¿Están dispuestos los occidentales a bombardear Siria?


Autor(es): Meyssan, Thierry
Revista Herramienta

Meyssan, Thierry. Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008). 

Fingiendo creer en la existencia de un ataque químico del gobierno sirio contra su propio pueblo, Washington, Londres y Paris hacen sonar los tambores de guerra. ¿Hay que tomar en serio esas amenazas provenientes de los mismos Estados que llevan 2 años anunciando la caída inminente de Siria? Aunque es una opción que no puede excluirse, Thierry Meyssan piensa que es menos probable que una intervención organizada por Arabia Saudita. Toda esta agitación tendría como objetivo poner a prueba las respuestas de Rusia e Irán.
¿Qué mosca ha picado al Premio Nobel de la Paz Barack Obama? El domingo 25 de agosto de 2013, la Casa Blanca publicó un comunicado en el que un alto funcionario anónimo afirmaba que hay «muy pocas dudas» del uso en Siria de armas químicas contra la oposición. El comunicado agrega que el consentimiento de Siria para permitir que los inspectores de la ONU penetren en la zona del ataque químico llega «demasiado tarde para ser creíble».
Si bien el uso de armas químicas en la periferia de Damasco reportado el miércoles 21 de agosto de 2013 parece bastante probable, el Consejo de Seguridad de la ONU no concluyó que fuese atribuible al gobierno sirio. En una reunión urgente solicitada por los occidentales, los embajadores quedaron sorprendidos cuando su colega ruso les presentó fotos captadas por los satélites de su país en las que pueden verse los disparos de 2 obuses –a las 01 horas y 35 minutos de la mañana– realizados desde la zona de los rebeldes en Duma hacia las zonas, también rebeldes, que resultaron afectadas por los gases –en Jobar y entre Arbin y Zamalka– en horarios que coinciden con los incidentes reportados. Las fotos de los satélites rusos no permiten determinar si se trata de obuses químicos pero sugieren que la «Brigada del Islam» que ocupa la localidad de Duma quiso matar tres pájaros de un tiro: eliminar a sus rivales en el seno mismo de la oposición, lograr que se acusara a Siria de usar armas químicas y contrarrestar al mismo tiempo la ofensiva del ejército sirio contra las posiciones de los grupos armados que hostigan la capital.
El gobierno sirio no es signatario de la Convención contra las Armas Químicas –como tampoco lo es su enemigo israelí– y dispone de ese tipo de armamento. Pero los yihadistas también lo tienen, como ya lo confirmó Carla del Ponte en declaraciones que desataron la cólera de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. Ya en diciembre de 2012, el Ejército Sirio Libre difundió un video en el que realizaba un experimento de laboratorio con un gas venenoso y amenazaba con utilizarlo contra los alauitas. Esta misma semana, el gobierno sirio descubrió en las afueras de Damasco varios escondites que contenían armas químicas, mascaras antigases y dosis de antídotos. Los productos provenían de Arabia Saudita, Qatar, Estados Unidos y los Países Bajos. Es, por cierto, a pedido del gobierno sirio –y no de los occidentales– que los expertos de la ONU se encuentran en Siria por dos semanas para investigar las alegaciones de uso de armas químicas. Para terminar, el 29 de mayo de 2013, la policía turca arrestó una docena de miembros del Frente al-Nusra y les confiscó armas químicas destinadas a su uso en Siria.
A pesar de todo eso, el presidente Obama reunió su Consejo de Seguridad Nacional el viernes 23 de agosto para examinar las opciones de ataque contra Siria en presencia de su embajadora en la ONU, Samantha Power, cabecilla de los halcones liberales. Decidió entonces reforzar la presencia de la marina de guerra estadounidense en el Mediterráneo con el envío del buque de guerra USS Ramage, un destructor portador de misiles crucero, que se une a otros 3 –el USS Gravely, el USS Barry y el USS Mahan– que ya estaban en la zona.
El sábado, el presidente Barack Obama se comunicó telefónicamente con el primer ministro británico David Cameron. Y el domingo habló con el presidente francés Francois Hollande. Los tres estuvieron de acuerdo en que había que intervenir, pero sin precisar cómo. También el domingo, el secretario de Estado John Kerry llamaba a sus homólogos del Reino Unido, Francia, Canadá y Rusia para decirles que Estados Unidos está convencido de que Siria había traspasado la «línea roja». Sus tres primeros interlocutores lo escucharon asumiendo lo que los militares llaman «posición de firmes». Pero el ministro ruso Serguei Lavrov le expresó su asombro ante el hecho que Washington se pronuncie antes del informe de los inspectores de la ONU y le advirtió sobre las «consecuencias extremadamente graves» de una intervención en la región.
El lunes, el ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, estaba en Qatar y debía viajar después a los Emiratos Árabes Unidos para coordinar con ellos mientras que el consejero israelí de seguridad nacional –general Yaakov Amidor– era recibido en la Casa Blanca. En una conversación telefónica entre el primer ministro británico David Cameron y el presidente ruso Vladimir Putin, este último subrayó que no existe prueba alguna del uso de armas químicas por parte del gobierno sirio. Por su parte, el viceministro chino de Relaciones Exteriores, Li Baodong, telefoneó a su homóloga estadounidense Wendy R. Sherman exhortando Estados Unidos a la cordura. Consciente del riesgo de una guerra regional, cuyas primeras víctimas serían los cristianos del Oriente, el papa Francisco I reiteró sus llamados a la paz.
¿Debemos pensar que los occidentales van a entrar en guerra sin un mandato del Consejo de Seguridad, como lo hizo la OTAN en Yugoslavia? Es poco probable porque la Rusia de aquella época estaba en ruinas mientras que hoy en día tendría que intervenir, después de haber emitido 3 vetos para proteger a Siria, o renunciar a toda acción internacional. Sin embargo, Serguei Lavrov descartó sabiamente una Tercera Guerra Mundial. Precisó que su país no tenía intenciones de entrar en guerra con nadie, ni siquiera por el tema sirio. Podría tratarse por lo tanto de una intervención indirecta en apoyo a Siria, similar a la acción de China durante la guerra de Vietnam.
Irán anunció, por boca del jefe adjunto de su estado mayor, el general Massud Jazayeri, que para Teherán el ataque contra Siria sería la violación de la «línea roja», precisando que si la Casa Blanca pasa a la acción tendrá que enfrentar «graves consecuencias». Es evidente que Irán no tiene los medios que posee Rusia, ni tampoco sus alianzas, pero no hay que olvidar que está entre las 10 primeras potencias militares a nivel mundial. Partiendo de esa base, atacar Siria sería arriesgarse a una respuesta contra Israel y a sublevaciones en gran parte del mundo árabe, sobre todo en Arabia Saudita. La reciente intervención del Hezbollah libanés y las declaraciones de su secretario general Hassan Nasrallah no dejan lugar a dudas en ese sentido.
Interrogado por la prensa rusa, el presidente sirio Bachar al-Assad declaró:
«Las declaraciones de los políticos estadounidenses, occidentales y de otros países constituyen un insulto al sentido común y una expresión de desprecio por la opinión pública de sus pueblos. Es algo que no tiene sentido: se acusa primero y después se reúnen las pruebas. Eso lo está haciendo un país poderoso, Estados Unidos (…) Son acusaciones exclusivamente políticas, responden a la serie de victorias registradas por las fuerzas gubernamentales sobre los terroristas.»
En Rusia, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Parlamento ruso, el periodista y especialista en geopolítica Alexei Pushkov comentó a través de su cuenta de Twitter: «Washington y Londres han declarado a Assad culpable antes de las conclusiones de los inspectores de la ONU. Sólo aceptarán un veredicto de culpabilidad. Cualquier otro veredicto será rechazado.»
El principio de una nueva guerra en Siria no se ajusta a los problemas económicos de Estados Unidos y los europeos. Vender armas es una manera de ganar dinero pero destruir un Estado sin esperanzas de recuperar la inversión a corto o mediano plazo sólo puede agravar una situación económica ya muy difícil.
Según un sondeo Reuters/Ipsos realizado después de las informaciones sobre el ataque del 21 de agosto más de 60% de los estadounidenses se oponen a una intervención en Siria y sólo un 9% sería favorable. Aún si estuviesen convencidos del uso de armas químicas por parte de Siria, un 46% de los estadounidenses seguirían oponiéndose a una intervención que sólo contaría con un respaldo del 25%. Ese mismo sondeo indica que los estadounidenses respaldan todavía menos la guerra secreta: el 89% declara que tampoco se debe armar a los rebeldes, contra un 11% que prefiere seguir armándolos. Los encuestadores propusieron a las personas interrogadas 4 opciones: golpes aéreos (respaldados por un 12%), creación de una zona de exclusión aérea (11%), financiamiento de una fuerza multinacional (9%) o una intervención directa de Estados Unidos (4%).
En Francia, el diario Le Figaro, propiedad del fabricante y vendedor de armas Dassault, también sondeó a sus lectores. Al cabo de un día, el 79,6% se había pronunciado contra la guerra, respaldada solamente por un 20,4%.
Será por lo tanto muy difícil para los occidentales invertir radicalmente el sentir de su opinión pública y entrar en guerra.
También es posible otra interpretación de los hechos. Ya que varios videos de víctimas de los ataques químicos fueron publicados en internet horas antes de los ataques, siempre cabe la posibilidad de que los occidentales «descubran» el engaño en el momento adecuado para dar marcha atrás. El escándalo de las supuestas armas químicas en Irak demostró, sin embargo, que los occidentales pueden darse el lujo de mentir a la comunidad internacional y reconocerlo ulteriormente –y sin mayores consecuencias– luego de haber cometido la fechoría que querían justificar.
Las acusaciones de los yihadistas y de sus padrinos occidentales se producen en medio de una vasta ofensiva del Ejército Árabe Sirio, bautizada «Escudo de Damasco» y destinada a limpiar los alrededores de la capital. El lanzamiento de los dos obuses de la «Brigada del Islam» tuvo lugar en respuesta al inicio de esa ofensiva, que se desarrolló durante 5 días y ocasionó grandes pérdidas a los yihadistas –al menos 1 500 bajas entre muertos y heridos. La agitación de los occidentales puede por lo tanto ser una forma de guerra sicológica tendiente a ocultar esa derrota y a paralizar a la vez la ofensiva siria. Para Washington es en todo caso una forma de poner a prueba la respuesta iraní después de la elección de Hassan Rohani como presidente. Y ahora se sabe claramente que este último no podrá oponerse a la política del Guía de la Revolución, el ayatola Ali Khamenei.
En el momento de la guerra contra Libia subestimé la capacidad de Estados Unidos para violar todas las reglas, incluyendo las de la OTAN. Basándome en el contenido de los documentos de la propia OTAN, insistía yo en la larga capacidad de resistencia de la Yamahiriya ante su oposición armada. Yo no sabía en aquel momento que una reunión secreta había tenido lugar en la base de la OTAN en Nápoles, a espaldas del Consejo de la alianza atlántica. Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Dinamarca y Turquía, con Israel, Qatar y Jordania estaban planificando en secreto el uso de los medios de la OTAN para bombardear la capital de Libia [1]. Excluyeron de aquella reunión a los aliados que se oponían a un ataque tan costoso en vidas humanas. La OTAN había dejado de ser una «alianza» en el sentido real de la palabra para convertirse en una coalición de circunstancia. En pocos días, la toma de Trípoli dejó un saldo de 40 000 muertos, según los informes internos de la Cruz Roja. Un dispositivo similar puede estar organizándose en este momento ya que los jefes de estado mayor de prácticamente los mismos países –a los que se unen ahora Arabia Saudita y Canadá– están reunidos, desde el domingo y hasta esta noche [martes 27 de agosto de 2013] en Amman, bajo la presidencia del comandante del CentCom, el general Lloyd J. Austin III. Los participantes estudian 5 opciones: entrega de armas a los Contras, imposición de una zona de no sobrevuelo, creación de zonas-tapones e invasión terrestre.
La prensa atlantista está llamando a la guerra. En Londres, The Times ya la anuncia.
El presidente Barack Obama podría seguir, de esa manera, el plan de guerra ya establecido por su predecesor George W. Bush desde el 15 de septiembre de 2001, plan que además de los ataques contra Afganistán e Irak preveía también las agresiones contra Libia y Siria, como ha revelado el general estadounidense Wesley Clark [2], ex comandante de la OTAN. Problema: por primera vez, el blanco seleccionado dispone de muy serias alianzas.
Esa variante contradice, sin embargo, todos los esfuerzos que la administración Obama había venido realizando desde hace un año para eliminar los obstáculos a la celebración de la conferencia Ginebra 2: dimisión del general David Petraeus y de los partidarios de la guerra secreta; no renovación del mandato de Hillary Clinton y de los ultrasionistas; acusaciones legales invalidantes contra los opositores irreductibles de toda alianza con Rusia, esencialmente en el seno de la OTAN y del escudo antimisiles. Y también contradice los esfuerzos de John Brennan, el ahora jefe de la CIA, por provocar enfrentamientos en el seno de la oposición armada siria, por exigir la abdicación del emir de Qatar y amenazar a Arabia Saudita.
Mientras tanto, Siria se prepara, en la medida de lo posible, para cualquier eventualidad, incluyendo un bombardeo de la OTAN contra los centros de mando y los ministerios, acción que puede estar coordinada con un asalto de los yihadistas contra la capital. Pero la opción más probable no es el inicio de una guerra regional que escaparía al control de las potencias occidentales sino un ataque –en otoño– bajo la supervisión de Arabia Saudita y concretado por los combatientes que ese reino está reclutando actualmente, operación que se desarrollaría con el posible respaldo de la Liga Árabe.
Thierry Meyssan 
[1] Entre las decisiones de aquella reunión había una larga lista de blancos y de medios a desplegar para abatirlos. Estaba previsto el envío de un comando encargado de eliminarme en el hotel Radisson, donde yo residía. Pero en el momento del ataque yo me encontraba en el centro de prensa, en el hotel Rixos.
[2] Ese plan prevé también la destrucción del Líbano, Sudán y Somalia antes de terminar con Irán.

Guatemala: Todo el dolor (y la rabia transformadora) de Monte Olivo


Por Andrés Cabanas

La indiferencia de medios de comunicación y actores político-económicos ante el asesinato de dos niños en Monte Olivo, Alta Verapaz, revela la estrecha connivencia entre poderes empresariales, gobernantes y mediadores de opinión, tanto nacionales como internacionales. Al mismo tiempo, los silencios institucionales alientan la impunidad y facilitan que hechos similares, incluso de mayor gravedad, vuelvan a repetirse.

En el análisis de los asesinatos de Monte Olivo es necesario tener en cuenta al menos cuatro elementos estructurales, que rebasan una visión local e individualizada (agresor en estado ebrio quien, de forma casual, comete un hecho condenable, sin que la empresa y gobernantes tengan responsabilidades).

El primer elemento contextual ubica los asesinatos como consecuencia de una permanente y cada vez más agresiva campaña de persecución de las luchas y de los movimientos en defensa del territorio (en general, de todos los movimientos sociales), a los que sistemáticamente se acusa de criminales, terroristas, aliados con actores espurios (narcotráfico y otros), o se deslegitima al pretender que actúan con desinformación y están cooptados, manipulados, asesorados y financiados por organizaciones de fuera (de la capital e internacionales). En el marco de una dictadura de facto (hipercentralización del poder y gobierno sin apoyo de la ley) se niegan derechos reconocidos constitucionalmente, entre otros la libertad de acción (hacer lo que la ley no prohíbe, artículo 5); los derechos de reunión y manifestación, que no pueden ser restringidos, disminuidos o coartados (artículo 33); el derecho de asociación (artículo 34); el derecho de libre emisión del pensamiento (artículo 35); la legitimidad de la resistencia para la protección y defensa de los derechos y garantías consignados por la Constitución (artículo 45); el derecho a la consulta.  

Al estar alentada desde el gobierno y las empresas, al ser replicada por importantes columnistas y medios de comunicación, la campaña genera un ambiente favorable a la persecución (física) de líderes comunitarios. Si en algunos momentos de los muy violentos pronunciamientos promovidos entre otros por la Fundación contra el Terrorismo (nunca rebatidos por autoridades) nos preguntamos cuándo se pasaría de las declaraciones a los hechos, la respuesta es que ya estamos en esa fase, y que parecen no existir límites en la espiral de agresión.

El segundo elemento analiza los asesinatos en el marco de la violencia estructural utilizada por las empresas para la implantación de su modelo. Este modelo, construido al margen de las voluntades comunitarias, de su identidad, historia y cultura, de su comprensión de la naturaleza como ser vivo y por tanto sujeto (no objeto a explotar), rompe dinámicas históricas y resquebraja las cohesiones (ya de por sí amenazadas) comunitarias y territoriales, así como lleva al límite la capacidad de sobrevivencia de la naturaleza. 

A pesar de que empresas y gobierno insisten en que este modelo supone desarrollo para todos, se convierte en la práctica en impositivo, excluyente y violento. Al operar en contextos comunitarios muy adversos, hace imprescindible el uso de la fuerza, al tiempo que utiliza el diálogo de forma táctica y complementaria.

El Estado neoliberal extractivista, oligarca, racista, patriarcal y militar, presente en Monte Olivo
Tercer elemento: la democracia guatemalteca (siempre en construcción) y la lógica de la paz (debilitada-extenuada) se resienten ante el empuje de las empresas, especialmente desde la llegada al poder de los operadores del proyecto oligárquico-militarista: el equipo de Otto Pérez Molina y el Partido Patriota.

Las dinámicas colectivas se pliegan ante la pulsión de intereses individuales y mercantiles, tanto de empresas extranjeras como de negocios nacionales o, en la mayoría de los casos, interconectados. Los derechos individuales, sobre todo la propiedad privada y la libre locomoción (en general todos los derechos y leyes favorables a la inversión privada inconsulta) dominan sobre los derechos sociales y colectivos.

Sobre este esquema neoliberal extractivista se superponen en Monte Olivo (y en la mayoría de los conflictos alrededor de empresas extractivas) las agendas oligarca y racista con sus correspondientes Estados (Estado neoliberal extractivista, Estado oligarca y Estado racista, siguiendo al intelectual ecuatoriano Alberto Acosta).

El Estado neoliberal promueve la mercantilización incondicional de los territorios. El Estado oligarca considera Guatemala su finca, por lo que no necesita disponer de permisos para actuar en ella. El Estado racista acepta, asume y relativiza la agresión sobre poblaciones indígenas (a las que apenas se otorga actoría social y política). Añadimos que el Estado patriarcal legitima las violencias sobre los cuerpos de las personas (como instrumento de dominación) y, en la Guatemala de hoy, se fortalece el componente militarista como medio y como espacio de acumulación y poder en sí mismo.

¿Y la indignación?
En este clima de mercantilización versus derechos sociales y de los pueblos no tiene cabida la indignación colectiva. “La lógica de mercado y la política extractivista que se aplica en Guatemala, llevan implícita la naturalización de una cultura de muerte. Como sociedad estamos insensibles ante los asesinatos de Hageo Isaac de 13 años y David Estuardo de 1 años”, afirma la escritora feminista Paula Irene del Cid Vargas.

Se pregunta el periodista y escritor Miguel Ángel Sandoval: “la muerte por asesinato de dos niños de la comunidad Monte Olivo, hijos de un líder comunitario, debería ser motivo para un duelo nacional. Pero también, para ver con lupa el trabajo de las empresas privadas de seguridad en los llamados mega-proyectos. ¿Es el reino de la impunidad tolerado?”

Aparente contradicción: el Estado que busca homogeneizarnos, que nos recuerda que todas y todos somos guatemaltecos y nos cobija bajo una misma bandera, se olvida en Monte Olivo de plegar esta bandera en señal de duelo, como mínimo gesto simbólico. Lo visible es la indiferencia institucional y de todos los actores de poder.

Sin esperar otras respuestas oficiales, el reto debe ser la deducción de responsabilidades en los asesinatos, las materiales y las estructurales-intelectuales, independientemente de si se puede demostrar o no que la empresa dio la orden de disparar. Sobre esta cadena de responsabilidades (unas directas, otras indirectas, unas presentes en el momento de los hechos, otras latentes) debe ejercerse el seguimiento político y jurídico a los asesinatos de Monte Olivo, al tiempo que se fortalece la solidaridad entre personas y comunidades, la exigencia de justicia y la solicitud de resarcimiento a las familias afectadas.

Además, es fundamental convertir el dolor y la indignación en “unidad de las luchas”, como propone el dirigente q´eqchi´Melvin Picón, lo que implica la incorporación de ciudadanía pasiva sin derechos a los procesos de concientización y movilización.

La lectura final (cuarto elemento) de lo sucedido en Monte Olivo debe tomar en cuenta la extrema polarización social (manifestada también en el ejercicio de la justicia por mano propia contra el agresor). La polarización deriva de la ofensiva económica violenta de las empresas (falsamente denominada desarrollo y apoyada en los poderes del estado), que no guarda relación con los intereses y demandas de las comunidades.

La reconstrucción, construcción y fortalecimiento de articulaciones entre organizaciones, comunidades, pueblos y personas en lo individual, alrededor de la defensa del territorio, la naturaleza y las personas; la defensa en definitiva de la vida contra todas las formas de violencia y agresiones (sobre la tierra, los cuerpos, la cultura, la memoria, la historia…) es la garantía para detener esta ofensiva depredadora y evitar que la conflictividad –y la historia- se desborden de nuevo.

Nota
El título del articulo se inspira en el documental Todo el dolor de Monte Olivo, elaborado por Marcha Indigena, Campesina y Popular. 

Relato del asesinato
El día 14 de agosto tres personas particulares, identificándose como supuestos Policías, llegan al local donde trabaja el líder comunitario David Chen, indicándole que tienen que capturarlo para presentarlo en el juzgado de Cobán. Sin embargo, al requerirles la orden judicial, no la muestran e ingresan a la fuerza al local para someter al líder comunitario y llevárselo secuestrado. Por la intervención de líderes que en ese momento se percatan de la presencia de dichas personas no logran su cometido y huyen del lugar.

El viernes 23 de agosto el señor Guillermo Pacay Bol llega a la casa de habitación del líder comunitario David Chen preguntando por él. Al darse cuenta que no se encuentra, intimida al padre y hermano de David Chen con el arma de fuego, luego acciona el arma y en ese momento causa heridas de gravedad a los niños Hageo Isaac Maas Guitz quien sufre una herida de bala en la tráquea y al niño David Estuardo Pacay Maas herido en el cráneo, en estado grave, es trasladado a la capital al hospital San Juan de Dios. Fallecen los días 27 y 26 de agosto, respectivamente.
Texto completo: http://es.scribd.com/doc/163776547/Historia-Monte-Olivo

Referencias 
Todo el dolor de Monte Olivo: http://www.youtube.com/watch?v=aS0depYI7oc
Historia de Monte Olivo, elaborada por organizaciones sociales: http://es.scribd.com/doc/163776547/Historia-Monte-Olivo
Coordinación y Convergencia Nacional Maya Waqib´ Kej: http://convergenciawaqibkej.wordpress.com
Marcha Indígena Campesina y Popular: https://www.facebook.com/pages/Marcha-ind%C3%ADgena-campesina-y-popular/207724279334698?fref=ts

Partidos Comunistas llaman a combatir en solidaridad con Siria


Comunicado de Partidos Comunistas y Obreros contra el ataque militar imperialista contra Siria


Los Partidos Comunistas y Obreros expresamos nuestra solidaridad con el pueblo sirio y condenamos el ataque militar contra Siria que está siendo preparado por los imperialistas de los EE.UU., de la OTAN y de la UE junto con sus aliados para la promoción de sus intereses en la región.

Rechazamos los pretextos imperialistas que, como se demostró, habían sido utilizados también en la guerra contra Irak y en las demás guerras imperialistas contra Yugoslavia, Afganistán y Libia.

Llamamos a la clase obrera, a los pueblos en todo el mundo para combatir y condenar la nueva guerra imperialista, exigir que los gobiernos de sus países no se impliquen ni apoyen el ataque militar criminal.

Firman:

Partido Comunista de Azerbaiyán – Partido Comunista Alemán – Partido Comunista de Australia – Partido Argelino por la Democracia y el Socialismo – Tribuna Progresista Democrática, Bahrein – Partido Comunista de Bélgica (PC de Valonia – Bruselas) – Partido del Trabajo de Bélgica – Partido Comunista de Bielorrusia – Partido Comunista de los Obreros en Bielorrusia – Partido Comunista de Bohemia y Moravia – Partido Comunista de Brasil – Partido Comunista Brasileño – Partido Comunista de Bretaña – Nuevo Partido Comunista de Bretaña – Partido Comunista de Canadá – Partido Comunista de Chile – AKEL, Chipre – Partido Comunista de Cuba – Partido Comunista en Dinamarca – Partido Comunista Dinamarqués – Partido Comunista de Eslovaquia – Partido Comunista de los Pueblos de España – Partido Comunista de Filipinas – 1930 – Partido Comunista de  Finlandia – Partido Comunista Obrero de Finlandia – Polo de Renacimiento Comunista en Francia – Partido Comunista Unificado de Georgia – Partido Comunista de Grecia – Partido Obrero Húngaro – Partido Tudeh de Irán – Partido Comunista de Irlanda – Partido de los Comunistas Italianos – Comunistas Izquierda Popular-Partido Comunista, Italia – Grupo Activista SHISO-UNDO, Japón – Partido Comunista Jordaniano – Partido Socialista de Letonia – Frente Popular Socialista de Lituania – Partido Comunista de Luxemburgo – Partido Comunista de Malta – Partido Comunista de México – Resistencia Popular, Moldavia – Partido Comunista de Noruega – Partido Comunista de Pakistán – Partido Comunista Palestino – Partido del Pueblo Palestino – Partido Comunista de Polonia – Partido Comunista Portugués – Partido Comunista de la Federación Rusa – Partido Comunista Obrero Ruso – Partido Comunista de la Unión Soviética – Partido Comunista Sirio – Partido Comunista Sirio (Unificado) – Partido Comunista de Sudán – Partido Comunista de Suecia – Partido Comunista de Tayikistán – Partido Comunista de Turquía – Partido del Trabajo (EMEP), Turquía – Partido Comunista de Ucrania – Unión de los Comunistas de Ucrania – Partido Comunista de Venezuela

Paul Krugman:Un mundo aún no salvado


La crisis asiática de los noventa fue un ensayo de la del mundo desarrollado 10 años después

 El País,1 de septiembre 2'13



La rupia se desploma. ¡Huyamos a las montañas! Pensándolo mejor, mantengamos la calma y sigamos adelante.

Por si se lo están preguntando, la rupia es la moneda nacional de Indonesia y, al igual que las monedas de otros mercados emergentes, se ha depreciado mucho a lo largo de los últimos meses. La cosa es que la última caída en picado de la rupia tuvo lugar en 1997 y 1998, cuando Indonesia estaba en el epicentro de una crisis financiera en Asia. Vista en perspectiva, esa crisis fue una especie de ensayo general para la crisis mucho mayor en la que se ha visto sumido el mundo desarrollado 10 años después. Por tanto, ¿deberíamos aterrarnos por la situación de Asia otra vez?

No lo creo, por razones que explicaré en un minuto. Pero los acontecimientos actuales nos traen recuerdos, y son sobre todo un recordatorio de lo poco que aprendimos de esa crisis que tuvo lugar hace 16 años. No reformamos el sector financiero, sino todo lo contrario: la liberalización siguió adelante a toda máquina. Ni tampoco aprendimos las lecciones correctas sobre cómo reaccionar cuando la crisis golpea. De hecho, no solo hemos estado cometiendo muchos de los mismos errores otra vez, sino que en muchos sentidos importantes, lo estamos haciendo ahora mucho peor de lo que lo hicimos entonces.

Algunos antecedentes: el periodo previo a la crisis asiática guarda un fuerte parecido con el periodo previo a la crisis que ahora aflige a Grecia, España y otros países europeos. En ambos casos, los orígenes de la crisis residen en el optimismo excesivo del sector privado, con enormes entradas de préstamos extranjeros que iban a parar principalmente al sector privado. En ambos casos, el optimismo se convirtió en pesimismo con sorprendente rapidez y precipitó la crisis.

Sin embargo, a diferencia de Grecia y demás, los países en crisis en 1997 tenían su propia divisa, que pasó a depreciarse fuertemente frente al dólar. Al principio, esta depreciación de la moneda causó agudos trastornos económicos. En Indonesia, por ejemplo, muchas empresas tenían grandes deudas en dólares, de modo que cuando la rupia se hundió frente al dólar, esas deudas se dispararon en relación con los activos y los ingresos. La consecuencia fue una grave contracción económica, en una escala que no se veía desde la Gran Depresión.

Afortunadamente, los malos tiempos no duraron tanto. La propia debilidad de las monedas de estos países hizo que sus exportaciones fueran muy competitivas, y pronto todos ellos —incluso Indonesia, que fue la más afectada— experimentaban fuertes recuperaciones impulsadas por las exportaciones.

A diferencia de Grecia y demás, los países en crisis en 1997 tenían su propia divisa, que se depreció frente al dólar

Aun así, la crisis debería haber servido de lección sobre la inestabilidad de los sistemas financieros no regulados. En lugar de eso, la recuperación de Asia llevó a las autoridades occidentales a alardes excesivos de autocongratulación, como ilustraba la famosa portada en 1999 de la revista Time —en la que aparecían Alan Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal, con Robert Rubin y Lawrence Summers, en aquella época secretario y subsecretario, respectivamente, del Tesoro— con el titular El Comité que ha de salvar el mundo. El mensaje era: “No se preocupen, tenemos todo esto bajo control”. Ocho años después, descubrimos lo poco apropiada que era esa confianza.

De hecho, como ya he mencionado, en esta ocasión lo estamos haciendo mucho peor. Piensen, por ejemplo, en el país en peor situación durante cada crisis: Indonesia entonces, Grecia ahora.

La recesión de Indonesia, que vio cómo la economía se contraía un 13% en 1998, fue terrible, pero hacia 2000 ya estaba en marcha una sólida recuperación. En 2003, la economía de Indonesia había superado su máximo anterior a la crisis; el año pasado, había crecido un 72% en relación con 1997.

Ahora comparen esto con Grecia, donde la producción ha descendido más de un 20% desde 2007 y sigue disminuyendo con rapidez. Nadie sabe cuándo empezará la recuperación, y yo intuyo que pocos observadores prevén que la economía de Grecia se recupere hasta alcanzar los niveles anteriores a la crisis durante esta década.

¿Por qué es la situación mucho peor esta vez? Una respuesta es que Indonesia tenía su propia moneda, y la devaluación de la rupia fue, al final, una buena cosa. Grecia, por otro lado, está atrapada en el euro. Además, los políticos eran más flexibles en la década de los noventa que en la actualidad. El Fondo Monetario Internacional exigió al principio duras políticas de austeridad en Asia, pero pronto cambió de rumbo. Esta vez, las exigencias a Grecia y a otros deudores han sido implacablemente duras, y cuanto más fracasa la austeridad, más sangre se exige.

Entonces, ¿será Asia la siguiente? Probablemente no. Indonesia tiene ahora un nivel de deuda extranjera en relación con los ingresos mucho más bajo del que tenía en la década de 1990. India, cuya moneda también experimenta una caída que preocupa a muchos observadores, tiene una deuda todavía más baja. Por tanto, una repetición de la crisis de la década de 1990, por no hablar ya de una crisis interminable al estilo griego, parece poco probable.

¿Y qué hay de China? Bien, como explicaba hace poco, estoy muy preocupado, pero por razones totalmente diferentes, en su mayoría no relacionadas con los acontecimientos en el resto del mundo.

Pero seamos claros: incluso si nos libramos del espectáculo de otra región más hundida en la depresión, el hecho es que la gente que se felicitaba a sí misma por salvar el mundo en 1999 estaba de hecho predisponiéndolo para una crisis mucho peor, que tendría lugar solo unos años después.

Paul Krugman, premio Nobel de Economía en 2008, es profesor de la Universidad de Princeton.

Marxismo y cuestión nacional

Entrevista a Néstor Kohan
Rebelión, La llamarada


-¿Qué pensó Marx sobre el problema nacional? 

-La posición histórica del marxismo no ha sido unívoca ni uniforme. En sus primeros escritos Marx y Engels tenían, junto a su humanismo universalista y al internacionalismo, un punto de vista cosmopolita, sintetizado en la expresión “los trabajadores no tienen patria” del Manifiesto comunista (1848). Ese mismo año Engels escribía: “En América hemos presenciado la conquista de México la que nos ha complacido. Constituye un progreso, también, que un país ocupado hasta el presente exclusivamente de sí mismo, desgarrado por perpetuas guerras civiles e impedido de todo desarrollo, un país que en el mejor de los casos estaba a punto de caer en el vasallaje industrial de Inglaterra, que un país semejante sea lanzado por la violencia al movimiento histórico. Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos” (1848). Apenas un año después Engels se pregunta: “¿O acaso es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?" (1849). En sus artículos sobre “La dominación británica en la India” (1853) Marx justifica la penetración del colonialismo inglés en el oriente en nombre del “progreso histórico” (aún cuando se queja en el terreno ético de los métodos salvajes de los británicos). 

En ese horizonte Engels hacía suya la concepción de Hegel sobre los “Pueblos sin historia”, naciones periféricas condenadas, supuestamente, a no tener un estado propio. El triste y erróneo artículo de Marx sobre Simón Bolívar (enero de 1858) constituye probablemente la última prolongación de ese paradigma eurocéntrico, moderno, cosmopolita y progresista del Manifiesto comunista. 

A partir de allí Marx y Engels revisan su propia teoría, amplían notablemente su mirada del mundo (empiezan a hacerlo estudiando el comercio exterior de Inglaterra y sus colonias), comienzan a simpatizar con las rebeldías del mundo periférico, colonial y dependiente y reflexionan agudamente sobre el problema nacional desde un ángulo completamente distinto. Desde fines de la década de 1850 y sobre todo en las de 1860 y 1870, abandonan el cosmopolitismo, conservando el internacionalismo, pero articulado ahora con una mayor comprensión del problema nacional. En su trayectoria teórica y científica se produce una fuerte discontinuidad y un viraje donde radicalizan su crítica del capital europeo occidental y su expansión “progresista” que aplasta los pueblos y somete las naciones de la periferia colonial o dependiente. Irrumpen entonces en su producción teórica India, China, Birmania, Rusia, Persia, islas Jónicas, América Latina, África e incluso en el interior de Europa las “atrasadas” Irlanda, Polonia y España.

-¿A qué conclusión política llegan Marx y Engels a partir de ese viraje teórico?

-Estudiando en 1854 la revolución española Marx lee una frase programática y emblemática que lo deslumbra, pronunciada en 1810 por el indio americano Dionisio Inca Yupanqui en las cortes de Cádiz: “Un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre” (Yupanqui se refiere a la opresión del pueblo español sobre los pueblos indígenas y mestizos de Nuestra América). Marx la hace suya y la aplicará en 1869 cuando se ocupe de Irlanda, reformulando la expresión de Yupanqui para el caso del proletariado inglés y el pueblo de su colonia Irlanda (Lenin utilizará reiteradamente la expresión que Marx adopta del indígena Yupanqui en sus escritos sobre la cuestión nacional, lo cual demuestra que los americanos hemos contribuido también a la gestación del marxismo, incluso del marxismo clásico europeo). El proletariado inglés —supuestamente depositario de “la misión civilizadora del progreso”— no liberará las colonias; son las colonias las que se liberarán a sí mismas, posibilitando la emancipación del proletariado metropolitano. Una inversión completa del eurocentrismo colonial y del cosmopolitismo “progresista”.

Esa crítica ácida contra el eurocentrismo y el euroccidentalismo desarrollada en sus escritos sobre China de 1853 y en los Grundrisse [primeros borradores de 1857-58 de El Capital] se profundizará aún más en la carta de Marx de 1877 a la redacción del periódico ruso Anales de la patria y en los extensos borradores de su correspondencia de 1881 con Vera Zasulich, así como también en sus Apuntes etnológicos de 1880-1882. En todos esos materiales de madurez Marx ubica en el centro de sus reflexiones teóricas a la periferia del sistema mundial capitalista, al mundo colonial y dependiente, sometiendo a crítica la mirada cosmopolita, ingenuamente apologista del “progreso”. Abandona terminantemente el cosmopolitismo y defiende con entusiasmo las causas nacionales de Irlanda, Polonia y otros países sometidos que luchan por su liberación nacional. Incluso en esa época, según revela su correspondencia, simpatiza abiertamente con los métodos de lucha armada de los irlandeses y los populistas rusos que realizan atentados contra el zar. En su corpus teórico de madurez el eje se desplazó del centro europeo a las periferias coloniales y dependientes. Marx no duda en apoyar la lucha armada de estos pueblos rebeldes.

¡Cuánto desconocimiento y cuanta ignorancia sobre Marx tienen los supuestos “eruditos” académicos del marxismo que utilizan frases sueltas y descontextualizadas de este genio del pensamiento para desconocer el papel del imperialismo contemporáneo, apoyando bochornosamente con jerga “de izquierda” y poses supuestamente “internacionalistas” los bombardeos neocoloniales del Pentágono y la OTAN en Libia, las guerras de saqueo en Afganistán e Irak, las intervenciones norteamericanas en Siria y Venezuela y muchas otras hazañas “humanitarias” del imperialismo! Desde ese ángulo, pretendidamente cosmopolita y eurocéntrico, han llegado a apoyar a Margaret Thatcher y su aventura neocolonial en nuestras islas Malvinas, donde la OTAN construyó una base militar nuclear. 

-¿Cuáles han sido los debates históricos en el marxismo posterior a Marx en torno a la cuestión nacional?

-Después de Marx lamentablemente la Segunda Internacional desconoce el viraje teórico del maestro, retrocede y vuelve a incurrir en el peor eurocentrismo. Para la socialdemocracia el socialismo es cuestión de gente blanca, urbana y europea. Así pensaban H. van Kol, Emilio Vandervelde y muchos otros reformistas. En el congreso de la II Internacional de 1907, en Stuttgart, las posiciones que declaraban “no repudiar ni en principio ni para siempre toda forma de colonialismo, el cual, bajo un sistema socialista, podría cumplir una misión civilizadora” ganaron la adhesión de casi la mitad de la Internacional. Patético. Sólo Lenin y Rosa Luxemburg (aún discrepando entre sí sobre Polonia) se animaron a arremeter contra semejante engendro eurocéntrico. Lenin fue el más radical planteando como programa político estratégico la doctrina de la autodeterminación de las naciones, sin vasallaje imperial o colonial de ningún tipo, ni “humanitario”, ni “civilizado” ni “socialista”. De este modo Lenin abre el comunismo e incorpora en la revolución mundial a todas las culturas y naciones del Tercer Mundo. Ho Chi Minh recuerda en sus memorias cómo se puso a llorar de emoción cuando leyó a Lenin, pues hasta ese momento la Internacional era cosa de “blancos europeos y civilizados”. Los amarillos, los negros, los indígenas, los mestizos y todo el mundo colonial, semicolonial y dependiente no entraban en “el colonialismo socialista” de la Segunda Internacional. 

Pero la apertura y el brillo de Lenin duraron poco. Tras su muerte, Stalin sacrifica el internacionalismo alcanzado subordinándolo a la razón de Estado y al interés estatal de Rusia con su doctrina del “socialismo en un solo país” que no sólo no resolvió el problema nacional sino que multiplicó una serie infinita de discordias y odios nacionales en los pueblos y culturas a los que se les negó la autodeterminación y se les impuso el idioma ruso por la fuerza.

En términos generales, en todos esos casos—desde el eurocentrismo occidentalista hasta la posición leninista de la autodeterminación de las naciones— la disyuntiva giraba en torno a naciones ya constituidas oprimidas por grandes potencias.

En Nuestra América Mariátegui aborda el problema desde un nuevo ángulo, ya que en nuestro continente las naciones no están plenamente constituidas. Las repúblicas heredadas de las primeras guerras de independencia (donde Bolívar y San Martín triunfan sobre el colonialismo europeo) son repúblicas bananeras hegemonizadas por las mezquinas y miopes clases dominantes criollas, patrias chicas y retazos fragmentados de la Patria Grande bolivariana. De la gran nación unificada a escala continental con la que soñaba Bolívar pasamos —gracias a la mano pérfida de Inglaterra y Estados Unidos— a más de 20 republiquetas, enemistadas entre sí (a tal punto que en Centro América hubo guerras hasta por el fútbol), que además oprimen a los pueblos originarios con una institucionalidad burguesa y oligárquica. Por eso Mariátegui reformula “la cuestión nacional” de los clásicos del marxismo europeo desde un ángulo muy novedoso. A partir de la revolución cubana y el auge de la insurgencia continental de los 60 y 70, comienzan a reivindicarse las primeras guerras de independencia de la Patria Grande como parte constitutiva del proyecto socialista y comunista contemporáneo.

-¿Cómo pensás que pueden articularse las luchas de liberación nacional o las reivindicaciones identitarias particulares, con la lucha anticapitalista y por el socialismo que es profundamente internacionalista? 

-La fórmula clásica según la cual la revolución socialista es “internacional por el contenido, nacional por la forma” me resulta hoy un poco esquemática. No creo que la identidad nacional latinoamericana sea simplemente un problema de “forma”, una presentación “folclórica”, externa y decorativa de algo que ya está completamente masticado y acabado. No existe un modelo universal (extraído de Europa occidental) que “se aplica” mecánicamente país por país, según las variaciones idiosincráticas del folclore local. La historia nacional está presente también en el contenido de las revoluciones de liberación nacional y social. Ejemplo: para la revolución cubana la herencia de Martí no es un adorno decorativo externo sino parte de su misma conformación y gestación histórica.

Por otro lado, no pondría en el mismo plano las luchas de liberación nacional a escala continental —sobre todo en perspectiva bolivariana, a escala de la Patria Grande— y los conflictos de dominación clasista —la lucha de clases— junto con los problemas de reivindicaciones identitarias, como la cuestión de género y las múltiples opciones de diversidad sexual, la cuestión del racismo u otras análogas. Todas esas perspectivas de análisis son legítimas y validas ya que abordan distintos tipos de opresión bajo el capitalismo pero se desarrollan y despliegan en planos diferentes de la lucha, no siempre equivalentes ni simétricos. ¿Dónde estaría la diferencia específica entre estas problemáticas? En su capacidad de aglutinar, convocar y articular rebeldías diversas contra el sistema capitalista.

 La Academia norteamericana y la francesa han elaborado y difundido una cantidad abrumadora de literatura teórica y política destinada a convencer al movimiento popular de que el mejor de los mundos posibles gira en torno a las luchas de gueto, a las reformas institucionales puntuales, a los juegos de lenguajes recíprocamente ajenos, intraducibles e inconmensurables de cada movimiento social. Esas academias y el pensamiento posmoderno han insistido durante 30 años que cualquier articulación totalizante que reúna las múltiples rebeldías en un frente común contra el capitalismo y el imperialismo es... “opresiva”, “sustitucionista” y en última instancia “totalitaria”. Curiosamente para ser libertario y políticamente “radical”... hay que conformarse con reformas institucionales que den cuenta de identidades particulares (por ejemplo, leyes antirracistas que protejan al pueblo judío de la marginación, ley del matrimonio igualitario para el movimiento gay, programas de discriminación positiva para los negros y negras afrodescendientes, etc.). Reformas institucionales en defensa de “la diversidad” plenamente compatibles con el sistema capitalista. No casualmente en EEUU, la potencia imperialista más opresiva, vigilante y represora del mundo (como reconocen el más teórico Noam Chomsky o el más práctico Snowden), hay generales gays, un presidente negro, ministros de origen judío y torturadoras mujeres. Un gran respeto por “la diversidad”... siempre dentro del capitalismo y el imperialismo, por supuesto.

A contramano de posmodernos y multiculturalistas, el gran desafío del marxismo revolucionario latinoamericano consiste en poder articular todas las rebeldías multicolores en un proyecto colectivo de hegemonía socialista apuntando a construir a escala de la Patria Grande ese sueño inacabado e inconcluso de Simón Bolívar cuando dijo “Para nosotros la patria es América”, así como para Martí “Patria es humanidad”. El socialismo y el comunismo internacionalistas no son grises, tienen múltiples colores. El rojo, si quiere triunfar sobre el capitalismo y el imperialismo, tiene que ser la síntesis integradora y aglutinadora de ese arco iris multicolor donde no pueden estar ausentes la identidad cultural de nuestros pueblos y la emancipación nacional de la Patria Grande, proyecto todavía inconcluso de nuestros primeros libertadores y libertadoras.

-¿Cómo se ha pensado la cuestión nacional desde el guevarismo? ¿Cómo la abordó el PRT de Argentina? 

-El Che Guevara no es una estrella solitaria, sino uno de los máximos exponentes de la revolución cubana y latinoamericana. Esa revolución se inspira, ya desde el asalto al cuartel Moncada de 1953, en el programa de José Martí. Más tarde, habiendo triunfado sobre el enemigo imperialista y la burguesía lumpen, mafiosa y prostituída de la isla, la revolución cubana sintetiza su mirada del problema nacional en la Segunda Declaración de La Habana, combinando tareas nacionales-antimperialistas con las específicamente socialistas. Hijo de ese horizonte, el Che comunista e internacionalista, recupera al mismo tiempo a San Martín (discurso del 25 de mayo de 1962 en La Habana), a Bolívar (en sus Cuadernos de lectura de Bolivia) y a Martí (en “Notas para el estudio de la ideología de la revolución cubana”). Según Pombo, sobreviviente de la guerrilla de Bolivia, el Che compartía con sus compañeros las lecturas sobre Juana Azurduy y la guerra de guerrillas de las republiquetas del Alto Perú contra el colonialismo español. 

Aprendiendo del Che, diversos exponentes del guevarismo latinoamericano se esforzaron por sintetizar el método, la concepción del mundo y de la vida y la ideología marxista con las tradiciones nacionales indo-latino-nuestroamericanicanas. Desde Carlos Fonseca a Miguel Enríquez, desde Raúl Sendic a Roque Dalton, desde Camilo Torres a Manuel Marulanda Velez, incluyendo en esa familia continental al argentino Mario Roberto Santucho. 

No casualmente el PRT [Partido Revolucionario de los Trabajadores] elige la bandera latinoamericana (no sólo argentina) del ejército de los Andes de San Martín para identificar sus emblemas en la fundación del ERP [Ejército Revolucionario del Pueblo].

Plantear que “no hay nada que reivindicar de la lucha independentista del siglo 19 porque allí no había obreros” me parece expresión de una aguda ignorancia e incomprensión del marxismo y de su metodología histórica. Ese internacionalismo abstracto, pretendidamente cosmopolita e ignorante de nuestra historia en nombre del “clasismo”, está más cerca del tímido reformista Juan B. Justo (que nunca entendió ni al colonialismo ni al imperialismo) que del Che Guevara, Lenin y sobre todo del propio Marx.

-¿En qué sentido pensás que los sentidos atribuidos y asignados a la noción de patria, a los símbolos nacionales, forman parte de la disputa ideológica? 

-Julio Antonio Mella solía repetir que la palabra “patria” en manos de la burguesía es como un tambor, suena muy fuerte pero está vacía. En cambio cuando son los sectores populares los que apelan a la tradición patriótica y nacional, el concepto de “patria” adquiere un sentido completamente distinto. Fundamentalmente en países como los nuestros, donde la dependencia jamás desapareció (incluso se profundizó), aunque la palabra “dependencia” haya circulado menos en la academia de los últimos 30 años. Que se utilice menos la palabra no significa que haya desaparecido la realidad que ese término designa. Lejos estamos del giro lingüístico donde todo queda prisionero del lenguaje y se evapora la realidad social. Más allá de los discursos y las palabras hay un mundo. En ese mundo social existe lucha de clases. En el ámbito de la cultura y la reproducción cotidiana del orden social, nada queda al margen de esa lucha de clases. Incluyendo la historia nacional y sus símbolos patrios. El San Martín de Videla (supuestamente un general blanquito y europeo, enemigo de Bolívar) y el de Robi Santucho o Rodolfo Walsh (concebido como un patriota latinoamericano, defensor de la Patria Grande, amigo y compañero de Bolívar) no sólo son distintos sino opuestos y antagónicos. El mismo año (1970) en que el genocida y torturador ejército argentino financiaba y producía la película El Santo de la Espada sobre San Martín, el ERP adoptaba su bandera como símbolo revolucionario. Quien controle el pasado, manejará el presente escribía George Orwell. Emancipar el pasado para liberar el futuro es la tarea del momento. La disputa del año 2010 por el Bicentenario de la independencia lo ha demostrado de manera muy clara. 

-¿Qué baches encontraste en la historia oficial cuando estudiaste los procesos de revoluciones de independencia en América latina y en el Río de la Plata?

-En primer lugar, el eurocentrismo, que sigue gozando de prestigio hoy en día, bajo diversos ropajes. “Nuestra América se liberó... gracias a la invasión napoleónica de España. Napoleón es un derivado de la revolución francesa. Por lo tanto, sin revolución francesa, no existiría la independencia de Nuestra América”. Un relato sesgado, unilateral, deformado, que desconoce 500 años de resistencia continental y el ciclo que inician Tupac Amaru en 1780 y Haití una década después y que sólo concluye en 1824 con la batalla de Ayacucho. El historiador francés Pierre Chaunu —repetido en las academias hasta el cansancio— lo sintetizó diciendo que los latinoamericanos no nos independizamos, recibimos (como un regalo) la independencia. Falso, miserable, altanero y petulante.

En segundo lugar, la construcción de mitos, falsas dicotomías y panteones de la escuela del general Bartolomé Mitre, continuados por Sarmiento y Levene, a quienes se agregaron la Academia Argentina de la Historia (núcleo del gorilaje académico) y el Instituto Nacional Sanmartiniano (fundado por el ultracatólico José Pacífico Otero en el Círculo Militar). Esta corriente opone San Martín contra Bolívar, pretende desconocer el Plan revolucionario de operaciones de Mariano Moreno y condensa un elitismo insoportable. Eso en cuanto a la historia oficial, de factura liberal-conservadora y brutalmente eurocéntrica.

Por oposición a ella, el revisionismo rosista y católico, invirtió la ecuación liberal dejando intactos los términos. San Martín se convierte en un represor, la mazorca rosista en un modelo a imitar y así de seguido.

La historiografía mitrista liberal fue luego reemplazada en la historia oficial y en la Academia por el relato posmoderno según el cual rastrear las raíces de las luchas independentistas es incurrir en un supuesto “mito del origen”, una impugnación que apunta a deslegitimar todo lo que contribuya a la fortalecer la memoria histórica y la autoestima popular, dimensiones fundamentales de cualquier resistencia y proyecto revolucionario. Para el posmodernismo todo es “mito” menos… el mercado, la republica parlamentaria y el capitalismo.

Finalmente me encontré con la producción historiográfica de gente bien intencionada, con voluntad de fidelidad a Marx (en general al Marx cosmopolita previo a su viraje sobre el problema colonial y nacional), pero que seguía presa de modelos eurocéntricos y tipos ideales extraídos de la revolución industrial inglesa y la revolución política francesa. Una metodología que les impedía, a pesar de sus buenas intenciones, ajustar cuentas y hacer un beneficio de inventario con la historia apologética y oficial de la burguesía argentina. Para esta corriente, Sarmiento es un ídolo (tanto en el caso de la historiografía del stalinismo como en la del trotskismo), Bolívar un populista bonapartista y la clave de nuestra historia está en.... “el desarrollo de las fuerzas productivas”. Por lo tanto, la mayor parte de las resistencias frente al colonialismo europeo terminan condenadas “porque no tenían un programa para desarrollar las fuerzas productivas”. En nombre de Marx, se termina coincidiendo con el aplauso apologético a los vencedores y la condena a los que resistieron. En algunos casos extremos se termina insultando a Bolívar para aplaudir a Bernardino Rivadavia (su gran enemigo argentino, paralelo a su enemigo colombiano Santander) o incluso se festeja la feroz y mugrienta guerra al Paraguay porque supuestamente.... “desarrolló las fuerzas productivas”.

Frente a tantos equívocos historiográficos defendemos la pertinencia de una nueva mirada de nuestra historia, desde abajo y desde un ángulo marxista latinoamericano y descolonizador. Una nueva mirada de nuestras guerras de independencia y de nuestra lucha de clases, que reivindique con orgullo y con honor a nuestros miles y miles de masacradas y asesinados mientras resistían y luchaban heroicamente contra el colonialismo, hayan tenido o no un programa completo y explicitado hasta el más mínimo detalle para desarrollar las fuerzas productivas.

-¿Por qué y qué reivindicar de la figura de Bolívar? 

-De Bolívar reivindicamos su proyecto de liberación continental (independencia de España pero también integración regional y unidad continental), la conjugación de la lucha nacional y social (liberación de la esclavitud 50 años antes que EEUU y emancipación de la servidumbre de los pueblos originarios), su antimperialismo (identifica estratégicamente a EEUU como enemigo histórico de Nuestra América) y su doctrina político militar revolucionaria del pueblo en armas, condición de su triunfo sobre el colonialismo europeo luego de varias derrotas.

Bolívar constituye hoy un símbolo de rebeldía continental, como el Che Guevara quien, dicho sea de paso, era un convencido bolivariano (en su mochila guerrillera de Bolivia Guevara tenía reproducido el poema de Neruda en homenaje a Bolívar donde éste declara “despierto cada 100 años cuando despierta el pueblo”). Su visionario proyecto de Patria Grande, todavía inconcluso y pendiente, se ha tornado más actual que nunca en tiempos de globalización. La Patria Grande soñada por Bolívar (compartida por Miranda, San Martín, Mariano Moreno, Artigas y tantos otros y otras) nace en sus escritos en la Carta de Jamaica de 1815 y en el Congreso de Panamá de 1826 enfrentando la doctrina Monroe de 1823 cuyo lema “América para los americanos” condensa el proyecto geoestratégico del imperialismo norteamericano. No es casual que los documentos de Santa Fe IV, elaborados por los estrategas político-militares del Pentágono, identifiquen a Simón Bolívar (junto con la teología de la liberación y Antonio Gramsci) como uno de los principales enemigos actuales de Estados Unidos.

Barrio de Once, 30 de agosto de 2013

IGNACIO RAMONET: ENTREVISTA A NICOLÁS MADURO

Le Monde Diplomatique;Nº: 215   Septiembre  2013 

“El ‘gobierno de calle’es una revolución dentro de la Revolución”


Después de haber fracasado en su tentativa de deslegitimar al presidente de Venezuela Nicolás Maduro –democráticamente elegido el pasado 14 de abril– la oposición ya prepara las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre. En esa perspectiva, lanzó recientemente, con la ayuda de la derecha internacional y sus habituales cómplices mediáticos, el bulo de que el presidente Maduro no habría nacido en Venezuela y por consiguiente, como lo estipula la Constitución, su elección no sería válida.

Sobre esta nueva campaña de intoxicación y varios otros temas de actualidad, conversamos con Nicolás Maduro –a bordo del helicóptero que nos conduce de Caracas a Taguanes (estado Guárico)–, el mismo día en que se cumplían sus primeros cien días de gobierno como Presidente de la República Bolivariana.

Ignacio Ramonet: La oposición venezolana ha lanzado una campaña, que encuentra eco en algunos medios internacionales, afirmando que usted no nació en Venezuela, sino en Cúcuta, Colombia, y que posee doble nacionalidad,  lo cual, según la Constitución, lo invalidaría como Presidente. ¿Qué comentarios le inspira esta acusación?

Nicolás Maduro: El objetivo de esa locura lanzada por un demente de la ultraderecha panameña es crear las condiciones para una desestabilización política. Tratan de conseguir lo que no lograron ni por las elecciones, ni con golpes de Estado, ni con sabotajes económicos. Están desesperados. Y se basan en la ideología anticolombiana que la burguesía y la derecha venezolanas siempre han tenido contra el pueblo de Colombia.

A ese respecto, si yo hubiese nacido en Cúcuta o en Bogotá, me sentiría feliz de ser colombiano. Porque es una tierra fundada por Bolívar. Si hubiera nacido en Quito o en Guayaquil, también me sentiría orgulloso de ser ecuatoriano porque es una tierra liberada por Bolívar; o en Lima, o en el Potosí, o en La Paz, o en Cochabamba, me sentiría feliz de ser peruano o boliviano;  y si hubiera nacido en Panamá, tierra de Omar Torrijos, tierra de dignidad que formó parte de la Gran Colombia de Bolívar, también me sentiría orgulloso de ser panameño. Pero nací y me crié en Caracas, cuna del Libertador; en esa Caracas siempre convulsa, rebelde, revolucionaria. Y aquí estoy como Presidente. Estas locuras se recordarán como parte de la crisis de desesperación esquizofrénica en que entra, a veces, la derecha internacional con el objetivo de acabar con este faro de luz que es la revolución bolivariana.

Por otra parte, el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, declaró recientemente que se han descubierto conspiraciones contra usted, con intención de atentar contra su vida.

Nicolás Maduro: Sí, el ministro del Interior, Rodríguez Torres, el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello y yo mismo hemos revelado uno de los planes de asesinato que estaban preparándose para el día 24 de julio, aniversario del nacimiento de Simón Bolívar, y conmemoración de los 190 años de la Batalla Naval de Maracaibo. Disponían de un conjunto de planes que logramos neutralizar y que tienen siempre su origen en la misma derecha internacional. Ahí aparece, por ejemplo, el nombre de Álvaro Uribe [ex Presidente de Colombia] que tiene una obsesión contra Venezuela y contra los hijos de Chávez. Aparece tambien la vieja mafia de Miami, la de Posada Carriles, que cuenta con el apoyo de importantes instancias del poder en Estados Unidos. El gobierno de Barack Obama no ha querido desmontar esa mafia de Posada Carriles, un terrorista convicto y confeso, perseguido por las leyes de nuestro país porque voló un avión de Cubana de Aviación en octubre de 1976...

Puedo asegurarle que seguiremos defendiéndonos, neutralizando esos planes... y venciendo. Si ellos lograran su objetivo se crearía una situación que no quisiera ni pensar en ella. A quien menos le conviene que algo así ocurra es a la derecha venezolana. Desaparecería del mapa político de nuestro país por 300 años... Porque la Revolución tomaría otro carácter, sin lugar a dudas, mucho más profundo, mucho más socialista, mucho más antiimperialista. Ojalá esos planes nunca tengan éxito, porque les iría muy mal. Y yo lo vería desde el cielo pues...

¿Piensa usted que el fracaso de la oposición en su tentativa de desestabilización se debe a la política que usted ha impulsado, o a un cambio de actitud de la propia oposición ante las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre?

Nicolás Maduro: Se debe principalmente a la fortaleza institucional de la democracia venezolana, y a la decisión que tomé, apoyándome en esa fortaleza, de derrotar tempranamente el intento de insurrección y de violencia. Neutralizarlo. No permitir que se extendiera. Ellos intentaron una especie de insurrección en las principales ciudades, los días 15 y 16 de abril.

¿Qué grado de violencia se alcanzó?

Nicolás Maduro: Asesinaron a once personas humildes, entre ellas una niña y un niño. Y causaron casi cien heridos, de los que poco se habla. Gente que quedó muy mal herida, con secuelas para toda su vida.

La oposición mostró su verdadero rostro golpista. Aparentaba buenos modales democráticos pero cuando [el 5 de marzo] falleció el Comandante Chávez, decidió desconocer el resultado de las elecciones y tratar de imponer por la fuerza –con el supuesto apoyo internacional de Estados Unidos y de otros gobiernos de la derecha–, una operación para desestabilizar la Revolución. Logramos neutralizarlos y derrotarlos tempranamente. Ahora no les queda otro camino que volver a intentar, por la vía electoral, ocupar espacios en las alcaldías. Nosotros les hemos obligado a que así sea. Si no fuera por nuestra decisión de que se respete la Constitución, ellos hubieran llevado nuestro país a una situación de guerra civil.

En recientes declaraciones, usted ha alertado sobre fisuras en la unidad de la Revolución. ¿Teme usted una división del chavismo?

Nicolás Maduro: Las fuerzas divisionistas y disolventes siempre han amenazado cualquier Revolución. Las aspiraciones al poder de grupos y de personas son una negación del proyecto mismo de la Revolución Bolivariana que es de carácter socialista, y exige desprendimiento y sacrificio. El Comandante Chávez fue presidente porque las circunstancias de la historia ahí lo colocaron. Y yo soy presidente, no por ambición individual o porque represente a un grupo económico o político, no, soy presidente porque el Comandante Chávez me preparó, me designó y el pueblo venezolano me ratificó en elecciones libres y democráticas.

Así que todas estas fuerzas disolventes siempre van a existir. Pero la Revolución tiene la capacidad moral, política, ideológica para sobreponerse a cualquier intento de división de sus fuerzas. Yo dije eso en el Llano venezolano, porque estaba viendo con mis ojos, ahí mismo, delante de mí, a una persona que dice ser chavista pero, por debajo, es financiado por los terratenientes, y él tiene un discurso chavista para dividir. No es imposible que cuando ese individuo constate que no es designado por la Revolución como candidato a la alcaldía de ese municipio, se lance por su cuenta... Estamos en buenas condiciones para lograr candidaturas unitarias en casi todos los municipios del país; y nos tocará hacer un gran esfuerzo para derrotar a las fuerzas disolventes de estos sectores que se dicen chavistas pero que, al final, terminan siendo aliados de la contrarrevolución.

Con respecto a la práctica gubernamental precedente, usted ha introducido varios cambios: crítica de la inseguridad, denuncia de la corrupción y, sobre todo, lo que llama el “gobierno de calle” ¿Por qué sintió la necesidad de insistir en estos temas? y ¿qué balance hace del “gobierno de calle”?

Nicolás Maduro: En primer lugar, el “gobierno de calle” ha establecido, en esta nueva etapa, un método para que exista una dirección colectiva de la Revolución. Segundo: se ha creado un sistema de gobierno, donde no hay intermediarios entre el poder popular local y la instancia de gobierno nacional. Aporta solución a problemas concretos pero sobre todo contribuye a la construcción del socialismo, de las comunas, de una economía socialista, y a la consolidación  de un sistema público de salud integral, gratuito y de calidad, y de un sistema educativo público y gratuito de calidad... El “gobierno de calle” es una revolución dentro de la Revolución.

¿Es también una manera de combatir el burocratismo?

Nicolás Maduro: De vencerlo. Proponiendo otro sistema. Porque los modelos de gobierno que heredamos expresan la forma de gobernar el Estado burgués, él mismo heredero de la colonia en América Latina. El presidente Chávez los derrotó mediante las Misiones que constituyeron un nuevo modelo de gestión de las políticas públicas. Nosotros, a las Misiones, les estamos añadiendo el “gobierno de calle” que, podríamos decir, es una instrucción directa del Comandante Chávez. Él nos ordenó, a Elías Jaua que era vicepresidente en la época y a mí que era vicepresidente político, que fuésemos construyendo un sistema de gobierno regionalizado –“popular” decía él– yo le puse “gobierno de calle”. Todas son instrucciones y orientaciones dentro de la filosofía de un modelo socialista en el que el poder no sea de élites –ni élites burguesas, ni nuevas élites que se burocratizan o se aburguesan– ¡no! Queremos que el poder esté democratizado, que sea una vacuna contra el burocratismo, contra el aburguesamiento y, además, que nos permita lograr la ‘eficiencia socialista’.


Si la oposición gana las elecciones municipales del 8 de diciembre, es probable que llame a un referéndum revocatorio en 2015 ¿cómo ve usted esa perspectiva?

Nicolás Maduro: Estamos preparados para todos los escenarios. Al pueblo siempre vamos a decirle la verdad. Si la oposición llegara a sacar una votación importante el 8 de diciembre, va a tratar de profundizar la desestabilización para disolver nuestra Patria, acabar con la independencia y acabar con la Revolución del Comandante Chávez que retomó el concepto de República Bolivariana. Van a imponer escenarios de desestabilización violenta en primer lugar, y Estados Unidos tratará de acabar con los niveles de independencia y de unión que América Latina posee hoy.

Tenemos una gran responsabilidad, porque estamos defendiendo un proyecto que puede hacer posible otro mundo en nuestra región y puede contribuir a crear un mundo multipolar sin hegemonías económicas, militares ni políticas del imperialismo estadounidense. Buena parte del nacimiento de otro mundo donde se respeten los derechos de los pueblos del Sur –e inclusive de los pueblos de Europa, para que Europa se sacuda el neoliberalismo–, depende de que, en América Latina, triunfen definitivamente las ideas de constituir un bloque de fuerza y de equilibrio para consolidar la idea de que ya no somos  ningún ‘patio trasero’ de los Estados Unidos. Todo eso depende, en buena medida, de lo que pase aquí.

¿Cómo explica usted el resultado de la oposición el pasado 14 de abril, y cómo piensa ganar el próximo 8 de diciembre?

Nicolás Maduro: Hay un electorado que siempre ha votado indistintamente por la oposición. Pero el 14 de abril, una buena parte de los que no votaron por nosotros lo hicieron por descontento, por cosas mal hechas, problemas acumulados... Sin embargo estos electores no han acompañado nunca las aventuras golpistas y antibolivarianas de la derecha. A esos venezolanos y venezolanas, nosotros, permanentemente, les decimos que estamos en la calle trabajando para mejorar las cosas. Ellos saben que no ha sido facil.  Y que la epopeya más grande fue, la víspera del 14 de abril, sobrepasar la tragedia histórica de la muerte del Comandante Hugo Chávez. Superar el luto colectivo. Cuando una persona entra en luto puede caer en estado de desesperanza, no creer ya en nada. Buena parte del pueblo venezolano entró en luto profundo. Y los expertos en guerra psicológica que acosan a nuestro país se aprovecharon de ese momento y de esa fragilidad para atacar duramente.... Por eso nuestra victoria del 14 de abril fue realmente heroica.

Lo que estamos realizando –el “gobierno de calle”, la recuperación de la economía, la atención a temas impostergables como la inseguridad ciudadana, la corrupción...– nos va a dar la fuerza para una gran victoria el 8 de diciembre. Y eso va a ser la garantía de que se despeja de nuevo el camino para la construcción del socialismo del siglo XXI.

¿Hasta dónde piensa llegar en su lucha contra la corrupción?

Nicolás Maduro: Hasta las últimas consecuencias. Vamos con todo. Nos enfrentamos a una derecha muy corrupta, heredera de la IV República descompuesta y en etapa de decadencia. Pero también estamos enfrentando la corrupción anidada en el campo revolucionario o en el seno del Estado. ¡No habrá tregua! He constituido un equipo secreto de investigadores incorruptibles que ya han destapado varios casos enormes. Tenemos ya a algunos detenidos del más alto nivel y vamos a seguir atacando duro. Serán juzgados y van a ir a donde tienen que ir: a la cárcel.

¿Cómo ve usted la situación de la economía? Varios análisis alertan sobre el nivel elevado de la inflación.

Nicolás Maduro: La economía venezolana está en transición hacia un nuevo modelo productivo, diversificado y ‘socialista del siglo XXI’, en el marco de la construcción de un nuevo cuadro económico constituido por la integración suramericana y latinoamericana. No hay que olvidar que nosotros somos ahora miembros de Mercosur  –ejercemos en este momento la presidencia pro-tempore de Mercosur–, además somos miembros del ALBA [Alianza Bolivariana de los pueblos de nuestra América] y lideramos Petrocaribe. Toda esta masa geográfica-demográfica-económica, reúne a 24 países del continente, lo cual podría representar –Mercosur + ALBA + Petrocaribe– casi la cuarta economía del mundo... Tenemos que transformar la economía venezolana y conectarla con el desarrollo de este nuevo marco económico, y a su vez integrarnos –en situación de ventaja– en la economía mundial. No de dependencia. Por eso digo que estamos en transición.

Sobre la inflación le diré que hemos padecido un ataque muy duro, especulativo, contra nuestra moneda, y lo estamos superando. También hay un sabotaje al abastecimiento de varios productos. Todo ello produce inflación. Pero ya comenzamos a controlar, a equilibrar, y estoy seguro de que vamos a superar esta situación en lo que resta del segundo semestre.

Vamos a estabilizar la moneda. Ya empezamos a estabilizar el abastecimiento, pero la clave fundamental para que vayamos saliendo de este modelo rentista, dependiente, es la diversificación de nuestra producción. Estamos acometiendo grandes inversiones en sectores clave de la producción de alimentos, de la agroindustria y de la industria pesada. Estamos atrayendo capital internacional que aporte divisas y traiga tecnología. Recientemente hicimos una gira por Europa y estamos muy optimistas de que venga capital de Francia, de Italia, de Portugal...  Deseamos que venga capital de Brasil, de la India, de China, con su tecnología para desarrollar la industria intermedia en Venezuela, diversificarla. Para que Venezuela tenga motores propios y variados y no dependa sólo del petróleo que, por lo demás, constituye un motor poderosísimo para los próximos 50, 80 años. Poderosísimo. No olvidemos que Venezuela dispone de las reservas de petróleo más importantes del planeta y posee la cuarta reserva de gas. Venezuela es una economía con mucho poder financiero y económico. Lo que vamos a ver, sobre todo a partir del año 2014, es una recuperación del nivel de empuje y crecimiento de la economía venezolana.


¿Cómo se explican los problemas de desabastecimiento que han sido muy criticados por la prensa internacional?

Nicolás Maduro: El desabastecimiento forma parte de una estrategia de “guerra silenciosa”, donde actores políticos acompañados de actores económicos nacionales e internacionales, viendo el estado de gravedad del Comandante Chávez entre diciembre del año pasado y marzo de éste, comenzaron a atacar puntos clave de los procesos económicos venezolanos. Alentados también por algunos errores que se cometieron en el sistema de cambio de divisas en Venezuela, que ya hemos corregido. Esas fuerzas antibolivarianas comenzaron poco a poco a golpear el abastecimiento de los productos que importamos. Además, para explicar la escasez de algunos productos, hay que tener en cuenta que el poder adquisitivo de los venezolanos no ha cesado de aumentar. Tenemos apenas un 6% de desempleo, y el salario mínimo urbano aquí es el más alto de América Latina. Otro punto importante, reconocido por la FAO [Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, por sus siglas en inglés], somos el país del mundo que más ha hecho por combatir el hambre. Todo esto –es muy importante tenerlo en cuenta- ha generado una capacidad de consumo de la población, que está creciendo cada año por encima del 10%. El consumo crece a un rítmo superior a la capacidad de producción del país y a la capacidad de los mecanismos que teníamos para abastecerlo con importaciones.

El Comandante Chávez, la última vez que hablé con él personalmente, el 22 de febrero pasado, cuando evaluamos la situación económica y hablamos del desabastecimiento, me dijo: “Se ha desatado una ‘guerra económica’ para aprovechar mi enfermedad y mi gravedad y la posibilidad de que se llegue a unas elecciones presidenciales. En ese caso, la burguesía trataría de crear  unas circunstancias económicas difíciles para, con el apoyo imperial, darle el zarpazo a la Revolución Bolivariana.”

Nosotros ya estamos saliendo de estas circunstancias. Al pueblo venezolano jamás le ha faltado el alimento. Nunca. Usted va a cualquier barrio popular, de esos que yo conocí en los años 1980, donde los niños eran famélicos, donde la gente comía una vez al día y a veces comida para perros... El barrio más humilde que encuentre en el país, donde quiera, métase allí, abra la despensa, y conseguirá carne, arroz, los aceites, leche... El pueblo tiene garantizado el alimento, y lo ha tenido en las peores circunstancias de la ‘guerra económica’ que nos han hecho. Nunca le ha faltado.

Por eso tenemos estabilidad social y política. Ahora, esta guerra es muy distinta a la de hace once años. Entonces salía el jefe de la patronal, Carmona Estanga, y llamaba a un paro general. Salía el jefe de la vieja burocracia sindical, Carlos Ortega, y llamaba al paro. Ellos daban la cara, asumían el sabotaje de la economía y hubo grandes desabastecimientos que casi provocan una explosión social en 2002-2003. Ahora no. Ahora es la “guerra silenciosa”, una “guerra blanda”, “diplomacia blanda” según consignas de Washington. En 2002-2003, gobernaba George W. Bush que era brutal y decía: “¡Voy a invadir!” e invadía; “¡Vamos a derrocar a tal gobierno!” y lo derrocaba. Ahora es lo blando, lo escondido, y aparece la derecha fascistoide que va sonriendo y diciendo: “Este gobierno es incapaz porque no puede abastecer de productos.” Cuando son ellos los que están detrás de un plan, con agentes internacionales en el campo económico, para hacerle daño al país. Pero lo vamos superando y vamos vacunándonos. En el futuro, les será imposible arremeter con esos mismos mecanismos.


En la economía ¿qué papel le ve usted al sector privado?

Nicolás Maduro: Históricamente, el sector privado en Venezuela tiene poco desarrollo. Nunca hubo burguesía nacional. El sector privado, en lo fundamental, se desarrolló cuando surge el petróleo, como un factor más bien vinculado a la apropiación de la renta petrolera. Casi todas las grandes riquezas de la burguesía venezolana están vinculadas a la manipulación del dólar, sea para importar productos (la burguesía comercial) o sea para apropiarse de la renta y colocarla en cuentas de grandes bancos en el exterior. Así que, en cien años, no tuvimos una burguesía productiva como la tuvo Brasil por ejemplo, o Argentina. Ahora es cuando estamos viendo resurgir sectores privados con proyectos vinculados a la verdadera producción de riquezas para el país.

En el modelo socialista venezolano, el sector privado tiene un papel que jugar en la diversificación de la economía. Desde siempre, el Comandante Hugo Chávez favoreció las relaciones con el sector privado, tanto en la pequeña, como en la mediana o la gran empresa, favoreció el desarrollo de empresas mixtas y la venida de capital privado internacional. Hay un pensamiento económico que, en Venezuela, se ha desarrollado para seleccionar en qué área es necesaria la inversión extranjera. Qué capital puede venir y en qué condiciones. Por ejemplo: aunque nuestro petróleo está nacionalizado, existen modalidades diversas que permiten inversiones, en la Franja del Orinoco, de todo el capital mundial; allá hay empresas de todo el planeta, empresas mixtas: 40% capital internacional, 60% Venezuela. Les cobramos los impuestos debidos –antes se cobraba el 1%, ahora se les cobra el 33%. Venezuela ofrece todas las garantías constitucionales para recibir capital internacional.


¿Se mantendrá el control de cambio?

Nicolás Maduro: El control de cambio es un sistema exitoso. En febrero pasado, para defendernos de un ataque brutal contra la economía y contra la moneda, tuvimos que adecuar, digamos, el bolívar. Venezuela puede manejarse con este tipo de cambio que tenemos, perfeccionándolo. Debemos fortalecer nuestra moneda, vacunarla contra los ataques especulativos y perfeccionar el sistema de manejo de las divisas convertibles.


Usted me habló antes de ‘eficiencia’ ¿Qué progresos ha constatado en materia de ‘eficiencia’, en particular en el campo de la economía?

Nicolás Maduro: En primer lugar, una mejora sustantiva del sistema del Cadivi [Comisión de Administración de Divisas], el organismo que maneja el control de cambio en Venezuela.  Realmente ha mejorado mucho en los controles previos, los controles posteriores y la asignación de las divisas necesarias para los agentes económicos. Otro elemento muy importante ha sido la creación del Sicad [Sistema Complementario de Administración de Divisas], un mecanismo de subastas que está funcionando de manera perfecta, pero al que, además, tiene ahora acceso el público en general. Cualquiera puede ir al Sicad. La gente común y corriente puede obtener divisas para su vida normal, sin necesidad de pasar por ninguna alcabala. Esos son progresos concretos.

Pero también hemos constituido un Estado Mayor para la dirección de la economía, dirigido por Nelson Merentes, el vicepresidente de Finanzas. Allí están todos los ministros de los sectores económicos. Cada ministro tiene que supervisar, apoyar y dirigir cada rubro que se produce en Venezuela. Hemos seleccionado 58 rubros fundamentales. Tenemos un seguimiento permanente -pudiera ser hasta diario, ahora es semanal- de cómo va la producción de cada uno de esos productos, qué inversiones hacen falta, qué trabas tienen para su comercialización interna... O sea, vamos logrando un mecanismo clave para gobernar la economía. De igual modo que se gobierna, a nivel político, un país, hay que gobernar la economía. Sobre todo si nos estamos planteando construir el socialismo.

El capitalismo es el reino de la anarquía, y cuando hay anarquía en lo económico gobierna quien tiene más poder: el capital financiero. Hoy ¿quién gobierna realmente Europa? El capital financiero. En Europa, este capital financiero está desmontando el Estado de bienestar que se constituyó después de la Segunda Guerra Mundial. En Venezuela no, estamos construyendo un gobierno económico para edificar el socialismo ¿Para qué debe servir la economía? Para garantizarle a la ciudadanía la salud, la alimentación, la vivienda digna, la educación gratuita... ¿A quién le debemos estos derechos universales? A la Revolución Francesa y a la Ilustración que llegaron a nuestra tierras, traducidas al mestizaje latinoamericano, de la mano de Simón Rodríguez, y que defendió Bolívar. Es parte del patrimonio más grande de la humanidad. Pero el capital financiero niega todo eso.


En estos cien días de gobierno, nuestra impresión es que la principal crisis de política exterior que conoció Venezuela fue con Colombia. ¿Cómo están actualmente las relaciones con Bogotá?

Nicolás Maduro: En estos cien días, hemos logrado consolidar todo el eje de relaciones estratégicas, ante la construcción de una nueva geopolítica regional y de un nuevo sistema de fuerzas para garantizar la nueva independencia del continente. Las diferencias con Colombia han sido tratadas, evidentemente, a través del diálogo. Hemos trazado las líneas de conducta para su superación. Yo confío en la palabra del presidente Juan Manuel Santos, y espero que logremos lo que conversamos. Yo confío en que vamos a tener una relación de coexistencia pacífica y positiva entre dos modelos: un modelo socialista, de revolución cristiana del siglo XXI, igualitario, de democracia popular como el venezolano, y otro modelo que no voy a calificar, pero que es distinto al nuestro. Estamos obligados a coexistir como hermanos siameses. Hemos demostrado que se puede coexistir y ojalá los sectores políticos y económicos dominantes en Colombia y el presidente Santos al mando del gobierno, entiendan que la coexistencia y el respeto son básicos para el desarrollo de nuestros dos países.


¿Cómo van las relaciones con Washington?

Nicolás Maduro: Quisiera decir, primero, que Barack Obama es un presidente circunstancial. Es una circunstancia en el seno de la élite que gobierna Estados Unidos ¿Por qué llega Obama a la presidencia? Porque convenía a los intereses del complejo industrial militar-financiero-comunicacional que dirige Estados Unidos con un proyecto imperial. Quien conozca en profundidad la historia de la fundación de Estados Unidos y de su expansionismo, reconocerá que es el imperio más poderoso que ha existido, con un proyecto de dominación mundial. Sus élites eligieron a Obama en función de sus intereses, y han logrado parte del objetivo que se plantearon: hacer que el país aislado, desprestigiado que era Estados Unidos en la época de George W. Bush, se convirtiera, gracias a Obama, en una potencia que posee de nuevo capacidad de influencia y de dominación. Si no, veamos el caso de Europa, sometida a los dictámenes de Washington como nunca antes.

Lo que pasó con el presidente de Bolivia Evo Morales, cuando cuatro Estados europeos le negaron el acceso a su espacio aéreo, es una demostración gravísima de cómo, desde Washington, se dirige a los gobiernos de Europa. Es muy desconcertante realmente. Yo no sé si los pueblos de Europa saben eso, porque a veces, con el control comunicacional que hay, estas noticias se van banalizando y se van dejando de lado. Pero es muy grave. Obama ha logrado que el Imperio crezca en influencia política.

Los Estados Unidos van preparándose hacia una nueva etapa que es crecer en dominación militar y económica. En América Latina, su proyecto es revertir los procesos progresistas de cambio para volver a convertirnos en su patio trasero. Por eso están retomando –con otro nombre– el proyecto del ALCA [Área de Libre Comercio de las Américas], para dominarnos económicamente y retomar los mismos métodos del pasado. Fíjese, bajo el mandato de Obama: golpe de Estado en Honduras dirigido desde el Pentágono; intento de golpe de Estado contra el presidente  de Ecuador Rafael Correa, teleguiado por la CIA; golpe de Estado en Paraguay operado por Washington para sacar al presidente Fernando Lugo... Que nadie se llame a engaño, si los Estados Unidos viesen que hay condiciones favorables, vendrían de nuevo a llenar de oscuridad y de muerte América Latina.

Por eso la relación del gobierno de Obama con nosotros es esquizofrénica. Ellos piensan que nos pueden engañar con la ‘diplomacia blanda’; que nos vamos a dejar dar el ‘abrazo de la muerte’. Nosotros lo hemos planteado muy claro: ustedes allá con su proyecto imperialista y nosotros acá con nuestro proyecto de liberación. La única forma de que haya una relación estable y permanente es que nos respeten. Por eso he dicho: “Tolerancia cero con el irrespeto gringo y de sus élites. No lo vamos a tolerar más.”

Si nos siguen agrediendo, responderemos a cada agresión con mayor fortaleza. Ha llegado la hora de la tolerancia cero.

En la reciente Cumbre del ALBA, usted ha propuesto una articulación ALBA-Mercosur-Petrocaribe. ¿Es una respuesta a la Alianza del Pacífico (1)?

Nicolás Maduro: No. Es una necesidad histórica. Tenemos que consolidar los espacios económicos logrados. Mercosur ha venido viviendo una transformación muy positiva y ahora, con la incorporación de Venezuela, la próxima incorporación de Bolivia y la posible incorporación de Ecuador, comienza Mercosur a ocupar un espacio vital en Suramérica.
Petrocaribe es una realidad maravillosa que ha permitido la estabilidad energética, económica, financiera y social de 18 países del Caribe. Y el ALBA es una vanguardia donde ha habido ensayos económicos como el SUCRE [Sistema Único de Compensación Regional], una unidad de cambio latinoamericana, o como el Banco del ALBA y otros ensayos como las ‘empresas grannacionales’ que han ido adquiriendo experiencia y espacios.

Ha llegado el momento de acercar todos los espacios ya conquistados para definir un nuevo modelo económico. Ha llegado la hora de unir ese inmenso espacio Mercosur-ALBA-Petrocaribe que representaría, repito, casi la cuarta economía del mundo, en un espacio nuestro, y no de falso libre comercio ¡Porque el libre comercio es falso!  ¿Cree usted posible la libre circulación, en los mares, de un tiburón y una sardina sin que el tiburón se coma a la sardina? Imposible. El libre comercio es como cambiar pepitas de oro por espejitos, sistema con el cual nos colonizaron hace 500 años. Tenemos que consolidar una zona económica complementaria, diversa, desarrollada, con sus mecanismos financieros, monetarios, y convertirnos en un poderoso bloque económico. Y, a partir de ahí, tener relaciones con Rusia, la India, China, Sudáfrica; redefinir nuestras relaciones comerciales y económicas con Europa, con Estados Unidos, donde nosotros no volvamos a ocupar el papel de colonia.


¿Cómo ve usted las relaciones con la Unión Europea?

Nicolás Maduro: La Unión Europea ha perdido la oportunidad de convertirse en una gran potencia equilibradora del mundo. Todos los pueblos del planeta aspirábamos a que la Unión Europea fuera la fuerza de equilibrio del mundo. Pero parece que no. El capital financiero y los viejos complejos colonialistas de las élites que dirigieron Europa durante 300 años, parece que se van a imponer a la conciencia democrática y democratizadora de la mayoría de los pueblos de Europa. ¿Qué deseamos de la Unión Europea? Que cambie su política, que deje de estar de rodillas ante Washington, que se abra al mundo y que vea a América Latina como una gran oportunidad para volver a restablecer el Estado de bienestar social y para establecer relaciones con nosotros de igualdad, de prosperidad, de crecimiento. De manera natural, podemos desarrollar una alianza Unión Europea-América Latina y el Caribe para el desarrollo conjunto. Estamos preparados para eso. Entendemos perfectamente la cultura occidental, somos parte de ella, aunque tenemos nuestras particularidades mestizas. Pero las élites europeas no nos entienden. Ojalá eso se supere.    


El Presidente Chávez quería hacer de Venezuela un “país potencia” en un “mundo multipolar” ¿sigue siendo esa la línea, en materia de política exterior?

Nicolás Maduro: Claro. En su corta vida, Chávez logró no sólo rescatar a Bolívar como idea, inspiración y símbolo, sino que lo convirtió en una estrategia. Logró hacer que, en el mundo, coexistan dos modelos: el capitalista-neoliberal, y el modelo bolivariano-independentista-chavista, de justicia, de socialismo. En todo el planeta hoy se están debatiendo esos dos proyectos: el del regreso de la hegemonía unipolar del imperialismo estadounidense; o el modelo de un mundo multipolar y multicéntrico.

El Comandante Chávez configuró una política de desarrollo de ejes de fuerza, de núcleos de fuerza, de anillos de fuerza para desmontar el mundo controlado por el imperialismo. Y sobre todo para construir un nuevo sistema de relaciones internacionales. La humanidad no podrá existir si no se desarrolla esa política internacional. Lo otro es cruzarse de brazos y rendirse a que el Imperio reconquiste el mundo, lo vuelva a dominar y nos esclavice más temprano que tarde. No lo vamos a permitir.

(Entrevista realizada el 31 de julio de 2013.)

Siria: antes de que sea demasiado tarde Guillermo Almeyra


La Jornada, 1 de septiembre 213

Estados Unidos y las ex potencias coloniales de la región se preparan para agredir militarmente a Siria. Pero, como en la guerra contra Serbia, los blancos principales reales son otros. En este caso, nuevamente Rusia, la gran potencia en crisis, dueña del gas y del petróleo del norte, e Irán, la amenaza político-social a las monarquías del Golfo y a Israel, y la clave para el petróleo del Pérsico. Pero un golpe contra esos países y China, que defiende a Irán y a Siria y tiene acuerdos fundamentales con Rusia, prepara también una posterior agresión contra Venezuela (protegida por ellos y también dueña de inmensas reservas petroleras). La guerra que están por lanzar contra Siria busca, en el fondo, hacer volver a fojas cero el proceso de descolonización abierto con el fin de la Segunda Guerra Mundial e instalar a Israel como única potencia vasalla en la zona, derrotando el proceso de democratización en el mundo árabe. Sobre todo, es la típica respuesta del capitalismo a su larga crisis económica que no cesa: el capital financiero internacional espera, como en el pasado, salir del estancamiento con una gran guerra que destruya bienes y a millones de personas y cree el gran negocio de la reconstrucción en condiciones mundiales de servidumbre y semiesclavismo.

Por eso está todo unido: la desocupación creciente en Europa; la anulación masiva de conquistas sociales; la prolongación de la edad para jubilarse y la reducción de las ayudas sociales, como en Francia; los ataques especulativos contra la moneda brasileña; los fallos en Estados Unidos en favor de los fondos buitres en el caso de Argentina, para llevarla a la quiebra; los esfuerzos para desestabilizar a Venezuela, así como la represión en Túnez o la contrarrevolución en Egipto, apelando incluso a una alianza con las fuerzas de Mubarak.

La gran ofensiva del capital contra salarios directos e indirectos en todos los países, las leyes reaccionarias y las embestidas contra los gobiernos “progresistas” tienen su expresión político-militar directa en la preparación de una gran guerra en Medio Oriente. Ésta, pese a la cautela de una parte del Pentágono y de Israel mismo, que temen ver en Damasco un gobierno islámico fundamentalista y son partidarios de un golpe limitado, podría extenderse a buena parte del globo y transformarse en una terrible catástrofe sin precedente en costos materiales y humanos. La ceguera de la izquierda tradicional europea que rechaza las políticas sociales de sus respectivos gobiernos pero no centra sus esfuerzos en denunciar e intentar impedir la costosísima y devastadora guerra que se prepara muestra que de esa gente no se puede esperar nada. Hay que reaccionar sin ellos y por sobre ellos.

El pretexto para la guerra contra Siria es la dictadura del régimen de los Assad, régimen odioso que durante décadas sirvió de sostén indirecto y garantía al racismo y el apartheid de Israel en la zona. Pero no se puede creer en sus cómplices, que ahora quieren ser sus verdugos. El mismo día en que Foreign Policy publicó documentos desclasificados de la CIA y del Departamento de Estado que comprueban que en 1988 éstos sabían que Saddam Hussein tenía gas sarín y lo utilizaría contra Irán y lo ayudaron a lanzarlo, Reino Unido y Estados Unidos decidieron atacar a Siria, sin esperar siquiera el informe de la comisión investigadora de la ONU en ese país para dilucidar si se utilizaron armas químicas y, en caso de que así fuere, quién lo hizo, si un grupo opositor o el ejército sirio. Como en el caso de la agresión a Irak, el veredicto de los piratas está listo antes de ninguna prueba o proceso. Así, apenas hizo pie en un charco de sangre el grupo militar reaccionario que reprime la revolución democrática en Egipto, Londres y Washington, con su faldero socialista proisraelí francés, decidieron actuar en Siria porque la no intervención del régimen de El Cairo en defensa de Siria les daba luz verde para su aventura.

Como en Afganistán, donde los estadunidenses armaron y utilizaron a Bin Laden y a los talibanes contra la entonces Unión Soviética (y después tuvieron que combatir contra el monstruo que habían engendrado), las potencias imperialistas, a pesar de las dudas de Tel Aviv, apoyan en este caso a grupos salafistas que mañana no los obedecerán y se preparan a sumir a Siria en un conflicto interreligioso e interétnico igualmente sangriento al de la ex Yugoslavia. En efecto, el gobierno dictatorial sirio cuenta con el apoyo de alauitas, cristianos de diversos credos, palestinos, minorías islámicas que rechazan el fundamentalismo de la gente financiada por Qatar, y además, una guerra interétnica e interconfesional en Siria se extenderá inevitablemente a Líbano, como en el pasado, y no sólo porque Hezbollah apoya a Assad, sino también porque en ese país las viejas potencias quieren reconquistar por completo su dominación.

Si Rusia (y China) no resistiesen la operación imperialista en Siria, pondrían su cuello en la guillotina y abrirían el camino a la colonización de Irán y de sus propios territorios. O sea, a un mundo que uniese una brutal reducción de los derechos humanos de tipo nazi con el retorno del racismo y del colonialismo y la superexplotación esclavista de cientos de millones de seres humanos.

El destino de Siria lo deben decidir los sirios, no los qataríes ni los imperialistas. La guerra debe ser repudiada mundialmente e impedida antes de que sea demasiado tarde. Hay que exigir en todas partes a los gobiernos una inmediata oposición explícita a la aventura bélica. ¡Ni un soldado, ni un peso para la aventura contra el pueblo árabe! ¡Cese inmediato del apoyo militar y en armas de gran calibre a los llamados rebeldes sirios! ¡Inmediatas negociaciones políticas de paz en Siria sobre la base de un cese el fuego para preparar una Asamblea Constituyente que determine su régimen político!