Adolfo Pérez Esquivel Solidaridad con Dilma y Lula

Tenemos que estar atentos a los cambios que se producen en el continente. Durante décadas oscurantistas vivimos dictaduras impuestas mediante golpes de Estado y luego el retorno de los gobiernos constitucionales y las democracias frágiles en los años 80's y 90's, que se fueron fortaleciendo en el tiempo con gran esfuerzo, tratando de encontrar caminos de desarrollo y resistencia en su lucha contra la pobreza, el hambre y la marginalidad.

Luego de un período de grandes avances en el siglo XXI, hoy la región está viviendo situaciones conflictivas, con nuevos intentos de desestabilización de instituciones democráticas en países con gobiernos progresistas.

Nos preocupan los ataques de la oposición política, los medios de comunicación y sectores del poder judicial contra la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien fue recientemente víctima de un gran operativo policial para llevarlo detenido. Una clara y desmedida acción política, que sólo buscó generar el desprestigio público del ex mandatario, acusándolo de corrupción para que parezca culpable sin nada se haya demostrado.

La oposición política y sus aliados han iniciado una fuerte campaña para derrocar a la presidenta Dilma y destruir al PT, utilizando la metodología de golpe blando, impuesta en el continente para derrocar al ex presidente Manuel Zelaya en Honduras y a Fernando Lugo en Paraguay, con la complicidad del poder judicial y/o parlamentario, las fuerzas armadas, corporaciones empresariales y el aval de Estados Unidos.

Golpes que se suman a los intentos de golpes de Estado con acciones violentas como el de Venezuela en 2002, fracasado por la movilización popular en defensa de Hugo Chávez. El alzamiento policial contra el presidente Rafael Correa de Ecuador en 2010, fracasado por la rápida intervención de la UNASUR. Y los del presidente de Bolivia, Evo Morales, que sufrió varias envestidas y acciones violentas dirigidas a derrocarlo.

Hoy el gobierno de Venezuela, sufre el asedio de la guerra económica para generar hartazgo como sucedió en el planificado golpe de Estado de 1973 en Chile. Mientras que la oposición sigue intentando revocar al presidente Nicolás Maduro, como en su momento intentaron y fracasaron con Chávez.

Hay grandes intereses económicos y políticos que buscan desgastar y provocar todo el daño posible para desprestigiar a ciertos gobiernos -y no otros- buscando quitarle el apoyo de sus pueblos.

Casi todos los políticos que apoyan el impeachment a Dilma tienen varios procesos penales en curso por actos de corrupción. Esto indica que esa no es la variable determinante, sino que lo que está en juego es la orientación de las políticas de Estado y quien las debe llevar a cabo.

La corrupción no se combate violando la Constitución. Se combate con transparencia y más democracia. Transparencia no sólo del poder ejecutivo, sino también de los poderosos poderes judiciales y sus funcionarios.

Quiero expresar mi solidaridad y apoyo a Dilma y Lula, por su servicio al pueblo brasileño y la unidad continental. Y también hacer un llamado al pueblo brasileño a evaluar críticamente los aportes realizados, sin dejarse arrastrar por quienes buscan desestabilizar al país provocando los golpes blandos.

El progresismo latinoamericano sabe perder elecciones porque es democrático. Los últimos ajustados comicios de Argentina y Bolivia son otro claro y reciente ejemplo de esto. Quienes no saben perder y piden y apoyan el neogolpismo en nombre de la democracia, de su vocación autoritaria, o de su impoluta moralidad, no son muy diferentes a quienes antes apoyaban o callaban con las dictaduras genocidas de nuestro continente.

Los gobiernos progresistas permanentemente atacados por osar tomar medidas contra los poderosos y a favor de la redistribución del ingreso, deben replantearse sus estrategias de diálogo y construcción de confianza y consensos, con el fin de evitar confrontaciones estériles que los alejen del apoyo popular. Deben tener la capacidad de iniciativa para proponer la esperanza en el cambio de estructuras de dependencia y desigualdad que nuestra región necesita, y que también el Papa Francisco ha señalado cuando pidió que “digamos NO a las viejas y nuevas formas de colonialismo” para que no haya “ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez”.

Ninguna democracia es perfecta, pero son perfectibles, si existe la voluntad política de los pueblos y sus gobernantes democráticamente elegidos.

Esperamos que el hermano pueblo de Brasil pueda desandar este camino para no abandonar las buenas políticas de Estado que ha logrado conquistar y le pertenecen, y no tengan que vivir una avanzada de políticas antipopulares como las que hoy vivimos en Argentina.

- Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, Argentina.


Publicado en Telesurtv el día martes 15 de marzo de 2016: http://www.telesurtv.net/opinion/Solidaridad-con-Dilma-y-Lula-20160315-0041.html
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Brasil rasil Español Comenzó el golpe institucional contra Dilma y Lula


Juan Manuel Karg, Alainet 
En sólo 24 horas, el Poder Judicial de Brasil dejó atrás cualquier muestra de equidistancia previa y se lanzó en una ofensiva brutal contra el gobierno de Dilma Rousseff y la designación del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva como Ministro de la Casa Civil. En primer lugar, el juez Moro, que había perdido la causa a raíz de la designación, difundió un audio entre Lula y Dilma, violando la propia Constitución de Brasil, tras lo cual la presidenta anunció que iría a la justicia. Luego, el juez federal Itagiba Catta Preta Neto emitió una cautelar para suspender la juramentación de Lula -con todo lo que ello implica, dando cuenta de que es un ex presidente de doble mandato- en el gabinete de Dilma. Enseguida, los medios internacionales se hicieron eco del perfil público del juez en las redes sociales, plagado de convocatorias a movilizaciones a favor del impeachment a Dilma y con frases como “si ella cae, el dólar cae con ella”.

El asedio al tándem Dilma-Lula no terminó allí: los medios Folha de Sao Paulo, O Estado de Sao Paulo y Globo adornaron de titulares catástrofes a la noticia del audio, aun cuando la propia relatoría de Moro decía que no había indicio de actuación “de forma inadecuada” en aquel diálogo. Y la FIESP (Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo) pidió la “renuncia ya” de la presidenta. Brasil vive, entonces, horas decisivas. A las convocatorias permanentes (y nada espontáneas) de la derecha brasilera y sectores medios urbanos contra el gobierno se ha sumado ahora un llamado del bloque PT-CUT-MST para defender al gobierno de Dilma de estos embates. El propio Lula había sido muy claro durante la celebración del 36 aniversario del PT, al decir que “si me quieren derrumbar, tendrán que ir a las calles”, lo que pronostica que no se rendirá fácil -algo acorde, además, a sus cuatro décadas de persistencia en el plano político y sindical-.

En caso de paralizarse la designación de Lula, estaríamos ante un antecedente muy grave, que además contradice la separación de poderes (tan declamada y a la vez poco trabajada de parte de los sectores conservadores de nuestro continente). En caso de afirmarse en el gobierno el ex líder sindical, deberá tomar el mando del control político-económico de Planalto, lo que significa en términos concretos cambiar la orientación macroeconómica originada desde el inicio del segundo mandato de Rousseuff. Sobre este tema, Lula había sido contundente en enero pasado, al decir que “tenemos que explicar por qué Levy dejó el gobierno”, en alusión a las políticas ortodoxas del formado en Chicago. Un plan extensivo de créditos, y una ampliación de programas sociales como Bolsa Familia y Mi Casa Mi Vida, podrían ser la llave de salida “por arriba” del actual laberinto del gobierno petista, en términos de iniciativas concretas.

El punto de la movilización popular es, además, lo que marcará las próximas horas de la política brasilera, con repercusiones, pase lo que pase, a nivel regional. Para sostenerse, y también para tomar nuevo impulso, el tándem Dilma-Lula tendrá que apuntar a una disputa simbólica en todos los planos: las calles, hoy ganadas por los sectores más conservadores; los medios, donde hoy se afinca el antipetismo más extremo, recubierto de intrigas; y las instituciones. En los tres ámbitos se desarrolla, al mismo tiempo y con ritmos diversos, el intento de golpe institucional. El PT cuenta con el apoyo -aunque hoy más pasivo que antes- de un importante sector del pueblo brasilero, que no parece dispuesto a resignar lo que consiguió durante este tiempo. Sin embargo, de no activarse a tiempo esa célula dormida, podría ser demasiado tarde. Lo sabe Lula. Lo sabe Dilma. Pero sobre todo, lo sabe la derecha, que envalentonada -y sin ningún respeto por las instituciones antes glorificadas- quiere dar el golpe final.

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Roberto Regalado América Latina: ¿qué ciclo llegó a su fin?

Alainet
Desde el inicio de la actual crisis económica mundial y los primeros golpes efectivos de la ofensiva continental reaccionaria en curso, ambos en 2008‑2009, los partidos y movimientos políticos, y las y los analistas y comunicadores de izquierda, venimos reflexionando, alertando y realizando propuestas para conjurar, o al menos limitar, el impacto de estos factores negativos en los gobiernos de signo popular que, por primera vez en la historia de América Latina y el Caribe, ocupan un lugar significativo en el mapa político regional. Entre otros espacios, esta problemática ha sido abordada en los Encuentros del Foro de São Paulo y los Seminarios Internacionales «Los partidos y una nueva sociedad» realizados entre 2009 y 2014. También lo hacemos en esta vigésima edición de nuestro seminario, e igual sucederá en el vigésimo segundo Encuentro del Foro, que se efectuará en El Salvador a finales de mayo del presente año.

Al entrar en tema, lo hago con una sincera felicitación a nuestros anfitriones del Partido del Trabajo de México, en particular, a su coordinador nacional, profesor Alberto Anaya Gutiérrez, quienes fueron víctimas de la ofensiva reaccionaria en las elecciones de julio de 2015, en las cuales el PT fue despojado de su registro electoral. Los felicito porque, en lugar de amilanarse cuando todas las puertas, y casi todos los ojos y oídos parecían cerrarse, libraron una dura batalla política y legal que desembocó en la restitución del estatus y los derechos conculcados. Por ello, este vigésimo seminario, número cerrado que podemos celebrar en virtud de esa gran victoria del PT, es también la oportunidad de reconocer la constancia y dedicación que ese partido hermano ha demostrado en el empeño de construir y desarrollar este espacio de convergencia de las fuerzas de izquierda y progresistas del mundo, y de agradecer a sus dirigentes y militantes, y en especial a Alberto, por habernos dado un valioso y oportuno ejemplo de la actitud a asumir ante los reveses parciales que sufrimos en la lucha contra enemigos que son, a la vez, poderosos y débiles: poderosos por su capacidad de destruir a la humanidad; y débiles por su incapacidad de evitar destruirla.

A tono con la mencionada sistematicidad en el abordaje de los peligros que enfrentan los procesos revolucionarios y reformadores de nuestra región, sobre ese tema versaba mi ponencia en el décimo octavo seminario «Los partidos y una nueva sociedad», en 2014,1 que comenzaba con un exergo de Schafik Hándal:

[…] en todo proceso de revolución –decía Schafik– también surge la tendencia a la contrarrevolución. Esto tiene carácter objetivo. Triunfa, en definitiva, la corriente que logra la mayor fuerza, la que se guía por un plan más acertado, más inteligente. El predominio de la revolución o de la contrarrevolución se decide en el terreno subjetivo: depende de la conducción de una o la otra.

Ese pensamiento adquiere renovada vigencia en esta época en que los partidos y movimientos políticos de izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe conquistaron el derecho a ocupar espacios en los poderes del Estado, incluido el ejercicio del gobierno nacional, situación sin precedentes que los coloca ante la posibilidad de acumular o desacumular fuerza social y política, en función de sus respectivos proyectos estratégicos de transformación o reforma social, proceso en extremo complejo y accidentado, no solo porque transcurre en desigual lucha contra el imperialismo y las oligarquías criollas, sino también por sus propias tensiones y contradicciones internas. Este proceso ha atravesado por tres etapas:

  • Desde la segunda mitad de la década de 1980 hasta casi finales de la de 1990, lo determinante fue la acumulación de la fuerza social necesaria para derrocar a gobiernos neoliberales, y de la fuerza política suficiente para ocupar espacios en gobiernos locales y legislaturas nacionales, pero insuficiente para disputar con éxito el gobierno nacional, en medio de la reestructuración del sistema de dominación continental, que buscaba una alternancia electoral en los poderes del Estado restringida, exclusivamente, a fuerzas neoliberales.

  • Entre finales de la década de 1990 y finales de la de 2000, lo determinante fue la acumulación de la fuerza social y política que hizo posible la elección de gobiernos nacionales, a contracorriente de las campañas de coacción y exacerbación del miedo a la supuesta debacle que provocaría la interrupción de los flujos de capitales extranjeros, motivada por el acceso al gobierno de presidentes y presidentas de izquierda y progresistas, seguida de la reelección ininterrumpida de esos gobiernos, no obstante la arremetida en su contra por parte del imperialismo y los grupos oligárquicos criollos desplazados del control monopólico del Estado.

  • Desde 2009, lo determinante es el flujo y reflujo de la acumulación de fuerza social y política, provocado por la combinación de dos factores: una mayor efectividad de las estrategias desestabilizadoras reaccionarias; y el creciente costo político ocasionado por errores y deficiencias propias. Así llegamos a un pico de desacumulación social y política, entre finales de 2015 y comienzos de 2016, cuyos indicadores más sobresalientes son la derrota del candidato presidencial del Frente para la Victoria en Argentina, y el triunfo del restaurador neoliberal Mauricio Macri; la pérdida del control de la Asamblea Nacional por parte del Partido Socialista Unido de Venezuela, cuerpo legislativo que pasa a convertirse en el principal bastión político‑institucional de la derecha; y el triunfo del NO en el referéndum constitucional con que los movimientos populares bolivianos se proponían abrir la posibilidad de un tercer período de gobierno del presidente Evo Morales Ayma.

A raíz del resultado adverso de las recientes elecciones en Argentina y Venezuela, a los que luego se sumó el referendo de Bolivia, los ideólogos y estrategas mediáticos al servicio del imperialismo fabricaron la noción de «fin del ciclo progresista», según la cual, la cadena de elecciones y reelecciones de gobiernos de izquierda y progresistas en estos y otros países, sería un paréntesis en el avance de la humanidad hacia el reinado eterno del neoliberalismo, es decir, que la noción de «fin del ciclo progresista» no es más que un replanteamiento de la desacreditada tesis del «fin de la historia».

¿Es la actual desacumulación social y política expresión o presagio del fin de un ciclo? Ciertamente, indica el fin de «algo» que puede llamarse ciclo, etapa o período, según la preferencia de enunciación, pero de ningún modo constituye el desenlace de un accidente que retrasó la inexorable entrega de nuestros países a la globalización neoliberal.

Por ejemplo, en la carrera armamentista, cuando una parte crea un nuevo sistema de armas, la otra se ve obligada a crear su equivalente, o incluso un sistema que lo supere, y este «ciclo» se repetirá mientras dure esa carrera. Algo análogo sucede en la lucha social y de clases: nuevas formas de dominación generan nuevas formas de lucha, y viceversa, y este «ciclo» se repetirá mientras los pueblos no alcancen su plena emanación.

En América Latina, el cierre de los espacios legales y semilegales de lucha sindical clasista y de lucha político‑electoral pautada por la estrategia de frentes amplios, ocurrido a raíz del estallido de la Guerra Fría, generó nuevas formas de lucha social y política, a saber: mediante la lucha armada, se produjo el triunfo de las revoluciones cubana, granadina y nicaragüense; a través de pronunciamientos militares progresistas, llegaron al gobierno Juan José Torres en Bolivia, Juan Velasco Alvarado en Perú y Omar Torrijos en Panamá; y, en virtud de una convergencia sin precedentes de fuerzas sociales y políticas, fue electo en Chile el gobierno constitucional del presidente Salvador Allende.

Las nuevas formas de lucha de la América Latina de los años sesenta generaron nuevas formas de dominación, en específico, la ejecución de una estrategia a mediano plazo subdividida en dos fases: en la primera, el imperialismo impuso en la región Estados de «seguridad nacional», que combinaron la destrucción brutal de los procesos y las fuerzas de izquierda, progresistas y democráticas, con programas de contrainsurgencia destinados a paliar las contradicciones socioeconómicas que incentivan la lucha popular; y en la segunda, una vez concluida la fase de represión y neutralización, sustituyó a los Estados de «seguridad nacional» por un sistema político‑electoral concebido para garantizar una alternancia en el gobierno restringida, exclusivamente, a fuerzas neoliberales. Así frustró o destruyó todos los proyectos y procesos de transformación revolucionaria y reforma progresista posteriores al triunfo de la Revolución Cubana.

Pero, las nuevas formas de dominación impuestas entre los años sesenta y ochenta generaron nuevas formas de lucha: el neoliberalismo provocó una intensificación de la protesta popular, parte esencial de cuya energía nutrió la lucha político‑electoral de las fuerzas de izquierda y progresistas de varios países, que también capitalizaron el voto de castigo de amplios sectores sociales contra los partidos oligárquicos que aplicaron esa doctrina. Mediante la convergencia del voto popular consciente y el voto de castigo contra la derecha neoliberal, los partidos y movimientos políticos de izquierda y progresistas demolieron las barreras y quebraron los candados concebidos para evitar su acceso al gobierno nacional.

Y hoy se está produciendo un nuevo giro dialéctico en el efecto de acción y reacción zigzagueante entre la dominación imperial y la lucha popular, que seguirá actuando en algunos momentos y lugares a favor nuestro, y en otros en contra nuestra, hasta que derrotemos la hegemonía burguesa –cuya forma y contenido en esta etapa es la hegemonía neoliberal– y construyamos una hegemonía popular.

A diferencia de lo ocurrido en las décadas de 1940 y 1950, y en las décadas de 1960 a 1980, en la actualidad no se está produciendo un cambio de forma de dominación que demande un cambio de forma de lucha popular, sino un cambio en la forma de dominación, que demanda un cambio en la forma de lucha. Con otras palabras, el imperialismo no está en condiciones de imponer un nuevo sistema de dominación con el cual sustituir al sistema político‑electoral de alternancia en el gobierno restringido exclusivamente a fuerzas neoliberales. Su política es restablecer este sistema en aquellos países donde las fuerzas populares derribaron sus barreras y quebraron sus candados, y blindarlo en los países donde hasta ahora ha funcionado de manera ininterrumpida.

Mi ponencia en nuestro décimo octavo seminario analizaba los cambios ocurridos, a la altura de 2014, en los tres factores positivos que, en mi opinión, posibilitaron el inicio de una cadena de elecciones de gobiernos de izquierda y progresistas en América Latina, a menos de una década del derrumbe de la URSS,2 algo entonces inconcebible para muchos, incluido quien les habla:

  • El primer factor fue el acumulado histórico de luchas contra la dominación colonialista, neocolonialista e imperialista, en especial en la etapa 1959‑1989, en la que si bien el imperialismo frustró o destruyó, según el caso, todos los proyectos y procesos revolucionarios y reformadores de aquel momento, al final de la etapa, la fuerza social y política demostrada por los pueblos lo obligó a permitir la apertura de espacios de lucha legal hasta entonces inexistentes o precarios en la casi totalidad de la región.

Sobre este primer factor, con sumo respeto y prudencia, pero apuntando a un problema de fondo, la ponencia invitaba a cada fuerza latinoamericana y caribeña de izquierda y progresista a autoanalizarse para determinar si, en el cuarto de siglo transcurrido desde la caída del Muro de Berlín, había sido capaz de mantener e incrementar aquella acumulación histórica que abrió en el subcontinente una nueva etapa de luchas populares exitosas en momentos en que ello era inconcebible. Las interrogantes planteadas en ese texto eran: ¿cuánto, cómo y dónde hemos avanzado en la construcción de nuevos paradigmas y procesos emancipadores durante los últimos veinticinco años? ¿Cuánto, cómo y dónde nos hemos estancado? ¿Cuánto, cómo y dónde hemos retrocedido?

  • El segundo factor fue el rechazo universal a la fuerza bruta históricamente empleada contra los pueblos latinoamericanos, en especial la utilizada por los Estados de «seguridad nacional» entre 1964 y 1989, que obligó al imperialismo y sus aliados a buscar formas más sofisticadas de dominación.

Este segundo factor, la ponencia lo consideraba neutralizado o atenuado mediante un cambio en la forma de dominación que sustituye los golpes de Estado brutales y las dictaduras militares sangrientas, por estrategias de descrédito, erosión, boicot, sabotaje y desestabilización de los gobiernos y las fuerzas de izquierda y progresistas.

  • El tercer factor fue aumento de la conciencia, la movilización y la acción social y política registrado en la lucha contra el neoliberalismo, que incorporó a la lucha política y electoral a franjas populares que antes no podían y/o no tenían la conciencia y el incentivo necesarios para participar en ellas.

Sobre ese tercer factor, la ponencia alertaba que, debido a lo planteado en los dos puntos anteriores y a la incidencia de otros elementos negativos convergentes, se estaba produciendo un vuelco del voto de castigo contra los gobiernos de izquierda y progresistas, al que se sumaba la aparición de una creciente abstención de castigo de su propia base social.

¿Cómo vemos hoy, a dos años de haber presentado aquella ponencia, el cambio en la forma de dominación? Vemos que con estrategias y tecnologías de última generación, el imperialismo y las oligarquías criollas potencian el fetichismo y la enajenación inherentes a la sociedad capitalista: fomentan el olvido de la lacerante reestructuración neoliberal; culpan a los gobiernos de izquierda y progresistas de los problemas heredados de sus predecesores neoliberales, al tiempo que les impiden resolverlos mediante el boicot, el sabotaje y la desestabilización; vuelcan contra nuestros gobiernos el rechazo a prácticas consustanciales a la política de derecha, tales como la corrupción y el irrespeto a las instituciones; y lanzan contra ellos la creciente multicausal insatisfacción ciudadana, de la que somos en parte responsables.

¿Y en qué debe consistir el cambio en la forma de lucha? Para sobreponernos al cambio en la forma de dominación, tenemos un grueso y valioso expediente de análisis y reflexiones sobre la guerra de medios, las campañas desestabilizadoras, los golpes de Estado de nuevo tipo y otros conceptos que reflejan las modalidades de la actual ofensiva reaccionaria. Seguramente, este expediente continuará creciendo en cantidad y calidad, pero el problema es qué hacer con él.

El imperialismo y las oligarquías criollas son feroces en la defensa de sus intereses. Basta echar un vistazo al pasado, a las intervenciones y agresiones militares, a los golpes de Estado, a las masacres, las desapariciones, los asesinatos, las torturas, los encarcelamientos y los exilios, para recordar cuan feroces son y, por cierto, para notar que, a diferencia de otras regiones, en la actualidad, en América Latina y el Caribe no están dando rienda suelta a toda su ferocidad, porque la correlación de fuerzas se los impide. El punto es no malgastar y devaluar ese expediente hilvanando una interminable enumeración de fechorías ajenas que tributen a la cultura del lamento y la justificación. A los imperialistas y sus socios menores, no basta con denunciarlos; hay que derrotarlos, y para eso es que ha de servir el expediente.

Es malintencionadamente falso hablar del supuesto fin del ciclo progresista en América Latina y el Caribe, pero sí asistimos al final del ciclo, la etapa, el período, o como queramos llamarle al pasado reciente en que los gobiernos de izquierda y progresistas se reelegían, de manera casi automática, en virtud del carisma de su líder o lideresa; del acumulado social y político histórico, y del cosechado en la batalla contra los gobiernos neoliberales precedentes; del boom exportador de productos primarios, que no aprovecharon para reorientar la matriz económica hacia el fortalecimiento de las cadenas productivas nacionales y la integración regional; y de las meritorias políticas públicas que, sin embargo, no fueron real o suficientemente armonizadas con la generación de conciencia transformadora, la construcción de poder popular y el empoderar del pueblo. Otras muchas cosas pueden decirse sobre lo hecho y no hecho, pero aquí me detengo.

Para el final dejo lo más importante y difícil. Para vencer la ofensiva imperialista y oligárquica es preciso que todos y cada uno de los gobiernos, y todas y cada una de las fuerzas de izquierda y progresistas de la región se blinden, y esto quiere decir –y ahora lo expreso sin la prudencia de hace dos años– que se autoanalicen y se autocritiquen, que identifiquen y erradiquen de raíz los errores y las deficiencias que regalan combustible a la guerra mediática y las campañas desestabilizadoras, desconciertan a los movimientos populares, fomentan la abstención de castigo de sus bases sociales y estimulan el voto de castigo del electorado fluctuante.

La identificación, el reconocimiento y la rectificación de las deficiencias y los errores propios es la premisa indispensable para reemprender la acumulación social y política, pero es también lo más difícil porque implica atravesar por un doloroso proceso de autoevaluación y autocrítica que de verdad llegue a la raíz de los problemas, lo que hasta el momento no hemos hecho. En mi opinión, y la digo con el mayor respeto y espíritu constructivo, nos autoevaluamos y nos autocriticamos solo en la medida en que lo consideramos necesario para «capear el temporal», para «salir de hueco», pero no lo hacemos hasta sus últimas consecuencias, que es la verdadera forma de hacerlo.

En resumen, el ciclo que llegó a su fin es este, de cuyo ocaso todas y todos somos partícipes, en el que las fuerzas de izquierda y progresistas podíamos mantener la acumulación social y política, sin identificar y subsanar los errores y las deficiencias que nos han venido haciendo más y más vulnerables a la guerra mediática y las estrategias desestabilizadoras. Si no somos capaces de darnos cuenta de esto y actuar en consecuencia, también podemos llegar a lo que la derecha llama el «fin del ciclo progresista».


- Roberto Regalado es Doctor en Ciencias Filosóficas, miembro de la Sección de Literatura Histórica y Social de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, consultor del Instituto Schafik Hándal y el Centro de Estudios de El Salvador.
Ponencia presentada en el XX Seminario Internacional «Los partidos y una nueva sociedad», México D.F., 9 al 11 de marzo de 2016.

1 Roberto Regalado: «La “guerra de posiciones” en América Latina hoy», ponencia presentada en el XVIII Seminario Internacional «Los partidos y una nueva sociedad», México D.F., 27 al 29 de marzo de 2014.

 
2 Para conocer a fondo los análisis y reflexiones del autor sobre las razones que posibilitaron la elección de gobiernos de izquierda y progresistas en América Latina a partir de finales de la década de 1990, y los problemas, peligros e interrogantes planteados a esos gobiernos, ver a Roberto Regalado: La izquierda latinoamericana en el gobierno. ¿Alternativa o reciclaje?, Ocean Sur, México D.F., 2012.
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Oscar Ugarteche Tesalia Valencia Cómo va el mundo al 2016?


El año 2016 ha comenzado con un recordatorio: no hemos salido del proceso de la crisis al que ingresamos en agosto del 2007.  El Financial Times ha encargado a un grupo de expertos trabajar sobre un modelo de crisis continua y el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial, han recortado sus pronósticos de crecimiento para el mundo a inicios del 2016, en especial para los países en vías de desarrollo.  A las economías maduras es difícil recortarles dichas perspectivas porque no las tienen.  Summers advirtió en la reunión del FMI en Lima en diciembre del 2015 que Estados Unidos y las economías maduras podrían encontrarse en una situación análoga a la de Japón, con bajo o nulo crecimiento económico y al borde de la deflación.  (http://www.businessinsider.com/larry-summers-the-global-economy-is-in-serious-danger-2015-10)

El alza de la tasa de interés de referencia en Estados Unidos en 0.25% en diciembre del 2015 produjo un terremoto global que ha llevado a que se diga ahora que no se volverá a subir la tasa hasta finales del 2017.[1] (http://www.businessinsider.com/market-fed-raise-rates-in-2017-2016) Tres preguntas rondan mientras se piensa el futuro.  ¿Con qué teoría económica se desbarrancó la economía de Gran Bretaña del segundo al décimo primer lugar en la economía mundial entre 1975 y 2015? ¿Con cuál pasó la economía de Estados Unidos del primero al segundo lugar en la economía mundial? ¿Es posible regresar a una situación de normalidad con las tasas de interés para recuperar la política monetaria? ¿Está el capitalismo en una crisis sin retorno?

Los BRICS y su dinámica

Tabla 1 2015 PIB en PPA (mmUS$)
1
CHINA
$18,090
2014 EST
2
EE.UU.
$17,350,
2014 EST.
3
$7,411
2014 EST.
4
$4,767
2014 EST.
5
$3,748,
2014 EST.
6
$3,577,
2014 EST.
7
$3,276,
2014 EST.

El fixture de las economías, para usar un término futbolístico, comienza con China como la economía mayor en el 2015 según la CIA e incluye a tres economías maduras entre los siete grandes.  Este es un cambio sustantivo a 1975 cuando el fixture comenzaba con Estados Unidos seguido del resto del G7 (Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y Canadá).  El cambio de cuadro de la selección de siete economías mayores en tamaño absoluto refleja la falta de dinámicas de crecimiento del G7 en tres décadas y a su vez muestra la teoría económica aplicada y la estructura económica que tienen.  Mientras el Viejo G7 creció a tasas muy bajas, los nuevos BRICS crecían a tasas muy altas incorporando a la población a la fuerza de trabajo e incrementando su productividad.  Al mismo tiempo se dio un proceso de financiarización en las economías maduras y algunas emergentes con un efecto en la concentración del ingreso sustantivo, como han señalado Emmanuel y Picketty en sus trabajos, tanto dentro de las economías como en el mundo.

 
1985-2004
2010-2013

1985-2004
2010-2013
USA
3,3
2,2
China (1)
9,8
8,8
Gran Bretaña
2,9
1,5
Corea del Sur
7,3
3,9
Canadá
2,8
2,4
Singapur
6,6
6,9
Japón
2,4
1,9
India
5,8
7,2
Francia
2,3
1,2
Nuevo G7
5,2
5,4
Alemania
2
2,1
Hong Kong
4,7
4
Italia
1,9
-0,5
USA
3,3
2,2
Viejo G-7
2,5
1,5
Gran Bretaña
2,9
1,5
China (1)
9,8
8,8
Canadá
2,8
2,4
Corea del Sur
7,3
3,9
Brasil
2,7
3,4
Singapur
6,6
6,9
Viejo G-7
2,5
1,5
India
5,8
7,2
Japón
2,4
1,9
Hong Kong
4,7
4
Francia
2,3
1,2
Brasil
2,7
3,4
Alemania
2
2,1
Rusia
-0,7
3,4
Italia
1,9
-0,5
Nuevo G7
5,2
5,4
Rusia
-0,7
3,4

El gran cambio desde la década del 80 es que las tasas de crecimiento de los países emergentes son más del doble en el largo plazo que las tasas de las economías maduras, siguiendo la teoría de Solow.  Dice el Premio Nobel[2] “El producto por hora en la economía estadounidense dobló entre 1909 y 1949; y aproximadamente siete octavos de aquel aumento podrían ser atribuidos "al cambio técnico en el sentido más amplio" y sólo el octavo restante podría ser atribuido al aumento convencional de la intensidad de capital.” Es posible que el cambio técnico “en el sentido más amplio” esté ocurriendo en las economías emergentes más aceleradamente que en las maduras mientras la intensidad de capital con las nuevas tecnologías esté centrada en las economías maduras.

Tabla 3 Proyecciones de crecimiento al 2016

2014
2015
2016

2014
2015
2016
Brasil
0.1
-3.8
-3.5
USA
2.4
2.5
2.6
Rusia
0.6
-3.7
-1.0
Japón
0.0
0.6
1.0
India
7.3
7.3
7.5
GB
2.9
2.2
2.2
China
7.3
6.9
6.3
Alemania
1.6
1.5
1.7
Sudáfrica
1.5
1.3
0.7
Francia
0.2
1.1
1.3
México
2.3
2.5
2.6
Italia
-0.4
0.8
1.3

Dentro de la coyuntura económica actual (2015—2016), las proyecciones efectuadas por el FMI para el 2016 dejan ver tasas muy bajas en Europa y Japón y un poco más positivas para Gran Bretaña y Estados Unidos.  Los BRICS han perdido su impulso con las contracciones de Brasil y Rusia y la falta de dinámica de Sudáfrica vinculadas a los precios de los commodities mientras China y la India siguen creciendo a tasas altas, si bien China está con proyecciones de menor crecimiento.  Esto debe de ser reflejo del proceso de pasar de un modelo de crecimiento liderado por las exportaciones a uno más sostenible basado en el consumo interno posiblemente con un proceso de cambio técnico acelerado.

La ralentización del consumo occidental en la base de la deflación

Ilustración 1 Tasa de crecimiento del consumo
Fuente: OECD Stats

Una interpretación de la expansión de la crisis con deflación, reside en examinar los niveles de caída del consumo que ha llevado a una caída de la demanda con los efectos en la tasa de deflación de las grandes economías desarrolladas.  Al igual que sus magras tasas de crecimiento del PIB cercanas a cero, el crecimiento del consumo se encuentra en promedio en niveles cercanos al 1% en el mejor de los casos, lo que significa entonces, que la disminución del crecimiento del consumo como resultado de las políticas de austeridad en los países ricos impacta sobre la producción global lo cual afecta a las exportaciones de China y los países en desarrollo en general.  Esto genera la baja obligada de los precios, así como la disminución de la producción en general de commodities y de bienes finales y explica el descenso del crecimiento exportador de China y del crecimiento de las exportaciones de commodities.  En este marco, ninguna economía madura ha regresado a la recuperación de los niveles de crecimiento del consumo pre crisis y se ha contagiado, en cambio, la crisis al resto del mundo.  El consumo en Estados Unidos en el 2015 creció 3.16% pero los salarios reales, según un estudio del Centro Pew del 2014, permanecen estancados desde los años 70 en términos reales.  Aún más.  La poca mejora se concentra en el 10% superior de los trabajadores remunerados lo que deja una clase media endeble.  Gran Bretaña, que también tiene una mejora relativamente alta para lo diminuto del resto de Europa, tiene problemas análogos, pero más severos a los de Estados Unidos.  El salario real, según el Banco de Inglaterra, ha bajado entre el 2005 y el 2014 de modo que el crecimiento de 3% apenas sirve para compensar parte de la pérdida de salario real de la década anterior.  Estos son a los que les va bien.  Los demás países europeos tienen niveles de crecimiento del consumo cercanos a 1% lo que, quitando la inflación cercana a 0.5%, lo deja en 0.5%.  En suma, ni en Estados Unidos ni en Gran Bretaña, ni menos en Europa continental, hay una mejora del consumo como tal sino una recuperación parcial de lo perdido.  En Japón continúa la pérdida del consumo.

Las expectativas y los desplomes

Ilustración 2 Índice del precio de los commodities 1996-2015. Base 2005=100


Cabe recordar que en el periodo desde que Bernanke, presidente de la FED, hiciera el anuncio sobre el “posible” fin de sus políticas de expansión crediticia y la “posible” alza de las tasas de interés, en junio del 2013, hasta el anuncio del alza de 0.25% en diciembre del 2015, los precios de los commodities y de los tipos de cambio se han desplomado, respondiendo a las expectativas de los inversionistas por alzas graduales de la tasa de interés.  Dos cosas se pueden apreciar en la ilustración 2.  La primera es que el alza de los precios entre el 2004 y julio del 2008 es una burbuja que se pincha y se desploma.  La segunda es que vuelve a hacerse una burbuja del 2009 al 2013.  En ambos periodos está la tasa de interés cero o cercana a cero en términos reales (2002-2005) y (2008-2015), salvo el breve periodo de 2006 y 2007 cuando la FED la subió y detonó el pinchado de la bolsa en julio del 2008.  Los anuncios de Bernanke, en junio del 2013, comenzaron a mover las expectativas y los inversionistas comenzaron a salir de los mercados emergentes y de commodities.  El anuncio en diciembre del 2015 fue el remate.  Tras el anuncio del alza de la tasa de interés en Estados Unidos se produjo una caída masiva adicional. (ver tabla 4)

Tabla 4 Caída de las bolsas tras el anuncio del alza de la tasa de interés

29.12.15
15.1.16
Variación
Argentina MERVAL
11698
9880
-15,50%
Shanghai CSI
3765
3223
-14,40%
Brasil BOVESPA
43653
37937
-13,10%
Frankfurt DAX
10860
9707
-10,60%
Tokyo Nikkei 225
19033
17048
-10,40%
NY DJI
17720
15998
-9,70%
Arab Emirates
4296
3889
-9,50%
Singapore Straits
2885
2638
-8,60%
Paris CAC
4701
4300
-8,50%
Perú General
9822
9036
-8,00%
Londres FTSE
3480
3231
-7,20%
México IPC
43391
40604
-6,40%
Chile General
18078
17312
-4,20%
Colombia COLCAP
1148
1102
-4,00%
Kospi
1966
1889
-3,90%

América Latina y la nueva integración en el 2016

América Latina estaba dividida en dos hemisferios: uno centrado en el agónico Mercosur impulsado por Brasil desde 1991 y el otro impulsado por Estados Unidos y centrado en la Alianza del Pacífico.  La Comunidad Andina fue dejada en estado de coma mientras se firmó el TPP en febrero del 2016.  Desde entonces se inicia una nueva era de la integración panamericana –que incluye a Estados Unidos– dejando detrás toda idea de integración regional que no incluya a Estados Unidos.  El esquema del ALBA se ha visto fuertemente impactado por la caída del petróleo ya que estaba sostenido por Venezuela mientras el Mercosur agoniza junto con el SIECA.  Es la quinta vez que se trunca un esfuerzo de integración regional en América Latina desde inicios del siglo XIX:  (1) Unión aduanera Chile, Perú, Bolivia, Cuyo, 1835; (2) Unión aduanera del Sur, 1944; (3) Mercado Común Latinoamericano, 1960; (4) ALALC, 1980.  El camino del TPP es resbaladizo cuando ya está enterrada la idea del crecimiento exportador tanto por Rodrik y Rodríguez en 1999; como por Hoeckman en el 2015, ambos con evidencia empírica contundente sobre la falta de relación entre el crecimiento de las exportaciones y el crecimiento del PIB.  Ahora que el comercio internacional dejó de crecer, dicho modelo es una tenaz apuesta al vacío, salvo para Estados Unidos que acaba de asegurar mercados nuevos para productos viejos.

La estructura exportadora dependiente

Todos los países están siendo afectados por la caída de los precios de las exportaciones primarias y bajo el mantra de que “los tipos de cambio están blindados por el alto nivel de reservas” y otro que “el crecimiento económico se debe al éxito de las reformas estructurales”, ahora debemos enfrentar que ambas consignas son mentira.  Es más, la estructura exportadora no ha cambiado en treinta años de reformas y los tipos de cambio se desplomaron a pesar de las reservas.  Para lo que han servido las reformas en Suramérica ha sido para el traspaso de propiedad y el aumento de volúmenes, pero no para un cambio en la estructura productiva que venía afectada por la depresión –metafóricamente referida como la década perdida– de los años 80.  En Centroamérica sí hubo un cambio con la industria maquiladora y dejaron de ser “repúblicas bananeras”, lo que hace que sean más resistentes a las depresiones de materias primas pero no han regresado a la dinámica de la era del Mercado Común Centroamericano.  La costa pacífica de América del Sur sigue altamente dependiente de materias primas mientras la costa atlántica continúa con su industrialización de baja intensidad y el Caribe se divide entre petroleros y no petroleros.

Tabla 5 Proporción de materias primas en las exportaciones totales
País
1962
1970
1980
1990
2000
2010
2014
Argentina
96,5
86,1
76,9
70,9
67,5
66,8
67,9
Barbados
...
69,3
54,5
56,7
52,9
28,3
55,4
Belice
...
...
63,1
80,7
82,6
98,6
82,9
Bolivia (Estado Plurinacional de)
95,1
97
97,1
95,3
71,1
93,6
96,4
Brasil
96,9
86,8
62,8
48,1
41,6
62,9
65,2
Chile
96,5
95,7
90,9
88,7
83,8
87,4
85,9
Colombia
97
92
80,4
74,9
67,5
76,1
82,4
Costa Rica
...
81,4
71,7
73,2
34,4
39,1
...
Cuba
...
...
100
...
90,6
...
...
Ecuador
98,2
98,3
97
97,7
90,1
90,2
93,8
El Salvador
...
71,4
64,6
62,3
79,4
27,2
24,2
Guatemala
...
72
75,8
75,5
68
57,3
60,8
Guyana
...
93,7
...
...
83,3
90
85,4
Haití
...
76,3
...
14,7
...
...
...
Honduras
...
91,9
87,5
90,7
78,8
74,7
60,3
Jamaica
85,7
...
36
29,4
25,8
55,4
54,1
México
85,6
67,5
88,1
56,5
16,5
24
21,3
Nicaragua
...
84
86,2
91,7
92,2
92,9
53,7
Panamá
...
...
91,1
79,4
84,1
85,9
85,4
Paraguay
88,6
91,1
88,2
90,1
81,1
92,6
90,5
Perú
99,1
98,6
83,2
81,6
79,7
86,1
85,3
República Dominicana
...
...
76,4
...
...
32,3
37,9
Trinidad y Tabago
...
87,2
95
73,3
71,2
68,1
...
Uruguay
...
80
62,1
61,2
58,1
74
76,3
Venezuela (República Bolivariana de)
93,9
98,6
98,3
89,6
90,9
95,7
...
Fuente: CEPALSTAT: Exportaciones de productos primarios según su participación en el total
 

Las políticas distributivas post neoliberales que hubo en la costa atlántica son las que ahora han mostrado que acabaron en alta inflación y con derrotas electorales en las urnas: Venezuela, Argentina y está por verse en Brasil.  El hecho de que las políticas alternativas hayan generado inflación en un momento de caída de precios de exportación, quizás sea una razón para repensar cómo se debe de dar el salto tecnológico y dejar atrás que los temas tecnológicos no nos atañen.  Este fue uno de los temas de Prebisch en los años 50 del siglo pasado.  Si China y Corea del Sur han salido adelante con políticas industriales, todos debemos de pensar en esos términos aunque nos estemos enmarcando a políticas de libre mercado.  Lo cierto es que los gobiernos progresistas aplicaron políticas distributivas, lo que alimentó el mercado interno pero no se trabajó gran cosa en la producción.  El salto más novedoso aunque también de gobiernos de derecha como el peruano, ha sido fortalecer el tema educativo, abandonado desde el inicio de la crisis en los años 80 en casi todos los países.  La privatización de la educación liderada por Chile en los años 80 le ha caído en la cabeza y está en proceso de revisión, mientras los costos de la educación pública en Brasil expulsa a los estudiantes a otros países.  El tema educativo superior es un tema que está en la agenda y debe de ser atendido junto con el tema ambiental; pero ambos temas se verán perjudicados por la muy débil marcha económica del año 2016 en adelante.

Las marchas atrás de Argentina y eventualmente de los otros gobiernos post neoliberales que pierdan el control del ejecutivo y no solo del legislativo, es a políticas de libre mercado que sabemos que van a concentrar las exportaciones más en materias primas y a concentrar más el ingreso, pero no aportarán nada en términos de complejidad tecnológica que será lo único que pueda darle sostenibilidad a América latina.  A Estados Unidos le interesa mantener a la región como proveedora de materias primas y mercado de bienes de consumo en calidad de dependientes.  Las elites parecen estar de acuerdo con esta ubicación mientras que los gobiernos alternativos no tuvieron tiempo para dar el salto, o ni lo intentaron.

Paradójicamente, México, que con Brasil tienen las tasas de crecimiento más bajas del hemisferio americano desde 1985, no se ve afectado por la caída de las exportaciones primarias, quizás porque el peso de la minería, el petróleo y la agricultura suma 21.3% del total exportador en México, aunque para el fisco represente el 9% del PIB en ingresos.  En Brasil, la depreciación del real no llevó a mayores exportaciones hacia Argentina por la recesión de dicho país.  El comercio de Brasil se cayó de la mano de la caída del PIB desde el 2013, en particular porque sus términos de intercambio (TI) se deterioraron 22 puntos utilizando 2010 = 100.  El otro país que ha sufrido un impacto aún más importante en sus TI ha sido Colombia, que cayó 42 puntos; detrás van Perú con 18 puntos, Argentina con 17 puntos y Chile con 12 puntos, lo que pone en vigencia las discusiones de 1950 cuando dijo Prebisch en la introducción del Manifiesto:[3]

La realidad está destruyendo en la América Latina aquel pretérito esquema de la división internacional del trabajo que, después de haber adquirido gran vigor en el siglo XIX, seguía prevaleciendo doctrinariamente hasta muy avanzado el presente.  En ese esquema a la América Latina venía a corresponderle, como parte de la periferia del sistema económico mundial, el papel específico de producir alimentos y materias primas para los grandes centros industriales...Dos guerras en el curso de una generación, y una profunda crisis económica entre ellas, han demostrado sus posibilidades a los países de la América Latina, enseñándoles positivamente el camino de la actividad industrial.

Oscar Ugarteche es economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México.  Miembro del SNI/Conacyt.  Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org.
Tesalia Valencia es miembro del proyecto OBELA, IIEc-UNAM.


Artículo publicado en la Revista de ALAI América Latina en Movimiento: América Latina en la coyuntura mundial 03/03/2016

 

[1] O. Ugarteche. “A dónde vamos”. América Latina en Movimiento, 15/10/2015.
[2] Robert M. Solow “Technical Change and the Aggregate Production Function”, in The Review of Economics and Statistics, Vol. 39, No. 3 (Aug., 1957), pp. 312-320, The MIT Press.
[3] Raúl Prebisch, El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas, CEPAL, 1949, p.5.
Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento: América Latina en la coyuntura mundial 03/03/2016
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