| Gary Younge · Jesse Jackson · · · · |
| 30/11/14 |
Puede que haya hablado la Ley, pero el veredicto de Ferguson no es justicia
Gary Younge
Es lo acostumbrado cuando se producen disturbios tras un veredicto como el emitido por el gran jurado de Ferguson (Misuri) que quienes se encuentran en puestos de autoridad apuntalen sus llamadas a la calma con una apelación más elevada al imperio de la Ley. Sin él, se produciría el caos, sólo gracias a él puede haber orden. Tal como dijo el presidente Barack Obama el lunes: “Somos un país que se fundamenta en el imperio de la Ley, de modo que hemos de aceptar que esta es una decisión que debía tomar el gran jurado especial”.
El problema es que los Estados Unidos, durante mucho más tiempo del que han sido una “nación de leyes”, han sido una nación de injusticia. Y en ausencia de una justicia básica, esas leyes a poco más pueden equipararse que a una tiranía codificada. Cuando un policía blanco, Darren Wilson, dispara y mata a un adolescente negro desarmado y no resulta imputado como resultado de ello, la contradicción es patente. Pues un mundo en el que no solo es legal que haya gente que te mate a tiros mientras vas andando por la calle sino que pueden hacerlo en nombre de la Ley, es un mundo en el que algunos sienten que no tienen nada que perder. Y, en palabras de James Baldwin: “No hay nada tan peligroso como un hombre que no tiene nada que perder. No te hacen falta diez hombres. Con uno basta”.
Por este abismo, entre la pretensión oficial de un sistema legal imparcial y la realidad de la injusticia racial endémica, es por el que se escapó Wilson, con las llamas de Ferguson en ardiente persecución. Pues a Wilson no se le exoneró. El gran jurado decidió que no existía siquiera “causa probable” como para someterlo a juicio. Tal como señala la página FiveThirtyEight (www.fivethirtyeight.com), esto resulta muy inusual. El departamento de Justicia revela que en 2010, los fiscales norteamericanos llevaron 162.000 casos federales a juicio y los grandes jurados desestimaron la imputación sólo en once.
El hecho de que la mayoría de la gente esperase, con todo, ese veredicto – Ferguson estuvo de hecho bajo ocupación militar toda la semana pasada en previsión de los disturbios que inevitablemente se producirían en cuanto saliera Wilson – ilustra simplemente hasta qué punto ha sido una impostura todo el proceso. Hay una flagrante excepción a estas probabilidades: los agentes de policía implicados en estos tiroteos. Una investigación del diario Houston Chronicle descubrió que desde 2004 no ha sido imputado un solo agente de policía de Houston por parte de un gran jurado en el condado de Harris, en Tejas, y que entre 2008 y 2012 los grandes jurados de Dallas no han imputado más que a un agente implicado en un tiroteo.
Así que cuando se trata del uso mortífero de la fuerza la policía no sólo constituye una categoría especial sino protegida y elevada. En esta “nación de leyes”, aquellos encargados de aplicar la Ley operan evidentemente por encima de ella, mientras que la magistratura existe no para mediar entre la policía y la opinión pública sino para defenderla de la opinión pública.
Y emplean estos privilegios con gran prejuicio. De acuerdo con el análisis de ProPublica, los chicos negros tienen 21 veces más probabilidades de ser asesinados en tiroteos policiales. Si a los jóvenes blancos los matara la policía al mismo ritmo morirían a un ritmo de uno a la semana.
Sumado a estas estadísticas, sumado a las discrepancias acerca de la política de retener y cachear, de las sentencias, encarcelamiento y ejecución, esto sitúa el poder de la policía y la vida de los negros en extremos opuestos de un sistema de valores que no es sólo moralmente indefendible sino, en última instancia, socialmente insostenible. Contemplar una pantalla partida – con el primer presidente negro apelando a la calma en un lado, y jóvenes negros marginados entregados a saqueos e incendios en otra – pone al desnudo los límites de lo que constituye el éxito en la era posterior a los derechos civiles. Las disparidades raciales se exhiben descaradamente y se niega que el país corra riesgo de implosión bajo el peso de la historia, aunque proclame sus logros a la hora de superar ese mismo peso.
De modo que quienes malentienden el veredicto como un incidente aislado están condenados a malentender todo lo que se deriva de ello: desde las revueltas, las justificaciones, negativas y racionalizaciones a las llamadas a la calma y las expresiones de rabia. Pues no se trata aquí solo de un adolescente, un policía o un veredicto.
El domingo, un niño negro de doce años, Tamir Rice, resultó muerto por disparos de la policía en un parque de juegos de Cleveland cuando cogió su pistola de juguete. Tres días antes, a Akai Gurlev, de 28 años de edad, lo mataron a tiros en el hueco de su escalera de Brooklyn. Un vecino llamó a la policía, sin darse cuenta de que era un policía quien lo había matado. El Departamento de Polícía de Nueva York se disculpó y reconocíó que el tiroteo fue “accidental”. Sólo en San Luis dos jóvenes han sido víctimas de disparos de la policía desde el tiroteo de Brown.
Tampoco es esto un auto sacramental en el que un decoroso niño negro cae muerto a manos de un maligno poli blanco. La naturaleza inherente de la injusticia no era sistemática (Wilson nunca había descargado su arma) sino sistémica. Opera en una organización en la que pocos policías son sancionados por matar a jóvenes negros; y en una cultura en la que los hombres blancos armados pueden invocar en su defensa su temor a hombres negros desarmados. Un temor tan intenso que tienen que pegarles un tiro. Tienen que pegárselo. Puesto que, aparentemente, no había otro resultado posible. Lllevaba “una fortísima cara de agresividad”, declaró Wilson ante el gran jurado. “Era como un demonio, así de rabioso parecía”.
“Un sistema no le puede fallar a aquellos a los que nunca previó proteger”, escribió el intelectual negro W.E.B. Dubois. El veredicto se condice con las bajas expectativas de muchos afroamericanos. La ley ha hablado, la justicia todavía tiene que hacerse oír.
The Guardian, 25 de noviembre de 2014
Justicia para Michael Brown: acabemos con la temeraria política de “gueto” del gobierno federal
Jesse Jackson
Ha sido bastante evidente desde este verano que la creencia que predominaba en Ferguson y San Luis era que Darren Wilson, el asesino de Michael Brown, no iba a ser imputado por el gran jurado de Misuri. En una declaración inconexa sobre el proceso y conclusión del gran jurado – que hacía poco por informar y mucho por encolerizar – el fiscal Bob McCullough actuó al modo de un abogado que abusara del proceso del gran jurado como “juicio” sin interrogatorio legal.
Ha sido bastante evidente ya durante algún tiempo que las autoridades políticas y legales no se habían ido preparando en absoluto para un juicio. Se habían estado preparando para posibles disturbios. Y del mismo modo que las autoridades legales y la policía reaccionaron inicialmente “mal” al tiroteo, su “sobre”rreación a la protesta inicial de la comunidad por la muerte de Michael Brown contribuyó a los primeros desórdenes, frente a manifestaciones en su mayor parte pacíficas.
El jurado ya se ha decidido. La policía puede seguir disparando a jóvenes negros desarmados sin ser procesada, y Darren Wilson dice tener “la conciencia limpia”. Es una tragedia nacional – una desgracia moral – pero esto no es el final.
Yo había apremiado y esperado que la reacción a la decisión del gran jurado fuera pacífica, pero las autoridades políticas y legales han dicho y hecho prácticamente todas las cosas erróneas, y los que protestan no están locos. La comunidad reflejan su desesperanza, pero aun sigue habiendo esperanza en la búsqueda de justicia para Michael Brown.
Sea lo que fuere que vaya a pasar a continuación en Ferguson y luego despuéstendrá que ver con la muerte de Michael Brown. Pero no sólo tiene que ver con la muerte de Michael Brown. Tiene que ver con una política urbana fallida: entran drogas y armas y se van empleos y servicios, contenidos todos a base de ocupación militar, no sin semejanzas con África del Sur. Esta política federal de “gueto” es cierta lo mismo si estás en Ferguson o en San Luis, en Los Angeles o Seattle, Atlanta o Birmingham, Milwaukee o los centros urbanos de todo el país, e incluso del mundo.
La cuestión ahora – la cuestión a continuación – no son las infortunadas e imprudentes protestas violentas que han seguido a la decisión del gran jurado. La cuestión es la falta de estímulo federal a la comunidad. La cuestión es la falta de ejecución federal de las leyes de derechos civiles. La cuestión es que los departamentos de policía y de bomberos en lugares como Ferguson no representan a la gente, son predominantemente blancos, mientras que operan en comunidades primordialmente negras. Sin embargo, esos departamentos de policía todavía pendientes de integración racial siguen recibiendo fondos federales.
Los contratos de los departamentos de policía y de bomberos de Ferguson los subvenciona el gobierno federal, incluyendo el equipamiento militar utilizado para sofocar las protestas. Se tiene que acabar esta política federal sobre guetos basada en la ocupación militar y una conducta policial temerarias e irresponsables. Es una política de contención de la comunidad, cuando lo que debería sentar es una nueva norma de desarrollo comunitario para reconstruir los barrios del centro, el extrarradio en apuros y las ciudades pobres del campo.
A Ferguson no le hace falta movilizar una implicación federal consistente en ocupación militar y ley marcial; debería movilizarse en pro de empleos y desarrollo económico, debería movilizarse en pro de la atención sanitaria y los servicios comunitarios. Ferguson y otras comunidades semejantes deberían movilizarse para acabar con la discriminación racial en el departamento de policía, en el de bomberos y dondequiera que exista, en cualquier parte.
Los tiroteos policiales de jóvenes negros están alcanzando proporciones de crisis. Sólo en esta semana la policía tiroteó a Tamir Rice, un niño de 12 años, por llevar una pistola de juguete en Cleveland. Desde que George Zimmerman fue exonerado de toda responsabilidad criminal en el asesinato Trayvon Martin, un joven de 17 años, en julio de 2103, han muerto demasiados jóvenes negros desarmados a manos de fuerzas de policía y de seguridad en los Estados Unidos. .
Los jóvenes negros tienen 21 veces más posibilidades de que los maten a tiros en Norteamérica que sus pares blancos, de acuerdo con un análisis de ProPublica. Los negros son detenidos diez veces más que los blancos en este país, informaba la semana pasada USA Today, pero los negros no cometen diez veces más delitos. A su vez, ampliar el complejo penitenciario industrial – nuevas cárceles con ánimo de lucro, nuevos juzgados, nuevas comisarías de policía, aumento de la presencia policial y nuevo equipo militar – se ha convertido en el centro del “desarrollo” en comunidades urbanas. Y habría que concentrarse en nuevos empleos y formación para el empleo, nuevos colegios y más profesores, desarrollo de empresas, lo que conduciría a una estabilidad económica permanente para nuestras comunidades.
Que la policía mate a tiros a jóvenes negros desarmados por todo el país es algo que se tiene que acabar, y debemos seguir buscando justicia para Michael Brown por cualquier vía que siga todavía abierta, incluida una imputación federal. En lugar de unjuicio público para Darren Wilson, con presunción de inocencia mientras no se demuestre su culpabilidad, las autoridades legales de Ferguson y San Luis sometieron a juicio público el carácter de Michael Brown y dejaron que decidiera un gran jurado secreto dirigido por un fiscal.
Que un jurado examine todas estas cuestiones que importan y justifique otra muerte supone un trago amargo. Puede parecer que las cosas no ofrecen esperanza. Pero mientras que la injusticia calculada puede llevar a la anarquía, la justicia conduce a la paz. La protesta popular en Ferguson – y en las ciudades de toda Norteamérica – demuestra que la lucha por la justicia continúa.
El Reverendo Jesse Jackson Sr., fundador y presidente de la Rainbow PUSH Coalition, es un conocido dirigente político afroamericano que compitió varias veces en los 80 para su nominación como candidato demócrata a la presidencia de los EEUU.
The Guardian, 26 de noviembre
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EE UU: Ferguson y el racismo judicial
Estados Unidos: Los abusos de los bancos en el sector inmobiliario y los desahucios ilegales
Serie: Los bancos y la doctrina « Demasiado grandes para ser condenados » (Parte 2)
Eric Toussaint , CADTM
En el curso de los años 2010-2013, las autoridades de los Estados Unidos han aprobado acuerdos con los bancos para evitar ser condenados por los escándalos de los créditos hipotecarios y por los desahucios realizados de forma ilegal |1|. Ha bastado a los bancos con pagar una simple multa. Desde el estallido de la crisis en 2006-2007, más de 14 millones de familias han sido expulsadas de sus viviendas. Por los menos 500 000 de estos desahucios han sido realizados de forma ilegal. Muchas víctimas ayudadas por los movimientos sociales, entre los que destacan Strike Debt |2| (y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca |3|), han conseguido organizarse para enfrentarse a los agentes judiciales y repeler la expulsión. Miles de denuncias han sido presentadas contra los bancos.
Una de las acusaciones esgrimidas contra los bancos se basa en su incapacidad de exhibir los documentos justificativos para la expulsión de propietarios con retrasos en los pagos de la hipoteca. La regulación inexistente y el volumen elevado de este tipo de créditos, acordados en el periodo precedente a la crisis, han llevado a los bancos a contratar personal encargado de firmar diariamente decenas, y ver centenas de documentos aprobando los desahucios sin seguir los procedimientos legales (se habla de « robot signing » o « firmas robot ») |4|. Los bancos han expropiado viviendas sin justificación económica o legal en cerca de 500 000 ocasiones (la cifra final podría aumentar significativamente, ya que ésta no tiene en cuenta todos los resultados de las encuestas realizadas ni de las denuncias presentadas). A pesar de los daños masivos causados por estas prácticas fraudulentas de los bancos, las sanciones impuestas a estos bancos no superan en muchos casos los 300 dólares por hogar afectado |5|, en otros casos, éstas se sitúan entre 1 500 y 2 000 dólares. Las demás acusaciones contra los bancos derivan de la venta de productos estructurados compuestos de créditos hipotecarios tóxicos (Mortgage Backed Securities) vendidos por los bancos especialmente a las agencias hipotecarias (Freddie Mac et Fannie Mae).
Retorno a las políticas que condujeron a las crisis subprimes
La administración de George W. Bush había hecho de la « sociedad de propietarios » un tema central de su discurso político : « Estamos en camino de crear una sociedad de propietarios en este país, en la que la mayoría de estadounidenses tendrán la posibilidad de abrir la puerta del lugar en el que vivan y dirán : ’Bienvenidos a mi casa’, ’Bienvenidos a lo que yo poseo’. » |6|
Alan Greenspan confirma, en sus memorias, escritas justo después de estallar la crisis en 2007, que tenía una estrategia política en la actitud de adoptada por la Reserva Federal en apoyo de las políticas de Bush : « Me di cuenta de que la oferta de crédito hipotecario aumentaba el riesgo financiero y que la ayuda a la vivienda ejercía un efecto de distorsión sobre el mercado. Pero también comprendí que el aumento del número de propietarios reforzaba la sostenibilidad del capitalismo de mercado – gran cuestión. Estimé entonces, y lo continúo haciendo, que las ventajas de esta ampliación de la propiedad inmobiliaria individual bien valían el inevitable aumento del riesgo. La protección de los derechos de propiedad, tan esencial en una economía de mercado, necesita de una masa crítica de propietarios para beneficiarse de un apoyo político. » |7|
Es igualmente necesario mencionar, como se hará en los próximos capítulos, que las administraciones de Bill Clinton y de George W. Bush han apoyado sistemáticamente a los grandes bancos en su voluntad de deshacerse definitivamente de las restricciones que aún pesaban sobre ellos como herencia de las medidas de represión financiera impuestas por Roosevelt en los años 1930 |8|.
El detonador de la crisis fue una burbuja especulativa que antes de estallar había disparado los precios de la vivienda |9| y generado un aumento desmesurado del sector de inmobiliario en comparación con la demanda solvente. La cantidad de nuevas viviendas construidas anualmente pasó de 1,5 millones en 2000 a 2,3 millones en enero de 2006. Una proporción creciente de nuevas viviendas no encontró compradores a pesar de las facilidades de crédito ofrecidas a las familias por los bancos y de los alicientes ofrecidos por las autoridades americanas.
Esta sobreproducción acabó por provocar una caída brutal en el precio inmobiliario. Las previsiones de las familias que habían suscrito estas hipotecas subprimes |10| giraron bruscamente, dado este cambio radical de circunstancias. De hecho, en Estados Unidos, cuando los precios de la vivienda están en alza, los hogares tienen la posibilidad y la costumbre de renegociar, después de 2 o 3 años de la firma de la hipoteca que ha ganado valor, su contrato para obtener términos más favorables con tipos de interés más bajos.
Cabe destacar que dentro del sector de los préstamos subprimes, los tipos de los dos o tres primeros años eran bajas y fijas, alrededor del 3 %, por lo que en el tercer y el cuarto año, no los tipos no sólo aumentaban de manera considerable (pasado al 8 o al 10 %), sino que además pasaban a ser variables y podían en muchos casos llegar fácilmente al 14 o 15 %.
A partir de 2006, cuando los precios de la vivienda empezaron a bajar, los hogares que habían recurrido a los préstamos subprimes no pudieron renegociarlos mejorando sus condiciones.
Como declara Paul Jorion en su obra La crisis del capitalismo americano, los créditos al sector subprime apuntan « en realidad a desligar de sus economías a los desafortunados que buscan incorporarse al sueño sin poseer los medios financieros para acceder a él, en especial a la población negra y a la de origen latinoamericano. Las combinaciones son aquí numerosas, encontrando desde contratos escritos diferentes a los acuerdos verbales, hasta ofertas que tienen como objetivo llevar al candidato al impago para beneficiarse seguidamente de la expropiación de la vivienda, pasando por las refinanciaciones presentadas como « ventajosas » pero que son en realidad calamitosas. » |11|.
Desde el inicio del año 2007, los impagos de los hogares empezaron a multiplicarse. Entre enero y agosto de 2007, 84 sociedades de crédito hipotecario quebraron en Estados Unidos. Las sociedades y las familias que especularon ante la subida de los precios de la vivienda hasta ese momento, habiendo recogido copiosos beneficios, se retiraron masivamente, acelerando de golpe la caída de los precios. Los bancos que habían depositado su confianza hipotecaria en los productos estructurados y los vendieron en masa (en especial los grandes bancos europeos ávidos de rendimientos) se situaron en el centro de la crisis.
De ese modo, el gigantesco edificio de deudas privadas empezó a desmoronarse con el estallido de la burbuja especulativa del sector inmobiliario norteamericano y fue seguido por otras crisis inmobiliarias en Irlanda, en Reino Unido, en España, en Chipre, en otros países de Europa Central y del Este y, desde 2011-12, en los Países Bajos…
Vale la pena mencionar que Nicolas Sarkozy |12|, imitando los pasos de George W. Bush, invitó a los franceses a endeudarse mucho más. En el número de abril de 2007 de la Revue Banque, escribió : « Los hogares franceses son hoy los menos endeudados de Europa. Ahora bien, una economía que no se endeuda lo suficiente, es una economía que no cree en su propio destino, que duda de sus capacidades y que tiene miedo al mañana. Es por esta razón que deseo potenciar el crédito hipotecario para los hogares y, también que el Estado intervenga para garantizar el acceso al crédito a las personas enfermas. (…) Si el recurso a la hipoteca deviene más fácil, los bancos se fijarán menos en la capacidad personal de repago del deudor y más en el valor del bien hipotecado.»
Uno se puede imaginar queé hubiera pasado si la crisis de las subprimes no hubiese sobrevenido en 2007-2008 y si, de golpe, Nicolas Sarkozy hubiera continuado promoviendo el modelo aplicado en Estados Unidos…
Entre 2010 y 2013, los grandes bancos de Estados Unidos pagaron 86 000 millones $ para evitar condenas
Entre 2010 y finales de 2013, solamente en el tema del crédito hipotecario 26 transacciones fueron intervenidas por diferentes autoridades de los Estados Unidos implicando a los principales bancos del país |13|.
Todos los grandes bancos estadounidenses estaban estuvieron implicados : JPMorgan, Bank of America, Citigroup, Wells Fargo, Goldman Sachs y Morgan Stanley. En total, desde 2008, éstos aceptaron pagar alrededor de 86 000 millones de dólares para escapar de las condenas relacionadas con los créditos hipotecarios |14|. Bank of America aceptó multas que ascendieron a 44 000 millones $, JPMorgan, 26 400 millones $, Wells Fargo, 9 500 millones $, Citigroup, 4 700 millones $, Goldman Sachs, un poco menos de 1 000 millones $ y Morgan Stanley, 330 millones $. Debe añadírsele los costes de los abogados y algunos gastos más. Para dar un elemento de comparación, sólo en el año 2012 los beneficios netos de estos 6 bancos fueron de 59 500 millones de dólares (después del pago de estas multas, por supuesto ese mismo año). Éstos han lo han hecho mejor en 2013. Después de destinar 18 000 millones de dólares para hacer frente a más multas ese mismo año, sus beneficios han progresado un 21 % en 2013 hasta llegar a 74 000 millones de dólares |15|. ¡Si esos bancos no hubieran tenido que pagar multas, sus beneficios hubieran superado el récord histórico absoluto registrado en el año 2006, en plena burbuja inmobiliaria! Esto demuestra que estas multas presentadas al público como excepcionalmente severas no impiden a los banqueros saborear su champagne mientras millones de familias son víctimas de sus abusos.
A pesar de las pruebas de fraudes y abusos de las que los banqueros se han librado, a pesar de los millones de víctimas de las clases populares, ninguna acusación criminal les ha plantado cara, ningún arresto ha sido realizado. Los acuerdos a los que llegaron las autoridades con los bancos eximen a estos últimos de sus responsabilidades de responder financieramente o legalmente de las acusaciones similares que puedan sobrevenir en el futuro fruto de periodos anteriores |16|. Es el colmo de la vileza, o como dirían los británicos, para « para añadir sal a la herida », Jamie Dimon, el jefe de JPMorgan, vio en 2013 como le aumentaban su remuneración en un 74 % hasta llegar a los 20 millones $ |17|.
Parte 1
Notas
|1| Ver la primera parte de esta serie : ’Les banques et la nouvelle doctrine Too Big to Jail ’, 9 de marzo 2014, http://cadtm.org/Les-banques-et-la-nouvelle
|2| Strike Debt, ’United States: The Debt Resisters’ Operations Manual’, 25 de marzo 2014, http://cadtm.org/The-Debt-Resisters-Operations
|3| Plataforma de Afectados por la Hipoteca, ’Leading the Charge Against Spain’s Mortgage Crisis’, 20 diciembre 2013, New York Times
|4| Democracy Now, ’As Wells Fargo is Accused of Fabricating Foreclosure Papers, Will Banks Keep Escaping Prosecution?’, 22 de marzo 2014, http://cadtm.org/As-Wells-Fargo-is-Accused-of
|5| Tyler Durden, “The Banks penalty to put robot signing behind them : 300 dollars per person”, 9 de abril 2013, http://www.zerohedge.com/news/2013-04-09/banks-penalty-put-robosigning-behind-them-300-person
|6| George W. Bush, 2 de octubre 2004, « Remarks at the National Association of Home Builders », Columbus, Ohio. Citado por Gaël Giraud (2013), p. 21.
|7| Alan Greenspan, La era de las turbulencias, Paris, JC Lattès, 2007 p. 304.
|8| Ver Eric Toussaint, « Comment les banques et les gouvernants détruisent les garde-fous », 13 de enero 2014, http://cadtm.org/Comment-les-banques-et-les
|9| Entre 2001 y 2007, el precio inmobiliario aumentó en 100 % en EE UU.
|10| Subprime es un término que define los préstamos hipotecarios más riesgosos para el prestamista (pero con mejor rendimiento) que la categoría prime. Esencialmente ha servido para crear una cierta categoría de crédito hipotecario.
|11| Paul Jorion, Inédit : les 3 premières pages de « la crise du capitalisme américain » (2007), publicado el 23 de febrero 2012, http://www.pauljorion.com/blog/?p=34264
|12| Nicolas Sarkozy, político de derechas, presidió la República francesa de 2007 a 2012.
|13| SNL, “Timeline Credit crisis and mortgage-related settlements” http://www.ababj.com/images/Dev_SNL/120913_MortgageTimeline.pdf consultado el 22 de febrero 2014
|14| SNL, “Credit crisis and mortgage-related settlements for select bank holding companies” http://www.ababj.com/images/Dev_SNL/CreditCrisis.pdf consultado el 22 de febrero 2014
|15| Bloomberg, ’Big Six U.S. Banks’ 2013 Profit Thwarted by Legal Costs’, 9 de enero 2014, http://www.bloomberg.com/news/2014-01-09/big-six-u-s-banks-2013-profit-thwarted-by-legal-costs.html ; ver también Think progress, ’Profits At The Biggest Banks Bounce Back To Post-Crisis Record High’, 21 de enero 2014, http://thinkprogress.org/economy/2014/01/21/3184401/banks-profits-2013-record/#
|16| Entre las voces críticas, leer Huffingtonpost, “The Top 12 Reasons Why You Should Hate the Mortgage Settlement”, 2 de septiembre 2012, http://www.huffingtonpost.com/yves-smith/mortgage-settlement_b_1264806.html
|17| Financial Times, “Dimon’s pay soars 74 % to $20m”, 25-26 de enero 2014.
Eric Toussaint, maestro de conferencias en la universidad de Lieja, preside el CADTM Bélgica y es miembro del consejo científico de ATTAC Francia. Es autor de los libros Procès d’un homme exemplaire, Ediciones Al Dante, Marsella, 2013 ; Un coup d’œil dans le rétroviseur. L’idéologie néolibérale des origines jusqu’à aujourd’hui, Le Cerisier, Mons, 2010.
EEUU:Íntimas, personales, y sangrientas,las guerras de EE.UU. volvieron al país con los soldados
Ann Jones,Tom Dispatch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Después de una discusión por el rechazo de una licencia, el soldado especialista López sacó una pistola Smith & Wesson calibre 45 y comenzó una matanza indiscriminada en Fort Hood, la mayor base de EE.UU., que dejó tres soldados muertos y 16 heridos. Cuando lo hizo, también sacó del armario las mortecinas guerras de EE.UU. Esta vez, una matanza masiva en Fort Hood, la segunda en cuatro años y medio, fue cometida por un hombre que no era un “extremista” religioso ni político. Parece que solo era uno de los veteranos heridos y perturbados de EE.UU. que ahora ascienden a cientos de miles.
Unos 2,6 millones de hombres y mujeres han sido enviados, a menudo repetidamente, a las guerras de Irak y Afganistán, y según un reciente estudio de veteranos de esas guerras realizado por el Washington Post y la Kaiser Family Foundation, casi un tercio dice que su salud mental es peor que cuando partieron, y casi la mitad dice lo mismo de su condición física. Casi la mitad dice que sufren repentinos estallidos de ira. Solo un 12% de los veteranos entrevistados afirman que ahora están “mejor” mental o físicamente que antes de partir a la guerra.
La cobertura de los medios después de la matanza de López fue, por supuesto, continua y hubo mucha discusión sobre el PTSD (trastorno de estrés postraumático).
Es la etiqueta (poco comprensible) que ahora se utiliza indiscriminadamente para explicar casi cualquier cosa desagradable que ocurra a o sea causada por actuales o antiguos hombres y mujeres militares. En medio de la andanada de cobertura, sin embargo, algo faltaba: la evidencia de que desce hace años la violencia de las guerras distantes de EE.UU. vuelve para agobiar a la “patria” junto con los soldados. En ese contexto los asesinatos de López, aunque a una escala a la que no se ha llegado con frecuencia, constituyen una marca más en una sangrienta pista letal que conduce de Irak y Afganistán al corazón de EE.UU., a bases y patios interiores en toda la nación. Es una historia con un número de víctimas que no debemos ignorar.
La guerra vuelve al país
Durante los últimos 12 años, muchos veteranos que han “empeorado” durante la guerra se podían encontrar en las bases del país y sus alrededores esperando para volver a desplegarse y a veces cometiendo daños graves contra otros y contra sí mismos. La organización Veteranos de Irak Contra la Guerra (IVAW) ha hecho campaña durante años por el “derecho a sanar” de un soldado entre despliegues. El próximo mes publicará su propio informe sobre una práctica común en Fort Hood de enviar a soldados dañados y fuertemente medicados de vuelta a zonas de combate a pesar de las órdenes de los médicos y las regulaciones oficiales de la base. No se puede esperar que esos soldados sobrevivan en buena forma.
Inmediatamente después del tiroteo indiscriminado de López, el presidente Obama habló de esos soldados que han servido múltiples períodos en las guerras y “necesitan sentirse seguros” en sus bases de operaciones. Pero lo que el presidente calificó de “ese sentido de seguridad… roto una vez más” en Fort Hood, se ha deshecho una y otra vez en bases y ciudades de todo EE.UU. post 11-S, desde que los soldados vejados, engañados y maltratados comenzaron a llevar consigo la guerra a su país.
Desde 2002, soldados y veteranos han estado cometiendo asesinatos individualmente y en grupos, matando a esposas, novias, niños, otros soldados, amigos, conocidos, personas ajenas a ellos y –en sobrecogedoras cantidades– a sí mismos. La mayoría de esos asesinatos no han ocurrido a una escala masiva, pero se suman, incluso si nadie lleva la cuenta. Hasta la fecha nunca se han contado en su totalidad.
Los primeros veteranos de la guerra en Afganistán volvieron a Fort Bragg, Carolina del Norte, en 2002. En rápida sucesión, cuatro de ellos asesinaron a sus esposas, después de lo cual tres de los asesinos se quitaron su propia vida. Cuando un periodista del New York Times pidió a un oficial de las Fuerzas Especiales que comentara sobre esos eventos, respondió: “A las Fuerzas Especiales no le gusta comentar sobre asuntos emocionales. Somos gente de Tipo A que saltamos a la torera cosas semejantes, como noticias de ayer”.
Por cierto, gran parte de los medios y gran parte del país han hecho precisamente eso. Aunque medios cercanos a la escena han informado de asesinatos individuales cometidos por “los héroes de nuestra nación” en el “frente interior”, la mayor parte de esos crímenes nunca llegan a las noticias nacionales y muchos son invisibles incluso localmente cuando solo se informa de ellos como asesinatos de rutina sin mencionar el hecho aparentemente insignificante de que el asesino era un veterano. Solo cuando esos crímenes se agrupan alrededor de una base militar los diligentes periodistas locales parecen juntar las piezas del cuadro general.
En 2005, Fort Bragg había registrado la décima fatalidad semejante de “violencia doméstica”, mientras en la Costa Oeste, el Seattle Weekly había llevado la cuenta de muertes entre soldados en servicio activo y veteranos en el Estado oeste de Washington hasta siete homicidios y tres suicidios. “Cinco esposas, una novia y un niño fueron asesinados; otros cuatro niños perdieron a uno o a ambos progenitores por muerte o encarcelamiento. Tres soldados se suicidaron, dos de ellos después de matar a su esposa o amiga. Cuatro soldados fueron enviados a la prisión. Uno estaba en espera de juicio”.
En enero de 2008 The New York Times intentó por primera vez llevar la cuenta de semejantes crímenes. Encontró “121 casos en los cuales veteranos de Irak y Afganistán cometieron un asesinato en este país, o fueron acusados de cometerlo, después de su retorno de la guerra”. Enumeró titulares tomados de periódicos locales más pequeños: Lakewood, Washington, “Familia culpa Irak después que hijo mata a su esposa”; Pierre, Dakota del Sur, “Soldado acusado de asesinato testifica sobre estrés post-guerra”; Colorado Springs, Colorado, “Veteranos de la guerra de Irak sospechosos de dos asesinatos premeditados, banda de delincuentes”.
The Times estableció que cerca de un tercio de las víctimas de asesinatos fueron esposas, amigas, hijos u otros parientes del asesino, pero significativamente, un cuarto de las víctimas fueron otros soldados. El resto eran conocidos o extraños. Entonces, tres cuartos de los soldados homicidas todavía estaban en las fuerzas armadas. La cantidad de homicidios representó entonces un aumento de cerca de 90% en los cometidos por personal en servicio activo y veteranos en los seis años desde la invasión de Afganistán en 2001. Sin embargo después de rastrear esa “pista de muerte y angustia por todo el país”, The Times señalo que su investigación probablemente había revelado solo “la cantidad mínima de casos semejantes”. Un mes después, descubrió “más de 150 casos de violencia doméstica fatal o abuso infantil [fatal] en EE.UU. en la que estaban involucrados soldados y nuevos veteranos”.
Hubo más casos. Después de que el equipo de Combate de la Cuarta Brigada de Fort Carson, Colorado, volviera de Irak en 2008, nueve de sus miembros fueron acusados de homicidio, mientras “las acusaciones de violencia doméstica, violaciones y abusos sexuales” en la base aumentaban fuertemente. Tres de las víctimas de asesinatos fueron esposas o novias; cuatro fueron otros soldados y dos fueron extraños escogidos al azar.
De vuelta a Fort Bragg, en la cercana base de marines de Camp Lejeune, los militares asesinaron a cinco mujeres militares en un período de nueve meses entre diciembre de 2007 y septiembre de 2008. Hasta entonces, la coronel del ejército Ann Wright había identificado por lo menos 15 muertes altamente sospechosas de mujeres militares en las zonas de guerra que habían sido oficialmente calificadas de “no relacionadas con combates” o “suicidios”. Planteó una pregunta que nunca obtuvo respuesta: “¿Existe encubrimiento por parte del ejército de violaciones y asesinatos de mujeres soldados?” Los asesinatos que tuvieron lugar cerca de Fort Bragg y Camp Lejeune (pero allí), todos investigados y enjuiciados por autoridades civiles, plantearon otra pregunta: “¿Había algunos soldados que traían a casa no solo la violencia genérica de la guerra, sino crímenes específicos que habían practicado en el exterior?
Atrapados en "modo combate"
Mientras esta especie de combate en el interior pocas veces llegó a las noticias nacionales, los asesinatos no se han detenido. En realidad han continuado mes tras mes, año tras año, generalmente mencionados solo por medios locales. Muchos de los asesinatos sugieren que los asesinos se sentían como si estuvieran en alguna especie de misión privada en “territorio enemigo” y que ellos mismos eran hombres que, en distantes zonas de combate, se habían acostumbrado a matar y adquirieron el hábito. Por ejemplo, Benjamin Colton Barnes, un veterano del ejército de 24 años, fue a una fiesta en Seattle y se involucró en un tiroteo en el que hubo cuatro heridos. Entonces huyó al Parque Nacional Mount Rainier donde mató a tiros a una guarda forestal (madre de dos pequeños niños) y disparó a otros antes de escapar hacia las montañas cubiertas de nieve donde se ahogó en un torrente.
Según las informaciones, Barnes, veterano de Irak, había vivido una dura transición a la vida dentro del país después de que le dieran de baja en el ejército en 2009 por mala conducta tras haber sido arrestado por conducir borracho y portar un arma. (También amenazó a su esposa con un cuchillo). Fue uno de más de 20.000 veteranos perturbados del ejército y de los marines que las fuerzas armadas dieron de baja entre 2008 y 2012 por motivos “distintos de los honorables” y sin prestaciones, atención sanitaria o ayudas.
Enfrentadas a la costosa perspectiva de prestar atención a largo plazo a estos veteranos más frágiles, las fuerzas armadas prefirieron librarse de ellos. Barnes fue despedido de la Base Conjunta Lewis-McChord cerca de Tacoma, Washington, que en 2010 había sobrepasado Fort Hood, Fort Bragg, y Fort Carson en violencia y suicidios para convertirse en la base del interior “más conflictiva” de las fuerzas armadas.
Algunos soldados homicidas actúan en conjunto, tal vez recreando en casa ese famoso sentimiento fraternal de la “banda de hermanos” militares. En 2012 en Laredo, Texas, unos agentes federales dándoselas de dirigentes de un cártel mexicano de la droga arrestaron al teniente Kevin Corley y al sargento Samuel Walker –ambos del tristemente célebre equipo de combate de la Cuarta Brigada de Fort Carson– y a otros dos soldados en su escuadrón de la muerte privado que habían ofrecido sus servicios para matar a miembros de cárteles rivales. “Trabajo húmedo”, le denominaban los soldados y estaban tan bien entrenados para hacerlo que los auténticos cárteles mexicanos de la droga habían contratado a ambiciosos veteranos de Fort Bliss, Texas, y probablemente de otras bases en las zonas fronterizas, para eliminar objetivos mexicanos y estadounidenses a 5.000 dólares por cabeza.
Parece que semejantes soldados nunca salen del modo de combate. El psiquíatra de Boston Jonathan Shay, bien conocido por su trabajo con veteranos perturbados de la Guerra de Vietnam, señala que las habilidades inculcadas al soldado de combate –astucia, engaño, rapidez, sigilo, un repertorio de técnicas asesinas y la supresión de los sentimientos de compasión y culpabilidad– lo equipan perfectamente para una vida de crimen. “Lo diré del modo más directo posible”, escribe Shay en Odysseus in America: Combat Trauma and the Trials of Homecoming, “El servicio en combate per se prepara el camino hacia carreras criminales después, en la vida civil”. Durante la última década, cuando el Pentágono aflojó los estándares para rellenar las filas, algunos miembros emprendedores, por lo menos de 53 bandas estadounidenses distintas, iniciaron sus carreras criminales alistándose, entrenando y sirviendo en zonas de guerra para perfeccionar sus habilidades especiales.
Algunos veteranos han llegado a convertirse en terroristas nacionales, como el veterano de la "Tormenta del Desierto" Timothy McVeigh, quien mató a 168 personas en el edificio federal de Oklahoma en 1995 o en asesinos masivos como Wade Michael Page, el veterano del ejército y superracista que asesinó a seis creyentes en un templo sij en Oak Creek, Wisconsin, en agosto de 2012. Page había llegado a conocer la ideología de la supremacía blanca a los 20 años, tres años después de entrar al ejército, cuando se adhirió a un grupo neonazi en Fort Bragg. Eso fue en 1995, el año en el que tres paracaidistas de Fort Bragg asesinaron a dos residentes locales negros, un hombre y una mujer, para merecer sus tatuajes neonazis en forma de telas de araña.
Una cantidad desconocida de asesinos semejantes, simplemente queda libre, como el soldado raso del ejército (y excadete de West Point) Isaac Aguigui, quien fue finalmente condenado el pasado mes en un tribunal penal en Georgia por asesinar a su mujer embarazada, sargento Deirdre Wetzker Aguigui, lingüista del ejército, hace tres años. Aunque el cuerpo esposado de Deirdre Aguigui había revelado múltiples golpes y señales de lucha, el médico legista militar no “detectó una causa anatómica de muerte”, un hecho conveniente para el ejército, que no tuvo que seguir investigando, e Isaac Aguigui cobró medio millón de dólares en prestaciones militares por fallecimiento y seguro de vida para financiar su propia guerra.
En 2012, las autoridades en Georgia acusaron a Aguigui y a tres veteranos de Fort Stewart de los asesinatos al estilo de ejecuciones del exsoldado raso Michael Roark, de 19 años, y su amiga Tiggany York, de 17. El juicio en un tribunal penal civil reveló que Aguigui (quien nunca fue enviado al frente) había formado su propia milicia de veteranos de combate perturbados llamada FEAR (Eternamente estoicos, siempre listos) y conspiraba para apoderarse de Fort Stewart apoderándose del punto de control de municiones. Entre otros planes de su grupo, estaba asesinar a oficiales no nombrados con coches bomba, hacer volar una fuente en Savannah, envenenar una cosecha de manzanas en el Estado natal de Aguigui, Washington y unirse a otros grupos de milicias privadas en todo el país en un complot para asesinar al presidente Obama y tomar el control del Gobierno de EE.UU. El año pasado, el tribunal en Georgia condenó a Aguigui en el caso de las ejecuciones de FEAR y lo sentenció a cadena perpetua. Solo entonces un médico legista civil determinó que primero había asesinado a su mujer.
El mantenimiento del orden
Los ejercicios rutinarios de entrenamiento básico y los eventos catastróficos de la guerra dañan a muchos soldados de maneras que parecen sombríamente irónicas cuando vuelven a casa para traumatizar o matar a sus parejas, sus hijos, otros soldados o extraños al azar en una ciudad o en una base. Pero de nuevo para obtener las historias tenemos que basarnos en periodistas locales. The Austin American-Statesman, por ejemplo, informa de que, desde 2003, en el área alrededor de Fort Hood en Texas central, casi el 10% de los involucrados en incidentes de disparos con la policía han sido veteranos de las fuerzas armadas o miembros en servicio activo. En cuatro enfrentamientos separados desde diciembre pasado, la policía mató a tiros a dos veteranos que habían vuelto recientemente e hirió a un tercero, mientras un policía resultó muerto. Un cuarto veterano sobrevivió a un tiroteo sin daño alguno.
Semejantes enfrentamientos trágicos llevaron a los funcionarios estatales y municipales de Texas a desarrollar un Programa de Reacción Táctica ante Veteranos para entrenar a la policía en el manejo de tipos militares perturbados. Algunas de las técnicas estándar que utiliza la policía de Texas para intimidar y controlar a sospechosos –gritos, lanzamiento de “flashbangs” (granadas), o incluso realizar disparos de advertencia– son contraproducentes cuando el sospechoso es un veterano en crisis, armado y altamente entrenado a abrir fuego por reflejo. El policía civil promedio es inferior a un combatiente enfurecido, como dijo el presidente en Fort Hood, “del mejor ejército que el mundo haya conocido”. Por otra parte, un veterano con su cerebro dañado que necesita tiempo para responder órdenes o responder preguntas puede ser maltratado, aplastado, atacado con táser, aporreado o algo peor por policías antes de que tenga tiempo de decir una palabra.
Y hay otro giro irónico. Durante la última década, los reclutadores militares han presentado como atractivo la política de “preferencia para veteranos” en las prácticas de reclutamiento de los departamentos de policía. La perspectiva de una carrera vitalicia en el mantenimiento del orden después de un solo período de servicio militar tienta a muchos adolescentes vacilantes a alistarse. Pero los veteranos que son finalmente dados de baja del servicio y se ponen el uniforme de un policía civil ya no son los mismos que cuando se alistaron.
En Texas en la actualidad, un 37% de la policía de Austin, la capital del Estado, está compuesta de exmilitares, y en ciudades más pequeñas y pueblos en el área de Fort Hood, la cifra supera la marca del 50%. Todos saben que los veteranos necesitan puestos de trabajo, y en teoría pueden ser muy buenos para controlar a soldados conflictivos en crisis, pero llegan a su puesto entrenados para ser muy buenos en la guerra. Cuando encuentran al próximo Ivan López, forman un combo potencialmente combustible.
La mayor parte de los hombres y mujeres militares de EE.UU. no quieren ser “estigmatizados” por asociación con los soldados violentos mencionados. Tampoco lo quieren los exmilitares quienes ahora, como miembros de las fuerzas de policía civil, se enfrentan periódicamente a violentos veteranos en Texas y en todo el país. El nuevo sondeo Kaiser del Washington Post revela que la mayoría de los veteranos están orgullosos de su servicio militar y no están contentos con su retorno a casa. Casi la mitad de ellos piensan que los civiles estadounidenses, como los ciudadanos de Irak y Afganistán, no los “respetan” genuinamente y más de la mitad se sienten desconectados de la vida en EE.UU. Creen que tienen mejores valores morales y éticos que los demás ciudadanos, una virtud pregonada por igual por el Pentágono y los presidentes. El 60% dice que son más patrióticos que los civiles. El 70% dice que los civiles no los comprenden en absoluto. Y casi un 90% de los veteranos dicen que en un santiamén se volverían a alistar para combatir.
Los estadounidenses en el “frente interior” nunca fueron movilizados por sus dirigentes y generalmente no han asumido las guerras libradas en su nombre. Al respecto, sin embargo, tenemos otra ironía: resulta que tampoco lo han hecho la mayoría de los hombres y mujeres militares de EE.UU. Como sus contrapartes civiles, muchos de los cuales están demasiado fácilmente dispuestos a volver a desplegar a esos soldados para intervenir en países que ni siquiera pueden encontrar en un mapa, una cantidad significativa de veteranos todavía tiene que deshacer sus maletas y examinar las guerras que han traído a casa en su equipaje y en demasiados casos sórdidos, ellos, sus seres queridos, los demás soldados, y a veces extraños al azar pagan el precio.
La colaboradora regular de TomDispatch Ann Jones es autora del nuevo libro: They Were Soldiers: How the Wounded Return from America’s Wars -- the Untold Story, un proyecto de Dispatch Books en cooperación con Haymarket Books. (Jeremy Scahill acaba de elegirlo como su libro favorito de 2013.) Jones, quien ha informado desde Afganistán desde 2002, es también autora de dos libros sobre el impacto de la guerra en civiles: Kabul in Winter y War Is Not Over When It’s Over. Su sitio en la web es annjonesonline.com.
Carta abierta de Putin al pueblo de Estados Unidos Una llamada de atención desde Rusia
Info News/ Rebelión
En un artículo publicado en The New York Times, el presidente de Rusia advirtió a Estados Unidos que su intervención militar en Siria se traducirá en "una escalada del conflicto más allá de sus fronteras" y que será considerada "un acto de agresión".
El presidente ruso Vladimir Putin dirigió un mensaje directo al pueblo estadounidense por medio del diario New York Times en el que manifestó que "los recientes eventos ocurridos en Siria me llevaron a hablar directamente con el pueblo norteamericano y sus líderes políticos". "Es importante hacerlo ahora en tiempos en los que la comunicación entre nuestras sociedades es insuficiente".
"La relación entre nosotros pasó diferentes etapas. Estuvimos enfrentados durante la Guerra Fría. Pero también fuimos aliados y vencimos a los nazis juntos. La organización internacional Naciones Unidas fue creada para prevenir que la devastación vuelva a suceder".
"Los fundadores de Naciones Unidas entendieron que las cuestiones referidas a la paz y a la guerra deberían suceder sólo por consenso y, con el consentimiento de Estados Unidos, el derecho a veto por parte de los países que integran el Consejo de Seguridad fue consagrado en los principios de las Naciones Unidas", añade.
"Una posible acción de guerra de los Estados Unidos contra Siria, a pesar de la fuerte oposición de líderes políticos y religiosos -incluyendo al Papa- resultará en más víctimas inocentes y una escalada de violencia, un potencial crecimiento del conflicto más allá de las fronteras de Siria. Podría socavar los esfuerzos multilaterales para resolver el problema del programa nuclear de Irán y el conflicto entre israelíes y palestinos, desestabilizando aún más Oriente Próximo", advierte. También alerta que podría dar lugar a "un aumento de la violencia y a una nueva ola de terrorismo".
"Hay mercenarios de países árabes, occidentales e incluso de Rusia luchando en Siria. ¿Acaso no volverán a nuestros países con toda la experiencia adquirida allí? Es una amenaza para todos", planteó el jefe del Kremlin en el artículo que es calificado como una carta abierta.
El mandatario ruso sostiene que "en Siria no hay una batalla por la democracia, sino un conflicto armado entre el Gobierno y la oposición en un país multirreligioso". "Hay unos pocos campeones de la democracia, pero hay más que suficientes combatientes de Al Qaeda y otros extremistas", agrega.
Por su parte, Putin propone "un diálogo pacífico que permita a los sirios decidir su propio destino. No estamos protegiendo al gobierno sirio, sino a las leyes internacionales", aseveró. "Necesitamos respetar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y creer que respetar la ley y el orden es una de las pocas maneras de mantener las relaciones internacionales en paz en un mundo turbulento y caótico".
Asimismo, augura que "resultará en más víctimas inocentes". "No importa lo limitados que estén los ataques o lo sofisticadas que sean las armas, las bajas civiles son inevitables, incluidos ancianos y niños, a los que se supone que protegerían", argumenta.
Acerca del uso de armas químicas Putin admite que "no hay dudas de que se ha usado gas venenoso en Siria", pero considera que "hay muchas razones para creer que no lo ha usado el Ejército sirio, sino las fuerzas opositoras para provocar la intervención de sus poderosos patrocinadores extranjeros. La ley es la ley y debemos seguirla nos guste o no".
Además, en el artículo reflexiona sobre el intervencionismo de Estados Unidos en conflictos ajenos, al que define como "alarmante tendencia", y se pregunta: "¿Acaso es por sus intereses a largo plazo? Lo dudo. Millones de personas en todo el mundo ya ven a Estados Unidos no como un modelo de democracia, sino como alguien en quien confiar por la fuerza bruta", concluye.
Putin también analiza la situación actual de los países que soportaron intervenciones y afirma que "ha quedado demostrado que el uso de la fuerza no es efectivo". "Afganistán está tambaleándose, nadie puede decir qué pasará después de la retirada internacional. Libia está dividido en tribus y clanes. En Irak la guerra civil sigue. La gente hace paralelismos con Siria y se pregunta por qué su Gobierno quiere repetir los mismos errores".
Además alerta sobre lo que "el mundo pensará: si no puedes confiar en el Derecho Internacional, debes encontrar otros caminos para garantizar tu seguridad". "Por ello, cada vez más países buscan adquirir armas de destrucción masiva. Es lógico: si tienes la bomba, nadie te toca", explica.
Insta a Estados Unidos a "abandonar el lenguaje de la fuerza y volver al camino político, diplomático, civilizado". "No estamos intentando proteger al Gobierno sirio, sino el Derecho Internacional", aclara.
Al respecto, recuerda que "actualmente el uso de la fuerza solamente se concibe para la autodefensa o por una decisión del Consejo de Seguridad". "Todo lo demás es inaceptable, de acuerdo con la Carta de Naciones Unidas, y será considerado un acto de agresión", alerta.
Putin indica que "es una nueva oportunidad" la posición del Gobierno sirio de poner sus armas bajo custodia internacional, para garantizar que no sean usadas en la guerra civil, y evitar con ello una intervención militar extranjera.
"Rusia, Estados Unidos y todos los miembros de la comunidad internacional debemos aprovecharla (...) porque, si conseguimos evitar el uso de la fuerza contra Siria, mejoraremos la atmósfera de las relaciones internacionales y la confianza mutua. Será un éxito conjunto y abrirá la puerta a la cooperación en otros asuntos sensibles", señala el presidente ruso en el artículo publicado en "The New York Times", citado por Europa Press.
En este sentido, celebra el discurso que su homólogo estadounidense, Barack Obama, dirigió a la nación, en el que se comprometió a explorar las posibilidades de éxito de la vía diplomática, aunque sin descartar totalmente la intervención militar.
"Creo que Estados Unidos cree que se trata de una alternativa a la intervención militar y valoro su disposición a seguir hablando con Rusia. Debemos trabajar juntos para mantener viva esta esperanza", estima.
"Mi relación personal con Obama es de una confianza en crecimiento. Aprecio esa situación. Escuché atentamente su discurso del martes a su nación y estoy en desacuerdo con la idea de que Estados Unidos tiene un estado de excepcionalidad. "Es extremadamente peligroso animar a la gente a creer que es excepcional, cualquiera sea el motivo. Hay países ricos y pobres, grandes y pequeños, con una larga tradición democrática y que todavía están buscando su camino hacia ella. Sus políticas son distintas también. Todos son diferentes, pero no debemos olvidar que Dios nos creó como iguales", dijo.
Fuente: http://www.infonews.com/2013/09/12/mundo-97319-carta-abierta-de-putin-al-pueblo-de-estados-unidos-crisis-en-siria.php
EEUU:El cierre de embajadas y su contexto
Editorial de La Jornada
5 de agosto 2013
Un día después de que Estados Unidos advirtiera a sus ciudadanos sobre el peligro de viajar a Medio Oriente y el norte de África y ordenara el cierre de una veintena de sus embajadas y consulados en esas regiones –medida que fue secundada por Francia, Gran Bretaña y Alemania–, la policía internacional (Interpol) emitió una alerta mundial sobre la posibilidad de ataques terroristas contra objetivos occidentales.
La reactivación del temor y paranoia estadunidense y occidental tiene como componente coyuntural la reciente fuga de cientos de presos –muchos de ellos acusados de terrorismo– de prisiones en Irak, Libia y Pakistán, con el presumible apoyo de la organización Al Qaeda. No obstante, en las expresiones de encono antiestadunidense que se extienden en países y regiones como los mencionados convergen factores mucho más profundos y diversos.
El primero es la persistencia de una política exterior agresiva, injerencista, belicista y depredadora de Washington, que se acentuó durante los gobiernos de George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre de 2001: luego de esos hechos, y con el pretexto de hacer justicia para las víctimas, el político texano embarcó a su país en una aventura bélica que se saldó con la devastación de dos naciones –Irak y Afganistán– y con una multiplicación de la inseguridad y las violaciones a los derechos humanos en el mundo. La misma política se mantuvo en Pakistán, ante la sospecha de que Al Qaeda –la organización a la que se adjudican los ataques del 11-S– operaba al norte de ese territorio, y recientemente se reprodujo en Libia, con el supuesto fin de liberar a ese país del régimen de Muammar Kadafi.
El resultado invariable de esa política no ha sido la pacificación de las naciones invadidas y devastadas, sino la multiplicación y perpetuación de la violencia y la profundización de los sentimientos antiestadunidenses y antioccidentales en poblaciones y regiones enteras.
A lo anterior debe sumarse la doble moral común del gobierno de Washington en su trato hacia los diversos fundamentalismos. En contraste con la persecución y la cruzada emprendida por la Casa Blanca contra el integrismo islámico, ese gobierno se ha caracterizado por su benevolencia hacia quienes mantienen una amplia influencia en el diseño y aplicación de la política belicista de Israel.
Por otra parte, la proliferación y operación de organizaciones fundamentalistas islámicas, como las que supuestamente estarían amenazando objetivos estadunidenses y occidentales, no es sino consecuencia del colapso de alternativas políticas institucionales –sean laicas o confesionales– como las que representaron en su momento el partido panarabista Baaz, los regímenes surgidos de los procesos de liberación nacional de los años 60 y 70 del siglo pasado y recientemente la Hermandad Musulmana en Egipto, la cual, tras acceder al poder mediante un proceso democrático, fue derrocada por la vía de un golpe de Estado recientemente calificado por Washington como restauración de la democracia. Ese colapso se explica tanto por la acción de movimientos locales de descontento, como por la intromisión diplomática y militar de Estados Unidos.
Las agresiones contra embajadas estadunidenses o de cualquier otro país son condenables e indeseables por cuanto atentan contra la inmunidad de las representaciones diplomáticas en el mundo y se erigen, en consecuencia, en un factor de peligro para el de por sí frágil orden internacional. No obstante, por elemental congruencia, a la par de medidas preventivas como las comentadas, Washington y sus aliados tendrían que corregir las actitudes e inercias que han derivado en la configuración de ese clima de constante amenaza y violencia.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/08/04/opinion/002a1edi
EEUU: Chicago, Lecciones de la huelga en la enseñanza pública
Lee Sustar,
http://socialistworker.org/2012/09/26/what-the-ctu-accomplished
Viento Sur, 30 de septiembre de 2012
Ha llegado la hora de realizar el balance, extraer lecciones, de lo que ha significado la huelga de la enseñanza en Chicago que echó para atrás la reforma educativa. No sólo para los trabajadores y trabajadoras de la enseñanza o de los servicios públicos, sino para el movimiento obrero en su conjunto.
Pero antes de entrar a valorar el impacto que pueda tener esta victoria en las luchas venideras, aprovechemos el momento para saborear una de las luchas sindicales más importantes desde hace años.
Empecemos por el primer día, cuando decenas de miles de afiliados y afiliadas del sindicato de enseñanza de Chicago (CTU), ataviados con sus camisetas rojas, y sus simpatizantes paralizaron el tráfico frente la sede de la Junta Escolar y el Ayuntamiento, en lo que un reportero de una radio local calificó acertadamente como "una versión más madura y respetuosa del Occupy Chicago".
En realidad, los lemas de las pancartas y los cánticos dirigidos contra el alcalde Rahm Emanuel que comenzó a meterse con las y los enseñantes de Chicago incluso antes de acceder al cargo, no parecían tan respetuosos.
El segundo día, hubo otra marcha masiva. Tras los piquetes matinales en las escuelas de cada barrio por toda la ciudad, la gente se dirigió al centro y en esta ocasión se dedicaron a dar vueltas alrededor de la Fuente de Buckingham y luego se concentraron a la orilla del lago para recordar las históricas luchas de los obreros de Chicago.
Al día siguiente, hubo tres grandes manifestaciones en las escuelas secundarias del Sur, del Oeste y en los populosos barrios habitados fundamentalmente por latinos y afroamericanos. El soporífero calor veraniego no quebró la determinación de los enseñantes para movilizarse, ni la de la gente para aclamarlos.
El entusiasmo no sólo se vivió en las grandes manifestaciones. Quien se acercara a los piquetes de huelga en las escuelas podía observar no sólo la impresionante solidaridad entre el personal docente, sino también el gran apoyo cosechado por la CTU entre los padres, las madres y la mayoría de la gente. En la calle, la gente paraba a los huelguistas con camisetas rojas de la CTU, o del colectivo por la Solidaridad con los maestros de Chicago, para agradecerles lo que estaban haciendo. También se oían bocinazos amistosos desde los coches.
Cuanto más aumentaba el apoyo a los maestros, más bajo caía Rahm Emanuel
Este hombre, conocido por su dureza, intentó provocar una reacción violenta de los padres contra los huelguistas mediante interminables ruedas de prensa al inicio de la huelga. Pero eso no funcionó. Los comentarios insultantes de Emanuel, sudoroso y bebiendo compulsivamente una botella de agua, sólo consiguieron ampliar el apoyo de la población a la CTU.
Cuando, al entrar la huelga en su segunda semana, el alcalde solicitó una orden judicial para poner fin a la misma, el juez no se plegó al alcalde y optó por no tomar una decisión en tanto no se reuniera los delegados de la CTU y llegaran a un acuerdo.
Hemos informado profusamente de los detalles de este acuerdo, pero merece la pena señalar que publicaciones como el Wall Street Journal tienen claro que quién ganó fue la CTU y no Emanuel.
Ya cuando era jefe del personal de la Casa Blanca, Emanuel ayudó a acelerar la reforma escolar a través del programa Race to the top impulsado por la Administración de Obama. Desde el comienzo de su campaña para la alcaldía, Emanuel dejó clara su intención de desarrollar una gestión empresarial para las escuelas de Chicago a la que los enseñantes tendrían que adaptarse; de lo contrario…
Pero la CTU se negó a someterse a Rahm y comenzó a prepararse para una confrontación larga mucho antes incluso de que se iniciaran las negociaciones.
A principios de año, cuando Emanuel y su Junta Escolar fijaron el cierre o la reconversión de 17 centros escolares, la CTU, junto a las asociaciones de padres y otros colectivos, comenzó a impulsar las movilizaciones. Esto permitió reforzar los lazos con los grupos que apoyaban críticamente la huelga. Entre tanto, los dirigentes de la CTU (que pertenecen a la oposición que desbancó a la antigua dirección del sindicato en 2010) desarrollaron una campaña para movilizar a toda la base del sindicato.
Todo esto dio sus frutos en un convenio que puso límites a la agresiva política de Emanuel. Si bien la CTU tuvo que aceptar dolorosas concesiones en lo que respecta a las indemnizaciones de los profesores despedidos, el alcalde no pudo imponer medidas que para él eran más importantes: vincular los salarios a los “méritos”, utilizar los resultados de los exámenes para evaluar al profesorado y despido-exprés para aquellos cuyos alumnos obtuvieran malos resultados.
También tuvo que aceptar que la mitad de las nuevas contrataciones fueran profesores despedidos afiliados de la CTU, a lo que se había opuesto repetidamente de forma categórica. En la letra pequeña del acuerdo, también se reconoce el poder de la CTU en áreas clave, e incluye una disposición contra el acoso escolar que permitirá a la gente defenderse de los abusos excesivos.
No ha sido sólo una gran victoria para la CTU sino también para todos los maestros y maestras que se oponen a las concesiones de sus sindicatos en estas importantes cuestiones.
Lecciones para el movimiento obrero en general
Sin lucha, no hay victoria. Durante los cinco años que llevamos de crisis económica, las concesiones de los sindicatos se han convertido en el pan nuestro de cada día. Al margen de que la patronal sea un gobierno estatal o local con escasos recursos o una multinacional rentable como Caterpillar o Verizon, las medidas son parecidas: se congelan o rebajan los salarios, se reducen las pensiones y se incrementa el precio de atención sanitaria.
Los maestros de Chicago nos muestran que hay otra alternativa. Es cierto que una huelga no garantiza automáticamente una victoria (hace poco, la Asociación Internacional de Maquinistas sufrió una severa derrota en Caterpillar tras seis semanas de huelga). Pero la renuncia a la lucha sólo garantiza nuevas concesiones.
No basta con luchar, hay que organizarse. En los últimos 20 o más años, el "modelo de movilización" sindical era una norma para las organizaciones laborales progresistas. Para muchos sindicatos la realización de grandes manifestaciones y la construcción de alianzas con la comunidad y los movimientos sociales se han convertido en una práctica habitual.
Existe una gran diferencia entre enviar autobuses llenos de gente a una manifestación y el esfuerzo sistemático por organizar a la gente dentro y fuera de la empresa. El trabajo interno de la CTU estuvo orientado a hacer del sindicato un instrumento útil, ágil y eficaz en cada centro escolar; cuando llegó el momento de organizar los piquetes, se vio la utilidad del trabajo desarrollado.
La implicación de los sindicatos en los movimientos sociales es esencial; especialmente en el sector público. Desde mediados de 1990, la marginación de los sindicatos les llevó a impulsar las luchar junto a organizaciones comunitarias y religiosas. El apoyo que otorgaron a Occupy Wall Street el otoño pasado fue un paso importante en esa dirección.
Pero la CTU fue más allá. El grupo que lidera el sindicato, el Caucus de Educadores de Base (CORE); comenzó a luchar contra el cierre de escuelas años antes de llegar a la dirección del sindicato, y cuando llegó continuó en la misma línea. Si bien la lucha para salvar las 17 escuelas a principios de año fracasó, el sindicato estrechó los vínculos con los grupos comunitarios opuestos al cierre y esos grupos le apoyaron en el momento del acuerdo.
La CTU explicó su alternativa para la educación pública en Chicago en el documento "La escuela que necesitan los estudiantes de Chicago", exigiendo su completa financiación pública, la reducción del número de alumnos por aula y la mejora de los planes de estudio.
La no aceptación de las concesiones impuestas por los dirigentes nacionales. Oponiéndose a la vinculación de los salarios a los méritos y defendiendo el derecho a la titularidad, la CTU se mantuvo firme allí donde la Federación Americana de Maestros (AFT) había claudicado.
Las negociaciones en Chicago comenzaron con los negociadores de la Junta Escolar poniendo sobre la mesa una copia del "acuerdo colectivo" de New Haven, Connecticut, conocido como el "contrato fino"; un convenio que anulaba derechos laborales del personal docente ganados en las décadas anteriores. Randi Weingarten, presidente de la AFT, se implicó personalmente en las negociaciones de New Haven, que consideraba "modélico". La CTU se opuso a ese acuerdo e impulsó la huelga para defender los derechos.
Los sindicatos del sector público no tienen por qué aceptar concesiones porque las exijan los políticos demócratas. Los gobernadores demócratas Jerry Brown, de California, y Andrew Cuomo, de Nueva York, lograron concesiones salariales importantes y beneficios por parte de los sindicatos del sector público. Los líderes sindicales las aceptaron argumentando que era mejor aceptar algunos sacrificios que tener a alguien como el gobernador republicano de Wisconsin, Scott Walker, tratando de suprimir completamente el derecho a la negociación colectiva.
La CTU se opuso a ello explicando que los demócratas están tan comprometidos como los republicanos en la ofensiva contra los sindicatos de la enseñanza en nombre de la "reforma".
Los sindicatos del sector público pueden liderar al conjunto de la clase obrera en la lucha contra la austeridad. Desde que Scott Walker justificara la reforma educativa por razones presupuestarias, tanto los Republicanos como los Demócratas afirman que hay que estrujar a los sindicatos para beneficiar a los contribuyentes.
La huelga de la CTU dio la vuelta a ese argumento al obtener el apoyo popular y afirmar que el verdadero problema está en ver donde se sitúan las prioridades para la ciudad: en el recorte de los impuestos o en la financiación de la educación. Si los sindicatos del sector público quieren poner freno a la ofensiva actual, tendrán que seguir el ejemplo de la CTU y explicar que los servicios que prestan son en beneficio del conjunto de la clase obrera.
La democracia sindical es fundamental para reconstruir un movimiento obrero combativo. Como en la mayoría de los sindicatos, el presidente de la CTU tiene un poder enorme. Sin embargo, desde el principio, el equipo que dirige actualmente el sindicato trató de ampliar al máximo la democracia sindical. Desde que el viejo equipo dio paso al nuevo, la dirección colectiva se ha revitalizado y las reuniones de las delegadas y delegados se han convertidos en verdaderos foros de debate donde se discute la política del sindicato.
Estos delegados y delegadas tomaron la decisión de prolongar la huelga una semana más para disponer de tiempo y poder debatir la posibilidad del acuerdo escuela a escuela. Durante esos días, delegados de cientos de escuelas organizaron reuniones al aire libre para debatir los pros y contras del acuerdo. Toda una lección de democracia sindical que es un ejemplo para todo el movimiento obrero.
Para ser eficaces, las huelgas deben bloquear la actividad y ejercer presión sobre el patrón. La CTU asombró a Rahm Emanuel al abandonar la vieja práctica de realizar concentraciones rotatorias de dos horas frente a edificios vacíos. En su lugar, la CTU impulsó numerosas manifestaciones que reforzaron el sentido de la solidaridad en la base del sindicato y galvanizó el apoyo comunitario.
Ahora bien, también es verdad que una huelga de enseñantes no se enfrenta al riesgo de ser reemplazados o a las amenazas de las empresas de seguridad que se dedican a romper las huelgas, como ocurre en la empresa privada. Aún así, la huelga de la CTU puede constituir un ejemplo para los sindicatos de la industria: los piquetes masivos y la solidaridad pueden ejercer presión sobre el empresario, y cuanto mayor sea la solidaridad menos posibilidades de éxito tendrán las maniobras de los esquiroles o los mandamientos judiciales.
Podíamos seguir con la lista de las enseñanzas de ésta huelga, pero para un movimiento obrero hambriento de éxitos desde hace tanto tiempo, éste es un excelente comienzo.
26/09/2012
http://socialistworker.org/2012/09/26/what-the-ctu-accomplished
Traducción: VIENTO SUR
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