Palabras de Nelson Mandela:

No hay camino fácil para la libertad en ningún lugar y muchos de nosotros tendremos que pasar por el valle de las sombras una y otra vez antes de llegar a la cima de la montaña de nuestros sueños.

Fragmentos del discurso de Nelson Mandela en el juicio de Pretoria en 1962, con este discurso explica como y porque se había convertido en un luchador por la libertad:




Hace muchos años, cuando era un niño que crecía en mi aldea natal del Transkei, escuchaba a los ancianos de la tribu contar historias acerca de los viejos tiempos, antes de la llegada del hombre blanco. Por aquel entonces nuestro pueblo vivía pacíficamente bajo el gobierno democrático de reyes y amapakati [literalmente, "gente de dentro", aunque también define a aquellos más próximos en rango al rey]. Circulaban libremente y con confianza por todo el país sin limitaciones ni obstáculos. El país era nuestro, en nombre y por derecho. Ocupábamos los campos, los bosques, los ríos; extraíamos los minerales que hay bajo el suelo y explotábamos todas las riquezas de éste hermoso país. Establecimos y gestionamos nuestro propio gobierno, controlábamos nuestras propias armas y organizábamos nuestro comercio e intercambios. Los ancianos contaban historias sobre las guerras libradas por nuestros antecesores en defensa de su tierra natal, así como los actos valerosos de generales y soldados durante aquellos días épicos... 

La estructura y organización de las primitivas sociedades africanas de este país me fascinaron, e influyeron enormemente en la evolución de mi visión política. La tierra, que por aquel entonces era el principal medio de producción, pertenecía a toda la tribu y no existía propiedad privada alguna. No había clases, no había ni ricos ni pobres, ni explotación del hombre por el hombre. Todos eran libres e iguales, y aquella era la base del gobierno. El reconocimiento de este principio general hallaba expresión en la constitución del consejo, llamado indistintamente imbizo o pitso o kgotla, que gobierna todos los asuntos concernientes a la tribu. El consejo era tan profundamente democrático que todos los miembros de la tribu podían participar en sus deliberaciones. Jefes, súbditos, guerreros y hechiceros, todos participaban e intentaban influir en sus decisiones. Era un organismo tan poderoso e influyente que la tribu no podía dar ni un solo paso de importancia sin recurrir a él. 

En una sociedad así había mucho de primitivo e inseguro y, desde luego, tal sociedad no podría ponerse a la altura de las exigencias de los tiempos presentes. No obstante, en ella se encuentra el germen de una democracia revolucionaria en la que nadie se verá sometido a la esclavitud o al vasallaje, en la que la pobreza, la necesidad y la inseguridad dejarán de existir. Ésta es la historia que incluso hoy en día me inspira a mí, al igual que a mis colegas en la lucha política. 
... 
Diría que la vida de cualquier africano pensante en este país le lleva a un conflicto continuo entre su conciencia por una parte y la ley por la otra. No es un conflicto exclusivo de este país. también se le planta a los hombres de bien, a los que piensan y sienten profundamente, de todas las naciones. Hace poco, en Gran Bretaña, un noble del reino, sir Bertrand Rusell, probablemente el filósofo más respetado del mundo occidental, fue sentenciado y condenado por exactamente el mismo tipo de actividades por las que hoy comparezco ante este tribunal. Fue condenado por obedecer los dictados de su conciencia, por desafiar la ley en protesta contra la política en favor del armamento nuclear de su propio gobierno. No tenía más alternativa que oponerse a la ley y sufrir las consecuencias. Tampoco yo la tengo. Tampoco la tienen muchos africanos de este país. La ley, tal y como se aplica, tal y como se ha desarrollado durante un largo periodo de nuestra historia, especialmente la ley tal y como ha sido escrita y diseñada por el gobierno del National Party, es una ley que, desde nuestra perspectiva, es inmoral, injusta e intolerable. Nuestra conciencia dicta que debemos protestar y oponernos a ella, que debemos intentar cambiarla... Los hombres, en mi opinión, no son capaces de no hacer nada, de no decir nada, de no reaccionar ante la injusticia, de no protestar contra la opresión, de no luchar por una sociedad y una vida justas, tal y como ellos las entienden. 
... 
Fui convertido por la ley en un criminal. No por lo que había hecho, sino por aquello que defendía, por lo que pensaba, por mi conciencia. ¿Puede sorprenderle a alguien que tales condiciones conviertan a una persona en un proscrito? ¿Puede sorprenderse alguien de que un hombre, tras haberse visto condenado a la clandestinidad por el gobierno, esté dispuesto a vivir como un fugitivo, como lo he hecho yo durante algunos meses, según demuestran las pruebas presentadas ante este tribunal? 

No ha sido fácil para mi permanecer alejado de mi mujer y mis hijos, despedirme de los viejos tiempos en los que, al acabar un día de trabajo en mi despacho, podía reunirme con mi familia para cenar. En vez de ello, me he convertido en un hombre permanentemente acosado por la policía, he tenido que vivir alejado de quienes me son más queridos en mí propio país, enfrentándome continuamente al riesgo de ser descubierto y detenido. Ha sido una opción infinitamente más difícil que cumplir una condena de cárcel. Ningún hombre en su sano juicio escogería una existencia semejante frente a una vida familiar y socialmente normal, como la que es posible llevar en cualquier sociedad civilizada. 

Pero llega un momento, como me ocurrió a mí, en el que al hombre se le niega el derecho a llevar una vida normal, en el que sólo puede vivir como un fugitivo porque el gobierno así lo ha decidido, amparándose en la ley para imponerle esa clase de existencia. Fui empujado a esta situación, y no me arrepiento de haber tomado las decisiones que he tomado. Como yo, otra gente de este país se verá obligada a seguir mi camino por culpa de la persecución policial y las medidas administrativas que el estado emplea como armas. Se eso estoy seguro. 
... 
No creo, señoría, que este tribunal, al castigarme por los crímenes de los que se me ha acusado deba dejarse llevar por la idea de que el castigo alejará a otros hombres del camino que creen justo. La historia muestra que el castigo no detiene a los hombres cuando su conciencia ha despertado. Tampoco detendrá a mi pueblo ni a los colegas con los que he venido trabajando. 

Estoy dispuesto a pagar el precio de mis convicciones, aunque sé lo desesperada y amarga que es la situación de un africano en las cárceles de este país. Ya conozco nuestras prisiones. Sé los escandalosa que es la discriminación, incluso tras los muros y las rejas, contra los africanos... No obstante, esas consideraciones no me apartarán del camino que he emprendido, ni alejarán de él a otros como yo, porque para los hombres la libertad en su propia tierra es la cima de sus ambiciones, de la que ningún poder puede apartarles. Por poderoso que sea el miedo que siento ante las aterradoras condiciones a las que puedo enfrentarme en la cárcel, mayor es mi odio por las aterradoras condiciones a las que está sometido mi pueblo fuera de ella en todo el país. 

Cualquiera que sea la pena que su señoría decida imponerme por el crimen por el que he sido obligado a comparecer ante este tribunal, puede estar seguro de que cuando haya cumplido mi sentencia seguirá siendo mi conciencia la que me mueva, como mueve a todos los hombres. Cuando cumpla mi pena me veré impelido por el odio a la discriminación racial contra mi pueblo a emprender de nuevo, en la medida de mis posibilidades, la lucha por la eliminación de estas injusticias hasta que, por fin, queden abolidas de una vez por todas... 

He cumplido mi deber para con mi pueblo y para con Sudáfrica. No tengo la menor duda de que la posteridad reivindicará mi inocencia y, del mismo modo, afirmo que los criminales que debían haber comparecido ante este tribunal son los miembros del gobierno. 

"He dedicado toda mi vida a la lucha del pueblo africano. He combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre, en la que todas las personas convivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que aspiro a alcanzar. Pero, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir" 


Fragmento del discurso de Nelson Mandela en el juicio de Pretoria en 1962:




¿Por qué comparezco en este tribunal ante un juez blanco y un fiscal blanco, escoltado por ujieres blancos? 
¿Puede alguien decir, honesta y sinceramente, que en semejante atmósfera la báscula de la ley está realmente equilibrada? 
¿Por qué ningún africano en la historia de este país ha tenido nunca el honor de ser juzgado por su propia gente? 

Se lo explicaré a su señoría: el verdadero propósito de esta rígida separación entre las razas es garantizar que la justicia aplicada por los tribunales se ajuste a la política del gobierno, por mucho que ésta pueda entrar en conflicto con las normas jurídicas aceptadas por los estamentos judiciales del mundo civilizado... Señoría, detesto intensamente la discriminación racial y todas sus manifestaciones. La he combatido durante toda mi vida. Ahora mismo la estoy combatiendo y continuaré haciéndolo hasta el fin de mis días. Aborrezco con especial fuerza el montaje que me rodea aquí. Me hace sentir que soy un hombre negro en un tribunal del hombre blanco. No debería ser así. 

Nelson Mandela

Nelson Mandela:Palabras de despedida: perdonar pero no olvidar



La experiencia ajena nos ha enseñado que las naciones que no se enfrentan al pasado se ven atormentadas por él durante generaciones. La búsqueda de la reconciliación ha sido el objetivo fundamental de nuestra lucha por instaurar un gobierno basado en la voluntad de las personas, y por construir una Suráfrica que nos pertenezca a todos. La búsqueda de la reconciliación fue el acicate que dio impulso a nuestras difíciles negociaciones para la transición desde el apartheid y los acuerdos de ellas surgidos. El deseo de conseguir una nación en paz consigo misma es la principal motivación de nuestro Programa de Reconstrucción y Desarrollo. La Comisión para la Verdad y la Reconciliación, que funcionó desde 1991 hasta 1998, también ha sido un componente importante de ese proceso. Dicha comisión reveló los delitos cometidos durante la era del apartheid y tenía la facultad de amnistiar a aquellos que confesaran su culpa. Su trabajo ha sido un hito clave en un viaje que no ha hecho más que empezar.
El camino hacia la reconciliación atañe a todas las facetas de nuestra vida. Para la reconciliación es necesario desmantelar el apartheid y las medidas que lo sustentaban. Es necesario superar las consecuencias de ese sitema inhumano que pervive en nuestras actitudes hacia los demás, así como en la pobreza y desigualdad que afecta a las vidas de millones de personas.
Del mismo modo que conseguimos acabar formalmente con unas divisiones seculares para establecer la democracia, los surafricanos tenemos ahora que trabajar juntos para superar las divisiones en sí mismas y para erradicar sus consecuencias.
La reconciliación es la clave de la idea que hizo que millones de hombres y mujeres lo arriesgaran todo, incluyendo sus vidas, en la lucha contra el apartheid y la dominación blanca. Es inseparable del logro de una nación no racial, democrática y unida que concede la misma ciudadanía, los mismos derechos y las mismas obligaciones a cada persona, respetando al mismo tiempo la rica diversidad de nuestro pueblo.
Pienso en aquellos a los que el apartheid intentó enclaustrar en las cárceles del odio y del miedo. Pienso también en aquellos en los que infundió un falso sentido de superioridad para justificar su falta de humanidad hacia los demás, así como en aquellos que alistó en las máquinas de destrucción, exigiéndoles un caro peaje de vidas y miembros, y proporcionándoles un retorcido desprecio por la vida. Pienso en los millones de surafricanos que siguen viviendo en la pobreza por culpa del apartheid, desfavorecidos y excluidos de la oportunidad de mejorar por la discriminación del pasado.
Los surafricanos debemos recordar nuestro terrible pasado para poder enfrentarnos a él, perdonando lo que haya que perdonar, pero sin olvidar. Al recordar podemos asegurarnos de que esa falta de humanidad nunca nos volverá a separar, y podremos erradicar un peligroso legado que aún nos acecha, amenazando a nuestra democracia.
Es inevitable que un cometido de tal magnitud, emprendido hace tan poco tiempo y que requiere un proceso que tardará muchos años en culminar, sufra diversas limitaciones. El éxito del mismo dependerá en última instancia de que todos los sectores de nuestra sociedad reconozcan con el resto del mundo que el apartheid fue un crimen contra la humanidad y que sus viles acciones transcendían nuestras fronteras y sembraban semillas de destrucción, produciendo una cosecha de odio que incluso hoy seguimos recogiendo. Sobre esto no hay equivocación posible: reconocer el mal del apartheid es la clave de la nueva constitución de nuestra democracia.
Nosotros los surafricanos estamos orgullosos de la nueva constitución, y de la apertura y responsabilidad que se han convertido en las señas de identidad de nuestra sociedad. Y deberemos comprometernos de nuevo tanto con estos valores como con la acción práctica que fomenta nuestra idea de que una cultura sólida de derechos humanos se basa en las condiciones materiales de nuestras vidas. Ninguno de nosotros podrá disfrutar de una paz y seguridad duraderas mientras una parte de nuestra nación viva en la pobreza. Nadie debería infravalorar las dificultades que entraña la integración en nuestra sociedad de aquellos que han cometido violaciones flagrantes de los derechos humanos y de los que están acusados de haber facilitado información y colaboración. Pero también existen alentadores ejemplos de gran generosidad y nobleza por parte de muchos miembros magnánimos de nuestra comunidad. Sus actos constituyen un reproche para los que pidieron amnistía sin arrepentimiento y una inspiración para los que trabajan en la difícil y delicada tarea de la reintegración.
La mejor compensación para el sufrimiento de las víctimas y de las comunidades -y el mayor reconocimiento a sus esfuerzos- es la transformación de nuestra sociedad en una sociedad que haga de los derechos humanos por los que ellos lucharon una realidad viva. Esto es, en concreto, lo que significa perdonar, pero no olvidar.

“¡Amandla!” “¡Awethu!” Por siempre Mandela, ¡Gracias Madiba!


MADIBA. GRACIAS POR TU ENORME LEGADO, SE FUE UN HOMBRE JUSTO QUE NOS ENSEÑO TANTO.




!QUE VIVA NELSON MANDELA¡

¿POR UN CONTINENTE AFRICANO SOCIALISTA, LIBRE Y UNIDO!

Nkosi, sikelel' iAfrika;
 Malupakam'upondo lwayo;
 Yiva imitandazo yetu
 Usisikelele.

Chorus:
 Yihla Moya, Yihla Moya,
 Yihla Moya Oyingcwele

 Sikelela iNkosi zetu;
 Zimkumbule umDali wazo;
 Zimoyike zezimhlonele,
 Azisikelele.

 Sikelel' amadod' esizwe,
 Sikelela kwa nomlisela
 Ulitwal'ilizwe ngomonde,
 Uwusikelele.

 Sikelel'amakosikazi;
 Nawo onk'amanenekazi;
 Pakamisa wonk'umtinjana
 Uwusikelele.

 Sikelela abafundisi
 Bemvaba zonke zelilizwe;
 Ubatwese ngoMoya Wako
 Ubasikelele.

 Sikelel'ulimo nemfuyo;
 Gxota zonk'indlala nezifo;
 Zalisa ilizwe ngempilo
 Ulisikelele

 Sikelel'amalinge etu
 Awomanyano nokuzaka,
 Awemfundo nemvisiswano
 Uwasikelele.

 Nkosi Sikelel' iAfrika;
 Cima bonk' ubugwenxa bayo
 Nezigqito, nezono zayo
 Uyisikelele.

Guatemala. Carta Abierta de Rubén Herrera

1 de diciembre 2013

A las y los compañeros de siempre, a las y los amigos de siempre, a las y los hermanos de hoy; a quienes no conozco pero se sumaron a la causa de mi liberación y acompañan las causas de la liberación de los pueblos; a la solidaridad nacional e internacional:

Mi captura y encarcelamiento, como también ha sucedido con los casos de los otros presos políticos, son una demostración del poderío de muerte que tienen las empresas transnacionales extractivas en este país. Hizo evidente que quienes defendemos nuestros territorios seremos perseguidos, acusados injustamente y cuando ya no puedan con nosotros, seremos asesinados, de ello sobran ejemplos de dolor en Santa Cruz Barillas, El Quiché, San Juan Sacatepéquez, Monte Olivo, Santa María Xalapán, Valle del Polochic, Totonicapán.

El 30 de mayo del presente año, después de tres meses de cárcel se realizó la audiencia para conocer las acusaciones en mi contra interpuestas por la Empresa española Hidralia-Ecoener/Hidro Santa Cruz, según los casos 176-2009 por detenciones ilegales, amenazas, instigación a delinquir y el caso 65-2012 por amenazas, allanamientos, secuestro, terrorismo, detenciones ilegales, coacción, incendio, actividad contra la seguridad interior de la nación, atentado contra la seguridad de servicios de utilidad pública.

En esta audiencia el Juez no encontró prueba alguna para ligarme a proceso por el caso 65-2012. Pero quedó abierta la causa 176-2009 y para dilucidarla se realizará una próxima audiencia este 10 de diciembre de 2013. Esperamos, como siempre, su solidaridad y que estén atentos a los resultados de la misma. El mayor peligro al que me enfrentó y por lo tanto se enfrenta el pueblo de Santa Cruz Barillas es la impunidad con la cual sigue actuando la empresa Hidralia-Ecoener/Hidro Santa Cruz.

La persecución hacia mi persona, hacia los líderes comunitarios no tiene nombre, la cual se ha extendido a todos los pueblos del Norte de Huehuetenango. Luis Castro Valdivia, originario de Galicia, España, propietario de dicha empresa no ha cesado en las amenazas, persecución, compra de voluntades y sobre todo en actos delincuenciales con el objetivo de instalar su proyecto Cambalan I y Cambalan II. Ante esta acometida la Dignidad y Resistencia de los Pueblos se ha fortalecido, prueba de ello son las comunidades en resistencia donde mujeres y hombres, niños, adultos y ancianos se instalaron en defensa de su territorio y se nombraron “Nuevo Amanecer” indicándonos el camino a seguir, enseñándonos que la lucha y la resistencia comunitaria no se detiene.

El gobierno de Otto Pérez Molina ha demostrado de muchas formas la protección hacia esta y
otras empresas en distintos puntos del país, como San Juan Sacatepéquez, San José del Golfo, San Rafael Las Flores, Mataquescuintla, Santa María Xalapán, Izabal, Cobán, Valle del Polochic,
Totonicapán, San Miguel Ixtahuacán. Todas estas empresas tienen un mismo código de conducta como lo es irrespetar la vida. Cientos de comunidades, familias y organizaciones lloran hoy la ausencia de seres queridos, desde pequeños niños, hasta ancianos que nos fueron arrebatados por la fuerza irracional de las empresas transnacionales y las fuerzas de seguridad de este país, puestas a su servicio. La criminalización, la impunidad y el estado de indefensión en que nos encontramos sólo es reflejo de hacia dónde pretenden llevarnos en el marco de una conflictividad social de la cual no somos responsables como nos acusa este gobierno.

Durante mi captura y encarcelamiento y otros hechos similares nos encontramos también con otro poder y es el poder que emerge desde abajo, desde los márgenes, desde las orillas, desde quienes históricamente hemos sido considerados los “sin voz”. Este poder nos mostró que somos capaces de inundar las calles, las cárceles, las salas de audiencia. Desde mi experiencia puedo nombrarlo como la solidaridad que fortalece la conciencia e irradia energía en ambas direcciones. Si en este país todas y todos estamos presos, también es certera nuestra liberación en la medida que nos hagamos parte de una lucha colectiva que nos necesita a todas y todos.

Anteriormente agradecí toda esa energía que me llegó por diferentes caminos, hoy los llamo, los llamamos nuevamente para que nos concentremos, nos comprometamos a seguir en esta lucha que tarde o tempranos tenemos que detener, porque es urgente que nuestra energía esté puesta en labrarnos caminos de realización personal, comunitaria y colectiva.

Hoy hay presos políticos, veintiocho órdenes de captura y persecución en Santa Cruz Barillas. La intención de esta carta abierta es para solicitar en todas las direcciones posibles a nivel nacional e internacional la solidaridad, no hacia mí en lo particular, sino a todo lo que está alrededor y que causa mucho dolor en las familias, en la comunidad, en los Pueblos y en todo el país. Tiene que haber alguna forma de detener ese dolor, pero también su continuidad implica más reacción, más necesidad de visibilizarnos y por lo tanto más necesidad de organizarnos, de generar nuevos liderazgos y de provocar nuevas unidades colectivas que sumen brazos, que suman mentes y que sumen solidaridades hasta hacer que el Nuevo Amanecer llegue para nosotros y la humanidad entera.

Un abrazo a todas y todos con mucho corazón y con suficiente energía para esperar y engrandecer esa solidaridad, con cariño
Rubén Herrera y Cecilia Mérida
Huehuetenango, 1 de diciembre de 2013