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Ucrania: centro de la lucha por el poder global

Cubadebate 18 de marzo 2014

Por Leyde E. Rodríguez Hernández*



La coyuntura política y económica internacional no puede ser más compleja para la comprensión de los fenómenos y los procesos de las relaciones internacionales.

A la opinión pública mundial, conmocionada por los recientes sucesos internos en Siria, Venezuela y Ucrania, le resulta difícil clasificar y conceptualizar la ola de manifestaciones extremistas y neofascistas que desestabilizan naciones y regiones enteras, tensando el funcionamiento del sistema internacional en su conjunto.

Para muchos se trata de una nueva “guerra fría”, que nunca concluyó entre el Este y el Oeste, aunque la diplomacia rusa se empeñe en considerar –desde hace más de dos décadas– como socios a los representantes de los Estados Unidos y de la Unión Europea, quienes enfrascados en una descarnada lucha geopolítica global, verdadero culto al politólogo germano-estadounidense Hans J. Morgenthau, fundador del moderno “realismo político”, basada en la concepción de que la política internacional es una permanente lucha por el poder, sin limitaciones de carácter moral en el accionar de una potencia en el escenario internacional.

En el pensamiento de Morgenthau, si una nación busca incrementar el poder, por medio de un cambio de la distribución de fuerzas internacionales, entonces practica una política imperialista. En esta filosofía se circunscribe la naturaleza agresiva y militarista de la coalición norte-oeste liderada por los Estados Unidos, en una época marcada por la crisis económica capitalista, que se hace sistémica, y de una reverdecida “guerra fría” que, teñida de poder inteligente, genera subversión, propaganda y desinformación, lo que acentúa el desorden y la incertidumbre sobre las relaciones internacionales.

En el caso de Ucrania, existen evidentes ejemplos que se corresponden con la argumentación anterior: la participación activa del gobierno de los Estados Unidos y de sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en el derrocamiento del presidente Viktor Yanukóvich, por fuerzas extremistas y neofascistas al servicio de los centros de poder norte-oeste. En este sentido, el secretario de Estado, John Kerry, reconoció la participación estadounidense en las acciones desestabilizadoras e ilegales al afirmar que su política está dirigida a obtener que las exrepúblicas soviéticas se integren al bloque euro-estadounidense abanderado, según él, de las “aspiraciones de libertad”.

La injerencia norte-oeste en la crisis política interna ucraniana adquirió mayor peligrosidad para la paz y la seguridad internacional tras las amenazas estadounidenses de que incrementará la presencia militar en Europa Oriental, con el fortalecimiento de su aviación en Lituania y Polonia, mientras el destructor coheteril USS Truxtun (DDG-103) fue avistado en un desplazamiento de intimidación del mar Mediterráneo al Negro, coincidiendo con el portaaviones George H.W. Bush que, desde los primeros días de marzo, está ubicado en el puerto turco de Anatolia, con más de 80 aviones de combate a bordo.

Todo este desplazamiento militarista, hacia el Este y hasta las fronteras mismas de Rusia, forma parte del malestar euro-estadounidense con la nueva Rusia que emerge de la restauración capitalista tras la implosión de la Unión Soviética y la desintegración de su bloque aliado, sin olvidar que estos hechos constituyeron la más grave catástrofe geopolítica del siglo XX, manteniendo a Rusia debilitada y aislada del concierto internacional. Por consiguiente, es insoportable para el eje norte-oeste el regreso de Rusia al centro de la política mundial con el logro de haber evitado –con el apoyo de China– los intentos de una agresión militar de los Estados Unidos y la OTAN a Siria, y el desarrollo de un proyecto petrolero en ese país que no casualmente incluye a Irán.

Estas pretensiones de gran potencia por parte de Rusia, ya anticipadas en 2008 cuando recuperó las provincias de Osetia del sur y Abjasia que se habían declarado independientes, vuelven a manifestarse ahora cuando su plan de incorporar a Ucrania en una Unión Aduanera, bajo su liderazgo, chocó con la intención de los sectores ucranianos favorables a la subordinación euro-estadounidense y promotores del tratado de libre comercio con la Unión Europea. Ya, en noviembre de 2013, el gobierno de Ucrania había decidido no adherirse al tratado con la Unión Europea, pues afectaría a la mayoría de la población ucraniana como mismo ha sucedido en Grecia, España, Portugal e Italia, víctimas de los ajustes estructurales del Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea. Todo esto desató una crisis política y fuertes movilizaciones de masas que concluyó con el derrocamiento del presidente Yanukóvich. El nuevo gobierno golpista de derecha y neofascista orientado por los Estados Unidos y las potencias europeas, aboga por la integridad territorial y la firma de un acuerdo con la Unión Europea, mientras que el parlamento de Crimea, la mayoría de su población ruso-hablante, y las regiones orientales promueven fusionarse con Rusia.

Esta confrontación, entre los centros de poder Norte-Oeste y Rusia, está incentivada por masivas manifestaciones de neofascistas y pro-rusos, respaldados por los Estados Unidos y la Unión Europea, por un lado, y Rusia, por el otro, exacerba las rivalidades entre las potencias capitalistas y las posibilidades de una nueva guerra en el viejo Continente, que solo parece disuadir los enormes arsenales de armas nucleares en posesión de los principales actores involucrados en el conflicto. Como posición de fuerza, el presidente Putin, a través de Gazprom pudiera cortar el suministro de gas a los europeos occidentales, pues Rusia provee alrededor del 30% del gas que Europa consume. Además, Ucrania es el eje distribuidor para los distintos gasoductos que transportan casi el 100% del gas que consumen Estonia, Lituania, Letonia, Bulgaria, Suecia y Finlandia, algo más del 60% de la república Checa, mientras que Bélgica, Alemania, Polonia, Eslovaquia, Austria, Hungría, Croacia, Eslovenia, Grecia y Rumania reciben entre el 45% y el 60% de su consumo y Holanda, Francia e Italia entre 15% y 25%.

Por su parte, el presidente Obama ha declarado que entregará gas para suplir el faltante, aunque no se sabe cómo se financiaría la ayuda. Todo esto sucede en un contexto de profunda crisis económica y social en Europa, y de deuda bajo la presión del Fondo Monetario Internacional. Dada la inseguridad en Ucrania, para los ciudadanos e intereses de Rusia, las tropas rusas ingresaron en Crimea, mientras que el gobierno provisional desplegaba una fuerza armada de 50000 soldados. El referéndum en Crimea, el domingo 16 de marzo, determinó por un 95% su incorporación, como una república más, a la Federación de Rusia. Para la coalición euro-estadounidense este referendo es un acto “ilegal” e inaceptable que llevó, en ese sentido, a los Estados Unidos a la promoción de una iniciativa en el Consejo de Seguridad de la ONU vetada por Rusia, porque estima que los derechos de la igualdad soberana y la autodeterminación de los pueblos no pueden ser ignorados.

Está claro que los intereses en juego no son únicamente de política interna en Ucrania, entre neofascistas y pro-rusos, sino que poseen un calado y una repercusión geoestratégica mayor, pues constituye un conflicto político-diplomático directo entre los Estados Unidos y Rusia, que determinará la naturaleza de la relación futura entre Rusia y el conjunto de los aliados norte-oeste. Los Estados Unidos al atizar el conflicto y legitimar a las fuerzas neofascistas contra Rusia, intenta compensar la necesidad rusa de proteger y dar seguridad a sus intereses en territorio ucraniano, para impulsar así el cerco de la otrora superpotencia -ahora en recuperación-, mediante la expansión de la OTAN, ya lo ha hecho con la estrategia de “defensa” antimisil europea, que tanto incomoda a Rusia. Pero, al mismo tiempo, el alcance real de esta maniobra norte-oeste parecería estar limitada por una serie de factores que hacen errática la gran estrategia estadounidense: la persistencia de la crisis económica y social en la Unión Europea, que no la convierte en un paradigma a seguir por las naciones y pueblos todavía fuera de la zona Euro y de la propia integración, la actitud de Alemania y otros países fuertemente dependientes del gas, el petróleo y otros recursos naturales en manos de Rusia y Crimea.

Así las cosas, cuando Ucrania es visualizada como la primera víctima de una rediviva “guerra fría”, valdría la pena preguntarnos: ¿Cuál será su evolución futura? ¿Instalará los Estados Unidos bases militares contra Rusia en la región occidental de Ucrania? Sin ánimos de dar respuestas acertadas: la división del territorio ucraniano entre potencias, la integración inevitable de la zona occidental al eje norte-oeste o el  incremento de sus relaciones con la Unión Europea, al tiempo que mantiene sus vínculos con Rusia, en un difícil ejercicio de equilibrismo político, pudieran ser algunos de los escenarios en relación con esas interrogantes; pero, como en casi todos los procesos de la política internacional en el que participan múltiples actores de significativo peso e influencia política, diplomática y militar, este conflicto, en torno a Crimea, pudiera ser de larga duración, como lo fue, para la Alemania dividida, la histórica confrontación simbolizada en el “Muro de Berlín”, aquel icono de la “guerra fría” clásica entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Solo que ahora las ansias de poder y expansión global de los Estados Unidos chocan con la problemática de la relativa decadencia de sus capacidades tradicionales de dominación mundial, lo que convierte más imprevisible y peligrosa su actuación internacional frente al objetivo inequívoco de Rusia y China de equipararse a los Estados Unidos como superpotencias mundiales en el horizonte de la multipolaridad del sistema internacional del siglo XXI.

* Profesor en el Instituto Superior de Relaciones internacionales “Raúl Roa Garcia”
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Ucraina:“Impedir una destructiva guerra civil”

Entrevista con el politólogo ucraniano Mijaíl Pogrebinski


La Vanguardia, Rebelión 17 de marzo 2014


Nacido en Kíev en 1946, el físico Mijáil Pogrebinski, director del Centro de Investigaciones Políticas y de Conflictología de Kíev (KCEPIK), es uno de los politólogos y analistas más respetados de Ucrania. En esta entrevista aborda el diagnóstico sobre la crisis en ese país, algunos interrogantes y pronósticos sobre su actual situación, así como posibles vías para salir del enredo pacíficamente.


P-Desde el principio de esta crisis nuestro diario ha dicho que Maidán contenía tres elementos 1) una revuelta popular, 2) un pulso entre oligarcas y 3) un cambio de régimen auspiciado desde Occidente. ¿Cuál de estos tres elementos le parece más determinante?

Efectivamente los sucesos de Ucrania tienen varios componentes. El primero, el componente geopolítico: la confrontación entre Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea, con participación de China, por la influencia en el espacio postsoviético. El segundo, el componente oligárquico: la lucha del gran capital contra la ampliación de los poderes presidenciales de Viktor Yanukovich. El tercero, el componente regional: la aparición espontánea de la protesta social, en especial de parte de la población de las regiones económicamente débiles del Oeste y el centro del país. En cuarto lugar, el intento del espectro nacionalista ucraniano (los grupos ultraderechistas) por realizar una “revolución nacional” que con el apoyo de las regiones del Oeste y de Estados Unidos imponga al Sur y al Este de Ucrania su gobierno, su lengua, sus héroes y su interpretación de la historia en un espíritu fuertemente antirruso. En quinto lugar, el componente liberal: el intento de las capas medias por reducir el poder del gran capital y la gran burocracia con los eslóganes de la integración europea, hacer saltar el régimen de “democracia dirigida” y declarar su emancipación política. En sexto lugar, el derribo de los regímenes incómodos para Occidente mediante la exportación  de “revoluciones coloreadas” utilizando el instrumentarlo acumulado en las experiencias con los países del tercer mundo y en el espacio postsoviético, creando un “caos dirigido” mediante la canalización  de las energías revolucionarias de los liberales “pequeño burgueses” de clase media y de los radicales políticos en una protesta política prolongada y sostenida… Todos esos elementos son importantes y no es posible definir uno decisivo, ya que en las diferentes etapas del proceso unos han tomado la prioridad relevando a otros.



P-Países como Polonia, que antes no decidían nada en la política de la Unión Europea, hoy son decisivos y tienen un gran papel. ¿Cómo explica la mayor beligerancia y agresividad de la política europea hacia Ucrania y Rusia?

Polonia representa el elemento más fuerte y exitoso de la “nueva Europa” orientada hacia la elite norteamericana y por ello interesada especialmente en la contención de Rusia. A ello se suma que la clase política polaca con su carácter tradicionalmente anti moscovita, mantiene su memoria histórica sobre la especial influencia ejercida por su país en Ucrania así como un miedo ante el rearme del ejército ruso. Además de eso, la particular actividad en el frente oriental a través del programa “Asociación Oriental” permite a Polonia incrementar su peso en la política europea.

Sobre la posición de la Unión Europea, recuerdo que en noviembre de 2010 hubo una reunión entre Merkel y Putin en la que se discutió la idea rusa de crear una zona comercial conjunta de la UE y Rusia. Merkel reaccionó positivamente, pero puso una condición: que la Unión aduanera de Rusia con Kazajstán y Bielorrusia, sería un obstáculo para formar tal zona comercial. Así que la diferencia consiste en que por un lado la principal fuerza de la UE solo está de acuerdo en tal proyecto si se realiza a nivel de relaciones bilaterales entre la UE y Rusia, y algunos países postsoviéticos, y por el otro no se quiere reconocer a Moscú el derecho a fortalecer su posición, bloqueando su integración económica con Astaná, Minsk, etc. Algo parecido se practica a nivel de la integración político-militar. Los expertos ucranianos se han dado cuenta de que todos los miembros de la Organización del Acuerdo de Seguridad Colectiva (ODKB, en sus siglas rusas) cooperan a nivel bilateral con la OTAN, pero la OTAN no mantiene relaciones con la ODKB como tal organización…
En estas condiciones, Ucrania ha sido víctima de la fuerte competencia entre dos proyectos de organizar el espacio postsoviético en sus relaciones con la Unión Europea. En ello, tanto la UE como Rusia le exigían que se decidiera o por uno o por otro. Exigiéndole a Ucrania la firma de su “Asociación Oriental”, Bruselas al mismo tiempo se opuso a cualquier acercamiento de Ucrania con la Unión Aduanera (con Rusia). Moscú intentaba atraer a Ucrania a la Unión Aduanera y luego a la Unión Euroasiática, subrayando que Kíev no podría hacerlo si firmaba el acuerdo de asociación con la UE…       En la posición de Alemania (pleno apoyo a Estados Unidos en la cuestión de Crimea), parece haber jugado un papel importante el miedo de Merkel a que la anexión de Crimea por Rusia pueda desestabilizar todo el proyecto europeo por mucho tiempo, contrariando los esfuerzos de Alemania por afirmarse como centro en los próximos años.

P-¿Entre el centenar de muertos del Maidán, cuantos fueron policías? Yo tengo once nombres. Los medios de comunicación de Kíev hace semanas que no mencionan ese dato. ¿Fueron más de once?
Ya el 21 de febrero el Ministerio del Interior ucraniano reconoció la muerte de 16 agentes. Luego se informó de que algunas personas habían muerto en los hospitales a consecuencia de las heridas recibidas. La cifra exacta se desconoce y no se habla de ello porque para el nuevo gobierno estos muertos no encajan con la mitología de los héroes de la nueva Ucrania. Hay que decir que entre los muertos que se añaden a los manifestantes caídos, hay, por ejemplo, un informático del Partido de las Regiones (próximo al huido presidente Yanukovich) llamado Vladimir Zajarov, asfixiado en un edificio incendiado por la protesta y que según muchos testimonios fue golpeado por los asaltantes.

P-¿Cómo valora el asunto de los francotiradores?
No soy investigador ni experto judicial, pero para responder a esta cuestión hay que responder en primer lugar a la pregunta de a quién favoreció aquello. Es evidente que la maximización  de las víctimas le vino bien al Maidán para incrementar la presión de Occidente sobre el gobierno ucraniano, lograr concesiones del presidente y reconfigurar la composición del parlamento. Inmediatamente después de los primeros muertos en la calle Grushevski, Occidente acusó de la violencia exclusivamente al gobierno e incrementó su presión. Ya entonces se expresaron fundadas sospechas de que aquellos tres muertos habían sido víctimas de provocadores y no de la policía. Los francotiradores son un medio de maximizar las víctimas. El 19 de febrero hubo muchas menos que el día 18, y los francotiradores aparecen el día 20, precisamente cuando llega la troika de ministros europeos. Por cierto, nadie niega que dispararon contra ambos bandos. Esta historia debe ser cuidadosamente investigada, pero parece que ni el nuevo gobierno ni Europa lo desean.

P-Es exagerado hablar de una caza de brujas y una ola de represión contra los “separatistas” o “antimaidan” en ciudades como Kíev, Donetsk, Lugansk, Jarkov…? ¿Cómo caracteriza la situación en Ucrania?

En buena medida lo que ocurre ahora en la Ucrania del Sur y del Este es un espejo del Maidán. En Kíev se vio que  si el gobierno no gustaba, se podía tomar por asalto las sedes gubernamentales. Así que como no les gusta el nuevo gobierno han decidido hacer lo mismo, con más razón cuando ese gobierno ignora demostrativamente los intereses de la mitad de la población del país, como se ve en los nombramientos de nuevas autoridades. El nuevo gobierno ha empezado a utilizar todas las medidas contempladas por la ley y a diferencia de lo que le ocurrió al anterior gobierno, en Europa nadie lo critica…. Pero esto solo es una cara de la medalla. Una cosa es que se anuncie que en un par de semanas se empezará a castigar a la gente que toma por asalto las sedes gubernamentales (ha ocurrido en ciudades del sur y del Este como Odesa, Lugansk, Donetsk y Járkov, entre otras), y otra que se enjuicie al ex gobernador de Járkov, Mijaíl Dobkin, solo por haberse manifestado en público a favor de la federalización de Ucrania, es decir el modelo vigente en naciones como Austria, Alemania, Bélgica y de hecho España. Si en los casos de Yulia Timoshenko (ex primera ministra encarcelada por Yanukovich) y Yuri Lutsenko (ministro del interior, igualmente represaliado) había una evidente motivación política en su acusación penal, aquí es patente que estamos ante un proceso político, pero Europa guarda silencio. Europa exigía descentralización en los Balcanes –con Bosnia, Kosovo y Macedonia- pero en Ucrania no dice que hay que dar más derechos a las regiones, incluido el derecho a elegir a sus gobernadores. Considero que el motivo es que eso fortalecería institucionalmente a la Ucrania rusoparlante. Cuando se abre un proceso penal contra alguien por defender una opinión así, se trata de un claro indicio de caza de brujas. No sé cómo evolucionará el caso ni si lo que ha ocurrido es resultado de un error. Y lo mismo puede decirse de la anulación de la ley de lengua (que daba al ruso y a otras lenguas minoritarias una cooficialidad regional) el primer día de trabajo del parlamento que se recompuso bajo la sombra de las armas: ha sido un error del nuevo gobierno. Pero más allá del “error”, esa anulación ha sido uno de los principales postulados ideológicos de las fuerzas a las que el Maidán ha llevado al poder.

P-¿Qué significa que la Fiscalía General esté en manos de gente del partido “Svoboda”, o que el jefe del Consejo de Seguridad Nacional sea un personaje como Andri Parubi? ¿Qué se puede esperar de ellos?

La oposición ha llegado al poder como consecuencia de un golpe de estado, al que también puede llamarse “revuelta popular”, en cualquier caso:  no mediante elecciones. Por eso inevitablemente se han encontrado con el problema de tener que controlar todo el sistema de poder del Estado y neutralizar los restos de influencia de sus adversarios. El control de los recursos de fuerza y financieros permite resolver ese problema y por eso al frente de esos cometidos se ha colocado a personas seguras en su lealtad a los nuevos dirigentes y que por su ideología no pueden entrar en componendas con las anteriores autoridades. En segundo lugar, la política de cuadros de las nuevas autoridades ha quedado bastante limitada a las exigencias de la gente que participa en el Maidán de Kíev. Seguramente en el futuro este factor perderá importancia, pero en el momento actual las nuevas autoridades se orientan a las exigencias del Maidán y usan su “cantera de cuadros”. Los nuevos nombramientos  deben demostrar la intención de acometer una limpieza del antiguo gobierno y de exigir responsabilidades. Precisamente por eso se ha puesto al frente de la Fiscalía General a un representante de las fuerzas radicales. Respecto al antiguo comandante del Maidán y nuevo secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Andri Parubi, su nombramiento, entre otras cosas otorga al gobierno cierto control sobre los grupos de “autodefensa”, muchos de cuyos miembros están armados. No creo que el jefe de la Fiscalía y Parubi lleven a cabo alguna política separada del gobierno, pero la presencia de esas personas en esos puestos indica que las nuevas autoridades tienen intención de llevar a cabo una política dura.

P-Putin ha arriesgado mucho con la operación en Crimea. Es evidente que esa operación no tiene marcha atrás. En cambio sí que tiene terreno por delante; ¿es imaginable que el ejército ruso entre en el Este y el Sur de Ucrania, como aventura el vicealmirante Igor Kabanenko?

Teóricamente no puede excluirse una intervención militar rusa en las regiones del Este y el Sur del país, pero eso solo podría ocurrir en determinadas circunstancias. En primer lugar si se intenta introducir tropas ucranianas en Crimea para recuperar el control allá. Creo que la posibilidad de algo así es mínima pero en ese caso Rusia podría optar por una intervención en las regiones orientales para apoyar a sus tropas…. En segundo lugar si en el Este se desencadena una amplia resistencia ciudadana a las nuevas autoridades de Kíev, y si éstas intentaran aplastar esa resistencia por la fuerza. En tal caso no puede descartarse que Rusia decidiera prestar ayuda a los que protestasen. Para que algo así ocurriera deberían darse unas condiciones que hicieran evidente para la mayoría de la comunidad internacional que la vida de las personas corre un grave peligro en esas regiones, lo que, de momento, me parece poco probable.

P-¿Cómo impedir el conflicto e incluso una guerra civil en Ucrania?

Por desgracia el conflicto ya lo tenemos, aunque de momento ocurra bajo el formato de “guerra fría”. De lo que se trata ahora es de impedir su escalada y conversión en una destructiva guerra civil. Todavía hay posibilidades para una solución pacífica de la crisis, pero el actual gobierno está encogiendo dramáticamente el margen de maniobra. No ha propuesto ningún plan  para solucionar los problemas pacíficamente, limitándose a vanas promesas de ampliar la autonomía de Crimea. Al mismo tiempo ha reconocido su ausencia de recursos para resolver la situación por medios de fuerza. Así que se ha optado por una tercera vía: apelar en su defensa a jugadores externos, trasladando a esos países la responsabilidad o por lo menos compartiéndola con ellos… Así que el destino de Crimea y la estabilidad de Ucrania dependen ahora de si Estados Unidos y Rusia se ponen de acuerdo sobre la cuestión ucraniana. Ese acuerdo es, sin duda, muy importante.

P-¿En qué debería consistir?

Primero en establecer garantías para un estatuto de neutralidad de Ucrania y su mantenimiento como socio amistoso económico-comercial de Rusia. Además tendría que brindarse una garantía internacional para la federalización de Ucrania que incluyera el derecho de las regiones a elegir a sus gobernadores. Por su parte, Rusia y la UE deberían comprometerse a renunciar al regreso a tratar a Ucrania bajo el principio de “o tu o yo”. Merece especial atención el hecho de que hasta expertos americanos tan principales como Henry Kissinger o Zbigniew Brzezinsky, que tradicionalmente defendían posiciones diferentes sobre las relaciones de Estados Unidos con Rusia, han llegado a la misma conclusión en cuanto a la solución de la crisis ucraniana y proponen la “finlandización” de Ucrania. En este caso eso significa, perseverar en la orientación europea del país sin  convertirse por ello en un país hostil a Rusia. Las garantías de un estatuto neutral para Ucrania con mantenimiento de su integridad territorial sería un paso hacia la solución pacífica de de crisis internacional relacionada con los acontecimientos de Crimea.

El problema es que en el orden del día ya emerge una crisis interna ucraniana. El primer paso para resolverla sería hacer regresar el proceso político de Ucrania a su marco legal. No creo que haya posibilidades de volver  al acuerdo firmado entre Yanukovich y la oposición con participación europea el 21 de febrero, tal como propone Rusia, sin embargo ahí dentro está el algoritmo general de salida de la crisis interna al que sería razonable acogerse. Supone el desarme de los grupos que la oposición creó a lo largo del enfrentamiento con las autoridades, la preparación para adoptar una nueva constitución (estoy convencido de que debería contemplar amplios derechos de las regiones para reforzar los derechos culturales, religiosos y lingüísticos de los ciudadanos así como el estatuto de neutralidad del país), elecciones presidenciales y creación de un nuevo gobierno. A continuación estaría bien realizar elecciones parlamentarias. Estoy convencido de que esta línea es la única para evitar una confrontación que amenaza con sumir a Ucrania en un cisma. Por desgracia las partes no están demostrando predisposición a emprender la senda de la solución pacífica. Unos quieren una revancha, otros no quieren perder la cara ante tal revancha y algunos simplemente quieren castigar al adversario. Por todo eso la situación suscita la mayor de las preocupaciones.