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Actualización sobre la crisis mundial  Por Julio C. Gambina 

El Economista de Cuba
10 de Octubre 2012


Se acaba de presentar el informe anual del FMI para el 2012 (1), algo así como su “memoria y balance”, donde se insiste en la continuidad y gravedad de la “crisis financiera internacional”, que nosotros preferimos caracterizar como “mundial y sistémica”, no solo financiera e internacional. 

 Apuntamos a destacar que más allá de lo financiero y lo económico, la crisis se proyecta en otros campos, tales como los alimentos, la energía, el medio ambiente, entre otros asuntos; y que no debe considerarse un problema entre naciones (internacional), aún cuando la gestión de la economía es nacional, porque el problema es global y se asocia al funcionamiento del orden mundial. 

 Pero más allá de la caracterización, desde el FMI se insiste que la crisis se proyecta por lo menos una década, según Pierre Blanchard, el jefe de los economistas del FMI. Sostuvo que entre el 2008 (estallido con la bancarrota en Estados Unidos, especialmente de Lehman Brothers) y 2018 es previsible la duración de la crisis mundial, con lo que aún restan varios años para ensayar los ajustes que promueve el organismo internacional y que sufren los pueblos del mundo. También para pensar en enfoques alternativos de política económica, incluso más allá y contra el propio régimen del capital. 

 Esa continuidad de la crisis es la razón por la cual, la titular del FMI sostiene en el informe anual 2012 que “sigue faltando confianza, persisten las tensiones en los mercados financieros y la recuperación es aún endeble. Entre tanto, el desempleo se mantiene en niveles inaceptables en demasiadas regiones y la estructura social está sometida a una presión creciente” y por ello llama a “restablecer la estabilidad económica y financiera internacional” para el crecimiento. 

 Como vemos, el pronóstico es delicado y la convocatoria es sesgada hacia el ajuste, para estabilizar las cuentas macroeconómicas de los estados nacionales que evidencian situaciones críticas. Además hay preocupación por las tensiones que devengan en conflictos sociales. No lo dice el Fondo, pero la indignación crece a escala global. 

 Más capital al FMI para el ajuste y el fetiche del crecimiento 

 Agregó Christine Lagarde, cuya asignación anual alcanza a 467.940 dólares anuales (unos 183.200 pesos argentinos mensuales al cambio oficial), que “Los países miembros manifestaron su confianza (en el FMI) a través de una ampliación de los recursos por un valor de 456.000 millones de dólares.” 

 Resulta increíble la apuesta y el compromiso de variados países con una organización co-responsable de una crisis que entre 2008 y 2009 consumió 25 billones de dólares en salvatajes estatales a grandes empresas y bancos. Gigantescos sueldos para gerentes de empresas, organismos y bancos contra el crecimiento del desempleo y la miseria, toda una realidad. 

 Esa ampliación de capital fue resuelta por el G20 en el 2010, y el FMI utiliza esa mayor capacidad financiera para “asesorar y asistir” a países en problemas, tal como lo hizo con la región latinoamericana en los 80´ y en los 90´ con los regresivos resultados por nosotros conocidos en deterioro de la calidad de vida de la mayoría de la población. 

 Incrementar los recursos del FMI consolida una institución para el ajuste y el empobrecimiento de la población mundial, algo que el propio Fondo reitera y sugiere en sus diagnósticos. Claro que el promedio de ingresos de los altos funcionarios del Fondo está, según el informe del FMI, en 312.934 dólares al año, unos 122.500 pesos argentinos mensuales al cambio oficial. Nada mal para recetar ajustes que derivan en alarmantes datos de desempleo y miseria. 

El diagnóstico del FMI señala las debilidades de la economía mundial, especialmente en la zona del euro, y donde “la mayoría de las economías emergentes y países de bajo ingreso siguieron experimentando un crecimiento sólido”. 

 Nada se dice que ese crecimiento significa, por ejemplo, excedentes en China destinados a la compra de bonos del tesoro de Estados Unidos; o expansión de las remesas de utilidades de las transnacionales que operan en esos países emergentes, acrecentando el fenómeno de fuga de capitales desde los países emergentes a los desarrollados. 

Se destaca en el informe del FMI como principales problemas el déficit fiscal y el elevado endeudamiento público. En el plano social sobresale el desempleo. Se califica la situación para el 2012 como de “una frágil y tímida recuperación”. 

La heterodoxia opina 

 Son los temas que en definitiva se discutieron en las jornadas monetarias del BCRA en la semana que pasó, ámbito que congrega buena parte del pensamiento económico heterodoxo mundial; y en el encuentro anual de Economía y Derechos Humanos que organiza la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, y que también convoca a heterodoxos y al pensamiento crítico regional y global. 

En ambas ocasiones la titular del BCRA, Mercedes Marcó del Pont coincidió en que la crisis mundial “será larga” y que “la economía argentina crecerá bastante menos que el año pasado”. La argumentación apunta a señalar el diferencial de crecimiento de la economía local respecto de la baja proyección de las economías del capitalismo desarrollado. 

Es curioso cómo se sostiene el fetiche del crecimiento. La apelación del FMI y del BCRA es al crecimiento, como si ese crecimiento pudiera asignarse equitativamente al conjunto de la población. 

 Las mismas autoridades económicas de la Argentina rastrean las causas de la inflación local en la concentración económica, fenómeno asociado a la propiedad privada y extranjera de las principales empresas fijadoras de precios. Son éstas las que captan lo principal de la renta social generada en la Argentina, más allá de los paliativos importantes de una política social masiva que se reconoce en 3,5 millones de asignaciones universales, o más de 2 millones de jubilaciones sin aportes previos. 

La extensión de la política social no define el núcleo de la acumulación capitalista, que sigue siendo predominante desde la ganancia, altamente concentrada en la cúpula del poder económico. Es un razonamiento válido para el país y para el mundo. 

Ajuste, desempleo y transición al socialismo 

La proyección para el 2013 es de recesión europea y desaceleración del conjunto de la economía mundial, con elevadas tasas de desempleo. El informe del FMI resalta que “Al cierre del ejercicio 2012, más de 200 millones de personas en todo el mundo estaban sin trabajo, y en algunos países del sur de Europa más de la mitad de los jóvenes no pueden encontrar empleo”. 

Es interesante verificar como el FMI convoca con un lenguaje ubicuo al ajuste en los países con problemas (Europa principalmente) y destaca que el crecimiento en los emergentes se debe a ajustes previos. 

 Así como el FMI muestra al capitalismo desarrollado el espejo del ajuste de nuestro países en décadas anteriores; los pueblos ajustados en la coyuntura debieran observarse en el espejo de las resistencias que en Latinoamérica generaron las condiciones para los procesos de cambio político que hoy se viven y se estudian con interés en todo el mundo, razón que explica la presencia de intelectuales en variadas jornadas de debate económico que se realizan entre nosotros. 

En rigor, no alcanza con análisis heterodoxos en el marco del capitalismo. El interrogante apunta a pensar más allá del capitalismo y en el tránsito de esta sociedad en crisis a otra, quizá en el rumbo del socialismo del Siglo XXI que sustenta la revolución bolivariana desde su afirmación electoral del 7 de octubre. 

 Nota: 1) Informe anual 2012. Trabajando juntos para apoyar la recuperación mundial. En:  http://www.imf.org/external/spanish/pubs/ft/ar/2012/pdf/ar12_esl.pdf
 (consultado el 6/10/2012). (Tomado de ARGENPRESS.info)

Alejandro Nadal: Desigualdad económica: las raíces de la crisis

12 de septiembre 2012
La Jornada

Hace cinco años reventó la burbuja de las hipotecas chatarra en Estados Unidos, arrastrando al sector financiero de ese país a una profunda crisis. En vista de que los títulos relacionados con esas hipotecas estaban diseminados por todo el sistema, el crédito interbancario se congeló y se paralizó el sistema bancario.

Debido a las interdependencias financieras las malas noticias no tardaron en llegar a Europa: los vientos de recesión contrajeron los ingresos fiscales, al mismo tiempo que se inyectaban recursos para estimular la demanda y se rescataba a los bancos con problemas. De ahí el aumento espectacular en los déficit de varias economías europeas y el surgimiento de la crisis de deuda soberana.

Pero la crisis global no es única y exclusivamente una crisis financiera. Tampoco es una crisis causada por simples “fallas de mercado”. Es una catástrofe de dimensiones macroeconómicas y no es posible pensar en su largo tiempo de gestación sin considerar las fuerzas macroeconómicas que la provocaron.

Una de esas fuerzas es la desigualdad económica. Sin un análisis cuidadoso de este hecho no se puede comprender la naturaleza y alcances del colapso. Lo cierto es que a mediados de la década de los años setenta, los salarios dejaron de crecer en las economías de Estados Unidos y las de los principales países europeos. Es un hecho de fundamental importancia: en términos reales, es decir, descontando los efectos de la inflación, los salarios dejaron de aumentar. Se rompió así la tendencia que venía manifestándose desde 1945 (los salarios habían seguido de cerca el incremento de la productividad). En 1973, la evolución de los salarios acusa una clara tendencia al estancamiento.

Una manifestación de este hecho puede observarse en la participación de la masa salarial en el ingreso nacional. Para el G-7, responsable de 50 por ciento del producto mundial (Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra, Japón, Canadá e Italia) la declinación de la masa salarial es notable a partir de 1975. Eso significa que durante los últimos 40 años los aumentos salariales fueron inferiores a los incrementos en la productividad y las ganancias vieron aumentar su parte del ingreso nacional.

Aunque ya hemos señalado que el fenómeno se presenta en las principales economías capitalistas, las consecuencias no fueron siempre las mismas. En Estados Unidos el consumo siguió siendo el principal motor del crecimiento. ¿Cómo fue eso posible? La respuesta es que el retraso en el comportamiento de los salarios se acompañó de un fuerte crecimiento del endeudamiento de las familias. Los salarios fueron reemplazados por el crédito, como el principal instrumento para la reproducción de la fuerza de trabajo.

Este aumento en la deuda privada permitió mantener los niveles de vida a los que ya se había acostumbrado el grueso de la clase media estadunidense. La tasa de ahorro se desplomó estrepitosamente. Innovaciones como las tarjetas de crédito y otros instrumentos (como el uso de la apreciación en el valor de las casas como garantía para respaldar nuevos créditos en los años noventa) facilitaron el proceso. El sector bancario dio la bienvenida a esta nueva clientela mientras la desregulación bancaria, la bursatilización y una política monetaria acomodaticia dieron impulso al proceso. La mesa estaba puesta para la crisis.

En Europa el proceso fue diferente. En Alemania, por ejemplo, el ritmo lento de los salarios y los recortes en el gasto social se acompañaron de una caída en el consumo y un aumento en la tasa de ahorro. Debido a diversos factores, las familias alemanas prefirieron sustentar sus niveles de consumo a partir del ingreso corriente en lugar de recurrir al endeudamiento. Esto se tradujo en una importante represión de la demanda agregada, un freno para el crecimiento y un factor de desempleo. El descenso en el consumo doméstico tuvo que compensarse a través de fuentes alternativas de demanda agregada. Los mercados de exportaciones fueron la solución para este problema.

Tanto en el caso de Estados Unidos, como en Alemania, el estancamiento de los salarios provocó un aumento en la desigualdad. Esa intensificación en la desigualdad en casi todas las economías capitalistas en las últimas décadas trajo aparejada una mayor inestabilidad en los patrones de inversión. Pero también trajo consigo un incremento en los desequilibrios internacionales (entre países superavitarios y países deficitarios) que son un importante marco de referencia de la crisis global.

En los últimos días se anunciaron medidas para rescatar a la muy golpeada economía mundial. Tenemos la compra “ilimitada” de bonos soberanos por el BCE en el mercado secundario, anunciada por Mario Draghi. Y también el estímulo fiscal planeado en China. Pero ninguna de estas medidas ayudará a la recuperación y ciertamente tampoco son una respuesta al problema de los salarios reprimidos. La desigualdad seguirá siendo característica esencial de las economías capitalistas y la crisis se profundizará.