El neoliberalismo como “proyecto de clase”. Entrevista con David Harvey 


Herramienta, junio 2013
Harvey, David. Geógrafo y Urbanista inglés, nacido en Kent en 1935. Ha desarrollado el grueso de su carrera en los Estados Unidos y pertenece a la cátedra de antropología del College University de Nueva York, tras haber enseñado geografía y urbanismo en Oxford y Baltimore durante más de treinta años. Estudioso en profundidad de la obra de Marx, en 1982 publica una obra destacada de teoría económica, Los límites del capital. En 1985 publica dos libros de ensayos sobre urbanismo, La conciencia y la experiencia urbana y La urbanización del capital, y en 1989 aparece La condición de la postmodernidad (publicado en español por Amorrortu), probablemente su obra más conocida, donde investiga la emergencia de la cultura y del arte postmodernos como un efecto de las transformaciones del capitalismo y de la aparición del postfordismo. Además de las obras ya mencionadas es autor de Espacios de esperanza, Akal, (2000) y El nuevo Imperialismo, Akal (2003). Ver en números anteriores de Herramienta, otros trabajos publicados
En esta entrevista realizada por Elsa Roulet ·· David Harvey retoma el análisis de la crisis del capitalismo, entendida como crisis del “proyecto de clase” que es el neoliberalismo. Evoca asimismo las transformaciones de la clase obrera, la situación en Europa y en EE UU, el papel que pueden desempeñar los intelectuales críticos, y defiende la necesidad de construir una visión utópica si se desea cambiar el mundo. 


E. R. - Usted ha teorizado la adopción del neoliberalismo como una transición del fordismo a un régimen de acumulación flexible [1]. ¿Cree que la crisis económica que estalló en 2008 demuestra el fracaso de este modo de acumulación flexible?
David Harvey - Esto depende de la manera en que se define el modelo de acumulación flexible. Si se concibe como modelo para revitalizar el capitalismo en su conjunto, yo diría que sí, pero que ya fracasó desde el principio. Si el modelo se diseñó para concentrar y aumentar el poder de la clase capitalista, y en particular de determinadas franjas de la clase capitalista, ha sido todo un éxito. El crack de 2008 no fue sin duda un acontecimiento especial si se contemplan todos los cracks que han tenido lugar desde 1997: el de Asia oriental y sudoriental en 1998, los de Sudamérica en 2001. Todo ese periodo se caracterizó por breves etapas de crecimientos interrumpidas por otros tantos cracks, pero es indiscutible que estos cracks desempeñaron una función muy importante en la consolidación de una riqueza y poder cada vez mayores en fracciones cada vez más pequeñas de la clase capitalista. Creo que 2008 marcó simplemente un paso más en esta vía hacia la concentración de riqueza y poder. Por mi parte, comprendo el neoliberalismo ante todo como un proyecto de clase, de consolidación y de refuerzo de la dominación. Creo que 2008 no marcó el final de todo esto, una crisis de este proyecto de clase, sino un paso más.
Pero se podría decir que el liberalismo también era un proyecto de clase. ¿Cuál es entonces la diferencia entre el liberalismo y el neoliberalismo? 
 Creo que la diferencia radica en el hecho de que el proyecto de clase que se planteó a finales de la década de 1960 y comenzó a cristalizar realmente a mediados de la de 1970 estaba mucho más centralizado, en la medida en que el poder se había desplazado significativamente a favor del sector financiero. Este último se convirtió en cierto modo en el agente principal. No ocurrió lo mismo con el liberalismo. En la época del liberalismo se entendía que el sector financiero debía facilitar la actividad productiva y su función era más la de un lubricante que la de un motor del proceso de acumulación. Creo que el neoliberalismo se caracteriza en mayor medida por lo que llamo la acumulación por desposesión, y no por las formas clásicas de acumulación por expansión, por crecimiento, formas clásicas que en determinados periodos no estaban en contradicción con la idea del aumento del nivel de vida de los trabajadores. En muchas partes del mundo, el aumento del nivel de vida de los trabajadores en las décadas de 1960 y 1970 pudo producirse, en una época en que las tasas de acumulación eran muy altas. Era un periodo en que los poderes financieros eran significativos, pero no predominantes. Después surgió esta economía caracterizada mucho más por la desposesión, a partir de los años setenta.  

En esta evolución hacia el neoliberalismo, ¿cómo interpreta por un lado el papel de las finanzas y por otro el de la globalización?
 Ambas cosas están íntimamente ligadas. La moneda es lo que llamo la “forma mariposa” del capital, que puede volar a donde le dé la gana. Las mercancías son una especie de “forma oruga” del capital: se desplazan, pero lo hacen más bien lentamente. La producción tiende a fijar la “forma crisálida” del capital. Al otorgar más poder a las finanzas, se refuerza la “forma mariposa” del capital, que tiene la capacidad de trasladarse casi a donde le plazca. Creo que ha habido un proceso deliberado de refuerzo de la “forma mariposa” del capital, de modo que ha podido posarse en territorios donde, por ejemplo, el coste de la mano de obra es muy bajo, donde los impuestos son muy bajos. Así, los traslados resultan más fáciles, con el resultado de que esto ha permitido rebajar los salarios de los trabajadores en las antiguas zonas industriales del Norte, de América, de Europa, etcétera. Asistimos por tanto a una desindustrialización de los centros de producción clásicos. Esta desindustrialización se nutre del desplazamiento de los puestos de trabajo a otros lugares y hacía falta algo que la facilitara; ese algo fue la financiarización.
Parece que asistimos a una mercantilización creciente de “bienes immateriales” como las ideas (con el fuerte aumento del número de patentes), la educación, la cultura, así como a una mercantilización de la naturaleza (títulos financieros sobre los genes, la lluvia, etcétera). ¿Cómo interpreta esta tendencia? ¿Qué papel desempeña en esta crisis del capitalismo? 

Producimos una cantidad cada vez mayor de plusvalía. Desde hace muchos años existe ya un verdadero problema para encontrar lugares en los que colocar este capital. Lo que ha sucedido en los últimos 30 o 40 años es que el capital se ha interesado mucho más por el aumento del valor de los activos y por la especulación en torno al valor de los activos. Sin embargo, en este proceso se interesa cada vez más por la rentas, como hemos visto en particular con respecto a la propiedad inmobiliaria, la renta de la tierra, los precios del suelo. Y, desde luego, por los derechos de propiedad intelectual. De golpe se ha producido una explosión de lo que se llama el sector rentista de la economía capitalista. El sector rentista siempre ha sido muy importante. Por ejemplo: todo indica que en los siglos XVIII y XIX el dinero que ganaban las clases superiores con el arrendamiento y la apropiación de tierras era más cuantioso que el que sacaban del sector manufacturero. Así que el sector rentista siempre ha sido importante, en particular en la construcción de las ciudades. Y está claro que sigue siéndolo; en determinadas áreas avanzadas del mundo capitalista, los rendimientos de la propiedad de tierras y de activos son muy altos, y la propiedad intelectual es una nueva forma de propiedad, que siempre ha estado presente de alguna manera, pero que ahora ha cobrado mucha importancia. Y si uno puede ganar dinero por el mero hecho de ser propietario de patentes, si uno puede obtener buenos rendimientos del capital sin necesidad de emplear a ningún trabajador, ¿por qué iba a molestarse en producir? Así pues pienso que en el curso de los últimos 30 a 40 años ha habido numerosos signos de que estaba construyéndose un potente sector rentista, con ingresos procedentes de las rentas de toda clase de fuentes: tierra, propiedad de recursos, propiedad de derechos de distinta naturaleza, entre ellos, por supuesto, los derechos de propiedad intelectual. Este sector en su conjunto es ahora mucho más significativo en la actividad capitalista y además no emplea a muchos trabajadores.

Usted ha elaborado el concepto de acumulación por desposesión, que ha suscitado numerosos debates. En ocasiones se ha considerado que es demasiado amplio. ¿Qué conclusiones teóricas y políticas extrae de estos debates? 

Creo que en cierto modo era un argumento muy general y que existen diversas clases de desposesión. Algunos han preguntado, por ejemplo, si acaso lo que ocurre en el proceso de producción no es una desposesión del excedente que producen los trabajadores. Es una forma de desposesión, pero no se presta atención a las distintas formas de desposesión que se producen en otros ámbitos, en la circulación del capital. Esto es lo que yo quería formular teóricamente al analizar el circuito del capital. Cuando contemplamos el circuito del capital, vemos que está el circuito de las mercancías, el circuito de la moneda, el circuito de la producción, todo ello está en el segundo tomo de El Capital. Estos distintos circuitos están integrados entre sí, pero cada uno tiene su agente: el circuito de la moneda tiene el sector financiero, el circuito de la producción tiene el sector industrial, el circuito de las mercancías tiene el sector comercial. Entonces la cuestión que se plantea es la siguiente: ¿de qué manera estas esferas distintas reivindican el excedente y cómo se apropian efectivamente de él? Mi tesis es que el sector financiero y el circuito de las mercancías operan según un principio de acumulación por desposesión, porque lo que hacen es utilizar su control sobre las mercancías o su control sobre la moneda para detraer una tasa, una tasa que arrebatan a los trabajadores. Por tanto, en cierto modo la burguesía puede recuperar a través de los banqueros y los financieros todo lo que puede conceder en el ámbito de la producción. Analicemos la cuestión de saber dónde se realiza la plusvalía, por oposición a dónde se produce. Marx explica que se crea en la producción, cosa que no pongo en duda en absoluto. Con lo que no estoy de acuerdo es con la suposición de que, por crearse en la producción, también se realiza en la producción. De hecho, es posible que tan solo una parte muy pequeña de la plusvalía se realice en la producción. Si contemplamos el ejemplo que ya he utilizado y que es el de [la cadena de supermercados] Wall Mart, que es una organización comercial capitalista, veremos que obtiene elevadísimas tasas de beneficio sobre la base de la subcontratación a productores chinos, que a su vez obtienen unas tasas de beneficio muy bajas. Se trata por tanto de una relación de acumulación por desposesión. Podemos ir todavía más lejos con la cuestión que ya he planteado de saber cómo el capitalismo adquiere activos y luego trata de valorizar esos activos. Pues bien, a menudo los roban a los miembros de otras clases. Hay algo así como seis millones de viviendas en EE. UU. que han sido desahuciadas, es decir, seis millones de familias que han perdido su hogar. ¿Qué ocurre con esas viviendas? De momento tienen un precio muy bajo. Han sido adquiridas por grandes grupos capitalistas que las mantienen durante dos o tres años, a la espera de que el mercado se recupere, y entonces se llenan los bolsillos. Viviendas recuperadas al precio de, pongamos, 200.000 dólares por unidad se venderán entonces a 300.000 o 400.000 dólares cada una, siempre que el mercado se relance. Se trata de una actividad especulativa, es lo que llamo acumulación por desposesión. También existen formas de atraco directo cuando se suprimen las pensiones de jubilación, se recortan los derechos a la sanidad, o cuando un bien gratuito producido hasta ahora por el Estado se vuelve oneroso, como por ejemplo la universidad o la educación en general. Yo pude gozar de una educación gratuita en Gran Bretaña, pero ahora los que estudian tienen que pagar. En EE. UU. el coste de la educación aumenta cada vez más, los estudiantes se endeudan y ya existe una enorme deuda estudiantil. Esto también es una economía de desposesión. Lo que deduzco de todo esto es que las formas que adopta la desposesión son muy variadas, y como término general resulta probablemente demasiado ambiguo decir tan solo que “es una economía de desposesión”. Debemos estar más atentos a las formas de desposesión que se producen y dónde se producen. Creo que es buena idea desarrollar una comprensión más sofisticada de las distintas formas que puede adoptar la desposesión, esto es lo que concluyo de los debates. Pero no quiero en modo alguno replantear la idea de que constituye una parte muy importante de la estructura de la explotación en una economía capitalista.

Y políticamente, ¿qué conclusión saca usted de estos debates en torno al concepto de desposesión?

Desde el punto de vista político, lo que deduzco es la idea de la resistencia a la acumulación por desposesión. Que hay mucha resistencia, en todas partes, y que esas formas de lucha forman parte de la dinámica general de la lucha de clases. Esto desplaza el centro de atención de la organización y de la teorización política, alejándolo de lo que a menudo ha sido el centro de atención exclusivo de determinadas organizaciones de izquierda, a saber, la fábrica, para trasladarlo, por ejemplo, a la ciudad. Si contemplamos las estructuras de la explotación en y alrededor de una ciudad, veremos la explotación rentista, la explotación comercial. De este modo empezamos a tener una noción muy distinta de lo que es la política de resistencia a la acumulación capitalista, una vez se integran todas estas demás formas de explotación en el paisaje.

En un artículo publicado en Counterpunch en 2009, usted escribió que la clase obrera no siempre está, y no lo está en todos los países, en condiciones de situarse en la vanguardia de la lucha social y política. ¿Puede desarrollar esta idea? 

Hay dos maneras de verlo. Podría decir que la clase obrera, tal como ha sido definida tradicionalmente, no está en condiciones de estar en la vanguardia y que en ciertos casos los movimientos sociales o políticos han estado en la vanguardia. Si examinamos fenómenos como la revuelta zapatista, veremos que no fue una revuelta de la clase obrera, sino una revuelta campesina. Era también una revuelta contra la acumulación por desposesión; y lo mismo ocurre, por ejemplo, con respecto a las guerras del agua en Bolivia, en Cochabamba, donde también se trataba de una lucha contra la acumulación por desposesión. Y las luchas en El Alto, donde una ciudad entera se rebela y destruye el poder presidencial y abre la vía de acceso al poder de Evo Morales. Estos movimientos revolucionarios han sido muy fuertes y potentes, y no se basaron en una clase obrera tradicional. Lo que quiero decir es que si analizamos las dinámicas de la urbanización y nos planteamos la cuestión de “¿quién produce la ciudad, quién reproduce la ciudad?”, y si decimos que todos los que producen y reproducen la ciudad forman parte de la clase obrera urbana, entonces esta abarca mucho más que los trabajadores fabriles, para incluir al personal doméstico, a los taxistas, por lo que tenemos una concepción diferente de la clase obrera. Estoy a favor de cambiar nuestra concepción de quién constituye la clase obrera y de qué tipos de puesto de trabajo son cruciales. Hemos visto ejemplos, he mencionado El Alto, la gran fuerza que tenían sus habitantes para bloquear totalmente la ciudad, lo que de hecho es una huelga general, una huelga en el espacio urbano. Pienso que las huelgas de transportes son muy eficaces; en Francia, por ejemplo, ha habido huelgas muy importantes en los transportes, en la década de 1990 y en la de 2000. Se puede paralizar una ciudad, y paralizar una ciudad es un tipo de instrumento muy eficaz en la lucha de clases. Y no son únicamente los trabajadores de las fábricas quienes van a hacerlo, hace falta que sea la ciudad entera la que secunde esta acción. Por tanto, o bien decimos que “la clase obrera está aquí” y “aquellos” son otros movimientos sociales, o bien cambiamos nuestra concepción de la clase obrera. Pienso que es preferible cambiar nuestra concepción de la clase obrera.

¿Cómo interpreta usted la crisis de la Unión Europea? Parece que estamos asistiendo a un proceso de radicalización neoliberal, justo en el momento en que surgen relaciones neocoloniales entre el centro de Europa y la periferia, en particular con la crisis de la deuda griega. 

Me parece que hay que analizar la crisis de la U.E. en términos de clase. No cabe duda alguna de que la creación del euro, por ejemplo, fue una operación muy ventajosa para la clase capitalista, y en particular para las fracciones de la clase capitalista que se hallaban en los sectores más avanzados, en los países más avanzados de la Unión. Tenemos por tanto un ámbito geográfico desigual en el que se produce una unificación, que resulta muy ventajosa para Alemania en particular, aunque no solo para Alemania. Alemania ha ganado mucho con la creación del euro, y cuando se examina lo ocurrido con las economías del sur de Europa en general, y de Grecia en particular... No diré que los griegos no hayan causado por sí mismos algunos de los desastres, al llevar a cabo toda clase de engaños contables, etcétera, pero por otro lado Grecia se ha convertido en un mercado maravilloso para Alemania, que ha podido explotarla al amparo de sus superiores capacidades productivas y de organización. Alemania, en efecto, ha podido aplicar una política de acumulación por desposesión a través de Grecia y reducir la capacidad productiva de Grecia. Y cuando han surgido los problemas, está claro que no había ninguna obligación por parte de ningún miembro de la Unión de ayudar a otro miembro. A partir de entonces se produjo un desarrollo geográfico desigual de la crisis, que se abate sobre las poblaciones y los territorios más vulnerables. Un caso análogo en EE. UU. sería el del Estado de California, que ha conocido dificultades notables, pero que no ha corrido la misma suerte que Grecia porque el gobierno federal ha tenido que pagar el Medicare etcétera, mientras que con respecto a Grecia no existe esta obligación. Asistimos entonces a circunstancias extraordinarias en que la gente se hunde en una penuria total en Grecia, en muchos aspectos a causa de la política de austeridad impuesta por los poderes de la clase capitalista, cuyos intereses principales están concentrados en Alemania y el norte de Europa. Me parece que esta geografía desigual no cambiará a corto plazo. Tampoco percibo ningún cambio de política, por lo que creo que este va a ser un problema duradero para Europa, que no necesariamente se resolverá con la salida del euro de los países del sur. Por tanto, se trata de una especie de dilema permanente que a mi juicio solo podrá resolverse mediante una completa federalización de la base social de la economía, mediante una colectivización de los derechos de pensión y este tipo de cosas, cosa que políticamente es imposible, no creo que nadie votaría por eso.

¿Cree que en estos momentos asistimos a un viraje de tipo keynesiano en EE. UU.? ¿Es posible que el gobierno de Obama se aleje del neoliberalismo y aplique políticas más keynesianas?   

EE. UU. nunca ha sido puramente neoliberal, sino bastante keynesiano hasta ahora. Ha sido neoliberal de palabra, particularmente en aspectos como el salario social y la protección social, etcétera, pero jamás ha sido estricto con respecto a la financiación por el déficit. El déficit de George Bush II financió dos guerras, reducciones de impuestos para los ricos y un enorme programa social de acceso a los medicamentos que fue muy beneficioso para las compañías farmacéuticas. Ronald Reagan, que es una de las figuras asociadas al neoliberalismo, era de hecho un keynesiano en materia de defensa y financió la pulseada con la URSS a través de la deuda pública. EE. UU. siempre ha sido un caso particular: su retórica sobre el sector público siempre ha sido muy neoliberal, pero sus prácticas siempre han sido parcialmente keynesianas. Lo que resulta interesante en la coyuntura actual es que el Partido Republicano, que de hecho compartió bajo George Bush este enfoque de tipo keynesiano para hacer la guerra, cuando perdió el poder decidió llevar de verdad hasta el extremo la política de austeridad. Así trata de impedir la posibilidad de un programa ligeramente expansionista, vagamente keynesiano, que preconiza el gobierno de Obama desde el principio. Pienso que están pisando terreno resbaladizo, pues no controlan más que la Cámara de Representantes, y si se puede demostrar a los estadounidenses que lo que impide la recuperación de EE. UU. es la manera en que el Partido Republicano actúa en la Cámara de Representantes, entonces asistiremos en las elecciones de 2014 a la transferencia del poder a los Demócratas, el Partido Republicano estará acabado. Claro que también es posible que esto no suceda, se trata de una situación muy compleja. Creo que hay miembros del Partido Republicano que se dan cuenta de que se hallan en terreno resbaladizo y que intentan cambiar, aunque sin mucho éxito de momento. Hasta ahora nunca se ha dudado en EE. UU. en emplear prácticas keynesianas, en particular la financiación por el déficit, y en ser antikeynesianos en materia de programas sociales, de protección social, y resueltamente antikeynesianos cuando se trata de otorgar más poder a las organizaciones e instituciones de la clase obrera. El neoliberalismo de EE. UU. siempre ha sido sospechoso, su pragmatismo le ha llevado siempre a hacer lo que beneficia a las clases superiores, y ha sido limitado por este criterio. No creo que esto vaya a cambiar gran cosa, aunque pienso que en este momento el gobierno de Obama tiene muy claro que la tasa de crecimiento de EE. UU. es muy baja y que existe la posibilidad de una segunda recesión. Este gobierno, si tuviera las manos libres, apostaría por prácticas expansionistas, hasta cierto punto incluso por prácticas expansionistas que implicaran otorgar más poder a las organizaciones e instituciones de la clase obrera. Creo que la idea de una política ligera y parcialmente keynesiana bajo el gobierno de Obama ya se ha planteado y aceptado, pero no será refrendada por la Cámara de Representantes controlada por los Republicanos, a menos que estos últimos comprendan que esto les llevará a un desastre electoral si la gente percibe que ellos son el obstáculo. Está por ver cómo evolucionan las cosas.

A su juicio, ¿cuál puede y debe ser el papel de los intelectuales o universitarios críticos?

Hay dos cosas. Lo que ocurre en el mundo universitario forma parte, desde luego, de la lucha de clases, es la lucha de clases en el ámbito de las ideas. Por tanto, una cosa que me gustaría que hiciéramos todos es luchar en el mundo universitario por diferentes tipos de producción de saberes, de reproducción de saberes. Los que están fuera de la universidad piensan a menudo que esta es una torre de marfil, pero no es así, la universidad es un terreno de lucha bastante encarnizada. Durante un tiempo estuve tratando de mantener abiertos los espacios en el interior de la universidad en los que pudieran desarrollarse cosas como las que centraban mi trabajo, y es muy duro cuando se hace frente a las presiones de la transformación neoliberal y administrativa de las organizarse en el seno de la universidad, y eso lleva mucho tiempo. Pero creo que también tenemos la obligación de tomar ciertas cosas sobre las que reflexionamos y presentarlas de manera que sean comprensibles para un público amplio, pensando en cómo la gente puede leer esto y extraer sus propias conclusiones. No creo que los universitarios conozcamos mejor el mundo que cualquier otra persona. Mi opinión es que cuando trabajo con organizaciones sociales, estas saben qué es lo que quieren y lo hacen mejor que yo, y no es mi tarea decirles qué tienen que hacer, eso ni se me ocurriría. Pero el momento en que tal vez yo puedo ser útil es cuando quieren saber cómo lo que están haciendo se relaciona con lo que ocurre en el capitalismo, cuál es la relación entre lo que hacen y la lucha anticapitalista. Si quieren reflexionar sobre esta relación, podemos sentarnos juntos y tratar de comprender lo que hacen en relación con prácticas y cuestiones más amplias. Creo que en el mundo universitario tratamos de desarrollar este panorama de cómo funciona la economía, o cómo se aplica la política, y a veces esto es útil para las organizaciones políticas y los movimientos sociales. Así que creo que es preciso mantener abiertos los espacios en el interior del mundo universitario para trabajos progresistas y estrechar lazos con organizaciones sociales para aprender de ellas y que ellas aprendan de nosotros en el proceso de lucha política. 

Sin embargo, con las tendencias a la privatización de la educación, en particular de la enseñanza superior, parece más difícil mantener este espacio y esos debates en el seno de la universidad. 

Así es. Todos estamos siendo atacados, inclusive en la universidad. Y por supuesto, si contemplamos el proceso de trabajo en el mundo académico, en EE. UU. ahora la mayor parte de la enseñanza corre a cargo de empleados que no tienen un contrato fijo y que viven en unas condiciones económicas muy precarias. Este es otro campo de batalla en relación con las condiciones de vida de las personas empleadas en las universidades. No es una situación fácil, pero ¿qué se puede hacer? Hay que organizarse y luchar, como en todas partes.

¿Cuál es su visión personal de una sociedad socialista [2], si “socialista” es la palabra adecuada?

Hay varias maneras de construir una visión utópica. Creo que siempre existe la necesidad de tener en mente una visión utópica, de una manera u otra, un lugar al que deseamos llegar, aunque al final no lleguemos, en cierto sentido no importa mucho si se llega o no. Si se tiene una visión, tratando de cambiar las cosas, estas se mueven en una dirección u otra. No tengo un esquema fijo, he escrito uno en el apéndice a un libro que se titula Spaces of hope, una especie de descripción utópica de una sociedad construida durante un periodo de 20 años. Y creo que necesitamos un modo de construcción por la negación. Si se comprenden los aspectos del capitalismo que no nos gustan, ¿qué rechazaríamos, cómo sería una sociedad que ya no funcionara sobre la base del valor de cambio, sino sobre la base del valor de uso, qué formas de coordinación de la división social del trabajo se crearían, cómo se implementaría para asegurar que el abastecimiento de cada uno en valor de uso fuera suficiente, que no se produjeran bloqueos completos ni rupturas, ni penurias? Son cuestiones muy pragmáticas. Es posible por tanto trabajar sobre esta clase de ideas, construir por negación: no queremos hacer esto coordinándonos a través del mercado, queremos hacerlo de una manera distinta, a través de los trabajadores asociados en colaboración, los trabajadores asociados que organizan la división social del trabajo de manera que todo el mundo tenga lo que necesita. Con la informática tenemos la posibilidad de coordinar los inputs y outputs[3]/3 de un modo distinto. Algunas fábricas recuperadas en Argentina funcionan ahora en red gracias a los ordenadores y organizan los flujos de inputs y outputs de manera que comienzan a coordinarse entre sí, pero no se trata de una planificación centralizada, es algo que se organiza en red, sin ningún planificador central. Creo que con las tecnologías que tenemos ahora existen nuevas posibilidades de plantear estas cuestiones de un modo distinto y que podemos construir una visión utópica en la que los trabajadores asociados controlen los medios de producción, se organicen y tomen sus propias decisiones en cada unidad productiva, pudiendo coordinarse entre sí, comunicarse entre sí para responder a las necesidades de todos y todas.  

·· Elsa Bouletes colaboradora de la revista Contretemps http://www.contretemps.eu/en cuyo sitio se publicó esta entrevista el 24/03/13. Traducción de Viento Sur http://www.vientosur.info/ Agradecemos a ambas publicaciones amigas la autorización para su reproducción.    


[1] La acumulación flexible designa el fenómeno de la “flexibilización” del trabajo desde la década de 1970: la subcontratación, la jornada parcial, la producción “justo a tiempo”, las actividades informales se han convertido en elementos cruciales del procedo de producción. Esta “flexibilización” (o dicho de otro modo, precarización) no se implanta del mismo modo en todas partes y es más importante en los “países emergentes”. Corresponde a una transformación de la gestión de las empresas, centrada cada vez más en un funcionamiento de mercado (subcontratación de actividades, asegurando rentas importantes a los accionistas) en detrimento de una gestión “interna” de la empresa.
[2] En inglés “socialist”.
[3] Términos que designan lo que “entra” (inputs) en el proceso de producción (materias primas, fuerza de trabajo) y lo que “sale” (outputs: productos, mercancías).

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Ignacio Ramonet:La coacción alemana

 Le Monde Diplomatique No. 212, Junio 2013

La devastadora austeridad impuesta por Berlín a toda la zona euro y en particular a sus socios del Sur (Grecia, Portugal, España, Italia y Chipre) está provocando en estos países una subida de la germanofobia. En sus recientes visitas a Madrid, Atenas y Lisboa, la canciller alemana Angela Merkel ha sido recibida por manifestaciones muy hostiles. Miles de víctimas de las políticas ‘austericidas’ denunciaron en calles y plazas la coacción del “IV Reich” y acogieron a la dirigente alemana con banderas nazis y uniformes de las SS o de la Wehrmacht...

En Francia también –cuando se acaban de celebrar por todo lo alto los cincuenta años del Tratado de amistad franco-alemán, piedra angular de la política europea de París– los amigos del presidente François Hollande ya no dudan en reclamar un “enfrentamiento democrático” con Alemania y acusan al vecino germano de “intransigencia egoísta”. El propio secretario general del Partido Socialista (PS), Harlem Désir, alienta a sus militantes a “colocarse a la cabeza de la confrontación” con Angela Merkel, “la canciller de la austeridad”. Y es que, hasta ahora, se había vivido en la idea de que el carro de la Unión Europea (UE) lo tiraba una yunta de dos Estados, Francia y Alemania, y que tanto montaba, y montaba tanto, París como Berlín. Pero eso –silenciosamente, sin bombo ni platillo–, se ha terminado desde que la crisis, a partir de 2010, golpea violentamente a la mayoría de los países europeos mientras Alemania se afianza como la economía más poderosa de Europa. Francia, que perdió en 2012 su triple A, se descolgó del pelotón de cabeza, y ve ahora cómo su vecino germano se aleja cada vez más, económicamente, de ella...

Hasta en el Reino Unido –que no pertenece a la zona euro–, la clase política se alza igualmente para protestar contra la nueva “hegemonía germana” y denunciar las consecuencias de ello: una “Europa dominada por Berlín, o sea precisamente lo que el proyecto europeo debía, en principio, impedir”. En efecto, la UE fue concebida con la idea de que ningún Estado ni podía, ni debía ser hegemónico. Pero Alemania, después del trauma de la reunificación –que sobrellevó gracias a la solidaridad de todos los europeos– se ha convertido en la gran potencia dominante del Viejo Continente. Es el país rico, sin crisis, que todos envidian y detestan a la vez.

Muchos analistas constatan que la crisis, paradójicamente, es lo que ha permitido a Berlín “conquistar Europa” y alcanzar una posición de dominación que no tenía desde 1941... Lo que le hace decir, con ironía, al semanario Der Spiegel: “Alemania ganó la Segunda Guerra Mundial la semana pasada...” (1).

El hecho es que Alemania lidera en solitario la Unión Europea. Basándose en lo que considera su “éxito económico”, Berlín no duda en imponerle a todos sus socios su detestable receta nacional: la austeridad. En particular a los de la orilla mediterránea, cuyos habitantes son considerados por muchos políticos y por los medios de comunicación alemanes como unos “perezosos”, unos “indolentes”, unos “tramposos” y unos “corruptos”. En cierto modo, esos alemanes están convencidos de que la crisis opone un Norte mayoritariamente protestante, trabajador, hacendoso, austero y ahorrador, a un Sur católico u ortodoxo, gandul, jaranero, vividor y rumboso. ¿No declaró acaso, la propia Angela Merkel, ante los militantes de su partido, la CDU, en mayo de 2011, que “en países como Grecia, España y Portugal, la gente no tendría que jubilarse tan pronto, en todo caso no antes que en Alemania (2), y los asalariados tendrían también que trabajar un poco más, porque no es normal que algunos se tomen largas vacaciones cuando otros apenas tenemos asueto. Esto, a la larga, aunque se disponga de una moneda común, no puede funcionar” (3)?

Otra prueba de esa convicción germana de que mientras el alemán trabaja los ribereños del Mediterráneo viven a la bartola (4), la constituye la provocadora declaración, en Salónica, del ministro adjunto alemán de Empleo, Hans-Joachim Fuchtel, enviado a Grecia por Merkel para ayudar a reestructurar los municipios griegos: “Los estudios demuestran –afirmó Fuchtel– que aquí se precisan tres griegos para hacer el trabajo que haría un solo alemán”. Y partiendo de semejante conclusión, el ministro recomendó el despido de miles de funcionarios locales... Los cuales, al día siguiente, se amotinaron y casi ajustician al cónsul alemán, Wolfgang Hoelscher-Obermaier, al grito de “¡Linchemos a los nazis!” (5)...

Más allá de los viejos clichés –“perezosos” contra “nazis”–, lo que está en juego es la salida de la crisis. Porque, a escala planetaria, las demás grandes economías, Estados Unidos y Japón, han vuelto al crecimiento mientras la UE sigue sumida en la recesión. De ahí que se cuestione más que nunca la “solución única” alemana, basada en la austeridad. Berlín sólo cree en la reducción de los déficits presupuestarios, en la disminución de la deuda soberana y, sobre todo, en la reforma laboral (6). Esta “reforma” ha convertido Alemania en un verdadero “infierno social” para millones de asalariados que trabajan por menos de 5 euros la hora en un país que no posee salario mínimo (7). Uno de cada tres empleos es precario. Y el número de “minijobs”, a menos de 400 euros al mes, se ha disparado. La población alemana es la que más sufre con este “modelo”; en Berlín, uno de cada tres niños vive bajo el umbral de pobreza...

Pero es que, además, está demostrado que la austeridad no funciona y es destructora. Cada mes que pasa, Europa, con ese remedio, se hunde más en la recesión. Los ajustes y los recortes sucesivos matan el crecimiento y tampoco permiten el desendeudamiento de los países. Ya no son sólo los Estados del Sur y sus poblaciones quienes protestan contra las políticas de ajuste, a ellos se suman ahora, entre otros, los Países Bajos, Suecia, los socialdemócratas alemanes y la propia Comisión Europea que considera que “la austeridad ha alcanzado sus límites”. Sobre todo cuando las tesis “científicas” de los profesores Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, en las que se basaban las políticas de austeridad, se han revelado falsas; no se apoyaban en ninguna racionalidad económica (8).

Es hora, por consiguiente, de ir pensando en otras soluciones. Berlín y el “merkiavelismo” (9) pretenden que no las hay. Pero es fácil demostrar lo contrario. Por ejemplo, se le podría dar mucho más tiempo –como ya se está empezando a hacer– a los países europeos para alcanzar el célebre 3% de déficit presupuestario; y también cuestionar esta absurda “regla de oro”... 
Habría que reducir el valor del euro, moneda demasiado fuerte para la mayoría de los países de la eurozona, y estimular de ese modo las exportaciones. Japón, segunda economía del mundo, lo ha hecho bajo la dirección de su nuevo Primer ministro conservador, Shinzo Abe, inundando la economía de liquidez (todo lo contrario de la austeridad) (10), reduciendo en seis meses el valor del yen un 22%, mientras la tasa de crecimiento daba un espectacular salto adelante situándose en un 3,5% anual...

Otra perspectiva: los 120.000 millones de euros previstos en el Pacto Fiscal que se firmó el año pasado para el “estímulo del crecimiento”... ¿Qué espera la UE para decidirse a gastarlos? ¿Y los 5.000 millones de euros disponibles de los “Fondos Estructurales Europeos”? ¿Por qué no se utilizan? Con sumas tan colosales, ya presupuestadas, se podrían realizar grandes obras de infraestructura y dar trabajo a millones de desempleados... O sea un verdadero New Deal europeo, o como dice Peer Steinbrück, el candidato socialdemócrata rival de Angela Merkel en las elecciones legislativas alemanas del próximo 22 de septiembre: “Necesitamos un auténtico Plan de desarrollo y de inversiones europeo para estimular un crecimiento sostenible. Porque lo que está en juego no es la estabilidad del euro, sino la estabilidad de todo nuestro sistema social y político. La injusticia social amenaza la democracia” (11).

Otra alternativa a la austeridad consistiría en imitar lo que hizo Berlín después de la reunificación en 1993 en beneficio de los Länder del Este, creando un pequeño impuesto indoloro del 1%. A escala europea supondría un fondo de unos 200.000 millones de euros al año que no les vendría mal a los países en dificultad...

Otra medida sería que la canciller Merkel se decidiese a subir los salarios en Alemania, con lo cual relanzaría el consumo interno, estimularía su propia economía (que con un crecimiento de apenas el 0,1% en el primer trimestre de 2013 ronda la recesión), aumentaría las importaciones procedentes de los demás países europeos y pondría así en marcha el motor del crecimiento en toda la Unión.

Y ni siquiera abordamos aquí otras soluciones como sería sencillamente el abandono del euro y el retorno al Sistema monetario europeo, propuesto recientemente por Oskar Lafontaine, ex ministro de Finanzas alemán y fundador de Die Linke. Como vemos, las soluciones no “austeritarias” existen ¿a qué esperan los gobiernos para adoptarlas?



(1) Georg Diez, “Wir Technokraten mit Goethe unterm Arm”, Der Spiegel, Hamburgo, 11 de noviembre de 2011. http://www.spiegel.de/kultur/gesellschaft/s-p-o-n-der-kritiker-wir-technokraten-mit-goethe-unterm-arm-a-797175.html
(2) Esta afirmación es errónea, según la propia prensa alemana, que cita las estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la edad media de jubilación efectiva en Grecia (61,9), España (61,8) y Portugal (67) es semejante, o incluso superior, a la de Alemania (61,8). (Sven Böll y David Böcking, “Merkel's Clichés Debunked by Statistics”, Der Spiegel, Hamburgo, 19 de mayo de 2011.
(3) Ibidem. http://www.spiegel.de/international/europe/the-myth-of-a-lazy-southern-europe-merkel-s-cliches-debunked-by-statistics-a-763618.html
(4) Según un sondeo, el 40% de los alemanes tacha a los españoles de “ociosos o poco trabajadores”. En el mismo sentido, los italianos reciben calificaciones semejantes a las de los españoles, mientras los griegos aún son peor calificados. ABC, Madrid, 24 de abril de 2013.
(5) AFP, 15 de noviembre de 2012.
(6) Esta reforma del mercado del trabajo, es lo que se conoce generalmente como “reforma Schröder”, por el nombre del canciller socialdemócrata Gerhard Schöder que las adoptó – “Agenda 2010”– en 2003-2005. Consiste esencialmente en abaratar los costes del trabajo, facilitar el despido, reducir las indemnizaciones para “flexibilizar” el mercado de trabajo en el sector de los servicios y dar mayor “competitividad” a la economía. O sea un desmantelamiento de los derechos laborales.
(7) En el campo, millones de rumanos y búlgaros son empleados a 3 ó 4 euros la hora...
(8) El País, Madrid, 26 de abril de 2013.
(9) Concepto propuesto por el sociólogo alemán Ulrich Beck. Léase Le Nouvel Observateur, París, 16 de mayo de 2013.
(10) A pesar de que la deuda de Japón representa el 245% de su PIB...
(11) Le Monde, París, 17 de mayo de 2013

El Transpacific Partnership y el Gran Mercado Trasatlántico, instrumentos al servicio de la hegemonía estadunidense


Pierre Charasse
La Jornada


El 23 de mayo se concluyó en Lima (Perú) la 17 sesión de negociación del Transpacific Partnership (TPP) entre 11 países de la ribera del Pacífico (Estados Unidos, Canadá, México, Perú, Chile, Australia, Brunei, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam), que acordaron poner en marcha dentro de pocos meses una amplia zona de libre comercio bajo la batuta de Estados Unidos. La mayoría de los comentaristas, turiferarios beatos del libre comercio, se alegraron de los beneficios esperados de este acuerdo: más crecimiento, más empleos. Una voz disonante se hizo oír, la del embajador Jorge Eduardo Navarrete en La Jornada del 23 de mayo, quien formula una visión crítica de esta asociación transpacífica y pone en evidencia su dimensión política. De hecho, más que un acuerdo comercial es todo un proyecto político que se inscribe en el contexto de un propósito estadunidense más ambicioso: el de tejer acuerdos de asociación con países del Pacífico políticamente afines como Chile, Perú, México, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, y en América Latina aislar a países como Brasil, Argentina, o los del Alba, que proclaman su voluntad de independencia. México se incorporó muy rápidamente al proceso, sin que nadie supiera cuáles fueron las concesiones que le permitieron alcanzar el avance actual de la negociación.

Es exactamente el mismo proceso que está en marcha entre la Unión Europea y Estados Unidos, con el nombre de Gran Mercado Transatlántico (GMT).

Mediante estos acuerdos Estados Unidos busca imponer su propia legislación y forzar a sus socios a eliminar todas las barreras tarifarias y no tarifarias, denunciadas como obstáculos al comercio. Esta estrategia fue concebida por varios think tanks como el Transatlantic Policy Network (TPN), quienes tratan de proponer estrategias para contrarrestar, con cierta impotencia, el declive de Estados Unidos y de Occidente, progresivamente desplazados por las nuevas gran potencias como el BRICS, y especialmente China. Un muy reciente informe del National Intelligence Council, El mundo en 2030 ( cf. el artículo de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique edición española de mayo de 2013: http://www.monde-diplomatique.es ) confirma el temor de las agencias de inteligencia estadunidenses sobre la pérdida inexorable de influencia de Occidente en el mundo, en beneficio de China y otros países emergentes.

Los dos procesos avanzan de manera paralela, pero con dificultades. En Estados Unidos el proyecto TPP se tropieza con la clásica oposición de los republicanos a los acuerdos de libre comercio, y será muy difícil para el presidente Obama obtener una autorización fast track para concluir estos acuerdo en los próximos meses. Por otra parte, varios países, muy cercanos a Estados Unidos, se muestran preocupados por la ofensiva estadunidense porque tienen intereses nacionales que proteger. Es el caso en particular de Japón, quien duda en entrar en este proceso. Sin embargo, es una pieza clave en el dispositivo estadunidense.

Del lado europeo, después de un inicio laborioso, las cosas se aceleran. El principio de un acuerdo de libre comercio tras atlántico fue lanzado en la cumbre Estados Unidos-Unión Europea en Madrid en 1995, como parte de un acuerdo político más amplio, la Nueva Agenda Trasatlántica (NAT), conjunto de declaraciones de principios que establecen el marco de las nuevas relaciones transatlánticas después del derrumbe de la Unión Soviética en 1991. Naturalmente el NAT tenía un componente comercial, pero sobre todo una reafirmación de sometimiento de la UE a la política de seguridad estadunidense, especialmente por medio de la OTAN, estructura político-militar cuyo campo de intervención no para de extenderse más allá del Atlántico norte. En 2007 se pone en marcha la primera institución del GMT, el Consejo Económico Trasatlántico (CET), encargado de armonizar las legislaciones de los dos lados del Atlántico. Su funcionamiento es todo menos transparente. Sin embargo, se ha establecido un diálogo entre los sindicatos (AFL-CIO y confederación de sindicatos europeos), pero son encuentros muy formales. Lo mismo pasa entre asociaciones de consumidores. Un grupo de trabajo sobre medio ambiente nació muerto, disuelto por George Bush, que encontraba que sus propuestas eran demasiado limitantes para las empresas. En junio de 2010 se creó un grupo de estudio sobre la ciberseguridad y el cibercrimen. En junio de 2012, un grupo mixto entregó un informe que retoma como base de discusión las exigencias estadunidenses y establece la entrada en vigor del GMT para 2015. Como se trata de un acuerdo comercial (aun si su verdadera intención es política), los 27 estados de la Unión Europea deben negociar entre ellos y con la Comisión Europea un mandato de negociación. La Comisión Europea es el único organismo autorizado a negociar acuerdos comerciales: una vez empezada la negociación los estados miembros ya no podrán oponerse a lo negociado, todo el poder lo tendrá la comisión, cuyas orientaciones ultraliberales y pro-estadunidenses son bien conocidas. Varios países tiene objeciones, Francia en especial, que quiere defender su excepción cultural, es decir, el derecho para cualquier país de proteger sus industrias culturales y su producción intelectual y artística. Pero su posición no será de mucho peso a la hora de negociar el mandato, texto de carácter muy general y consensual entre los 27 miembros, lo que deja a la comisión un gran margen de libertad de negociación. El mandato debería estar listo en julio próximo para una conclusión de la negociación en 2015.

Estas dos amplias coaliciones detrás de Estados Unidos, el TPP y el GMT, tienen un mismo objetivo estratégico: crear un cerco alrededor de China, e impedir la emergencia de poderes que no sean controlados por los occidentales. La ausencia de China en el TPP tiene como excusa oficial que su moneda, el yuan, no es convertible. Pero nadie se deja engañar, y las autoridades y los medios de comunicación chinos no dejaron de criticar esta ofensiva estadunidense directamente orientada contra ellos.

Numerosos gobiernos y parlamentos aceptan sin objetar acercarse a los estadunidenses, aun si comercialmente no es de su interés, pero no es lo mismo con la opinión pública, muy preocupada por estos acuerdos que tendrán fuerte impacto en cuestiones de medio ambiente, de organismos transgénicos, de libertades públicas, de control de Internet y de limitaciones de los derechos sociales. Por estos motivos, estos acuerdos (el TPP y el GMT) se negocian en la discreción más absoluta, por el temor que tienen los gobiernos de provocar reacciones muy violentas en las opinión pública.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/06/01/opinion/016a1pol


Guatemala: Del terror militar a la violencia neoliberalCarlos Figueroa Ibarra · · · · · 


Sin Permiso,02/06/13


1.     Desde 1996 cuando se firmó la paz que  puso fin al conflicto armado interno, la sociedad guatemalteca ha ido mostrando  nuevas formas de violencia, que son continuidad,  pero también ruptura, en relación a la que observamos en el ciclo anterior, es decir aquel que arrancó en 1954 y culminó precisamente en 1996 con la firma de dichos acuerdos de paz.


2.     Un elemento de ruptura es que durante los años del conflicto armado interno, la parte esencial de la violencia, o por lo menos aquella que llamó la atención e los especialistas, fue la violencia política. Es decir aquella que provino desde el Estado contra sus opositores y también, la que ejercieron esto últimos en contra del Estado mismo y en general del orden establecido. En la etapa del posconflicto no ha sido la violencia política la que ha acarreado el mayor número de víctimas, sino ha sido la delincuencial, sea la que proviene de la delincuencia organizada o de la delincuencia común.


3.     La anterior aseveración puede constatarse con algunos recuentos y análisis que se han hecho durante los años del posconflicto. De acuerdo con datos de la Policía Nacional Civil y de la Comisión de Esclarecimiento histórico, el número de víctimas del conflicto armado interno ascendió entre 1960 y 1996 a aproximadamente 200 mil personas entre ejecutados y desaparecidos de manera forzada. Entre 1996 y 2010,  el número de víctimas  de la violencia delincuencial ascendía apoco más de 64 mil. Y se proyectaba que en los siguientes 36 años a partir del fin del conflicto, tal cifra podría ascender a poco más de 165 mil.


4.     Estamos lejos pues de vivir aquellos años en los cuales el terror militar, era la forma más visible de la violencia en Guatemala. Hoy la violencia más importante es en términos estadísticos es  la  que se observa a partir de los actos delincuenciales.


5.     Sin embargo es importante hacer precisiones que arrancan desde el título mismo de esta presentación. Una de ellas tiene que ver con lo que llamamos terror militar. Por tal entenderemos el ejercicio sistemático ejercido desde un Estado cuyo eje vertebral eran las fuerzas armadas y cuyo alto mando  tenía un control esencial de la represión del Estado. Este control existió independientemente de que  la represión  la efectuaran  las distintas unidades del ejército,  las distintas corporaciones policíacas o por grupos que ejercían el terror clandestino como en su momento la Mano Blanca o posteriormente el Ejército Secreto Anticomunista. La otra precisión es que la violencia neoliberal no se agota hoy en la que generan la delincuencia organizada o común. La violencia neoliberal  también es hoy  ejercida por el Estado a través de la comisión de cruentos actos represivos ejercido de manera abierta (por ejemplo la matanza en la cumbre de Alaska) o por omisión como sucede  con la acción impune que se ejerce mediante el asesinato, amedrentamientos y hostigamientos de los activistas de los derechos humanos y sociales.


6.     La violencia que se ejerció desde el Estado durante los años del conflicto armado fue  una modalidad de violencia del estado que puede ser calificada como terror militar, porque fue el ejercicio de la violencia que no hizo distinción entre objetivos militares y población civil. En términos genéricos, esta es  precisamente la definición de terrorismo: todo acto de violencia o amenaza de violencia extrema que no distingue a los objetivos militares de la población civil.  Si hablamos de terrorismo de estado es por este tipo de violencia se hizo desde el Estado. Y si hablamos de terror militar es porque fueron las fuerzas armadas sus conductores y perpetradores  fundamentales. 

7.     Esto no quiere decir que la responsabilidad del terror estatal se haya agotado en las fuerzas armadas.  Responsabilidad esencial cabe también en la clase dominante cuyos intereses eran preservados a través de la violencia y que cedieron  la conducción del Estado a través de la dictadura militar. La gran matanza acontecida en Guatemala entre 1954 y 1996 pudo ser posible porque el conjunto de la clase dominante de manera abierta o vergonzante, la propició y la justificó. Cabe agregar que los sectores más  extremistas de ella  no sólo se beneficiaron del mantenimiento de un orden  social excluyente e injusto sino fueron en ocasiones protagonistas activos del terror estatal.

8.     Por la forma en que el Estado se condujo  en el ejercicio del terrorismo de estatal podemos  distinguir al terror abierto del terror clandestino.  La necesidad de mantener una fachada de democracia liberal hizo que las acciones de terror abierto fueran menos pero no ausentes: son elocuentes ejemplos la masacre de Sansirisay en mayo de 1973, la masacre de Panzós en  mayo de 1978, el incendio de la embajada de España en enero de 1980. Sin embargo, la necesidad de la dictadura de embozarse en una democracia de fachada hizo que la inmensa cantidad de acciones de terror estatal fueron clandestinas. Entendemos por terror clandestino todas aquellas acciones de violencia terrorista que el Estado efectuó pero que lo hizo de manera embozada: la actuación del ejército o las policías  en zonas rurales aisladas, la organización de grupos operativos encubiertos de ejecución extrajudicial y desaparición forzada, la utilización de membretes que encubrían la acción gubernamental, utilización de seudónimos, casas de seguridad etc.,

9.     Por la magnitud de la violencia también puede distinguirse al terror selectivo del terror masivo. El primero de ellos se observó a través de la ejecución  extrajudicial o desaparición forzada de personas en lo individual las cuales habían sido escogidas merced a un trabajo previo de inteligencia contrainsurgente. Generalmente las víctimas del terror selectivo  fueron militantes  políticos y/o sociales o de los cuales se tenía sospecha de militancia subversiva. Entenderemos por subversión la acción de destruir, desmantelar o derrocar un orden opresivo e injusto. El terror masivo generalmente fue la ejecución extrajudicial  o desaparición forzada en gran  escala. Ejemplo prístino e terror masivo son las masacres de las comunidades mayas en el altiplano central y septentrional durante  los primeros años de la década de los ochenta del siglo XX. Pero también el secuestro masivo de 27 sindicalistas de la Central Nacional de Trabajadores en junio de 1980 o el de los 17 sindicalistas en la finca Emaús Medio Monte en agosto de ese mismo año. Cabe hacer la precisión de que en muchas ocasiones el terror masivo tuvo también un carácter selectivo en tanto que por su actividad, lugar de vivienda o cualquier otro motivo,  las víctimas fueron convertidas en un objetivo represivo

10.  La dictadura militar ejerció de manera alterna el  terror clandestino y el terror abierto según las coyunturas que fueron presentándose. De igual manera puede hablarse del terror selectivo y el terror masivo. En términos generales puede decirse que el terror selectivo fue una constante en la vida política del país y fue acentuándose en la medida en que el Estado guatemalteco se fue convirtiendo en una dictadura militar. Este proceso de conversión  se cristalizó con el golpe de estado de marzo de 1963. 

11.  El terror masivo se ha reservado en Guatemala para aquellos momentos en que se han observado amenazas sustanciales al orden establecido como fue el proceso revolucionario iniciado en 1954, el momento climático del primer ciclo guerrillero  y finalmente la gran insurrección indígena articulada al clímax del segundo ciclo guerrillero. Por este motivo podemos decir que  en el país se han observado tres grandes olas de terror: la que se observó  con motivo de la contrarrevolución de 1954,  la que se desató entre 1966 y 1972 para derrotar a la primera insurgencia armada. Finalmente la más grande de todas, la que se observó entre 1978 y 1984, para derrotar al segundo ciclo insurgente. Una vez abatidas estas amenazas o sublevaciones, el Estado retornó a los momentos del terror selectivo como una forma de mantenimiento del orden en tiempos de “normalidad”.

12.  En la Guatemala del momento actual, el debate es si la matanza en gran escala que se observó en el país puede ser calificado de genocidio o simplemente  como un crimen humanitario. Si  entendemos el genocidio como la destrucción parcial o total de  grupos humanos, en términos de la verdad histórica lo que ocurrió en Guatemala indudablemente  fue un genocidio. La discusión  se  ha suscitado en el campo  de la verdad jurídica. Esto sucede porque la Convención para la Sanción y Prevención del delito de Genocidio aprobada por la ONU en 1948, habla  como tales grupos humanos solamente de los grupos nacionales, étnicos, raciales o religiosos. Alegan los adversarios de la interpretación como genocidio lo ocurrido en Guatemala, que en tanto no se persiguió destruir a ninguno de estos grupos, lo que sucedió en Guatemala no fue  genocidio.



13.  Esta interpretación que es esgrimida sobre todo por la derecha contrainsurgente y sus abogados defensores, parten de una premisa cierta para llegar a una conclusión falsa. En efecto el sentido del genocidio en Guatemala no fue  el de una “limpieza étnica” o etnocidio. El genocidio en Guatemala fue más bien un politicidio  porque el objetivo de la matanza fue acabar con  un grupo político, los comunistas (reales o supuestos) y no con un grupo étnico.  Si se hubiera conservado el espíritu original de la iniciativa, tal como había sido concebida en 1947 y se hubiera agregado a los cuatro grupos anteriores a los grupos políticos, hoy no habría materia de controversia jurídica. 

14.  La falacia contrainsurgente consiste en concluir que como no hubo intencionalidad etnocida no se puede hablar de genocidio. No importa que el genocidio anticomunista haya destruido parcialmente a diversos grupos étnicos en Guatemala, que haya provocado lesiones graves a la integridad física o mental de los integrantes de dichos grupos, que los haya sometido intencionalmente a condiciones de existencia que acarreó su destrucción física, que haya traslado por la fuerza a niños de estos grupos étnicos  a otros grupos.

15.  El genocidio en Guatemala tuvo causas históricas de largo alcance: el hábito terrorista  construido en la época colonial para mantener el orden  en  una sociedad sustentada en el trabajo forzado de los indígenas; el racismo construido para legitimar la represión y la expoliación a dichos  pueblos indígenas; el orden dictatorial necesitado por la acumulación originaria y la articulación a la exportación cafetalera; la paranoia anticomunista surgida después de la insurrección de 1932 en El Salvador y llevada a su máxima expresión por la guerra fría; el miedo oligarca que generó la década revolucionaria de 1944-1954 y finalmente  el orden heredado por la contrarrevolución de 1954 que fue excluyente, autoritario y con escasa legitimidad. 


16.  El resultado de todo ello fue  el surgimiento de dos otredades negativas que fueron la fuente de legitimación para el genocidio: “el indio” y “el comunista”. Sabido es que las grandes matanzas siempre han necesitado de la construcción de tales otredades negativas para poder legitimar el exterminio en grandes magnitudes. Se construye un “nosotros” al mismo tiempo que se construye una alteridad que resume lo deleznable y lo que constituye una amenaza para ese “nosotros”: patria, familia, religión, identidad, raza.  En Guatemala el “indio” fue expresión de una condición humana deleznable y expresada en vicios y defectos como la hipocresía,  holgazanería, abulia, ignorancia y suciedad. El “comunista” fue expresión de seres humanos resentidos socialmente, apátridas, tributarios de Moscú y La Habana, enemigos de la religión y de la familia. Las otredades negativas unidas a una cultura autoritaria, oscurantista e intolerante se convirtieron en Guatemala en la cultura del terror. Por tal entenderemos un conjunto de valores políticos y morales intransigentes ante la diferencia y una propensión a eliminar al otro en lugar de entender sus razones.

17.  Hemos enfatizado  ya en las diferencias que hay entre la violencia observada en Guatemala durante los años de la dictadura militar y la que hoy se observa en el contexto de la democracia neoliberal. Pero es necesario enfatizar  en las continuidades. Por ejemplo la persistencia actual de la cultura del terror generada por el pasado colonial y la paranoia anticomunista. Hoy esta cultura del terror ha agregado  nuevas otredades negativas a las que ya existían. En el contexto delincuencial que ha desatado el neoliberalismo ha surgido “el delincuente” figura que generalmente es asociada a la delincuencia común asociada a la pobreza. La predilección de la cultura del terror por la eliminación de  las otredades se expresa en esta ocasión  en  la popularidad urbana que tiene la noción de “limpieza social” denominación positiva que tiene la ejecución extrajudicial del malhechor.

18.  Si el auge delincuencial crea sus propias otredades negativas, las necesidades de la voraz acumulación neoliberal también crea las suyas. La expansión capitalista neoliberal que se apropia de ámbitos, territorios y productos antes no apetecidos por el capital, ocasiona perjuicios como son la depredación ambiental, el envenenamiento de las aguas, la disminución del afluente de las mismas, la expropiación de tierras, la destrucción de tejidos sociales y culturales y por tanto, la rebelión de todos los que se sienten afectados por tales atrocidades. Los llamados megaproyectos como son las minas a cielo abierto, las cementeras, hidroeléctricas, proyectos carreteros, cultivos de gran demanda en el mercado mundial (palma africana o caña de azúcar), la precariedad laboral, los bajos salarios, las reformas educativas neoliberales y las resistencias o rebeldías que generan,  se plasman en la cultura del terror en una nueva otredad negativa: el “bochinchero”.  Es decir todo aquel o aquella que organiza tumultos, barullos, alborotos o asonadas. “Bochincheros” son pues todos los activistas de los  derechos humanos y sociales. También aquellos que luchan contra la impunidad de la que han gozado los violadores de los derechos humanos durante el conflicto interno.  El “bochinchero” se asocia a otra categoría que tiene hoy una dimensión latinoamericana como es el “populista” y ambas son continuación en los tiempos de la posguerra fría,  de la otredad negativa del “comunista”. Y si el “comunista” era tributario de Moscú y La Habana hoy el “bochinchero” lo es de Noruega y Suecia.

19.  En la lógica de la cultura del terror el “bochinchero”  es un disolvente social que destruye la paz social que necesita Guatemala para encauzarse por el desarrollo. El desarrollo es lo que hacen los buenos guatemaltecos con su trabajo al propiciar la  modernización que necesita el país. Desarrollo y modernización son todos los emprendimientos que invierten capital, crean fuentes de trabajo y construyen la senda del progreso. El “bochinchero” a menudo es un antiguo guerrillero o terrorista que no acepta la derrota que el ejército propinó a la guerrilla y que busca venganza en lugar de justicia. Por eso persigue el encarcelamiento de militares y civiles que defendieron la patria del comunismo y con ello abren viejas heridas, continúan por otras vías el conflicto interno y con ello están provocando una nueva guerra interna en Guatemala.


20.  La consecuencia de la anatematización que genera la cultura del terror es una suerte de permisividad social ante el asesinato, agresiones físicas, amenazas de muerte, encarcelamientos de activistas de derechos humanos y sociales o bien de cateos, asaltos y destrucción de bienes a organizaciones sociales. Lo que desde hace años observamos de manera creciente en Guatemala es el terror selectivo que se ceba en dichos activistas. Durante la guerra fría el terror selectivo y masivo, abierto y clandestino se efectuó en nombre del anticomunismo para aplastar las sublevaciones que genera un orden político (dictadura) y social (miseria y desigualdad) de carácter excluyente. En el contexto de la democracia neoliberal el terror sobre todo selectivo continúa a efecto de garantizar el orden que necesita  la voraz acumulación capitalista neoliberal. Al igual que aconteció en los años de la reforma liberal del siglo XIX, lo que hoy estamos observando es un cambio en el modelo de acumulación que sustituye al fordista y keynesiano por  uno más depredador, el neoliberal. Esto implica  un ejercicio de la violencia que confirma el planteamiento de Marx de que en ocasiones la misma se convierte en una categoría económica.



21.  Un recuento de las agresiones contra activistas de derechos humanos y sociales publicado  en 2011 por la Unidad de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos de Guatemala (UDEFEGUA), consignaba que entre enero de 2000 y febrero de 2011 habían ocurrido 2,285 agresiones. Estas agresiones comprendían desde asesinatos hasta amenazas telefónicas pasando por detenciones ilegales, persecuciones, robos y violaciones sexuales. Se observaba una tendencia creciente en el número de agresiones pues si en el año 2000 las mismas ascendía a 59,  en 2009 llegaban a 353 mientras que solamente en enero y febrero de 2011 las mismas ascendían a 202. Contrastándolo con el año anterior (2010) en el cual las agresiones habían llegado a 305, en sólo los dos primeros meses de 2011, las agresiones a los activistas ya comprendían el 66% de todas las que habían acontecido en el año anterior. En los primeros dos meses de 2011, el promedio diario de agresiones a los activistas era de 3.4  y comparado con el primer bimestre de 2010, el de 2011 acusaba un aumento de las mismas era de un 336%.   Resulta revelador  el que de las 202 agresiones acontecidas en el primer bimestre de 2011, 175 (87%) fueron dirigidas hacia pueblos indígenas y ambientalistas. Es decir las comunidades que se estaban luchando contra  los proyectos cementeros y de minería abierta como acontecía con los pobladores de San Juan Sacatepéquez (Departamento de Guatemala) y San Miguel Ixtahuacán (San Marcos). En ese primer bimestre de 2010, 10 activistas fueron asesinados. Figuraron entre los asesinados sindicalistas, activistas comunitarios, artistas independientes, asociados gremiales y activistas indígenas.

22.  Las agresiones de diverso tipo, entre ellas el asesinato, de dirigentes y activistas sociales es algo que se está dando independientemente del signo  político que  tenga el gobierno de turno. Hemos consignado cómo durante el gobierno de Álvaro Colom, las cifras de agresiones crecieron y cómo en el primer bimestre del último año de su gobierno (2011) los datos  fueron particularmente cruentos.  En marzo y mayo  de 2011 los campesinos K’ekch’is del valle del Polochic fueron objeto de brutales desalojos en beneficio de empresarios cañeros de la región. El nuevo gobierno encabezado ahora por el general Otto Pérez Molina se ha visto involucrado en masacres como la observada en la cumbre de Alaska contra los 48 cantones de Totonicapán. Entre febrero y marzo de 2013 el saldo ha sido de nueva cuenta cruento:  el asesinato del dirigente campesino Tomás Quej (28 de febrero), del dirigente Ch’ortí Ignacio López Ramos (5 de marzo), del dirigente popular Carlos Hernández (8 de marzo),  del  líder Tz’utujil Jerónimo Sol (12 de marzo), la captura arbitraria del activista de los derechos humanos  Rubén Herrera (15 de marzo),  el secuestro de cuatro dirigentes del pueblo Xinca y el asesinato de uno de ellos (Exaltación Ucelo, 17 de marzo), los asesinatos de la sindicalista salubrista Santa Alvarado (21 de marzo), la sindicalista municipal Kira Enríquez (22 de marzo). A esto hay que agregar allanamientos, amenazas de muerte, intentos de secuestro. Entre enero y octubre de 2012 organizaciones de derechos humanos registraron 254 ataques a defensores de derechos humanos y sociales.

23.  La gran cuestión a discernir es el papel del Estado en todos estos acontecimientos represivos. Podemos advertir una autoría estatal evidente  en los actos de represión abierta (por ejemplo el despojo y represión en el Valle de Polochic en 2011 o en la matanza de la cumbre de Alaska en 2012).  En los actos de terror selectivo la autoría puede ser a través de agentes estatales encubiertos o escuadrones de la muerte amparados en la impunidad. Buena parte de los asesinatos y otro tipo de agresiones  han sido imputadas a sicarios probablemente pagados por las empresas involucradas en  los proyectos mineros, cementeros o hidroeléctricos. Probablemente sea el caso de los tres campesinos indígenas asesinados en Santa Cruz Barillas (Huehuetenango) el 1 de mayo de 2012. En todo caso estamos viviendo ahora de manera creciente una violencia neoliberal en la cual el Estado por comisión o por omisión es responsable de estas acciones que vuelven a ser actos de terror dirigidos a aniquilar cualquier voluntad de rebeldía o transformación.

24.  Finalmente, hay que terminar estas reflexiones por donde fueron comenzadas. A 16 años de haber concluido el conflicto interno  con la firma de los acuerdos de paz de diciembre de 1996, el terror estatal  protagonizado por la dictadura militar ha sido sustituido por una violencia generalizada que tiene diversos actores. Entre estos se  encuentra  el crimen organizado -expresado fundamentalmente por el narcotráfico-, que tiene una presencia apabullante en el Estado y sociedad guatemaltecos. Además del narcotráfico se observa la creciente delincuencia común que asuela particularmente  al área metropolitana del país. Estas violencias son expresión de un Estado fallido que en realidad expresa una sociedad fallida, la del fracaso neoliberal. A la par de esta violencia puede también observarse la que la acumulación capitalista provoca para poder  lograr la reproducción ampliada del capital a través del despojo, la expoliación y la depredación ambiental. El Estado guatemalteco participa activa o pasivamente, por comisión o por omisión en esta última forma de violencia que tiene los rasgos del terror selectivo. La violencia de la democracia neoliberal en Guatemala presenta pues rupturas en relación a la violencia que se observó durante los años de la dictadura militar. Pero también hay continuidades en la cultura del terror, el hábito contrainsurgente, en el recurso del miedo para la reproducción de la ganancia y el privilegio.


(Presentación hecha en el Foro “Comunidades y Estado Neoliberal en Guatemala, un conflicto irresuelto”. Convocado por la Red de Solidaridad con Guatemala. Posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. México D.F. 11 de abril de 2013.)


                  Carlos Figueroa Ibarra es un sociólogo guatemalteco, profesor investigador del Posgrado de Sociología en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Autor, entre otros libros, de Guatemala: el recurso del miedo.

Crisis de la Eurozona: hay una alternativa realista y factible, lejos del falso dilema austeridad/crecimiento y de las tentaciones del federalismo autoritarioYanis Varoufakis · · · · · 


Sin permiso,02/06/13


El economista griego Yanis Varoufakis, asesor del partido de la izquierda radical griega Syriza, participó el pasado 28 de mayo en el foro de la OCDE 2013. En su intervención en ese Foro volvió a recordar su Modesta proposición para sacar a la Eurozona de la crisis sistémica en que se halla. El textito de Varoufakis es suficientemente claro y autocontenido. Pero quien quiera profundizar en su visión política alternativa, puede consultar otros dos textos, más dilatados y circunstanciados, publicados anteriormente en SinPermiso: 1) "Mensaje a los euroescépticos (de derecha e izquierda): quienes más despreciamos el euro somos quienes mayor obligación moral tenemos de contribuir a estabilizarlo"; 2) "Depresión en la Eurozona. Cómo restaurar la demanda agregada en países como Grecia y España, sin crear nuevas burbujas".

En el contexto de 2013 OCDE Forum, el pasado 28 de mayo tuvo lugar un debate sobre si el mundo en general y Europa en particular necesita más o menos austeridad. Más abajo, podéis encontrar mi respuesta a la pregunta del moderador sobre qué alternativas tiene la Eurozona en punto a mayor o menor austeridad. Pero antes, un breve comentario sobre el resultado principal de la encuesta de opinión PEW presentada por Bruce Stokes (de Global Economic Attitudes), según el cual una gran mayoría de europeos prefiere devolver la deuda a incrementar los estímulos económicos.

Un breve comentario al resultado de la encuesta de PEW

Si en medio de la pandemia de Peste Negra europea se hubiera hecho un sondeo de opinión, una mayoría de europeos habría echado la culpa de la plaga a la pecaminosa vida llevada hasta entonces, y es más que probable que aceptara el punto de vista dominante, según el cual el remedio para librarse de la enfermedad no era otro que la autoflagelación expiatoria y la punición colectiva. Siempre hay que estar muy atentos a los movimientos de la opinión pública, huelga decirlo; pero no deberíamos permitir que las encuestas nublaran nuestro juicio. 

Alternativas al falso debate austeridad/crecimiento en la Eurozona

He aquí mi esquema de intervención:

Si después del otoño de 2008 el Estado de Nevada se hubiera visto obligado a:

- rescatar sus propios bancos,

- refinanciar su déficit primario, causado por el desplome del mercado de bienes raíces, y

- cubrir con prestaciones de desempleo a sus parados; entonces:

- por muchos estímulos que el señor Obama hubiera inyectado en la economía, e independientemente de la flexibilización cuantitativa (QE) del señor Bernanke, ¡Nevada se habría convertido en un Estado fallido!

Más pronto que tarde, los Estados federados norteamericanos y sus sectores bancarios habrían comenzado a despeñarse, uno tras otro, por el abismo fiscal de la austeridad competitiva. Pues bien; eso es precisamente lo que ha sucedido en la Eurozona.

De modo que la obsesión europea con la austeridad competitiva no es tanto una opción política ideológicamente motivada, sino que es más bien el resultado de una Eurozona pésimamente diseñada: por eso lo que tenemos entre manos es una crisis sistémica.

Pero para quienes piensan que la solución a esta catástrofe consiste en federarse, en crear unos Estados Unidos de Europa, mi mensaje es: ¡Piénsenlo mejor! Ni es factible la Federación, ni es deseable como mecanismo para frenar la crisis.

¿Cuál es entonces la alternativa? La alternativa es servirse de las instituciones existentes, a fin de reajustar la Eurozona de modo que se frene su desintegración sin necesidad de Nuevos Tratados y sin necesidad de que se transfiera un solo euro de los contribuyentes alemanes a los de la periferia. 

¿Es eso factible? ¡Desde luego que lo es!

Por lo pronto, sin siquiera necesidad de una unión bancaria, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), en colaboración con el BCE, podría tomar el control de los bancos quebrados, recapitalizar algunos, liquidar otros y poner sin mayores dilaciones en almoneda los activos bancarios saneados (con beneficios para el contribuyente europeo). 

En segundo lugar, el BCE podría actuar como intermediario entre los Estados miembros y los mercados monetarios, ayudando a esos Estados en el servicio de la porción de su deuda que permite Maastricht con tasas de interés bajas. Puede hacer eso sin necesidad de imprimir un solo euro ni de comprar un solo bono. Limitándose a actuar como intermediario.

En tercer lugar, debería darse luz verde al Banco Europeo de Inversiones (BEI) para embarcarse, en colaboración con el BCE, en un programa de inversiones orientadas a la recuperación económica. Un New Deal europeo podría entonces financiarse en un 50% con emisiones de bonos por parte del BEI, y en otro 50%, con bonos respaldados por el BCE y redimibles a través de los propios proyectos sobre la base de principios puramente bancarios.

Con inversión, reforma bancaria y deuda pública holgadamente europeizadas, podría imponerse el equilibrio presupuestario a todos los Estados miembros, mientras que el conjunto de la Eurozona recibiría un importante estímulo al crecimiento y la deuda caería por doquiera.

A esta más bien modesta alternativa la llamo yo Europeización Descentralizada. Sin transferencias fiscales, sin eurobonos garantizados de consuno, sin un Tesoro Federal, sin recompra de deuda, sin cambios en los Tratados: esa alternativa liberaría a Europa del ridículo dilema entre la suicida austeridad quebrantahuesos y los ineficientes estímulos proporcionados a escala nacional. 

Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, acaba de ser publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012. 

Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench



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Paraguay: Izquierda paraguaya adopta acuerdos con 100 entidades sociales


Telesur, 2 de junio 2013

El movimiento de izquierda de Paraguay se reunió la víspera con 100 organizaciones sociales. Con el expresidente Fernando Lugo a la cabeza trazaron propuestas para debatir en el nuevo Congreso que comenzará a ejercer sus funciones el 1 de julio de este año.


El Frente Guasú, encabezado por el expresidente de Paraguay Fernando Lugo, convocó una reunión este sábado, donde debatieron con representantes de 100 organizaciones sociales, la situación general del país, con incidencia en cada región, en los sectores campesinos , indígenas y de trabajadores.

El movimiento de izquierda de Paraguay, adoptó varios acuerdos con estas organizaciones sociales, para defender en el Parlamento y en movilizaciones populares, las leyes de interés social y nacional.

El expresidente comenzó la reunión con un saludo al frente que lidera y se pronunció a favor de un intenso trabajo que coordine la defensa de los proyectos en el Congreso de Paraguay, con la movilización popular para su aprobación.

Se constituyeron varios grupos que trabajarán en conjunto para delinear las propuestas que son consideradas prioritarias por las organizaciones para la preparación y el respaldo de proyectos de ley de contenido social compartidos con la bancada parlamentaria de la izquierda.

Entre los tópicos más urgentes están el apoyo a Venezuela como miembro del Mercosur, la suspensión de las negociaciones del gobierno con la multinacional Río Tinto Alcán, un grupo empresarial internacional del sector de la minería, acusada de contaminar fuentes de agua potable y depredar áreas verdes y la defensa de las partidas destinadas a programas sociales en el presupuesto del 2014.

El senador Hugo Ritcher informó a los medios de comunicación que ya existe una lista de 18 temas principales a abordar en el nuevo Congreso desde su toma de posesión el próximo 1 de julio hasta diciembre del presente año.

En la plenaria se congregaron 380 dirigentes de los sectores campesino, sindical, de mujeres, pescadores y jóvenes de toda Paraguay.

El Frente Guasú y la Central Nacional de Trabajadores suscribieron este viernes, un acuerdo para defender conjuntamente los grandes intereses nacionales y populares, así como la integración regional de los pueblos.
teleSUR-PL - FC

Venezuela: Presidente Nicolás Maduro llega a Nicaragua para fortalecer lazos bilaterales 

2 de junio 2013

El presidente de Venezuela llegó a Nicaragua y fue recibido por su homólogo Daniel Ortega. Nicolás Maduro recordó que su visita se debe al fortalecimiento de la cooperación bilateralEl presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, llegó este domingo a Nicaragua para fortalecer los lazos bilaterales. En este sentido, el mandatario indicó que se construirá un mapa de cooperación superior al que ya existe entre ambas naciones.

“Venimos a fortalecer nuestros lazos bilaterales, a ratificar nuestra cooperación en el campo comercial, energético, financiero, social, productivo. A construir un mapa de cooperación bilateral superior al que hemos tenido hasta el día de hoy”, manifestó el mandatario a su llegada a Managua (capital).

Por otro lado, el jefe de Estado venezolano resaltó que la Cumbre de Petrocaribe, que se celebrará el próximo 29 de junio en Nicaragua, servirá para instalar la Zona Económica de Petrocaribe (ZEP) “que llevará la marca amorosa de la gran política que asumió el Comandante Supremo, Hugo Chávez, que nosotros hemos tomado en nuestra mano para construir la felicidad verdadera de los pueblos”.

Maduro destacó la importancia de organismos regionales como la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA) y Petrocaribe, en este sentido, señaló que el ALBA "es una alianza social para la felicidad de los pueblos".

El presidente venezolano consideró que Nicaragua y Venezuela deben profundizar "la unidad en las fuerzas sociales, políticas, culturales entre nuestros músicos, poetas, un mapa profundamente humano como es el ALBA, que es en esencia una Alianza para la felicidad de los pueblos”.

Maduro envío un saludo al pueblo de Nicaragua y recordó que "la patria grande debe permanecer liberada, unidad, y debe seguir expandiendo sus raíces con fortaleza rumbo a la unidad”.

Durante el recibimiento, el presidente nicaragüense Daniel Ortega le dio la bienvenida a la delegación venezolana y manifestó su alegría por el encuentro.

Más temprano, el canciller de Venezuela, Elías Jaua, informó que los principales temas a tratar por los mandatarios son: La unidad latinoamericana y caribeña a través del ALBA, la cooperación energética con PetroCaribe y la ampliación de programa sociales entre ambos Estados.

Jaua, quien arribó primero a Managua como anticipo a la llegada del Presidente Maduro, subrayó que el tema principal del encuentro será "la cooperación internacional en el ámbito energético".

"Fortalecer, expandir y profundizar la unión suramericana es un tema fundamental del Presidente Nicolás Maduro para continuar el legado del Comandante Chávez", indicó el Canciller.

Se trata de la primera visita oficial de Nicolás Maduro a Nicaragua como jefe de Estado, después que ganara las elecciones presidenciales el pasado 14 de abril.