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Venezuela: Nuevo orden económico es el punto de partida para consolidación del socialismo

ANDRES RODRIGUEZ el diciembre 23, 2013
Blogueros de la Revolución

Caracas, 22 Dic. AVN.- El nuevo orden económico interno es el punto de partida para la consolidación del socialismo en Venezuela, así lo expresó el presidente de la República, Nicolás Maduro, en una entrevista concedida al periodista Roberto Malaver, publicada este domingo por el diario Últimas Noticias.Maduro precisó que en este nuevo modelo convergen varias propuestas. Una de ellas es el desarrollo de una economía productiva, por lo que —indicó— es importante precisar los sectores que trabajan en el área.El presidente mencionó también el fortalecimiento de los servicios públicos, el despliegue de nuevos sectores en el proceso de reindustrialización del país y el establecimiento de nuevas reglas de la economía.

A continuación la entrevista realizada por Malaver al presidente Maduro:

Maduro: "La guerra económica se decidió en EEUU"

Como diría el poeta Andrés Eloy Blanco. Ha asumido un gran compromiso: llevar adelante el proyecto del presidente Hugo Chávez. Y se le nota dispuesto.Viene de dialogar con los alcaldes y gobernadores de la oposición y la gran mayoría del pueblo venezolano ha apoyado ese palabreo, como diría el poeta Andrés Eloy Blanco. Ha asumido un gran compromiso: llevar adelante el proyecto del presidente Hugo Chávez. Y se le nota dispuesto.El presidente Chávez dijo un día que los chavistas formaban parte del ejército de la alegría. 

¿El presidente Nicolás Maduro está dispuesto a seguir comandando ese ejército?

La alegría es el motor de todo revolucionario que cree en el futuro y que lucha con sinceridad; además, es la característica del pueblo venezolano, que, a pesar de las circunstancias más adversas, siempre tiene una sonrisa, un chiste, una ocurrencia, y le da la vuelta a lo negativo y lo pone de cara a lo positivo, a la luz, al sol. Así que somos el ejército de la alegría, el ejército de Chávez.

¿La oposición también forma parte del ejército de la alegría?

Yo creo que los dirigentes de la oposición las han pasado muy amargas, porque han apostado con mucho odio al cortoplacismo. Han cometido graves errores de desesperación, de subestimación de las fuerzas que tiene la revolución, y eso los lleva de frustración en frustración. Los dirigentes han puesto a sus seguidores en un túnel sin salida. Se dejaron llevar respectivamente por la vía del golpe de Estado, por la vía del grito de fraude, y creo que ese es el camino de la amargura eterna.

¿Ese llamado al diálogo a los gobernadores y alcaldes de la oposición es una posición personal del presidente Nicolás Maduro o fue el comando político quien tomó esa decisión?

Es la posición de la revolución. Chávez fue el gran dialogador de su tiempo, incorporó a la política, a través de la palabra y la acción, a millones de venezolanos que estaban excluidos en una especie de apartheid social. Por su pobreza estaban en la orfandad absoluta; Chávez incorporó a millones de hombres y mujeres a la vida social, a la vida económica del país. Incorporó a la política a los olvidados de siempre. El primero que respetó al pueblo humilde fue el comandante Chávez. También incorporó, por vía indirecta, a miles y millones de venezolanos, incluso para que ejercieran su posición contra la revolución en cualquier circunstancia, pero están incorporados a la política, y eso convirtió a Venezuela en una democracia muy fuerte; en una democracia dialogante, movilizada y con pueblo, que son características vitales. Así que esto que hemos hecho, lo hemos hecho, y lo he hecho yo en particular, como una línea estratégica de la revolución. Para que haya paz tiene que haber diálogo, y nosotros queremos la paz y el diálogo para hacer más revolución.

La gran mayoría del pueblo venezolano ha visto muy positiva esta conversación con la oposición, ¿qué va a venir después?

Ahora vienen acciones de trabajo, y hay puntos que no vamos a poder conciliar. Los que creen en el capitalismo seguirán creyendo en él. Nosotros, que creemos en el socialismo, seguiremos creyendo en el socialismo como expresión humana y liberadora; seguiremos haciendo todo por construirlo, y como expresión de un nuevo modelo económico, que crea riqueza y la distribuye para el desarrollo de la sociedad. Hay puntos imposibles de ceder en los dos polos que existen: el polo de la patria, el polo del socialismo, y el polo de la oposición que cree en las ideas capitalistas y del imperialismo. Eso está claro. Ahora, yo esperaría que este primer paso que hemos dado se profundice en las regiones, y los alcaldes se incorporen al trabajo para resolver los problemas vitales de la gente. Yo pondría un ejemplo: si resolvemos el problema de la basura, ¿quién se perjudica?, las moscas; ¿quién se beneficia?, el país. Eso es a lo que yo aspiro, a que pasemos a la acción, sin perder de vista que hay sectores en la derecha que han ratificado su agenda de guerra económica para el próximo ano.

Hay dos puntos, de los tres que usted habló para recibir a los alcaldes y gobernadores, que han sido aprobados; es decir, su reconocimiento y el reconocimiento a la Constitución, pero, ¿van a aplicar el Plan de la Patria?

Yo te puedo decir que 75% de los alcaldes que asistieron a esa reunión de trabajo en Miraflores están con el Plan de la Patria. Yo creo que es cuestión de tiempo. A mí verdaderamente me sorprendió la explicación de Gerardo Blyde sobre cuando la derecha aceptó la Constitución. Yo nunca lo había pensado, de verdad. Es una explicación inteligente. Llegó un momento del año 2007; es decir, ocho años después de aprobada la Constitución, cuando ellos aceptaron que la Constitución es la carta que verdaderamente representa el país. Yo aspiro a que acepten más rápido ahora el Plan de la Patria como el instrumento de la construcción de la felicidad del pueblo venezolano.

Usted ha dicho que en 2014 se va a desarrollar un nuevo modelo económico para ir rumbo al socialismo. ¿Cuáles son las características de ese nuevo modelo económico?

El nuevo orden económico interno es el punto de partida para la construcción del socialismo. ¿Qué características tiene este nuevo orden económico? En primer lugar el desarrollo de la economía, uno de esos motores fundamentales es el que nos permita producir y garantizar la alimentación del país. Tener alineados claramente cuáles son los sectores que garantizan que la familia venezolana tenga su alimento. Otro elemento clave son los servicios públicos, para que podamos tener un nivel de desarrollo más avanzado. Otro es el despliegue de nuevos sectores en el proceso de reindustrialización del país, y al lado de todo esto, el funcionamiento de nuevas reglas de la economía. Nosotros tenemos una economía rentista, especulativa, que vive de la especulación de la moneda para la generación de riquezas. En Venezuela es más atractivo, para hacer riquezas -es el caso de la burguesía-, especular con la moneda que producir cualquier cosa, inclusive que traficar con drogas. Es más negocio. Entonces tenemos que romper el carácter rentista y el funcionamiento del ciclo de las divisas dentro de la economía. Eso nos permitirá tener unas instituciones claras, transparentes, controladas.

¿Va a seguir la lucha contra la corrupción?

Nosotros nos concentramos en la guerra económica, verdaderamente, porque esta guerra económica se decidió en la Casa Blanca. Eso formó parte de los factores de poder en Estados Unidos creyendo que había llegado el momento de destruir a la revolución bolivariana. ¿Hasta dónde lo sabía Obama? No sé; si lo sabía, muy mal; si no lo sabía, también mal, porque todo lo hicieron en la Casa Blanca, yo lo denuncié en junio y tengo los nombres. Fue gente del Departamento del Tesoro y el Departamento de Estado, y hubo una persona que estuvo en la reunión que alertó a Venezuela, con tiempo.

Sin embargo, cuando usted comenzó a atacar esa guerra económica, usted mismo reconoció que lo estaba haciendo tarde.

Claro, porque nosotros fuimos haciéndole seguimiento al proceso, y creímos que en julio y agosto podíamos neutralizar algunos de los elementos de la guerra económica por la vía del diálogo con los sectores económicos. Nosotros nos reunimos con más de 7 mil empresarios de todo signo y de todos los tamaños, hasta que, a finales de agosto y principios de septiembre, me convencí de que teníamos que pasar a una nueva etapa, bien planificada y que incluyera medidas de carácter estructural y que toca hasta el año 2014, y fue entonces cuando empezamos a planificar; y, aún con la esperanza de que con alertas públicas, se les dijo a muchos de los actores económicos: están haciendo esto y esto, y ellos pusieron octubre como el mes del colapso total, y en ese mes nosotros pudimos neutralizar algunos elementos del colapso. Lo que tenían planificado para noviembre y diciembre, la escalada absoluta de precios y el acaparamiento y la escasez de productos, nos podía llevar a una situación delicada en el campo social. Por eso es que el 6 de noviembre yo lanzo la ofensiva económica, todo bien concentrado. Luego, a principios de diciembre, nos concentramos en ganar las elecciones. Ahora estamos preparando, para el primer semestre del año 2014, relanzar la ofensiva económica para el establecimiento de las reglas de juego a través de la Ley Habilitante, y la vamos a establecer por la vía de los sectores populares, de los sectores económicos, y por la vía de la ley, y acompañando esto con una nueva ofensiva, yo diría de las mismas características demoledoras, contra la corrupción, muy dura. Hay que golpear a sectores que se han vinculado dentro del Estado en pleno proceso de la revolución, y es dura también porque hay mucha corrupción en sectores de la derecha. Siempre que en un sector de la derecha se denuncia corrupción, salen ellos con la solidaridad automática a declararse perseguidos políticos. Hay sectores de la oposición que están reflexionando, por la debacle electoral que tuvieron el 8 de diciembre, y están criticando la solidaridad automática que hubo con los estafadores y especuladores. Ojalá la oposición haga una reflexión y me acompañe en la lucha contra la corrupción a fondo, sean de la derecha o sean lo que sean.

¿Esa ofensiva económica del Gobierno contribuyó a que el chavismo tuviera esa victoria el 8 de diciembre?

Sin lugar a dudas la ofensiva económica levantó la fuerza de lucha de los chavistas. Si uno se pone a revisar, por lo menos, los últimos 14 años, Venezuela tiene una corriente mayoritaria de fuerzas revolucionarias que están cerca de 60% y las fuerzas que se le oponen desde el punto de vista electoral están aproximadamente en 40%; un poco más arriba, un poco más abajo. Han tocado algún pico, quizás el 14 de abril pasado, por las razones que sabemos. Es el momento con la diferencia más corta en una elección que hayamos ganado nosotros. Una de las características que tiene el chavismo es que le gusta combatir por causas justas, y cuando el chavismo combate por causas justas, Chávez lo acompaña.
AVN 22/12/2013 15:02



“No podemos llegar al socialismo por la acumulación gradual de reformas”

Entrevista con Michael Löwy

22.Ene.13 :: Abriéndonos la cabeza, Dario Vivo 

Walter Benjamin insistía, con razón, en que el marxismo necesitaba librarse de la ideología burguesa del progreso, que contaminó la cultura de amplios sectores de la izquierda. Se trata de una visión de la historia como proceso lineal, de avance, llevando, necesariamente, a la democracia, al socialismo.

Michael Löwy estuvo en Brasil a finales de 2012 para promocionar el libro “La teoría de la revolución en el joven Marx”, que fue publicado en Francia en 1970 y hasta ahora no se había editado en portugués. Durante su estancia en Brasil participó en muchos eventos y trató temas diversos, como literatura y la cuestión ecológica. Nada que pueda sorprender en el perfil de un investigador que se mueve con desenvoltura entre el estudio de los clásicos y el análisis de la coyuntura actual, además de su militancia política de izquierda. En esta entrevista, echa mano de los conceptos que aprendió de los clásicos (principalmente Marx y Walter Benjamin) para discutir sobre la crisis que atraviesa el capitalismo y los movimientos reivindicativos que han surgido en las diferentes partes del mundo. Además, explica los principios y limitaciones del “ecosocialismo”, con la legitimidad que le otorga haber sido uno de los autores del Manifiesto que lo defiende.

Brasileño residente en Francia desde 1969, Löwy es director de investigaciones en el CNRS, profesor en la Écoles de Hautes en Sciences Sociales. Sólo en portugués es autor de más de 20 libros.

¿Cómo la teoría de la revolución del joven Marx, de la que trata en su libro, nos ayuda a entender el momento actual, con movilizaciones de indignados en el Estado español, Grecia y otros países de Europa, además de los movimientos de “ocupación” en varios lugares del mundo? ¿Son movimientos anticapitalistas?

Los movimientos de los “Indignados” se oponen a las políticas dictadas por el capital financiero, por la oligarquía de los bancos y aplicadas por los gobiernos de corte neoliberal, cuyo principal objetivo era hacer que los trabajadores, los pobres, la juventud, las mujeres, los pensionistas y jubilados (esto es, el 99% de la población) paguen la cuenta de la crisis del capitalismo. Esta indignación es fundamental. Sin indignación, nada grande y significativo ocurre en la historia de la humanidad. La dinámica de estos movimientos es de una creciente radicalización anticapitalista, aunque no siempre de forma consciente. Es en el curso de su acción colectiva, de su práctica subversiva, que estos movimientos pueden tomar un carácter radical y emancipador. Es lo que explicaba en su teoría de la revolución, inspirada por la filosofía de la praxis.

Marx escribió en el siglo XIX. Las revoluciones socialistas a las que asistimos sucedieron en el siglo XX. La diferente forma en que se materializaron las revoluciones, ¿en qué influye a la hora de entenderlas en los siglos XIX, XX y XXI?

Las revoluciones siempre toman formas imprevistas, innovadoras, originales. Ninguna se parece a la anterior. La Comuna de París (1871) fue un formidable levantamiento de la población trabajadora de la gran ciudad y la Revolución rusa fue una convergencia explosiva entre el proletariado urbano y las masas campesinas. En las demás revoluciones del siglo XX, desde la mexicana de 1911 hasta la cubana de 1959, o en las revoluciones asiáticas (China, Vietnam), fueron los campesinos el principal sujeto en el proceso revolucionario. No podemos prever como serán las revoluciones del siglo XXI; sin duda, no se repetirán las experiencias del pasado. Por otro lado, existe lo que Walter Benjamin llamaba la “tradición de los oprimidos”: la experiencia de la Comuna de París inspiró a la Revolución Rusa y aun hoy en día es un ejemplo de autoemancipación revolucionaria de las clases subalternas.

Con la crisis capitalista de 2008 y la intervención de los estados para salvar la economía de los países, se acreditó que la era neoliberal había llegado a su fin. Entretanto, se ha intensificado cada vez más la destrucción de los derechos conquistados como el estado del bienestar social, como hemos visto suceder en Europa (Francia, ahora España). ¿Qué significa esto?

La intervención de los estados no significó de forma alguna el fin del neoliberalismo. El único objetivo de la intervención era salvar a los bancos, salvar la deuda y asegurar los intereses de los mercados financieros. Para este objetivo, fueron sacrificadas las conquistas de decenas de años de lucha de los trabajadores: derechos sociales, servicios públicos, pensiones y jubilaciones, etc. Para la lógica de plomo del capitalismo neoliberal, todo esto son “gastos inútiles”.

Un antiguo debate en la izquierda versa sobre la relación entre revolución y reforma. En el contexto de finales del siglo XX y principios del XXI, con situaciones como, por ejemplo, la victoria electoral de partidos de izquierda en América Latina e incluso en algunos países de Europa retornan la cuestión. ¿Cómo analiza esa relación hoy en día?

Rosa Luxemburgo ya había explicado, en su hermoso libro “¿Reforma o revolución?” (1899), que los marxistas no están en contra de las reformas; al contrario, apoyan cualquier reforma que sea favorable a los intereses de los trabajadores: salario mínimo, seguro médico, seguro de desempleo, por ejemplo. Simplemente, recordaba ella, no podemos llegar al socialismo por la acumulación gradual de reformas; sólo una acción revolucionaria, que derribara el muro de piedra del poder político de la burguesía, podría iniciar una transición al socialismo. El problema de la mayoría de los gobiernos de centro-izquierda, tanto en Europa como en América Latina, es que las “reformas” que aplican son muchas veces de corte neoliberal: privatizaciones, degradación de la situación de los pensionistas, etc. Se tratan de variantes del social-liberalismo, que aceptan el cuadro económico capitalista, pero al contrario que el neoliberalismo reaccionario, tiene algunas preocupaciones sociales. Es el caso de los gobiernos de Lula-Dilma en Brasil. Me temo que en el caso de Francia (François Hollande, recientemente elegido), ni siquiera llegue hasta ahí.

Un desafío para la izquierda que llegó al poder en América Latina ha sido equilibrar la dependencia económica de la explotación de los recursos naturales (como el petróleo en Venezuela o el gas natural en Bolivia) con la tentativa de superación de la lógica capitalista de destrucción del medio ambiente. En su opinión, ¿es posible ese equilibrio?

Contrariamente a los gobiernos social-liberales, los de Venezuela, Bolivia y Ecuador han estado llevando adelante una verdadera ruptura con el neoliberalismo, enfrentando a las oligarquías locales y al imperialismo. Pero para su propia supervivencia económica y para financiar sus programas sociales, dependen de la explotación de energías fósiles (petróleo, gas), que son los principales responsables del desastre ecológico que amenaza el futuro de la humanidad. Es difícil exigir a estos gobiernos que dejen de explotar estos recursos naturales, pero podrían utilizar una parte del rendimiento del petróleo para desarrollar energías sostenibles (lo que hacen muy poco). Una iniciativa interesante es el proyecto “Parque Yasuní”, en Ecuador, una propuesta de los movimientos indígenas y de los ecologistas asumida, después de algunas dudas, por el gobierno de Rafael Correa. Se trata de preservar una vasta región de bosques tropicales, dejando el petróleo bajo tierra, pero exigiendo, al mismo tiempo, que los países ricos paguen la mitad del valor (9 millones de dólares) de ese petróleo. Hasta ahora, no hubo iniciativas comparables en Venezuela o Bolivia.

¿La crítica de destrucción del medio ambiente como intrínseca del capitalismo ya estaba presente en Marx?

Muchos ecologistas critican a Marx por considerarlo un productivista, tanto como los capitalistas. Tal crítica me parece completamente equivocada: al hacer una crítica al fetichismo de la mercancía, es justamente Marx quien hace la crítica más radical a la lógica productivista del capitalismo, la idea de que la producción de más mercancías es el objetivo fundamental de la economía y la sociedad. El objetivo del socialismo, explica Marx, no es producir una cantidad infinita de bienes, sino reducir la jornada de trabajo, dar al trabajador tiempo libre para participar en la vida política, estudiar, jugar, amar… Por lo tanto, Marx nos dota de las armas para una crítica radical del productivismo y, en concreto, del productivismo capitalista. En el primer volumen de El Capital, Marx explica como el capitalismo agota no sólo las energías del trabajador, sino también las propias fuerzas de la Tierra, esquilmando las riquezas naturales, destruyendo al propio planeta. Por lo tanto, esa perspectiva, esa sensibilidad está presente en los escritos de Marx, aunque no haya sido suficientemente estudiada.

El ‘Manifiesto Ecosocialista’, que usted ayudó a escribir en 2001, dice que el capitalismo no es capaz de resolver la crisis ecológica que produce. ¿Cómo analiza usted las soluciones a ese problema que presenta el propio capitalismo, como es el caso de la economía verde?

La así llamada “economía verde”, propagada por los gobiernos e instituciones internacionales (Banco Mundial, etc), no es otra cosa que una economía capitalista de mercado que busca traducir en términos de lucro y rentabilidad algunas propuestas técnicas “verdes” bastante limitadas. Claro, tanto mejor si alguna empresa trata de desarrollar la energía eólica o fotovoltaica, pero esto no traerá modificaciones sustanciales si no viene acompañado de drásticas reducciones en el consumo mercantil y rentabilidad del capital. Otras propuestas “técnicas” son aun peores. Por ejemplo, los famosos “biocombustibles” que, como dice Frei Betto, deberían ser llamados “necrocombustibles”, porque tratan de utilizar suelos fértiles para producir pseudogasolina “verde”, para llenar los depósitos de los coches, en vez de llenar los estómagos de los hambrientos de la tierra.

¿Es posible implementar una perspectiva como la del ecosocialismo en el capitalismo?

El ecosocialismo es anticapitalista por excelencia. Como perspectiva, implica la superación del capitalismo, ya que se propone como una alternativa radical a la civilización capitalista/industrial occidental moderna. Por otro lado, la lucha por el ecosocialismo comienza aquí y ahora, en la convergencia entre las luchas sociales y ecológicas, en el desarrollo de acciones colectivas en defensa del medio ambiente y los bienes comunes. Es a través de estas experiencias de lucha, de autoorganización, como se desarrollará la conciencia socialista y ecológica.

La perspectiva ecosocialista presupone una crítica a la noción de progreso. ¿En qué consiste esta crítica?

Walter Benjamin insistía, con razón, en que el marxismo necesitaba librarse de la ideología burguesa del progreso, que contaminó la cultura de amplios sectores de la izquierda. Se trata de una visión de la historia como proceso lineal, de avance, llevando, necesariamente, a la democracia, al socialismo. Estos avances tendrían su base material en el desarrollo de las fuerzas productivas, en las conquistas de la ciencia y la técnica. En ruptura con esta visión (poco compatible con la historia del siglo XX, de guerras imperialistas, fascismo, masacres, bombas atómicas), necesitamos una visión radicalmente distinta del progreso humano, que no se mide por el PIB, por la productividad o por la cantidad de mercancías vendidas y compradas, sino por la libertad humana, por la posibilidad, para los individuos, de realizar sus potencialidades; una visión para la cual el progreso no es cuantificable en bienes de consumo, sino en calidad de vida, en tiempo libre (para la cultura, el ocio, el deporte, el amor, la democracia) y una nueva relación con la naturaleza. Para el ecosocialismo, la emancipación humana no es una “ley de la historia”, sino una posibilidad objetiva.

¿Cuáles son las principales diferencias entre el ecosocialismo y la forma como el socialismo real lidió con los problemas ambientales? Y la socialdemocracia, ¿consiguió construir alternativas a esa lógica destructiva del capital?

El así llamado “socialismo real” (muy real, pero poco socialista) que se instaló en la URSS sobre la dictadura burocrática de Stalin y sus sucesores trató de imitar el productivismo capitalista, con resultados ambientales desastrosos, tan negativos como su equivalente en Occidente. Lo mismo vale para los otros países de la Europa Oriental y para China. Las intuiciones ecológicas de Marx fueron ignoradas y se llevó a cabo una forma de industrialización forzosa, copiando los métodos del capitalismo. La socialdemocracia es otro ejemplo negativo: no intentó cuestionar el sistema capitalista, limitándose a una gestión más “social” de su funcionamiento. Incluso en los países en los que gobernó en alianza con los partidos verdes, la socialdemocracia no fue capaz de asumir ninguna medida ecológica radical. El ecosocialismo corresponde al proyecto de un socialismo del siglo XXI, que se distingue de los modelos que fracasaron en el transcurso del siglo XX. Esto implica una ruptura con el modelo de civilización capitalista y propone una visión radicalmente democrática de la planificación socialista y ecologista.