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Noam Chomsky, La doctrina Obama

La Jornada, 13 Octubre 2013


a reciente escaramuza Obama-Putin con respecto al excepcionalismo estadunidense volvió a encender el debate sobre la doctrina Obama: ¿se dirige el presidente hacia el aislacionismo o portará con orgullo la bandera del excepcionalismo?

El debate es más estrecho de lo que parece. Existe considerable terreno común entre las dos posiciones, como expresó con claridad Hans Morgenthau, fundador de la escuela “realista” de relaciones internacionales, exenta de sentimentalismos, que domina hoy día.

A lo largo de su obra, Morgenthau describe a Estados Unidos como único entre las potencias pasadas y presentes, en cuanto tiene un “propósito trascendente” que “debe defender y promover” en todo el mundo: “la instauración de la igualdad y la libertad”.

Los conceptos en competencia “excepcionalismo” y “aislacionismo” aceptan esta doctrina y sus diversas elaboraciones, pero difieren en cuanto a su aplicación.

Un extremo fue defendido con vigor por el presidente Obama en su mensaje del pasado 10 de septiembre a la nación: “Lo que hace diferente a Estados Unidos, lo que lo hace excepcional”, dijo, es que estamos dedicados a actuar, “con humildad, pero con decisión”, cuando detectamos violaciones en alguna parte.

“Durante casi siete décadas, Estados Unidos ha sido el sostén de la seguridad global”, papel que “ha significado más que forjar acuerdos internacionales: ha significado asegurar que se apliquen.”

El aislacionismo, en cambio, sostiene que ya no podemos darnos el lujo de realizar la noble misión de correr a apagar los fuegos que otros encienden. Toma en serio una advertencia emitida hace 20 años por el columnista Thomas Friedmanm, del New York Times, de que “conceder al idealismo una influencia casi exclusiva en nuestra política exterior” puede conducirnos a desdeñar nuestros intereses por nuestra devoción a las necesidades de otros.

Entre estos dos extremos se da el acalorado debate sobre política exterior.

En los márgenes, algunos observadores rechazan las premisas compartidas y sacan a relucir el registro histórico: por ejemplo, el hecho de que “durante siete décadas” Estados Unidos ha encabezado al mundo en agresión y subversión, derrocando gobiernos electos e imponiendo despiadadas dictaduras, apoyando crímenes horrendos, socavando acuerdos internacionales y dejando estelas de sangre, destrucción y miseria.

Morgenthau dio respuesta a esas criaturas desorientadas. Académico serio, reconoció que Estados Unidos ha violado con consistencia su “propósito trascendente”, pero explica que oponer esa objeción es cometer “el error del ateísmo, que niega la validez de la religión con fundamentos similares”.

La “realidad”, sostiene, es el propósito trascendente de Estados Unidos; el registro histórico no es más que “el abuso de la realidad”.

En suma, el “excepcionalismo” y el “aislacionismo” estadunidenses vienen a ser variaciones tácticas de una religión secular, cuya fascinación extraordinaria va más allá de la ortodoxia religiosa normal en cuanto apenas si es posible percibirla. Puesto que ninguna alternativa es concebible, esta fe se adopta por reflejo.

Otros expresan la doctrina con mayor crudeza. Jeane Kirkpatrick, quien fue embajadora del ex presidente Reagan ante la Organización de Naciones Unidas, desarrolló un nuevo método para desviar las críticas a los crímenes de Estados Unidos. Los que se oponían a considerarlos meros “tropiezos” o “ingenuidad inocente” podían ser acusados del “equivalente moral” a afirmar que Estados Unidos no es diferente de la Alemania nazi o de cualquier demonio que esté en boga. Esta argucia ha sido usada en muchos casos para proteger el poder ante cualquier escrutinio.

Hasta la academia seria se amolda. Así, en el número más reciente de la revista Diplomatic History, el erudito Jeffrey A. Engel reflexiona sobre la significación de la historia para quienes trazan las políticas.

Engel cita Vietnam, donde, “dependiendo de la persuasión política que se tenga”, la lección es “evitar las arenas movedizas de la intervención –aislacionismo– o la necesidad de dar rienda suelta a los comandantes militares para que operen libres de presión política” al cumplir la misión de llevar estabilidad, igualdad y libertad destruyendo esos países y dejando un reguero de millones de cadáveres.

La cuota mortal de Vietnam continúa creciendo hasta el presente a causa de la guerra química que el ex presidente Kennedy montó allá, al mismo tiempo que aumentaba su apoyo a una dictadura asesina para un ataque en gran escala, el peor caso de agresión ocurrido durante las “siete décadas” de Obama.

Otra “persuasión política” es imaginable: una indignación como la que adoptaron los estadunidenses cuando Rusia invadió Afganistán o cuando Saddam Hussein invadió Kuwait. Pero la religión secular nos impide vernos a nosotros mismos bajo una lente similar.

Un mecanismo de autoprotección es lamentar las consecuencias de nuestras omisiones. Así, el columnista del New York Times David Brooks, al reflexionar sobre el deslizamiento de Siria hacia un horror “semejante a Ruanda”, concluye que el asunto de fondo es la violencia sunita-chiíta que destroza a esa nación.

Esa violencia, afirma, es testimonio del fracaso “de la reciente estrategia estadunidense de retirarse y dejar una presencia ligera” y de la pérdida de lo que el ex funcionario del servicio exterior Gary Grappo llama “la influencia moderadora de las fuerzas estadunidenses”.

Los que aún se dejan engañar por el “abuso de la realidad” –eso es, de hecho– podrían recordar que la violencia sunita-chiíta fue resultado del peor crimen de agresión del nuevo milenio: la invasión estadunidense de Irak. Y los cargados de memorias más ricas podrían recordar que en los juicios de Nuremberg se sentenció a criminales a la horca porque, según el tribunal, la agresión es “el crimen internacional supremo, diferente de otros crímenes de guerra sólo en que contiene en sí mismo el mal acumulado del todo”.

Ese mismo lamento es tema de un celebrado estudio de Samantha Power, la nueva embajadora de Washington ante Naciones Unidas. En “Un problema del infierno: Estados Unidos en la era del genocidio”, Power escribe sobre los crímenes de otros y nuestra inadecuada respuesta. Dedica una oración a uno de los pocos casos durante las siete décadas que podría calificar como genocidio: la invasión de Timor Oriental por Indonesia, en 1975. Trágicamente, Estados Unidos “miró para otro lado”, informa Powers.

Daniel Patrick Moynihan, quien la precedió en el cargo ante la ONU en tiempos de la invasión, vio el asunto de modo diferente. En su libro A dangerous place, describió con gran orgullo cómo llevó a la ONU a ser “del todo inefectiva en las medidas que tomó” para parar la agresión, porque “Estados Unidos deseaba que las cosas resultaran de ese modo”.

Y de hecho, lejos de mirar a otro lado, Washington dio luz verde a los invasores indonesios y les proporcionó de inmediato equipo militar letal. Estados Unidos impidió actuar al Consejo de Seguridad de la ONU y continuó prestando firme apoyo a los agresores y sus actos genocidas, entre ellos las atrocidades de 1999, hasta que el entonces presidente Bill Clinton marcó el alto, lo cual pudo haber ocurrido en cualquier momento de los 25 años anteriores.

Pero eso es mero abuso de la realidad. Es muy fácil continuar, pero no tiene caso. Brooks tiene razón en insistir en que deberíamos ir más allá de los terribles sucesos que tenemos a la vista y reflexionar en los procesos subyacentes y las lecciones que derivan de ellos.

Entre éstas, ninguna tarea es más urgente que liberarnos de las doctrinas religiosas que condenan al olvido los hechos de la historia y refuerzan de ese modo nuestros fundamentos para nuevos “abusos de la realidad”.


* El libro más reciente de Noam Chomsky es Power systems: conversations on global democratic uprisings and the new challenges to US Empire.  Interviews with David Barsamian (Sistemas de poder: conversaciones sobre levantamientos democráticos en el mundo y nuevos desafíos al imperio estadunidense: entrevistas con David Barsamian) Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Mass., EU).


© Noam Chomsky, 2013. Distributed by The New York Times Syndicate.

Traducción: Jorge Anaya

Noam Chomsky ¿Puede la civilización sobrevivir al capitalismo?


Publicado por Ssociólogos plebeyos


Hay "capitalismo" y luego el "verdadero capitalismo existente". El término "capitalismo" se usa comúnmente para referirse al sistema económico de Estados Unidos con intervención sustancial del Estado, que va de subsidios para innovación creativa a la póliza de seguro gubernamental para bancos "demasiado-grande-para-fracasar".


El sistema está altamente monopolizado, limitando la dependencia en el mercado cada vez más: En los últimos 20 años el reparto de utilidades de las 200 empresas más grandes se ha elevado enormemente, reporta el académico Robert W. McChesney en su nuevo libro Digital disconnect. "Capitalismo" es un término usado ahora comúnmente para describir sistemas en los que no hay capitalistas; por ejemplo, el conglomerado-cooperativa Mondragón en la región vasca de España o las empresas cooperativas que se expanden en el norte de Ohio, a menudo con apoyo conservador –ambas son discutidas en un importante trabajo del académico Gar Alperovitz. Algunos hasta pueden usar el término "capitalismo" para referirse a la democracia industrial apoyada por John Dewey, filósofo social líder de Estados Unidos, a finales del siglo XIX y principios del XX. Dewey instó a los trabajadores "a ser los dueños de su destino industrial" y a todas las instituciones a someterse a control público, incluyendo los medios de producción, intercambio, publicidad, transporte y comunicación. A falta de esto, alegaba Dewey, la política seguirá siendo "la sombra que los grandes negocios proyectan sobre la sociedad". La democracia truncada que Dewey condenaba ha quedado hecha andrajos en los últimos años. Ahora el control del gobierno se ha concentrado estrechamente en el máximo del índice de ingresos, mientras la gran mayoría "de los de abajo" han sido virtualmente privados de sus derechos.

El sistema político-económico actual es una forma de plutocracia que diverge fuertemente de la democracia, si por ese concepto nos referimos a los arreglos políticos en los que la norma está influenciada de manera significativa por la voluntad pública. Ha habido serios debates a través de los años sobre si el capitalismo es compatible con la democracia. Si seguimos que la democracia capitalista realmente existe (DCRE, para abreviar), la pregunta es respondida acertadamente: Son radicalmente incompatibles. A mí me parece poco probable que la civilización pueda sobrevivir a la DCRE y la democracia altamente atenuada que conlleva. Pero, ¿podría una democracia que funcione marcar la diferencia? Sigamos el problema inmediato más crítico que enfrenta la civilización: una catástrofe ambiental. Las políticas y actitudes públicas divergen marcadamente, como sucede a menudo bajo la DCRE. La naturaleza de la brecha se examina en varios artículos de la edición actual del Deadalus, periódico de la Academia Americana de Artes y Ciencias.

El investigador Kelly Sims Gallagher descubre que "109 países han promulgado alguna forma de política relacionada con la energía renovable, y 118 países han establecido objetivos para la energía renovable. En contraste, Estados Unidos no ha adoptado ninguna política consistente y estable a escala nacional para apoyar el uso de la energía renovable". No es la opinión pública lo que motiva a la política estadunidense a mantenerse fuera del espectro internacional. Todo lo contrario. La opinión está mucho más cerca de la norma global que lo que reflejan las políticas del gobierno de Estados Unidos, y apoya mucho más las acciones necesarias para confrontar el probable desastre ambiental pronosticado por un abrumador consenso científico –y uno que no está muy lejano; afectando las vidas de nuestros nietos, muy probablemente. Como reportan Jon A. Krosnik y Bo MacInnis en Daedalus: "Inmensas mayorías han favorecido los pasos del gobierno federal para reducir la cantidad de emisiones de gas de efecto invernadero generadas por las compañías productoras de electricidad. En 2006, 86 por ciento de los encuestados favorecieron solicitar a estas compañías o apoyarlas con exención de impuestos para reducir la cantidad de ese gas que emiten… También en ese año, 87 por ciento favoreció la exención de impuestos a las compañías que producen más electricidad a partir de agua, viento o energía solar. Estas mayorías se mantuvieron entre 2006 y 2010, y de alguna manera después se redujeron". El hecho de que el público esté influenciado por la ciencia es profundamente preocupante para aquellos que dominan la economía y la política de Estado. Una ilustración actual de su preocupación es la "enseñanza sobre la ley de mejora ambiental", propuesta a los legisladores de Estado por el Consejo de Intercambio Legislativo Estadunidense (CILE), grupo de cabildeo de fondos corporativos que designa la legislación para cubrir las necesidades del sector corporativo y de riqueza extrema. La Ley CILE manda "enseñanza equilibrada" de la ciencia del clima en salones de clase K-12. La "enseñanza equilibrada" es una frase en código que se refiere a enseñar la negación del cambio climático, a "equilibrar" la corriente de la ciencia del clima. Es análoga a la "enseñanza equilibrada" apoyada por creacionistas para hacer posible la enseñanza de"ciencia de creación" en escuelas públicas. La legislación basada en modelos CILE ya ha sido introducida en varios estados.

Desde luego, todo esto se ha revestido en retórica sobre la enseñanza del pensamiento crítico –una gran idea, sin duda, pero es más fácil pensar en buenos ejemplos que en un tema que amenaza nuestra supervivencia y ha sido seleccionado por su importancia en términos de ganancias corporativas. Los reportes de los medios comúnmente presentan controversia entre dos lados sobre el cambio climático. Un lado consiste en la abrumadora mayoría de científicos, las academias científicas nacionales a escala mundial, las revistas científicas profesionales y el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC). Están de acuerdo en que el calentamiento global está sucediendo, que hay un sustancial componente humano, que la situación es seria y tal vez fatal, y que muy pronto, tal vez en décadas, el mundo pueda alcanzar un punto de inflexión donde el proceso escale rápidamente y sea irreversible, con severos efectos sociales y económicos. Es raro encontrar tal consenso en cuestiones científicas complejas. El otro lado consiste en los escépticos, incluyendo unos cuantos científicos respetados –que advierten que es mucho lo que aún se ignora–, lo cual significa que las cosas podrían no estar tan mal como se pensó, o podrían estar peor. Fuera del debate artificial hay un grupo mucho mayor de escépticos: científicos del clima altamente reconocidos que ven los reportes regulares del PICC como demasiado conservadores. Y, desafortunadamente, estos cientí- ficos han demostrado estar en lo correcto repetidamente. Aparentemente, la campaña de propaganda ha tenido algún efecto en la opinión pública de Estados Unidos, la cual es más escéptica que la norma global. Pero el efecto no es suficientemente significativo como para satisfacer a los señores.

Presumiblemente esa es la razón por la que los sectores del mundo corporativo han lanzado su ataque sobre el sistema educativo, en un esfuerzo por contrarrestar la peligrosa tendencia pública a prestar atención a las conclusiones de la investigación científica. En la Reunión Invernal del Comité Nacional Republicano (RICNR), hace unas semanas, el gobernador por Luisiana, Bobby Jindal, advirtió a la dirigencia que "tenemos que dejar de ser el partido estúpido. Tenemos que dejar de insultar la inteligencia de los votantes". Dentro del sistema DCRE es de extrema importancia que nos convirtamos en la nación estúpida, no engañados por la ciencia y la racionalidad, en los intereses de las ganancias a corto plazo de los señores de la economía y del sistema político, y al diablo con las consecuencias. Estos compromisos están profundamente arraigados en las doctrinas de mercado fundamentalistas que se predican dentro del DCRE, aunque se siguen de manera altamente selectiva, para sustentar un Estado poderoso que sirve a la riqueza y al poder.

Las doctrinas oficiales sufren de un número de conocidas "ineficiencias de mercado", entre ellas el no tomar en cuenta los efectos en otros en transacciones de mercado. Las consecuencias de estas"exterioridades" pueden ser sustanciales. La actual crisis financiera es una ilustración. En parte es rastreable a los grandes bancos y firmas de inversión al ignorar el "riesgo sistémico" –la posibilidad de que todo el sistema pueda colapsar– cuando llevaron a cabo transacciones riesgosas. La catástrofe ambiental es mucho más seria: La externalidad que se está ignorando es el futuro de las especies. Y no hay hacia dónde correr, gorra en mano, para un rescate. En el futuro los historiadores (si queda alguno) mirarán hacia atrás este curioso espectáculo que tomó forma a principios del siglo XXI. Por primera vez en la historia de la humanidad los humanos están enfrentando el importante prospecto de una severa calamidad como resultado de sus acciones –acciones que están golpeando nuestro prospecto de una supervivencia decente. Esos historiadores observarán que el país más rico y poderoso de la historia, que disfruta de ventajas incomparables, está guiando el esfuerzo para intensificar la probabilidad del desastre. Llevar el esfuerzo para preservar las condiciones en las que nuestros descendientes inmediatos puedan tener una vida decente son las llamadas sociedades"primitivas": Primeras naciones, tribus, indígenas, aborígenes. Los países con poblaciones indígenas grandes y de influencia están bien encaminados para preservar el planeta. Los países que han llevado a la población indígena a la extinción o extrema marginación se precipitan hacia la destrucción. Por eso Ecuador, con su gran población indígena, está buscando ayuda de los países ricos para que le permitan conservar sus cuantiosas reservas de petróleo bajo tierra, que es donde deben estar. Mientras tanto, Estados Unidos y Canadá están buscando quemar combustibles fósiles, incluyendo las peligrosas arenas bituminosas canadienses, y hacerlo lo más rápido y completo posible, mientras alaban las maravillas de un siglo de (totalmente sin sentido) independencia energética sin mirar de reojo lo que sería el mundo después de este compromiso de autodestrucción. Esta observación generaliza: Alrededor del mundo las sociedades indígenas están luchando para proteger lo que ellos a veces llaman "los derechos de la naturaleza", mientras los civilizados y sofisticados se burlan de esta tontería. Esto es exactamente lo opuesto a lo que la racionalidad presagiaría –a menos que sea la forma sesgada de la razón que pasa a través del filtro de DCRE.

(El nuevo libro de Noam Chomsky es Power Systems: Conversations on Global Democratic Uprisings and the New Challenges to U.S. Empire. Conversations with David Barsamian)

Noam Chomsky :Fantasías. Respuesta al post de Žižek


Sin Permiso 5 de agosto 2013

Hace unas semanas, preguntado de pasada, en el curso de una entrevista oral, por el famoso publicista esloveno Slavoj Žižek, Chomsky realizó una sumaria declaración –transcrita y traducida para SinPermiso por su amiga Julie Wark— en la que manifestaba su total falta de interés por el personaje, a quien, dijo, no podía tomarse en serio. La celebridad eslovena replicó con una de sus espásticas escenificaciones habituales. Esta es la sumaria respuesta de Chomsky.

He recibido unas cuantas peticiones de comentario al post “Slavoj Žižek Responds to Noam Chomsky: ‘I Don’t Know a Guy Who Was So Often Empirically Wrong’” (“Slavoj Žižek replica a Noam Chomsky: ‘No conozco a ningún gachó que haya metido tanto la pata empíricamente’”: http://www.openculture.com/2013/07/slavoj-zizek-responds-to-noam-chomsky.html). 

Lo he leído con cierto interés, esperando aprender algo, y dado el título, descubrir algunos errores a corregir. Los hay, ni que decir tiene, en prácticamente cualquier cosa que llegue a imprenta, incluso en las monografías académicas técnicas, como puede apreciarse leyendo las reseñas que aparecen en las revistas especializadas. Y cuando los descubro o se me informa de su existencia, corrijo los errores.

No en este caso, sin embargo. Žižek no encuentra nada, literalmente nada, que sea empíricamente erróneo. Lo que apenas puede sorprender. Cualquiera que se jacte de descubrir errores empíricos y sea mínimamente serio, tendrá que terminar aportando alguna que otra pieza probatoria: citas, referencias, algo. Pero nada hay de eso, lo que tampoco me sorprende. Ya me había tropezado con algunas muestras del concepto zizekiano de hecho empírico y de argumento razonado.

Por ejemplo, en el número de invierno de 2008 de la revista cultural alemana Lettre International, Žižek me atribuía a mí un comentario racista que sobre Obama había hecho Silvio Berlusconi. Lo ignoré. Cualquiera que ande al estricote con la ortodoxia ideológica está hecho a ese tipo de trato. Sin embargo, un editor de la revista Harper, Sam Stark, se interesó en el asunto, y lo siguió. En el número de enero de 2009 publicó el resultado de sus pesquisas. Žižek decía que basaba la atribución a mi persona en algo que había leído en una revista eslovena. Maravillosa fuente, si es que existe. Con todo y con eso –proseguía tan terne—, atribuirme a mí un comentario racista sobre Obama no era una crítica, porque yo habría hecho esas observaciones como “una caracterización enteramente admisible en nuestra lucha política e ideológica”. Dejo a otros la decodificación de eso. Cuando el periodista/activista esloveno Igor Vidman le preguntó al respecto, Žižek le respondió que ya había discutido el asunto por teléfono conmigo y que yo estaba de acuerdo con él: http://www.vest.si/2009/01/31/zizkov-kulturni-boj/. Pura fantasía, huelga decirlo.

No es el único caso. Y ahora, en efecto, sus comentarios vienen a suministrarnos un buen ejemplo de sus prácticas. De acuerdo con él, yo sostengo “que no necesitamos ninguna crítica de la ideología”, es decir, que no necesitamos aquello a lo que yo he venido dedicando enormes esfuerzos durante muchos años. ¿Sus pruebas? Se lo habría oído decir a alguien que habría hablado conmigo. Pura fantasía, de nuevo, y otro indicio de su concepto de hecho empírico y discusión racional.

No podía yo, así pues, esperar gran cosa. 

El único ejemplo de Žižek es este: “Me acuerdo de cuando [Chomsky] defendía esta manifestación de los Jmeres Rojos. Y escribió unos cuantos textos diciendo: ‘No, eso es propaganda occidental. Los Jmeres Rojos no son tan terribles’. Y cuando luego se ve obligado a admitir que los Jmeres Rojos no eran los tipos más amables del Universo, etc. etc., su defensa me resultó bastante chocante: ‘No, con los hechos de que disponíamos en ese momento, yo llevaba razón. Entonces no sabíamos todavía lo suficiente, bueno… ya sabe’. Pero yo rechazo totalmente esta forma de razonamiento”.

Vayamos a los hechos empíricos que Žižek encuentra tan aburridos.

Žižek no cita nada, pero se refiere presumiblemente a un trabajo mío de los 70, coescrito con Edward Herman (Political Economy of Human Rights [Economía política de los derechos humanos]), así como a Manufacturing Consent [La producción de consenso], en donde, una década después, repasábamos hechos y respondíamos al tipo de objeciones y críticas que aparentemente tiene en mente Žižek. En PEHR habíamos elaborado con muchas ilustraciones la distinción de Herman entre víctimas dignas e indignas. Las víctimas dignas son aquellas cuyo destino puede atribuirse a algún enemigo oficial; las indignas son las víctimas de nuestro propio estado y de los crímenes de éste. Los dos primeros ejemplos en los que nos centrábamos eran la Camboya bajo los Jmeres Rojos y la invasión indonesia del Timor oriental por la misma época. Se dedicaba un largo capítulo a cada caso. Son ejemplos muy elocuentes: atrocidades comparables, en la misma región, en el mismo momento. Las víctimas de los Jmeres Rojos son “víctimas dignas”, cuyo destino ha de atribuirse a un enemigo. Los timoreses son “víctimas indignas”, porque nosotros somos los responsables de su destino: la invasión indonesia fue aprobada por Washington y plenamente apoyada luego, hasta en sus peores atrocidades, las cuales, aunque calificadas luego por una investigación posterior de NNUU como “genocidas”, estaban ya ampliamente documentadas en ese momento. Nosotros mostrábamos que subyacía en ambos casos una mentira de tan extraordinaria escala, que habría impresionado al mismísimo Stalin. Pero de direcciones opuestas: en el caso de los JR, una enorme falsificación de supuestos crímenes, incluyendo la reconfiguración de las acusaciones tras demostrarse falsas, y la intencionada ignorancia de las pruebas más creíbles, etc. En el caso del TO, en cambio, silencio, por lo general, o negación de la evidencia. 

Los dos casos son distintos, huelga decirlo. El caso del TO es incomparablemente más significativo, porque podría haberse puesto fácilmente fin a las atrocidades, como se hizo finalmente en septiembre de 1999, simplemente con una indicación de Washington de que el juego había terminado. En cambio, nadie tenía una propuesta sobre lo que podía hacerse para poner fin a las atrocidades de los JR. Y cuando una invasión vietnamita terminó con ellas en 1979, los vietnamitas fueron duramente condenados por nuestro gobierno y nuestros medios de comunicación. Y castigados por ello: los EEUU empezaron de inmediato a apoyar diplomática y militarmente a los JR. Llegados a ese punto, cesaron prácticamente los comentarios: los camboyanos se habían convertido en víctimas indignas, atacadas por sus torturadores JR sostenidos por Washington. Análogamente, habían sido víctimas indignas antes de la toma del poder por los JR en 1975, porque padecieron el asalto de los EEUU en el bombardeo más intenso de la historia –equivalente a todo el bombardeo aliado en el teatro bélico del Pacífico durante la II Guerra Mundial— dirigido contra una indefensa sociedad rural siguiendo órdenes transmitidas por Henry Kissinger: “a todo lo que vuele, a todo lo que se mueva”. Consiguientemente, poco se dijo sobre su miserable destino entonces, y hasta el día de hoy.

Los especialistas en Camboya sostienen que ha habido más investigación del período entre abril de 1975 y 1978 que del resto de toda su historia. Nada sorprendente, dada la utilidad ideológica del sufrimiento de las víctimas dignas, otro de los asuntos sobre los que reflexionábamos.

En esos libros y en otros logramos reunir una amplia documentación que mostraba como bastante normal la pauta seguida: la Camboya bajo los JR (pero –repárese bien en ese hecho crucial— antes, no luego) y el TO resultaban casos paradigmáticos y particularmente espectaculares. Mostrábamos también que esa pauta resulta imperceptible: dábamos muchos ejemplos y ofrecíamos la obvia explicación.

Lo que escribimos sobre el caso, harto más importante, del TO, entonces y desde entonces, ha sido prácticamente ignorado. Lo mismo puede decirse de lo que nosotros y otros hemos escrito sobre Camboya en los momentos en que eran víctimas indignas, sometidas a ataque estadounidense. En cambio, se ha creado toda una industria, rebosante de histeria, empeñada en descubrir errores en nuestro repaso de los hechos desarrollados en la Camboya bajo los JR y en nuestro tratamiento de esos hechos. Hay que decir que, hasta la fecha, sin éxito. Estoy seguro de que hablo también en nombre de Ed Herman si digo que estamos orgullosos de la recientísima reedición de ese viejo texto, junto con el trabajo, mucho más importante, sobre las víctimas indignas, del mismo modo que nos sentimos felices de revisar los hechos y de responder a la tormenta de críticas una década después

No es demasiado sorprendente que no se hayan descubierto errores. Porque hicimos poco más que pasar revista a lo que estaba publicado, dejando muy claro –conforme a la cita de uno de los comentaristas sobre Žižek– que “nuestro principal cometido aquí no es el de establecer los hechos en relación con la Indochina de postguerra, sino más bien el de investigar la refracción sufrida por esos hechos al pasar por el prisma de la ideología occidental, un cometido muy distinto”; y harto más sencillo, todo ha de decirse. Escribimos entonces que no podíamos saber cuáles eran los hechos reales, pero sugeríamos a los comentaristas que se atuvieran a la verdad y prestaran atención al registro documental y a los observadores más calificados, en particular a las conclusiones que citábamos procedentes de la inteligencia del Departamento de Estado, reconocida como la fuente más informativa. Además, el capítulo fue cuidadosamente leído por académicos de primer nivel especialistas en Camboya, antes de ser dado a imprenta. De modo que la falta de errores no es una gran sorpresa.

Harto más interesante resulta el hecho de que quienes en nuestros días se hallan totalmente atrapados por la propaganda occidental adhieren religiosamente a la doctrina prescrita: aspavientos de gran indignación respecto a los años de los JR y a nuestro concienzudo escrutinio de la información disponible y de la torrentada falsificacatoria; y silencio sobre los casos mucho más significativos del TO y de la Camboya sometida a los ataques de los EEUU, antes y después de los años de los JR. Los comentarios de Žižek constituyen un caso paradigmático de eso.

Como el lector puede fácilmente comprobar, Žižek no ofrece ni un adarme de prueba para sostener sus acusaciones; se limita simplemente a repetir lo que probablemente ha escuchado (o leído por acaso en una revista eslovena…). No menos interesante es que le resulte chocante que nos sirviéramos de los datos accesibles. Él “rechaza totalmente” ese proceder. No es necesario comentar una observación que abona la mala reputación de la irracionalidad.

El resto de los comentarios de Žižek no guardan la menor relación con nada que yo haya dicho o escrito, de modo que puedo ignorarlos.

Queda la cuestión de por qué este tipo de hueras escenificaciones se toman en serio. Pero la dejaré también de lado.   

Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Universalmente reconocido como renovador de la lingüística contemporánea, es el autor vivo más citado, el intelectual público más destacado de nuestro tiempo y una figura política emblemática de la resistencia antiimperialista mundial. 

Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella

Por qué Chomsky desconfía de internet?



Paula Molina,Especial para BBC Mundo

 Miércoles, 10 de julio de 2013 

Chomsky desmitifica el impacto de internet y se pregunta sobre sus consecuencias.

Activista político y ácido crítico del poder, Chomsky cree que las revelaciones del exanalista de inteligencia Edward Snowden sobre el espionaje en Estados Unidos son una prueba de que los gobiernos pueden aliarse con las grandes corporaciones para usar la red contra los ciudadanos.Considera, además, que los lentes de Google son "orwellianos y ridículos" y que internet puede aislar y radicalizar a las personas.

El académico que revolucionó la lingüística y ha escrito más de cien libros reconoce que la red puede ser valiosa y él mismo la usa todo el tiempo, pero desde su oficina en Cambridge, Estados Unidos, desmitifica su impacto y se pregunta sobre sus consecuencias.
Internet vs. telégrafo"Internet representa un cambio, pero ha habido cambios mayores cuando uno mira el último siglo y medio".El telégrafo fue verdaderamente revolucionario, según Chomsky.

"La transición entre la comunicación que permitía la navegación a vela y la que permitió el telégrafo fue mucho mayor que la que generan las diferencias entre el correo tradicional e internet".

"Hace 150 años si mandabas una carta a Inglaterra, la respuesta podía demorar unos dos meses, porque viajaría en barco, y quizás ni siquiera llegaría a su destino".

"Cuando surgió el telégrafo la comunicación se volvió prácticamente instantánea, y ahora que tenemos internet es sólo un poco más rápida".

Internet vs. bibliotecas

"Hace un siglo, cuando se instalaron bibliotecas públicas en la mayoría de las ciudades estadounidenses, la disponibilidad de información y el incremento en la riqueza cultural fue ampliamente mayor que el que genera internet".

"En la biblioteca (...) puedes confiar en que el material tendrá cierto valor porque pasó por cierto proceso de evaluación"Ahora no tienes que cruzar la calle para ir a la biblioteca, puedes tener acceso a información en tu propio living, pero la información ya estaba allí, cruzando la calle". La diferencia entre internet y una biblioteca es más pequeña que la diferencia entre la ausencia de una biblioteca y una biblioteca... En la biblioteca además al menos puedes confiar en que el material tendrá cierto valor porque pasó por cierto proceso de evaluación".

"Internet es una suma de ideas azarosas y es difícil distinguir entre lo que alguien pensó mientras cruzaba la calle y lo que otro estudió en profundidad".

¿Más unidos o más separados?

"Caminar hablando por teléfono es una forma de mantenerse en contacto con otros, pero, ¿es un paso adelante o un paso hacia atrás?"Caminar hablando por teléfono es una forma de mantenerse en contacto con otros, pero, ¿es un paso adelante o un paso hacia atrás?""Yo creo que probablemente sea un paso hacia atrás, porque está separando a la gente, construyendo relaciones superficiales"."En vez de hablar con las personas cara a cara, de conocerlas a través de la interacción, hay una especie de carácter casual de esta cultura en desarrollo"."Conozco adolescentes que creen que tienen cientos de amigos, cuando en realidad están muy aislados".Cuando escriben en Facebook que mañana tienen un examen, alguien les responde 'espero que te vaya bien' y conciben eso como amistad"."Todavía no he visto ningún estudio, pero pienso que la nueva tecnología está aislando a las personas en un grado importante, está separándolas unas de otras".

¿Más o menos abiertos de mente?

"Internet entrega acceso instantáneo a todo tipo de ideas, opiniones, perspectivas, información. ¿Eso ha ampliado nuestras perspectivas o las ha hecho más estrechas?"Los más jóvenes (...) viven en una sociedad y una cultura exhibicionistas, donde colocas todo en Facebook, donde quieres que todo el mundo sepa todo sobre ti""Yo creo que ambas. Para algunos las ha ampliado. Si sabes lo que estás buscando y tienes un sentido razonable de cómo proceder, internet puede ampliar tus perspectivas"."Pero si te aproximas a internet de manera desinformada, el efecto puede ser el opuesto"."La mayoría usa internet como entretenimiento, diversión. Pero de la minoría que la usa para adquirir información, lo que se puede ver es que las personas localizan muy rápidamente sus sitios favoritos y los visitan porque refuerzan sus propias ideas"."Entonces te vuelves adicto a esos sitios, que te dicen lo que estás pensando y no miras otros"."Eso tiene un efecto de auto reforzamiento; el sitio se vuelve más extremista, y tú te vuelves más extremista y te separas más de los demás".

Sin secretos

"Sólo por propósitos comerciales, Google, Amazon y el resto están coleccionando enormes cantidades de información de las personas; información que yo creo que no deberían tener".Rastrean tus hábitos, tus compras, tu comportamiento, lo que haces y están tratando de controlarte dirigiéndote en determinadas direcciones".Internet es una tecnología que está disponible, hay mucha presión por usarla, todo el mundo quiere decir 'yo esto, yo lo otro'. Hay un componente de autovaloración""Y creo que lo están haciendo en niveles que exceden a lo que el gobierno hace. Así que el gobierno les está pidiendo ayuda"."Los más jóvenes, muy a menudo no ven ningún problema en esto. Viven en una sociedad y una cultura exhibicionistas, donde colocas todo en Facebook, donde quieres que todo el mundo sepa todo sobre ti. Así que el gobierno también sabrá todo sobre ti".

¿Una tecnología neutra?

"Cuando los medios para hacer algo están disponibles y son fáciles de acceder, son tentadores y la gente, especialmente la más joven, tiende a usarlos"."Internet es una tecnología que está disponible, hay mucha presión por usarla, todo el mundo quiere decir 'yo esto, yo lo otro'. Hay un componente de autovaloración"."Pero también hay toneladas de publicidad... Internet se mercadea a sí misma como un medio para comunicarnos y conectarnos, y hasta cierto nivel, eso es cierto: puedo contactar amigos auténticos en diferentes partes del mundo, en India, en Medio Oriente, en Chile, en cualquier lugar"."Y puedo interactuar con ellos de una forma que sería muy difícil por correo".

"Pero por otro lado, Internet también tiene el efecto opuesto. Es como cualquier tecnología: es básicamente neutra, puedas usarla en formas constructivas o dañinas. Las formas constructivas son reales, pero muy pocas".