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El suicidio de la izquierda árabe


Alberto CruzCEPRID, Rebelión

16 de agosto 2013


"A veces la gente tiene una creencia fundamental muy fuerte. Cuando están ante pruebas que van en contra de esa creencia, la nueva la evidencia no puede ser aceptada. Se crearía una sensación muy incómoda, llamada disonancia cognitiva. Y debido a que es tan importante proteger esa creencia fundamental, se racionalizará, ignorará e incluso negará aquello que no encaja con la creencia fundamental". Frantz Fanon (“Los condenados de la tierra”)

Egipto estalló. Como era previsible. Y el estallido se ha llevado por delante a la izquierda árabe. Mejor dicho, a los restos de la izquierda árabe porque ésta, en realidad, se ha suicidado. La situación recuerda mucho a la película “La vida de Brian”, de los fantásticos Monty Python: en la escena final, un grupo de aguerridos –y bien armados- luchadores se acerca a quien consideran líder revolucionario, Brian, que está crucificado, y para salvarle… se suicidan. Pues eso viene haciendo la izquierda árabe desde las tan traídas y llevadas “primaveras”. Quien tenga interés en profundizar en la tesis de quien esto escribe que recurra a un viejo artículo de hace exactamente un año titulado "¿Dónde fueron todas las flores en la 'primavera árabe''?" (1). Quien no, que evite seguir leyendo y no pierda más el tiempo.

Si ya entonces no tenía ninguna esperanza en las revueltas, que no revoluciones, tan alabadas en Occidente por una progresía que nunca –reitero, nunca- ha tenido en cuenta la geopolítica (es evidente en Siria, pero este sector “progre” sólo parece comenzar a darse cuenta ahora, cuando se constata con toda su crudeza tras el golpe de Egipto), mucho menos cuando se observa la deriva de la izquierda árabe y su accionar en ellas. También ahora se comienzan a publicar críticas, de una forma aún tímida y que hasta este momento se han mantenido ocultas, de lo que hace la izquierda árabe. Hay miedo a que te etiqueten como un simpatizante de los islamistas y ya se sabe que luego es difícil quitarse esas etiquetas.

Pero cualquiera que tenga los ojos abiertos, no ya la mente, tiene que ver que si la izquierda árabe comenzó a ser irrelevante en la década de 1990 tras el golpe militar en Argelia, con la postura que ha adoptado en Egipto de apoyo al golpe militar y los llamamientos en el mismo sentido que está haciendo en Túnez sólo tiene un futuro: la nada.

Ha habido muchos analistas que se han dado cuenta que se puede hacer un paralelismo entre el golpe en Argelia de 1992 y el de Egipto en 2013, pero se cuidan muy mucho en decir que el golpe en Argelia fue impulsado por la Unión General de Trabajadores y el Partido de la Vanguardia Socialista. El Frente Islámico de Salvación había ganado las elecciones en la primera vuelta, iba a revalidar su triunfo en la segunda y eso había que evitarlo a toda costa. La UGT y el PVS no tuvieron ningún reparo en buscar el apoyo y la colaboración de los empresarios, agrupados en la Unión de Empresarios Públicos, y de los intelectuales, agrupados en la Coalición para la Cultura y la Democracia. Cuando esa gran Coalición Nacional para la Salvaguardia de Argelia tomó cuerpo el Ejército dio el golpe militar. ¿A qué recuerdan nombres como Frente de Salvación Nacional en Egipto y Túnez, y más cuando se constata qué fuerzas lo integran? ¿Y qué pensar cuando la Unión General de Trabajadores de Túnez da un ultimátum de una semana al gobierno de Enhada para la creación de un gobierno tecnócrata o “estará obligada a considerar otras opciones”?

Un refrán castellano dice que no hay peor ciego que el que no quiere ver puesto que lo de Argelia es exactamente lo que ha ocurrido en Egipto. Y es el camino que está recorriendo la izquierda en Túnez. Con la diferencia que en Egipto los islamistas habían triunfado en varias elecciones desde 2011 como han puesto de relieve algunos analistas como Esam Al-Amin, sin duda el crítico más lúcido sobre lo que está ocurriendo en Egipto (2).

Sin embargo, a Esam se le ha escapado algo. Es enternecedor ver cómo el nuevo ministro de Trabajo egipcio, Kamal Abu Aita, fundador de la novísima Federación Egipcia de Sindicatos Independientes y feroz crítico de la represión de los militares cuando éstos prohibían las huelgas en nombre del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y encarcelaban a los sindicalistas en los meses post-Mubarak bajo la acusación de “detener el ciclo productivo y socavar la economía”, ahora diga públicamente que hay que poner fin de inmediato a las huelgas y que “los héroes de las huelgas [de entonces] deben convertirse en héroes del trabajo y la producción”.

La pasada del flamante ministro ha sido de tal calibre que otros dirigentes sindicales de la FESI han salido a matizar que ellos no van tan lejos y se limitan a pedir “una suspensión de un año” de todas las huelgas para permitir las reformas dado que, de mantener esa forma de lucha obrera, “sólo serviría a la estrategia de los Hermanos Musulmanes”. Con mayores o menores matices es el mismo discurso que han utilizado otras organizaciones como la Federación Sindical Egipcia (el sindicato vertical de la etapa de Mubarak) y el Congreso Obrero Egipcio.

Combatividad sindical

En Egipto la única izquierda consecuente está en los sindicatos, los más combativos del mundo árabe. A pesar de la represión de Mubarak, militares e islamistas. Durante la etapa post-Mubarak y en plena represión militar del CSFA hubo 3.817 huelgas, más que las realizadas en los últimos diez años de gobierno de Mubarak. Y el movimiento sindical fue a más durante el gobierno de los Hermanos Musulmanes, con 5.844 huelgas, sufriendo también una dura represión anti-sindical: la policía llevaba perros con los que atacaba a los huelguistas. ¿Y ahora el ministro y los sindicatos piden que se desconvoquen estas formas de lucha? La combatividad de los trabajadores egipcios está fuera de toda duda, pero la presión que ejercen las cúpulas sindicales-políticas-ministeriales-comunicacionales es de tal calibre que no será extraño ver cómo se empieza a criminalizar a quienes no secunden esos llamamientos a abandonar la lucha obrera puesto que una gran parte de las huelgas que se han convocado hasta ahora se han hecho al margen de las incipientes estructuras sindicales.

¿Alguien en su sano juicio piensa que el nuevo gobierno va a cambiar un ápice la política económica neoliberal de Murabak, de la etapa post-Mubarak del CSFA y de los Hermanos Musulmanes? Estamos asistiendo a un claro intento de contener al movimiento obrero y controlarlo por completo. Hasta ahora todos los movimientos en ese sentido han fracasado. Pero en estos momentos la izquierda apela a la “legitimidad” de la nueva situación “que ha sido impulsada por la lucha de masas”. Es lo que dice, por ejemplo, la Corriente Popular Egipcia (nasserista). Y ese argumento, repetido machaconamente dentro y fuera del país, pesa mucho.

Aquí entra un nuevo debate: la sariyya (legitimidad). Para los Hermanos Musulmanes está en las elecciones que han ganado; para quienes apoyan a los golpistas está en la plaza Tahrir. Claro que hay más legitimidades, pero eso no interesa ni a unos ni a otros puesto que ambos se mueven dentro del sistema. Y el sistema acepta casi todo, una revolución nacional o burguesa, pero no una socialista que cambie el modelo económico. Así que cuando la izquierda sale a las calles arropando el llamamiento de los militares a “combatir el terrorismo” –que no hay- en nombre de la “legitimidad” de la nueva situación o bien está cavando su propia fosa o bien está reconociendo que nunca va a ir más allá de lo que el sistema quiera o bien está cimentando su camino hacia la nada puesto que el Ejército egipcio de hoy no tiene nada que ver con el de la época de Nasser (aunque el llamamiento a salir a la calle para apoyar su política se haya hecho el 26 de julio, día de la nacionalización por Nasser del Canal de Suez).

Eso ya es jugar con la psique de las masas puesto que, en contraposición a las nacionalizaciones de Nasser, los nuevos gobernantes van a profundizar las políticas neoliberales y privatizadoras impulsadas tanto por Mubarak como por los Hermanos Musulmanes. Si hubiese alguna duda que éste no va a ser el camino a recorrer ni Arabia Saudita, ni Qatar, ni los Emiratos Árabes Unidos, ni Kuwait, ni EEUU, ni la UE, ni el FMI se hubiesen aprestado a socorrer a Egipto con 12.000 millones de dólares ni a ofrecer su apoyo al golpe. Los nasseristas egipcios, tan contentos con el movimiento golpista militar, parecen obviar este simple dato.

Desde luego, quien en el mundo árabe se considere de izquierdas debería leer a Marx. Leer, no releer pues es dudoso que alguna vez lo haya hecho y si ha sido así hace mucho que se deshizo de este tipo de libros en su biblioteca. Y debería empezar por “El 18 brumario de Luis Bonaparte”. Los militares se quieren legitimar a sí mismos, y buscar esa legitimación entre las masas, vinculando ciertas iniciativas con fechas clave en la historia de Egipto, como la citada nacionalización del Canal de Suez. Marx ya explicó de forma magistral este comportamiento de la oligarquía política y militar en 1852, refiriéndose a Francia, pero lo sorprendente es que la izquierda no lo tenga en cuenta. Marx analizó la revolución francesa de 1848-1851; desarrolló aún más el principio fundamental del materialismo histórico, la teoría de la lucha de clases y de la revolución proletaria, la doctrina del Estado y de la dictadura proletaria; llegó por primera vez a la conclusión de que el proletariado triunfante tiene que destruir la máquina del Estado burgués. Pero claro, la izquierda de hoy no tiene el menor interés en destruir el Estado burgués ni en Egipto ni casi en ninguna parte.

Tal vez, sólo tal vez, haya una organización que sí está por la labor: los Socialistas Revolucionarios. Como toda la izquierda, saludaron con entusiasmo el golpe pero ahora parecen estar empezando a tentarse la ropa al constatar no sólo las matanzas de simpatizantes de los Hermanos Musulmanes, sino la continuación de las medidas represivas contra los huelguistas. Una dirigente de los SR, y a la vez cargo en la FESI, Fatma Ramadan, reconoce que el paternalismo de los militares es “un veneno mortal” para la clase obrera y tiene claro qué está pasando: “las demandas de los trabajadores son claras, trabajo para ellos y sus hijos, salario justo, leyes que les protejan frente a los hombres de negocios, planes reales de desarrollo, libertad de todo tipo, donde no haya torturas ni asesinatos; los trabajadores no se tienen que dejar engañar ni dejarse presionar con pretextos como combatir el terrorismo” (3).

Estas voces, claramente minoritarias hoy dentro de la izquierda, tienen una excelente oportunidad de redimirse del apoyo inicial al golpe volcándose con los huelguistas que se resisten a ceder a las presiones de los nuevos gobernantes para que depongan sus métodos de lucha. Otra vez son los trabajadores textiles de la combativa localidad de Mahalla al-Kubra quienes están en la vanguardia, manteniendo la huelga que iniciaron el 31 de julio por el retraso en el pago de salarios en dos empresas: Nasr Spinning and Weaving Company y Stia Spinning and Weaving Company. El lema que corean los huelguistas es claro: “no dejes que el Ejército te engañe”. En el momento de escribir este artículo la huelga cumplía una semana. Veremos si se gana o si los huelguistas son, como siempre, reprimidos por la policía.

Está claro que los llamamientos a la “paz social” se producen porque hay miedo a que la situación se vaya de las manos porque, y así hay que interpretar el golpe, el movimiento de masas desbordaba todos los planes tanto de la oligarquía egipcia –donde se sitúan los militares- como de la llamada “intelectualidad laica y liberal” –que jamás ha apostado por ningún cambio revolucionario en el modelo económico-, y de Arabia Saudita, Qatar o EEUU. Incluso de Israel.

La megalomanía de los Hermanos Musulmanes

Porque esta es otra faceta que la izquierda no tiene en cuenta: las implicaciones regionales de lo que ocurre en Egipto. Cualquier análisis que se haga, en Egipto y en otra parte, tiene que tener en cuenta la situación geopolítica y no verse de manera aislada. Quienes no lo hagan así sólo verán el árbol en vez del bosque.

Los Hermanos Musulmanes cometieron muchos errores pero uno, crucial, fue el intento de copar en poco tiempo todos los sectores de poder en Egipto, con lo que se enfrentó al mismo tiempo con militares, liberales y salafistas (financiados por Arabia Saudita). Es de suponer que esta afirmación se entienda a la primera al ver cómo estos tres sectores han coincidido en el apoyo al golpe cuando, aparentemente, los HM y los salafistas comparten los mismos intereses islámicos, como se puso de manifiesto en el año de gobierno de los HM.

Y junto a este error, otro no menos importante: los HM, pese a ser unos “hijos” de los intereses de Occidente en la zona –de forma especial de EEUU, con quien mantenían unas excelentes relaciones desde 2007- comenzaron a caminar en solitario intentando controlar todo el marco árabe donde se han producido revueltas: Túnez, Libia, Egipto, Líbano, Jordania y Siria. Fue aquí donde encontraron su primer freno: Arabia Saudita. Se dice que el embajador saudita en El Cairo presionó todo lo que pudo para evitar el triunfo de Mursi en las elecciones de 2012, lo que tiene sentido si se tiene en cuenta que Arabia Saudita fue el primer país en saludar el golpe militar y en felicitar al presidente interino.

Algunos han hablado del conflicto de poder regional entre Arabia Saudita y Qatar, con los primeros apoyando a los salafistas y los segundos a los HM. Pese a lo que se considera evidencias, no es creíble que un pequeño estado con menos de dos millones de habitantes se enzarce en una pelea de poder regional que sabía perdida de ante mano. Sí es cierto que entre los dos países ha habido fricciones por el control de la explotación de gas en la zona, por ejemplo, pero para quien esto escribe Qatar no ha sido sino el peón de avanzada de los sauditas mientras se dirimía la lucha por el poder dentro del propio régimen saudita, gobernado por una gerontocracia que lo ha paralizado durante año y medio, todo el tiempo que el rey Abdalá ha estado enfermo. Qatar aprovechó esa inactividad en política exterior saudita para moverse un poco a su aire, pero en realidad no había grandes diferencias en cuanto a los intereses de unos y otros sobre el tutelaje de las revueltas. Qatar hacía el papel de policía bueno y Arabia Saudita de policía malo. De hecho, los dos se han apresurado a enviar dinero a Egipto para sustentar al nuevo gobierno y es significativo que la primera visita a un país extranjero que ha realizado el nuevo emir qatarí, siguiendo la tradición de su padre, haya sido a Arabia Saudita. Todo está en orden en el Golfo.

El verdadero conflicto de poder dentro de Oriente Próximo se ha dado entre Arabia Saudita y Turquía, los dos países que emergieron como poderes regionales al inicio de las revueltas y tras constatar la pérdida de influencia de EEUU en la zona. Es muy significativo que los HM eligiesen Estambul como la sede de la reunión secreta que mantuvieron nada más producirse el golpe militar que les desalojó del poder en Egipto (4) y en la que se acordó la estrategia a desarrollar ante la nueva situación. No era una cuestión de proximidad, sino de padrinazgo.

También es significativo que Turquía haya condenado el golpe mientras que, como se ha dicho, los saudíes lo han apoyado. Y que en una medida sin precedentes, Erdogan haya decidido dar carpetazo a la rebelión de sus militares condenando, justo ahora, a importantes penas de cárcel a varios generales bajo la acusación de preparar un golpe de Estado en 2007. Es un mensaje claro: no va a permitir una alianza, como en Egipto, de militares y laicos contra su política en unos momentos en los que aún no se han apagado los rescoldos de las recientes protestas.

Sin embargo, Turquía ahora está atravesando graves dificultades tanto internas (las protestas y el acuerdo con los kurdos del PKK) como externas (los kurdos sirios y su anunciada decisión de proclamar en agosto una autonomía en el norte de Siria) que le hace ser más débil en esta lucha de poder regional. Ya no es el jugador explosivo que era hace dos años (Erdogan fue el primer dirigente musulmán en visitar Libia tras el derrocamiento de Gadafi, lo mismo ocurrió en Túnez y también fue uno de los primeros en visitar El Cairo tras el derrocamiento de Mubarak) aunque no ha perdido toda la fuerza que tenía. Este es el momento que ha aprovechado Arabia Saudita no sólo en Egipto, sino en Siria, imponiendo a su candidato entre las filas de los llamados “rebeldes”.

Mientras que Arabia Saudita y Qatar han ido de la mano y confluido en al estrategia sectaria contra los shiíes Turquía ha sido más cuidadosa en ese aspecto dadas sus buenas relaciones con Irán. No hay que olvidar que si bien Turquía ha sido una de las potencias impulsoras de la guerra en Siria, ha procurado canalizar su apoyo político y militar a las fuerzas menos sectarias, justo lo contrario que han hecho los otros dos países como acaba de reconocer la ONU afirmando que “el 60% de las armas que Arabia Saudita ha entregado a la oposición siria ha ido a manos de organizaciones vinculadas a Al-Qaeda” (5).

Tampoco debería sorprender el hecho de que los militares egipcios –con la aprobación o no del gobierno interino, que por lo menos no ha protestado esta decisión- hayan cerrado el paso fronterizo de Rafah, la única vía de escape que tienen los gazatíes para salvar el bloqueo de Israel, o que haya clausurado el 80% de los túneles que daban algo de vida a la empobrecida población de Gaza (6), o que una de las acusaciones a que se enfrenta Mursi sea sus vínculos con Hamás. Mursi se había movido un poco, sólo un poco, en lo que respecta a la relación con Israel pero eso fue considerado como una amenaza intolerable al status quo regional. El acuerdo de paz con Israel, estratégico para EEUU, tiene que mantenerse a cualquier coste. Incluso al de un golpe de estado.

Entre la ilusión y la ingenuidad

Y la izquierda egipcia mira a otro lado en este tema, como en otros, cuando no se hace vanas ilusiones sobre un “nacionalismo conservador antiimperialista” de los militares que ha sido repetido, como un mantra, por un sector significativo de la izquierda occidental. Incluso marxistas insignes como Samir Amin han calificado al Ejército egipcio como “una fuerza de clase neutral” tal vez arrebolados por la salida de mucha gente a las plazas –desde luego no 32 millones, como se ha dicho en una extraña coincidencia tanto desde los medios de izquierda como desde los de la burguesía-, en una especie de locura temporal que Frantz Fanon (otro autor al que habría que leer) llamaría disonancia cognitiva, como se recoge en la cita inicial de este artículo.

Desde luego, no se puede ser más ingenuo. La burguesía ha usurpado todos los símbolos de la izquierda, comenzando por el lenguaje. O más bien, la izquierda se ha entregado con armas y bagajes a la burguesía. Esto ha supuesto su suicidio. No es aventurado decir que la izquierda árabe camina hacia la nada. En ninguna parte del mundo árabe ha habido revolución alguna y el simple hecho de admitir que lo que está ocurriendo es una “revolución” supone una des-radicalización de las luchas que se hacen, desde ahora, siempre en los límites del sistema.

Un proceso revolucionario supone la transformación de todos –repito, todos- los aspectos de la sociedad y no sólo de las relaciones interpersonales, sino de los aparatos del Estado y de las relaciones económicas y de producción para acabar con todas las formas de opresión. En el mundo árabe no hay nada de eso, ni atisbos de ello ni a corto, medio o largo plazo. Aunque algunos todavía sueñen con la “revolución permanente” o “un proceso de larga duración en el que no hay nada decidido”. Aún siendo benévolo con ellos, olvidan la geopolítica. Como siempre.

Notas:

1.- Alberto Cruz, “¿Dónde fueron todas las flores en la ‘primavera árabe’?” http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1492

2.- Esam Al-Amin, “El gran fraude: Reflexiones en torno al golpe militar de Egipto” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=171657 Es de agradecer el excelente trabajo de la traductora Sinfo Fernández en temas árabes.

3.- Al-Manshour, 26 de julio de 2013, en árabe http://al-manshour.org/node/4316

4.- Islamic Invitation Turkey, 15 de julio de 2013.

5.- Al-Akhbar (Líbano), 2 de agosto de 2013.

6.- Al-Masri Al-Yawm (Egipto), 15 de julio de 2013. Hay que añadir que también Morsi clausuró, inundando de aguas fecales, aproximadamente el 10% de los túneles en un intento de congraciarse tanto con Israel como con EEUU. Si son ciertas estas cifras eso indica que Mursi y los militares que lo han depuesto, con el apoyo de la izquierda, habrían destruido el 90% de los túneles que llevan algo de vida a Gaza para paliar el bloqueo israelí.

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su nuevo libro es “Las brujas de la noche. El 46 Regimiento “Taman” de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial”, actualmente en imprenta y que será editado por La Caída con la colaboración del CEPRID. Los pedidos se pueden hacer a libros.lacaida@gmail.com o bien a ceprid@nodo50.org.

Fuente original: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1717

James Petras, Es absurdo sostener que lo de Egipto fue un "golpe democrático"



La Haine, 10 de julio 2013

Analistas como Samir Amin, que apoya el golpe, han perdido sus papeles al no mirar más allá de su anti islamismo ni identificar la trayectoria de los militares
  

El análisis de James Petras del lunes 8 de julio de 2013, por CX36, Radio Centenario desde Montevideo (Uruguay). www.radio36.com.uy - Puede escuchar/descargar aquí: https://soundcloud.com/nachov3/entrevista-realizada-a-jamesEfraín Chury Iribarne: Estamos dando los buenos días a James Petras, que como cada lunes a esta hora está en contacto con Radio Centenario desde Estados Unidos.

James Petras: Bueno, empezamos con Egipto, donde hay un panorama bastante complejo, donde se mezcla la izquierda, la derecha y el islamismo. En un panorama donde no hay claramente un movimiento, un proceso, con posibilidades democráticas.

En primera instancia, destacar el hecho de que el gobierno fue derrocado por un golpe de Estado militar, pese a que sectores de las masas anti Mursi, anti islámicos, sostienen que fue un “golpe democrático” lo que es absurdo. Los militares ya encarcelaron a cientos de simpatizantes del Partido Islámico, encarcelaron a sus líderes, intervinieron toda la prensa independiente, tratan de imponer controles sobre distintas actividades, nombraron a dedo al Presidente interino y siguen masacrando a la gente en las protestas, como ayer donde tiraron balas vivas y mataron a 53 personas e hirieron a más de 500. Es un golpe de Estado. Es un golpe militar.

Se señala que el de Mursi era un gobierno autoritario islámico. Pero de ambos lados hay una masa de gente apoyándolo. Sin embargo ambos lados tienen una cúpula de derecha, ofrecen apoyo al imperialismo. Me parece que los sectores progresistas que están en las plazas, que participaron de protestas contra Mursi, están totalmente confundidos cuando están aplaudiendo el golpe, porque piensan que los militares pueden de alguna forma abrir camino hacia una situación democrática constitucional, mientras que en toda su trayectoria, los militares han sido socios de Estados Unidos y colaboradores de Israel.

Analistas del mundo occidental como Samir Amin, que apoya el golpe, han perdido sus papeles al no mirar más allá de su anti islamismo e identificar la trayectoria de los militares. Es una alianza militar neoliberal y tiene sectores de izquierda en la cola, pero las masas no tienen ninguna influencia. Y la hoja de ruta que están proponiendo no tiene nada de democrática, porque los militares quedan con todo el poder.

Ahora, ¿cómo analizamos esta situación? Los Estados Unidos están en una situación donde tienen el miedo al problema de la inestabilidad; y miedo a la solución, que es una guerra civil que puede salírsele de las manos, y salirse del marco militar neoliberal. Por eso tiene una posición contradictoria, siguen sin llamarlo ‘golpe’ porque si lo hacen tendrían que cortar la ayuda de acuerdo a la legislación norteamericana, que dice que no pueden apoyar financieramente a un país donde hubo un golpe de Estado.

Por otro lado, quieren apoyar el camino nuevo de imponer a Mohamed Mustafa el-Baradei, ex funcionario del banco Mundial, como cabeza del gobierno. Por tanto, otra vez es un gran tema para la izquierda. Falta una organización de vanguardia, una organización capaz de encabezar la lucha de las masas, que mantienen su capacidad de derrocar gobiernos pero no tienen ningún papel para determinar las consecuencias. Ese es el drama en el caso de Egipto.

No es como en Argentina, donde las masas populares derrocaron al gobierno de (Fernando) De la Rúa (2001) y pudieron imponer una alternativa más progresista. En el caso de Egipto, crearon las condiciones para derrocar al gobierno pero no son los protagonistas ahora que el gobierno cayó. En otras palabras, la sola presencia de las masas en las calles –aunque sean millones de personas- no es determinante. Es el liderazgo político y el poder del Estado los que al final de cuentas determinan el resultado que va a tener una protesta o un levantamiento. En este caso me parece todavía muy negativo.

EChI: ¿Por tanto no es un levantamiento contra occidente ni contra el sistema neoliberal?

JP: Es un recambio de islámicos pro occidentales, pro Fondo Monetario, pro intervención en Siria, pro relaciones con Israel, por un gobierno militar neoliberal secular. En este caso el hecho de que haya un levantamiento popular no necesariamente indica un cambio.

Las posibilidades, pienso, pueden ser dos: Una guerra civil prolongada como la de Argelia en los ’90, donde murieron más de noventa mil personas terminando en un gobierno dictatorial que imponen los militares. Ser anti islámico no necesariamente quiere decir progresista. O lo otro que puede pasar, es una coalición entre neoliberales, islámicos y militares, una ‘troika’ que intente desmovilizar a la gente. De todos modos los problemas económicos siguen siendo enormemente graves y esta nueva configuración de liberales, militares e islámicos, no tiene ningún programa para mejorar la situación de desempleo y pobreza.

EChI: ¿Cómo está la situación en Siria a partir de estos hechos en Egipto?

JP: Lo que está claro es que Mursi apoyaba a los islámicos terroristas que estaban atacando el gobierno de Siria. Es decir, Egipto era un trampolín para muchos terroristas que iban directamente a Turquía para entrar en Siria. En otras palabras, la caída de Mursi va a postergar mayores intervenciones de los islámicos que están muy preocupados e involucrados ahora en el conflicto en Egipto.

Pero no creo que sea decisiva la caída de Mursi, aunque en algún sentido puede debilitar la salida de terroristas desde Libia a Siria, que utilizaban El Cairo como un centro de entrenamiento y de armamento, para intervenir. Sin embargo, los principales apoyos siguen: los países del Golfo con dinero y armas; Turquía con apoyo logístico, entrenamiento y armas; y el financiamiento de Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Todos ellos siguen montando esta agresión contra Siria. Pero en el último período, las divisiones internas entre los neoliberales y los islámicos, han debilitado la capacidad de los insurrectos de atacar. Eso se suma a que en los últimos tiempos el gobierno sirio está avanzando, desplazando a los terroristas en varios frentes y lugares estratégicos.

Entonces, sin resolver el conflicto en su totalidad, el proceso de recuperar la soberanía y desplazar a los terroristas ha avanzado en Siria, aunque no en forma definitiva. Es claro que los islámicos están en período de repliegue y buscando formas de reagruparse, entre los diferentes y variadas fuerzas.

EChI: Sigue también el tema del ataque europeo a Evo Morales.

JP: Bolivia está respondiendo muy bien a este acto de pirateo que trató de matar a Evo Morales. Hablo de asesinato porque si no se permite a un avión aterrizar, pueden provocar su caída, un accidente.

Entonces, la complicidad de Francia, Italia, Portugal y España, han desprestigiado a estos países y en cambio, han prestigiado a Bolivia por su resistencia a las agresiones. Y subsecuentemente, la reacción de América Latina fue bastante positiva. No fue tan contundente como uno esperaba, pero por lo menos hubo expresiones de solidaridad e incluso se presentó la posibilidad de denunciar los hechos ante la Organización de Estados Americanos (OEA). Diplomáticamente es una derrota para los Estados Unidos y fue un éxito diplomático no sólo para Bolivia, sino que unifica a los países en América Latina. 

Ahora, el problema más agudo es que después de que Venezuela, Nicaragua y Bolivia ofrecieron asilo a Edward Snowden, Washington anunció que va a tomar represalias, diciendo que cualquier asistencia a Snowden pondría las relaciones muy mal y por mucho tiempo. Es una amenaza de imponer represalias contra el comercio, las relaciones diplomáticas. Pero en todo caso, las economías están cada vez más diversificadas y hoy la influencia o la importancia norteamericana no es tan importante. Tal vez podrían pensar en alguna restricción contra esos países, pero es muy difícil que los Estados Unidos consiga apoyo para un embargo.

En todo caso, el matonaje norteamericano surge otra vez frente a la oferta de asilo. Hay que decirlo, el asilo es un principio bastante sagrado e importante. El hecho de que los países que mencionamos estén en esta situación, levanta otro problema que hay que tomar en cuenta. Si Snowden ahora encuentra lugares donde puede ir, no hay vuelo directo que pueda trasladarlo de Rusia a estos países. En algún lado el vuelo tiene que hacer escala para cargar combustible, pero ¿qué país va a ofrecer un avión o el combustible para que ese avión pueda seguir? Ese es el drama ahora.

La única posibilidad que veo es que un avión ruso lleve a Snowden a Cuba y desde allí sí, tiene vuelos directos para cualquiera de estos países. El peligro que tiene esto es que Estados Unidos mande sus aviones de guerra a interceptar el avión que trajera a Snowden, lo que podría provocar otro incidente internacional aún peor que el de Evo Morales. Y no hay que descontar que Estados Unidos pueda atacar a un avión ruso o incluso forzarlo a bajar en Miami o algún otro lugar así.

El problema de asilo a Edward Snowden no es ahora de oferta, sino de cómo moverlo desde Rusia a un lugar de libertad y protección. Y no vemos como se puede resolver esto. Si Washington fuera mínimamente respetuoso de las leyes internacionales no habría problemas, pero como hasta ahora han practicado el matonaje y el pirateo, crean situaciones muy tensas.

EChI: Lo que si queda claro es que Francia, Italia, Portugal y España son simples peones del imperio norteamericano.

JP: Si. Irónicamente, la mayoría de los países de occidente ayuda a los Estados Unidos a espiar. Lo últimos documentos que salen es que incluso Alemania estaba colaborando con Estados Unidos en el espionaje, y luego descubren que sus aliados los estaban espiando a ellos mismos.

Están en una situación casi kafkiana, donde cada uno denuncia al otro por espionaje, cuando están supuestamente, trabajando juntos contra terceros. Lo más grave es que el espionaje está afectando países de gran alcance como Brasil. 'O Globo' publicó ayer que los documentos que reveló Snowden muestran que la Agencia de Seguridad Norteamericana estaba interceptando millones de correos y llamadas de Brasil, que no sólo afectaban a simples ciudadanos, sino a militares, funcionarios del gobierno, empresarios, políticos; o sea cualquier centro de poder está bajo la vigilancia norteamericana. Incluso los teléfonos de Dilma Rousseff y sus Comandantes en Jefe, así como los principales banqueros.

Washington puede anticipar cualquier política porque tiene la información. Por ejemplo los problemas de seguridad en la Amazonia, puede poner en jaque esa política o negociar tratos de comercio en mejores condiciones porque sabe con anticipación los puntos débiles y los puntos fuertes. Esto es una gran desventaja para un país que pretende ser un poder mundial, que ahora está sometido al espionaje norteamericano que limita sus posibilidades tanto a nivel diplomático como a nivel de política económica.

Extractado por La Haine