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Las amenazas, la cultura y la coordinación represiva
Néstor KohanRebelión

25 de mayo 2013

¿Ya no hay coordinación represiva en Nuestra América? ¿Se acabó el Plan Cóndor? ¿Se disolvieron los aparatos de inteligencia vinculados al terrorismo de estado? ¿Los grupos de ultraderecha son un triste recuerdo del pasado? ¿Vivimos en una democracia plena? 

Cada quien responderá esas preguntas como quiera o como pueda.

En estas líneas me limito a hacer públicos y denunciar hechos puntuales que, ¿por qué no admitirlo?, me generan cierta preocupación.

En Argentina estamos acostumbrados a la vigilancia de los aparatos de inteligencia. Ya son parte del “folclore político” doméstico. Nos escuchan los teléfonos, nos leen los correos electrónicos, nos fotografían las asambleas, nos filman en las movilizaciones. Todo el mundo lo sabe. Los recientes casos, tristemente célebres, del oficial de inteligencia de la policía federal Américo Balbuena, infiltrado más de una década en la agencia de noticias alternativa Rodolfo Walsh, así como el “proyecto X” de inteligencia de la Gendarmería sobre organizaciones populares son tan sólo la punta del iceberg. Es lo que apenas salió a la luz. ¿Y todo lo que no se ve? Sólo alguien demasiado ingenuo o completamente desinformado puede imaginar que esto es producto de la “paranoia”. 

El aparato de inteligencia y represión del estado opera a través de múltiples vías. Puede consultarse con provecho el libro de Gerardo Yung SIDE, La Argentina secreta (Buenos Aires, Planeta, 2006), donde aparece la descripción del modo de operar del aparato de inteligencia argentino (dirigido y equipado directamente por la CIA de EEUU y el MOSSAD de Israel) sobre el movimiento popular, sus militantes y sus intelectuales. Uno de los tantos departamentos de la central de inteligencia de Argentina está dedicado, obviamente, a la informática. Utilizan tecnología de punta, en gran parte proveniente de Israel. Desde allí interceptan mensajes, escuchan, miran y, ¿por qué no?, arman páginas y blogs en la web.

En ese clima político han aparecido últimamente una serie de páginas de Internet destinadas a contrarrestar a las agencias de información alternativa. Se presentan como gestionadas en forma “amateur” por individuos sueltos o viejitos reaccionarios. Pero por la cantidad de información que manejan, el seguimiento al detalle, día y hora, de movimientos sociales, partidos políticos e incluso individuos, sería imposible que una o dos personas puedan mantenerlas funcionando en forma “amateur”. Es evidente que hay un aparato detrás, una organización de vigilancia colectiva que intenta operar con información de inteligencia sobre la opinión pública. Quien sospeche que esto es “paranoia” que siga disfrutando de su ingenuidad.

En una de esas páginas, titulada CATAPULTA, me acusan con nombre y apellido, incluyendo fotografías de mi persona y tapa de mis libros, de ser un “escritor guerrillero” aduciendo como prueba haber publicado un libro sobre EL CAPITAL de Karl Marx y mi participación durante una década en la Universidad Popular que promovieron las Madres de Plaza de Mayo. Cada vez que publican artículos o notas sobre Néstor Kohan las ubican en la sección CONOCIENDO AL ENEMIGO. En una de ellas pretenden señalarme como “brazo político de las FARC” (referencia a la insurgencia de Colombia, hoy en diálogos de paz en la Habana, Cuba) junto al profesor de economía Jorge Beinstein, ya que ambos pertenecemos al Movimiento Continental Bolivariano (MCB). Véase http://www.catapulta.com.ar/?p=2629

Esta página de ultraderecha argentina disfraza su tarea incluyendo “notas color” donde acusan a la Iglesia del Vaticano de ser “demasiado liberal” y otras tonterías similares, pero el eje habitual de sus informaciones son, invariablemente, el seguimiento al detalle de las actividades de la izquierda y de las organizaciones populares.

“Acostumbrado” a nuestra ultraderecha criolla y a sus servicios de inteligencia siempre rodeándonos, dejé pasar esas publicaciones, no sin cierta preocupación.

Un tiempo después de que apareciera mi fotografía en la sección “CONOCIENDO AL ENEMIGO” de Catapulta, viajé a México a un seminario internacional organizado por el Partido del Trabajo (un partido legal e institucional, con representación parlamentaria) y al llegar al aeropuerto de México oficiales de INTERPOL me retuvieron el pasaporte y me llevaron a su oficina. No pasó nada grave. Me devolvieron el pasaporte. ¿Para qué hicieron eso? Nunca lo supe.

Luego fui a Santiago de Chile a presentar la edición chilena de mi último libro sobre el pensamiento teórico del Che Guevara y sus cuadernos de lectura marxista. En el aeropuerto de Santiago, a la hora de sellarme los documentos, comenzó un extenso interrogatorio sobre el contenido de mis clases, los amigos chilenos que me irían a recibir, mis contactos políticos y una serie infinita de preguntas policiales muy detalladas. Me exigían datos sobre las universidades que visitaría. Salí de ese interrogatorio y les pregunté a otros pasajeros si les habían hecho preguntas. Nadie que tomó el mismo vuelo que yo había sido interrogado.

Y ahora me encuentro, de pura casualidad, buscando información en Internet, con una nueva y amarga “sorpresa”. 

Aparece una página, claramente de la inteligencia colombiana (por la cantidad de información y de notas diarias dedicadas a la insurgencia y al movimiento popular colombiano), titulada Colombiaopina's Blog donde los editores publican la siguiente nota: “CONOCER A LOS APOLOGISTAS DE LAS FARC: NESTOR KOHAN”. Véase: http://colombiaopina.wordpress.com/2012/12/14/conocer-a-los-apologistas-de-las-farc-nestor-kohan/conocer-a-los-apologistas-de-las-farc/

Allí utilizan una fotografía mía donde estoy dando una conferencia sobre Karl Marx en Europa. Estos agentes de inteligencia la retocan y la trucan, al peor estilo del stalinismo (que retocaba las fotos donde Trotsky aparecía al lado de Lenin, borrándolo), reemplazando los símbolos de una organización política de Santiago de Compostela (Galiza, estado español) por el escudo de las FARC-EP de Colombia.

Fotografía original


Fotografía trucada:


Todo el mundo sabe que en Colombia las amenazas de muerte y los asesinatos políticos selectivos estuvieron y están a la orden del día. El caso del profesor Renan Vega Cantor, autor de una gran cantidad de libros sobre historia y Premio Libertador en Venezuela ha sido uno de los más recientes (hasta donde tenemos noticias). Renan Vega vino a la Argentina escapando de ese acoso político y esas amenazas de muerte y recibió la solidaridad de muchísimas personalidades políticas, intelectuales, revistas, cátedras y organizaciones estudiantiles. Lo mencionamos porque es el más cercano y el más reciente del que tenemos memoria.

También sabemos que la clase dominante colombiana no sólo ha amenazado, asesinado y reprimido dentro de su propio territorio nacional. No hace demasiado tiempo el intelectual y dirigente político Narciso Isa Conde, también integrante del Movimiento Continental Bolivariano, recibió un atentado —afortunadamente frustrado— en su país, República Dominicana. Como hacían los militares argentinos de Videla o los chilenos de Pinochet, esta gente vigila, amenaza, mata y asesina incluso más allá de sus fronteras.

Por eso dejé pasar las (falsas) notas acusatorias de los servicios de inteligencia de CATAPULTA. No le di mayor importancia a las “anécdotas” de INTERPOL en México y al rarísimo e inesperado interrogatorio de la policía en Chile. Pero cuando me encuentro ahora con esta burda maniobra de la inteligencia militar colombiana, creo que es hora de hacerlo público. Porque acá hay una coordinación represiva. Estas “coincidencias” no son casuales. Exactamente la misma información (falsa, trucada) y el mismo montaje comienza a aparecer en fuerzas represivas de países distintos.

En la acusación fraguada, malintencionada y pérfida a la que hago referencia, los agentes de inteligencia colombianos pretenden señalarme como “uno de los principales ideólogos de las FARC en este momento”. ¡Qué delirio, Dios mío! Estos fascistas no sólo son reaccionarios de ultraderecha, además tienen graves problemas mentales. ¿Cómo se imaginan que alguien que vive en Argentina, a miles de kilómetros de Colombia, puede ser un ideólogo de una organización de otro país? Como se han quedado sin los viejos cuentos del “comunismo que viene de Moscú o de Pekín”, ahora inventan ideólogos… argentinos. No puedo menos que reírme. Parece un chiste (malo) de argentinos. Los argentinos no sólo han puesto un Papa en el Vaticano, también controlan a las FARC de Colombia. ¡Qué delirantes!

Y no sólo eso, me acusan afirmando lo siguiente “y desde las páginas electrónicas de la organización narcoterrorista “tira línea” [Néstor Kohan] sobre lo que debe ser el comportamiento de los terroristas en el proceso de La Habana”. ¡Qué subestimación tiene esta gente de la insurgencia colombiana! ¿Un movimiento social y político con miles de integrantes, que hace 60 años que lucha en su país, necesitaría que alguien “le tire línea” sobre los problemas colombianos? Ni siquiera tengo datos empíricos de la economía colombiana, de la propiedad de su territorio, del desarrollo de su industria, de los niveles de su comercio exterior. No conozco ni siquiera las provincias colombianas. ¿Cómo “tirar línea” sin vivir ahí ni conocer a fondo un país? ¡Qué delirantes!

En su nota macartista y fraudulenta no se ahorran nada. Me acusan de “terrorista” por haber colaborado durante muchos años con el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. ¿Quién en su sano juicio piensa hoy que los campesinos brasileños son “terroristas”? ¿Detrás de estas acusaciones no estará la inteligencia de EEUU?

Los milicos de CATAPULTA me acusan de “terrorista” y “guerrillero” por haber colaborado durante una década con las madres de plaza de mayo (colaboración absolutamente gratuita, agrego… para evitar malentendidos, jamás cobré un solo peso). 

Los milicos de Colombia me acusan de “terrorista” por haber trabajado junto a los campesinos de Brasil y por sugerir que lograr la paz en Colombia es muy difícil debido al terrorismo de estado de su clase dominante. 

Como “pruebas” incluyen dos notas mías, pequeñísimas. (Estos lúmpenes a sueldo del estado ni siquiera se tomaron el trabajo de leer los libros míos que ellos citan como un pecado gravísimo). Una es sobre la paz en Colombia —que ellos rechazan, pues apuestan a la guerra y a la solución militar del conflicto— y otra es sobre una vieja biografía del escritor Arturo Alape del que hice una reseña bibliográfica hace 15 años.

Sobre la primera nota, “La paz en Colombia”, ni siquiera me había enterado que la agencia de noticias alternativa anncol la había publicado. Tuve que pinchar el link de los fachos para enterarme… porque el original salió en una página española. Si anncol rebotó esa nota, ¿qué problema hay? ¿Es pecado?

Sobre la segunda nota, citan un pequeñísimo texto que escribí en los años 90 sobre una biografía de Arturo Alape sobre Marulanda (buenísima, la recomiendo, la publicó editorial Planeta) que un dirigente sindical argentino nos había regalado, hace como 15 años, a mi padre y a mí. Una biografía literaria que hasta incluye elementos de ficción. La biografía se titula Tirofijo: Los sueños y las montañas. Este texto sobre la biografía de Alape fue escrito en la década del ’90 y lo incorporé al libro Pensar a contramano. Las armas de la crítica y la crítica de las armas. Buenos Aires, Nuestra América, 2007.pp.289-290. Como los fachos no leen libros gordos, porque es mucho trabajo, se tomaron de ese texto donde comparo a las FARC-EP de Colombia con el EZLN de México, trazando analogías y diferencias. Sí, también viajé a México y participé en un encuentro del zapatismo (EZLN) en 1996. ¡Qué pecado mortal!

¡Néstor Kohan defiende la rebeldía del pueblo colombiano! ¡Gravísimo! ¡Llamen a la Inquisición! También defiende a los campesinos de Brasil y a los indígenas de México y estuvo muchos años junto a las madres de plaza de mayo. Podrían haber agregado otros “pecados mortales”. Tuve el honor de conocer a Fidel Castro y a Hugo Chávez. También pude entrevistar a Evo Morales. Michael Löwy (brasileño, de inspiración trotskista-guevarista) prologó dos libros míos. Armando Hart Dávalos (cubano, fundador del Movimiento 26 de julio junto a Fidel) prologó otro texto mío. Osvaldo Bayer (argentino y anarquista) también prologó un libro mío. ¿Y qué? ¿Piensan identificar, marcar y amenazar de muerte a todos ellos? Soy amigo de muchos marxistas de España, Francia e Italia. ¿Piensan cruzar el mar e ir a “marcarlos” al otro lado del agua?

En las acusaciones de estos militares y agentes de inteligencia hay solo un dato cierto. Formo parte del Movimiento Continental Bolivariano… Es verdad. ¡Y a mucha honra! Es más, acabo de escribir un libro entero dedicado a Simón Bolívar y nuestra independencia (Una lectura latinoamericana). ¿Está mal? ¿Tanto miedo le tienen al fantasma de Simón Bolívar?  

Como parte del Movimiento Continental Bolivariano hemos compartido un montón de clases y seminarios de estudio con la bandera de Simón Bolívar detrás nuestro (y del Che Guevara, ya que nuestra Cátedra de Formación Política lleva su nombre). Clases donde han participado muchos jóvenes estudiantes, trabajadores de fábricas recuperadas, piqueteros, y militantes populares compartiendo el conocimiento con profesores, escritores, intelectuales y pensadores como Osvaldo Bayer, Vicente Zito Lema, Atilio Boron, Jorge Beinstein, Claudio Katz, el embajador de Palestina en Argentina y varios dirigentes piqueteros. También participaron profesores brasileños, uruguayos, bolivianos, cubanos, venezolanos y chilenos. Las fotografías de esas clases y debates con estos profesores e intelectuales están en Internet. Nunca las ocultamos. ¡Todas clases públicas! ¿Piensan “marcarlos” y callarlos a todos?

Más allá de lo personal, quiero hacer una reflexión mínima sobre las preguntas del comienzo. ¿Desapareció el Plan Cóndor? ¿Ya no hay coordinación represiva a escala continental? ¿Los servicios de inteligencia y los aparatos de “seguridad” (qué palabra engañosa…) no se pasan información, no coordinan la vigilancia, no articulan el seguimiento y la represión?

Sus concepciones, que lamentablemente no quedaron recluidas en el pasado, continúan operando con objetivos precisos:

(1) Aniquilar por la fuerza a todo movimiento social rebelde, desde los tímidos movimientos urbanos y rurales que sólo se proponen reformas puntuales, hasta la insurgencia. TODOS SON ENEMIGOS. Para ellos todos son “terroristas”. 

(2) Aislar a los rebeldes: el famoso “sacarle el agua al pez” que en los ’60 promovieron los franceses en Argelia y los norteamericanos en Vietnam, doctrinas que luego se aplicaron a rajatabla en Nuestra América. Que los rebeldes se queden solitos, aislados, sin que nadie opine, sin que nadie hable, sin que nadie vea nada.

(3) Golpear a la cultura de la rebeldía y al pensamiento crítico, considerados como “núcleo central del adoctrinamiento subversivo-terrorista” (según el teórico militar argentino Osiris G. Villegas: Guerra revolucionaria comunista [Buenos Aires, Pleamar, 1963; primera edición de la Biblioteca del Oficial del Círculo Militar Argentino, 1962]). La cultura es el germen de las revoluciones… por eso en ese espacio hay que vigilar, amedrentar, golpear y si es posible, aniquilar.

(4) Demonizar, satanizar y generar TERROR entre la juventud, el estudiantado, la intelectualidad, los periodistas, las abogadas, los profesores y las profesoras. ¡Qué nadie hable! ¡Qué los escritores no se animen a escribir! ¡Qué nadie investigue nada! ¡Qué los libros no circulen ni se lean!

(5) Sentar las bases de los futuros asesinatos selectivos. En Colombia lo vienen haciendo desde hace décadas. La Triple A argentina (Alianza Anticomunista Argentina) comenzó igual, señalando futuras víctimas. Amenazando. “Identificando”. Marcando.

No quiero ser pesimista. Tengo ganas, tengo deseos que las cosas cambien. No me gusta la cultura “dark” ni hago el culto de la melancolía. Pero tampoco soy ingenuo.

No creo que los aparatos de represión de este continente se hayan transformado en dulces monjitas o inocentes carmelitas descalzas. En Argentina, con formas “democráticas” desapareció Julio Lopez, testigo contra los asesinos militares. Hasta el día de hoy… “nadie sabe nada”.

No creo en la sonrisa hipócrita del presidente Obama. Cuanto más sonríe, más golpes de estado hay. ¿Qué pasó en Honduras? ¿Y en Paraguay? ¿Se desmantelaron las nuevas bases militares estadounidenses en Colombia? No, no le creo a Obama. Es un rubio disfrazado de afrodescendiente. Es más de lo mismo. Su multiculturalismo es una mercancía de shopping que nada tiene que ver con el totalitarismo de su american way of life que nos pretende imponer de mil maneras, cada día más sutiles, vigilancia, control y represión incluida.

No le creo al presidente Santos ni al ex presidente Uribe. Parece que entre ellos están peleados. La página de inteligencia militar que me “marca”, me señala y amenaza, critica a Santos, seguramente a favor de Uribe. No conozco esa interna política de Colombia ni me interesa. Los nazis también se peleaban entre ellos pero a la hora de matar, asesinaban todos juntos.

Cuando me encuentro ante estas publicaciones amenazantes me acuerdo de algunos viejos, queridos y admirados desde mi adolescencia. 

Jean-Paul Sartre, por ejemplo, en medio de la histeria colonialista francesa y europea, se animó a defender los derechos a la rebeldía y a la insurgencia del pueblo de Argelia. No eran demonios, tenían derechos, dijo Sastre fumando su pipa. No merecían ser torturados, violados, asesinados. Sartre se puso en contra a todo el mundo, pero continuó defendiendo a los rebeldes. ¡Y bien que hizo!

Bertrand Russell, viejito, arrugado, completamente canoso, admirador de Leibniz, amante de la matemática y la lógica simbólica, se sobrepuso a las amenazas y no dejó un minuto de condenar la injusta guerra de Vietnam. Incluso lo metieron preso, pero siguió ejerciendo la solidaridad con la gente humilde y los pueblos rebeldes, brutalmente quemados y arrasados por el NAPALM de los marines norteamericanos.

Eric Hobsbawm, viejito judío rodeado de la flema y la neblina inglesa, al hablar de la insurgencia colombiana y el pueblo de Marulanda, no dudó en escribir que “En Colombia se vive la movilización campesina más grande de todo el hemisferio occidental”. No los nombraba como “terroristas” sino como campesinos movilizados.

Noam Chomsky, neurótico obsesivo fascinado por las estructuras del lenguaje y las formas de racionalidad humana, escribió en su libro Estados Canallas. El imperio de la fuerza en los asuntos mundiales (Cambridge, South End Press, 2000; Buenos Aires, Paidos, 2001) que la insurgencia colombiana no constituye una banda de delincuentes, secuestradores, bandoleros y forajidos y, menos que nada, una “narcoguerrilla terrorista” sin ideología. ¿También lo van a marcar e identificar como “apologista de las FARC”? ¿También lo van a amenazar? ¿Van a ir a fotografiarlo hasta su casa en Estados Unidos?

Al enterarme que estos milicos, policías y aparatos de inteligencia me señalan con nombre, apellido y fotografías, me cuesta dormir. Mentiría si dijera que no tengo miedo. Sería una bravuconada tonta. Sólo alguien delirante puede no aferrarse al principio de realidad. Si quieren generar miedo, lo logran. La cuestión es qué hacemos nosotros con nuestros miedos. ¿Nos sometemos? ¿Nos anulamos como sujetos? ¿Dejamos de ser quienes somos? ¿Dejamos de escribir? ¿Abandonamos las clases de formación política? ¿Nos callamos la boca frente a la larga mano del terrorismo de estado?

Max Horkheimer decía “La lealtad a la filosofía significa no permitir que el miedo disminuya nuestra capacidad de pensar”. Y tiene razón. Todavía hoy tiene razón. Hegel, otro gigante del pensamiento, en su Fenomenología del espíritu escribió que “Solo si se pone en juego la vida, se conserva la libertad”. Y nuestro querido Rodolfo Walsh cerraba su carta a los mugrientos asesinos, terroristas de estado: “sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”. Por la misma época de Rodolfo Walsh, en plena dictadura militar de Videla, mi padre fue amenazado de muerte, tuvo que irse de la casa y andar escondido. Nunca dejó de ser quiera era. No pudieron con él.

Así que no dejaremos de hacer lo que hacemos. Seguiremos estudiando y escribiendo, continuaremos con las clases itinerantes de formación política, no dejaremos de investigar ni de denunciar los crímenes del terrorismo de estado.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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Nestor Kohan: Entrevista con Carlos Nelson Coutinho (1943-2012): La filosofía de la praxis en Brasil  La Haine,23 septiembre 2012


Muere un gran amigo y compañero, el pensador marxista brasilero Carlos Nelson Coutinho, introductor de Gramsci en Brasil e interlocutor de György Lukács, Con una sonrisa irónica solía repetir "yo no me desplacé a la izquierda, sigo siendo el mismo. Los demás se corrieron a la derecha...".

Carlos Nelson era muy irónico. Lúcido, erudito, amable, fraternal, tierno, divertido. Le gustaba conversar y beber en compañía. A pesar de ser profundamente brasilero, no le gustaba bailar. Se sentía comunista y mantuvo una coherencia en torno a los ideales comunistas, aunque fue cambiando de organizaciones a medida que éstas se derechizaban. Comenzó militando en el PC brasilero, luego se incorporó al PT y finalmente al PSOL. Apoyaba con entusiasmo al MST.

Es muy conocido que Coutinho introduce los Cuadernos de la Cárcel de Antonio Gramsci en Brasil. Menos conocido es su rol como introductor de György Lukács.

En Brasil, los primeros libros de Lukács recién aparecerán en idioma portugués a partir de 1965: Ensaios sobre literatura [1965]; Literatura e humanismo [1967]; Os marxistas e a arte [1967]; Introdução a uma estética marxista ; Marxismo e teoria da literatura y ¿Existencialismo ou marxismo? . (Debe destacarse que no se cuenta entre ellos el mejor de todos: Historia y conciencia de clase). 

Dos de los principales introductores de Lukács en Brasil son Carlos Nelson Coutinho y Leandro Konder, por entonces militantes de la corriente cultural del Partido Comunista. Ambos jóvenes mantenían en aquella época fortísimas simpatías por Historia y conciencia de clase. No obstante, su correspondencia con Lukács —donde le iban proponiendo nombres de libros suyos para ir traduciendo y publicando en Brasil— los fue apartando de ese rumbo. 

El filósofo de Hungría trataba de convencerlos de que “este libro está enteramente superado en sus problemas fundamentales” (Carta de G.Lukács a L.Konder del 9 de junio de 1963) . En el mismo sentido, el pensador húngaro señalaba: “Me gustaría sobre todo advertirle contra una lectura acrítica de «Historia y conciencia de clase»” (Carta de G.Lukács a Carlos Nelson Coutinho del 31 de agosto de 1963). Más tarde, una vez que el joven Coutinho le reconoce haber seguido sus consejos y haber abandonado la concepción “historicista” del marxismo propia de Lucien Goldmann, J.P.Sartre, Antonio Gramsci y el joven Lukács, el mismo Lukács le responde lo siguiente: “Me alegro de lo que usted me cuenta, o sea, que superó el historicismo abstracto-subjetivista sin caer en la gran moda actual del estructuralismo” (Carta de G.Lukács a C.N.Coutinho del 18 de octubre de 1967. Las 34 cartas intercambiadas entre los dos jóvenes intelectuales brasileños y el filósofo marxista de Hungría están reproducidas en el volumen colectivo Lukács e a atualidade do marxismo. São Paulo, Boitempo, 2002. pp.133-156).

De allí en más Coutinho irá enhebrando una sutil síntesis entre la concepción política de Gramsci y la concepción filosófica del Lukács maduro. Ambos resignificados de acuerdo a la realidad política y social brasilera en la cual Coutinho militó toda su vida.

En su recuerdo y a modo de homenaje al amigo, compañero y entrañable comunista que tuvimos el honor de conocer, reproducimos a continuación una síntesis de su obra y una entrevista que le hicimos a Carlos Nelson en México en 1999 para el libro «De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano».

“La filosofía de la praxis en Brasil”

 Entrevista a Carlos Nelson Coutinho

Carlos Nelson Coutinho es uno de los principales especialistas e investigadores brasileños sobre el pensamiento de György Lukács y Antonio Gramsci, cuyas obras él introdujo en Brasil. De Lukács, con quien mantuvo correspondencia (junto con su compañero Leandro Konder) durante la última década de vida del filósofo húngaro, Coutinho tradujo Marxismo y crítica literaria; Prolegómenos a una estética marxista; Ontología del ser social.Hegel y Ontología del ser social. Marx.

No casualmente, su primer libro de crítica literaria Literatura e humanismo. Ensaios de crítica marxista (Rio, Paz e Terra, 1967) está fuertemente atravesado por un élan lukacsiano.

Pocos años después, utilizando ampliamente la conceptualización lukacsiana madura de La ontología del ser social acerca de “la razón dialéctica y la riqueza humanista de la praxis”, el pensador brasileño publicó El estructuralismo y la miseria de la razón (1971). En esta obra precursora de muchas críticas posteriores, Coutinho cuestionó duramente a las distintas vertientes del pensamiento estructural –principalmente francés- absolutamente en boga en esos años, personificadas en Claude Levi-Strauss, Louis Althusser, Michel Foucault, entre otros. La suya fue una de las primeras críticas sistemáticas de esta tradición realizadas en América Latina.

De todas esas críticas sobresale la que dirigió contra Althusser, cuyo pensamiento caracterizó como “una posición de derecha, burocrática y conservadora, expresión del racionalismo abstracto y la epistemología neopositivista”. Cabe aclarar que en ese trabajo, Coutinho también criticaba, siempre desde la perspectiva del último Lukács, al “subjetivismo irracionalista del humanismo especulativo”. 

Aun militando en esa época en el Partido Comunista brasileño (organización con la que rompió a comienzos de los ‘80 tras haber publicado La democracia como valor universal [São Paulo, Ciências Humanas,1980]), Coutinho arremetió fuertemente en El estructuralismo y la miseria de la razón contra “la manipulación burocrática de las conciencias realizada por el stalinismo y también por el neostalinismo”. Allí además acusaba a estas corrientes de haber convertido al marxismo en “una ideología de la confianza y una sociología vulgar positivista”.

Junto con la obra de Lukács, Coutinho también recibió la influencia de Antonio Gramsci, de quien tradujo en 1966 El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce (publicado con el título de Concepção dialética da história, Civilização Brasileira, 1966); y en 1968 Los intelectuales y la organización de la cultura y Literatura y vida nacional (también por Civilização Brasileira).

Si durante el período 1961-1965 las obras del joven Lukács y de Antonio Gramsci fueron el horizonte central en el pensamiento filosófico de Coutinho, desde aproximadamente 1965 hasta 1975, ese lugar será ocupado por el Lukács maduro (no el Lukács de Historia y conciencia de clase sino del de la Estética y el de la Ontología del ser social). En ese período, su lectura filosófica del marxismo fuertemente lukacsiana sometía tangencialmente a discusión también a Antonio Gramsci, cuya filosofía era caracterizada en El estructuralismo y la miseria de la razón como “un historicismo subjetivista cuya raíz se remonta al joven Benedetto Croce”. No obstante, Coutinho seguía subrayando en ese entonces como propio el estrecho vínculo político entre Gramsci y Lenin.

Más tarde, probablemente a partir de 1975, en forma paralela a la influencia política que recibió del Partido Comunista italiano (principalmente de Palmiro Togliatti pero no sólo de él), Coutinho volverá sobre esos juicios acerca de Gramsci. A partir de entonces lo revalorará no sólo como filósofo sino principalmente como teórico de la política. Publicará entonces la primera versión de su Introducción a Gramsci (1981, luego ampliada y reeditada en varias ocasiones), donde destacará en el autor de los Cuadernos de la cárcel “su ontología marxista de la praxis política” y su operación de “conservación y superación dialéctica” de las categorías leninistas. En esta obra, absolutamente celebratoria del pensamiento gramsciano, se dejarán aun oir ecos de su período lukacsiano, como por ejemplo cuando Coutinho insiste con la tesis de que existirían “residuos idealistas en las reflexiones específicamente filosóficas de Gramsci”. 

En los últimos años Coutinho ha intentado repensar el conjunto de su obra anterior, explorando a fondo la posible articulación entre sus dos grandes amores filosóficos: la obra de Gramsci y la del Lukács maduro, entendiendo ambas como dos modalidades diferentes pero complementarias de la filosofía de la praxis. Paralelamente, en términos políticos, ha tratado de fundamentar la consigna de Rosa Luxemburg “No hay democracia sin socialismo, no hay socialismo sin democracia”, pero valiéndose centralmente de las categorías gramscianas de “sociedad civil” y “Estado ampliado”.
 En la Argentina se han conocido algunos de sus trabajos gracias a las traducciones al español de la editorial mexicana ERA. 

Entre sus últimos libros publicados en Brasil se destacan Cultura e sociedade no Brasil. Ensaios sobre idéias e formas (Belo Horizonte, Oficina do Livro, 1990); Marxismo e política. A dualidade de poderes e outros ensaios (São Paulo, Cortez, 1994 e 1996); Gramsci. Um estudo sobre seu pensamento político (Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 1999) y Contra a corrente. Ensaios sobre democracia e socialismo (São Paulo, Cortez, 2000). 

Entre sus traducciones al portugués, deben mencionarse, además de Gramsci y de Lukács, Las ideas estéticas de Marx de Adolfo Sánchez Vázquez; Lógica formal, lógica dialéctica de Henri Lefebvre; Socialismo e democracia. Escritos 1944-1964, una antología de Palmiro Togliatti y la Historia del marxismo organizada por Eric J. Hobsbawm (publicada originalmente en Italia por Einaudi). A ello habría que agregar la edición –todavía en curso [referencia al año 2.000]- de los Cuadernos de la cárcel de Gramsci (también por Civilização Brasileira), con los cuales Coutinho realizó una suerte de síntesis entre la edición temática de Togliatti y la última edición crítica de Valentino Gerratana.
 Actualmente [referencia al año 2.000], Carlos Nelson Coutinho es militante del Partido de los Trabajadores (PT) y profesor e investigador del Centro de Filosofia y Ciencias Humanas de la Universidad Federal de Rio de Janeiro.  La entrevista fue realizada especialmente para este libro.

Néstor Kohan: En tu obra teórica dos autores han ocupado el centro de la escena: György Lukács y Antonio Gramsci. ¿Por qué los tomaste como paradigmas e interlocutores privilegiados?

Carlos Nelson Coutinho: Creo que Lukács y Gramsci son los autores que mejor desarrollaron las indicaciones metodológicas de Marx, adecuándolas al siglo XX y garantizando así su perdurabilidad en el XXI. El último Lukács, al interpretar el legado filosófico de Marx como una “ontología del ser social” —que, a partir de la afirmación del trabajo como “modelo de toda praxis social”, concibe el ser social, al contrario del ser de la naturaleza, como una articulación orgánica de causalidad y teleología, de determinación y de libertad—, me parece haber propuesto la más lúcida lectura filosófica del marxismo. Gramsci, por su parte, no sólo ha comprendido la esencia de la filosofía de Marx al definirla como una “filosofía de la praxis”, sino que sobre todo ha promovido la más lúcida y creadora renovación de la teoría política marxiana, al formular el concepto de “sociedad civil” y, de este modo, al elaborar su específica noción de “Estado ampliado”. 

Además, pienso que, no obstante algunas divergencias no esenciales, es perfectamente posible conjugar las reflexiones de estos dos grandes pensadores: por ejemplo, es muy significativa la función esencial que, en ambos, desempeña el concepto de “catarsis”, que en Lukács tiene una dimensión ética y estética y que adopta, en Gramsci, una dimensión especificamente política. Pero, en ambos, la “catarsis” aparece como el movimiento de la praxis donde tiene lugar la elevación de la particularidad a la universalidad, de la necesidad a la libertad. Pienso que sería un trabajo de inestimable significación para el desarrollo del marxismo —se trata de una tarea que me propongo intentar— profundizar el estudio de las semejanzas y de las diferencias entre las reflexiones de Gramsci y de Lukács. 

N.Kohan: ¿En el Partido Comunista brasileño (PCB), dentro del cual militaste durante veinte años, los textos de Lukács y Gramsci circulaban libremente o estaban de algún modo “proscriptos” en función de los manuales soviéticos?

C.N.Coutinho: Ingresé en el PCB en 1960, esto es, después de XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), o sea, después de la denuncia de los crímenes de Stalin. La atmósfera cultural era ya más abierta. El PCB (que, dicho sea del paso, no ha sido jamás tan sectario y dogmático como el Partido Comunista argentino) experimentaba en este momento el desafío de otros agrupamientos de izquierda, sobre todo de los cristianos progresistas, y por eso aceptó que sus intelectuales más jóvenes propusieran nuevos autores marxistas. En los años 60, publicamos en Brasil no sólo a Gramsci y a Lukács, sino también importantes pensadores de la Escuela de Frankfurt, como T.Adorno, W.Benjamin y H.Marcuse. Ya en los años 60, en Brasil nadie tomaba en serio a los manuales soviéticos. 

Pero tenía lugar una tácita “división del trabajo”: podíamos, los intelectuales del Partido [PCB], presentar y defender a Gramsci y a Lukács como “filósofos”, pero la definición de la línea política era algo reservado a la dirección de Partido. Por eso, por ejemplo, ha sido muy unilateral la primera recepción de Gramsci en Brasil: él era presentado por nosotros como el más brillante filósofo y crítico literario marxista, pero ha quedado en silencio la innegable dimensión política de su obra. Esto es: el camino estaba abierto para defender a Gramsci como el promotor de una “filosofía de la praxis”, pero no como el teórico de la “revolución en Occidente”, es decir, como una alternativa a los paradigmas etapistas y rupturistas de la III Internacional, la Internacional Comunista. 

N.Kohan: Algo similar sucedió en la Argentina, en cuanto a esa “división del trabajo” que vos mencionás, con la recepción gramsciana de Agosti. ¿Vos conocías su obra? ¿Tuvo influencia en tu primer acercamiento a Gramsci?

C.N.Coutinho: De Agosti me acuerdo haber leído Defensa del realismo; Nación y cultura; Cuaderno de Bitácora; Para una política de la cultura –todos en español- y su único libro publicado en Brasil: Problemas atuais do humanismo . Por lo que me acuerdo –pues he leído a Agosti en los años 60, hace tiempo ya- yo estaba en general de acuerdo con sus posiciones, pero no diría que él me haya influido. Me interesé por él por haber leído, en 1961, su prefacio a la vieja edición argentina de El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. Después, lo conocí brevemente cuando él vino a Río de Janeiro. 

N.Kohan: Vos tuviste junto con Leandro Konder un intercambio epistolar con Lukács, quizás el único en América Latina. ¿Cómo sucedió? ¿Cuáles fueron los temas sobre los que conversaron? De todas las cartas que Lukács te envió, ¿cuál sería la que a vos te resultó más interesante?

C.N.Coutinho: Mi amigo Leandro Konder le escribió a Lukács (utilizando la dirección del Movimiento de los Partidarios de la Paz), creo que por primera vez en 1961, y el filósofo le contestó com mucha simpatía y cordialidad. A partir de entonces y hasta la muerte de Lukács, en 1971, hemos cambiado con él, Konder y yo, unas veinte o treinta cartas. 
 Ciertamente, la mayoría de ellas no tiene mucho interés teórico, tratan por ejemplo de ediciones brasileñas de sus obras, etc. Pero creo que algunas, sí, lo tienen. 

Por ejemplo, contestándole a Konder, en 1962, Lukács le dijo que no conocía la obra de Gramsci. Después, tanto en entrevistas como en el capítulo sobre ideología de la Ontología del ser social, Lukács cita a Gramsci, siempre de modo crítico, pero con innegable simpatía. Llegó a decir que él, Korsch y Gramsci, en los años 20, habían intentado pero no tuvieran éxito en dar justas soluciones a la cuestión del “renacimiento del marxismo”. Y concluía diciendo: “Gramsci era el mejor de nosotros”. ¿Será que Konder ha llamado la atención de Lukács sobre la importancia de Gramsci? 

Yo, por mi parte, estaba escribiendo en los años 60 un ensayo sobre F.Kafka, adonde intentaba —contra la letra de Lukács, pero, creía yo, en el espíritu de su método— demostrar que Kafka era un realista. Presenté en una carta a Lukács mis ideas centrales sobre Kafka. Ahora bien, él me contestó, en 1968, haciendo una explícita autocrítica de su libro La significación presente del realismo crítico, en el cual, como se sabe, hay un capítulo absurdamente titulado “¿Franz Kafka o Thomas Mann?”. En la carta me decía con todas las letras que había escrito este libro en condiciones desfavorables y que ciertamente era preciso reevaluar a Kafka. Se trata sin duda de una carta importante, tanto que Nicolás Tertulián -uno de los principales lukascianos de hoy— la ha citado ya algunas veces, registrando el hecho de que es la única carta adonde Lukács hace una explícita autocrítica de aquel libro y de sus posiciones negativas sobre Kafka. 

Una investigadora brasileña, Tania Tonezzer, ha publicado algunas de estas cartas en una revista italiana. 

N.Kohan: En tu trabajo El estructuralismo y la miseria de la razón (1971) saliste muy tempranamente al cruce de la corriente althusseriana, incluso cuando sus textos hacían furor y eran una moda indiscutida en América Latina. ¿A qué se debió esa decisión? ¿Fue una respuesta frente a la proliferación de los manuales de Marta Harnecker?

C.N.Coutinho: Cuando escribí El estructuralismo y la miseria de la razón, en 1971, no conocía todavía el manual de Marta Harnecker , que ciertamente no ha sido un evento positivo en la divulgación del marxismo en América Latina. Afortunadamente, este manual no ha tenido en Brasil la misma influencia que tuvo en otros países latinoamericanos.

Cuando mi libro fue publicado (simultáneamente en Brasil y en México), yo era un lukasciano casi fanático, que además ya conocía muy bien a Gramsci: no me podía satisfacer la lectura althusseriana de Marx, que se contraponía a una línea de interpretación del marxismo —digamos, humanista e historicista— con la cual estaba y estoy de acuerdo hasta hoy. Además, en aquel momento, cuando la dictadura militar había asumido su rostro más represivo en Brasil, Althusser paradójicamente influía entre nosotros a dos tendencias dispares, pero a ambas de las cuales yo me oponía. Por un lado, por intermedio de Régis Debray, Althusser tenía fuerte presencia en las corrientes de ultra-izquierda, que, en clara divergencia con el PCB, proponían el camino de la lucha armada; y, por otro, también tenía influencia en sectores de la intelectualidad que, sobre todo en la Universidad, en nombre de una superación de la “ideología” y del “humanismo”, buscaban reducir el marxismo a una pura metodología de las ciencias, sin ninguna dimensión práctica. Mi libro tenía así, no obstante su dimensión teórico-filosófica, una clara finalidad de política cultural. Era parte de una batalla político-ideológica, hecha (por causa de la censura dictatorial) en una forma más o menos disimulada. 

No sé si todavía estoy de acuerdo con todo lo que escribí allí hace casi treinta años. Pero me gusta mucho que vos, que recién habías nacido cuando el libro fue publicado, todavía hables de él. 

N.Kohan: ¿Tuviste alguna relación con el grupo de marxistas ligados en los ’60 a J.Arthur Giannotti? ¿Qué rol jugó este grupo en el marxismo brasileño?

C.N.Coutinho: No, no tuve en esa época ninguna relación con este grupo. Muchos de sus integrantes son hoy mis amigos personales, pero había entonces una clara diferencia (¡casi una oposición!) entre los marxistas de Río de Janeiro (casi todos vinculados al PCB) y los marxistas de São Paulo (casi todos profesores universitarios y sin partido). El grupo que formó el "marxismo paulista" era ya entonces muy diversificado y las divergencias entre ellos han crecido todavía más con el tiempo. El grupo de São Paulo se estructuró en torno de un famoso seminario sobre El Capital, del cual formaron parte —¡para que sea posible evaluar las diferencias!- tanto mi amigo Michael Löwy cuanto el actual presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso. 

Ahora bien, muchos de los integrantes de este grupo hoy ya no son marxistas: este es el caso, para no hablar de Cardoso, también de Gianotti. Es cierto que tuvieron una influencia en el marxismo brasileño, incluso positiva, sobre todo porque han criticado las formulaciones erróneas del PCB, por ejemplo la idea de que existiría una “burguesía nacional” progresista y antiimperialista. Cardoso, por ejemplo, en un brillante libro de los inicios de los años 70, ha mostrado muy bien que la burguesía brasileña quería la asociación con el imperialismo. Sostuvo entonces que la meta de nuestra burguesía era un “desarrollo dependente-asociado”. Pero, ¿quién podía imaginar en esa época que él mismo se convertiría más tarde en el ejecutante de esta política? 

En general, creo que algunos de los exponentes del llamado “marxismo paulista” tuvieron en Brasil el mismo rol que tuvieran los “marxistas legales” en Rusia: han leído El Capital para sostener que teníamos que “modernizarnos”, desarrollar las fuerzas productivas, pero en la prácitica hicieron de la burguesía el actor de esta modernización. Por lo tanto, el itinerario de Cardoso no es un rayo en un día de cielo claro. 

N.Kohan: Vos escribiste un ensayo sobre Caio Prado Júnior. ¿Qué repercusiones tuvo en la cultura de izquierda brasileña su obra historiográfica cuestionadora del relato canonizado por el stalinismo sobre el supuesto “feudalismo” latinoamericano?

C.N.Coutinho: Caio Prado Júnior ha sido el primero en intentar seriamente una interpretación del Brasil a partir de categorías marxistas. Su ensayo Evolución política del Brasil, de 1933, constituye un marco en la cultura brasileña. Todavía más decisivos son sus libros sobre la Formación del Brasil Contemporáneo, Colonia, de 1943, y su Historia económica del Brasil, de 1945. 

Caio Prado Júnior —tal como Mariátegui— no conocía muy bien al marxismo. Se puede veer fácilmente que era escasa su familiaridad no sólo con las obras de Marx, sino también con las de los marxistas posteriores. Sin embargo, tal como el Amauta, ha intuído muy bien los rasgos principales de la evolución de nuestros países para el capitalismo, esto es, el hecho que esta evolución ha seguido una vía “no clásica”, caracterizada por la permamencia de rasgos precapitalistas, fuertemente autoritarios y excluyentes, basados en formas de coerción extra-económica sobre los productores directos. Como Mariátegui, Caio Prado Júnior “inventó” categorías muy semejantes a las de “vía prusiana” (Lenin) y de “revolución pasiva” (Gramsci). 

 Por eso, y en este caso también como el Amauta, Caio Prado -si bien fue militante del PCB- siempre se opuso abiertamente a la “lectura” tercer-internacionalista de Brasil. Su último libro significativo, de 1966, titulado La revolución brasileña, es una crítica muy dura a los paradigmas de la III Internacional utilizados por el PCB. Es indiscutible su importancia —al lado de otros, como, por ejemplo, Florestan Fernandes, que jamás ha militado en el PCB— para la construcción de una “imagen marxista de Brasil”. 

N.Kohan: La publicación de tu ensayo Introducción a Gramsci (1981) se produjo casi en la misma época del surgimiento del Partido de los Trabajadores (PT) del cual ahora sos militante. ¿Hubo alguna relación entre ambos hechos?

C.N.Coutinho: Mi libro sobre Gramsci —que ha tenido ya varias ediciones, incluyendo la mexicana que citás, la última de las cuales es de 1999, con el título Gramsci. Um estudo sobre seu pensamento político, que incluye nuevos textos— fue escrito en el momento de mi ruptura con el PCB. En esa época, era ya más o menos consciente de que la propuesta gramsciana, que lleva a la formulación de un vínculo orgánico entre socialismo y democracia, era incompatible con la herencia teórica y política del PCB, o, más precisamente, con la herencia política de la III Internacional a la cual el PCB se mantenía vinculado. 

Pero, en aquel momento, no me parecía que tampoco el neonato Partido de los Trabajadores (PT) fuera el legítimo heredero de la lección gramsciana. El PT surgió marcado por un fuerte soreliano “espiritu de escisión”: no hacía alianzas, parecía preferir al frentismo inconsecuente del PCB un completo aislamiento político. Así, quedé sin partido hasta 1989, cuando finalmente, después de muchas dudas, ingresé en el PT. Creo que, mientras tanto, hemos cambiado los dos, yo y el PT. Y continuamos cambiando, quizás más el PT que yo. Cuando ingresé en el PT, me decían que yo estaba “a la derecha”, sobre todo porque creía, como creo hasta hoy, que sin democracia no hay socialismo. Hoy, diez años después, en el interior del Partido, estoy “a la izquierda”. ¿Y sabés por qué? Porque también continúo convencido de que, sin socialismo, no hay democracia. No creo que esta sea una situación confortable, pero parece que mi destino es ser siempre heterodoxo en los partidos de los cuales formo parte. Sin embargo, mi militancia resulta del hecho que, en mi opinión, todavía no se ha inventado un modo mejor de hacer política más allá de los partidos. 

N.Kohan: Haciendo un balance retrospectivo de tu obra y tu actividad militante, ¿qué te aportó en el plano de la ética el haberte zambullido desde tan joven en el universo filosófico de Carlos Marx?

C.N.Coutinho: ¡Una inolvidable experiencia! Me acuerdo de haber leído Marx a los 15 años. Ha sido una muy feliz casualidad para mí el hecho de que mi padre tenía en su biblioteca el Manifiesto comunista. En mi generación, no creo que nadie haya leído el Manifiesto sin consecuencias definitivas en su formación. Con Marx, no he aprendido solamente a ver mejor al mundo, a comprenderlo de modo más adecuado. Estoy seguro de que también debo a la precoz lectura de Marx lo mejor de mi formación ética. Más tarde, Gramsci me ha revelado cual es la más lúcida norma de vida para un intelectual marxista: “pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”. En esta difícil época de reflujo de los objetivos por los cuales hemos siempre luchado, no hay mejor modo de mantenernos fieles a la lección de Marx que aquella sugerida en esta indicación de Gramsci: un análisis frío y sereno de la realidad, pero que se debe complementar por la conservación de los motivos éticos y racionales que han iluminado y guiado nuestras vidas.