entre otros, diversos mecanismos de asesoría y colaboración como el Grupo de Alto Nivel sobre Seguridad y Justicia (GANSJ) o el Comité Colombia - México de Cooperación contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas. Y como indicador de toda evidencia Enrique Peña Nieto, actual Presidente, nombró al general colombiano retirado Óscar Naranjo, [2]  cuyo destacado papel en la guerra en Colombia es de todos conocido, asesor en materia de seguridad. 

 En una década la sociedad mexicana ha sufrido una transformación brutal. La impunidad y la violencia generalizada han alterado las reglas de socialidad previas, construidas a lo largo de todo el siglo XX. El tejido social ha sido destruido y la moralidad social entró en un estado de esquizofrenia. Evidentemente no sólo fue la violencia armada; la violencia económica promovida por el neoliberalismo preparó el terreno de una descomposición muy profunda. Los datos oficiales, generalmente moderados, identifican que 53.3 millones de mexicanos y mexicanas (de un total de 112) viven en situación de pobreza; de éstos, aproximadamente la mitad se encuentran en pobreza extrema. 

 En el curso de una generación ese país que fue paradigma de estabilidad y control político sutil se transformó en un infierno social que publicitariamente se atribuye a las actividades del crimen organizado pero que en verdad fue promovido desde el estado, sin quitarle responsabilidad al crimen organizado. En el México de hoy hay una clara imbricación entre economía ilegal y política; entre negocios y crímenes; y entre corrupción, colusión y legalidad. 

¿Por qué un estado de impunidad? 

 Desde que se firmó el TLCAN la pretensión de Estados Unidos era incluir el petróleo como parte de las negociaciones. 

 México es un país muy rico, empezando por su diversidad en variedades de maíz, en lenguas y culturas indígenas, por sus selvas, ya diezmadas pero con gran cantidad de especies endémicas; por sus trabajadores, que cobran salarios 10 veces menores que los de Estados Unidos en promedio. La riqueza minera es otro elemento de relevancia, que colocó a México como centro de actividades económicas en la colonia, junto con Perú; y sin duda los yacimientos de petróleo, gas, e incluso uranio. 

 La voracidad con que el capitalismo contemporáneo ha emprendido el saqueo de la naturaleza hace que la importancia de la conformación física del territorio sea un atractivo privilegiado. Según datos recientes, que constituyen un llamado de alerta sobre las dimensiones de la extracción minera en el país, la extracción de oro en el periodo 2000-2010 (419,097 kg) duplica lo extraído durante el período colonial 1521-1830 (191,825 kg) En el caso de la plata en el periodo 1521-1830 se extrajeron 56,144 toneladas, mientras que en el periodo 2000-2010 fueron 33, 465 toneladas, es decir que en 10 años se ha extraído casi la mitad que en 300 años de colonia española. (González 2011). 

 El territorio se ha privatizado vertiginosamente en las 3 décadas de neoliberalismo. La propiedad colectiva fue transformada en individual y los ejidos se parcelaron y perdieron creciendo las superficies del agronegocio, generalmente de monocultivo; y las mineras obtuvieron amplias extensiones en concesión: 

 ...los títulos de concesión minera expedidos en el periodo 2006-2010, comprenden un territorio que supera los 30 millones de hectáreas -cifra que equivale a poco más de 307 mil km2- y que representa en su conjunto una superficie mayor a la extensión territorial total del estado de Chihuahua, la cual asciende a 247,087 km2. Ahora bien, si se considera el periodo 2000-2010 se advierte que la superficie concesionada a las empresas mineras rebasa las 56 millones de hectáreas espacio que equivale a alrededor del 25% del territorio nacional continental. (González Rodríguez, 2011: 8-9) 

 Obviamente dentro de la minería contemporánea los metales de uso industrial tienen también gran importancia. No obstante, los datos para oro y plata marcan una tendencia o una voracidad que se repite en muchos de los territorios mineros del mundo. Hay una especie de insaciabilidad o una enorme preocupación por sacar los recursos antes de que los pueblos reclamen su pertenencia, cosa que está ocurriendo en todos lados. México es hoy el primer productor de plata (USGS, 2011) y la extracción de oro de las empresas estadounidenses y canadienses en el país pasó de 30 mil kg en 2005 a 89 mil en 2011, con una proyección de 94 mil para el 2018 (USGS, 2012). 

 Pero lo realmente estratégico es la posesión del petróleo, que en el caso de México es un símbolo de soberanía desde el momento en que fue expropiado de manos de compañías extranjeras en 1938. Las cifras sobre reservas son engañosas. Sobre todo en los años recientes en que se ha estado intentando su privatización y se manejan los montos de acuerdo con los argumentos que justificarían la privatización. En unos casos es mucho y hay que explotarlo para apuntalar el crecimiento de México; en otros casos es tan poquito que ya ni vale contarlo en los acervos patrimoniales de la Nación. La Secretaría de Energía (2012) lo calcula en 10 mil millones de barriles para enero de 2012, pero algunos estudiosos del tema calculan los yacimientos del Golfo de México que todavía no están en explotación, en 29 mil millones adicionales (Apodaca, 2013). 

 Desde los años noventa la presión por privatizar primero la producción de derivados, luego la explotación, la extracción y la exploración, han llevado a modificar la Constitución en varios momentos. El peor, en diciembre de 2013. Subrepticiamente se fue cambiando la definición de las actividades restringidas al estado por su carácter estratégico, pero el descontento fue subiendo de tono cuando se empezaron a otorgar contratos de servicios múltiples, con la trampa de que no había restricción del número de contratos que podía acumular un mismo proveedor. Lo que no se permitió fue la extracción directa por parte del capital privado y menos aun su participación en la producción como se acaba de aprobar ahora. 

 Fue necesario vencer muchos obstáculos, entre los que destacan, por su importancia estratégica y simbólica, algunos que han quedado registrados como hitos en la historia de los tiempos contemporáneos: 

 1. Intentos de desaparecer o, por lo menos, fragilizar a la UNAM, principal espacio de pensamiento crítico del país, con el propósito de desactivar su potencialidad de intervención en la sociedad, de modificar los contenidos de la educación y los imaginarios colectivos, y de beneficiar los negocios privados con la privatización de la educación superior. 

 2. Un golpe muy significativo consistió en la colusión de todo el sistema político, sin distinción de adscripción ideológica, en contra de los Acuerdos de San Andrés resultado de la mesa de diálogo entre el gobierno y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, construidos con la más amplia participación de los diferentes sectores de la sociedad que se hubiera registrado en los últimos 50 años. 

 3. Socavamiento de las bases reales del sindicalismo mediante la extinción por decreto presidencial de la Compañía Luz y Fuerza del Centro donde se asentaba el sindicato con mayor y más larga tradición democrática, el único gran sindicato independiente todavía en activo. Esto implicó el despido de 44 mil trabajadores. 

 4. Embate frontal contra la fuerza de trabajo a través del control de salarios mínimos, la desregulación de las relaciones laborales, el desmantelamiento de la seguridad social, los sistemas de pensiones con el objeto de cumplir los objetivos de la flexibilización laboral y de paso alterar los sentidos sociales en torno a la universalidad de derechos. El último paso de esta política, consumado también en 2013 es la aprobación de una reforma laboral desprotectora del trabajo y que conculca todos los derechos reconocidos previamente. 

 5. Reforma educativa que lesiona los derechos laborales del magisterio y que introduce un control de calidad estandarizado sobre contenidos prefijados y homogeneizadores. Esta reforma ha sido acompañada de una desproporcionada campaña mediática de desprestigio y linchamiento en contra de los maestros. 

 6. Reformas antiterroristas al código penal y civil que en 2013 han transformado la inespecificidad de la categoría terrorista en una muy específica que focaliza en las protestas sociales. Se tipifica el terrorismo ampliando las sanciones a sus financiadores; se sancionan los ataques a bienes y servicios privados y no sólo públicos; y se le suprime un párrafo, esencial para proteger el derecho a la disidencia y la protesta social: 

 Las manifestaciones que realicen grupos de personas en ejercicio de sus derechos humanos y constitucionales, sin intención u objetivo de atentar contra bienes jurídicos de personas, tengan la finalidad de presionar a la autoridad para que tome una determinación en cierto sentido sobre alguna demanda, no se considerarán terrorismo. 

 Así es como se fue preparando el terreno para, en diciembre de 2013, en escasos 3 días hacer pasar una reforma energética que contradice la Constitución, los valores patrios y las consensos sociales de nuestro largo siglo XX. 

 El PRI, que más que un partido es un régimen, llegó a la conclusión del siglo XX asediado por el descrédito y el hartazgo por parte de la población que de manera generalizada lo percibe como corrupto y creador de toda una cultura política basada en el clientelismo, la compra de votos, la amenaza permanente sobre los contrincantes, o el abierto recurso del fraude electoral. 

 El sistema político en su conjunto, más allá de los teatros electorales, participa de esa cultura y es corresponsable de las reformas y golpes de disciplinamiento aplicados a la sociedad. Por unanimidad los partidos resolvieron en contra de los Acuerdos de San Andrés en 2001; por complicidad resolvieron por la reforma energética en 2013. La criminalización de la política se aplica lo mismo en gobiernos de "izquierda" que de "derecha" en todo el país, incluyendo la capital donde se ha aprobado un protocolo para el control de multitudes, que incluye el uso de la “fuerza letal” así como el recurrente despliegue de operativos policiacos que culminan siempre con arrestos arbitrarios, uso excesivo de la fuerza e incluso, personas gravemente heridas por la actuación de la policía. 

Y sin embargo, se mueve 

 Como resultado de la inédita situación de violencia que desborda al país, y de la transformación del estado de derecho en un estado de impunidad, han sido muchos y diferentes los esfuerzos en la sociedad por restablecer las condiciones de convivencia. 

 El país se ha convertido en un territorio en ebullición, con movimientos organizados que luchan por autonomía en ciertos territorios, contra la devastación minera, forestal, hidroeléctrica u otras, por la diversidad cultural y de sistemas y contenidos educativos, por la autodefensa en territorios amagados por la impunidad del crimen organizado y la complicidad de las fuerzas de seguridad del estado. Los familiares de desaparecidos o asesinados se movilizan por su búsqueda y por castigo a los culpables. Hay grupos defensores de los migrantes que les dan auxilio a lo largo de sus rutas hacia Estados Unidos. Existe una variedad de iniciativas ciudadanas reclamando la vuelta del estado de derecho. Los estudiantes, con su característica intermitencia abren campos de lucha como los del movimiento Yo soy 132 o el de la ampliación del ingreso a las universidades. 

 Los impactos del proceso que hemos descrito son diversos. Más allá de los datos duros que dan cuenta de la destrucción y la muerte que se han vuelto elementos cotidianos para la población, existen modificaciones culturales y de horizonte de sentido para enormes porciones de la población. Esto es quizá más nítido para los jóvenes, para quienes la ausencia de perspectivas de futuro convierte al negocio de la muerte y el avasallamiento de los otros en la única “opción racional” y hasta deseable. Esto ha sido promovido por la apología de un estilo de vida basado en el individualismo y el consumo, en combinación con el desgarramiento del tejido social. 

 Los movimientos de autodefensa son armados, pero no son guerrillas. Se enfrentan a los grupos armados y protegidos del crimen organizado. Muchos otros movimientos no son armados, a pesar de que las guardias blancas de las mineras, entre otras, los acosan y los matan. 

 Frente a la inoculación de la sospecha y la delación como relación social y de la cultura del miedo como práctica cotidiana, la mexicana es una sociedad que se defiende, pero también que construye, que crea condiciones para un futuro distinto. Que defiende el maíz y recupera y recrea sus formas de cultivar, de curarse, de entender la vida. Una sociedad que reinventa sus prácticas comunitarias, sus procesos culturales y sus modos de generar la vida. 

 Una sociedad rodeada de muerte que se empeña en producir vida. 

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Bibliografía citada 

 Apodaca Villarreal, José Luis 2013 Crónica de Israel Rodríguez (México: La Jornada) en http://www.jornada.unam.mx/2013/12/13/economia/035n1eco 

 CNDH 2011 Informe especial sobre secuestro de migrantes en México en http://www.cndh.org.mx/Informes_Especiales 

 Cohen, William S. (Secretary of Defense) 1998 Annual Report to the President and the Congress. 

 INEGI 2012  Estadísticas de mortalidad  en www.INEGI.org.mx/est/contenidos/espanol/proyectos/continuas/vitales/bd/mortalidad/MortalidadGeneral. asp?s=est&c=11144. Consultado el 19 de octubre de 2012. 

 Instituto Nacional de Estadística y Geografía 2010 Estadísticas históricas de México 2009 colección memoria (México: INEGI) Tomo II. 

 Isacson, Adam; Haugaard, Lisa; Poe, Abigail; Kinosian, Sarah y Withers, George 2014 Time to listen: trends in U.S. security assistence to Latin America and the Caribbean (USA: Latin America working group education fund, Center for international policy (CIP), WOLA) 

 González Rodríguez, José de Jesús 2011 Minería en México. Referencias generales, régimen fiscal, concesiones y propuestas legislativas, Documento de trabajo N° 121 (versión preliminar) (México: LXI Legislatura Cámara de Diputados). 

 Parametría 2011 en http://www.parametria.com.mx/DetalleEstudio.php?E=4413 

 Secretaría de Energía 2012 Prospectiva de petróleo crudo 2012-2026 (México). 

 USGS 2011 Mineral Commodity Summary. 

 USGS 2012 The Mineral Industries of Latin America and Canada in 2011. 


   Texto publicado en la revista colombiana CEPA, Año IX, Volumen I, febrero-julio de 2014 

 Los autores son Integrantes del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, Instituto de Investigaciones Económicas, Universidad Nacional Autónoma de México. Este trabajo forma parte del proyecto de investigación Territorialidad, modos de vida y bifurcación sistémica (DGAPA-IN301012). 

 [1]  Sin considerar por lo pronto los avances en la ruta de colonizar otros planetas o astros del sistema solar, tarea en la que se están teniendo enormes avances al localizar rastros de agua en una de las lunas de Júpiter y en Marte. 

 [2]  Se le ubica como el responsable de haber desmantelado a los cárteles de Medellín y Cali. Se le conoce por su capacidad para negociar con el narcotráfico, su cercanía con la DEA, su valiosa asesoría en el ámbito de la contrainsurgencia, violaciones a los derechos humanos y por su papel en la Operación Fénix consistente en el bombardeo al campamento de paz de las FARC en territorio ecuatoriano, misión por la cuál siendo policía fue, no obstante, nombrado general.

Ana Esther Ceceña:La dominación de espectro completo sobre América



Ana Esther Ceceña

Desde 1998-2000, después de una revisión amplia y exhaustiva de los asuntos militares en los 50 años anteriores y con vistas a la planeación estratégica correspondiente a los desafíos, amenazas y condiciones del siglo por venir, el Comando Conjunto de Estados Unidos emite un documento conceptual que resume experiencias, objetivos, riesgos, capacidades y saberes, todos encaminados al rediseño de las rutas, mecanismos y variantes de la consolidación de Estados Unidos como el líder indispensable, como la potencia hegemónica indiscutible (Joint, 1998 y 2000).

Diferentes voceros del Departamento de Estado y del de Defensa señalan que se trata de un momento de oportunidad histórica, en buena medida por el colapso del campo socialista, en el que Estados Unidos tiene la posibilidad y las condiciones para constituirse cabalmente en líder planetario y anuncian su plan estratégico para asegurarse que así sea.

El reparto y supervisión del mundo

Se vuelve a establecer la delimitación territorial del planeta en cinco regiones que en total lo abarcan todo y que en ese momento se reafirman bajo la supervisión de cinco diferentes Comandos de las fuerzas armadas de Estados Unidos[1].  Un poco de tiempo después, en 2001 después de los eventos de las Torres Gemelas en Nueva York, se agregaría el Comando Norte a cargo directamente de una seguridad interna que abarca no sólo su propio territorio sino toda el área de América del Norte.  Cabe señalar que al paso de una década se cuenta ya con nueve Comandos[2], garantizando una supervisión más detallada de las tierras, mares, glaciares y poblaciones que componen el planeta Tierra en su conjunto.

La geografía del disciplinamiento global

Equipos de especialistas a su vez, trabajaron en la identificación de problemáticas diferenciadas en el campo del disciplinamiento en términos geopolíticos y aportaron una caracterización que distingue tres grandes regiones (Barnett, 2004), hacia las que se diseñan políticas diferentes:

1.  Los aliados.  El área desarrollada agrupada en organismos de gestión internacional y comprometida en el establecimiento y cumplimiento de las normativas que aseguran la marcha del sistema y el respeto y resguardo de la propiedad privada.

2.  El área de riesgo o ingobernable.  Un amplio grupo de países e incluso de zonas marinas que es reconocido como "brecha crítica" en el que siempre hay riesgo de colapsos, de insubordinación frente a las reglas establecidas por los organismos internacionales como la Organización Mundial de Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, rebeliones frente al modo de gestionar las controversias entre Estados y empresas transnacionales (ETN) en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI), de indisciplina en términos de gobernabilidad, etc.  Se señala ésta como una región conflictiva, parcialmente ingobernable y susceptible de poner en riesgo a las áreas aledañas a la manera de ampliación de la zona podrida o que puede poner en riesgo de colapso al sistema mundial, aunque no fuera más que circunstancialmente.  Por tanto, es una región que debe concitar la mayor atención y debe mantenerse bajo supervisión e incluso, si es el caso, intervención oportuna y eficiente.  Esta es la región de mayor tamaño entre las tres identificadas y es la que guarda la mayor cantidad de riquezas de la Tierra: el cinturón biodiverso, las aguas, petróleo y otros energéticos, minerales y culturas.

3.  La bisagra.  Es una región importante en sí misma tanto políticamente como por sus riquezas pero se le ubica como el eslabón o punta de lanza en el convencimiento o recuperación de los países de la brecha crítica.  La componen países semidesarrollados o emergentes, como se suele caracterizar, respetuosos de las reglas del juego aunque en ocasiones con dificultades para seguirle el paso a las políticas internacionales (casos de renegociaciones de deudas o similares), pero interesados en mantenerse dentro de las dinámicas de lo establecido.  Con los países de esta región es posible confiar en acuerdos diplomáticos, políticos y económicos sin necesidad de intervenirlos directamente mediante la fuerza.  De diferentes maneras todos tienen un peso regional definitivo y serían capaces de hacer transitar las normatividades globales a través de adecuaciones, canales y compromisos de nivel regional.  Entre los países de esta franja se encuentran Brasil, Argentina, India, Sudáfrica, Rusia y China.

La sociopolítica del disciplinamiento global

La idea central de las guerras del siglo XXI es la del manejo de la asimetría, una vez roto el equilibrio de poderes con el colapso del campo socialista.  La construcción del enemigo se desliza de los entes institucionales a los inespecíficos, creando un imaginario de guerra ciega.

El enemigo identificable o convencional disminuye su status al de amenaza regional y por ahí pasarán Irak, Libia, Irán y Venezuela, cada uno entendido como potencial cabeza de región, así como cualquier tipo de coalición en la que estos participen (ALBA, OPEP, Petrocaribe, etc.).  Es siempre un polo articulador de poderes alternativos u hostiles a Estados Unidos y su american way of life convertido en política internacional.  Para este enemigo la respuesta es el aislamiento y la demonización, o la aplicación de una fuerza sobredimensionada para destruirlo y, sobre todo, humillarlo.  El caso prototipo es el de la operación en Irak.

El enemigo no institucional es difuso, relativamente invisible, ajeno a las reglas de las confrontaciones de poderes y en cierto sentido indescifrable.  Es, desde un vietnamita aparentemente inofensivo al que sólo se le ve el sombrero y nunca la cara, hasta mujeres y niños de una comunidad que se inconforman con la construcción de una represa generadora de energía eléctrica, o masa urbana en contra de la elevación del precio del transporte, de quienes se piensa que pueden poner una bomba, fabricar armas químicas o biológicas en laboratorios caseros, o que pueden movilizar amplios contingentes para oponerse a las políticas y proyectos hegemónicos.  El peligro llega hasta el grado de que estos pequeños e insignificantes enemigos, que aparecen en cualquier rincón o se cuelan por cualquier agujero, pueden poner en riesgo el sistema mismo.  Por eso se busca atacarlos antes de que se coloquen en posición de fuerza disuadiendo lo que resulte sospechoso de convertirse en tal enemigo.  Tapar todos los poros y no dejar resquicio al enemigo dice el misal militar estadounidense (Joint, 1998).

Dominación de espectro completo

El mapa conceptual estratégico del sujeto hegemónico se construyó, como decíamos, en torno a la idea de aprovechar, o no perder, el momento de oportunidad histórica, evidentemente irrepetible, para la emergencia de Estados Unidos como líder mundial.  Sin guerra fría, sin poderes equivalentes que confrontar, aunque con una conflictiva general sumamente compleja y generalizada, Estados Unidos rediseña sus metas, sus espacios, modifica o adecúa sus mecanismos, genera exigencias tecnológicas, recompone los equilibrios entre trabajos de inteligencia, de persuasión y de combate, redefine los puntos críticos y explora los esquemas de aproximación pero sin renunciar en ninguna medida a lo que desde ese momento denomina la "dominación de espectro completo" (Joint, 1998 y 2000).

La mayor novedad de esta concepción estriba en su virtud para articular y dar sentido general único a las estrategias sectoriales, parciales, específicas, temporales y más limitadas que se desplegaban desde diferentes emisores o agentes de la política de seguridad y de búsqueda de la supremacía de Estados Unidos en todos los campos.  No se inventó nada nuevo pero se pensó el problema de manera integral y eso cambió los términos y las prioridades.

Se sistematizó, con detalle científico, cada uno de los niveles o espacios del espectro donde pudiera parapetarse un potencial enemigo.  Espacio exterior, espacio atmosférico, aguas, superficie terrestre, bajo tierra; espacios públicos y privados que deberían ser penetrados mediante mecanismos panópticos (cámaras en las esquinas, en los bancos y oficinas, chips espías, sistemas de datos centralizados, etc.).  Vida cotidiana, vida productiva, pensamiento y acción.  Barrios populares con políticas diferenciadas de las de los barrios clase media o clase alta, estratificación competitiva, transporte, dotación de servicios, etc., todos puntos de observación y de manejo de poblaciones.

Con dos objetivos generales: garantizar el mantenimiento del capitalismo y dentro de él la primacía de Estados Unidos; y garantizar la disponibilidad de todas las riquezas del mundo como base material de funcionamiento del sistema, asegurando el mantenimiento de sus jerarquías y dinámicas de poder[3].  En otras palabras, insistiendo, impedir la formación de fuerzas individuales o coligadas capaces de significar un contrapeso al poder de Estados Unidos autoasumido como líder mundial; impedir o disuadir cualquier tipo de insubordinación o rebelión que ponga en riesgo al sistema o los intereses centrales de sus protagonistas principales, entre los que se cuenta la libertad para disponer sin límites de territorios y vidas.

La ambiciosa geografía de esta estrategia de disciplinamiento abarca todo el globo y el espacio exterior, pero, dada la conformación territorial del planeta y la concepción del mundo como campo de batalla, tiene como territorio base, como territorio interno, al Continente Americano.

América Latina en la geopolítica del espectro completo

Considerando el carácter insular del continente, las abundantes y diversas riquezas que contiene y calculando también las limitaciones reales de un Estados Unidos restringido a su propio territorio, América Latina pasa a ser un área estratégica para crear condiciones de invulnerabilidad relativa o, por lo menos, de ventaja del hegemón con respecto a cualquier poder que se pretenda alternativo.  De ahí la concepción de la seguridad hemisférica, casi simultánea a la de

seguridad nacional, que es una traducción moderna de la doctrina Monroe.  Cuidar el territorio para disponer de sus riquezas y para impedir que otros lo hagan (Ceceña, 2001).

Los tres pliegues de la ocupación continental

La hegemonía se construye en el espectro completo, un espectro lleno de pliegues que se superponen y se desdoblan para ir tejiendo la historia.  La construcción de hegemonía es así un proceso de alisamiento y combinación de esos pliegues y de formación de nuevas topografías del poder.  No basta un resguardo militar si no se abren las compuertas económicas y nada de esto es posible sin la instalación de un imaginario posibilitante.  El primer peldaño de la hegemonía consiste en universalizar la visión del mundo, el american way of life, para permitir fluir de manera relativamente ágil las políticas económicas que favorecen la integración hemisférica bajo este manto y los acervos de las más poderosas empresas instaladas sobre el Continente.  Concretamente la hegemonía se manifiesta en la implantación, institucionalmente consensual aunque los pueblos puedan expresar su rechazo, de un conjunto de políticas, proyectos, normas y prácticas mediante las cuáles se organiza el territorio[4] en su conjunto.

Las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, a la luz del rediseño de las estrategias hegemónicas globales, entraron al siglo XXI con cambios profundos.  30 años de neoliberalismo habían permitido erradicar casi totalmente las legislaciones y prácticas proteccionistas y eso propiciaba un tendido mayor de los grandes capitales transnacionales que habían ido apoderándose de los mercados absorbiendo o destruyendo empresas locales.  Se requerían nuevas infraestructuras para ir más lejos y, a la vez, nuevas legalidades y disciplinas que legitimaran el despliegue y que controlaran a los inconformes, que se movilizaban crecientemente (Ceceña, Aguilar y Motto, 2007).


1.  Alisando el pliegue económico.  En 1994 entra en vigor el primer tratado internacional, regional, de libre comercio (Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)), que indicaría las pautas de un ambicioso proyecto de integración continental (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA)), que después de su fracaso circunstancial en 2005 en Mar del Plata ha ido consumándose poco a poco por subregiones.  Nuevas normativas para el tránsito de los capitales por encima de cualquier pretensión de soberanía o resguardo del patrimonio nacional, con la protección adicional del Banco Mundial a través del CIADI, en el que en casi todos los casos los estados son derrotados por las empresas particulares.

El entramado de tratados de libre comercio e inversión que se ha urdido sobre el Continente representa un reacomodo total del pliegue económico, hasta hace no tanto acostumbrado a restringir la entrada de capitales extranjeros y a reservar áreas estratégicas como base de sustento de la nación.

Hoy son esos capitales los que ponen las reglas, los que marcan dinámicas, los que corrompen gobiernos y los que se apoderan del territorio.

2.  El pliegue territorial.  Adicionalmente a las apropiaciones individuales, locales perpetradas directamente por las empresas, en 2000 se lanzan dos proyectos de reorganización territorial buscando una apertura casi total hacia el mercado mundial y una racionalización/ampliación de la producción energética para sustentar el ritmo de crecimiento del Continente: el Plan Puebla Panamá (PPP), ahora Proyecto Mesoamericano y la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA), ahora COSIPLAN-IIRSA.  Los más ambiciosos proyectos de infraestructura de que América tenga memoria, concebidos como soporte de una creciente exportación de commodities, en gran medida producidos por las grandes transnacionales de la minería, la madera/celulosa y los energéticos, en simultaneidad con la extensión de las plantaciones de soya, palma y caña de azúcar, entre otras, ya sea para alimentar al ganado, para la generación de biocombustibles o para usos industriales.  Se induce con estos megaproyectos una nueva geografía, marcada por canales de comunicación y generación de energía, que irán seguidos de empresas principalmente extractivas y que dibujan un nuevo mapa político interno, con nuevas fronteras y nuevas normatividades.

3.  El pliegue militar, irrenunciable ante situaciones generalizadas de despojo y violencia social que concitan diferentes manifestaciones de resistencia y rechazo, se desata con el Plan Colombia, primero de su tipo, que permite una presencia militar de Estados Unidos en el centro de Latinoamérica.  A la reorganización de lo económico territorial, que implica ya un dislocamiento de legalidades sobre territorios y pueblos, se suma una iniciativa de huella pesada (heavy footprint) en el terreno militar.  La iniciativa, flexible y versátil para adaptarse a los escenarios cambiantes aunque sin perder la ruta estratégica, marca el área latinoamericana y caribeña estableciendo una amplia red de bases militares (Ceceña, Yedra y Barrios, 2009; Ceceña, Barrios, Yedra e Inclán, 2010) y bases de operación antinarcóticos; patrullajes navales crecientes y constantes antes y después de la reconstitución de la IV Flota en 2008; ejercicios conjuntos que van naturalizando la presencia de tropas estadounidenses y homologando criterios entre fuerzas armadas de la zona; una generalización de códigos civiles criminalizantes y de las llamadas leyes antiterroristas que introducen la figura del sospechoso y la tolerancia cero; un conjunto de acuerdos o iniciativas de seguridad subregionales, todas ellas con la participación de Estados Unidos, que dan cobertura al derramamiento del Plan Colombia hacia estas áreas como ya ocurre en México y Centroamérica con la denominada Iniciativa Mérida (Ceceña, 2006 y 2011).

En conjunto, la estrategia hegemónica contempla posicionar capitales, disponer de los recursos más valiosos, multiplicar y abaratar costos con regímenes de outsourcing, implantar cultivos de aprovechamiento industrial, la mayoría de las veces con modos agrícolas altamente predatorios y, en esencia, usar el territorio a su criterio, de acuerdo con sus necesidades e intereses, como espacio propio de fortaleza interna y de defensa frente al resto del mundo.  Los mecanismos combinan diplomacia, política, asimetría y fuerza y varían de acuerdo con los desafíos internos y la visión y condiciones globales de lucha por la hegemonía.  La pinza está puesta desde lo económico-territorial hasta lo militar, con una ofensiva transversal que circula en el nivel de los imaginarios, los sentidos comunes virtualizados y políticas culturales colonizadoras.

Dónde está América Latina

El siglo XXI ha visto una América Latina y Caribeña rebelde, llena de movimientos descolonizadores en todos los terrenos y de amplitud diversa.  Desde movimientos por la construcción de una sociedad postcapitalista, enmarcados dentro de las nociones del mundo en el que caben todos los mundos zapatista hasta la de la vida en plenitud o buen vivir de los pueblos andino-amazónicos, y un conjunto de dislocamientos sociales por la autogestión, la participación directa o la democratización en varios ámbitos, o de movimientos políticos que desde las instancias de gobierno han colocado algunos dispositivos de freno y aun de alternativa al sistema de poder como la creación de espacios de integración con criterios solidarios y no competitivos, la búsqueda de instancias de solución de controversias con capitales depredadores o nocivos, la develación de las deudas odiosas u otros similares.

Poblaciones que se organizan para defender sus costumbres, parafraseando a E.  P.  Thompson, aparecen por todos lados corroyendo el orden establecido y el que está en proceso de establecimiento.  La situación parece la de una guerra sin cuartel en la que los dispositivos de seguridad, a veces precedidos, a veces acompañados por paramilitares, mercenarios, guardias privadas, es decir, por fuerzas armadas ilegales o irregulares, con adscripciones confusas pero con grados de intervención y de impunidad muy elevados, combaten a la población que defiende sus derechos.  Oponerse a la explotación de una mina se ha convertido en causa de cárcel mientras matar a los oponentes no tiene ninguna consecuencia.

Atentados desestabilizadores como el golpe de estado en Honduras, la movilización separatista de la media luna en Bolivia, el intento de golpe en Ecuador y todos los que se han puesto en juego en Venezuela, uno tras otro desde hace más de diez años, forman parte ya de la mecánica geopolítica habitual.  Se están construyendo procesos de postcapitalismo en un escenario de guerra y hay que estar preparados.  La del siglo XXI es una guerra a la vez abierta y encubierta, específica e inespecífica y con modalidades multidimensionales que combinan variantes menos bélicas como los ataques financieros con otras como las de conmoción y pavor.

El escenario latinoamericano y caribeño no parece ser el adecuado para un ataque como el de Irak o Afganistán.  En este escenario lo que ha operado, además de la introducción de mercenarios o comandos especiales clandestinos, es una escalada de posicionamientos físicos que han ido cercando las zonas identificadas como estratégicas empezando por el canal de Panamá, bien resguardado de inicio por las posiciones del Plan Colombia a las que ahora se suman muchas otras (mapa 1) (Ceceña, Yedra y Barrios, 2009); la zona del Gran Caribe (mapa 1) (Ceceña, Barrios, Yedra e Inclán, 2010) y la región circundante a la triple frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina (mapa 2) (Cecefía y Motto,2005).



El mosaico político de la región es variado y complejo.  Los países que se han unido a la Alianza dei Pacífico claramente funcionan como aliados de Estados Unidos,reciben beneficias bajo la forma de ayuda y en el caso de Colombia cumplen parte de las funciones que antes eran asumidas directamente por personal estadounidense.



Al respecto, es interesante revisar el informe preparado por Latin America working group education fund, Center for international policy (CIP) y WOLA, para el Congreso de Estados Unidos, en el que se afirma que Colombia ha sido el principal receptor de asistencia policiaco militar durante los últimos 20 años (excepto uno) (Isacson, 2014: 22).  El informe cita una noticia en la página del Departamento de Defensa (abril 2012) en que se afirma que Colombia proporciona a su vez asistencia en capacitación y entrenamiento en 16 países de la región y de fuera de ella, incluyendo a África.  El Ministro colombiano de Defensa, por su parte, aclaró al Miami Herald que las fuerzas colombianas han entrenado más de 13 mil hombres de 40 diferentes países entre 2005 y octubre 2012.  (Isacson, 2014: 22)

...los gobiernos de Estados Unidos y Colombia llevan adelante un "Plan de Acción en Cooperación Regional de Seguridad" a través del cuál intentan coordinar la ayuda a los terceros países.  (Isacson, 2014: 22.  Traducción AEC)

El caso de Perú es relevante, sobre todo en los últimos años en que ha acogido ejercicios militares en los que se admite personal estadounidense en enormes contingentes, de mil efectivos en 2008, por ejemplo, sin especificar sus funciones y por periodos que alcanzan los seis meses (Congreso de la República del Perú, 2008).  Declaraciones de Leon Panetta, Secretario de Defensa de Estados Unidos en su visita a Lima en octubre de 2012 insisten en que Estados Unidos está listo para trabajar conjuntamente con Perú en planificación, intercambio de información y en desarrollar una cooperación trilateral con Perú y Colombia con respecto a los problemas comunes de seguridad (Isacson, 2014: 24), recuperando la idea original de inclusión de Perú en el Plan Colombia.

El equilibrio entre las diferentes posiciones ha permitido hacer funcionar organismos como UNASUR, importantísimos para fortalecer la independencia regional pero con las posiciones más encontradas en su interior.  Baste recordar la emblemática reunión de Bariloche, justo después de que Colombia acordó la instalación de siete nuevas bases militares estadounidenses en su territorio, en que varios de los integrantes, con Venezuela a la cabeza, intentaron inútilmente echar atrás el acuerdo.

El equilibrio geopolítico de la región, en permanente definición, es exactamente eso, un equilibrio.

El Plan México

En 2005 se firma el primer acuerdo de seguridad subregional del Continente, nuevamente tomando al área de América del Norte como punto de arranque de lo que hoy ya se ha extendido por toda el área del Gran Caribe.  El Acuerdo de Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN) es un texto corto casi equivalente a una carta de intención, pero sirvió de marco al lanzamiento de la Iniciativa Mérida (2008), que después se replicaría en la Iniciativa de Seguridad Regional de Centro América (CARSI) en 2008 y en la Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe (CBSI) en 2010.

El monto de la ayuda de Estados Unidos a Latinoamérica y el Caribe en el campo policiaco militar se incrementó notablemente al sumar lo destinado a Colombia y México en este periodo.  En 2013 Colombia recibió por este rubro 279 millones de dólares, que fue el monto más bajo desde el 2000 en que inició el Plan Colombia; aun con este descenso Colombia sigue siendo el primer destino de los recursos, ahora seguido por México, que en 2013 recibió 154 millones.  Las estimaciones que se tiene para el CARSI en el periodo 2008-2014 ascienden a 665 millones (Isacson, 2014), en gran medida justificados por lo destinado a Honduras, donde realmente parece estarse montando un mega centro de operaciones mucho más ambicioso que lo que hasta ahora se tenía con la base de Soto Cano, y con lo destinado para Guatemala, particularmente destinado a las operaciones y fuerzas de seguridad fronteriza con México.

Actualmente la DEA tiene más efectivos en México que en cualquier otro de sus puestos foráneos, según el informe citado, además de los efectivos de la CIA que cuenta con todo un centro de operaciones, evidentemente ilegal pero a plena vista, en la Ciudad de México.  El bombardeo de la región de Sucumbíos, en Ecuador, en 2008, habida cuenta del involucramiento, todo indica que deliberado para ajustar con el plan general, de varios jóvenes mexicanos que fueron conducidos al cuartel de paz de las FARC en esa localidad, sirvió de justificación para echar a andar un fuerte operativo "antiterrorista" en México, que se combinó con la "guerra contra el narco" desatada por Felipe Calderón desde 2007.  Eran los inicios del Plan México, conocido como Iniciativa Mérida.

De manera muy similar a lo ocurrido en Colombia, México ha sido abatido por una ráfaga de violencia que ya dura una década, durante la cual se han destruido los tejidos comunitarios, se ha introducido una cultura de miedo y de soledad en la que se buscan pertenencias inmediatas perdiendo los rastros de las historias largas.  Los referentes colectivos de identidad nacional han sido paulatinamente sustituidos por los de pandillas o grupos ya sea de autodefensa o de ataque, que se convierten en el único territorio confiable aunque evidentemente no seguro.

Lo sorprendente es la rapidez con la que el país se militarizó y empezó a acostumbrarse a la presencia extranjera vinculada a los cuerpos de seguridad o de cumplimiento de la ley, con reclamos de rechazo, en muchos de los casos, pero con respuestas cínicas e indolentes por parte del estado.  Desde personal del FBI instalado en los retenes de migración del aeropuerto de la Ciudad de México, hasta detenciones realizadas por personal extranjero en suelo nacional.  Todo, por supuesto, justificado por el combate al narcotráfico.

El ejército se ocupa de asuntos de seguridad interna y ha sido señalado por su complicidad con el llamado crimen organizado, tanto como las policías.  El Estado está lejos de ser el único que ejerce la violencia.  Hay también lo que podría denominarse las milicias del crimen organizado, no sólo ligado al narco sino a otras actividades ilícitas, generalmente muy violentas, y también servicios privados de seguridad y paramilitares.

Siempre señalado como uno de los países de América Latina ejemplares por no haber pasado por dictaduras militares, como muchos de los otros, y por mantener una política de respeto a la autodeterminación de los pueblos y las naciones y de no injerencia, lo que implica no participar de actividades militares en el extranjero; hoy se ha incorporado a los ejercicios conjuntos, se ha involucrado con decisiones de intervención en otros países a través de la ONU y, sin dictadura militar interna, ha rebasado con mucho los saldos de las dictaduras del Cono Sur: en la Primera Reunión Trilateral de Ministros de Defensa de Norteamérica Leon Panetta, Secretario de Defensa de Estados Unidos, aseguró que el número de muertos en la guerra contra el narcotráfico en México ascendía a 150 mil, dato que fue después desmentido por la Secretaría de la Defensa de México sin ofrecer ningún dato alternativo; el Instituto de Geografía, Estadística e Informática (INEGI) registra 94 mil 249 asesinatos violentos entre 2006 y 2011 solamente y organizaciones de la sociedad civil manejan una cifra de 100 mil.  En estos casos los cálculos son sumamente complicados pero hay coincidencia de las diversas fuentes en la cifra de 100 mil muertos y 25 mil desaparecidos, mientras los desplazados se calculan entre 780 mil y 1 millón 648 mil.  

Los compromisos militares de México con Estados Unidos han sido crecientes.  Bajo el auspicio del Comando Norte se brinda entrenamiento, capacitación y asesoría a los mexicanos, que han seguido puntualmente las indicaciones de política de seguridad de Estados Unidos, que han demostrado ser catastróficas para el país, aunque quizá no tanto para los intereses e injerencia de Estados Unidos ya que después de una década sangrienta se está finalmente llegando a la apertura del sector energético, tan buscada por la potencia del norte.

A tal punto llega el compromiso de México con Estados Unidos que se ha permitido la presencia de efectivos de seguridad estadounidenses en territorio mexicano, armados y con capacidad para ejercer, así como el sobrevuelo de aviones militares estadounidenses en el espacio aéreo mexicano, notablemente los vehículos no tripulados o drones, desde 2009.

El eslabón hondureño

El golpe de estado en Honduras en 2009 no sólo permitió detener el avance de integraciones como la de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) sino que, como en los años 1980s, volvió a colocar a Honduras como epicentro de las actividades estadounidenses en la región centroamericana.

Honduras alberga en su territorio una de las sedes foráneas del Comando Sur en Palmerola, en la emblemática base Soto Cano que, a juzgar por los recursos movilizados hacia este país, parece estarse extendiendo para convertirse en un mega centro regional, como ya mencionamos.  Los movimientos hondureños han insistido en denunciar la presencia de efectivos estadounidenses no sólo en Soto Cano sino en otras regiones donde presumiblemente están localizándose posibles nuevas bases.  Nosotros tenemos registro de otras dos en la costa del Caribe y el informe Time to listen, que contiene los datos públicos más recientes sobre presupuesto y actividades de las políticas de control del narcotráfico, habla de cuatro más (Guanaja, Mocorón, El Aguacate y Puerto Castilla) que hubieran sido financiadas por Estados Unidos., así como de una transferencia de 1,388 mil millones de dólares en equipo electrónico de uso exclusivamente militar, parte del cual es expresamente para uso del propio personal estadounidense en Honduras.  Se tendrá ahí posiblemente uno de los mayores centros de información y telecomunicaciones del Continente.

No hace falta señalar la importancia geoestratégica de Honduras, en el centro de América Central, con salida al Pacífico y al Caribe.  Honduras, después del golpe, se convirtió en el eslabón centroamericano del corredor militarizado que va desde Colombia hasta México, tocando frontera con Estados Unidos y cubriendo el canal de Panamá.  El punto de descanso que representa Honduras en esta perspectiva ha justificado los recursos y políticas especiales para el país.

El brazo sur del Plan Colombia

La extensión del corredor militarizado hacia el sur traza una línea directa con Perú, desde el inicio el integrante menor del Plan Colombia y hacia Paraguay, centro de operaciones de las fuerzas estadounidenses durante buena parte del siglo XX.

Cabe destacar que el trazo geográfico de este corredor ha tenido dificultades para saltar hacia el Atlántico, zona que se destaca por los yacimientos petrolíferos de Brasil.  El paso hacia el Atlántico se ha buscado con la movilización de la IV Flota, con algunos intentos fallidos de bases militares (Alcántara en Brasil, por ejemplo) y con la posición privilegiada de la isla Ascención, donde se ha instalado un centro de información del más alto nivel, y que es una de las posiciones directamente relacionadas con el diseño estratégico que subyace al convenio de 2009 para la instalación de siete nuevas bases en Colombia, y que en realidad no se ha podido todavía consumar (mapa 3).



Con Perú el acercamiento se ha intensificado sustancialmente desde 2008 y con Paraguay los compromisos de capacitación brindados por los colombianos no se interrumpieron incluso con el gobierno de Fernando Lugo, pero hoy, después del golpe de estado parlamentario y el cambio de gobierno tienen perspectivas de intensificarse.  Todavía durante el gobierno de Lugo se acordó con Estados Unidos la instalación de una base de operaciones y entrenamiento en la zona norte que se encuentra en pleno funcionamiento y donde los instructores, de acuerdo con lo pactado, serían estadounidenses., aunque sabemos que son también colombianos.

Las piezas jugadas de esta manera, cada una por su lado pero claramente articuladas en el diseño estratégico continental, han ido conformando una ruta segura que recorre América de norte a sur (mapa 4) y que permite tener condiciones de respuesta rápida para cualquier tipo de situación de riesgo.  Las tropas estadounidenses y sus aliadas, que han entrenado juntas y mantienen protocolos similares cuando no idénticos, que han trabajado en simulacros de respuesta a contingencias variadas entre las que están también las sublevaciones, disturbios urbanos u otras del estilo, al tener una plataforma territorial tan extendida y adecuadamente equipada, están en buenas condiciones para intervenir con eficacia en caso necesario.




El giro tecnológico

Una de las importantes ventajas asimétricas con que cuenta Estados Unidos es tecnológica, tanto en el campo de la producción civil como, de manera superlativa, en lo militar.  Comunicaciones militares, técnicas de encriptamiento, protocolos, armas, aviones, teledirección, teledetección, armas químicas y biológicas, tecnología nuclear y todas sus derivaciones e innovaciones.  Con esta base se llevan a cabo la prevención y los trabajos de inteligencia que evitarían las guerras porque desactivarían o destruirían a los potenciales enemigos antes de que pudieran convertirse en una amenaza real.  Así también concurren en la aplicación de fuerzas sobredimensionadas en operaciones de conmoción y pavor y otorgan una ventaja material y logística en cualquier tipo de incursiones.  El elemento más novedoso, aunque no necesariamente el más decisivo, es el miniavión no tripulado, comúnmente denominado dron.  Los drones han sido utilizados ya desde hace tiempo por Estados Unidos en operaciones especiales tanto de monitoreo y detección como de ataque.  Su ligereza, imperceptibilidad y relativo bajo costo los convierte en una herramienta con tendencia a masificarse pero además en un negocio jugoso.  Israel es ya productor y exportador de esta tecnología, Brasil está comprándole el know how para iniciar su producción localmente y podría pensarse que los drones dejan de ser un elemento de ventaja por su multiplicación.  No obstante, lo importante son las funciones que pueden cumplir los avioncitos y eso depende de su contenido.  Los equipos de detección tienen posibilidades múltiples.  Los equipos miniaturizados de ataque son exclusivos del Pentágono, por el momento y en la miniaturización parecen también tener una distancia relevante con el resto de los escasos productores.

Los drones abaratan la guerra y contribuyen a ir aligerando la huella militar sobre los territorios.  Las bases de lanzamiento que requieren son tamaño micro y eso permitiría hacer más invisible la situación de guerra generalizada en que inevitablemente ha desembocado el capitalismo.

El equilibrio latinoamericano caribeño y sus derivas

Si bien los escenarios de guerra del Medio Oriente, tan complejos y explosivos, son los que ocupan la atención en los medios, la batalla interna que se libra en América es sumamente intensa e indudablemente decisiva.  Tiene la virtud de haber abierto rutas de pensamiento y construcción de modalidades de organización social no sólo confrontativas sino distintas, y por tanto alternativas, a las que ofrece el capitalismo.  El paso hacia el no-capitalismo, con cualquiera de las denominaciones que se le den, tiene todos los obstáculos y es y será objeto de todas las presiones, amenazas y ataques.  Operativos de desestabilización de todos tipos, intervenciones directas, intentos de golpes de estado, masacres de poblaciones disidentes o insurrectas, imposición de políticas y normativas, bloqueos, conflictos fronterizos y muchos otros dispositivos de contrainsurgencia, entendida en el sentido amplio del término.

Todo eso hará el camino difícil y tardado, pero no imposible.

Es ahí donde Mariátegui vuelve a sonar con fuerza.  Ni calco, ni copia.  No se puede derrotar a la guerra con guerra sino con la construcción de un mundo de paz, dignidad y respeto.  Y esa es la ruta que se abre paso, con vertientes diversas, en América Latina y el Caribe.  Por eso la ofensiva no dejará de intensificarse.

Bibliografía citada

Barnett, Thomas 2004 The Pentagon's new map.  War and peace in the twenty-first century (New York : G.P.  Putnam’s Sons)

Ceceña, Ana Esther 2001 “La territorialidad de la dominación.  Estados Unidos y América Latina” en Chiapas 12 (México: ERA-Instituto de Investigaciones Económicas)

Ceceña, Ana Esther 2006 “Los paradigmas de la militarización en América Latina” en Pensamiento y acción por el socialismo.  Rosa Luxemburgo.  América Latina en el Siglo XXI (Buenos Aires: FISyP-FRL, http:// www.geopolitica.ws/leer.php/30).

Ceceña, Ana Esther 2011 "Los peligros de la militarización en América Latina”, en La Jiribilla, Año X, 19 de julio, (La Habana).

Ceceña, Ana Esther y Motto, Carlos 2005 Paraguay: eje de la dominación del Cono Sur (Buenos Aires: Observatorio Latinoamericano de Geopolítica)

Ceceña, Ana Esther, Aguilar, Paula y Motto, Carlos 2007 Territorialidad de la dominación.  Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (Buenos Aires: Observatorio Latinoamericano de Geopolítica)

Ceceña, Ana Esther, Barrios, David, Yedra, Rodrigo e Inclán, Daniel 2010 El Gran Caribe.  Umbral de la geopolítica mundial (Quito: FEDAEPS).

Ceceña, Ana Esther, Yedra, Rodrigo y Barrios, David 2009 El águila despliega sus alas de nuevo.  Un Continente bajo amenaza (Quito: FEDAEPS).

Cohen, William 1998 Annual report to the President and the Congress.  (U.  S.  Department of Defense)

Congreso de la República del Perú 2008 Diario de los Debates, Segunda Legislatura Ordinaria de 2007 - Tomo 2, 21 de mayo (http://www2.congreso.gob.pe/sicr/diariodebates/Publicad.nsf/SesionesPleno/05256D6E0073DFE90525745000747C78/$FILE/SLO-2007-2S.pdf)

Isacson, Adam; Haugaard, Lisa; Poe, Abigail; Kinosian, Sarah y Withers, George 2014 Time to listen: trends in U.S.  security assistence to Latin America and the Caribbean (USA: Latin America working group education fund, Center for international policy (CIP), WOLA)

Joint Chiefs of the Staff 1998 Joint vision 2010 (US governmet) 

Joint Chiefs of the Staff 2000 Joint vision 2020 (US governmet)

U.S.  Department of Defense (DoD) 2013 Defense News (http://www.defensenews.com/article/20130811/DEFREG02/308110001/DoD- Weighs-Major-COCOM-Realignment)

- Ana Esther Ceceña es Directora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, Instituto de Investigaciones Económicas y profesora en el Posgrado de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México.  Investigación realizada dentro del proyecto Territorialidad, modos de vida y bifurcación sistémica (IN301012).  anae@unam.mx

* Este documento fue publicado en Patria, nº 1, diciembre 2013 (Ecuador: Ministerio de Defensa Nacional)

[1]Los cinco Comandos que se reparten el mundo son: Central Command, European Command, Northern Command, Pacific Command, Southern Command.
[2]Actualmente los Comandos de Combate son nueve, de los cuales los tres últimos son transversales, a saber: African Command, Central Command, European Command, Northern Command, Pacific Command, Southern Command, Special Operations Command, Strategic Command y Transportations Command.  (DoD, 2014).  No obstante, se perfila una nueva modificación que llevaría a dejar sólo 5 comandos geográficos, en alguna medida por razones presupuestales.  (DoD, 2013)
[3]Es interesante revisar a este respecto la definición de la misión histórica de las fuerzas armadas de Estados Unidos, misma que en sus cinco objetivos fundamentales incluye los dos mencionados.  (Cohen, 1998)
[4]Nuestra concepción de territorio no es geográfica o física sino histórico cultural.  El territorio se hace en la interacción de los seres vivos con su medio, en la construcción del hábitat específico, que es por supuesto político.


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