Mercosur:Legado de los pueblos originarios se fortalecen con la creación del Mercosur Indígena



Caracas, 06 de noviembre de 2013 (MPPRE).- La Unión e Integración Latinoamericana y Caribeña, se instaló en la torre Financiera del Banco Central de Venezuela en Caracas, el seminario "Derechos de los Pueblos Originarios".

La actividad tiene como finalidad mostrar los avances que en esta materia viene desarrollando el Gobierno Nacional, y además hacer partícipes de éstos logros a las naciones que conforman el Mercado Común del Sur, Mercosur, para alcanzar y desarrollar un intercambio cultural, económico y social.

La Ministra del Poder Popular para los Pueblos Indígenas, Aloha Nuñez, señaló que la inclusión de los indígenas en el Mercosur se concreta gracias a los esfuerzos que viene desarrollando Venezuela con la Presidencia Pro Témpore del organismo, para garantizarle no solo a los nativos del país sino de Latinoamérica y el Caribe una mejor calidad de vida, tomando en cuenta sus costumbres y creencias.

"Por instrucción del presidente Nicolás Maduro, se creó el Mercosur Indígena, con el objetivo de hacer al Mercosur más humano y sensible".

Destacó que en la nación suramericana existen tres mil comunidades indígenas y 40 pueblos, los cuales han sido atendidos oportunamente, gracias al Líder Supremo Hugo Chávez, quien en el año 1998 firmó un compromiso para reivindicar sus derechos.

"Gracias a las políticas de inclusión e igualdad ideadas por el Comandante y que continúa el presidente Nicolás Maduro, somos reconocidos y protegidos como pueblos originarios en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y demás leyes específicas que nos garantizan nuestros derechos y el respeto a nuestros usos, costumbres, idioma, religión, habitad y tierras".

Por su parte Héctor Constant Rosales, Coordinador Nacional Alterno en ejercicio de la Presidencia Pro Tempore, informó sobre los objetivos que llevaron a la creación del Mercosur Indígena.

"Se creó un espacio de participación para las poblaciones originarias de la región, para que se puedan dar discusiones que estén vinculadas a la integración (...) su objetivo principal es desarrollar trabajos para incorporar el legado de los pueblos originarios a los distintas agendas de trabajos de las reuniones de la estructura institucional del Mercado Común del Sur"

La reunión de Lanzamiento del Mercosur Indígena se efectuó el 11 de Octubre en Ciudad Bolívar, Venezuela, donde participaron delegaciones de Brasil, Argentina y Uruguay.

Constant Rosales, señaló que durante las mesas de trabajo que se efectuaron en el lanzamiento, se acordó integrar delegaciones indígenas a las áreas como medio ambiente, agricultura, educación, mujer y salud, además de promover en los países del Mercosur, una educación intercultural bilingüe.

"El Plan de acción de Ciudad Bolívar se compromete con la defensa de los valores y derechos de las comunidades indígenas, y el fortalecimiento de la Diplomacia de los Pueblos en todos los espacios del Mercosur".

Conrado Rovero, Viceministro de Desarrollo para la Integración de la Educación Bolivariana del Ministerio del Poder Popular para la Educación, resaltó que en Venezuela se promueve la interculturalidad y se establece mediante la constitución la enseñanza en tierras indígenas del lenguaje bilingüe y multiétnico.

Indicó que se están ejecutando mesas de trabajo para concretar diversas acciones que permitan a los nativos una educación de calidad, promoviendo la expresión de su cultura a través de la oralidad, siendo esta la forma más eficaz para transmitir entre los descendientes las tradiciones y costumbres.

"La finalidad de estos trabajos es fortalecer el ser social e integral para mantener la identidad étnica y cultural, rescatar las tradiciones y costumbres, consolidar la educación propia, idioma y valores autóctonos de las diversas etnias venezolanas, afianzar la interculturalidad y pluriculturalidad, como país multiétnico"

El Viceministro Roveró resaltó los avances que Venezuela ha alcanzado mediante la creación de diferentes leyes: el reconocimiento lingüístico, modalidades de educación intercultural en el sistema Básico y Universitario, inclusión en las Canaima educativas de las lenguas Wayúu, Pome y Jivi, contextualización y traducción en 40 idiomas la Colección Bicentenario.

El Viceministro del Territorio Comunal de Valles, Sabana y Tepuyes del Ministerio del poder Popular para los Pueblos Indígenas, Raúl Rodríguez, indicó que el Mercosur va a promover el intercambio económico y productivo; la socialización de tecnología indígena en el área de la salud y la promoción de una alimentación sana.

"Estoy seguro que si no hubiese llegado la Revolución Bolivariana no estuviésemos hablando de los derechos indígenas. Venezuela es punta de lanza en la región en reconocerlos. Años atrás esto no era importante, hoy nos toman en cuenta gracias al presidente Hugo Chávez, nuestro Líder Supremo. FIN/YA. Foto: JR.

Guatemala:Denuncia internacional contra Estado de Guatemala por denegación de justicia en caso de genocidio

6 de noviembre 2013

Washington D.C. 06 de noviembre 2013.- Víctimas sobrevivientes del genocidio en Guatemala y organizaciones sociales, interpusieron hoy, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), una denuncia contra el Estado de Guatemala por la impunidad que persiste de las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en perjuicio del pueblo ixil. La denuncia se fundamenta en la violación de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y de otros tratados internacionales de derechos humanos.

En la denuncia, las organizaciones afirmaron que el Estado de Guatemala ha incumplido con la obligación de garantizar a las víctimas su derecho a acceder a la justicia ya que por más de 30 años no se ha juzgado a ninguno de los responsables de las violaciones sufridas por miles de víctimas.

Tal conducta compromete la responsabilidad del Estado ya que según lo ha establecido la Corte Interamericana de Derechos Humanos “la impunidad propicia la repetición crónica de las violaciones de derechos humanos y la total indefensión de las víctimas y de sus familiares”.

Algunos de los hechos que fueron denunciados ante la CIDH, en relación con el caso de genocidio cometido en contra del grupo étnico maya Ixil, consisten en más de 60 masacres y ataques de miembros del ejército guatemalteco que dejaron como saldo aproximadamente 1771 víctimas asesinadas, así como numerosas víctimas de desaparición forzada, violencia sexual, tortura y desplazamiento forzado.

Además, en relación con el proceso que se siguió en contra de los ex generales Efraín Ríos Montt y Mauricio Rodríguez Sánchez, se denunciaron las deficiencias e irregularidades de las resoluciones emitidas por las autoridades en el proceso penal, como por ejemplo: la falta de acceso a los archivos del Ministerio de la Defensa;  tolerancia de las autoridades judiciales frente al abuso de acciones de amparo  y de inconstitucionalidad y dilaciones indebidas en su resolución; la falta de fundamentación y arbitrariedad de las resoluciones de amparo provisional;  la duración excesiva del proceso penal; los ataques a la independencia judicial y la falta de protección a los participantes en el proceso.

En particular, se destacaron ante la CIDH las irregularidades que caracterizaron la resolución de fecha 20 de mayo de 2013 dictada por tres miembros de la Corte de Constitucionalidad mediante la cual se anuló el proceso seguido contra los citados militares.

Ante todo lo anterior, los peticionarios nos hemos visto obligados a acudir  ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, con la esperanza de que el sistema regional de protección de los derechos humanos agilice el trámite de la petición y asegure la protección internacional de las víctimas en el menor plazo posible. Por lo que pedimos a la Comisión la admisibilidad de la presente denuncia.

Acudir a la justicia internacional es un derecho consagrado en los tratados internacionales y en la Constitución Política de la República de Guatemala, por lo que acudimos al Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos con el fin de que el Estado cumpla con sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos. Mientras haya impunidad no habrá respeto a los derechos humanos en Guatemala ni democracia plena.

¡Por el derecho a un país justo!

Asociación para la Justicia y Reconciliación - AJR

Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos – CALDH

Centro por la Justicia y el Derecho Internacional - CEJIL

Bufete Jurídico por los Derechos Humanos - BDH

Guatemala: Primera consulta comunitaria de buena fe realizada en Los Angeles, California

RESULTADO DE LA CONSULTA COMUNITARIA DE BUENA FE EXTRATERRITORIAL DEL PUEBLO MAYA K’ICHE’.

 La consulta fue desarrollada en los Ángeles California Estados Unidos el 3 de noviembre de 2013 por el Consejo Francisquense en Defensa de las Tierras, Territorio y Lugares Sagrados integrados por oriundos de las comunidades de San Francisco El Alto Totonicapán, con el respaldo político y legal de las Autoridades Comunitarias, la junta directiva de la Asociación Indígena Custodio de los títulos de las tierras comunales, la municipalidad oficial y el Consejo de los Pueblos de Occidente CPO, se ha desarrollado este proceso de participación y toma de decisión de una parte importante de la población del Pueblo Maya K’iche de San Francisco El Alto con la finalidad de sumarse a la decisión tomada en consulta comunitaria de buena fe por la mayoría de la población del municipio el 30 de julio de 2013, en donde 45,593 personas dijeron NO a la explotación minera de metales en su territorio. 

 En esta oportunidad, la consulta extraterritorial suman los siguientes datos: 
 1. Chivarreto: 1126 NO a la minería 
 2. San Antonio Sija: 1037 NO a la minería
 3. Rancho de Teja: 602 NO a la minería
 4. Tacajalbe: 404 NO a la minería
 5. Pachaj: 368 NO a la minería
 6. San Francisco. El Alto: 270 NO a la minería
 7. Paxixil: 210 NO a la minería
 8. Pabatoc: 105 NO a la minería
 9. Chirrenox: 93 NO a la minería
 10. Palemop: 42 NO a la minería

 Haciendo un total de 4,257 NO a la minería 

 Y en donde el SI a la minería 0 (cero votos)

 En uso del derecho a la libre determinación de los pueblos, el Pueblo Maya K’che’ ha roto las fronteras nacionales impuestas por el colonialismo y defendida por el neocolonialismo que globaliza el saqueo a los pueblos y privatiza la riqueza en manos de unos cuantos en el mundo, hoy San Francisco El Alto celebra la victoria contra el despojo, el saqueo y la codicia con 49,850 votos por la vida, la tierra, el agua, los bosques y la dignidad y bofetea con la misma cantidad y fuerza contra las empresas mineras y sus perros guardianes personificados hoy en ministros de energía y minas, presidente, diputados y empresas politiqueros electoreros. 

 Será más temprano que tarde que otros pueblos se sumen a la dignidad comunitaria de los pueblos donde quiera que estén o cualesquiera fronteras que nos separen. 

 ¡El presente K’atun es el tiempo de los Pueblos!

Entrevista a François Houtart, secretario ejecutivo del Foro Mundial de las Alternativas


 “El desafio fundamental para Bolivia, Venezuela y Ecuador es definir la transición bajo un nuevo paradigma poscapitalista”

Katu Arkonada
Rebelión


François Houtart (Bélgica, 1925) sacerdote de la diócesis de Bruselas, estudió sociología de la religión, haciendo su doctorado sobre sociología del budismo en Sri Lanka. Ayudo en la creación del Instituto de Sociología de Vietnam, trabajó en numerosos países de Asia y África, además de fundar el Centro Tricontinental (CETRI) en la Universidad de Lovaina. Es profesor emérito de la Universidad de Lovaina y profesor honorario del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN) del Ecuador. Fuertemente ligado a la Teología de la Liberación, es secretario ejecutivo del Foro Mundial de las Alternativas que preside Samir Amin, encontrándose ambos fuertemente ligados al nacimiento del Foro Social Mundial. 

-Katu Arkonada (KA): ¿François, como caracterizas el actual momento histórico y la coyuntura política de América Latina? 

-François Houtart (FH): En primer lugar debemos decir que es el único continente en el mundo donde existen esfuerzos por salir del neoliberalismo. Eso no lo encontramos en ningún otro continente y por eso el papel de América Latina hoy en día es central. Cuando digo esfuerzos por salir del neoliberalismo, o lo que Samir Amin llama avances revolucionarios, significa que son procesos con sus contradicciones, quizás no necesariamente poscapitalistas, pero si procesos con políticas posneoliberales. 

-KA: ¿En qué momento se encuentran estos procesos? ¿Cómo ha afectado la muerte del Comandante Chávez a la construcción de ese escenario posneoliberal? 

-FH: La muerte de Chávez ha sido un fenómeno extremamente grave porque él fue uno de los que iniciaron este proceso y ha tenido evidentemente un liderazgo regional muy importante, pensemos en el ALBA y otras iniciativas como la CELAC. En este sentido tanto para Venezuela como para el continente en general es un golpe. Lo importante ahora es como seguir los procesos de integración de Nuestra América como decía Martí y no de la integración con el Norte como algunos proyectos actuales. También debemos de ver quién puede realmente tomar un liderazgo, como continuar la herencia que nos ha dejado Chávez, especialmente a nivel regional. El continente tiene que institucionalizar los procesos puestos en marcha. ALBA, CELAC, UNASUR, Mercosur, etc., deben institucionalizarse para crear realmente una fuerza, un polo regional importante. 

-KA: Pero si pareciera, no sé si es casualidad, una vez que muere Chávez, por un lado el imperialismo se rearma en el continente mediante una herramienta dirigida a frenar los procesos de integración, la Alianza del Pacifico, y al mismo tiempo pareciera que los procesos de cambio en el continente comienzan a presentar algunos límites. ¿Crees que existan estos límites? ¿Cómo los caracterizarías? 

-FH: Si yo pienso que evidentemente hay límites en dos planos, límites que viene del exterior, del sistema mundial, y límites que provienen del proyecto interno. 

Cuando vemos los países latinoamericanos, dejando de lado los que se ubican claramente en una integración de tipo neoliberal con el Norte, encontramos varios modelos de reorganización, por ejemplo, tenemos a Brasil, Argentina o Uruguay en una dirección que podemos llamar socialdemócrata, que aceptan de manera casi oficial el capitalismo como modelo de crecimiento tratando a la vez de tener una política social de redistribución del excedente del país. Eso ha dado resultados, no podemos negar los logros, en Brasil, por ejemplo, donde cuarenta millones de personas han salido de la pobreza extrema, pero no se ha dado un cambio de las estructuras sino una cierta adaptación del modelo capitalista, que además no tiene en cuenta lo que podemos llamar en economía las externalidades, es decir lo que no entra en el cálculo del mercado, como los daños ecológicos y los daños sociales. 

Sin embargo, es diferente en países como Venezuela, Ecuador o Bolivia que tienen un discurso anticapitalista mucho más claro, además también de medidas de soberanía frente al imperio mucho más precisas. Incluso en Ecuador y en Bolivia tenemos el discurso sobre el Buen Vivir o Vivir Bien que parece colocar en el debate y en la agenda propuestas nuevas. Pero en estos procesos también encontramos límites tanto internos como externos. 

Internamente me parece que el límite es la concepción del modelo de desarrollo, muy similar a la concepción que el capitalismo ha desarrollado. Veo eso en todo el mundo, no solamente aquí, lo veo en China lo veo en Vietnam, Angola o Mozambique, en movimientos que eran radicales, incluso comunistas. Finalmente al momento de la puesta en marcha de un desarrollo humano regresan a las mismas lógicas. Eso lo notamos, por ejemplo, en Ecuador, donde se habla de una nueva matriz productiva, pero cuando se trata de definir lo que esto significa, vemos que se traduce en desarrollar la minería, el petróleo, la extensión de los monocultivos para agrocombustibles, transgénicos, etc. No se ven muchas diferencias con las bases de un desarrollo de tipo capitalista excepto quizás en el vocabulario. Es un modelo que podríamos llamar neodesarrollista. Es un hecho que me parece que cada vez entra más en contradicción con los grandes principios del Buen Vivir. 

Entonces nos encontramos con un límite interno, porque no existe otra concepción del desarrollo, no hay otro modelo, se debe inventar y es muy difícil inventar dentro del sistema. 

Pero también tenemos límites que vienen del exterior del sistema-mundo como dice Immanuel Wallerstein, y que pone su lógica en la organización global de la economía. 

Otro elemento importante es que estos procesos tienen un alto apoyo popular por lo que deberíamos preguntarnos si la opinión pública, si el pueblo está listo para entrar en un nuevo modelo de desarrollo. 

Por lo tanto nos encontramos con tres elementos que se combinan, la formación de los lideres actuales es una formación critica del capitalismo, o del neoliberalismo, pero tienen muchas dificultades para encontrar nuevos modelos para cambiar realmente las cosas; en segundo lugar la fuerza del sistema mundial; y en tercer lugar una opinión pública que apoya las nuevas iniciativas porque una parte importante de la población recibe beneficios en forma de bonos y políticas públicas. Pero sabemos, y esto incluso Rafael Correa lo reconoce, que una buena parte de las políticas siguen siendo asistenciales. 

Me parece que para el futuro no se trata de negar que hubo avances en las nuevas políticas sino de ver que estamos frente a un modelo que lleva a la destrucción de la naturaleza y a desastres humanos y que debemos tener una visión global y holística a la hora de buscar soluciones realmente alternativas. 

-KA: Recientemente el Banco Mundial anunciaba que un millón de personas en Bolivia se han incorporado a la clase media. Tu eres muy crítico con la socialdemocracia europea, pero sin embargo en América Latina nunca se conformó una verdadera socialdemocracia, debido precisamente a la inexistencia de una clase media fuerte y amplia. En la medida en que los procesos de redistribución avanzan y más personas en los procesos de cambio se incorporan a la clase media, ¿esta clase media, y la posibilidad de que se vaya creando una socialdemocracia que la acompañe ideológicamente, puede suponer un freno al avance de los procesos de cambio? 

-FH: Si, estoy de acuerdo totalmente contigo. De verdad el concepto de clase media es muy ambiguo desde un punto de vista sociológico, porque está más basado en la capacidad de consumo que en su lugar en el sistema de producción. Pero es un fenómeno interesante, hay una capacidad de consumo nueva, pero el problema es que el tipo de consumo es de productos producidos en el exterior. Por lo tanto al mismo tiempo que el continente latinoamericano se reprimariza, exportando commodities, una parte de lo que se gana se dedica al consumo de la clase media y no a impulsar el desarrollo interno, generando un problema estructural. 

Y por otra parte el día que esta capacidad de consumo disminuya por efecto de la crisis mundial (Estados unidos y Europa están en crisis, China compra menos) eso va afectar el consumo de la clase media y crear un problema político. Ya hemos visto lo que pasó en Brasil los últimos meses: no fue una revuelta de los más pobres, ni de los campesinos, ni de los obreros, sino de la clase media urbana que reclamaba más calidad de vida. 

-KA: Algo similar a lo sucedido con los indignados en Europa, una clase media que protesta ante la pérdida de los privilegios que consideraban tener o merecer… 

-FH: Sí, eso mismo. 

-KA: ¿Y crees que esta nueva clase media latinoamericana, podría suponer un freno ideológico para los procesos de cambio en la medida en que se pierde la radicalidad y el empuje de las clases subalternas? 

-FH: Pienso que sí. 

-KA: Además de conocer bien los llamados procesos de cambio, también conoces Honduras, pues fuiste parte de la Comisión de la Verdad tras el golpe de Estado contra Zelaya. Honduras puede de alguna manera incorporarse a estos procesos en el continente si gana las elecciones presidenciales la candidata de Libre Xiomara Castro, mirando más hacia el ALBA que hacia la Alianza del Pacifico. ¿Como ves la situación actual de Honduras? ¿Qué tan importante para la región y el continente es la victoria de Libre el 24 de noviembre? 

-FH: Las elecciones de Honduras son cruciales para el futuro del país. Si gana la derecha, no solamente significara la pertenencia al grupo neoliberal de los países integrados en el Norte, sino la continuación de políticas internas en favor del capital agrario y de la pequeña oligarquía que domina el país. Si gana la Sra. de Zelaya, el país puede cambiar de orientación, con más justicia social, reconocimiento de los pueblos indígenas y apoyo a los servicios públicos. No debemos esperar cambios revolucionarios, pero por lo menos una política liberal social menos desastrosa que lo que existe hoy con su acumulación de violencia. 

La victoria de Libre sería un paso importante para la integración latinoamericana, porque puede significar más fuerza para el proyecto emancipatorio que se desarrolla vía CELAC y eventualmente el ALBA y una brecha en el frente de la Alianza del Pacifico, que representa el proyecto neo-liberal vinculado con el Norte (Estados Unidos y Canadá). 

-KA: Pasando de la situación en América Latina a Bolivia, donde acabas de participar en la Vicepresidencia de un seminario sobre agricultura campesina y soberanía alimentaria, ¿como ves la situación en este país y de este proceso? 

-FH: Me impresiona la transformación, el efecto positivo que han tenido las políticas gubernamentales en el aspecto social, los programas que cambian la vida de la gente mediante los bonos que se pagan con las ganancias del gas y del petróleo. 

Un segundo aspecto es la presencia cultural, la transformación de la presencia del mundo indígena, el reconocimiento del valor del mundo indígena, de su dignidad. Hoy en día en Bolivia hay un orgullo de ser indígena. 

Pero mis dudas son sobre todo con el tipo de modelo de desarrollo que me parece más y más afirmado como un proyecto desarrollista o neo-desarrollista que finalmente sigue las lógicas fundamentales del modelo capitalista a pesar de un vocabulario muy anticapitalista y que tiene como consecuencia fundamental la ignorancia de las externalidades. Se pueden justificar evidentemente estas políticas por los logros inmediatos pues se necesita este dinero para financiar los programas sociales, pero no podemos dejar de examinar cuales son las consecuencias a más largo plazo de la expansión de la explotación petrolera o minera, así como de ciertos modos de desarrollo rural o agrícola. 

Me pregunto si es posible desarrollar un socialismo del siglo veintiuno con los métodos del capitalismo del siglo diecinueve. Definir la transición, este es precisamente el desafío fundamental para países como Ecuador, Bolivia o Venezuela. Debemos pensar si queremos un nuevo paradigma que sea poscapitalista y no solamente posneoliberal, y como plasmar esto en políticas publicas concretas. Tenemos la disyuntiva de desarrollar medidas que solamente adapten el sistema capitalista existente a nuevas demandas ecológicas o sociales o la posibilidad de crear un nuevo paradigma poscapitalista. 

-KA: Y dentro de ese planteamiento de crear un nuevo paradigma poscapitalista, tenemos el Vivir Bien o Buen Vivir, ya consagrado en las constituciones de Bolivia y Ecuador, o el concepto que has venido trabajando de Bien Común de la Humanidad. Estos conceptos o construcciones que comienzan siendo teóricas, simbólicas, ¿cómo los transformamos en proyecto político para la transición? 

-Pienso que necesitamos de estos conceptos, que pueden significar una meta, una utopía. Pero utopía en el buen sentido de la palabra. Las necesitamos porque el capitalismo destruye toda utopía, se considera el fin de historia. Si no hay utopía no hay alternativas, como decía la señora Thatcher. Necesitamos pensar cual es el tipo de mundo que queremos, el tipo de vida de la humanidad sobre la Madre Tierra pero sin quedarnos en una abstracción. Una parte de la literatura sobre este tema es un poco romántica, una especie de regreso al pasado que puede aparecer como una idea muy bella pero no concreta. 

Por eso he tratado de desarrollar este concepto de Bien Común de la Humanidad como una meta. El BCH es la vida, como construir la vida, como reproducir la vida, como mejorar la vida tanto de la Madre Tierra como de la Humanidad. 

EL Bien Común de la Humanidad se puede traducir en cuatro ejes prácticos fundamentales, que toda sociedad debe resolver. El primer eje es la relación con la naturaleza: pasar de la explotación al respecto como fuente de toda vida. Esto tiene aplicaciones muy concretas, no se puede aceptar más, por ejemplo, la propiedad privada de los recursos naturales, ni la mercantilización de lo que es esencial para la vida como el agua, las semillas, etc. 

En segundo lugar es importante pensar en la producción de la base material de la vida. Sin base material no hay vida y por eso frente al paradigma capitalista necesitamos reconstruir otro paradigma basado en primer lugar en el valor de uso frente al valor de cambio, el único valor para el capitalismo. Y si aceptamos esto, no se pueden permitir los paraísos fiscales que crean una riqueza artificial y una economía casino, no se puede aceptar más un secreto bancario ni otros aspectos de la construcción actual de la economía, debemos transformarla, incluyendo las formas de propiedad de los medios de producción. 

El tercer aspecto es generalizar los procesos democráticos en todos los ámbitos, no solamente políticos sino también económicos, sociales, culturales, religiosos; y en todas las relaciones humanas sociales, también en las relaciones hombre-mujer. 

Finalmente, el otro eje del Bien Común de la Humanidad es la interculturalidad. El capitalismo es fruto de una cierta visión de la modernidad que impone la cultura occidental como el único modelo y que excluye, destruye y folcloriza el resto de culturas. Debemos aprovechar para el BCH el aporte de todas las culturas, de todos los saberes, también tradicionales, de todas las filosofías, de todas las espiritualidades, para la lectura de la realidad y para construir una ética necesaria. 

En este sentido pienso que estamos aterrizando en cosas muy concretas y no solamente quedándonos en lo abstracto. Cuando vemos los Foros sociales mundiales, por ejemplo, escuchamos que en cada campo de estos cuatros ejes existen millares de iniciativas en todo el mundo, para transformar la relación con la naturaleza, para introducir la interculturalidad, para democratizar los sistemas económicos y construir una economía social y no capitalista, etc. Todo eso existe, el problema es aglutinar todos estos esfuerzos dispersos y por lo tanto, fácilmente controlables por el sistema. Debemos llegar a una cierta convergencia de los movimientos e iniciativas para construir unas nuevas relaciones de fuerzas entre el capital y los pueblos y los trabajadores. 

En cualquier caso, se puede llamar Bien Común de la Humanidad, pero también se puede llamar Sumaq Kawsay o Socialismo del Siglo XXI, no importa el nombre, lo que importa es el contenido. 

-KA: Ya para ir cerrando esta entrevista François, tu eres un gran conocedor del mundo árabe, acabas de regresar de participar de un encuentro Sur Sur en Argelia junto a Samir Amin y otros compañeros. ¿Qué nos puedes decir de la situación actual de esa parte del mundo y de las llamadas revoluciones árabes? 

-FH: Lo que se ha venido a llamar primavera árabe es algo que se preparaba desde hace tiempo. Por un lado es una reacción contra el neoliberalismo que había provocado grandes desigualdades en las sociedades árabes, y por otro lado es una reacción contra los regímenes autoritarios que existían en prácticamente casi todos esos países. La convergencia de estos dos factores provocó este tipo de explosiones, que en cualquier caso no son realmente revolucionarias, pues en ninguno de estos países se ha construido ningún tipo de proyecto posneoliberal. 

Hay minorías en Egipto o Túnez tratando de profundizar estos procesos, pero han sido tomados en gran parte por los movimientos islamistas, especialmente los Hermanos Musulmanes, movimiento creado a finales de los años veinte, y durante los años treinta muy cercanos a los movimientos fascistas europeos. De hecho en Egipto o Túnez estos movimientos tomaron el poder, pero realizaron una política tan desastrosa que hubo una nueva reacción popular. 

-KA: También estuviste el año pasado en Siria, conflicto que ha provocado numerosas contradicciones en la izquierda internacional. ¿Qué nos puedes decir de la situación en Siria? 

-FH: En junio de 2012 pude reunirme, junto a un pequeño grupo de personas que buscábamos un proceso de paz, con Bassar al Assad en Damasco, y el propio Presidente sirio nos reconoció que las protestas en su etapa inicial, antes de ser tomadas por los movimientos islamistas, eran legítimas. Pero los movimientos islamistas, aun los más radicales, siempre fueron utilizados por los poderes de Occidente para luchar contra el nacionalismo árabe que era para ellos el verdadero peligro, especialmente por los grandes yacimientos de petróleo y gas que existen en la región. Lo que sucede en Siria y en el mundo árabe en general no es simplemente un problema interno de esas sociedades, sino también una lucha neo-colonial por parte del occidente para garantizar sus fuentes de energía. 

En Siria hubo una reacción desmedida y brutal del gobierno en el año 2011, reprimiendo las protestas sin diferenciar entre islamistas y otros movimientos más legítimos. Pero como dice el gobierno sirio, desde el principio hubo otra agenda, la agenda islamista que busca restablecer en toda la región el régimen islamista de la sharia, el emirato desde un punto de vista político, y todo ello financiado y ayudado por Arabia Saudita, Qatar y en menor medida por Turquía y Jordania. Este ataque de los movimientos islamistas se da porque es un régimen laico y se realiza bajo un trasfondo religioso e ideológico. 

-KA: ¿Más allá de la oposición terrorista islamista, existe algún tipo de oposición de izquierda al régimen sirio? 

-FH: Hay una cierta izquierda en la oposición tanto interna como externa, pero es una oposición sin muchas bases populares, una izquierda de intelectuales, de una parte de la pequeña burguesía, pero sin bases profundas entre el pueblo. 

En cualquier caso Bassar Al Asad ha salido reforzado entre su propio pueblo con la agresión imperialista. Considero que cuenta con el apoyo una parte importante del pueblo sirio y por eso ha propuesto la liberalización del campo político, la posibilidad de contar con una oposición interna y está de acuerdo con convocar elecciones verificadas por la comunidad internacional, pues considera que las va a ganar. 

Pienso que debemos promover una solución política y no militar. El imperialismo, junto con el islamismo radical, está actuando para impedir una evolución interna del régimen sirio. Ojala que una solución negociada venga pronto, porque el sufrimiento del pueblo sirio es indescriptible.



*Publicado originalmente en el semanario boliviano La Época

LLAMAMIENTO DE LA PAZ – BOLIVIA



 A LOS PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA, A LOS GOBIERNOS LATINOAMERICANOS


Las comunidades, que han mostrado bajo la opresión más dura condiciones de resistencia y persistencia realmente asombrosas, representan (…) un factor natural de socialización de la tierra. El indio tiene arraigados hábitos de cooperación. Aun cuando de la propiedad comunitaria se pasa a la apropiación individual la cooperación se mantiene; las labores pesadas se hacen en común.

 Mariátegui, Ideología y política

 En el marco de un debate iniciado por el Foro Mundial de Alternativas (FMA) respecto del destino de las agriculturas y las poblaciones del campo en Asia, América Latina y África, debate cuyo primer episodio tuvo lugar en Beijing, China, en octubre de 2010, y el segundo en La Paz, Bolivia,los días 22 al 24 de octubre de 2013, los participantes: representantes de organizaciones sociales y productivas, miembros de organismos civiles, académicos, funcionarios públicos y legisladores, formulamos el siguiente llamamiento a los pueblos y gobiernos de nuestro Continente.

 América Latina, el Caribe y el mundo enfrentan un reto de enormes proporciones, una crisis que incluye entre otras dos dimensiones fundamentales: el dramático deterioro ambiental y la profunda debacle alimentaria.  Estamos en una encrucijada de orden civilizatorio ante la que sólo se abren en dos caminos: el de un acaparamiento, concentración y extranjerización de las tierras de los campesinos, de los indígenas originarios y de los afrodescendientes sólo comparable con la que se dio durante la Colonia, para operar en los nuevos latifundios minería tóxica con tajos a cielo abierto, grandes presas que destruyen cuencas y una agricultura extractiva, rentista y especulativa, vía que profundiza la crisis; y el que mediante el fortalecimiento del mundo campesino-indígena y de la agricultura que practican sus hombres y mujeres, tanto la comunitaria de los ayllus y otras figuras ancestrales, como la familiar y la cooperativa, detiene el  deterioro ambiental y la crisis alimentaria a través de aprovechamientos sostenibles, diversificados y respetuosos de la naturaleza.

 La disyuntiva es civilizatoria y supone definiciones globales y estratégicas. Al respecto nuestra opción es clara: entre el agro-negocio y la agri-cultura nos adherimos al paradigma que inspira a las comunidades indígenas originarias, afrodescendientes y campesinas; alternativa con la que coinciden muchas voces, entre ellas la del relator de la ONU para la agricultura y la alimentación y todas aquellas instancias internacionales que han reconocido las virtudes productivas y socioambientales de la pequeña y mediana agricultura.



La vía que proponemos es estratégica, pero su adopción demanda también acciones inmediatas: leyes, políticas, programas e iniciativas específicas que avancen por la ruta de la soberanía alimentaria, la defensa de la naturaleza y la restauración de la convivencia social. Esto pasa por el respeto a la diversidad sociocultural de los pueblos y el reconocimiento de sus derechos territoriales y autonómicos de base comunitaria, pero también por la profundización e intensificación de los procesos democráticos nacionales.



El problema del hambre, que agravia a más de 800 millones de personas, nos concierne a todos: quienes producen y consumen alimentos y quienes sólo los consumen, razón por la cual demanda estrategias integrales de planeación rural y urbana.  Pero ante todo es necesario que las comunidades, las regiones, los países y la humanidad entera recuperen la soberanía alimentaria cedida a las trasnacionales. Y para recuperarla no podemos apostar por un agronegocio al que sólo mueven las ganancias que reportan la agroexportación y el monocultivo; un modelo tecnológicamente predador, socialmente injusto y ambientalmente insostenible que con su abuso de los agrotóxicos envenena a la naturaleza, a los productores y a los consumidores; una economía especulativa que lucra con el hambre. Sin ser excluyente, pues cuando se trata de los alimentos nadie está de más, la opción más promisoria y estratégica es la pequeña y mediana producción; una agricultura que pese al abandono, desgaste y agresiones a los que ha sido sometida, sigue alimentando a gran parte del mundo con productos no solo sanos sino también identitarios, es decir representativos de la diversidad sociocultural. 



 Pero la  pequeña y mediana agricultura no podrá potenciarse y alimentar a una población mundial creciente si se les siguen quitando tierras y aguas a los campesinos, las comunidades indígenas originarias y los afrodescendientes. Despojo que se intensificó en las últimas décadas y que en los años recientes devino carrera vertiginosa por repartirse el mundo barriendo con quienes lo habitan y lo mantienen vivo. Es necesario, es urgente, detener y revertir este proceso restituyendolas tierras y territorios que les fueron arrebatadosa los indígenas, campesinos y afrodescendientes, incluyendo especialmente en este acto de justicia a las mujeres, cuyos derechos generales y agrarios han sido históricamente ignorados por el patriarcalismo ancestral y aun imperante. Y este rediseño de la tenencia de la tierra habrá que lograrlo no mediante bancos de tierras o entrega condicionada y a cuentagotas de parcelas familiares, sino a través de verdaderas reformas agrarias: mudanzas profundas que permitan restaurar la relación originaria de las comunidades con sus ámbitos territoriales, rota de antiguo por un sistema privatizador y anti campesino. 



La restitución es indispensable desde la perspectiva del hambre, pues no se puede esperar un aporte decisivo de los campesinos a la soberanía alimentaria si estos no tienen tierras suficientes. Pero la restitución debe hacerse también y sobre todo porque es un derecho de los pueblos, un derecho histórico sustentado en la ocupación ancestral y reafirmado por el trabajo.



Defender ypotenciar la buena agricultura que practican las mujeres y los hombres del campo pasa por cambiar los patrones actuales de tenencia de la tierra y por reconocer los sistemas políticos de los pueblos indígenas originarios. Pero no puede quedarse en esto pues está visto que en un entorno económico desfavorable y sin recursos para cultivarlas y vivir dignamente de ellas, los campesinos abandonan o enajenan sus parcelas. Es necesario entonces que los gobiernos se comprometan con políticas de fomento agropecuario diseñadas no como hasta ahora para favorecer al agronegocio y hacer dependientes a los campesinos fomentando el uso de agrotóxicos y de semillas transgénicas, sino adecuadas a sus necesidades, usos, y prácticas agrícolas; lo que incluye infraestructura, crédito, esquemas de comercialización, investigación tecnológica, entre otros bienes y servicios Políticas y accionesque no deben diseñarse e implementarse desde arriba sino en diálogo y consenso con los productores, sus comunidades y sus organizaciones, que son quienes en verdad saben lo que necesitan.



La crisis ambiental que nos sacude es una catástrofe antropogénica, o más bien mecadogénica, que a todos incumbe. Sin embargo lo que se haga en el ámbito rural por contenerla es decisivo pues es ahí donde se escenifica la más dramática destrucción de los ecosistemas y las culturas rurales y donde la batalla por su preservación y restauración es más intensa. Y en esta batalla los campesinos, indígenas originarios y afrodescendientes son protagonistas mayores pues, para ellos la madre tierra no es un simple medio de producción ni menos una mercancía, sino parte sustantiva de un binomio inseparable, de un todo armónico constituido por sociedad y naturaleza.



Los campesinos no sólo nos alimentan, al mismo tiempo preservan la vida del planeta. Pero también en este ámbito tienen derecho al apoyo: por una parte la comprensión, respaldo y corresponsabilidad de la población urbana y por otra el reconocimiento y retribución de sus aportes por parte del Estado. La madre naturaleza no tiene precio pero los esfuerzos para devolverle la salud que le hemos quitado suponen costos que la sociedad debe reconocer y sufragar.



Sin la participación de todos en las decisiones, es decir sin democracia, los caminos se cierran. Y el mundo rural la necesita con urgencia. Pero también en esto los indígenas, campesinos y afrodescendientes nos enseñan que no hay una sola manera que practicar la democracia sino muchas. Y ellos priorizan la democracia participativa y consensual, una democracia desde abajo, una democracia comunitaria  que es la única que legitima a los gobiernos locales, provinciales y nacionales.



La gran crisis no sólo es ambiental y alimentaria, también es civilizatoria por cuanto pone en cuestión los grandes paradigmas de la modernidad: el desarrollo y el progreso entendidos como crecimiento económico a toda costa.Y también ahí el mundo indígena y campesino nos da lecciones. Por una parte el concepto del buen vivir propio de los pueblos mesoamericanos, andino amazónicos, chaqueños, de la sabana, del Orinoco entre otros muchos originarios; pero también el concepto de bienestar como aspiración ancestral de todos los campesinos del mundo. Paradigmas, estrategias de pensamiento y sistemas de valores que en tiempos de crisis e incertidumbre son sin duda inspiradores.



Colombia es emblemática tanto de la crisis como de las vías que se van creando para superarla. Por ello los participantes en el seminario manifestamos a la comunidad  internacional nuestro apoyo al proceso de paz, en la perspectiva en que contribuya a la transformación de la estructura agraria de un país al que caracteriza la más extrema concentración de la tierra. De igual manera hacemos votos porque el fin del conflicto armado signifique el pleno reconocimiento de las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes que han sido sus principales víctimas.



Estamos ante una encrucijada de orden civilizatorio que ni los pueblos ni los gobiernos latinoamericanos pueden soslayar. El orden clasista, colonial y patriarcal que además de destruir a la naturaleza explota a los trabajadores, somete a los colonizados, oprime a las mujeres y excluye a los jóvenes robándoles el futuro, debe ser dejado atrás. Los participantes en el debate sobre alternativas globales celebrado en La Paz, Bolivia, pensamos que la vía más promisoria es la que señalan los indígenas y campesinos. Escuchemos sus voces.




Angelina Herrera - Cuba
 
Luciano Concheiro – México

León Enrique Ávila – México
 
Yolanda Massieu  Trigo – México

Violeta Nuñez - México
 
Patricia Couturier – México

Elsa Guzmán Gómez - México
 
Eduardo Marrufo – México

Armando Bartra - México
 
Carlos Rodriguez - México

Bernardo Mançano - Brasil
 
Antonio Thomaz Jr. – Brasil

Eraldo  da Silva - Brasil
 
Clifford Andrew Welch – Brasil

Eliane Tomiasi - Brasil
 
Osvaldo Aly - Brasil

Carlos Porto Gonçalvez - Brasil
 
Juan Wahren - Argentina

Luis Daniel Hocsman - Argentina
 
Mario Sosa - Guatemala

Licerio Camey - Guatemala
 
Francisco Hidalgo - Ecuador

Gonzalo Herrera - Ecuador
 
Esteban Daza - Ecuador

Carlos Pastor - Ecuador
 
Claudia Pilar Lizarraga – Bolivia

Carlos Vacaflores - Bolivia
 
Juan Guillermo Ferro Medina – Colombia

Gabriel John Tobón - Colombia
 
Laureano del Castillo – Perú

Miluska Carhuavilca - Perú
 
Oscar Bazoberry – Bolivia

Juan Valdes Paz – Cuba

Francois Houtart (Foro Mundial Alternativas)
 
Eladio Morales - Colombia

Raúl Zibechi, Hacia un nuevo ciclo de luchas en América latina


Gara/ rebelión

«Los pobres organizados en movimientos desarticularon las viejas gobernabilidades», sostiene el autor, que considera que los actuales gobiernos progresistas de la región serían incomprensibles sin aquel ciclo de luchas. Observa y presenta multitud de datos del repunte de un nuevo ciclo, centrado en la minería, los monocultivos y la especulación urbana que cree profundizará los cambios iniciados hace más de una década.

Cada vez que los sectores populares lanzaron desafíos profundos a las clases dominantes, consiguieron modificar el escenario político, tanto a escala regional como en cada uno de los países integran la región. En la década de los sesenta y parte de los setenta, fueron demandas obreras, campesinas y estudiantiles por derechos democráticos que se defendieron con tanta intensidad que hicieron tambalear las estructuras de poder y se saldaron, en general, con la instalación de regímenes autoritarios alineados con Estados Unidos. 

Movimientos campesinos en Brasil, Paraguay, Perú y Bolivia; levantamientos obreros en Argentina (los célebres Cordobazo y Rosariazo), mineros en Bolivia y de todos los sectores populares en Chile, cuya potencia puede expresarse en un solo dato: en 1970 cerca de la mitad de la ciudad de Santiago estaba «tomada» por pobladores que autoconstruían barrios, viviendas y servicios. Algo similar sucedía en otras capitales, conformando un amplio desborde popular desde abajo que sólo pudo ser contenido con represión y muerte.

Dos décadas después, cuando el modelo neoliberal hizo estragos entre los sectores populares y las capas medias, comenzó un nuevo ciclo que volvió a modificar el escenario político de la región, pero en sentido inverso, desgastando a los partidos tradicionales y facilitando así el acceso a los gobiernos de fuerzas progresistas y de izquierda. El punto de partida de este ciclo de protestas suele considerarse el Caracazo de febrero de 1989, el levantamiento masivo y macizo de la población de Caracas contra un paquete de alzas de precios decretado por el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez (amigo personal de Felipe González).

El gobierno lanzó a los militares contra la población. Según las diversas fuentes masacraron entre 400 y tres mil personas, sobre todo en los cerros, los barrios más pobres de la capital. Fue el comienzo del fin del bipartidismo venezolano que despejó el camino al triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998. Luego suceden una decena de insurrecciones populares en Ecuador (donde cayeron tres presidentes), en Bolivia (dos «guerras» por el gas y una por el agua), en Argentina, Perú y Paraguay, además de importantes movilizaciones en Brasil, Chile y Uruguay. Este impresionante ciclo popular puso a la defensiva tanto a las derechas como a las burguesías aliadas de Washington y modificó el escenario político por lo menos durante una década.

Los actuales gobiernos progresistas de la región serían incomprensibles sin este ciclo de luchas que desbordó las instituciones existentes, tanto las estatales como las políticas. Los partidos que gobiernan Bolivia, Venezuela y Ecuador, por ejemplo, no existían antes que los pobres organizados en movimientos desarticularan las viejas gobernabilidades. A diferencia del ciclo de los sesenta, donde se registró un fuerte protagonismo de las guerrillas y los partidos comunistas, en el de los noventa los movimientos fueron capaces de auto-organizarse en base a sus comunidades territoriales en campos y ciudades. Mientras el primer ciclo fue protagonizado por obreros, campesinos y estudiantes, en el segundo jugaron un papel destacado los indígenas y los pobres urbanos y rurales, los llamados «margi-nales» por la sociología y parte de las izquierdas.

Ante nuestros ojos está despuntando, al parecer, un nuevo ciclo de protestas y movilizaciones. La resistencia está centrada en la minería y los monocultivos, en particular la soja, así como en la especulación urbana, o sea en los diversos modos que asume el extractivismo. Según el Observatorio de Conflictos Mineros en la región hay 197 conflictos activos por la minería que afectan a 296 comunidades. Perú y Chile, con 34 conflictos cada uno, seguidos de Brasil, México y Argentina, son los países más afectados.

La resistencia es particularmente potente en Perú, donde el 25% del territorio fue concesionado a multinacionales mineras. La conflictividad hizo caer dos gabinetes del gobierno de Ollanta Humala, llevó a la militarización de varias provincias y provocó la muerte 195 activistas entre 2006 y 2011. El proyecto Conga de minería aurífera en el norteño departamento de Cajamarca, sigue paralizado por la contumaz resistencia de miles de comuneros que acampan en las lagunas para impedir su contaminación.

La cordillera andina registra importante actividad anti-minera en Chile y Argentina. La canadiense Barrick Gold, la principal productora de oro del mundo, se vio forzada a suspender su proyecto Pascua Lama en la frontera entre Chile y Argentina, por la presión social que forzó decisiones judiciales adversas. La minería no sólo contamina sino que fuerza la construcción de mega-represas hidroeléctricas para sostener el elevado consumo de energía que requieren.

La resistencia a la soja, el principal cultivo transgénico en la región, se está haciendo sentir con fuerza en Argentina. Primero fueron las Madres de Ituzaingó que ganaron un juicio contra productores y fumigadores que provocaron muertes y enfermedades en la localidad de seis mil habitantes del sur de Córdoba, rodeada de campos de soja. Un pequeño grupo de madres descubrieron que los índices de cáncer son 41 veces superiores al promedio nacional, porque el agua que consumen está contaminada con plaguicidas por las fumigaciones aéreas. El 80% de los niños de Ituzaingó tienen agroquímicos en la sangre y el 33% de las muertes son por tumores.

Estos días Monsanto debió paralizar la construcción de una enorme planta cerca de Córdoba, donde pretende instalar 240 silos de semillas de maíz transgénico con el objetivo de llegar a 3,5 millones de hectáreas sembradas. Decenas de militantes acampan frente a las entradas de la planta en construcción y durante un mes impidieron el ingreso de camiones con amplio apoyo de la población. La cuestión ambiental está instalada en toda la región, pero lo novedoso es que ya no sólo se denuncia sino que se empiezan a conseguir victorias.

En Chile los estudiantes y los mapuche han conseguido un amplio apoyo a sus demandas. En Colombia se registró, entre agosto y setiembre, la mayor movilización campesina en décadas contra las consecuencias del TLC con Estados Unidos. El paro agrario nacional movilizó a miles de productores de alimentos que atraviesan una profunda crisis que los está forzando a abandonar tierras y cultivos. Sus movilizaciones confluyeron con los camioneros, los pequeños y medianos mineros y con una parte de la población urbana insatisfecha, como los trabajadores de la salud y la educación.

Finalmente, en junio estallaron las ciudades brasileñas. Luego de un intenso mes donde millones de manifestantes ocuparon las calles en 140 ciudades y consiguieron revertir los aumentos del precio del transporte en más de cien ciudades, una nueva juventud sigue en las calles demandando el derecho a la ciudad y la democratización de la vida urbana, lo que pasa por acotar la especulación y las grandes obras que demandan eventos como el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 en Rio de Janeiro.

Aún es pronto para saber si este ciclo incipiente se consolidará. Menos aún para detectar los rumbos que irá tomando. Lo cierto es que apunta contra las facetas más depredadoras del modelo extractivo, tanto en las áreas rurales como en las urbanas, y parece destinado a profundizar los cambios iniciados hace más de una década.

Fuente original: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20131103/430771/es/Hacia-nuevo-ciclo-luc

Ignacio Ramonet: ¿ Hacia un Acuerdo heroico? Irán/ Estados Unidos

Le Monde Diplomatique, noviembre 2013

Los gestos de acercamiento entre Teherán y Washington se multiplican. Una nueva era parece comenzar. De ahora en adelante se vislumbra una solución política que ponga fin al conflicto que enfrenta, desde hace treinta y tres años, a Irán y Estados Unidos. De repente, los gestos de conciliación han sustituido a las amenazas y a las imprecaciones proferidas desde hace décadas. Las cosas se aceleran. Hasta el punto de que la opinión pública se pregunta cómo hemos pasado tan rápidamente de una situación de enfrentamiento constante a la perspectiva, ahora plausible, de un próximo acuerdo entre estos dos países.

Apenas hace dos meses, a principios del mes de septiembre, estábamos –una vez más– al borde de la guerra en Oriente Próximo. Los grandes medios de comunicación mundiales solo publicaban titulares sobre el “inminente ataque” de Estados Unidos contra Siria, gran aliado de Irán, acusado de haber cometido, el 21 de agosto, una “masacre química” en la periferia este de Damasco. Francia, por razones que aún continúan siendo enigmáticas, se hallaba en primera línea. Dispuesta a participar en este ataque, incluso sin la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU), sin haber pedido la aprobación del Parlamento francés y sin esperar el informe de los expertos de la ONU… David Cameron, primer ministro británico, también se alistaba en lo que se presentaba como una nueva “Coalición internacional” decidida a “castigar” a Damasco tal y como se había “castigado”, con el concurso de la OTAN, en 2011, a la Libia del coronel Gadafi… Por último, varios Estados vecinos –Arabia Saudí (el gran rival regional de Irán), Catar y Turquía–, que ya estaban muy involucrados en la guerra civil siria del lado de los insurgentes, apoyaban asimismo el proyecto de “bombardeos aéreos”.

Todo apuntaba pues hacia un nuevo conflicto. Y esto, en esa zona de “todos los peligros”, corría el riesgo de transformarse pronto en una conflagración regional. Porque Rusia (que dispone de una base naval geoestratégica en Tartús, en la costa siria, y suministra masivamente armas a Damasco) y China (en nombre del principio de la soberanía de los Estados) habían advertido que opondrían su veto a toda petición de acuerdo del Consejo de Seguridad para llevar a cabo ese ataque. Por su parte, Teherán, a la vez que denunciaba el uso de armas químicas, se oponía asimismo a una intervención militar, pues temía que Israel aprovechara la ocasión para atacar a Irán y destruir sus instalaciones nucleares… Por tanto, el conjunto del polvorín próximo-oriental (incluyendo el Líbano, Irak, Jordania y Turquía) corría el riesgo de explosionar.

Pero, de repente, ese proyecto de “ataque inminente” se abandonó. ¿Por qué? En primer lugar, hubo un rechazo de las opiniones públicas occidentales, mayoritariamente hostiles a un nuevo conflicto cuyos principales beneficiarios, sobre el terreno, solo podían ser los grupos yihadistas ligados a Al Qaeda. Grupos, por otra parte, contra los cuales luchan las fuerzas occidentales en Libia, Malí, Somalia, Irak, Yemen y en otros lugares… Más tarde, el 29 de agosto, vino la humillante derrota de David Cameron en el Parlamento británico que dejaba fuera de juego al Reino Unido. A continuación, el 31 de agosto, se produjo el giro de Barack Obama, quien decidió, para ganar tiempo, solicitar la luz verde del Congreso estadounidense… Y por último, el 5 de septiembre, durante la Cumbre del G-20 en San Petersburgo, Vladimir Putin propuso colocar el arsenal químico sirio bajo control de la ONU para ser destruido. Esta solución (indiscutible victoria diplomática de Moscú) le convenía tanto a Washington como a París, Damasco y Teherán. En cambio, suponía, paradójicamente, una derrota diplomática para… algunos de los aliados de Estados Unidos (y enemigos de Irán), a saber: Arabia Saudí, Catar e Israel.

 No cabe duda de que esa solución –inimaginable hace tan solo dos meses–  debía transformar la atmósfera diplomática y acelerar el acercamiento entre Washington y Teherán.

En realidad, todo había comenzado el pasado 14 de junio cuando fue elegido a la presidencia de Irán Hasán Rohaní, quien sucedió al muy polémico Mahmud Ahmadineyad. En su investidura, el 4 de agosto, el nuevo presidente declaró que comenzaba una etapa diferente y que procuraría, mediante “el diálogo”, sacar a su país del aislamiento diplomático y de la confrontación con Occidente acerca del programa nuclear. Su objetivo principal, dijo, era aflojar la presión de las sanciones internacionales que ahogan la economía iraní.

Estas sanciones se sitúan entre las más duras jamás infligidas a un país en tiempos de paz. Desde 2006, el Consejo de Seguridad, actuando conforme al Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas (1), ha aprobado cuatro resoluciones muy vinculantes –1737 (2006), 1747 (2007), 1803 (2008) y 1929 (2010)– como respuesta a los riesgos de proliferación que presentaría el programa nuclear iraní. Estas sanciones se reforzaron en 2012 mediante un embargo petrolero y financiero de Estados Unidos y de la Unión Europea, que aislaron a Irán del mercado mundial, cuando el país está sentado sobre las cuartas reservas mundiales de petróleo del mundo y las segundas de gas (2).

Todo ello ha deteriorado en gran medida las condiciones de vida. En torno a 3,5 millones de iraníes ya están en paro (es decir, el 11,2% de la población activa), una cifra que podría aumentar hasta los 8,5 millones según el propio ministro de Economía. El salario mínimo mensual es de apenas 6 millones de riales (200 dólares, o 154 euros), mientras que el IPC (Índice de Precios al Consumo) se ha duplicado. Y los productos básicos (arroz, aceite, pollo) continúan siendo demasiado caros. Los medicamentos importados no se pueden encontrar. La tasa anual de inflación es del 39%. La moneda nacional ha perdido el 75% de su valor en dieciocho meses. Por último, a causa de las sanciones, se ha hundido la producción automovilística.

En este contexto de malestar social agudo, el presidente Rohaní ha multiplicado los signos de cambio. Hizo liberar a una decena de presos políticos, entre ellos a Nasrin Sotoudeh, militante de derechos humanos. Después, el 25 de agosto, por primera vez desde hacía décadas, se producía la visita a Teherán de un diplomático estadounidense, Jeffrey Feltman, secretario general adjunto de la ONU, venido en viaje oficial para examinar junto con el nuevo jefe de la diplomacia iraní, Mohammad Javad Zarif, la situación en Siria. Pero nadie duda que ambos abordaron igualmente la cuestión de las relaciones entre Irán y Estados Unidos. Por otra parte, acto seguido, acontecía un hecho insólito: Hasán Rohaní y Barack Obama se enviaban cartas en las que se declaraban dispuestos a llevar a cabo “discusiones directas” para intentar encontrar una “solución diplomática” a la cuestión nuclear iraní.

A partir de ahí, Hasán Rohaní se ha puesto a decir las frases que, desde hacía años, los occidentales querían oír. Por ejemplo, durante una entrevista a la CNN, declaraba a una pregunta sobre el holocausto: “Todo crimen contra la humanidad, incluidos los crímenes cometidos por los nazis contra los judíos, es reprensible y condenable”. Es decir, exactamente lo contrario de lo que Mahmud Ahmadineyad había martilleado durante ocho años. Rohaní afirmaba igualmente a la cadena NBC: “Jamás hemos pretendido obtener una bomba nuclear, y no tenemos intención de hacerlo”. Por último, en una tribuna publicada en el Washington Post, el presidente iraní proponía a los occidentales buscar, mediante la negociación, soluciones “beneficiosas para todas las partes”.

Como respuesta, Barack Obama, en su discurso ante la ONU del 24 de septiembre, en el cual citó veinticinco veces a Irán, dijo asimismo lo que Teherán quería oír. Que Estados Unidos no “pretendía cambiar el régimen” iraní, y que Washington respeta “el derecho de Irán a acceder a la energía nuclear con fines pacíficos”. Sobre todo, por primera vez, no amenazó a Irán ni repitió la frase fatídica: “Todas las opciones están sobre la mesa”.

Al día siguiente, el secretario de Estado estadounidense John Kerry y el ministro iraní de Asuntos Exteriores Mohammed Javad Zarif mantenían –por primera vez desde la ruptura de las relaciones diplomáticas entre los dos países el 7 de abril de 1980– una reunión diplomática bilateral acerca del programa nuclear iraní. Y se volvieron a ver en Ginebra el 15 de octubre en el marco de la reunión del Grupo de los Seis (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia, más Alemania), encargado de seguir, con mandato de la ONU, la cuestión iraní.

Esta atmósfera de frases conciliadoras y de pequeños pasos en el camino hacia la reconciliación iba a encontrar su escenificación más espectacular durante el ya famoso intercambio telefónico del 27 de septiembre entre Barack Obama y Hasán Rohaní.

A excepción del Gobierno ultraconservador de Israel que intenta torpedear este acercamiento (3), otros aliados de Estados Unidos no quieren ser los últimos en subirse al tren de la paz ni, sobre todo, dejar escapar jugosos contratos comerciales con un país de ochenta millones de consumidores… Así, el Reino Unido anunció inmediatamente que había decidido volver a abrir su embajada en Teherán y relanzar las relaciones diplomáticas. Y, el 24 de septiembre, el presidente francés François Hollande se apresuró a ser el primer dirigente occidental que se reunía y estrechaba públicamente la mano de Hasán Rohaní. Hay que decir que Francia tiene importantes intereses económicos que defender en Irán. En particular en el sector del automóvil con dos fabricantes (Renault y Peugeot) presentes allí. Desde hace unos meses, estos observan –y ello es significativo– la llegada en gran número de fabricantes estadounidenses rivales, en concreto la General Motors.

Por tanto, todo indica que el deshielo actual va a intensificarse. Irán y Estados Unidos tienen, objetivamente, interés en hacer las paces. El argumento de la diferencia abismal entre los sistemas políticos estadounidense e iraní no vale. Hay numerosos precedentes. ¿Qué similitud política había, por ejemplo, entre la China comunista de Mao Zedong y  el Estados Unidos capitalista de Richard Nixon? Ninguna. Lo cual no impidió que estos dos países normalizaran sus relaciones en 1972 y comenzasen su espectacular entendimiento comercial y económico que dura hasta hoy. Y podríamos también citar el inaudito acercamiento, a partir del 17 de noviembre de 1933, entre el Estados Unidos de Roosevelt y la Unión Soviética de Stalin, que todo separaba, y que permitió a ambos países finalmente ganar juntos la Segunda Guerra Mundial.

En el plano geoestratégico, Obama intenta liberarse de Oriente Próximo para dirigirse hacia Asia, la “zona del futuro y del crecimiento, según Washington, del siglo XXI”. La implantación de Estados Unidos en Oriente Próximo, sólida desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se justificaba por la existencia en esta área geográfica de los principales recursos en hidrocarburos, indispensables para la máquina productiva estadounidense. Pero esto ha cambiado desde el descubrimiento, en Estados Unidos, de importantes yacimientos de gas y de petróleo de esquisto que podrían aportarle una casi autonomía energética.

Por otro lado, el estado de las finanzas, tras la crisis de 2008, ya no permite a Washington asumir el considerable coste de sus múltiples participaciones en guerras y conflictos próximo-orientales. Negociar con Irán para que abandone todo proyecto de programa nuclear militar es menos costoso que una guerra ruinosa. Sin contar con que la opinión pública estadounidense continúa siendo radicalmente hostil a la posibilidad de un conflicto de este tipo. Y que aliados como Alemania y el Reino Unido, visto lo que acaba de suceder a propósito de Siria, sin duda no participarían. En cambio, si se alcanza un acuerdo, Irán podría contribuir a estabilizar el conjunto de Oriente Próximo, particularmente en Afganistán, en Siria y en el Líbano. Y aliviar de ese modo a Estados Unidos.

Teherán, por su parte, necesita totalmente este acuerdo para aflojar la presión de las sanciones y reducir las dificultades diarias de los iraníes. Porque el país no está a salvo de un gran levantamiento social. Respecto a la cuestión nuclear, Irán parece haber comprendido que poseer una bomba que no podría utilizar, y hallarse en la situación de Corea del Norte, no es una opción. Podría satisfacerse, igual que Japón, con dominar el proceso técnico pero detenerse en el umbral de lo nuclear militar...el cual quedaría a su alcance (4). Para la defensa del país, más le vale apostar por sus avances militares tradicionales, que están lejos de ser despreciables. Por otra parte, el estatus de potencia regional, al que Teherán desde siempre ha aspirado, pasa por un acuerdo (e incluso una alianza) con Estados Unidos, como sucede con Israel o Turquía. Y por último, elemento no desdeñable, el tiempo apremia; existe el riesgo de que el sucesor de Barack Obama, dentro de tres años, se revele más intransigente.

No faltarán obstáculos en uno y en otro campo. Los adversarios de un acuerdo no son pocos y tienen poder.  Washington, por ejemplo, para firmar un eventual acuerdo necesita el aval del Congreso donde los amigos de Israel, en particular, son numerosos. En Teherán también, los adversarios de un acuerdo son temibles.  Pero todo indica que un ciclo se acaba. La lógica de la historia empuja a Irán y a Estados Unidos –que comparten una fe común en el liberalismo económico– hacia lo que podríamos llamar un “acuerdo heroico”.



(1) Este capítulo trata de la “acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión».
(2) Las exportaciones de petróleo han caído de 2,5 millones de barriles diarios en 2011 a menos de un millón (según los datos de los últimos meses facilitados por la Agencia Internacional de la Energía). La recaudación por esas exportaciones disminuyó de 95.000 millones de dólares en 2011 a 69.000 en 2012. La cifra de 2013 será previsiblemente todavía inferior.
(3). Sin que se entienda muy bien por qué; pues un acuerdo de Estados Unidos con Irán le garantizaría a Israel la supremacía militar en la región, eliminaría el riesgo de un Irán nuclear y le evitaría una guerra costosa y peligrosa.
(4) Las cuestiones técnicas sobre las que se negocia vierten especialmente alrededor del programa de enriquecimiento de uranio, un proceso que, hasta ciertos niveles tiene usos civiles, pero que, con mayor grado de refinamiento, permite producir cabezas nucleares. En los últimos años, Irán ha multiplicado su capacidad de enriquecimiento elevando el número de centrifugadoras aptas para ello; y también ha empezado a enriquecer uranio hasta niveles del 20%, un umbral todavía de uso civil, pero que le ha acercado significativamente al grado militar. Occidente reclama mayor capacidad de inspección sobre las instalaciones nucleares; que Irán deje de enriquecer al 20% y entregue a algún país o entidad neutral el material ya producido –o lo convierta a formas que impiden o dificultan su ulterior procesamiento hasta niveles militares-. El objetivo es que Teherán no disponga de suficiente stock para armar –si hubiese la voluntad- una bomba.