Mostrando entradas con la etiqueta Gilberto Lopez y Rivas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gilberto Lopez y Rivas. Mostrar todas las entradas

México: Denuncia de hechos, a través de la cual se configura el delito de traición a la patria


Gilberto López y Rivas   


La Jornada, 28 de septiembre 2013

Alentar, permitir y coadyuvar para que al menos 26 por ciento del territorio nacional sea entregado a corporaciones extranjeras mineras...
  

En la ciudad de México, Distrito Federal, siendo el día 27 del mes de septiembre de 2013, el suscrito comparece por esta vía ante la autoridad que corresponda y ante el pueblo de México, para exponer e interponer, con fundamento en lo establecido en los artículos 8º y 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; 2º. Fracción I, 113, 116, 118 y demás relativos y aplicables del Código Federal de Procedimientos Penales, una denuncia de hechos por la posible comisión del delito de traición a la patria, tipificado en el artículo 123 del Código Penal Federal, en contra de Enrique Peña Nieto, sus funcionarios y quienes resulten responsables de anteriores gobiernos, por acción u omisión en el ejercicio de sus funciones en los hechos que a continuación se describen:

1.- Alentar, permitir y coadyuvar para que al menos 26 por ciento del territorio nacional sea entregado a corporaciones extranjeras mineras, en 70 por ciento canadienses, que contaminan aguas, flora, fauna y atentan gravemente contra la salud de los habitantes de su entorno, desposesionando en los hechos a los legítimos dueños de las tierras de propiedad ejidal, comunal y privada, a través de concesiones otorgadas a esas empresas, sin tomar en consideración que las mismas se encuentran protegidas por el artículo 27 de la Constitución. Estos hechos violentan gravemente la independencia, soberanía e integridad de la nación mexicana, al enajenar y gravar territorio nacional, y contribuir con ello a su desmembración.

2.- Ratificar y continuar cumpliendo lo estipulado en el Tratado de Libre Comercio (TLC), la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), y la Iniciativa Mérida, que dañan gravemente la soberanía económica y política de la nación, en beneficio del gobierno y las corporaciones de Estados Unidos, sin que estos tratados y mecanismos injerencistas hayan sido sancionados por el Congreso de la Unión, ni hayan sido consultados a la ciudadanía. A través de ASPAN y la llamada Iniciativa Mérida, impuestas por los gobiernos anteriores, y aceptados por el titular del Poder Ejecutivo federal en funciones, agentes de corporaciones militares, policiacas y de inteligencia extranjeros actúan en territorio nacional, algunos de ellos presuntamente armados; estos agentes realizan tareas de seguridad e inteligencia e interfieren y monitorean nuestras comunicaciones desde la Oficina Binacional de Inteligencia, con sede en la ciudad de México, donde actúan la Agencia de Inteligencia Militar (DIA), la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO) y la Agencia Nacional de Seguridad Nacional, dependientes del Departamento de la Defensa de Estados Unidos; asimismo, están presentes agentes de la Agencia Federal Antinarcóticos (DEA), la Oficina Federal de Investigación (FBI) y la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), que responden al Departamento de Justicia de ese país, y, claro, la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Estos organismos mantienen "enlaces" que consiguen información requerida por los extranjeros en todas las dependencias militares, de seguridad e inteligencia mexicanas, en una clara violación a la soberanía y a la seguridad nacional. Ya en 2007 emplazamos al entonces procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, a responder sobre el hecho de que el gobierno de Estados Unidos contrató a la empresa Verint Technology Inc. para intervenir todos los sistemas de comunicación de nuestro país, según el contrato 5-INLEC-07-M-0002, por un monto de 2 millones 963 mil 438 dólares. El anuncio del contrato que ganó la licitación fue publicado el 23 de febrero de 2007, en el sitio web de la administración pública estadunidense. De lo que se desprende que dicha empresa, u otra similar, continúa trabajando en el escrutinio de las comunicaciones de los ciudadanos, afectando las garantías individuales y, nuevamente, la soberanía nacional, sin que el gobierno actual haya dado cuenta de esta denuncia pública. En ese entonces planteamos estos interrogantes: ¿quién o quiénes deciden qué particulares, organizaciones u organismos deben ser vigilados? ¿Qué marco legal permite o no estas interferencias? ¿Quién clasifica la información y bajo qué criterios? ¿Qué organismo local o extranjero interpreta los datos obtenidos? ¿Es legal que un gobierno extranjero contrate una compañía también foránea para intervenir las comunicaciones de nacionales? ¿Qué opinan al respecto los defensores de derechos humanos, los integrantes del Congreso de la Unión, los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quienes sin duda también serán intervenidos en sus comunicaciones, en razón de la "seguridad nacional" y "la lucha contra el terrorismo"? Esas preguntas quedaron sin respuesta.

3.- Otro hecho que configura el delito de traición a la patria es la iniciativa de decreto enviada al Congreso de la Unión por Enrique Peña Nieto el 12 de agosto de 2013, por el que se busca reformar los artículos 27 y 28 constitucionales, a partir de la cual se pretende profundizar aún más la privatización de Pemex en beneficio de corporaciones extranjeras y firmas privadas de los allegados de Peña Nieto. Esta "reforma" constituye en los hechos un acto de desnacionalización del petróleo y de entrega de al menos 60 por ciento la renta petrolera a las grandes corporaciones estadunidenses, como Exxon, Mobil y Chevron, acorde a los documentados artículos de mi colega y experto en el tema John Saxe Fernández ( La Jornada, 25 de julio y 22 de agosto de 2013). Con la entrega de Pemex se completaría el ciclo de la ocupación integral del país que ha venido denunciando el grupo Paz con Democracia ( La Jornada, 16 de noviembre de 2007).

Por lo anteriormente expuesto, respetuosamente pido se sirvan: Único.- Tener por interpuesta la presente denuncia de hechos, solicitando a la autoridad competente en virtud de su interposición proceda a efectuar todas las diligencias pertinentes para que se acredite de manera fehaciente la responsabilidad de los acusados en el delito que se les imputa.

La Jornada

La recolonización de los territorios en la globalización neoliberal Autor: Gilberto López y Rivase


La Haine, 10 de julio 2013

La transnacionalización corporativa neoliberal trata de imponer su mensaje unidireccional a través del dominio de los medios masivos de comunicación  

Pablo González Casanova ha insistido en que vivimos un proceso renovado de dominación y reapropiación del mundo; una recolonización a través de la ocupación integral de nuestros países, estructurada en el ámbito nacional mediante reformas constitucionales y legales, y a través de disposiciones de hecho, realizadas todas ellas sin consultar a la sociedad y a los ciudadanos en particular. En el caso de México, se destacan, como ejemplos dentro de las primeras, la reforma al artículo 27 de la Constitución y sus leyes secundarias, que pusieron en venta las tierras ejidales y comunales, abrieron los territorios a corporaciones extranjeras y constituyen, en los hechos, la ruptura de la alianza social y el pacto político producto de una revolución armada que da lugar a la Carta Magna de 1917 y que costó al país un millón de muertos. De las segundas, tenemos al Tratado de Libre Comercio (TLC), la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), y la Iniciativa Mérida, que dañan gravemente la soberanía económica y política de la nación, sin que estos tratados y mecanismos injerencistas hayan sido sancionados por el Congreso de la Unión, ya ni que mencionar nuevamente a la ciudadanía afectada por los mismos.

Estas políticas, acciones y transformaciones legalizadas o fuera de la ley, impuestas por los gobernantes, al profundizar y extender la ocupación, han refuncionalizado nuestras naciones, sus territorios, sus recursos naturales y estratégicos, así como al patrimonio cultural de nuestros pueblos, al proyecto transnacionalizador y hegemónico del “imperialismo colectivo” encabezado por Estados Unidos[3], sus fuerzas dominantes y los sectores que dentro de nuestros países establecen gobiernos de traición nacional[4], que Marx identificaba como aquellos que ante una invasión extranjera, sacrifican el deber nacional por el interés de clase.

Por su parte, Camilo Valqui, en su libro Marx vive: Derrumbe del capitalismo, complejidad de una totalidad violenta, propone el concepto imperialización para describir esta reconfiguración mundial que conlleva la transnacionalización neoliberal. Esta imperialización es definida como el predominio económico, político, ideológico y militar del capital monopólico transnacional, que se extiende y profundiza: 1) en los recursos naturales y estratégicos del globo, 2) en la mega producción y los mega mercados, 3) en los flujos financieros, 4) en la investigación científica y tecnológica, 5) en las armas de destrucción masiva, 6) en los medios de comunicación masiva y 7) en las organizaciones internacionales, como el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), por ejemplo. Pero, paralela y dialécticamente a este predominio, también debemos tomar en cuenta su contraparte, esto es, el carácter pluridimensional de la crisis capitalista actual: económica, social, militar, política, geopolítica, moral, epistémica, cultural, intelectual, de alimentos, de materias primas, de energía y del ambiente.

Esta imperialización mantiene una dimensión militar, que en un trabajo reciente de mi autoría, Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos: manuales, mentalidades y uso de la antropología, denominó como terrorismo global de Estado[5] para caracterizar la política de violencia perpetrada por aparatos estatales imperialistas en el ámbito mundial contra pueblos y gobiernos con el propósito de infundir terror y en violación de las normas del derecho nacional e internacional. Sostengo que en el estudio y análisis del terrorismo se ha enfatizado el terrorismo individual y el de grupos clandestinos de todo el espectro político, obviando y dejando a un lado el papel del imperialismo estadounidense y los estados capitalistas en la organización del terrorismo interno y en el ámbito internacional. El terrorismo global de Estado violenta los marcos legítimos, ideológicos y políticos de la represión ‘legal’ (la justificada por el marco jurídico internacional) y apela a ‘métodos no convencionales’, a la vez extensivos e intensivos, para aniquilar a la oposición política y la protesta social a nivel planetario.

Valqui considera que la devastación mundial de seres humanos y naturaleza es propia del capitalismo desde su surgimiento, pero que en pleno siglo XXI, con la transnacionalización actual, se ha exacerbado exponencialmente la violencia sistémica y el anti humanismo que le caracteriza; sostiene que los procesos de reproducción del capital y su búsqueda insaciable por la ganancia son incompatibles con la vida tanto humana, como de la propia naturaleza, que este sistema destruye de manera integral. Así, el capitalismo transnacional es descrito como expoliador, despótico, depredador, genocida y terrorista, y se vive como una verdadera tragedia social, como lo podemos constatar en nuestro país. Esto es, el capitalismo en esencia fue, es y será violencia sistémica.[6] En esa dirección, las descripciones que hace Valqui del extractivismo minero, con su destrucción del medio ambiente, ríos, lagunas, flora, fauna, vida humana, biodiversidad, para el caso del Perú, México, Chile, etcétera, constituyen un material riquísimo para fundamentar las luchas contra la minería abierta que, como en Morelos, amenaza los territorios, especialmente los indígenas, acorde a las investigaciones realizadas por nuestro colega Eckart Boege.[7]

La imperialización, por otra parte, constituye una forma nueva de reparto del mundo entre Estados Unidos, Japón, Alemania, Rusia y China que puede llevar a guerras inter-imperialistas. No obstante, Estados Unidos, como poder hegemónico, ha instaurado en todo el planeta la barbarie como proceso devastador del género humano y la naturaleza. El terrorismo global de Estado o terrorismo trasnacional, cuenta con la complicidad de la ONU y los gobiernos supuestamente democráticos, que establecen, paradójicamente, una democracia despojada de todo contenido participativo, con violaciones permanentes a los derechos humanos, lo que viene a demostrar que históricamente capitalismo y democracia son incompatibles. La democracia tutelada por el capitalismo establece, asimismo, como principal soporte ideológico, una dictadura mediática, que impone un pensamiento único y un imaginario social que estimulan la reproducción de consumidores compulsivos, gente dócil y opacada, obediente, competitiva, conformista, individualista, narcisista.

En el análisis de esta reconfiguración mundial existen coincidencias con Valqui en otros rubros: por ejemplo, considerar al crimen organizado, a la economía mafiosa, ilícita, criminal, como otras formas de acumulación del capital trasnacional parasitario, a la que se le atribuye el 5 % del PIB global. El dinero denominado sucio va a parar a los grandes megabancos y empresas financieras. En el trabajo mencionado, he destacado que el narcotráfico es un arma contundente de recolonización y de imposición del terrorismo del imperialismo mundial, por otras vías distintas a las guerras neocoloniales. Por ello, estamos de acuerdo en asumir lo que Valqui denomina dialéctica de la totalidad capitalista, para descifrar como se entroncan las lógicas de acumulación de los capitales trasnacionales del narcotráfico con los grandes intereses geopolíticos de las oligarquías imperialistas en estas guerras de recolonización, como en los casos de Afganistán e Irak[8]. También, hemos venido insistiendo en la participación de la CIA, la DEA, y otros organismos de inteligencia, en el tráfico de drogas.

La reconfiguración mundial otorga un papel preponderante al Estado. En el ámbito de la metrópolis capitalistas, como instrumento de la oligarquía para mantener el complejo militar-industrial imperialista, los ejércitos, arsenales atómicos, bacteriológicos, químicos, sísmicos, genéticos, electrónicos, informáticos, complejos de seguridad, inteligencia, espionaje, fuerzas policiales, grupos paramilitares y comandos de despliegue rápido para enfrentar guerras de intensidad diferenciada, entre las que no se pueden excluir, reitero, conflictos militares entre súper potencias occidentales, y con China y Rusia, en competencia. En el nivel local del proceso de imperialización, si bien los Estados nacionales son reducidos en el ejercicio de su soberanía, no desaparecen, como afirman los ideólogos sistémicos. Estos simplemente ajustan su actuación para prestar un servicio más eficiente a las corporaciones transnacionales. El imperialismo actual produce en escala planetaria democracias subalternas puestas en manos de oligarquías locales.

Pilar Calveiro hace también importantes aportaciones a la comprensión de este proceso de recolonización, especialmente en su libro Violencias de Estado, la guerra antiterrorista y la guerra contra el crimen como medios de control global, (Siglo XXI editores, 2012). Aquí sostiene que vivimos en la actualidad una reorganización hegemónica planetaria basada en una violencia estatal que se despliega principalmente a través de dos grandes combates, definidos como guerras contra el terrorismo y contra el crimen; ambas habilitan el escenario bélico que requieren las dominaciones autoritarias, facilitando las formas más radicales de la violencia represiva. La guerra anti-terrorista permite mantener y expandir el nuevo orden global, mientras la llamada guerra contra el crimen “recurre a una reorganización jurídica y penitenciaria que conduce al encierro creciente de personas, en especial jóvenes y pobres, en aras de la supuesta seguridad interior de los estados. Ambas guerras se entrelazan, se construyen y se dictan desde los poderes centrales –ya sean estados-nación u organismos estatales supranacionales, y son instrumentos útiles para la reorganización global.”

Los rasgos más sobresalientes de esta reorganización hegemónica son, según Calveiro: el pasaje de un modelo bipolar a otro global, ambos con un fuerte componente autoritario; en lo económico, acumulación y concentración neoliberal dentro de un mercado globalizado; en lo político, debilitamiento de la autonomía del Estado-nación y el desarrollo de redes de poder estatal-privadas de carácter transnacional, así como la instauración de democracias procedimentales; en lo social, la incorporación de tecnología –en especial de comunicación- que modifica tiempo y espacio; en lo subjetivo, una individualidad blanda, aislada, en retracción hacia lo privado, como esfera de consumo de bienes y de cuerpos, todo ello con un uso importante y diferenciado de la violencia, que se articula con las nuevas formas de lo político, social y subjetivo.

Esta autora mantiene que las guerras sucias del siglo XX, prefiguran ciertos modos represivos del mundo global actual, con Estados Unidos a la cabeza, y con la imposición de un estado de excepción que articula una red represiva legal con otra ilegal, y en la que se va conformando un Estado criminal.

“Ganar la guerra sucia –afirma Calveiro– fue una precondición para tener alguna posibilidad en la nueva fase de acumulación. Así fue como se invirtieron todos los recursos necesarios para asegurar la derrota de cualquier proyecto alternativo en América, una derrota que fue no sólo militar sino también política. Se selló entonces el triunfo de una nueva forma de organización nacional, acorde con la reorganización hegemónica global, que supuso: el vaciamiento de las economías mediante la imposición del modelo neoliberal, el vaciamiento de la política con la implantación primero de dictaduras de shock, pero enseguida de democracias formales e incluso autoritarias, producto de la eliminación de todas las formas de organización y liderazgo alternativos, y por último, el vaciamiento del sentido mismo de la nación y de la identidad Latinoamericana con la incrustación de nuevas coordenadas de sentido individualistas, mercantiles y apolíticas.”[9]

Es en este contexto global que hemos expuesto, que el patrimonio cultural, en su significado amplio: natural, tangible e intangible (lenguas, conocimientos o saberes, técnicas y diversas prácticas culturales de pueblos indígenas y heterogéneas culturas locales y regionales, las más de las veces subalternas), los monumentos y vestigios arqueológicos prehispánicos, los históricos coloniales y postcoloniales, los artísticos muebles e inmuebles, considerados bienes de dominio público y uso común; todo este legado que constituye la memoria de las naciones, de sus pueblos y componentes nacionales, regionales y locales, soporte también de sus identidades, está siendo agredido y amenazado por las privatizaciones, concesiones, aprovechamientos y disposiciones de particulares, empresas, corporaciones, desarrolladores urbanos, turísticos, delincuencia organizada, grupos de poder regional, nacional o trasnacional, que buscan su control, dominio y apropiación. En particular, se busca destruir el patrimonio comunitario que da cohesión a mecanismos colectivos que pretenden el interés general y el bien común, y que constituyen la última línea de defensa y resistencia de los pueblos frente a la acometida del capital.

La transnacionalización corporativa neoliberal, reiteramos, trata de imponer su mensaje unidireccional a través del dominio de los medios masivos de comunicación, la informática y las llamadas industrias culturales que intentan homogeneizar y uniformar a la humanidad a partir de su modelo de vida y la mediatización de la fecunda creación nacida del imaginario popular y del rico patrimonio étnico-lingüístico-cultural de nuestros países.

Los medios de comunicación masiva conforman, metafóricamente, las “tropas ideológicas” que intentan someter a la opinión pública con la desinformación, la contra información y la propaganda abiertamente sistémica; se transforman en tribunales de facto en los que comunicadores, locutores, editorialistas, expertos y analistas políticos condenan sumariamente toda oposición al orden establecido. A esto se ha denominado “dictadura o terrorismo mediáticos”, y a los mercenarios de los medios, “sicarios mediáticos”.

Ese modelo de la globalización excluyente requiere de una humanidad indiferenciada, sujeta a las leyes del mercado, al individualismo competitivo que proclama la ley del más fuerte (darwinismo social), alienada por el consumismo y el egoísmo posesivo. El capitalismo neoliberal necesita también de la propagación generalizada de un cosmopolitismo que erosione y destruya, si es posible, la identidad nacional[10], la defensa de la soberanía, el derecho a la autodeterminación, la salvaguarda de los recursos estratégicos y naturales, las autonomías indígenas, las democracias participativas; todo ello en aras de alcanzar el “paraíso terrenal” que significa la sociedad del mercado proyectada como el ideal a realizar por una sociedad de consumidores desclasados, apátridas y apolíticos. Se pretende que el mundo que ofrece la mundialización neoliberal en sus variantes estadounidense y europea sea el único posible, sin alternativa viable, y que la única opción realista debe ser el conformismo social y la resignación política.

En el V Congreso Internacional de Cultura y Desarrollo, efectuado en La Habana, se destacó:

“Nueva expresión de la violencia, la corriente homogenéizante amenaza con ahogar la diversidad cultural y con borrar el rostro de las naciones y de los múltiples sectores que conviven en ellas…En el día de hoy, defender la diversidad cultural equivale a contribuir a preservar el futuro de la humanidad” (V Congreso Internacional de Cultura y Desarrollo. En defensa de la diversidad cultural. La Habana, Cuba. 11 A 14 de junio de 2007 http://www.lacult.org/docc/Informe_Cult_y_Des_esp.pdf p, 1.)

Pese a esta maquinaria militar, policial, económica, cultural, ideológica y política desplegada por las fuerzas del mercado y sus asociados en el Estado y los poderes fácticos, tiene lugar en el ámbito planetario —y también en nuestro país— la resistencia de los explotados: pueblos originarios, afro descendientes, mujeres, homosexuales, jóvenes, obreros y aun sectores intermedios que conforman el pueblo nación, se manifiestan contra los efectos depredatorios del neoliberalismo.

En cada uno de nuestros países latinoamericanos, se han ido constituyendo los pueblos-nación a través de la participación de los distintos agrupamientos étnico-clasistas, objetivamente explotados y oprimidos, en las respectivas contiendas independentistas, contra las intervenciones extranjeras, luchas liberadoras, anti dictatoriales y de transformación social que fueron conformando a su vez una cultura nacional popular, por ende, representativa del cúmulo de rebeldías e insumisiones. Esta cultura nacional popular es el sedimento de las resistencias y del afán por un futuro donde la diversidad cultural sea patrimonio de la humanidad[11].

Sin duda, el complejo de paradojas capitalistas que sustenta, fragua y perpetúa la violencia de la totalidad capitalista es una verdadera bomba de tiempo de proletarios y pueblos que estallará y barrerá a los que dominan el mundo actual. Seguramente, se articularán todas las formas de lucha, revueltas, protestas, descontentos, agravios, paros, huelgas, movilizaciones, redes sociales, fuerzas anti sistémicas, insurgencias y movimientos revolucionarios; se promoverán transformaciones sociales y reformas importantes para acumular fuerzas estratégicas entroncadas con la revolución.

En esta dirección, compartimos la crítica afilada de Valqui cuando se refiere a los supuestos marxistas que esperan el fin natural del capitalismo y el triunfo también natural de la revolución y del socialismo, haciendo abstracción de los sujetos históricos y de la crítica de las armas, con un marxismo de cátedra, con los circos electorales como esperanza sexenal, el cretinismo parlamentario, en suma, la conciliación de clases de una república amorosa. Valqui, y coincido con él, no da lugar a ilusionismos reformistas a partir de su crítica a las izquierdas sistémicas que una vez en el gobierno sirven a las transnacionales, optando por capitalismos subalternos nacionalistas, por capitalismos moderados, o capitalismos de “rostro humano”, que en realidad constituyen mascaras útiles para encubrir la verdadera catadura de la claudicación a las ideas de trasformación social, como fue el caso de Lula, en el Brasil, y el Partido de la Revolución Democrática, que con su firma del Pacto por México, no sólo legitimó un gobierno impuesto por el mercado electoral y los poderes facticos, sino que está avalando otras contrarreformas neoliberales, como la laboral y la mal llamada “reforma educativa”.

En los ámbitos de la academia, me sumo a la crítica de quienes han renunciado a la teoría marxista del imperialismo, los llamados por Valqui espadachines ilustrados de la burguesía transnacional, y a quienes han abandonado los rigores de los análisis de clase, pero siguiendo cabalmente las advertencias de González Casanova en cuanto formular las redefiniciones de los conceptos fundamentales. Por ello, él destaca que no podemos quedarnos en el concepto tradicional de lucha de clases que conserva un sentido fabril y economicista del que no logra desprenderse. El concepto de explotación tampoco es suficientemente comprensivo. Ambos conceptos, el de clases y el de explotación, requieren ser complementados o superados por el de dominación y apropiación del excedente y de la riqueza a costa de los trabajadores y de los pueblos, en procesos de apropiación del plusvalor y del capital acumulado, y en procesos de distribución y apropiación inequitativa del excedente y de la riqueza. Ambos conceptos vinculan el poder político, represivo, informático, cultural y social con las relaciones de producción. Asimismo, no podemos quedarnos en el concepto de imperialismo sin señalar que en la etapa de la globalización las demarcaciones de las “fronteras”, de lo “externo” y lo “interno” (que a los nacionalistas les sirvieron para ocultar las contradicciones internas atribuyendo todos los males a las externas) se ha confirmado cada vez más a lo largo del mundo. En el interior de las naciones está lo exterior. En cada Estado nación se dan los vínculos y redes con otros Estados-nación, con el capital multinacional y transnacional, con el Estado global incipiente y con sus asociados locales. Las luchas tienen que darse en lo local, lo nacional y lo global, privilegiando unas y otras en forma práctica. Y sin descuidar ninguna.[12]

Conclusión

La defensa del patrimonio cultural pasa, entonces, por tomar conciencia del significado totalizador de esta recolonización que afecta las bases de reproducción de los pueblos y la sobrevivencia misma de la especie humana. Las dimensiones de la ocupación afectan todas las esferas de la vida humana y ponen en peligro los fundamentos materiales y territoriales de las formas colectivas de convivencia, exacerbando al máximo la polarización social y profundizando las condiciones de pobreza de millones de seres humanos.

Considero importante conocer a fondo el sistema de explotación-dominación que enfrentamos, pero es también fundamental confiar en la capacidad y voluntad de los pueblos para desarrollar estrategias de lucha que combinen creatividad con eficiencia, centralidad con autonomía, principios éticos con construcción de alternativas.

La izquierda actual, después de las experiencias traumáticas de la burocratización del socialismo real y la institucionalización de la izquierdas dentro de los esquemas de la democracia tutelada, se define en función de que tanto es capaz de mantener una posición de congruencia ética y coadyuvar a construir poder popular en formas de democracia participativa que impidan la utilización de aparatos políticos para el encumbramiento y ascenso social de unos pocos.

Nuestros enemigos son poderosos pero no invencibles. Si está en juego la sobrevivencia misma de la especie humana, confiemos en que las fuerzas de la vida y el valor de la dignidad prevalecerán por sobre la maquinaria capitalista de muerte y destrucción.

Notas

[1] Ponencia para el Coloquio Huellas y nuevos derroteros del patrimonio cultural, los días 11, 12 y 14 de junio, Delegación INAH-Morelos, Cuernavaca.

[2] Doctor en Antropología, profesor investigador de la delegación del INAH en Morelos

[3] Ver: Pablo González Casanova: “Los indios de México hacia el nuevo milenio”. La Jornada, México, 9 de septiembre de 1998. También: Grupo Paz con Democracia. Llamamiento a la Nación Mexicana. La Jornada, 16 de noviembre de 2007.

[4] Marx usa este término en el ‘Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores’ sobre la guerra civil en Francia en 1871, para referirse al gobierno de Thiers, que ante la insurrección de la Comuna de París, no duda en inclinarse por el interés de clase por sobre el deber nacional frente al invasor prusiano. Marx-Engels-Lenin. La Comuna de Paris. Madrid: Ediciones Akal, 2010, p. 6.

[5] Gilberto López y Rivas. ‘Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos: manuales, mentalidades y uso de la antropología’. México: Ocean Sur, 2013.

[6] “Marx vive: Derrumbe del capitalismo, complejidad de una totalidad violenta. Tomo II”, de Camilo Valqui Cachi, México: UAG, UACM, 2012.

[7] Ver: Eckart Boege. “La minería industrial en territorios bioculturales de los pueblos indígenas. El despojo de los indígenas de sus territorios en el siglo XXI.” Rebelión, 4 de junio del 2013

[8] Notable en el caso de Irak, además del genocidio, el desplazamiento forzado de población y la virtual destrucción de toda la infraestructura estatal, es la devastación y el saqueo de su patrimonio cultural por las tropas de ocupación, mercenarios y coleccionistas, durante estos diez años de guerra.

[9] Pilar Calveiro. Violencias de Estado, la guerra antiterrorista y la guerra contra el crimen como medios de control global, Buenos Aires: Siglo XXI editores, 2012

[10] En el debate que se suscitó en torno a los libros de texto gratuito ‘Mi libro de historia de México’, para Cuarto, Quinto y Sexto grados de educación primaria en el año 2003, varios autores analizamos los intentos de omisión, distorsión o tergiversación de la historia de nuestro país para socializar a las nuevas generaciones en la amnesia y la asepsia de nuestra “identidad nacional”, la cual en estos libros es obra de las élites, criollos, intelectuales, poetas y literatos, con interpretaciones hispanistas, eufemismos y el intento obvio de minimizar al máximo toda mención de Estados Unidos que pudiera ser considerada ofensiva. Para ello, se omiten y falsean datos de las relaciones entre los dos países, marcadas por la guerra de conquista (1846-48) y sus despojos territoriales, las agresiones armadas filibusteras, como las de William Walker a Baja California y Sonora, y las efectuadas por las fuerzas armadas estadounidenses, como la ocupación de Veracruz en 1914 y la incursión a Chihuahua persiguiendo a Francisco Villa en 1916. Ver: Gilberto López y Rivas, “La amnesia conveniente; los libros de historia frente a los Estados Unidos” en ‘Secuestro de la memoria. Un debate sobre los libros de texto gratuito de historia de México’, México: Delegación D-II-1A-1, Sección 10, SNTE-Colegio Mexicano de Antropólogos, A. C., 1993. Pp. 95-100.

[11] Estas ideas y conceptos -pueblo-nación, cultura nacional popular, étnico-nacional, etcétera– constituyen un aspecto importante de la llamada Cuestión Nacional que he desarrollado en otros textos: Gilberto López y Rivas. ‘Nación y Pueblos Indios en el Neoliberalismo’. México: Plaza y Valdés, 1995, 1996; Alicia Castellanos Guerrero y Gilberto López y Rivas. ‘El Debate de la Nación, Cuestión Nacional, Racismo y Autonomía’. México: Claves Latinoamericanas, 1992; Gilberto López y Rivas. ‘Antropología, Minorías Étnicas y Cuestión Nacional’. México: ENAH-Aguirre y Beltrán, 1998.

[12] Pablo González Casanova. ‘De la sociología del poder a la sociología de la explotación. Pensar América Latina en el siglo XXI’. Antología e introducción por Marcos Roitmann. CLACSO Coediciones-Siglo del Hombre Editores. Bogotá, 2009.

www.enelvolcan.com

  La nación-pueblo en la transnacionalización neoliberal  Gilberto López y Rivas    

 La Haine,

Es importante conocer a fondo el sistema al que nos enfrentamos, pero es también fundamental confiar en la capacidad de los pueblos para desarrollar estrategias de lucha
  

En primer lugar, saludar la pertinencia de esta reunión de quienes firmamos la Proclama por el Rescate de la Nación, ante la situación de emergencia nacional que vive nuestra patria, partiendo del artículo 39 constitucional que otorga la soberanía al pueblo, y con base en un sentimiento patriótico expresado sintética y poéticamente por José Martí:

“El amor madre, a la patria/ no es el amor ridículo a la tierra / ni a las yerbas que pisan nuestras plantas / Es el odio invencible a quien la oprime / es el rencor eterno a quien la ataca…La patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo ni capellanía de nadie…Patria es humanidad.”

Independientemente de la naturaleza especifica de nuestras luchas y de los espacios en los que damos la batalla cotidiana contra este sistema, es necesario analizar las formas, los mecanismos y las características del actual modelo de explotación y dominación, para a partir de este diagnóstico, sea posible vislumbrar centralidades, caminos comunes, convergencias y consensos, que articulen nacional e internacionalmente nuestras resistencias, todo ello, como sostienen los zapatistas, sin pretender hegemonismos y respetando la autonomía de cada proceso o esfuerzo organizativo.

El movimiento popular-nacional debe pasar de las meras denuncias, a una etapa de construcción de alternativas que otorguen direccionalidad a nuestros esfuerzos. Es importante reconocer la incapacidad de la izquierda social, hasta ahora, para encontrar formas organizativas que trasciendan los estrechos márgenes de un activismo defensivo y reactivo, sin perspectivas estratégicas, a la saga de las luchas espontaneas y sin la suficiente fuerza para contener agresiones directas, como la reforma laboral.

Es imprescindible e inaplazable reflexionar sobre las características de la coyuntura que vivimos en sus articulaciones globales, regionales y nacionales, con objeto de elaborar juntos una estrategia de resistencia contra el capitalismo, que vaya más allá de las alternancias electorales que permite la democracia acotada o tutelada que la globalización neoliberal impone.

Analistas, como Pilar Calveiro, sostienen que estamos ante una “reorganización hegemónica a nivel planetario”, que intensifica, masifica y globaliza las violencias de Estado a partir de la guerra anti-terrorista y la guerra contra el crimen como medios de control social y criminalización de las oposiciones. Esta autora mantiene que las guerras sucias del siglo XX, prefiguran ciertos modos represivos del mundo global actual, con Estados Unidos a la cabeza, y con la imposición de un estado de excepción que articula una red represiva legal con otra ilegal, y en la que se va conformando un Estado criminal.

“Ganar la guerra sucia –afirma Calveiro-- fue una precondición para tener alguna posibilidad en la nueva fase de acumulación. Así fue como se invirtieron todos los recursos necesarios para asegurar la derrota de cualquier proyecto alternativo en América, una derrota que fue no sólo militar sino también política. Se selló entonces el triunfo de una nueva forma de organización nacional, acorde con la reorganización hegemónica global, que supuso: el vaciamiento de las economías mediante la imposición del modelo neoliberal, el vaciamiento de la política con la implantación primero de dictaduras de shock, pero enseguida de democracias formales e incluso autoritarias, producto de la eliminación de todas las formas de organización y liderazgo alternativos, y por último el vaciamiento del sentido mismo de la nación y de la identidad Latinoamericana con la incrustación de nuevas coordenadas de sentido individualistas, mercantiles y apolíticas.”1

En esa dirección, he insistido en que las ideas en torno al desmantelamiento del Estado-nación, así como las referentes a los Estados “fallidos”, son parcialmente ciertas. Es verdad que todas sus obligaciones sociales (salud, educación, seguridad pública, pensiones, vivienda, etcétera) --y por ende, las instituciones a ellas relacionadas-- se deterioran o privatizan al desaparecer los elementos constitutivos del Estado Benefactor. Sin embargo, con el neoliberalismo se fortifican sus tareas represivas y de control social (sobre todo los aparatos mediáticos masivos) y, en consecuencia, toman preminencia política las fuerzas armadas, policiales y de inteligencia, locales y globales. Esto es, la violencia y el autoritarismo --intrínsecos del sistema estatal capitalista-- asumen un papel preponderante. Los Estados nacionales se trasforman lisa y llanamente en guardianes del orden y la reproducción del sistema mundial de explotación al trasnacionalizarse sus clases dominantes. Así, mientras el Estado “desmantela” algunos de sus aparatos, da fuerza a otros.

Particularmente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y como resultado de la llamada “lucha contra el terrorismo”, y ahora, “contra el narcotráfico” y la derivación de ambas, contra el “narcoterrorismo” --que se han continuado con redoblado vigor durante las presidencias de Obama--, se globalizan las condiciones de excepción a partir de las cuales los derechos civiles son virtualmente suspendidos para dar pie a procesos de militarización, control de fronteras, aeropuertos, persecución de población emigrante con y sin documentos, sobre vigilancia de la ciudadanía, detención de personas sin órdenes de arresto, criminalización de las luchas sociales, utilización masiva y “legitimada” de la tortura, secuestro de ciudadanos en cualquier parte del mundo y traslado a prisiones clandestinas, cambios en los marcos jurídicos para introducir el delito de “terrorismo” y otros derivados, que en la práctica pueden ser aplicados a un amplio rango de opositores y luchadores sociales.

Se instala lo que he denominado terrorismo global de Estado en el que el marco jurídico internacional deja de tener vigencia para dar paso a una extraterritorialidad de reformas jurídicas, programas operativos y prácticas administrativas que facilitan las tareas de los aparatos de inteligencia, militares y paramilitares. En los hechos, se da una especie de internacionalización de la represión y el control de las oposiciones anticapitalistas, democráticas, nacionalistas o de cualquier otro signo que se manifieste contra Estados Unidos y contra los gobiernos proclives a este nuevo orden mundial.

Pablo González Casanova asienta en esta dirección que toda crisis implica una agudización de luchas y reacomodos; una concentración de contradicciones nacionales y de clase, y éstas se manifiestan en la política y la economía, la ideología y la represión. Los gobiernos de Estados Unidos, y quienes los apoyan y se apoyan en ellos en América Latina, tienen por lo menos la política de la democracia limitada que imponen los poderes fácticos y la política de la represión selectiva y masiva, encubierta y abierta, con fuerzas y ejércitos especiales y convencionales. La represión encubierta corresponde al llamado terrorismo de Estado en sus distintas versiones2.

Por ello, es vital entender el doble espacio de las luchas sociales de nuestro tiempo (en los ámbitos nacionales y mundiales), las transformaciones y crisis de los Estados nacionales (que no su desmantelamiento o desaparición) y el nuevo papel que esos Estados asumen en la lucha de clases contemporánea y, sobre todo, es ineludible identificar el carácter rector que adquiere el imperialismo estadounidense (y sus aliados europeos e Israel) como permanentes interventores y participantes activos en favor de sus intereses, y de los de esas burguesías trasnacionalizadas. Lejos de la desaparición de los ejércitos nacionales, para el caso de América Latina, lo que tenemos es su modernización en todos los órdenes, fortalecimiento de su capacidad de fuego, mayor tecnificación, entrenamiento intensivo en tareas contrainsurgentes, cambio en sus misiones para transformarse en fuerzas de ocupación interna de los pueblos con la justificación ideológica, como se ha dado en el ámbito global y, en particular, en México y Colombia, de “la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”.

Por otra parte, autores como Leopoldo Mármora3 y Ana María Rivadeo,4 han insistido en la naturaleza contradictoria inherente al capitalismo. Rivadeo lo plantea de esta manera:

“Así, pues, ya en el concepto simple de capital anida una determinación doble y contradictoria: la tendencia a la universalización y la homogeneización de la vida social en todos sus aspectos, y la tendencia, contrapuesta y simultánea, a la desarticulación y la particularización. De modo tal que la primera se realiza por medio de la segunda: la matriz espacial presupuesta –producida y reproducida—por las relaciones de producción y la división social del trabajo capitalista, enhebra en su seno dos dimensiones: está hecha de cortes, de segmentaciones en serie. De límites y de fronteras; pero, al mismo tiempo, no tiene fin…Así, el espacio moderno es un espacio en el que es posible desplazarse indefinidamente, pero a condición de atravesar separaciones…De ahí que el imperialismo no pueda ser más que inter-nacional, o más exactamente, tras-nacional, y por ende consustancial a la nación…Esta contradicción del capitalismo entre su carácter social-universal, a la vez que privado-individual, condiciona la necesidad del estado nacional burgués.” (Pp. 84-91)

Teniendo un sustrato económico que abre las fronteras nacionales al capital transnacional y corporativa, para garantizarle condiciones óptimas de rentabilidad, la mundialización capitalista neoliberal se manifiesta en todos los espacios políticos, ideológicos y culturales de nuestras sociedades nacionales por medio de la intervención permanente y decisiva del Estado.

En este contexto, se da una doble determinación, por un lado, la explotación y la expoliación capitalistas se desarrollan sobre un horizonte mundial, y por el otro, los Estados nacionales controlan localmente los conflictos y las contradicciones de la fuerza de trabajo y de los grupos subalternos en general. Así, las condiciones de la dominación en cada país mantienen sus peculiaridades nacionales, la correlación de agrupamientos políticos, las alternancias, las formas de la resistencia y la lucha de clases. De ahí la necesidad de conocer a fondo nuestra realidad nacional.

También, el llamado “estado de derecho” en el capitalismo neoliberal ha sido quebrantado por la red represiva global en la que participan más de 80 países como cómplices de Estados Unidos y su entramado de prisiones clandestinas, donde sistemáticamente se practican la tortura y la desaparición forzada. Se encuentra también crecientemente determinado por los intereses generales del poder político-económico, en el contexto de la especificidad histórica del agravamiento de la lucha de clases y la exacerbación de las contradicciones entre ese carácter mundial de la acumulación y la forma nacional de la dominación burguesa, que siempre han sido inmanentes al capitalismo. 5

A mayor conciencia y conflicto sociales, correlacionados con un mayor grado de expoliación de la fuerza de trabajo, mayor violación de los derechos humanos y deterioro del estado de derecho. La desestructuración permanente del derecho público, privado, civil y penal, y sobre todo del derecho constitucional, proviene fundamentalmente de los poderosos que pueden operar las leyes, tienen el control real del aparato judicial, orientan la actuación del “constituyente permanente” (los congresos o parlamentos) y detentan el monopolio de la violencia considerada legal. En la actual etapa neoliberal, destaca el quebranto por parte de los propios estados de los marcos jurídicos vigentes, tanto en el ámbito nacional como internacional. Por ello, el movimiento patriótico se convierte en garante de la Constitución y la soberanía del pueblo que emana del artículo 39 de la misma.

La violación al estado de derecho tiene un efecto hacia abajo y asume características corporativas y clientelares. Al ser el Estado, la clase política y empresarial en general, y los llamados poderes fácticos, los primeros en violar el estado de derecho, ciudadanos, grupos gremiales, sindicatos, instituciones, asumen con frecuencia una práctica de violación de la ley: ocupan espacios públicos para provecho propio, incumplen las disposiciones administrativas elementales para la convivencia citadina y rural, corrompen y son corrompidos.

La supremacía de los intereses privados por sobre los colectivos ocupa el lugar de la responsabilidad civil y el empoderamiento colectivo; se construye una cultura popular de la corrupción en la que honestidad es sinónimo de estupidez. Esta realidad inducida por el poder no tiene una intencionalidad moral sino política. Se trata de combatir a las resistencias a través no sólo de la represión sino también de la cooptación. Esta doble política busca que los movimientos populares anti neoliberales se atemoricen o se vuelvan cómplices y aliados menores en la ocupación de nuestros países. De ahí la necesidad de hacer de la ética, el principio básico de la lucha social.

Esta globalización neoliberal ha provocado también una degradación profunda de la política y un vaciamiento de la democracia representativa, reduciéndola a sus aspectos procedimentales, con la correspondiente crisis y descrédito de los procesos electorales mismos, las instituciones y los partidos políticos, incluyendo a los de la llamada “izquierda institucionalizada”, que devienen útiles y funcionales al poder capitalista; pierden toda capacidad contestataria y trasformadora, son incapaces de sustraerse a su lógica, y asumen finalmente un papel de legitimación del sistema político imperante, como se ha demostrado recientemente con la firma por parte del PRD del Pacto por México.6 Esta democracia se encuentra acotada y bien podría ser calificada como democracia tutelada por los poderes fácticos, las corporaciones, los monopolios mediáticos e, incluso, cada vez mayor grado, por el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Ana María Rivadeo plantea de esta manera la problemática de la democracia en la globalización neoliberal:

“El estado nacional actual se encuentra estructuralmente atravesado y dominado por la transnacionalización del capital, así como por la desarticulación, la exclusión y la violencia. Y en esta situación, el universalismo que se impone no es el de la democracia, sino el del capital que se globaliza.”7

En esa dirección, el Grupo Paz con Democracia en su Llamamiento a la nación mexicana, señalaba:

“A contracorriente de la propaganda neoliberal, la nación sigue siendo el espacio de nuestras luchas de resistencia, y la base estratégica de nuestra articulación con las resistencias de las naciones y los pueblos del mundo entero al capitalismo. La disputa por la nación pasa por la defensa de sus recursos naturales y estratégicos, por la lucha contra la ocupación neoliberal de nuestros países. La resistencia patriótica es fundamento de las transformaciones democráticas y sociales de largo aliento, que nuestro país requiere urgentemente”.8

Conclusiones

El capitalismo, desde su nacimiento y a lo largo de estos siglos, se ha constituido y desarrollado en dos dimensiones inseparables e interrelacionadas, indisolubles y contrapuestas: a).- Como estructura de clases dentro de los estados nacionales, dentro de la cual se establece un sistema de hegemonía y tienen lugar la dominación y la resistencia de las clases subalternas; y b).- Como sistema mundial entre naciones que da curso a las distintas estructuras de explotación colonial, neocolonial e imperialista.

De esta manera, si la acumulación de capital es universal, la forma nacional de dominación le da su particularidad histórica y su geografía; esto es, su matriz espacio temporal. Como Leopoldo Mármora expresó:

“El capital sólo puede existir en forma de muchos capitales individuales que sólo realizan su determinación interna cuando se encuentran y relacionan entre sí en el mercado libre. Esa contradicción entre el carácter universal de la temporalidad capitalista, por un lado, y la necesaria existencia del capital en forma de muchos capitales individuales, en relación de reciproca competencia y por lo tanto refractarios y hostiles entre sí, por el otro lado, condiciona la necesidad del estado nacional burgués. Solo en él y a través de él se logra la unificación y universalización definitiva de la temporalidad capitalista.” (p. 107).

En esta relación contradictoria y complementaria encontramos las tendencias universalistas, integracionistas, globalizadoras o mundialistas versus las tendencias particularistas, diferencialistas o segregacionistas del capitalismo que se expresan también al interior de las propias fronteras nacionales.

Los estados nacionales son el anclaje del capitalismo; la mediación entre estas dos tendencias contradictorias y complementarias. De aquí surgen, reitero, las contradicciones entre el carácter mundial de la acumulación y la forma nacional de la dominación. La forma de superar estas contradicciones, desde el capitalismo, son el colonialismo, el expansionismo militar, el imperialismo, las guerras sociales contra los pueblos y el terror de Estado, mientras que las clases subalternas asumen el conjunto de las rebeldías y transformaciones a partir de lo que Boaventura de Sousa Santos denomina una epistemología del sur, que se propone la construcción de Estados plurinacionales e interculturales contra hegemónicos que “significa la apropiación creativa por parte de las clases populares” de los aparatos de Estado “con el fin de hacer avanzar sus agendas políticas más allá del marco político-económico del Estado liberal y de la economía capitalista”, y añadiría, más allá del extractivismo depredador, y a partir de la puesta en marcha de procesos autonómicos de los pueblos indígenas y otros actores sociales.9

En la época actual, caracterizada por una profundización de las tendencias universalistas del capital, nos encontramos, paradójicamente, en el tránsito de una concepción nueva que logre disolver el vínculo entre nación y burguesía y que tome en cuenta el fracaso del socialismo real.

Los distintos agrupamientos políticos democráticos requieren plantearse los términos posibles de la existencia de una nación de nuevo tipo: una nación popular, pluralista y democrática. D esde el surgimiento de las sociedades nacionales, se configura un sujeto sociopolítico integrado por las clases explotadas y desposeídas, obreros, campesinos, sectores de la intelectualidad, las entidades socio étnicas subordinadas. Este conjunto de clases y grupos sociales subalternos, que forman el pueblo , va integrándose a los procesos de conformación de la nación en una permanente lucha por sobrevivir y desarrollarse, por romper con los esquemas de dominación y explotación capitalistas 10 He utilizado la categoría “nación-pueblo” para referirme al proceso de construcción de una nación alternativa a la hegemónicamente existente y en el cual pueden participar potencialmente todos aquellos sujetos socio-políticos que de una u otra forma están siendo explotados, marginados, excluidos o negados por el Estado globalizado.

***

Es importante conocer a fondo el sistema al que nos enfrentamos, pero es también fundamental confiar en la capacidad y voluntad de los pueblos para desarrollar estrategias de lucha que combinen creatividad con eficiencia, centralidad con autonomía, principios éticos con construcción de alternativas.

La izquierda actual, después de las experiencias traumáticas de la burocratización del socialismo real, se define en función de que tanto es capaz de mantener una posición de congruencia ética y coadyuvar a construir poder popular en formas de democracia participativa que impidan la utilización de aparatos políticos para el encumbramiento y ascenso social de unos pocos.

Nuestros enemigos son poderosos pero no invencibles. Está en juego la sobrevivencia misma de la especie humana; las fuerzas de la vida y el valor de la dignidad prevalecerán por sobre la maquinaria capitalista de muerte y destrucción.

Notas:

1 Pilar Calveiro. Violencias de estado, la guerra antiterrorista y la guerra contra el crimen como medios de control global- México: Siglo XXI Editores, 2012, pp.45 y 46.

2 Pablo González Casanova, “La crisis del Estado y la lucha por la democracia en América Latina: problemas y perspectivas”. De la sociología del poder a la sociología de la explotación. Pensar América Latina en el siglo XXI. Antología e introducción por Marcos Roitmann. CLACSO Coediciones-Siglo del Hombre Editores. Bogotá, 2009.

3 El concepto socialista de nación. México: Cuadernos de Pasado y Presente, 1986 El concepto socialista de nación. México: Cuadernos de Pasado y Presente, 1986.

4 Lesa Patria. Nación y globalización. México: UNAM, 2003

5 Ver: Ana María Rivadeo. Lesa Patria, Nación y Globalización. Ob. Cit.

6 Ver: Gilberto López y Rivas. “Los límites de la democracia neoliberal”. Rebelión. 17-06-2006 y “Democracia tutelada versus Democracia Autonomista” en Rebelión. 28-03-2006.

7 Ana María Rivadeo. Ob. Cit., p. 37.

8 La Jornada, 16 de noviembre del 2007 

9 Boaventura de Sousa Santos. Refundación del Estado en América Latina. Perspectivas desde una epistemología del sur. México: Siglo XXI Editores - Universidad de los Andes, 2010, p. 68.

10 Gilberto López y Rivas, Nación y pueblos indios en el neoliberalismo, México, 2ª. Edición, Plaza y Valdés y Universidad Iberoamericana, 1996, p. xvi

La Haine