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Chile Luchas sociales y proceso constituyente


 Franck Gaudichaud , Giulia Willig , Sergio Grez

Camila Vallejo, estudiante chileno y activista político, militante de la Juventud Comunista de Chile, durante una manifestación estudiantil en Santiago, Chile, en agosto 2011
Entrevista realizada por Giulia Willig para el periódico SolidaritéS (Suiza / www.solidarites.ch), con los historiadores Franck Gaudichaud y Sergio Grez.
Hablamos con Sergio Grez, profesor de historia en la Universidad de Chile (Santiago) y Franck Gaudichaud , profesor de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Grenoble (y actualmente investigador visitante en la Universidad de Chile), sobre la situación política y social en ese país a raíz del gran movimiento estudiantil de 2011.
¿Dónde está el movimiento estudiantil chileno hoy?
Franck Gaudichaud : históricamente, el movimiento de los estudiantes y de los alumnos de secundaria ha sido siempre un actor social muy importante en Chile, incluso contra la dictadura. En la democracia «neoliberal» hubo una recomposición de las luchas estudiantiles, que culminó en 2011 con una movilización masiva respecto de las demandas por una educación pública, gratuita y de calidad. Hoy en día, el movimiento está luchando de nuevo, muy activo, con ocupaciones de escuelas y universidades, después de haber tenido durante un tiempo un poco de dificultad para enfrentar el nuevo escenario político con la elección de Bachelet, quien recuperó, en parte, algunas de las grandes reivindicaciones, por ejemplo sobre la reforma educativa, pero integrándolas a una perspectiva social-liberal que no rompe en lo absoluto con la democracia neoliberal y la educación de mercado. Después de las luchas de 2011-2012, muy masivas y radicales, que hicieron temblar el conjunto del sistema político, el año pasado fue una fase de ajuste, ya que la CONFECH (Confederación de Sindicatos Estudiantiles) debió enfrentar un escenario en el que el Gobierno propuso «desde arriba» sus reformas y ya no el movimiento. Los dirigentes del movimiento estudiantil cayeron, en parte, en la trampa del «diálogo» establecido por el ministerio de Educación. Por otra parte, algunos líderes del movimiento estudiantil de 2011, como Camila Vallejo (PC), por ejemplo, están en el parlamento y/o la coalición de Gobierno. Este año, vemos que los sindicatos de estudiantes han retomado el impulso, con una dinámica de luchas y directrices más claras, y desde el mes de mayo con manifestaciones masivas de más de cien mil personas...
Otro elemento notable es que – después de 2011 - algunos líderes se integraron institucionalmente (al Parlamento y/o al ejecutivo), son fuerzas políticas a la izquierda del Partido Comunista que dominan la CONFECH, por lo tanto, independientes de la coalición de Gobierno. Entre ellas, la Izquierda Autónoma, el Frente de Estudiantes Libertario (FEL), la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) y pequeñas organizaciones revolucionarias, como el Guachuneit. Así, es la “izquierda de la izquierda” la que tiene peso en la CONFECH, lo que puede anunciar un año de enfrentamientos más directos con Bachelet y su programa de reformas. Dicho esto, hay límites a esta aparente «radicalidad»: primero en términos políticos, pero también en términos de representatividad de las federaciones estudiantiles, debido a que el índice de abstención en las votaciones estudiantiles es muy alto…
Sergio Grez : el movimiento estudiantil chileno para la educación pública, gratuita y de calidad para todas y todos, conoce, como todos los movimientos sociales, avances y retrocesos. Luego de fines del 2011, vivió un cierto reflujo debido a los resultados de las movilizaciones de ese año. Tuvo la sensación de no haber conseguido ningún resultado concreto. Sin embargo, el movimiento continuó con mucha fuerza en el año 2012. En 2013 estuvo en calma, en gran parte porque era un año electoral, que por lo general no es propicio para los movimientos sociales. Luego, en 2014, Bachelet asumió la presidencia por segunda vez con, hay que destacarlo, sólo el 25% de los votos potenciales, ya que la tasa de abstención alcanzó el 60%. La nueva coalición gobernante, la Concertación travestida en «Nueva Mayoría» a la cual se ha integrado el Partido Comunista (PC), retomó, con un montón de engaños, algunas consignas del movimiento estudiantil, lo que ha alimentado esperanzas en el movimiento social, con más razón desde la integración del PC.
El año 2014 estuvo marcado por movilizaciones bastante débiles y por el diálogo con el ministro de Educación de entonces, Nicolás Eyzaguirre. Exmilitante del PC, militante del PPD (Partido por la Democracia), es un economista de renombre de reconocida tendencia neoliberal, antiguo alto funcionario del FMI; también ocupó un cargo importante en el Canal 13, uno de los principales canales de televisión pertenecientes al grupo Luksic (primera fortuna de Chile).
Aunque la llegada de Bachelet al poder, y de Eyzaguirre a la educación, sin duda dio un impulso al movimiento estudiantil, este se ha encontrado, en mi opinión, atrapado en un diálogo de sordos. Esto no quiere decir que no hubiera protestas, pero fueron pocas y relativamente menores. El movimiento estudiantil prácticamente no obtuvo nada en 2014, salvo la derogación de un decreto que hacía la organización de los estudiantes más difícil. Esta es la única conquista del año anterior. El año 2015 se anuncia mejor: varias protestas grandes se han desarrollado desde el mes abril, manifestaciones a las cuales se han unido otros ciudadanos, los que han aprovechado esta coyuntura para demostrar su desacuerdo fundamental con la política gubernamental. El pasado 21 de mayo Bachelet pronunciaba un discurso presidencial ante el Congreso en Valparaíso, mientras una movilización masiva se desarrollaba en las calles, la cual enfrentaba una fuerte represión. Una joven resultó gravemente herida mientras otro manifestante se encuentra todavía en estado de coma. Esto no deja de recordarnos la represión policial del Gobierno derechista de Piñera, pero también la del primer gobierno de Bachelet en contra del movimiento de los «pingüinos» de 2011 (movimiento de los estudiantes de secundaria). El movimiento estudiantil está empezando a despertar, varias facultades están en huelga y las movilizaciones se siguen. Creo que el movimiento estudiantil fijará el tono de este año, ya que se niega a la reforma educativa propuesta por el Gobierno. Se niega a que la gratuidad se obtenga a través de subvenciones, como desea el Gobierno. Reivindican la gratuidad como un derecho social universal garantizado por el Estado y consagrado en la Constitución. La movilización de los estudiantes está, por lo tanto, intrínsecamente ligada a la reivindicación de un cambio de Constitución.
Hoy el movimiento estudiantil tiene pretensiones más amplias que las relacionadas con la educación...
FG : no hay verdadera ruptura entre 2011 y hoy en día: los estudiantes continúan exigiendo una educación gratuita, pública y de calidad, lo que también equivale a cuestionar la reforma de Bachelet que no afecta el mercado de educación, pero que cuenta solamente introducir la gratuidad para una parte de los estudiantes, subvencionando la demanda aún más ampliamente.
Las movilizaciones actuales intentan también profundizar lo que se intentó en 2011: vincular sus demandas concretas con el conjunto de la sociedad, defendiendo, por ejemplo, la nacionalización de los recursos naturales y del cobre, o una reforma fiscal redistributiva, bien lejos de la preconizada por Michelle Bachelet, que no toca a la mayoría de los grandes patrones. Es por esto que se llama a la unificación de las luchas sociales y populares. En este sentido hay un intento, aún tímido, dentro de la Mesa por la Educación, con el objetivo de intentar ganar el apoyo de los trabajadores o de los pobladores (movimiento de los pobres urbanos). Es importante ver la presencia de los profesores y sus reivindicaciones en las protestas. Son los profes que desde semanas están liderando huelgas y marchas en torno al proyecto de reforma del estatuto docente y, más allá, sobre que educación construir en Chile. También es notable los cortes de rutas y barricadas que realizaron juntos organizaciones estudiantiles, sindicales y de pobladores en torno al rechazo de la actual reforma laboral. Es un proceso interesante, incluso si vemos que todavía es difícil de implementar una unificación más profunda y masiva entre resistencias estudiantiles y de asalariados.
Debemos recordar que nos encontramos en un contexto en que la CUT, la principal central sindical, está dominada por la Democracia Cristiana (DC) y el PC, al igual que la dirección del Colegio de Profesores, que no tiene ningún interés en crear dificultades a «su» Gobierno. Las debilidades o dispersión del movimiento sindical de los trabajadores también repercuten en la posibilidad de crear un arco de fuerzas más amplio, de clase. Sin embargo, existen en el movimiento sindical sectores rupturistas, combativos, que se desarrollan (por ejemplo la Unión Portuaria), y que llaman claramente a dinamizar los conflictos capital-trabajo, al mismo tiempo que apoyan un cambio en el modelo de educación, realizan llamados a la nacionalización de los recursos naturales, el fin de las jubilaciones controladas por los fondos de pensiones, el derecho a la autodeterminación del pueblo mapuche, etc. Hay que subrayar también la fuerza de las luchas territoriales y por la vivienda con movimientos como Andha Chile o el MPL ( Movimiento de Pobladores en Lucha) o las resistencias en contra de megraproyectos mineros y energéticos. La demanda que podría federar, en parte, a todos estos sectores es la reivindicación de una asamblea constituyente, pero que sea popular, desde abajo y democrática. El camino aún es largo…
SG : Desde 2011, el movimiento estudiantil logró llevar adelante el tema de la educación, lo que constituye un gran paso adelante. Hasta principios de 2011, nadie en Chile se atrevía a tratar la educación como un tema político clave. Gracias a los esfuerzos de unos pocos meses, la situación ha cambiado drásticamente. Hoy en día, todo el mundo, desde la extrema izquierda a la extrema derecha, está de acuerdo en que es un tema fundamental. Al mismo tiempo, el movimiento estudiantil ha logrado hacer emerger más preguntas sobre el tema de la financiación de la educación. Ellos han hecho propuestas muy concretas y elaboradas de manera seria, en particular el proyecto de reforma fiscal y de nacionalización del cobre. Hoy en día, algunos sectores han llegado a reivindicar una asamblea constituyente. Dicho esto, desde un punto de vista práctico, hay que reconocer que desde 2011 no ha habido avances notorios en la construcción de vínculos entre los movimientos sociales. Se han realizado intentos por parte del movimiento estudiantil para acercarse a otros movimientos sociales, por ejemplo con los mapuches, con el movimiento de los profesores, por supuesto; y algunas veces con las luchas de los trabajadores, por ejemplo los de los puertos. Pero, en mi opinión, estas relaciones son todavía débiles, no hay vínculos estables, orgánicos y permanentes entre estos movimientos sociales: es algo que aún necesita desarrollarse.
¿Cuáles son los otros movimientos sociales?
SG : entre los movimientos más importantes en la actualidad, se encuentra en primer lugar el de los mapuches, que no es estrictamente social, ya que se trata de una demanda política nacional por la autonomía y la reconquista de ciertos derechos que les han negado, en particular el derecho a la tierra y los derechos políticos. También existe un fuerte movimiento contra el centralismo del Estado. El movimiento de los trabajadores portuarios es muy interesante. En Chile, el mar ha sido privatizado, pertenece a siete grandes grupos económicos, mientras se han dejado sólo pequeñas porciones de la costa para los pescadores artesanales. El movimiento se ha organizado en los últimos años en torno a los sindicatos portuarios, que no tienen estatuto legal, pero que reúnen a sindicatos que sí lo tienen. Este ha conducido importantes huelgas y movilizaciones en 2014. Se trata de un movimiento notable porque desde un punto de vista político ha logrado poner en peligro los intereses de los grandes exportadores (frutas, madera). Pero también porque logró movilizar a los trabajadores a lo largo de la costa, en solidaridad con los trabajadores del puerto de Mejillones, que pedían una hora para el almuerzo en lugar de los actuales 30 minutos. Casi todos los puertos de los trabajadores se movilizaron para apoyarlos. Es un movimiento que ha sabido revivir las tradiciones de solidaridad entre los trabajadores, rotas por la dictadura y por el modelo neoliberal de la democracia actual.
¿Cuál es el estado actual de las fuerzas de la izquierda radical?
FG : en primer lugar, hay que decir que el estado actual, todavía frágil, de las luchas de clases es un primer límite para favorecer la recuperación - recomposición de las fuerzas políticas de las izquierdas anticapitalistas, que permanecen muy dispersas y divididas. En este contexto es difícil prever una unificación «en frío» de las izquierdas radicales, de las cuales los contornos aún no se han definido. Por ejemplo, si se habla del movimiento estudiantil, ha habido intentos, como el Bloque de Conducción, que reagrupaba, hasta hace poco, a la Izquierda Autónoma, la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) y el Frente de estudiantes libertarios (FEL). Juntos disponían de una hegemonía relativa en la dirección del movimiento estudiantil. Pero este frente, que puede calificarse como «antineoliberal amplio», se rompió hace unos meses debido a falta de coherencia estratégica e interna. En términos más generales, la unificación es también muy difícil entre muchos pequeños grupos revolucionarios o colectivos de diferentes culturas políticas que a menudo poseen una influencia limitada a tal o tal sector. Estas fuerzas son todavía minoritarias, pero algunas han crecido desde 2011, alimentadas por la reactivación de las luchas sociales.
La cuestión es cómo desarrollar hoy en Chile una izquierda anticapitalista y autogestionaria, ni dogmática o sectaria, ni tampoco electoralista u oportunista, capaz de poner en debate en el bajo pueblo de Chile un programa político de ruptura clara, de transición poscapitalista, y a la vez de ayudar a corto plazo al desarrollo de acciones unitarias, de frente social y político, útiles al reforzamiento de los movimientos populares y de conquistas concretas. Esto con el fin de superar las reivindicaciones sectoriales, pero también el ensimismamiento militante y el repliegue organizacional. Es difícil, ya que algunas cuestiones estratégicas claves siguen siendo controvertidas: ¿Cómo hacer frente al nuevo ciclo político marcado por el «transformismo» del gobierno Bachelet, en una perspectiva no solo antineoliberal pero anticapitalista? O: ¿quiénes son los «sujetos» de transformación social por la que estamos luchando en el Chile actual? Las izquierdas radicales o revolucionarias nacionales tienen también, a veces, dificultades para incorporar temas fundamentales como la ecología, el ecosocialismo, el feminismo, el patriarcado o para llevar a cabo un trabajo internacionalista concreto, lo que dificulta su desarrollo. Si uno quiere presentar en términos generales el panorama - todavía muy fragmentado - de estas izquierdas políticas, encontramos organizaciones que provienen de lo que podríamos llamar el «neomirismo» (y que van desde el centro-izquierda, los antiliberales hasta fuerzas guevaristas) ; existente una corriente libertaria muy dinámica y amplia (desde los anarquistas de “pura cepa” hasta militantes de la Izquierda Libertaria que abogan por una «ruptura democrática»); están también todas las fuerzas que provienen de diversas rupturas del movimiento comunista y del «rodriguismo» [nombre del Frente Patriotico Manuel Rodríguez, NdE] y, finalmente, hay una corriente trotskista (más o menos originaria del «morenismo») bastante presente y que mira como ejemplo la experiencia del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) de los hermanos argentinos .
SG: Hay, en mi opinión, una fragmentación excesiva. En Chile, tenemos una izquierda más social que política. Por supuesto, detrás de la izquierda social, hay grupos políticos más o menos grandes, pero están muy dispersos y no tienen la capacidad de ponerse de acuerdo, incluso aunque haya convergencias sustantivas en muchos temas. Las elecciones de 2013 son un buen ejemplo de esto: hubo cuatro candidatos presidenciales de «izquierda» o progresistas, de un total de nueve, todos los cuales propugnaban la asamblea constituyente, pero no han sido capaces de unirse. Cada uno prioriza sus intereses de grupo. La izquierda radical no es capaz de ver las cosas con un poco más de altura, perspicacia y generosidad.
¿Qué análisis se puede hacer del Gobierno Bachelet?
FG : el Gobierno de Bachelet es un Gobierno social-liberal de coalición que va del centro-derecha (con la DC) al PC y se inscribe en el marco del modelo capitalista neoliberal semiautoritario instaurado al final de la dictadura. Es por esto que hablo de un «transformismo social liberal» |1|.. De cierta manera, el ejecutivo responde a las luchas y al “susto” de las clases dominantes en 2011, tratando de estabilizar este modelo a través de reformas parciales sobre temas claves. Este es un punto de polémica con los análisis que hace el PC (que ve reformas progresivas del modelo). Hoy en día, el Gobierno se enfrenta a una crisis de legitimidad sin precedentes desde 1990, con enormes y recurrentes escándalos de corrupción que han afectado a todo el mundo de la política en los últimos meses. Esto puso de manifiesto el nivel de connivencia entre las grandes empresas, el capital y 99% del personal político presente en el Parlamento. Todos recibieron dinero de grandes grupos como Penta, Soquimich, empresas privatizadas o creadas durante la dictadura. Pero la respuesta de Bachelet ha consistido principalmente en un cambio de gabinete, dándole una connotación aún más conservadora que antes a su gobierno: vemos el regreso de los viejos cuadros de la Concertación [coalición de centroizquierda que nació al final de la dictadura, antepasada de la actual Nueva Mayoría NdE] a los puestos estratégicos del poder gubernamental. Algunos sociólogos han visto el gobierno de Bachelet como el signo de una “apertura”, de una cierta renovación. Si bien, es cierto, un nuevo ciclo político ha emergido desde abajo - debido a las luchas sociales -, vemos una gran continuidad en las cúpulas. Por otra parte, los medios patronales y El Mercurio (principal periódico, de orientación derechista, y antiguo apoyo de Pinochet) no se equivocan cuando elogian al ministro de Hacienda, al de Economía y al del Interior.
Esto explica por qué Bachelet realizó muy pocos anuncios durante su discurso presidencial el último 21 de mayo. Todo el mundo se dio cuenta de que no mencionó la asamblea constituyente, que confirma lo que ya sabíamos: habrá probablemente una «nueva constitución» de aquí 4 o 5 años, no olvidemos que todavía está vigente la instaurada por Pinochet en 1981, pero sin una asamblea constituyente como tal. Probablemente habrá «consultas ciudadanas», participación selectiva, pero la mayor parte de las decisiones serán tomadas a puertas cerradas en el Parlamento, entre expertos, antes de ser –tal vez- sometida a un plebiscito. Para el resto se confirman la mayoría de los puntos negros, sobre la reforma laboral por ejemplo, como se ha denunciado incluso por una parte de la CUT. En el área de la educación, el objetivo es alcanzar el 60 o 70% de gratuidad para estudiantes en 2018, pero todavía en el marco del mercado. El Estado va a subvencionar este “servicio” sin cambiar la estructura de la educación superior, aunque en un principio excluirá a los estudiantes de las universidades privadas, lo que es paradojalmente problemático, ya que es allí donde se encuentra la mayoría de los estudiantes, y a menudo los más pobres.
SG : este es un Gobierno reformista que pretende corregir ciertos aspectos del sistema neoliberal para darle una base social y política más amplia y más estable. Si analizamos cada una de las reformas, ya sea en relación con la educación, la fiscalidad, el trabajo, el sistema de pensiones o la salud, se trata de pequeños cambios, pero que no buscan romper radicalmente con el modelo actual. Por supuesto hay un aumento en los gastos sociales desde el final de la dictadura, pero son gastos que en última instancia benefician muy a menudo a los capitalistas. En el caso de la educación, por ejemplo, el Gobierno propone aumentar las becas, con lo que los estudiantes pueden entonces hacer su elección en el mercado de la educación. Se trata de subvencionar la demanda en lugar de reforzar la oferta educacional pública. Hoy el Estado proporciona sólo entre el 10 y el 15% de los gastos de las universidades públicas, mientras que con Allende la participación pública ascendía ¡Al 80%! Es lo mismo para la salud: como los hospitales públicos no pueden responder a todas las necesidades, damos subsidios a los pacientes para que se traten en clínicas privadas. Finalmente esto aumenta las ganancias de las instituciones privadas y debilita al sector público. Ese es el modelo neoliberal, y en este sentido, el Gobierno de Bachelet no es diferente de la derecha. En cuanto al sistema de pensiones heredado de la dictadura, no es un sistema de seguridad social, sino de seguros privados basado en la capitalización individual. No hay repartición solidaria. No obstante, lo que propone Bachelet es que el Estado regule este sistema para garantizar mejores servicios.
Pero esto no va a cambiar nada en cuanto al fondo. Al contrario, debemos devolver el dinero a los trabajadores y crear para ello un sistema de pensiones de repartición, justo y solidario. La derecha también ha comprendido que no tiene mucho que temer del Gobierno de Bachelet. Sus representantes se oponen a ciertas cosas, pero básicamente, apoyan su política. En realidad la derecha tradicional está en crisis profunda, no sólo debido a los repetidos casos de corrupción, sino sobre todo porque la Nueva Mayoría le está robando su rol de representación de las clases dominantes.
Franck, ¿cuál es la posición del Partido Comunista, que forma parte del gobierno, pero sigue teniendo una fuerte presencia en los movimientos sociales?
FG : Su posición es bastante compleja. Es el partido más disciplinado en el gobierno de coalición, que implementa las decisiones y apoya Bachelet, pase lo que pase, con más claridad que la DC o el Partido Socialista (PS), que han expresado públicamente sus críticas. Por otra parte, el PC fue recompensado por ello en el nuevo gabinete, ya que tiene dos ministerios, un hecho inédito desde los años 70. Si bien, no hay disidencia interna organizada -que el partido no tolera– existen críticas a media voz en la base, incluidos de cuadros comunales, con respecto a las políticas neoliberales de la coalición gubernamental y el costo que podría pagar el partido por su participación. Por ejemplo, sobre la reforma laboral, considerada muy problemática pes valida varios puntos del plan laboral de 1979, o la ausencia de asamblea constituyente, cuya convocatoria se pospone indefinidamente, etc. Figuras como Camila Vallejo, que tenía una cierta autonomía de expresión, aprobaron el discurso presidencial del 21 de mayo sin pestañear, excepto lamentar que no hubiese un anuncio de asamblea constituyente. La apuesta PC fue volver al Gobierno, con la idea de que las reformas actuales serian un primer paso democratizador. De ahí el debate de fondo: ¿es este un primer paso hacia una primera democratización del neoliberalismo, como sostiene el PC, o por el contrario – como lo ve la izquierda radical – se trata de un intento de estabilizar el sistema heredado de Pinochet y de la Concertación, que se ve amenazado por la recomposición de las luchas sociales y por una creciente crisis de hegemonía? Por último, la integración institucional-burocrática del PC es muy importante, ya que detenta numerosos puestos de funcionarios de gobierno y asesores en el aparato estatal, como también la vicepresidencia de la Asamblea Nacional y carteras ministeriales.
Se beneficia, por ejemplo desde el punto de vista financiero, de su participación en el poder y se ha consolidado como partido institucional “responsable”. Cualquier ruptura con la coalición, si hubiese ruptura, sería aún más difícil y costosa. Por cierto, el PC sigue siendo un actor del movimiento social, con una verdadera capacidad de organización en algunos sectores populares y un gran partido con militantes y cuadros dentro del panorama de la izquierda. Las Juventudes Comunistas tienen una sólida presencia en el movimiento estudiantil y de los secundarios; parte del movimiento sindical está bajo influencia de líderes comunistas (minería del cobre, por ejemplo.) El partido tiene la presidencia de la CUT y del Colegio de Profesores. De cierta manera, el PC es la principal fuerza social del Gobierno, la única capaz de canalizar el movimiento popular. Esto no le impide llamar a movilizaciones, pero estas son a favor del Gobierno y sus reformas...
La represión de las movilizaciones, especialmente las de los estudiantes, parece haber aumentado últimamente. Dos jóvenes fueron brutalmente agredidos por las fuerzas de orden durante una manifestación, otros casi dejados muertos por la policía…
FG : de hecho el clima se vuelve tenso, las prácticas represivas se multiplican. Esto, por supuesto, no apareció con Bachelet: este es un problema recurrente y una práctica histórica del Estado chileno. Pero con respecto a la reciente violencia contra los estudiantes, con un joven militante de la UNE que permaneció entre la vida y la muerte durante semanas, hay efectivamente una responsabilidad directa del Gobierno, de los carabineros y del nuevo ministro del Interior. Es también el caso en el sur del país contra los Mapuches. Por cierto, recientemente un carabinero infiltrado reconoció ante un tribunal haber provocado incendios criminales, como parte de las actividades dictadas por los servicios secretos. Un joven mapuche, falsamente inculpado, pasó 11 meses en la cárcel... Y esto es sólo la parte sumergida del iceberg: las prácticas de infiltración policial, de provocación y de represión violenta son casi cotidianas en todo el espacio de las luchas sociales y son todavía una pesada herencia autoritaria prolongada por los gobiernos civiles.
SG : el poder, sea cual sea, el de Piñera o el de Bachelet, juega el juego del palo y la zanahoria. Por un lado reprime y por otro hace llamados al diálogo. El Gobierno actual es un especialista en «plataformas de diálogo» sobre diversos temas. Su estrategia consiste en dialogar largamente, sin llegar realmente a cosas concretas. Y a veces realiza pequeñas concesiones, sobre todo ahora, con el movimiento estudiantil, donde dispone de una quinta columna formada por los militantes comunistas. Esto no existía en el momento de Piñera, en el que el PC era claramente parte de la oposición. Camila Vallejo, exlíder del movimiento estudiantil, ahora diputada comunista, lo había dicho claramente: «tendremos un pie en la calle, el otro en el Gobierno». Ahora bien, podemos ver las contradicciones que suscita esto hoy en día: no se puede estar tanto de parte de los estudiantes como del gobierno que los reprime. ¿Quién es el ministro del Interior que Bachelet acaba de nombrar en su nuevo gabinete? Se trata de Jorge Burgos, un demócrata cristiano, que fue uno de los jefes de La Oficina en la década de los 90. Este fue el servicio secreto creado por la Concertación para desmantelar la oposición de izquierda que había tomado armas durante la dictadura, y se habían negado a dejarlas en el momento de la transición, desconfiando de la nueva democracia. Estos grupos fueron infiltrados por sus antiguos compañeros, particularmente bajo las órdenes de Burgos.
¿Qué más podemos decir sobre la reforma de la Constitución?
SG : Chile ya ha comenzado un proceso constituyente, pero ahora el reto es cómo llevar a cabo esta reforma. Hay dos formas de hacerlo: una consiste en elaborar una constitución a través de una comisión nombrada por el poder, hacer que se apruebe en el parlamento, y solo al fin llamara votación, en bloque, a través de un plebiscito popular. La otra forma, es elegir una Asamblea Constituyente. Esta sería un cuerpo libre y soberano, cuyo trabajo sería limitado en el tiempo y representaría de forma mucho más democrática a la población. Según las últimas encuestas, el 60% de los chilenos estaría a favor de un proceso de este tipo. El problema es que hoy no existe un marco institucional legal que permita instaurar una asamblea constituyente. Para ello sería necesario encontrar un subterfugio, y esto se puede hacer con una fuerte presión social y política desde la base. Desde 2011, la consigna de una asamblea constituyente posee un creciente apoyo popular. Actualmente, organizamos una «escuela de los constituyentes», destinada a cuadros para explicar a la gente el interés de defender esta idea, para demostrar que es el espacio donde sus intereses podrían ser defendidos. También se desarrolla una reflexión sobre el medio de llevar a cabo dicho proceso. La idea sería, por ejemplo, la introducción de un quórum de dos tercios para votar un cambio constitucional, y si no se alcanza este quórum, proceder a votaciones sobre cuestiones precisas, en lugar de pronunciarse sólo sobre un paquete final ya completamente cerrado. Esto garantizaría una verdadera participación democrática, lo más amplia posible, retomando un antiguo lema de la época de la Unidad Popular: «¡crear poder popular!».

Frank Gaudichaud, Chile, el gobierno de Bachelet, las alternativa sy el espectro de las futuras luchas


Punto de Vista Internacional, Rebelión,8 de febrero 2014

El espectro de las luchas 

Ya el nuevo Gabinete de la presidenta Bachelet está formado, lo que anunciamos en estas páginas, con muchos otros más (1), sólo se confirma: este gobierno será de corte social-liberal o más bien “transformista” y “progresista neoliberal”, con algunas reformas modernizadoras, intentando canalizar y domesticar la calle pero, fundamentalmente, en la continuidad del modelo impuesto a sangre y fuego hace 40 años por el golpe de estado. A menos que después de esta segunda vuelta electoral y reajuste en las alturas de sistema institucional, una tercera vuelta -social y popular- venga a poner de nuevo las rupturas a la orden del día.

De todo eso hemos querido conversar con algunos militantes de la izquierda anticapitalista chilena: esta conversación no pretende ser exhaustiva, y menos aun objetiva. Este conversatorio estará seguido de otras entrevistas con otros colectivos y tendencias. Sólo se trata de iniciar un dialogo plural para esbozar algunas perspectivas y escenarios posibles, favoreciendo el debate político en la filas de un espacio político-social todavía fragmentado, pero lleno de potencialidades disruptivas del orden hegemónico.

Neoliberalismo y luchas de clases hoy en Chile  

Entrevista con Rafael Agacino, investigador de la Plataforma Nexos 

¿Cómo calificarías el programa económico de Bachelet; sus principales ejes y las relaciones de la candidata con el empresariado? 

Desde el punto de vista del contenido el centro de gravedad está en las denominadas “Reformas de Fondo”: la reforma educativa, la reforma tributaria y la nueva constitución. Salvo respecto de la primera – y sólo por efecto de las movilizaciones estudiantiles– el nuevo bloque en el poder se ha visto obligado a ceder y ampliar el ámbito social de los consensos. Respecto de las otras dos, los disensos continúan y lo más probable es que resulten en algo así como una “política del espectáculo”. Si bien una política gatopardista no ha sido ajena a los Gobiernos de la Concertación -recuérdese la reforma constitucional del 2005 que dio origen a la “Constitución Lagos-Pinochet” o la nueva Ley General de Educación del 2009 que sustituyó a LOCE de la dictadura- esta vez las maniobras deberán hacerse sobre bases menos firmes. Y esto por dos razones: primero, porque luego de 40 años el modelo impuesto por la contrarrevolución neoliberal ha hecho aflorar las contradicciones nuevas y propias de un patrón de acumulación maduro, y segundo, porque el proyecto neoliberal no logró generar una institucionalidad política complementaria al mercado capaz de procesar tales contradicciones cuyo alcance supera las posibilidades de arbitraje entre privados del propio mercado. En efecto, la composición social de las recientes luchas así como el carácter de las demandas, muestra que se trata de fisuras del modelo funcionando y no de un modelo atravesado por una crisis financiera o económica con altas tasas de desempleo o pobreza extrema. La explosión social de los últimos años en Chile, por ejemplo, se diferencia de la explosión de las masas en la Argentina del 2001, como tampoco se asemeja a las masivas luchas de trabajadores en la Grecia sometida al ajuste estructural en la crisis actual. Del mismo modo, la utopía neoliberal extrema aplicada en Chile suponía la disolución de la política, de lo colectivo, por lo cual desarmó y deslegitimó el sistema de partidos políticos como medios representativos capaces de anticipar y procesar los malestares sociales antes que éstos se transformaran en demandas colectivas; esa función la cumpliría el mercado. Lo más notable de la situación actual es que mientras los dos principales (y únicos) partidos políticos de la derecha atraviesan una crisis política gravísima, la patronal, la “derecha económica”, sigue funcionado sin contratiempos, pactando directamente ora con el Gobierno saliente, ora con la coalición entrante de Bachelet. A la par, aunque todavía incipientemente, franjas cada vez mayores de trabajadores y sectores populares, enfrentan directamente al capital, sin mediación de partidos o del Estado. Y el Gobierno – cuando interrumpe su rol de gendarme represivo- concurre más bien como ministro de fe de acuerdos no gestados bajo las reglas del sistema político convencional. La política real, de facto, tanto para la burguesía como para franjas populares y de trabajadores organizados – muy ajenos al sindicalismo clásico- parece desplazarse de las instituciones político-estatales y apela a la negociación directa. 

Estas dos características del modelo neoliberal maduro genera un marco de incertidumbre que la intelligentsia del bloque en el poder aún no logra dilucidar para enfrentarla estructuralmente. No tiene un proyecto de país para un Chile post neoliberal o neo-neoliberal. Por ello, al gatopardismo del Programa habrá que agregarle el espectáculo: efectos de luces y música incidental, pan y circo para las masas mientras se arregla la carga y se define una estrategia para el nuevo ciclo que se abre. La tramoya en esta ocasión estará a cargo de la alta dirigencia del PC que logró incluirse en la nueva coalición y en el gobierno. 

¿Cuál es la situación de los trabajadores hoy en Chile, en particular de la CUT y del movimiento sindical? 

El sindicalismo clásico, aquél que surgió y se expandió en el patrón de acumulación desarrollista, anterior a la contrarrevolución neoliberal, desde hace años viene chocando con una realidad de una organización industrial y del mercado de trabajo ostensiblemente diferente. La fragmentación productiva por medio de la extensión de la maquila y subcontratación, por una parte, y la flexibilización del mercado de trabajo respecto del empleo, salarios y funciones, por otra, ha generado una gran masa de fuerza de trabajo que circula sin empleo fijo entre puestos de trabajo, oficios, empresas, ramas e incluso territorios como nunca antes. Esta alta movilidad se ha traducido en precariedad del empleo, en un empleo muy diferente al empleo típico en torno al cual se desarrolló; en el siglo pasado, el sindicalismo clásico bajo la forma de sindicatos de empresa. Una de las diferencias notables es que la relación jurídico-laboral se ha escindido de la relación económica de explotación, generando una cuasi inutilidad de facto de las garantías que supone el derecho laboral. En efecto, la subcontratación implica que quién explota la fuerza de trabajo no es quién la contrata, ni quién establece la relación contractual, por cuanto las contrapartes efectivas de la relación económica no son objeto el derecho laboral que se refiere a las contra partes formales. Es obvio entonces, que esta separación hace tan inútil del derecho laboral como lo ha hecho también la fragmentación de las empresas en decenas de unidades jurídicas (personas jurídicas empresariales) que, sin embargo, operan centralizadamente bajo una misma dirección económica. Así, de poco sirve a los trabajadores, sean subcontratados o contratados por esas unidades productivas empequeñecidas, el derecho a sindicalizarse y a negociar colectivamente. 

El sindicalismo clásico, sea que se agrupe en la CUT o en otras centrales, ha tenido dificultades hasta hoy para adecuar sus formas organizativas a esta nuevas condiciones estructurales del capitalismo chileno. Por ello mismo, la CUT ha perdido influencia en el mundo del trabajo, y paradojalmente, hoy se sostiene principalmente por el control de las asociaciones gremiales del sector público con una muy reducida presencia en los sectores productivos y de servicios privados que concentran el empleo. En el sector privado, las franjas más activas de los trabajadores, generalmente por fuera de la CUT, se han constituido innovando en las formas organizativas, en sus tácticas de lucha e incluso caracterizándose por gran presencia juvenil. El caso paradigmático es el de los portuarios que, organizados federativamente y sobrepasando todas las restricciones objetivas por medio de una adecuada combinación de huelgas ilegales y llamados a la negociación, han logrado obligar al gran capital, usuario de los servicios de estiba pero no su empleador directo, a intervenir de facto en la negociación de las condiciones salariales y de trabajo. El gran capital, sin ser su contraparte jurídica, sometido a la acción inteligente y decidida de las organizaciones de trabajadores, ha debido ordenar a las empresas contratistas o de servicios que negocien y resuelvan los conflictos; y el Gobierno, como entidad administrativa, no ha hecho más que sancionar tales acuerdos directos como ministro de fe. Estas prácticas, si bien favorecidas por una serie de condiciones especiales, han tendido a reproducirse en otros sectores y sobre todo se han constituido en ejemplo de acción para muchas franjas de trabajadores, especialmente para los más precarizados. 

Pero también, el sindicalismo clásico chileno se caracterizaba hasta hace poco por una casi total influencia de los partidos políticos en su vida interna y gremial. Tales relaciones entre partidos y gremios se fundaban en una separación radical entre lo social-reivindicativo y lo político, entendiéndose que los partidos son los representantes de las demandas gremiales en la esfera de la política. Esta separación, sin embargo, ha ido lentamente superándose por la propia práctica de ciertas franjas de trabajadores que asumen su propia representatividad y evitan la mediación. Ha sido determinante de esta no generalizada pero creciente tendencia, la destrucción por parte de la dictadura y de los gobiernos post-Pinochet, del antiguo “estado de compromiso” que tejió una densa institucionalidad de mediación, amén que por esta misma razón, según ya lo resaltamos, el mismo sistema de partidos ha perdido su capacidad mediadora. 

Así, podemos afirmar que la situación actual del movimiento de trabajadores es de una debilidad general producto de 40 años de neoliberalismo y por la persistencia de una visión equivoca de la dirigencia del sindicalismo clásico. En este marco general, no obstante, comienzan a emerger franjas de trabajadores organizados que ensayan formas de organización heterodoxas y tácticas de acción directa y negociación, que pueden inaugurar un camino para un nuevo movimiento de trabajadores, adecuado a las condiciones de una contrarrevolución neoliberal madura. En este proceso las direcciones de la CUT han tenido un papel secundario, sino directamente retardatario. Por ello mismo, con excepción de la incansable lucha del pueblo mapuche, no es extraño que fueran los estudiantes, los deudores habitacionales, las organizaciones comunales y no la clase trabajadora, los que abrieran este nuevo ciclo de movilizaciones sociales. 

Dentro de las luchas sociales ¿cuáles son las que son destacables, según tu análisis, y podrían anunciar un nuevo ciclo de conflictos durante el mandato del nuevo gobierno? 

Esto lo he dejado entrever en la respuesta anterior. De todos modos algunas precisiones. En primer lugar, destacar que las luchas de los estudiantes secundarios expresan una fisura mucho más profunda incluso de lo que ellos mismos creen. Mientras los estudiantes universitarios reclaman mejores condiciones de acceso y financiamiento a la educación superior, los secundarios, si bien claman por la gratuidad y mejores condiciones materiales, su reclamo real es contra la propia comunidad escolar, contra la escuela, un espacio invivible porque cada día en sus patios campean el autoritarismo, la mediocridad y tedio de profesores colapsados; campea la presión permanente por el éxito y la competencia individual, un camino forzoso que no tiene sentido salvo el oponer unos adolescentes a otros. No podemos detenernos aquí pero es por ello que fue el movimiento secundario - y no el universitario- la base de la explosión que logró trizar los consensos de las clases dominantes y la paz social que los gobiernos civiles mostraban al mundo como el exitoso modelo chileno. Y el malestar no es posible domesticar estructuralmente, apelando a simples políticas clientelares y redistributivas. Aquí hay una contradicción profunda: se trata de los hijos de un neoliberalismo maduro y que por tanto no reclaman resistiendo las reformas, sino precisamente por el funcionamiento pleno de aquellas; en rigor son ellos el resultado de un modelo que ha realizado todas sus potencialidades y generando una profunda crisis de la comunidad escolar, de la escuela, frente a la cual ellos reaccionan espontánea y sistemáticamente desde el "mochilazo" del 2001 y la "revolución pingüina" (2)   del 2006 . Y esta fisura continuará porque el nuevo bloque dominante carece de un proyecto educativo que resuelva dicha crisis. 

En segundo lugar, hay que poner atención a la emergencia de un nuevo movimiento de trabajadores como el que ya hemos señalado. Este movimiento, aún muy incipiente, si logra madurar, lo hará a partir de bases totalmente diferentes a las que sirvieron al sindicalismo clásico. Una de ellas será la consideración que el movimiento sindical no agota la historia, ni el futuro, del movimiento de trabajadores, pues el sindicalismo y los sindicatos de oficio o de empresa, fueron y son una forma particular de organización típicas del desarrollismo. Hubo antes formas mutualistas, sociedades en resistencia, mancomunales, etc. que, en ausencia de cualquier legislación laboral, organizaron grandes masas de trabajadores y enfrentaron directamente al capital, sentando las bases de los derechos que serían codificados en la legislación laboral posterior al amparo de la cual se desarrolló el sindicalismo clásico. Otro tema muy importante es que frente a un "capital extendido", es decir, que ha penetrado y sometido a su racionalidad muchas actividades que antes estaban fuera de la producción capitalista, surge la necesidad de concebir también de manera "extendida a la clase trabajadora". Esto implica que ni las formas de pago, ni de contratación -directa o indirecta; parcial o completa; temporal o permanente- o el carácter material o inmaterial del trabajo o de su resultado, puede ser criterio para definir a la clase trabajadora. Lo que importa es la relación social, y por tanto, si el capital ha convertido a los servicios antes públicos y comunitarios en actividad productiva, o sometido a otras actividades antes personales y realizadas como no trabajo, a la lógica de la acumulación, entonces los que allí se desempeñen vendiendo su talento al capital constituyen parte de la clase trabajadora. Esto ha sido resistido por el sindicalismo clásico que sigue apegado a la estética de los obreros mineros e industriales del siglo XX. Sin embargo, las prácticas organizativas y de lucha de las franjas precarizadas que hemos mencionado, han avanzado rompiendo barreras discriminadoras al interior de la propia clase trabajadora. Sabemos que esto es un largo proceso, pero esta tendencia de reconstitución objetiva y subjetiva de un nuevo movimiento de trabajadores sobre estas bases, continuará y eventualmente se acelerará, sea por el éxito de las luchas o sea por la agudización de las condiciones de precarización de un modelo económico que enfrenta costos crecientes para mantener su dinámica expansiva. 

Y finalmente no podemos dejar de consignar que la acción de la izquierda puede ser un factor no despreciable en el itinerario que siga este nuevo ciclo de luchas. Aquí es necesario distinguir entre la “izquierda desconfiada” y la "izquierda desconfiada", cuyas tácticas hoy como ayer han sido muy distintas. La izquierda confiada, la más fuerte y estructurada, ha puesto el acento en fortalecer su orgánica partidaria tradicional y en el “regreso al Estado” buscando acceder al gobierno y al parlamento por medio de alianzas electorales ad hoc, lo cual ha logrado finalmente este año. Esta izquierda confía que desde allí podrá impulsar la reconstitución del movimiento obrero y popular. Contrariamente, la otra izquierda, aún muy fragmentada y dispersa, a la luz de las profundas transformaciones neoliberales en la sociedad chilena y de las experiencias de los regímenes socialistas, ha puesto el acento en la re-construcción de los sujetos sociales privilegiando nuevas formas organizativas, democráticas y de base – colectivos, grupos de apoyo mutuo, asambleas, etc., todas formas diferentes y refractarias a las clásicas orgánicas partidarias y sindicales. La táctica se orienta a la construcción de un sujeto colectivo que confíe en sus propias fuerzas y no en el Estado o en la burocracia que se inclina a “institucionalizar” o a sustituir al propio movimiento obrero y popular. Poco a poco las franjas de esta izquierda maduran en un sentido estratégico que tiende a negar la separación entre lo político y lo social; a rechazar la asignación del monopolio de la política al Estado y sus instituciones y a criticar la separación entre representantes – los profesionales de la política- y representados. Se trata de una izquierda que llama a politizar lo social, a construir formas organizativas de soberanía popular - paralelas y enfrentadas al Estado- y al diseño de mecanismos de auto representación en los espacios vitales en función de las necesidades populares. La metáfora de la “desconfianza” evoca una crítica a la concepción liberal burguesa de la política y de las instituciones a que ésta dio origen, no sólo defendida por la derecha sino también por aquella izquierda republicana y estatalista que confía en ella. El ingreso del PC a la coalición gobernante, marcará aún más estas diferencias y es probable, como ya se nota en la disputa por "capitalizar" el impulso de las movilizaciones estudiantiles y de trabajadores, tomará ribetes más definidos y agudos que influirá en el curso de los conflictos que caracterizarán el nuevo ciclo de luchas. 

Balance crítico de la elección de Bachelet y las perspectivas anticapitalistas  

Entrevista con Marco Álvarez, militante de Libres del Sur 

Si puedes presentar en pocas palabras Libres del Sur y su historia 

El Movimiento Libres del Sur es una organización que surge públicamente la primera semana de abril del año 2012. Es una herramienta anticapitalista en construcción, que tiene como horizonte la revolución socialista. En su corto caminar, ha ido abrazando la lucha ecosocialista, feminista e internacionalista. Su domicilio permanente es al interior de las trincheras del poder popular, impulsando la “otra educación”, para ir forjando desde abajo una nueva sociedad. En menos de dos años, Libres del Sur ha crecido a nivel nacional, encontrándose presente en gran parte de las regiones del país. Hoy camina rumbo a su primer congreso nacional. 

¿Cómo comprender la importancia de la abstención electoral y cómo defender desde la izquierda lo que llamaste “abstención bulliciosa”? 

Los altos niveles de abstención en las elecciones 2012 y 2013, son una expresión más de la crisis de legitimidad del actual modelo y su democracia neoliberal. Más del 56% de las y los chilenos decidieron no participar en las últimas dos elecciones, siendo parte de una abstención pasiva y silenciosa muy difícil de interpretar, más allá del descontento claro que tiene la sociedad con nuestra desacreditada clase política nacional. 

En ese escenario, he planteado la “abstención bulliciosa” en momentos muy específicos. Las dos ocasiones en la cuales he hablado de “abstención bulliciosa”, fue en la antesala de las elecciones primarias del 30 de junio del 2013 y en la segunda vuelta presidencial del 15 de diciembre del 2013. El común denominador de ambas elecciones, fue la participación exclusiva de las dos caras del duopolio político chileno: La derecha y la “nueva mayoría” (ex Concertación) 

Por tanto, la abstención en sí es un mero reflejo de la crisis del Chile actual, que al final del día se convierte en un dato estadístico electoral más. Mientras tanto, la convocatorio a una “abstención bulliciosa” en las instancias donde solo participan las candidaturas sostenedoras del modelo neoliberal, es un acto político de propuesta-protesta. Es no esperar los resultados de la “fiesta democrática neoliberal” en la casa, ocupando esa instancias para incrementar los niveles de ilegitimidad de nuestra “democracia”, a través de las acciones directas bulliciosas y mediáticas. 

¿Cómo analizar la integración del PC a la Nueva mayoría y sus efectos políticos a corto y largo plazo? 

La integración de la organización política más longeva de Chile a la “la nueva mayoría” la podemos analizar desde tres esferas. Una es la histórica, donde en distintos momentos de la historia, los comunistas chilenos han sido parte de coaliciones amplias, cohabitando con sectores domiciliados fuera de las izquierdas. Esto ha respondido a su política clásica de “revolución democrática burguesa” y “etapista”. La otra, es la “solución pragmática” que le dan a su ostracismo político institucional durante 36 años. Para los comunistas, es fundamental la acción parlamentaria y apostaron por negociar con la concertación el 2009 y la nueva mayoría el 2013 por escaños parlamentarios seguros, que hoy los tiene con 6 diputados en el congreso. La tercera, es la afinidad real que tienen con la “ofertona” progresista programática del nuevo gobierno de Bachelet, que se amolda bastante a su estilo conservador desde la izquierda. 

El PC chileno en su política histórica de colaboracionismo siempre ha salido trasquilado, su pragmatismo político ya le ha generado un gran desprestigio en el mundo social y su reciente decisión de participar en gabinete del gobierno neoliberal de Michelle Bachelet lo coapta a ser parte de las luchas populares y ciudadanas venideras, siendo destinado a ser el pelo de la cola de la nueva mayoría. Pelo de la cola inserto en un aparataje estatal bastante lucrativo. 

A corto plazo, sus efectos han sido abandonar un espacio dentro de la izquierda en las últimas elecciones. Otro ha sido como ya mencioné, el desprestigio dentro del mundo social, dando como principal ejemplo que las juventudes comunistas han perdido la totalidad de las federaciones estudiantiles que tenían el año 2011. El efecto más importante a mi juicio, es que la integración del PC al nuevo gobierno, le ha quitado el monopolio de la izquierda y se han ido visibilizado la alternativas anticapitalistas con mayor claridad 

Sus efecto a largo plazo, dependerán de su accionar en el próximo gobierno de Bachelet. Lo que sí es seguro, es que su giro a la derecha cuando era fundamental bifurcar a la izquierda, le traerá consecuencias negativas dentro de los sectores que se jactan representar. 

¿Cuáles son las perspectivas para la re-organización de una izquierda anticapitalista amplia en Chile, cuando parece primar todavía la fragmentación y la marginalidad? 

La reconstrucción del movimiento popular y la construcción de alternativas anticapitalistas serias, es el gran desafío que tienen las izquierdas comprometidas con transformaciones radicales para Chile. Este desafío no es fácil, entendiendo el nivel de atomización y desconfianzas al interior de las izquierdas chilenas. En el caso particular de la izquierda anticapitalista, se incrementa por la transmisión de “rencillas” de generación en generación, entre las matrices políticas culturales y al interior de estas mismas. 

Las perspectivas deben girar en encontrar los puntos de convergencia para articular las luchas multisectoriales. Entre más se encuentren las organizaciones y la militancia de la izquierda anticapitalista, existen más posibilidades de superar la atomización vigente de nuestro sector. Esta unidad se debe forjar en tiempos no electorales, desde las luchas concretas. Las confianzas políticas encontrarán ahí el espacio ideal para forjar mayores niveles de lazos. 

Otra gran tarea medular al interior de la izquierda anticapitalista, es fomentar el debate teórico entre las organizaciones y sus militantes. Un debate fraterno, en torno a las cuestiones estratégicas. Un debate de ideas, carente en las últimas dos décadas. Un debate, que abra las posibilidades de deliberar colectivamente en el futuro. 

La fragmentación y la marginalidad política son herencia de las izquierdas del siglo XX. La gran tarea es construir una izquierda anticapitalista para el siglo XXI, con vocación de unidad en la diversidad, con vocación de mayorías en su convocatoria y con vocación de poder real, no sólo discursivo, sino que inteligente y sediento de derrotar al capitalismo y sus sostenedores. 

El movimiento de pobladores y las futuras convergencias desde “abajo”  

Entrevista con Roxana Miranda , ex candidata a la presidencia de la Republica y presidenta del Partido Igualdad y Cristian Cepeda, miembro del Partido Igualdad 

Si puedes presentar en pocas palabras el Partido Igualdad y su historia 

El Partido Igualdad inicia su proceso de legalización el año 2010 y se transforma en Partido de carácter nacional recién en mayo del 2013. Legalmente está presente en las regiones 8 regiones a nivel nacional; Arica, Iquique, Antofagasta, Coquimbo, Metropolitana, Valparaíso, Concepción, Coyhaique. Como organización política ha participado de la elección municipal del 2012 y de la elección presidencial del año 2013. El Partido Igualdad se define a sí mismo como un instrumento de los movimientos sociales para generar una transformación revolucionaria desde abajo. Es anticapitalista y su lema es: "Que el Pueblo Mande". 

¿Cuál es el balance que hacen de la candidatura y de los resultados de Roxana Miranda? 

Lo primero es señalar que desde el inicio asumimos que la presentación de nuestra candidatura no se enmarcaba en una lógica electoralista. Es decir, el éxito o fracaso de la campaña no se podría medir en votos. Y lo segundo es que tampoco nos interesaba hace “un saludo a la bandera” o levantar una candidatura testimonial. 

Nuestro objetivo político, en este contexto electoral, era usar la coyuntura para poder proyectar a nivel nacional una alternativa política revolucionaria, que quebrara tanto con los discursos como con las prácticas de la izquierda tradicional. 

Levantar y sostener la candidatura de Roxana Miranda tenía como objetivo poner al Protagonismo Popular como uno de los elementos estructurales de este nuevo período. 

Por ello, en términos de balance, si bien somos absolutamente conscientes de que un resultado en cifras de 1,3% es bajo, o marginal, como se ve desde quienes leen la política con las lógicas del poder, también asumimos que la instalación de nuestra propuesta fue mucho más allá de lo que esperábamos. 

El discurso de Roxana Miranda logró impactar por su simpleza y sinceridad, quebrando los marcos “tecnocráticos” del restringido “Club” de los autorizados para hacer y hablar de política en Chile. Se encaró a los poderosos y se develó la crueldad con la que este sistema económico trata a millones de chilenos. No se buscó teorizar, ni templar los discursos sino develar que un segmento de esta población está cansada del sistema de partidos políticos y su rol servil ante los grandes empresarios. 

La sencillez, pero fuerza, de la candidatura permitió instalar en la cabeza y el corazón de cientos de miles de chilenos la “loca” idea de que tal vez el pueblo pueda mandar en este país. Un germen de rebelión que aún está por desarrollarse, pero en el cual desde ya el Partido Igualdad es visto como un actor relevante. 

Desde el punto de vista negativo, uno de los objetivos políticos del Partido Igualdad era ser parte de esta coyuntura electoral en el marco de una Convergencia Política con todos aquellos actores anticapitalistas que estuvieran fuera del eje Concertación + Partido Comunista, (incluido el PRO). Claramente este objetivo no pudo cumplirse, ya que el conjunto de las fuerzas anticapitalistas carga aún con la pesada mochila de las desconfianzas y los objetivos propios. La apuesta por el protagonismo popular no fue aceptada por muchos de los colectivos y movimientos de la izquierda anticapitalista, quienes priorizaron viejas concepciones de la política y se enmarcaron en apuestas electoralistas. 

Otro elemento negativo fue la incapacidad de la propia estructura del Partido Igualdad de acumular el tremendo impacto comunicacional de la candidatura a nivel nacional. Igualdad, que aun no finaliza su proceso de legalización y articulación nacional, pudo solo en algunos lugares proyectarse como una fuerza político-organizativa real, quedando como tarea pendiente el desarrollo de una estructuración nacional real. 

¿Cuál es el papel que podría jugar en los próximos meses el movimiento de pobladores para la reactivación de las luchas sociales pero también en vista a la constitución de un movimiento anticapitalista en Chile? 

El recién acabado proceso electoral ofrece muchas claves sobre aquello que es preciso superar para lograr una verdadera convergencia entre los distintos colectivos anticapitalistas. Y sin duda lo primero es ponernos de acuerdo en algunos elementos que son centrales para el próximo período. 

Nosotros creemos que en el período que se viene, el rol que le cabe a los movimientos sociales es central. Las promesas de Bachelet y de la Nueva Mayoría no serán cumplidas y por lo tanto nos cabe el rol de encabezar el descontento y deslegitimar no solo un gobierno, sino todo el sistema de partidos. 

La confianza para la generación de alianzas con los sectores en lucha del pueblo mapuche, los estudiantes secundarios, los trabajadores, los pobladores se dará en la práctica concreta de la movilización. Necesitamos de un proyecto común que surja de estos procesos de lucha y que sea en ellos en donde los liderazgos y las legitimidades se construyan. 

Las mesas políticas son útiles, pero dejan mucho espacio para los discursos estériles y las viejas y malas prácticas. Las futuras convergencias tienen que ser construidas teniendo como base a todos aquellos sectores que encabecen las luchas por venir. Ahí es donde apuesta a estar el Partido Igualdad y los movimientos que los componen. 

Los desafíos del movimiento estudiantil y la lucha por la reconstrucción de la izquierda radical  

Entrevista con Sebastián Farfán Salinas , ex miembro de la mesa ejecutiva de la Confederación de Estudiantes de Chile ( CONFECH), encargado nacional de la Unión Nacional Estudiantil (UNE) y candidato a Diputado por el movimiento “ Todos a la moneda ” y Carla Amtmann Fecci , ex Presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Valparaíso (2008-2009) y Vocera de Marcel Claude durante la campaña presidencial 

¿Cuál es el balance que hacen de la candidatura y de los resultados de Marcel Claude y del movimiento “Todos a la Moneda”? 

El movimiento “Todos a la Moneda” significó un gran aprendizaje político. Las condiciones de este proyecto eran particulares ya que surgían en un momento en que los movimientos sociales comenzaban a levantar la cabeza con un programa y contenidos rupturistas con el modelo neoliberal instalado en nuestro país. Bajo esa óptica, existía la posibilidad política de que levantásemos nuevas referencias políticas con el objeto de proyectar una izquierda protagónica en vistas al escenario que se abriría con el nuevo gobierno a partir del 2014. Nuestros objetivos por tanto eran muy concretos para el escenario que enfrentábamos, sobre todo considerando que este proyecto seria enfrentado sin el Partido Comunista, luego de su viraje hacia la Concertación. En primer lugar, buscábamos visibilizar un programa de transformaciones sociales profundas que dejara en claro que lo expresado en los últimos años en las calles, tiene un contenido de ruptura con el modelo. En segundo lugar, queríamos referenciar una alternativa en el escenario político nacional. En tercer lugar, buscábamos un espacio de construcción para la izquierda revolucionaria chilena que nos permitiese fortalecer lazos y proyectos. 

Como proceso político, creemos que los objetivos se cumplieron en la medida que esto significó un gran aprendizaje, la construcción de un programa, posibilidad de levantar liderazgos, etc. Sin embargo, estos avances se vieron opacados con los resultados electorales que a nuestro juicio fueron un fracaso. El 2.8% significó un duro choque con la realidad, sobre todo considerando que las expectativas de todos los sectores políticos, los medios de comunicación y de nosotros mismos eran mucho más altas. 

Dentro de esto hay un importante proceso de evaluación que debemos realizar, que dice relación con las causas de este bajo porcentaje. Para nosotros es clave no focalizar las razones en responsabilidades externas –las condiciones objetivas siempre serán más desfavorables en comparación con las candidaturas del bloque dominante- y hemos de lograr focalizarnos en lo que se hizo mal. La carencia de un análisis electoral certero, la débil claridad en la focalización del nicho programático al cual se buscaba apelar, el bajísimo despliegue orgánico, como también las dificultades en los necesarios procesos de convergencia, son algunos de los ejes relevantes que nos permiten entender el resultado. Por consiguiente, nos quedan importantes aprendizajes y desafíos en el plano electoral que hay que saber enfrentar de mejor manera, entendiendo que este proyecto se levantó en su mayoría por organizaciones sin experiencia electoral, o con experiencias previas incluso muy por debajo de los resultados hoy obtenidos. 

Esto nos deja la difícil tarea de sobreponernos a este hecho, buscando levantar una izquierda protagónica, sobre todo al calor de las próximas luchas sociales que se avecinan. Cargamos hoy con una gran mochila de experiencias, así también con nuevos liderazgos como nuestro compañero Sebastián Farfán o el luchador por el agua Luis Soto, que en las disputas parlamentarias sacaron buenos porcentajes. 

Después del intenso ciclo de luchas estudiantiles del 2011-2012, ¿cómo ven el programa de “profunda” reforma educacional prometido por Bachelet y la llegada al parlamento varios líderes del movimiento? 

Sobre las reformas de Bachelet, pensamos que el nuevo gobierno de la Concertación, hoy bautizado como Nueva Mayoría, representa un intento de cooptación por parte de la elite hacia los movimientos sociales. Fundamentalmente lo que buscan es “echarse al bolsillo” a los movimientos sociales, aislar a la izquierda y bajar los niveles de conflictividad social que se han levantado en el país. En conclusión, el principal objetivo de Bachelet es recuperar el consenso de la elite. Por esta razón también, el gobierno de la Nueva Mayoría es quien da mejores expectativas a los grandes empresarios y por eso muchos la apoyaron. Teniendo esto claro es que se comprende él porqué las propuestas de Bachelet han estado llenas de titulares pomposos, pero sin contenidos, algo que ya ha denunciado la CONFECH. No nos hacemos ilusiones con el gobierno de Bachelet y decimos claramente que el gobierno de la Nueva Mayoría no es nuestro gobierno. 

Por ello, específicamente la reforma educacional es por sobretodo una consigna, pero que en el plano de contenidos no ataca el problema central que desde el movimiento estudiantil se denuncia y que dice relación con la prevalencia de un sistema privatizado y de lucro por sobre uno público, como también de un Estado subsidiario por sobre uno garante. Podemos alcanzar ciertos porcentajes de educación gratuita, pero si aquello no va acompañado con una política de fortalecimiento del sistema público, con la entrega de recursos a dichas instituciones sin fuga hacia el sistema privado, como a su vez con un sistema de ingreso y de calidad que proyecte al sistema público, la gratuidad terminará siendo sólo una formalidad y un nuevo tipo de traspaso de dineros hacia privados, y el programa de Bachelet solo una distorsión mal intencionada de lo que se ha manifestado desde las calles y aulas universitarias. 

Ahora bien, la llegada de varios ex dirigentes estudiantiles al parlamento tampoco es garantía de avances, puesto que tanto Camila Vallejo como Giorgio Jackson llegaron de la mano de la Nueva Mayoría al parlamento con apoyos explícitos a Bachelet. Solo Gabriel Boric llegó de manera independiente al parlamento, pero su soledad en ese espacio será brutal y su rol por sobretodo será central en la vinculación con el movimiento estudiantil. En este sentido el hablar de una “bancada estudiantil” es una ilusión –y el mismo PC ya le cerró puertas a esa posible articulación-, puesto que ellos responden a sus conglomerados y si bien hoy se sirven un buen plato de comida deberán pagar la cuenta. Aun con esta visión crítica, creemos que la llegada de estos nuevos liderazgos al parlamento, y el respaldo ciudadano que tuvieron, es signo de los nuevos aires que recorren Chile. Implícitamente la gente voto con ellos con la ilusión de cambios, por lo que también es una señal política. 

¿Cuál es el papel que podría jugar en los próximos meses el movimiento estudiantil para la reactivación de las luchas sociales anticapitalistas? 

Inevitablemente el 2013 la contienda electoral se “comió” la agenda política, algo que habíamos advertido que sucedería en un país como Chile, haciendo aún más relevante y necesario el participar de esta contienda levantando nuestras banderas como izquierda, coyuntura que no se podría entender si no es con el ciclo de movilizaciones previos. El 2011, fuimos capaces de cambiar el eje de debates de nuestro país y luego del reacomodo de fuerzas en las alturas, con la llegada de Bachelet al gobierno, es el momento de que los movimientos sociales vuelvan a tomar la palabra. En esto, el movimiento estudiantil inevitablemente será clave. 

Ahora tenemos, nuevamente, el desafío que los siguientes años la palabra la vuelvan a tener los movimientos sociales y los trabajadores. 

Se deberán levantar con mucha más fuerza la bandera de la educación como derecho ante los peligros de cooptación y aislamiento, buscando que seamos nosotros quienes tengamos la agenda en nuestras manos y no el gobierno. Junto con eso se debe tener mucho mejores lazos con diversos movimientos sociales que se levantan en el país y que, también, comenzarán a salir con fuerzas a las calles. Ya el movimiento de recuperación de las aguas, con el gran liderazgo de Rodrigo Mundaca, ha anunciado una primera movilización en Abril del 2014. El movimiento estudiantil debe hacerse presente. Los trabajadores del cobre y portuarios se han constituido en una fuerza política con un gran nivel de organización y presión sobre los empresarios. Los estudiantes deberán estar junto a ellos. 

Por último, la correlación de fuerzas interna en la principal organización estudiantil para el 2014, que es la CONFECH, permite señalar que una orientación de lucha contra el gobierno de Bachelet está asegurada. En esa tarea la Unión Nacional Estudiantil, tendrá un rol importante por ocupar roles relevantes en la CONFECH. En este sentido, nos jugaremos con todas nuestras fuerzas por impulsar la lucha estudiantil, para fortalecer la lucha popular y que eso nos permita proyectar, en mejores condiciones, las posibilidades de levantar una alternativa anti capitalista, más consolidada y que este en el centro del escenario político de Chile. 


Notas

1/ Ver: “Domingo de elecciones en Santiago de Chile”, Le Monde Diplomatique, www.rebelion.org/noticia.php?id=178394 y “La presión de las luchas impulsa un gobierno social-liberal”, Viento Sur, www.vientosur.info/spip.php?article8613

2/ Denominaciones populares a las movilizaciones de estudiantes secundarios. La primera deriva de la pequeña maleta (mochila) que usan en sus espaldas para transportar sus útiles escolares, y la segunda, evoca la semejanza entre las multitudinarias marchas de niños y adolescentes con uniformes escolar (de color azul y blanco) y las bandadas de pingüinos.


Fuente: http://puntodevistainternacional.org/articulos-y-noticias/internacionalismo/271-bachelet-alternativas-luchas.html

Chile: La batalla de los trabajadores del mar



Andrés Figueroa Cornejo
Rebelión, 19 de enero 2014


“¿Por qué me desenterraste del mar?” 

 Rafael Alberti  

 1. Mientras por arriba se espera el fallo oficial de la Corte de la Haya respecto de las reyertas limítrofes entre los Estados de Perú y Chile, y en una maniobra de sainete se ‘desintegra-depurándose’ el partido del presidente Piñera, Renovación Nacional, en la vida real la huelga de los trabajadores portuarios hace historia. 

 Sobre el dictamen internacional a favor de Perú, cuyos efectos concretos no se verán salvo en las tiras cómicas y mapas escolares, los capitales transnacionales de asentamiento chileno en plena expansión en el mercado peruano, como el pronorteamericano tratado de libre comercio Alianza del Pacífico (Chile, Perú, México, Colombia y Panamá), organizan y ponderan las reacciones de ambas cancillerías. Los más pacientes sabrán escuchar las bravatas abanderadas de rigor, y habrá algún incidente menor para ilustrar las querellas. 

 En cuanto al partido de gobierno, Renovación Nacional –variante aparentemente menos conservadora que la derecha militarizada (UDI)-, su desmantelamiento es un ejercicio de oportunismo y espléndida reformulación, tal cual un banco quebrado cuyos accionistas más audaces retiran los pocos papeles con algún valor que restan ante el desastre del emprendimiento. Un modelo de resiliencia y capacidad de flotación que puede seguirse por televisión abierta. 

 Pero la huelga portuaria es lo importante. 

 2. Las condiciones salariales, laborales y contractuales de los trabajadores portuarios en Chile son paradigma de una de las formas que el capitalismo emplea en la actual fase para intentar amortiguar la caída tendencial de sus utilidades a través de la intensificación de la explotación del trabajo humano en el área de las exportaciones, clave y sentido de la economía dependiente chilena. 

 En términos inmediatos, las demandas de los hombres de mar y de la comunidad que gira y sobrevive a su alrededor sintetizadas en la paralización de faenas que arrancaron en los puertos de San Antonio y Mejillones tienen que ver con los sistemáticos incumplimientos de las administraciones del Estado, tanto de la ex Concertación, como de la Alianza (*). La reivindicación de fondo apunta al fin del subcontratismo, la tercerización, el subempleo. Esto es, al término de uno de los modos capilares de acumulación, concentración y reproducción capitalista a escala mundial. 

 Debido a lo anterior la artillería estatal, empresarial y sus extensiones representativas en el sistema de partidos políticos funcional, se ha descargado con saña sobre el movimiento que comenzó la última semana de 2013. La represión, amenaza y hostigamiento se han manifestado a través de los cercos de la policía militarizada y la Armada, las penas del infierno de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC, gremio empresarial) debido a las ‘pérdidas millonarias’ en materia de exportación, daño a imagen-país a la hora del examen de las evaluadoras de riesgo internacionales por ‘falta de disciplinamiento laboral’ y eventual retraso de compromisos comerciales; y el tradicional chantaje de los camioneros –peonada y carne de cañón del capital-, que dramatizan presiones de ‘solución urgente’ sobre el gobierno para que intervenga con mayor protagonismo. Naturalmente, y como si fuera poco, la lucha portuaria ha debido encarar rompehuelgas, dirigentes falsos, distorsión mediática de sus objetivos, etc. 

 En tanto, la solidaridad activa de sectores mineros y estudiantiles al interior del país (y solidaridad amplia de otros ámbitos del trabajo, de formaciones de DDHH del siglo XXI y de pueblo organizado), como internacional, se multiplica por minuto. Sin embargo, aún resulta insuficiente. 

 3. Si bien las revoluciones sociales no las hace el sindicalismo, sino que el conjunto mayoritario de los oprimidos -donde los trabajadores cumplen un rol estratégico por su situación objetiva, sentido y posibilidades de aportar a la ingobernabilidad y a la conducción política de un pueblo insurrecto-, la lucha portuaria hoy, con su solo movimiento y resistencia, construye las condiciones de la superación de la mansedumbre, resignación, fatalismo y ausencia de disposición combativa de la fuerza asalariada en Chile e incluso de sus instituciones convencionales. 

 En este sentido, la incorporación subsidiada electoralmente de la dirección del PCCh a la ex Concertación (hoy, Nueva Mayoría) a cambio de vaciarse poli-éticamente, se ha expresado en la conducta del directorio de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), cuyo silencio frente al conflicto portuario descubre su funcionalidad sistémica para la contención social. Y atención, que el descrédito de la militancia bacheletista que hegemoniza el directorio de la CUT no tiene nada que ver con alguna conspiración solapada y febril del también ineficaz ‘sindicalismo rojo’. La prioridad estratégico destructiva contra los trabajadores organizados (ejecutada con venganza cerebral, criminal y luego legal) desde la madrugada de la contrarrevolución capitalista inaugurada por la dictadura militar de 1973 y profundizada durante los gobiernos civiles desde los 90’, debilitó hasta la propia posibilidad de existencia de un sindicalismo economicista tradicional. 

 Por ello la batalla de los portuarios marca una inflexión histórica. Y por eso los portuarios en particular son promesa de polo, eje tractor y puesta al día del nuevo sindicalismo chileno. 

 4. Así como los niños no salen de un repollo, los movimientos sociales no son espontáneos. Tienen historia. Y la historia de la batalla de los trabajadores portuarios ha cumplido plazos, quemado alternativas, combatido muchas veces. El pueblo trabajador del mar privatizado de Chile (cuyo lugar en el mundo es apenas un borde costero apretado contra la armadura andina) es hoy resultado y resumen de las transformaciones capitalistas llevadas a su propio límite. De allí la radicalidad de la organización portuaria, su escepticismo ante las promesas de las administradoras ejecutivas del Estado, del empresariado y del sistema político. Si bien siempre existen los peligros de la cooptación de sus liderazgos, esta vez los portuarios han tomado precauciones, adoptando la arquitectura democrática de los estudiantes secundarios y del pueblo mapuche: vocería en permanente evaluación y potencial revocabilidad. 

 Las articulaciones políticas anticapitalistas no pueden restarse de semejante experiencia. De hecho es precisamente en el movimiento real que resiste y en cuyo seno están los materiales de la superación del sindicalismo de la obsecuencia, donde debe navegar la rebeldía cuando se trata del territorio del trabajo. Poniéndose a disposición y ofreciendo destrezas complementarias, compartiendo y sistematizando aprendizajes en la práctica concreta, politizándose mutuamente. Hermanándose. 

 También de esa reunión infatigable, auténtica y fraterna amanece la conducción política autorizada para revolucionar la vida. 

 *Respecto de los antecedentes generales, contexto y aspectos del proceso que enmarcan el actual conflicto, pueden revisarse las siguientes entrevistas con dirigentes portuarios realizadas durante los últimos 7 años: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144478, 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=107875, 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=105483, 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=100113, 

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=56187 


Ariel Dorfman: Chile, más allá de los insultos


Una sola vez tuve el desagrado de ver en acción, de cerca y personalmente, a Evelyn Matthei, la candidata derechista que aspira a ser presidente de Chile y que este domingo 15 de diciembre ha de ser derrotada en forma contundente por Michelle Bachelet.

El encuentro –si así se lo puede llamar– sucedió el 8 de octubre de 1999, casualmente en la ciudad de Londres. Un año antes, los ingleses habían detenido al general Augusto Pinochet por crímenes contra la humanidad y ese día se esperaba que el juez británico Ronald Bartle dictaminara si había razones para extraditar al ex dictador chileno a España.

Como me encontraba de paso en Londres para asistir con mi mujer Angélica a un festival literario, decidí caminar, temprano por la mañana, hasta la Magistratura de Bow Street.

Me dio la bienvenida un ruido ensordecedor. Separados por un fuerte contingente policial, dos grupos de chilenos se enfrentaban con furia: la banda más numerosa, hombres y mujeres que habían sido torturados por la policía secreta de Pinochet antes de que los expulsaran del país, trataban de callar a gritos a la otra caterva vociferante que acababan de volar a la capital inglesa desde Santiago para ofrecer apoyo a su héroe preso. Se rumoreaba que el pasaje a Londres, amén de su estadía, corría por cuenta de la Fundación Pinochet, organizadora de lo que se llamaba, jocosamente, los “pinotours”.

De pronto, desde las entrañas iracundas de la multitud pinochetista, surgió una figura que yo había visto únicamente en fotos y por televisión. Era Evelyn Matthei, entonces senadora, recién llegada de Santiago, y famosa por la vulgaridad con que trataba a sus adversarios. Pero nada me había preparado para la cloaca de improperios que brotaron de su boca. Insultaba a los exiliados con una serie de exabruptos soeces que prefiero, por discreción, no reproducir acá, pero que no dejaban muy bien a la madre o la orientación sexual de aquellos que, a pocos pasos de ella, clamaban por justicia.

La grosería de la Matthei resultaba aún más chocante al provenir de una mujer elegantemente vestida, cuyas manos alzadas como garras habían tocado delicadamente el piano, una vocación que, para el colmo de las ironías, había perseguido precisamente en este mismo Londres décadas atrás. Más inquietante fue la lenta realización de que aquellos que recibían tal asalto verbal estaban escuchando las exactas, hirientes palabras que habían acompañado la tortura sufrida en los sótanos de la dictadura. La flamante pinochetista replicaba, supongo que inconscientemente, una situación traumática, retornando a las víctimas al momento de su más brutal humillación.

Recordando la vileza de ese momento catorce años más tarde, me doy cuenta hoy de algo que en esa ocasión ni yo ni nadie podría haber anticipado: Michelle Bachelet, la que es ahora su rival en la segunda vuelta presidencial, también había oído una similar jauría de agravios mientras la amenazaban y golpeaban cuando fue arrestada, junto a su madre, Angela Jeria, en enero de 1975.

¿Su culpa? Ser familia del general Alberto Bachelet que había aceptado un puesto de rango ministerial en el gobierno socialista y democrático de Salvador Allende. Y cuando Allende fue derrocado el 11 de septiembre de 1973, como tantos otros, el general Bachelet cayó preso, pagando con su vida aquella lealtad a la Constitución. En marzo de 1974 murió de un infarto cardíaco, directamente inducido por las torturas sufridas.

La paliza simbólica que Michelle Bachelet está a punto de propinarle en las elecciones venideras a la mujer que maltrató en Londres a sus compañeros de infortunio me llena, por lo tanto, de una íntima satisfacción. Esa victoria se vuelve aún más significativa si tanteamos la historia más personal de las dos contendientes.

Ambas se conocen desde pequeñas, cuando jugaban juntas en un barrio de Antofogasta, donde sus padres, oficiales de la fuerza aérea, estaban destinados. Mucho se ha escrito –y me incluyo– sobre la circunstancia extraordinaria de que Fernando Matthei, padre de Evelyn, fuera el mejor amigo de Alberto Bachelet. Y que meses después del golpe de Estado Matthei fuera nombrado director de la Academia de Aviación, teniendo una oficina en la proximidad del subterráneo donde maltrataban a su camarada de armas, sin que Matthei lo visitara ni levantara la voz para ayudarlo.

Si lo hubiera hecho, no podría haber llegado a ser ministro de Salud de Pinochet ni, poco después, miembro de la Junta Militar durante trece años.

Los hijos no son responsables de la cobardía de sus padres, ni tampoco de sus crímenes. Pero vale la pena notar que Evelyn, mientras los sicarios de Pinochet interrogaban a patadas a su compañera de infancia, estaba estudiando economía en la Universidad Católica de Chile, donde imperaban los “Chicago boys”, seguidores fanáticos de Milton Friedman, gurú de la libertad extrema de los mercados.

Sus políticas neoliberales de capitalismo salvaje y represión de los derechos de los trabajadores se convirtieron en la ideología dominante de la dictadura, medidas inmisericordes que Evelyn Matthei seguiría defendiendo como diputada y senadora, una vez que se restauró la democracia en 1990, y que quisiera ahora proseguir como presidenta.

Políticas que, no cabe duda, no habrá de llevar a cabo desde La Moneda. No hay, después de todo, mayor suspenso respecto del desenlace de las elecciones del 15 de diciembre, dado que Michelle Bachelet ya obtuvo en la primera vuelta casi el 47 por ciento de los votos, aventajando a su contrincante conservadora por 22 puntos.

Es difícil evaluar hasta qué punto influye en los electores la genealogía que une y divide a las dos candidatas, en vista de que durante la campaña actual no se ha hecho alusión alguna a ese extraño, contrastante, coincidente pasado. Se ha enfatizado más bien, y con razón, el futuro, debatiendo cuál de las dos mujeres puede resolver los urgentes problemas que aquejan al país, su desigualdad vergonzosa, su sistema educacional degradado por la avaricia, y cómo cambiar la autoritaria Constitución, fraudulentamente instaurada por Pinochet en 1980 y cargada todavía hoy de residuos indignos.

Pero es inevitable que la decisión de la ciudadanía sea vista también, debido a los apellidos y trayectorias de las antagonistas, como un referendo sobre el sucio legado de la dictadura. ¿Desean los chilenos que los gobierne la mujer que voló a Londres para defender al tirano que mató a tantos compatriotas suyos? ¿O prefieren a la mujer que fue ella misma víctima de aquel terror y que ha logrado sobreponerse al asesinato de su padre y a sus propios ayeres y tristezas para convertirse en el símbolo de un Chile donde nadie será sometido a tales ultrajes?

Tal vez este domingo 15 de diciembre Chile podrá por fin, de una vez por todas, vencer la sombra insultante que nos devora hace más de cuarenta años.

Ariel Dorfman es autor de Para leer al Pato Donald, La muerte y la doncella, y una gran variedad de obras, relatos, poemas y ensayos. Autor de Memorias del Desierto, ha escrito sobre la vida de los mineros de Chile para National Geographic. Estuvo a cargo de la Cátedra Mandela en Sudáfrica en 2010. Es profesor de literatura y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Duke, en los EEUU.