Ana Esther Ceceña: A propósito de las olas y tsunamis de la emancipación en América Latina


23 agosto 2013 Cubadebate

En el momento de cumplirse 500 años del inicio de una aventura que dio como resultado la constitución del primer sistema-mundo de dimensión planetaria; a 500 años del inicio del mayor genocidio conocido en la historia de la humanidad, la calma provocada por el vaciamiento de sentidos que llegó con el neoliberalismo y el llamado fin de la historia empezó a verse perturbada por rebeliones pequeñitas, variadas, humildes y silenciosas pero imperturbables, que salían de los subterráneos mostrando las huellas de una larga resistencia a la opresión.

Hace un poco más de 500 años América nació como el nudo conflictivo desde donde se fraguaba la globalidad capitalista. Una globalidad que surgía de la combinación de lo diverso, negándolo y sometiéndolo pero nutriéndose de su versatilidad. Una globalidad hegemonizada que derramaba tragedias. La globalidad de la guerra infinita, de las muertes inocentes, del saqueo y la depredación. La globalidad del pensamiento único, de la modernidad y la occidentalización, la globalidad del blanqueamiento.

El libro que nos ofrece Hugo Moldiz relata una larga historia de luchas con tres momentos centrales, que aluden a las distintas modalidades de colonización o sometimiento que se implantan en las tierras del Abya Yala, en las tierras de los mayas, taínos, mexicas, incas y tantos otros pueblos arrasados, aunque no borrados. Modalidades de colonización que alimentan un proceso largo de acumulación, desposesión y lucha en el que el sujeto hegemónico se transforma y cambia incluso de centro geográfico.

“La hegemonía se estructuró sobre una política de exterminio” nos dice Moldiz, “…es completamente falso que los indígenas se rindieron rápidamente por una mezcla de temor y admiración”.

Las luchas de resistencia a la invasión, a la Conquista, al genocidio étnico, al arrasamiento cultural y territorial no han parado desde hace ya más de 500 años, pasando por las guerras de Independencia, que además de dar lugar en muchos casos a una nueva institucionalidad, jurídicamente descolonizada, fueron un escenario continuado de las guerras por una descolonización integral. Tanto los pueblos originarios de esta región del mundo como los pueblos implantados acá provenientes de otras, mayoritariamente de África, después de tres siglos de colonización seguían peleando por mantener sus costumbres, tradiciones y modos de vida. Por vivir de acuerdo con sus concepciones y prácticas, por volver a ser libres y autónomos. Su participación no fue secundaria en las guerras de independencia, fue fundamental; no fue “intuitiva” ―como en algún lugar sugiere el texto―, fue deliberada, a pesar de que el desenlace y la reconstrucción societal subsiguiente correspondió más a los proyectos de las cúpulas del poder arraigado localmente que a las aspiraciones emancipatorias de los pueblos sometidos tanto por esas cúpulas como por los representantes de la Corona.

No se puede desconocer, sin embargo, que las Independencias constituyeron un paso adelante en esa larga lucha por ladescolonización y la emancipación plena, de la que Moldizasegura, parafraseando a Marx, que ocurrirá cuando “se pase del reino de la necesidad al reino de la libertad” y que tiene un nuevo momento de concentración de tensiones y potencialidades transformadoras alrededor del reciente salto de milenio.

La colonización europea fue sucedida paulatinamente por una relación casi de exclusión con Estados Unidos, amparada en la idea de Monroe que definió las políticas hacia el Continente.

El largo siglo XX estuvo caracterizado por la expansión de Estados Unidos y por su consolidación como la mayor potencia mundial, punta de lanza del sistema-mundo capitalista. El americanwayoflife se fue implantando tanto como el cristianismo en los tiempos de la Colonia, modificando las formas y las concepciones pero manteniendo la política de exterminio como estandarte hasta llegar al momento actual, el del cambio de milenio, en que, de acuerdo con Moldiz, experimentamos una nueva ofensiva imperial mientras, simultáneamente, se levanta una nueva oleada emancipatoria.

Curiosamente la reflexión de Moldizno da un espacio del mismo nivel a la otra importante oleada emancipatoria que vivió América alrededor de los años 60 y 70.No desperdiciaré la oportunidad que me da este prólogo de ser la primera en discutir con el autor para destacarlo, con cierta sorpresa. No sólo por la relevancia de la Revolución cubana en la historia de Nuestra América, que logró llegar al punto de plantearse la construcción de formas de vida y de gobierno distintas y disidentes del modelo hegemónico, y que por cierto Moldiz reconoce abundantemente, sino porque no fue un caso aislado o particular, como quizá puede afirmarse de la Revolución mexicana a inicios de siglo. Hubo varias experiencias de gobiernos nacionalistas que, guardando las proporciones históricas, habían emprendido una lucha similar a la de algunos de los casos emblemáticos de la actualidad (Venezuela, Bolivia y Ecuador) y un espíritu libertario y guerrillero se extendía por todo el Continente buscando la subversión de las condiciones existentes, tomando como aliciente la experiencia de Cuba.

En un contexto en que golpes de estado recurrentes imponían gobiernos antipopulares marcadamente represivos internamente y complacientes hasta la exageración con los intereses de Estados Unidos, dos vertientes de lucha, coincidentes en la búsqueda pero diferentes en los caminos adoptados, empujaban hacia una Nuestra América más libre y soberana. Organizaciones revolucionarias emulaban el proceso cubano y lo reinventaban a partir de sus propias condiciones. Había una efervescencia emancipadora absolutamente contagiosa que tuvo en la región del Cono Sur su experiencia más lograda y más ambiciosa con la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR), constituida por el MIR de Chile, el ERP de Argentina, los Tupamaros de Uruguay y el ELN de Bolivia.

Una organización de organizaciones que trascendió las fronteras políticas impuestas en el momento de conformación de las naciones a resultas del proceso independentista, que ganaba terreno y adherentes en la medida que crecía su autoridad moral, y que estuvo a punto de generar una amplia región socialista en América del Sur.

Como sabemos la siniestra Operación Cóndor abortó los sueños libertarios de miles de luchadores que se agrupaban en torno a la Junta. Solamente en Argentina este episodio costó el aniquilamiento de una generación completa y una cifra de 30 mil muertos, que se acompañaban de los de Brasil, Paraguay, Chile, Bolivia y tantos otros lugares donde guerrilleros por la libertad, contra el colonialismo y el imperialismo entregaron sus esperanzas, sus ilusiones y sus vidas intentando construir un mundo mejor. La tremenda derrota que estos operativos coordinados significaron y el vacío que se instaló en cada uno de los fantasmas vivientes que quedaron sobre los escombros, no cancela la apuesta ni la capacidad organizativa que se desplegó, y mucho menos el horizonte utópico que la movía. Las organizaciones revolucionarias más importantes de la época habían logrado crear una organización que trascendía los cercos nacionales impuestos por las clases dominantes y se movía con las únicas fronteras de sus horizontes de lucha, que estaban abiertos al futuro.

La segunda vertiente libertaria de este momento, con características muy distintas, fue protagonizada primordialmente por estudiantes universitarios. Como tsunami planetario inició en Francia en mayo de 1968, en el París de la Sorbona, y se desparramó hacia todos los puntos de la geografía.

El episodio de mayor relevancia en América, tanto por la profundidad y duración de la lucha como por el salvajismo del desenlace, fue el de México. El movimiento creció, se extendió y se profundizó. Los jóvenes reclamaban libertad para pensar, para amar, para circular y opinar; recorrían los mercados y las fábricas en la ciudad, se adentraban en el cinturón rural en diálogo con los campesinos y lograron sacudir la realidad y los sentidos comunes, los miedos y la resignación. Dos meses de movilizaciones y transgresión de las normas sociales asfixiantes de la época fueron suficientes para desatar la ira de los dueños o depositarios del poder. El movimiento fue arrasado, como el dela JCR en el Cono Sur, por las botas militares. Y a pesar de que la sociedades hundió en un periodo depresivo después de la masacre de Tlaltelolco, los cambios fueron notables. En México Pinochet se llamaba Díaz Ordaz y reprimió con el mayor odio, como el otro, a los jóvenes que pedían libertad, que querían leer a Marx y Marcuse, que se ahogaban en el oscurantismo. Y después de la masacre, que todos llevamos estampada en las conciencias, nunca pudimos vivir y entender el mundo de la misma manera que antes.

Con todo y el costo sangriento del movimiento estudiantil y del trágico desenlace, las voces del 68 cambiaron la dinámica política y cultural de la época. Nada echó atrás la lucha, ni en Francia, ni en México, ni en ninguno de los otros lugares donde las manifestaciones de inconformidad y de búsqueda ocurrieron.

Dos caminos muy distintos, pero con un horizonte confluyente, modificaron definitivamente el paisaje nuestroamericano. La construcción del socialismo en Cuba y las luchas en el resto del Continente plantearon una fuerte confrontación con las modalidades abiertamente imperialistas que asumía el nuevo hegemón. La Alianza para el Progreso, el bloqueo a Cuba, la Operación Cóndor, el trabajo de la USAID penetrando y controlando poblaciones y auspiciando golpes de estado y el despliegue de la CIA entre las iniciativas más destacadas, anunciaban que esos nuevos tiempos serían duros y que la autodeterminación y la emancipación cuestan. Sin las movilizaciones populares de esos momentos todos nuestros países se hubieran convertido en las Repúblicas bananeras que tanto gustaban al Tío Sam. Papa Doc y Somoza hubieran reinado en todas nuestras tierras. Sin embargo, a pesar del arrasamiento de una generación completa en algunas regiones y de la persecución y cooptación generales, la idea de que el socialismo era posible y la apertura de espacios democráticos y de florecimiento de las ideas fue instalada por estos movimientos.

El neoliberalismo se ocupó nuevamente de irlos cerrando o pervirtiendo. Las universidades intentaron ser disciplinadas por el pensamiento único y las sociedades devastadas por el mercado único, que anulaba la diversidad local para imponer una diversidad estandarizada global y pretendía privatizar hasta el agua de la lluvia, empezando por la que cae en Cochabamba.

Pero la larga noche neoliberal encuentra nuevamente sus límites en la fuerza y la dignidad de los pueblos. Moldiz ubica bien, ahora sí, el momento de esta, para él tercera, oleada emancipatoria: el levantamiento zapatista en Chiapas, que inicia una serie de rebeliones y experiencias de distinta envergadura y estilo pero que abarca casi todos los rincones del Continente y que tiene una tonalidad distinta por la calidad de sus protagonistas.

De la rebelión y resistencia a la invasión y a la colonialidad se pasó a lo largo de estos 500 años a la lucha por el socialismo y, ante la evidencia de la catástrofe ambiental, a la reivindicación de la Pacha mama y a la rebelión en las cosmovisiones y formas de vida. La modernidad se desontologizó y apareció como producto histórico, abriendo los horizontes de los caminos que permiten trascenderla evitando el suicidio del planeta.

Los pueblos de Nuestra América, como en el momento de las luchas de Independencia, son nuevamente punta de lanza, pioneros, de los nuevos procesos de descolonización y desenajenación.

Tres vertientes ubica Moldiz en esta nueva oleada: la reiterada e insistente lucha por el socialismo; la búsqueda de reacomodo en la división internacional de poderes; y la búsqueda por refundar la sociedad entera mediante la recuperación de la Pacha mama como razón y sentido general expresada en el concepto/proyecto-político del Sumakqamaña o del Sumakkawsay.

El primer caso, el de la búsqueda del socialismo, inicia en Cuba y sigue por las correas de algunos gobiernos y organizaciones políticas la mayoría de las veces con una trayectoria que data por lo menos de mediados del siglo XX. En principio esta opción no debería estar reñida ni despegada de la última mencionada, que propone una subversión total y la reconstrucción de los pilares sobre los que se construye el proceso social. No obstante, en muchos casos esta corriente o bien tiene urgencias pragmáticas que la contienen, o no logra traspasar la frontera epistemológica de la modernidad y eso limita sus posibilidades de dislocamiento o subversión del capitalismo como sistema de ordenamiento tanto de la realidad como del entendimiento del mundo. Es quizá cuestión de tiempo. El camino del socialismo tiene que ser profundizado para confluir con el que podríamos agrupar genéricamente como el del Sumakqamaña.

La segunda ruta que Moldiz destaca como parte de las alternativas realmente existentes es la que se ha querido llamar del posneoliberalismo y que busca sobre todo un reposicionamiento con respecto a los poderes hegemónicos. Ensayando nuevamente algunas fórmulas desarrollistas que en otros tiempos ayudaron a dar un salto no ilusorio pero sí temporal, posible mientras el momento de inestabilidad sistémica que acompaña la reestructuración de los modos de acumulación, apropiación y organización social con los que el capitalismo recrea sus condiciones de posibilidad.

El capitalismo es un sistema de organización social, productiva y territorial global y globalizante. Constituye una totalidad articulada que tiende a la posesión exhaustiva e integral. El capitalismo absorbe y ordena la diversidad; la admite en la medida que la controla y no da cabida a la diversidad libre o autónoma ni cuando de capitalismos se trata, en caso de ser eso posible.

El capitalismo del sur, el capitalismo andino, el capitalismo asiático y cualquier otro que las ilusiones desarrollistas pretendan construir como entidad con vida propia es una ficción. Resolver las contradicciones del capitalismo supone trascenderlo, no darle otra imagen, ni sucumbir ante la seducción de un juego de fuerzas que efectivamente existe y permite reacomodos dentro de ciertos márgenes, pero sin modificar las reglas que intrínsecamente portan esas contradicciones. Las diversidades son posibles, por supuesto. El sistema las sigue reproduciendo y aprovechando. Lo que sucede es que cada vez más se convierten en diversidades funcionales, diversidades re-creadas que se parecen a las diversidades emancipadas o independientes sólo como el ropaje del emperador.

En el tiempo corto, que no es el de los horizontes emancipatorios, pueden efectivamente generarse cambios que, como no implican un distanciamiento ―y mucho menos una ruptura― con respecto al ethos de la modernidad capitalista, vuelven a colocar las aguas en su nivel aunque, tal vez, con el desplazamiento de algunos peces de un lado hacia el otro.

En esta ruta, nos dice Moldiz, “Si bien existen algunas señales de crítica radical al desarrollismo de la modernidad y una convocatoria a pensar en una manera de articular la desarticulada relación entre fuerzas productivas y naturaleza ―enajenadas a ritmos acelerados por el desarrollo del capitalismo―, al mismo tiempo los gobiernos más radicales del continente impulsan megaproyectos que merecen el cuestionamiento de los pueblos indígenas.”

La tercera ruta señalada por Moldiz, la del Sumakqamaña o Sumakkawsay, destaca indudablemente por su novedad con respecto a luchas anteriores, por los sujetos que la enarbolan y por la perspectiva histórica sistémica que la anima. Propuesta cuyo horizonte hinca raíces en pasados milenarios mirando claramente desde un presente convulso, mestizado y en gran medida catastrófico, hacia un futuro de emancipación de amplio espectro.

Ni rescate bucólico de un paraíso natural, ni fundamentalismo étnico, ni vuelta al pasado. El horizonte trazado por el Sumakqamaña parte de la constatación de la insustentabilidad del capitalismo, de la insensatez del progreso y por lo tanto de la inviabilidad del “desarrollo” como metodología de reproducción de la vida material. La experiencia ha comprobado que la línea recta no es el mejor camino para la felicidad.

Reconocimiento de la plurinacionalidad como reconocimiento de una diversidad equilibrada en la que ninguna nación podría colocarse por encima de las otras es un primer desafío de deconstrucción de las jerarquías del poder. No obstante, si bien la plurinacionalidad apunta hacia la intersubjetividad, el entendimiento de la integralidad de la vida conduce a desenterrar las raíces del capitalismo para hundir las otras que sostienen a la madre del universo: la Pacha mama.

No se trata de trasladar el eje del ser humano, criatura suprema de acuerdo con el pensamiento moderno, hacia la naturaleza. Sino de trasladarlo hacia la vida en toda su amplitud y complejidad. El centro es el edificio tridimensional y multitemporal en el que habitan todas las criaturas en interacción. La complementación atraviesa todas las relaciones marcando diadas entrecruzadas y lo mismo efímeras que de tiempo largo: noche-día; montaña-valle; hombre-mujer; agua-fuego.

La esencia es la vida de la madre del universo, la Pacha mama, la que hace posible la vida y en la que somos con todos los otros.

Pero la traducción política de estos principios es la parte complicada. Es un desafío a la impaciencia de los actores sociales cada vez más acosados por el pragmatismo del tiempo cero; es un desafío a la imaginación práctica y a los ritmos de reconstrucción marcados por los tiempos de la naturaleza y el pensamiento profundo; es un desafío a la colonialidad epistemológica que dificulta el pensar y el hacer si no se ciñe a los criterios y modos de la visión del mundo impulsada por la modernidad capitalista; es un desafío al atrevimiento de pueblos largamente sometidos; es un desafío a la consecuencia de las visiones que se reclaman respetuosas y defensoras de la diversidad, de la democracia, de la independencia, de la autogestión, de la autodeterminación, del respeto a la vida en su completud y del poder del colectivo.

Pasar del reino de la necesidad al de la libertad, de acuerdo con el postulado marxiano que Moldiz retoma, supone crear condiciones de vida plena construyendo la ivimaraei o tierra sin mal de la que hablan los tupí-guaraníes. Utopía que no tiene condiciones de posibilidad en el capitalismo que se erige sobre la negación del otro. Utopía perseguible en ese otro mundo evocado por el sumakqamaña. Horizonte inagotable y a la vez plan de ruta de la reconstrucción societal.

Un proyecto político de tal naturaleza, organizado en torno a la búsqueda de una emancipación de espectro completo, conduce a la invención de una nueva institucionalidad y a la deconstrucción o vaciamiento de la que corresponde a las estructuras de dominación.

En varios de sus textos Moldiz ha reiterado una reflexión que sorprende viniendo de alguien que nunca ha sido cercano a las ideas anarquistas:

…si la ecuación del neoliberalismo es cada vez menos Estado y cada vez más mercado –como el espacio idealizado que encubre las relaciones sociales antagónicas producidas por el capital, la ecuación emancipadora será más bien cada vez menos Estado, cada vez más comunidad.

Reflexión contaminada seguramente por el habitus comunitario que en Bolivia se respira por todas partes, pero elabora a partir de un análisis cuidadoso de la realidad y sus alternativas.

La emancipación “…será plena cuando exista ese «no Estado»”nos dice Moldiz. ¿Será que los caminos adoptados por Nuestra América nos llevan por esos rumbos? ¿Confluirán por ahí los múltiples sujetos y las diversas rutas emprendidas? ¿Podremos en esta oportunidad por fin desprendernos de la sumisión intelectual y política?

Moldiz nos provoca pero nos hace fácil la tarea. Coloca muchas piezas y nos deja en libertad de moverlas y acomodarlas para construir las explicaciones. Invitación al debate que motiva la discusión tanto de la interpretación histórica como de las disyuntivas políticas o civilizatorias que dibuja. Reflexiones ineludibles para hacer del presente un camino hacia la utopía.

El futuro tiene que ser construido con cuidado, paciencia y sensatez, pero sin perder ni un minuto en complacencias.

* Prólogo al libro América Latina y la tercera ola emancipadora. Hugo Moldiz, Ocean Sur, 2012.

Robert Fisk Estados Unidos, Reino Unido y Al Qaeda podrían estar en el mismo bando


Cubadebate,28 agosto 2013 



En junio pasado Obama habló acerca de Siria con líderes de la Unión Europea, antes de la Cumbre del G-8.

Si Barack Obama decide atacar al gobierno de Siria, se asegurará de que por primera vez en la historia Estados Unidos y Al Qaeda estén del mismo lado. ¡Vaya alianza! ¿No fueron los tres mosqueteros los que exclamaban: ‘¡Todos para uno y uno para todos!’ cada vez que salían a combate? Éste debería ser el nuevo grito de guerra para los estadistas occidentales si deciden unirse en la agresión contra Bashar Assad. Los hombres que destruyeron a tantos miles el 9/11 estarán luchando al lado de la nación cuyos inocentes asesinaron cruelmente hace exactamente 12 años. Gran triunfo para Obama, Cameron, Hollande y el resto de estos guerreros en miniatura.

Esto, desde luego, no será anunciado con fanfarrias por el Pentágono o la Casa Blanca ni, supongo, por Al Qaeda, aunque los tres intentan destruir a Bashar, lo mismo que el Frente Nusra, afiliado a la red Al Qaeda; pero la posible acción trae consigo interesantes posibilidades.

Quizá los estadunidenses deberían pedirle colaboración de inteligencia a Al Qaeda, después de todo, dicha red tiene las botas en el terreno, cosa que a Estados Unidos no le interesa en lo más mínimo. Posiblemente Al Qaeda pueda ofrecer alguna información sobre instalaciones de comunicación clave a la nación que normalmente afirma que los simpatizantes de Al Qaeda, y no precisamente los sirios, son los hombres más buscados del mundo.

Habrá algunas ironías, claro está. Mientras los estadunidenses, con sus drones, matan a miembros de Al Qaeda, y a las habituales decenas de civiles, en Yemen y Pakistán, los señores Cameron, Hollande y los otros pequeños generales, estarán dando asistencia material a Siria al golpear a los enemigos de Al Qaeda. Ciertamente, pueden ustedes apostar su último dólar que los objetivos que los estadunidenses no atacarán en Siria serán de Al Qaeda y del Frente Nusra.

Nuestro premier británico aplaudirá lo que sea que los estadunidenses hagan, aliándose así a Al Qaeda y seguramente olvidará de los atentados con bomba en Londres. Quizá, como ya no existe memoria institucional en estos gobiernos modernos, Cameron no recuerda lo similares que son los sentimientos expresados por él mismo y Obama a los que manifestaron en su momento Blair y el ex presidente Bush hace una década; las mismas aseveraciones insípidas dichas con una certeza absoluta y sin suficientes evidencias para sustentarlas.

En Irak fuimos a la guerra sobre la base de falsedades de engaña bobos y mentirosos profesionales. Ahora es guerra vía YouTube. No quiero decir que las terribles imágenes de civiles muertos o afectados por gases venenosos sean falsas, sino que cualquier evidencia contraria a lo que se ha visto será suprimida.

Por ejemplo, a nadie le interesarán los persistentes reportes provenientes de Beirut, según los cuales tres miembros de Hezbolá que combatían al lado de las tropas de Damasco fueron víctimas del mismo gas el mismo día del ataque, cuando se encontraban en unos túneles. Se dice que ahora están recibiendo tratamiento en un hospital de Beirut. Si las fuerzas del gobierno sirio usaron gas ¿cómo es que hombres de Hezbolá resultaron afectados también? ¿Se les regresó el gas por accidente?

Hablando de la memoria institucional: que levante la mano el alegre estadista que recuerde lo que ocurrió la última vez que los estadunidenses la emprendieron contra el ejército del gobierno sirio. Apuesto a que no se acuerdan. Bueno, pues esto sucedió en Líbano cuando la fuerza aérea estadunidense decidió bombardear misiles sirios en el valle de Bekaa el 4 de diciembre de 1983. Lo recuerdo bien porque vivía yo en Líbano. Un misil sirio tipo Strela de fabricación rusa impactó un avión bombardero A-6 estadunidense y éste cayó, naturalmente, en Bekaa. El piloto, Mark Lange, resultó muerto y su copiloto, Robert Goodman, fue tomado prisionero y trasladado a una cárcel en Damasco. Jesse Jackson tuvo que viajar a Siria a rescatarlo después de casi un mes en medio de muchas frases hechas sobre poner fin al ciclo de violencia.

Otro avión estadunidense, esta vez un A-7 también fue impactado por disparos sirios pero el piloto logró eyectarse del aparato sobre el mar Mediterráneo, de donde lo sacó un barco pesquero libanés. Su avión quedó destruido.

Claro, se nos dice que el ataque contra Siria será breve. Nada más que entrar y salir. Cosa de un par de días. Eso es lo que Obama quiere creer. Pero piensen en Irán. Piensen en Hezbolá. Más bien sospecho que si Obama sigue adelante, el conflicto a su vez, seguirá y seguirá.

Gobierno Bolivariano rechaza pretensiones imperiales en contra de Siria

REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR
PARA RELACIONES EXTERIORES
COMUNICADO

28 de agosto 2013

El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, en nombre del Gobierno y del Pueblo venezolanos, rechaza y condena, de manera firme y categórica, cualquier pretensión de las potencias imperialistas de intervenir militarmente en territorio sirio, usando como excusa el ataque con armas químicas, perpetrado el 21 de agosto del año en curso, de origen hasta ahora desconocido.

En los acontecimientos de los últimos días se observan todos los elementos propios de los guiones imperiales para invadir países, sojuzgar a los pueblos y pisotear su dignidad, dejando tras si toda una estela de destrucción y muerte. Para justificar su acto de barbarie, los Estados Unidos con sus aliados acusan al Gobierno Sirio sin ningún tipo de evidencias, y sin esperar el informe concluyente de la Comisión de la ONU.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela denuncia que las amenazas de Estados Unidos y sus aliados hacia Damasco repite el mismo patrón de mentiras y manipulaciones utilizado contra Libia, Irak y Egipto, que sólo persigue controlar la riqueza petrolera de la región y expandir los mercados occidentales.

Estados Unidos y los países de la OTAN han armado y adiestrado escuadrones de terroristas en Siria, con la finalidad de intervenir y mantener el control del país.

Lo que ha conllevado a una guerra de conquista y destrucción del pueblo sirio que es baluarte histórico de la civilización y bastión de la estabilidad de la región árabe.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela responsabiliza a las fuerzas imperiales de colocar el mundo entero a las puertas de una guerra desastrosa de consecuencias incalculables para la humanidad.

El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, el Gobierno y el Pueblo venezolanos reiteran los profundos lazos de amistad que lo unen con la República Árabe Siria y ratifican su compromiso con todos los esfuerzos que permitan lograr la paz del pueblo sirio, respetando siempre su soberanía, autodeterminación, independencia e integridad territorial.

Caracas, 28 de agosto de 2013.

La mentira tarifada Fidel Castro Ruz


La Habana, 28 ago (AIN) Me mueve a escribir el hecho de que muy pronto ocurrirán acontecimientos graves. No transcurren en nuestra época diez o quince años sin que nuestra especie corra peligros reales de extinción. Ni Obama ni nadie podría garantizar otra cosa; lo digo por realismo, ya que solo la verdad nos podría ofrecer un poco más de bienestar y un soplo de esperanza. Hemos llegado en materia de conocimientos a la mayoría de edad. No tenemos derecho a engañar ni a engañarnos.

En su inmensa mayoría la opinión pública conoce bastante sobre el nuevo riesgo que está a sus puertas.

No se trata simplemente de que los cohetes cruceros apunten hacia objetivos militares de Siria, sino que ese valiente país árabe, situado en el corazón de más de mil millones de musulmanes, cuyo espíritu de lucha es proverbial, ha declarado que resistirá hasta el último aliento cualquier ataque a su país.

Todos conocen que Bashar al Assad no era político. Estudió medicina. Se graduó en 1988 y se especializó en oftalmología. Asumió un papel político al morir su padre Hafez al Assad en el año 2000 y tras la muerte accidental de un hermano antes de asumir aquella tarea.

Todos los miembros de la OTAN, aliados incondicionales de Estados Unidos y unos pocos países petroleros aliados al imperio en aquella zona del Medio Oriente, garantizan el abastecimiento mundial de combustibles de origen vegetal, acumulados a lo largo de más de mil millones de años. La disponibilidad de energía procedente, en cambio, de la fusión nuclear de partículas de hidrógeno, tardará por lo menos 60 años. La acumulación de los gases de efecto invernadero continuará así creciendo a elevados ritmos y tras colosales inversiones en tecnologías y equipos.

Por otro lado se afirma que en el 2040, en apenas 27 años, muchas tareas que hoy realiza la policía como imponer multas y otras tareas, serían realizadas por robots. ¿Se imaginan los lectores cuán difícil será discutir con un robot capaz de hacer millones de cálculos por minuto? En realidad era algo inimaginable años atrás.

Hace apenas unas horas, el lunes 26 de agosto, despachos de agencias clásicas bien conocidas por sus servicios sofisticados a Estados Unidos, se dedicaron a difundir la noticia de que Edward Snowden se había tenido que establecer en Rusia porque Cuba había accedido a las presiones de Estados Unidos.

Ignoro si alguien en algún lugar le dijo algo o no a Snowden, porque esa no es mi tarea. Leo lo que puedo sobre noticias, opiniones y libros que se publican en el mundo. Admiro lo valiente y justo de las declaraciones de Snowden, con lo que a mi juicio prestó un servicio al mundo al revelar la política repugnantemente deshonesta del poderoso imperio que miente y engaña al mundo. Con lo que no estaría de acuerdo es que alguien, cualesquiera que fuesen sus méritos, pueda hablar en nombre de Cuba.

La mentira tarifada. ¿Quién la afirma? El diario ruso “Kommersant” ¿Qué es este libelo? Según explica la propia agencia Reuters el diario cita a fuentes próximas al Departamento de Estado norteamericano: “el motivo de ello fue que en el último minuto Cuba informó a las autoridades que impidieran que Snowden tomara el vuelo de la aerolínea Aeroflot.

“Según el rotativo, […] Snowden pasó un par de días en el consulado ruso de Hong Kong para manifestar su intención de volar a Latinoamérica vía Moscú.”

Si yo quisiera podría hablar de estos temas sobre los que conozco ampliamente.

Hoy observé con especial interés las imágenes del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, durante su visita al buque insignia del destacamento ruso que visita a Venezuela después de su anterior escala en los puertos de La Habana y Nicaragua.

Durante la visita del Presidente venezolano a la nave me impresionaron varias imágenes gráficas. Una de ellas fue la amplitud de los movimientos de sus numerosos radares capaces de controlar las actividades operativas de la nave en cualquier situación que se presente.

Por otra parte, indagamos sobre las actividades del mercenario rotativo “Kommersant”. En su época fue uno de los más perversos medios al servicio de la extrema derecha contrarrevolucionaria, la cual disfruta que el gobierno conservador y lacayo de Londres envíe sus bombarderos a la Base Aérea en Chipre, listos para lanzar sus bombas sobre las fuerzas patrióticas de la heroica Siria, mientras en Egipto, calificado como el corazón del mundo árabe, miles de personas son asesinadas por los autores de un grosero golpe de Estado.

En esa atmósfera se preparan los medios navales y aéreos del imperio y sus aliados para iniciar un genocidio contra los pueblos árabes.

Es absolutamente claro que Estados Unidos tratará siempre de presionar a Cuba como hace con la ONU o cualquier institución pública o privada del mundo, una de las características de los gobiernos de ese país y no sería posible esperar de sus gobiernos otra cosa, pero no en balde se resisten 54 años defendiendo sin tregua —y el tiempo adicional que fuera necesario—, enfrentando el criminal bloqueo económico del poderoso imperio.

Nuestro mayor error es no haber sido capaz de aprender mucho más en mucho menos tiempo. 

Fidel Castro Ruz
Agosto 27 de 2013
8 y 34 p.m.



http://alainet.org/active/66771

Conferencia Feminismo y construcción de alternativas


Propuestas feministas transformadoras

Rocío Alorda


La ofensiva del patriarcado y el neoliberalismo se traduce en los últimos años en el aumento de la violencia hacia las mujeres, el control de sus cuerpos, la militarización  de los territorios y la privatización de los bienes comunes. Sin embargo, frente a este contexto el movimiento feminista del mundo sigue generado estrategias para resistir y a la vez fortalecer sus propias agendas políticas.

Para presentar esas propuestas se realizó la conferencia “Feminismo y construcción de alternativas” en el marco de la segunda jornada del Encuentro Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres.

Sin feminismo no  hay socialismo

La académica cubana Georgina Alfonso - Doctora en Filosofía y Profesora Titular de la Universidad de La Habana-  reflexionó a partir del proceso político que se ha llevado en su país para desarrollar un socialismo que incorpore al feminismo en sus elementos estructurales. La experta, indicó, que cualquier proyecto político transformador debe considerar el tema del cuidado de la vida, ya que “hay que debatir sobre la producción y reproducción de la vida (…) sobre la construcción de políticas pública para el beneficio de las mujeres y construir relaciones entre el Estado y la sociedad”. 

Las mujeres en Cuba son un sujeto revolucionario- explica Georgina-, país que en su complejo proceso político se ha adaptado a la necesidad de las mujeres, quienes  han ganado espacio en la sociedad y sus aportes éticos al proceso revolucionario son valorados y actualmente son figuras éticas que permiten pensar en el sentido de la felicidad. “No puede haber feminismo y socialismo si no hay felicidad, que es el sentido ético al seguir en la lucha (...) y eso pasa por construir un poder colectivo, donde nadie quiere decidir por otro”, sostuvo.

Quienes también han llevado una importante discusión sobre la necesidad de instalar el feminismo en los procesos políticos de su sector han sido las mujeres campesinas. Sus luchas y experiencias fueron expuestas por la chilena Francisca Rodríguez, dirigenta de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas de Chile (ANAMURI), de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y la Vía Campesina. Pancha explicó el proceso que llevó a la organización de la articulación de mujeres del campo, en donde se han generado importantes discusiones sobre el feminismo en las zonas campesinas, experiencia que hoy se materializa en agendas políticas con acciones feministas.

“Somos mujeres de distintos continentes con diversas historias unidas por el imperativo ético de defender la soberanía alimentaria, la agricultura campesina y luchar contra la violencia hacia las mujeres (...) y dijimos que sin feminismo no hay socialismo”, señala Pancha, quien explica que la necesidad de generar la discusión sobre una identidad propia dentro de las mujeres del campo e indígenas llevó a la propuesta de trabajar por un feminismo campesino y popular que fue un acuerdo del último congreso de la Vía Campesina.

En este transitar de las mujeres del campo, Pancha reconoce que hablar sobre feminismo en las organizaciones del campo implica “correr el velo del silencio”. Así, desde la CLOC se está trabajando en la campaña contra la violencia hacia las mujeres, campaña que se ha consolidado gracias a las alianzas con la Marcha Mundial de las Mujeres y Amigos de la Tierra. “El apoyo de la Marcha ha sido determinante en este proceso de construcción. Cuando Miriam (Nobre) nos presentó el feminismo político, dijimos ese es nuestros feminismo”—señala Pancha-  y es desde ahí que las mujeres de CLOC y Vía Campesina han forjado su recorrido feminista.

El feminismo en África 

La diversidad cultural que representa África está ligada a los 50 países que lo conforman, en donde la lucha de las mujeres ha estado presente incluso antes del colonialismo. Así lo señaló Graça Samo  de Mozambique, Directora Ejecutiva del Foro Mujeres de Mozambique y miembro del Comité Internacional de la MMM en representación de África, quien destacó que en la historia independentista de los Estados africanos las mujeres participaron activamente de los procesos liberadores. “En el diverso proceso de liberación e independencia nacional en África las mujeres participaban y apoyaban, pero la lucha de las mujeres iba más allá, ellas no querían –una vez liberadas sus naciones- volver a sus casas”, explica.

Luego de la guerra civil que hubo en Mozambique el año 1976, y post elecciones libres ocurridas el año 1994, las mujeres trataron de conseguir acuerdos con el gobierno que se tradujeran en mejor calidad de vida para ella y sus familias. Actualmente, en dicho país las mujeres viven las consecuencias de la guerra civil y la entrada del neoliberalismo, sin embargo, ellas se han organizado- en el año 2000 se integraron a la Marcha Mundial de las Mujeres- y poseen diversas formas de articulación para hacer frente y resistir ante el modelo cultural y económico.

En Túnez, el panorama de resistencia de las mujeres es complejo. Así lo explicó Basma Khalfaoui, abogada y activista por los derechos de las mujeres en Túnez e integrante de la Asociación Tunecina de Mujeres Demócratas, quien señala que la situación en su país es peligrosa para las mujeres, tanto para quienes trabajan en organizaciones porque el poder patriarcal no quiere que estén en los espacios públicos. 

Actualmente Túnez vive una de sus peores crisis- señala Basma- con una gran cantidad de militares en las calles y con los integristas en los espacios de poder, quienes no quieren cambios en el país. “Socialmente no hay inversión, tememos por el futuro de nuestros hijos, no hay empleo ni acceso a la educación. El gobierno está formado por tecnócratas y tenemos la presión de Europa y Estados Unidos encima. Tememos que pase lo que hoy Siria vive”, dice Basma, en un relato que refleja el dolor del pueblo de Túnez.

Sin embargo, el último Foro Social Mundial realizado en Túnez le dio fuerza y dinamismo a su pueblo, en especial a las mujeres, ya que – a criterio de Basma- “todos los actos de las mujeres constituyen un motor para el cambio” y para generar esos cambios la solidaridad internacional es clave. “El slogan de nuestra revolución es “trabajo, dignidad y libertad”. Estoy aquí para pedirles solidaridad por las mujeres de Túnez, ya que las corporaciones y los imperialismos quieren seguir controlando nuestros países”, sostuvo la activista. 

- Rocío Alorda – MMM Chile


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Notas críticas sobre “América Latina en la geopolítica del imperialismo” de Atilio Borón



Neblina sobre los horizontes post-extractivistas: ¿no hay alternativas?

Emiliano Teran Mantovani*

Recientemente, el Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2012 ha sido asignado a Atilio Borón, por su obra «América Latina en la geopolítica del imperialismo». En esta obra, Borón presenta el panorama de crisis general del capitalismo, la estrategia imperialista de los Estados Unidos, y la significación de América Latina en este contexto. Las múltiples manifestaciones del caos sistémico, producto de la crisis civilizatoria en la que estamos inmersos, van de la mano con profundos reordenamientos geopolíticos y movimientos en el “tablero mundial”  ―al momento de escribir esta nota, la administración Obama se encontraba evaluando sus opciones militares en la guerra civil que está devastando a Siria―, por lo que los debates abiertos en este libro son evidentemente fundamentales para la región.

Hay un debate medular en el cual nos vamos a centrar, y es el que se refiere al papel que juegan y pueden jugar los gobiernos, pueblos y movimientos sociales en América Latina tanto en los procesos de transformación que se han vivido en la región, como en la propia geopolítica del imperialismo. Es resaltante notar, cómo la crítica al extractivismo, al concepto de desarrollo, y la propuesta de alternativas al mismo, que pasan también por la discusión sobre el Buen Vivir, han calado al punto de hacerse referentes en el debate regional. En la propia Declaración de Jefes de Estado del ALBA, en Guayaquil el 30 de julio de 2013, se hace evidente que esta disputa ideológica ha crecido en importancia, llevando a plantear explícitamente el rechazo a “la posición extremista de determinados grupos que, bajo la consigna del anti-extractivismo, se oponen sistemáticamente a la explotación de nuestros recursos naturales”[1].

No es de sorprender que el texto premiado de Atilio Borón se inserte en esta disputa, dedicándole al menos dos capítulos (6 y 7) en su obra, y planteando lo que considera las limitaciones del “pachamamismo”, de los críticos del neoextractivismo y de los teóricos de las alternativas al desarrollo. Reconoce el enorme problema de los límites del planeta y la necesidad de reformular los principios epistemológicos de la izquierda y los sectores anticapitalistas. No obstante, en la misma medida intenta desarmar las alternativas al desarrollo, sumergiéndolas en un horizonte donde no se avizoran posibilidades, cerrando nuevamente el círculo del sistema y bloqueando sus grietas básicamente con interrogantes y algunas ambigüedades. Parece que pasamos de un callejón sin salida a otro.

La dicotomía pachamamismo vs extractivismo planteada por Borón, supone dos cosas:

Ø  la primera, es la construcción de un escenario en el cual toda crítica al extractivismo deviene en pachamamismo, una suerte de sujetos fundamentalistas, obcecados, impacientes y carentes de alternativas, que colocan sin negociación la defensa ambiental por encima de todo, y que ponen a los gobiernos progresistas entre la espada y la pared con sus peticiones. Esta tipificación maniquea[2] apunta hacia una especie de deslegitimación de toda vocería de estas posturas, a la vez que disuelve la amplitud, la riqueza y la diversidad de la crítica al extractivismo;

Ø  la segunda, deviene en que la alternativa al extractivismo, su “contrapropuesta”, es por lo tanto inviable para el presente, por lo cual esta se posterga.

Si Borón considera plausibles buena parte de las críticas de los teóricos del neoextractivismo, y que “sus argumentos quedan reducidos a una atractiva retórica pero desprovista de reales capacidades de transformación social”[3], entonces debemos rastrear esos límites que expone el autor que hacen que para éste, sean inviables las propuestas de alternativas al desarrollo en la realidad. La pregunta clave sería, ¿cómo estamos pensando esos desafíos para apuntar a una transición hacia modelos post-extractivistas? Proponemos la discusión a partir cinco puntos resaltantes profundamente entrelazados, problematizando los límites boronianos a los planteamientos anti y post-extractivistas:

a) “Primero hay que hacer una revolución socialista”

Para Borón, los “pachamamistas” y los críticos del desarrollo plantean impulsar el sumak kawsay en un solo país[4], lo cual no es necesariamente cierto. El investigador argentino toma para la crítica a varios autores, siendo uno de sus principales objetivos Eduardo Gudynas. Gudynas ha expuesto que: “La propuesta de desarrollo postextractivista no puede hacerse en solitario, y requiere ciertos niveles de coordinación dentro de América Latina, o al menos con los países vecinos. Esas negociaciones llevan su tiempo, e implica que varios países lleven ritmos similares en sus procesos de cambio”[5]. En todo caso, para que se pueda impulsar ese Buen Vivir, Borón se plantea: 

¿Podrá lograrse tal cosa en ausencia de una profunda revolución social? Una de las críticas que pueden formularse a quienes (como Eduardo Gudynas y tantos otros) pregonan la necesidad de llegar primero a un extractivismo “sensato” ―es decir, que para 2020 no supere el 30% de las exportaciones de nuestros países― reside precisamente en la debilidad de una argumentación a favor de una racional y cuidadosa apropiación de los recursos naturales liberada de los condicionamientos y limitaciones que plantea el capitalismo, y su modelo de consumo, en su actual fase imperialista. Estamos de acuerdo en la meta, pero para ello nos parece que es necesario hablar de ―¡y hacer!― una revolución socialista. Dentro del capitalismo tal solución es inviable[6]

Hay en este planteamiento una especie de visión mecanicista, una linealidad newtoniana que propone la existencia de etapas puras, discontinuas unas de otras. Puesta así, la revolución aparece con un comienzo de cero ―¡ya no hay más capitalismo!―, como un crack, como tabula rasa. Aparece cosificada como algo trascendental, pero no considerada como un proceso molecular. Sin embargo, al analizar la propia obra de Marx, se muestra cómo el proceso de acumulación originaria fue un proceso germinal, en el cual iban naciendo y estructurándose formas de producción y de relaciones capitalistas en el seno de la agonizante sociedad feudal, siendo que el último episodio de la consolidación del capitalismo en Europa ―¡y no el primero!― fue la Revolución Francesa, a la que Marx llamó la “escoba gigantesca que barrió todas las reliquias de tiempos pasados”[7].

Para Borón, solo una vez consumado el proyecto socialista sería posible salvar a la Madre Tierra. Esta idea revolucionaria, a nuestro juicio capitalocentrista, etapista y trascendental, nos remite constantemente a lugares y tiempos inexistentes. La construcción de un mundo post-capitalista debe ser un proceso germinal construido desde el ahora. La idea planteada en Venezuela por el presidente Chávez sobre el impulso a las Comunas como base del Socialismo del Siglo XXI, con sus contradicciones, intenta apuntar en esa dirección. Las luchas territoriales en todo planeta son procesos que reflejan estas tensiones y contradicciones. El propio Borón plantea, que la socialización, como proceso de empoderamiento popular es un “proyecto por el cual se acaba con el despotismo del capital mientras se va instituyendo el autogobierno de los productores”[8]. El problema es que el mantener el extractivismo como modelo, y peor aún, intensificarlo, al contrario que abrir este proceso, lo aprisiona. 

En la medida en que se ensancha el Estado rentista, este tiende a expandir cuantitativa y cualitativamente su relación clientelar con los sujetos, a extender la modernidad capitalista a nuevos territorios, subsumiendo y disolviendo comunidades, saberes, culturas y economías ancestrales, y a desestimular poderosamente las economías productivas. Son significativos los debates que se dan actualmente en Venezuela entre movimientos sociales, organizaciones populares y comuneros, quienes reconocen los enormes desafíos que produce la cultura rentista en términos de desmovilización social y de conciencia consumista e individualista[9]. No hay motivos para pensar que más extractivismo nos puede abrir el camino hacia ese proceso revolucionario constitutivo.

b) Extractivismo, “desarrollo” y la pobreza capitalista

Una de las críticas de Borón a los que ha denominado los “pachamamistas”, consiste en que estos plantean oposición al extractivismo y al desarrollo, pero no dicen de donde vendrá el dinero para construir esa nueva y buena sociedad. Plantea como poco razonable proponer un “no desarrollo” ante la pobreza, hambre y miseria social, al tiempo que afirma¿hasta qué punto podríamos estar autorizados a exigirle a los países que, no por propia voluntad, sino a causa de la dominación imperialista quedaron sumidos en el atraso y el subdesarrollo, que se resignen a permanecer en esa situación, o tal vez conformarse con un módico progreso, pero a años luz de los niveles de vida de los países que se beneficiaron durante siglos del despojo colonial?[10]

Lo cierto es que con la llegada de los gobiernos progresistas en América Latina, los índices de pobreza han disminuido notablemente, lo cual, aunque no haya resuelto el problema de fondo, se trata de un muy importante incremento del bienestar básico de una buena cantidad de personas que habían sido excluidas del sistema socioeconómico.



A pesar de esto, estamos hablando de la cobertura de las necesidades básicas de los ciudadanos por la vía de la redistribución de una renta, fundamentada en un modelo insostenible en el mediano plazo, que tiende a hacerse cada vez más dependiente y vulnerable en términos sistémicos, y que a partir de una contabilidad distorsionada, va destruyendo otros valores que suelen ser invisibilizados (ecológicos, económicos, culturales), lo cual deja el verdadero “saldo de vida” en negativo (una verdadera pobreza). 



El mantenimiento y la profundización del extractivismo y el “desarrollo” supondrían una intensificación de nuestra inserción en la globalización capitalista, incrementando nuestros niveles de dependencia sistémica y por ende nuestra vulnerabilidad económica, lo cual se traduce en peligros de orden financiero, alimentario  ―el caso de Venezuela es resaltante[11]― y en general de procesos de acumulación por desposesión. La pobreza está en estrecha relación con la propiedad ―el despojo de la modernización capitalista apunta a la creación de los “desposeídos”―, con la autonomía comunitaria ―la dependencia necesariamente genera pobreza, y viceversa―, y con el acceso a los bienes comunes para la vida, y si estos son despojados o destruidos, estamos en presencia de una pérdida de riqueza.



Es falsa la separación entre el ambiente, lo social y lo político. La defensa ambiental no sólo es un ejercicio cosmético, sino que se trata primordialmente de una defensa del territorio, de la riqueza para la vida. América Latina es una región donde se despliegan múltiples conflictos territoriales en defensa de los bienes comunes, conflictos buena parte de ellos entre los pueblos y comunidades contra sus propios Estados. Estos conflictos precisamente se basan en proyectos extractivos que proponen “desarrollo” y renta, a cambio de la destrucción de otros valores para la vida[12].

La reivindicación de Borón de que no tenemos autoridad para exigirle a ningún pueblo que se resigne al “atraso y el subdesarrollo” es tan comprensible como insostenible. Por un lado, de ser esto así, ese derecho lo podrán exigir tranquilamente los millones de pobres de China, Brasil e India, potencias emergentes que durante mucho tiempo fueron explotadas y empobrecidas por el imperialismo. Si esos tres países “llegaran al desarrollo”, como paradigma de producción y consumo estandarizado por los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, aquí ya no habrá mucho más que discutir. Por otro lado, ¿tenemos a su vez autoridad para exigirle e imponerle a un pueblo o comunidad un proyecto extractivo en “nombre del desarrollo”?

Hay una especie de mito de que el dinero lo resuelve todo. Creemos que es muy discutible que el camino para “vencer la pobreza” de los pueblos Latinoamericanos pase por intensificar el rol extractivista de sus Estados. Hay que revisar si los encadenamientos productivos deben ser primordialmente con el mercado mundial o bien entre pueblos de la región. Si seguirá prevaleciendo el mentado “desarrollo nacional” a partir de mercantilizar nuestra naturaleza, o podremos avanzar en el impulso de la autosostenibilidad territorial de nuestros pueblos y comunidades  ―nuevamente, el proyecto de Las Comunas propuesto por el presidente Chávez en Venezuela― desde una transición económica y territorial post-extractivista. Se trata, en todo caso, de un proceso de orden global.


c) La condición extractivista del Estado periférico latinoamericano

Para Borón está claro que las evidencias más rotundas de las lacras del neoextractivismo surgen en países de centroizquierda como Argentina, Brasil Uruguay y el Chile previo al triunfo de Sebastián Piñera, países que no han manifestado la menor intención de avanzar hacia un horizonte postcapitalista. El argentino expone que Bolivia, Ecuador y Venezuela sí han trazado este camino, planteando el Socialismo del Siglo XXI, y cree que algunas críticas han subestimado logros como las nacionalizaciones petroleras en Venezuela y Bolivia, junto con la importante iniciativa del Yasuní ITT en Ecuador[13] ―a estas alturas el presidente Correa declaró el fin de la moratoria de la explotación petrolera en esa rica área, aunque convocaría a un referéndum popular para someter dicha decisión a la voluntad popular. 

Borón afirma que “Para América Latina, la sustentabilidad de los procesos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador es la mayor importancia”[14], lo cual consideramos correcto, pero al mismo tiempo no es una afirmación que esté exenta de debate. La pregunta que juzgamos clave es, ¿qué es necesario para sostener estos procesos en curso?, entendiendo “proceso” como la alianza popular-nacional en la que la propia base popular es el factor constitutivo de la misma.

Ante las “impacientes” críticas de los teóricos de las alternativas al desarrollo, Borón antepone un “sobrio diagnóstico”[15], asumiéndolo como más claro ante los enormes desafíos planteados. El problema es que la crítica al extractivismo no se trata principalmente de la velocidad de las transformaciones en curso, sino más bien de la preocupante dirección que están tomando las mismas en varios países de América Latina, lo que genera un cuestionamiento a esta especie de actitud pasiva/acrítica que parece promover el texto. Más bien surgen preguntas como, ¿es la profundización del extractivismo, promovida a partir de la expansión de los proyectos extractivos en toda la región, una vía hacia modelos post-capitalistas y post-extractivistas? ¿Son estos proyectos en expansión fórmulas inevitables? ¿Son producto de la necesidad, o en cambio son más una elección política? ¿Cuáles serán los costos de esta profundización del modelo en términos sociales, políticos, geopolíticos, económicos y ecológicos?

Este tipo de modelos rentistas y dependientes que caracterizan nuestros países latinoamericanos son tan paradójicos que incluso en épocas de abundancia, intensifican su conexión con la economía-mundo capitalista ―y por ende su propia dependencia― y amplifican sus males endémicos, los cuales son encubiertos por la renta como ilusión de riqueza. Hay claros signos en nuestras economías de la llamada “enfermedad holandesa”, producto del boom de los commodities a partir del 2004 impulsado principalmente por la demanda china. No es producto de la casualidad que en Venezuela, en la medida en que se han incrementado los ingresos por exportación petrolera, al mismo tiempo han crecido los niveles de endeudamiento externo y las importaciones. Se trata de un problema estructural.

Ante esto, Borón parece debatirse entre una paradoja que aprueba y pero ve con escepticismo un proceso de transición post-extractivista en los países progresistas latinoamericanos. Borón afirma: 

Cuando los intelectuales y movimientos sociales más profundamente identificados con el sumak kawsay hablan de “transición” están reconociendo la imposibilidad de concebir la fulminante implantación de ese programa mediante un úkase administrativo emitido desde Caracas, Quito o La Paz. Por consiguiente, si se trata de un proceso que puede durar varios años, hasta décadas, solo espíritus muy cegados pueden dejar de reconocer que hasta que este se consuma habrá una difícil pero inevitable coexistencia entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no acaba de nacer, para usar la expresión gramsciana (…) Pero mientras esta novísima forma de organizar la vida económica y social de los pueblos se instaure y consolide, la convivencia de un capitalismo extractivista en retirada con un nuevo orden económico poscapitalista o “socialismo biocéntrico” será inevitable. Este no surgirá por generación espontánea, sino que será producto de prolongadas luchas populares y una férrea determinación gubernamental[16].

Ciertamente este escenario parece más sensato que la idea de “primero la revolución socialista”. En todo caso, lo resaltante es precisamente cómo se allana el camino para la puesta en marcha de ese “extractivismo en retirada”. Y para ello es necesario, en primer lugar, una política de transición clara que juegue con los márgenes de maniobra que actualmente poseen los gobiernos progresistas, los cuales no son tan estrechos y limitados como nos han querido hacer pensar ―como lo demuestra la desvinculación del FMI por parte de Venezuela; los desafíos a la deuda externa ilegítima que planteara el gobierno de Ecuador[17]; o como lo fue en su momento la propia iniciativa de no explotar el Yasuní ITT en ese mismo país. 

Y en segundo lugar, el despliegue de ese nuevo orden económico poscapitalista o “socialismo biocéntrico” en el seno de nuestras sociedades, que constituya el tránsito de la pobreza rentista a la riqueza por apropiación de procesos. El propio Borón afirma: “Es obvio que existen pasos que pueden darse de inmediato, pero la cuestión es calcular con esperanzado realismo y sin abandonar para nada los ideales cuánto es lo que se puede avanzar en la correlación de fuerzas que define los marcos de lo posible para gobiernos como los de Bolivia y Ecuador”[18]. 

Ahora bien, si el Estado es también un campo en disputa, si en una revolución no debe morir la permanente tensión que existe entre poder constituido y poder constituyente, entonces las movilizaciones y la crítica populares son el motor de esos procesos de cambio radical. Han sido, son y siempre serán la fuerza originaria de toda transformación social, capaz de desplazar la hegemonía del capital en un espacio-tiempo determinado, así como de defender zonas liberadas o reivindicaciones alcanzadas, y el caso de los procesos políticos latinoamericanos no son la excepción. No hay política de transición post-extractivista posible, ni impulso a procesos germinales post-capitalistas, sin poder constituyente activo.

d) Extractivismo e imperialismo

Atilio Borón, ahora desde una postura dubitativa acerca de la transición post-desarrollista ―evidencia de algunas formulaciones no resueltas por el autor, que se expresan desde una cierta ambigüedad―, y volviendo a la idea de la “ruptura revolucionaria”, alerta de los peligros del imperialismo:

Todo esto supone discutir cómo se produciría el pasaje a la nueva estrategia alternativa al desarrollo. La respuesta de los teóricos de este modelo es que esto ocurriría, no mediante una ruptura revolucionaria, sino a través de transiciones que, paulatinamente, vayan imponiendo este nuevo sentido común alternativo al progreso y al desarrollo. Pocos podrían estar en desacuerdo con tan nobles propósitos. la cuestión, sin embargo, es: ¿cómo avanzar en estas pacíficas transiciones en sociedades como las del capitalismo actual, dominadas por completo por la rapacidad de la lógica de la ganancia y “acorazadas”, para usar la expresión gramsciana, por un aparataje coercitivo y mediático que se erige como un formidable obstáculo ante cualquier tentativa de cambio?[19]

Ciertamente estamos inmersos no sólo en un sistema-mundo sumamente caótico y convulsionado, sino en un entorno global de permanentes conflictos geopolíticos e importantes reacomodos. Para Borón, el entorno geopolítico es muy comprometido, de ahí que insista en una postura más sobria. En todo caso, el moderno sistema-mundo capitalista ha sido un sistema en constante conflicto, intensificado cualitativa y cuantitativamente desde el inicio de la fase imperialista a fines del siglo XIX, cuando comenzara la verdadera repartición del mundo, por lo que un “entorno geopolítico favorable” para iniciar un proceso emancipatorio de los pueblos latinoamericanos no parece haber existido como tal.

Lo que sí tenemos en la actualidad son escenarios particulares, asentados en los escenarios histórico-estructurales: un entorno peligroso de crecientes procesos de acumulación por desposesión; un escenario de notables reordenamientos geopolíticos, con Estados Unidos como potencia en decadencia  ―y como un “tigre acorralado”, como lo ha llamado Immanuel Wallerstein― y tendencias a la multipolaridad con el ascenso de los BRICS, con China a la cabeza; un entorno de fortalecimiento regional en América Latina en términos geopolíticos; y un entorno de movilizaciones populares también en la región, con algunos vaivenes. La pregunta es: en síntesis, ¿es este el mejor entorno geopolítico que ha tenido y puede tener América Latina para su emancipación en toda la historia de la modernidad capitalista?

Es importante resaltar que la visión que vincula al imperialismo únicamente con la idea de una intervención militar de los Estados Unidos, resulta muy reduccionista. Esta visión expresa en efecto, su actor principal, empleando a su vez su faceta más agresiva; pero existen otros actores y mecanismos que operan para facilitar los procesos de acumulación por desposesión. Entender estas complejidades permite visualizar con mayor claridad el mapa de actores y procesos que confluyen en la geopolítica del extractivismo en América Latina. Creemos que Borón se centró primordialmente en esa cara más visible, en “la punta del iceberg” del imperialismo, como la ha llamado el geógrafo marxista David Harvey[20].

Si el imperialismo persigue solventar los desajustes que se originan en los procesos de acumulación de capital, posicionarse y controlar determinados territorios y recursos naturales estratégicos, y avanzar en el tablero mundial para contener o eliminar a un potencial enemigo, existen varios mecanismos para operativizar esto en la globalización neoliberal. De ahí que hablemos de imperialismo cultural, que pasa tanto por controlar matrices de opinión, como los paradigmas epistémicos para comprender la realidad ―donde el paradigma de “desarrollo” todavía tiene gran fuerza―; un imperialismo corporativo, desde el cual las empresas transnacionales toman control de la producción interna y desnacionalizan las economías nacionales, aunque también se pueden contar las actuaciones específicas de las ONGs; un imperialismo financiero, motorizado por los grandes oligopolios bancarios y las grandes instituciones supranacionales de “desarrollo” y fomento como el Banco Mundial; un imperialismo jurídico, que opera por medio de las instituciones y normativas globales que enmarcan todos los procesos estatales políticos y económicos en un esquema jurídico mundializado en torno al capital[21]; todos estos, unidos al imperialismo militar, el más agresivo y destructivo. Se trata pues, de un “imperialismo de mil tentáculos”, apelando a un término que utilizó el propio Borón en el texto, aunque fuera sólo para advertir a los gobiernos progresistas acerca de los peligros de peones locales financiados desde el exterior, y que aparentan ser democráticos y humanistas[22].

En la medida en que nos insertamos más profundamente en la globalización capitalista, nos amalgamamos más con estos múltiples dispositivos del imperialismo. El imperialismo puede arrodillar a una nación por la vía del endeudamiento externo, como ya pasó en varias partes del mundo con la Crisis de la Deuda de los años 80, y como pasa en la actualidad en Grecia. La expansión del extractivismo conlleva a crecientes niveles de endeudamiento externo en nombre del “desarrollo”, como lo hemos mencionado antes. La invasión imperialista de semillas transgénicas y el agronegocio pueden aniquilar la soberanía alimentaria de un país. Favorecer el extractivismo agrario puede representar un enorme peligro para la soberanía nacional[23].
De esta manera, no estamos muy seguros que profundizando el extractivismo estemos despegándonos del imperialismo. Si los Estados periféricos son vulnerables ante estos múltiples mecanismos imperialistas, y pueden articularse con el gran capital transnacionalizado, es fundamental la interpelación popular que fiscalice al Estado en su accionar geopolítico, no sólo con los Estados Unidos, sino también con China, Brasil, Rusia, entre otros. Lo más importante, es evitar que se abran procesos de acumulación por desposesión.

Si en el contexto de agravamiento de la crisis estructural del capitalismo histórico, el Estado cada vez va a poder cumplir menos su función social, es fundamental que se lleve a cabo un desplazamiento político que empodere a las organizaciones territoriales. El proyecto político de Las Comunas funciona no sólo como proyecto constitutivo, sino como núcleos de resistencia ante una posible agudización de la crisis civilizatoria.

e) Alternativas, procesos y sujetos de transformación 

“América Latina en la geopolítica del imperialismo” nos deja con escasos, sino nulos horizontes alternativos. La pesadez y la fuerza incontenible del imperialismo estadounidense, junto con el intento de restar fuerza y pertinencia a la crítica al extractivismo y la formulación de alternativas al desarrollo, pudiera tener un efecto que pasa de ser “intranquilizador” ―en palabras del propio Borón―, a ser desmovilizador y agobiante. No se duda de la realidad en lo que respecta a la voracidad del imperialismo estadounidense, sin embargo, difícilmente no se tenga un efecto contraproducente en un lector que se le traza un panorama tan oscuro, que a su vez no viene acompañado de algún horizonte de posibilidad. Los altos niveles de caos sistémico vienen además acompañados de altos niveles de incertidumbre ―hasta hace poco, nadie se esperaba las revueltas sociales que se dieron en Brasil para junio de este año, por lo que el margen de movilizaciones populares en todo el mundo tiene un papel demasiado importante que cumplir en esta historia que aun no se ha escrito.

Lo cierto es que Borón soltó apenas algunas escasas y discontinuas insinuaciones propositivas en el texto, al tiempo que curiosamente acusaba a los críticos del extractivismo como Gudynas, de carecer de alternativas y propuestas realistas. De hecho, Borón, en defensa del crecimiento económico en sí, propone: “Lo que habría que hacer es garantizar, mediante un estricto control público (que no solo quede en manos de la burocracia estatal), que las actividades económicas respeten los derechos de la Madre Tierra y que reduzcan a un mínimo los procesos que podrían afectar negativamente tanto a la naturaleza como a la sociedad”[24]. Se trata exactamente del mismo tipo de alternativas y propuestas que plantea el propio Gudynas en sus escritos: “Un primer conjunto de medidas está basado en aplicar controles sociales y ambientales sustantivos y eficientes sobre los emprendimientos extractivos, y simultáneamente avanzar en una corrección social y ambiental de los precios de los productos extraídos”[25].

A decir verdad ha sido Gudynas quien ha trabajado más el diseño de alternativas, en este caso post-extractivistas, en comparación con el trabajo de Borón. Pero esta coincidencia que acabamos de señalar arriba, más allá de evidenciar algunas inconsistencias en el discurso del investigador argentino, es una muestra de las dificultades para pensar, generar, producir y explicitar alternativas post-capitalistas en un mundo en crisis, con paradigmas en crisis, que en la mayoría de las veces no dan alcance para interpretar la realidad, y muchos menos para diagnosticar y esbozar caminos ante tales niveles de incertidumbre e hibridación. Resulta dificultoso juzgar tan rígidamente la carencia de alternativas “realistas” en una izquierda que tiene más claro lo que no quiere, pero que muy poco ha avanzado en construir teoría(s) para andar hacia el mundo que desea.

No obstante, Borón reconoce que:

un genuino proyecto de “buen vivir” implica definir, de algún modo, el programa socialista para el siglo XXI. El problema es que esta es una tarea eminentemente práctica, toda vez que la teoría ―como el célebre búho de Minerva mencionado por Hegel― siempre despliega sus alas al anochecer, es decir, cuando la praxis histórica de los pueblos resuelve (o trata de resolver) los desafíos que enfrenta la sociedad[26].

Esta idea es fundamental en el sentido de que reivindica los saberes populares  y su potencial creativo y emancipatorio, descentralizando los procesos de producción de saberes, que han sido universalizados durante varios siglos por la epistemología colonial. Sin embargo, Borón, en su crítica al supuesto “espontaneísmo” de los movimientos sociales ―nuevamente una tipificación estereotipada para criticar en general al resto de los movimientos sociales[27]―, propone la necesidad de una teoría revolucionaria: “Puede parecer demasiado iluminista pero no importa: en ausencia de tal teorización, difícilmente podrá haber prácticas de masas emancipatorias o revolucionarias. Solo una teoría que diga y demuestre que otro mundo es posible persuadirá a las masas a actuar; ante la ausencia de una tal teoría la respuesta ha sido la resignación y la desesperanza”[28].

En este continuo vaivén entre el estructuralismo y algunas reivindicaciones moleculares que hace Borón, se asoman paradojas como estas que pone al sujeto político ante un dilema ontológico. Nuevamente los movimientos sociales se enfrentan a la disyuntiva entre ser “masa” bajo un mando centralizado y jerarquizado, o bien articularse orgánicamente en la diversidad, con las dificultades y desafíos que esto supone. Pero preocupa sobremanera, que Borón plantee que muchos movimientos sociales y fuerzas políticas estén abriendo una brecha con los gobiernos progresistas, y que en su crítica estén “en coincidencia con la virulenta contraofensiva estadounidense destinada a revertir los avances registrados en la primera década de este siglo” o “en estrecha asociación con organizaciones abierta o veladamente instrumentales a la política imperialista en la región”[29], lo que puede constituir la apertura a un peligroso camino de abierta satanización de la crítica y de criminalización de la protesta, estableciendo un nuevo signo en la relación de los movimientos sociales con los gobiernos denominados progresistas. El escenario más fructífero para los procesos revolucionarios es el continuo y permanente debate y práctica crítica. Lo otro genera preocupantes interrogantes.

*Emiliano Teran Mantovani es sociólogo de la Universidad Central de Venezuela, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos CELARG y hace parte del equipo promotor del Foro Social Mundial Temático Venezuela

Fuentes consultadas

- ABYA Yala Universidad Politécnica Salesiana. Fundación Rosa Luxemburg (coordinadores). Más allá del desarrollo. Fundación Rosa Luxemburg/Abya Yala. Caracas, 2011.

- BORÓN, Atilio. América Latina en la geopolítica del imperialismo. Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Caracas, 2012.

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- Declaración del ALBA desde el Pacífico XII Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del ALBA-TCP. Guayaquil, 30 de julio de 2013. Disponible en: http://cancilleria.gob.ec/wp-content/uploads/2013/07/declaracion-alba-guayaquil-julio-2013.pdf. Consultado: [12/08/2013].

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- GUDYNAS, Eduardo. «Diez tesis urgentes sobre el nuevo extractivismo», en: Autores Varios, Extractivismo, política y sociedad. CAAP (Centro Andino de Acción Popular) y CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social). Quito, Ecuador. Noviembre 2009. pp 187-225. En: http://www.ambiental.net/publicaciones/GudynasNuevoExtractivismo10Tesis09x2.pdf. [Consultado: 21/04/2012]. 

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- MARX, Karl. La Guerra Civil en Francia. Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores. SOV Baix Llobregat, 2009. Disponible en: http://www.enxarxa.com/biblioteca/MARX%20La%20guerra%20civil%20en%20Francia%20-%20sense%20afegits%20C2.pdf. Consultado: [15/07/2013].

- STEFANONI, Pablo. ¿Adónde nos lleva el pachamamismo? Rebelión. 28-04-2010. En: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104803. Consultado: [23/08/2013].

- STEFANONI, Pablo. Indianismo y pachamamismo. Rebelión. 04-05-2010. En: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104803. Consultado: [23/08/2013].

- TERAN Mantovani, Emiliano. Semillas de transformación en los movimientos sociales venezolanos. ALAI, América Latina en Movimiento. 2013-07-17. Disponible: http://alainet.org/active/65751. Consultado: [17/07/2013].

La extrema arrogancia del imperio El espionaje universal


Leonardo Boff
Rebelión, Adital
28 de agosto 2013


 El secuestro del Presidente de Bolivia Evo Morales, impidiendo que su avión sobrevolase el espacio europeo y la revelación del espionaje universal por parte de los órganos de información y control del gobierno estadounidense (NSA) nos llevan a reflexionar sobre un tema cultural de graves consecuencias: la arrogancia. Los hechos referidos muestran a qué nivel ha llegado la arrogancia de los europeos, forzados por los Estados Unidos. La arrogancia es un tema central de la reflexión griega de la cual venimos. Modernamente ha sido estudiada en profundidad por un pensador italiano con formación en economía, sociología y psicología analítica, Luigi Zoja, cuyo libro ha sido publicado en Brasil: História da Arrogância (Axis Mundi, São Paulo, 2000).

 En este libro denso, se hace la historia de la arrogancia en las culturas mundiales, especialmente en la cultura occidental. Los pensadores griegos (filósofos y dramaturgos) notaron que la racionalidad que se liberaba del mito venía habitada por un demonio que la llevaría a conocer y a desear ilimitadamente, en un proceso sin fin. Esa energía tiende a romper todos los límites y a terminar en la arrogancia, el verdadero pecado que los dioses castigaban duramente. Se llamó hybris al exceso en cualquier campo y Némesis al principio divino que castiga la arrogancia.

 El imperativo de la Grecia antigua era méden ágan: «nada en exceso». Tucídides hará decir a Pericles, el genial político de Atenas: «amamos lo bello pero con frugalidad; usamos la riqueza para emprendimientos activos, sin ostentaciones inútiles; para nadie la pobreza es vergonzosa, pero es vergonzoso no hacer lo posible para superarla». En todo buscaban la justa medida.

 La ética oriental, budista e hindú, predicaba la imposición de límites al deseo. El Tao Te King ya sentenciaba: «no hay mayor desgracia que no saber contentarse» (cap.46); «habría sido mejor parar, antes que el vaso se desbordase» (cap.9).

 La hybris-exceso-arrogancia es el mayor vicio del poder, sea personal, sea de un grupo o de un imperio. Hoy esa arrogancia toma cuerpo en el imperio norteamericano, que somete a todos, y en el ideal del crecimiento ilimitado que subyace a nuestra cultura y a la economía política.

 Ese exceso-arrogancia ha llegado en los días actuales a su culmen en dos frentes: en la vigilancia ilimitada, que consiste en la capacidad de que un poder imperial controle, por sofisticada tecnología cibernética, a todas las personas, violando los derechos de soberanía de un país y el derecho inalienable a la privacidad personal. Es señal de debilidad y de miedo de un imperio que ya no consigue convencer con argumentos ni atraer por sus ideales. Entonces necesita usar la violencia directa, la mentira, irrespetar los derechos y los estatutos consagrados internacionalmente. Según los grandes historiadores de las culturas, Toynbee y Burckhard, estas son las señales inequívocas de la decadencia irrefrenable de los imperios. Pero al hundirse causan estragos inimaginables.

 El segundo frente de la hybris-exceso reside en el sueño del crecimiento ilimitado mediante la explotación despiadada de los bienes y servicios naturales. Occidente creó y exportó a todo el mundo este tipo de crecimiento, medido por la cantidad de bienes materiales (PIB). Rompe con la lógica de la naturaleza que siempre se autorregula manteniendo la interdependencia de todos con todos. Así un árbol no crece ilimitadamente hasta el cielo; de la misma forma el ser humano conoce sus límites físicos y psíquicos. Pero este proyecto hace que el ser humano imponga a la naturaleza su regulación arrogante: así consume hasta enfermarse y al mismo tiempo busca la salud total y la inmortalidad biológica. Ahora que os límites de la Tierra se han hecho sentir, pues se trata de un planeta pequeño y enfermo, lo fuerza con nuevas tecnologías a producir más. La Tierra se defiende creando el calentamiento global con sus eventos extremos.

 Con propiedad dice Soja: «el crecimiento sin fin no es nada más que una ingenua metáfora de la inmortalidad» (p.11). Samuel P. Huntington en su discutido libro El choque de civilizaciones (Paidós 1998) afirmaba que la arrogancia occidental constituye «la fuente más peligrosa de inestabilidad y de un posible conflicto global en un mundo multicivilizacional» (p.397). Este sobrepasar todos los límites está agravado por la ausencia de la razón sensible y cordial. Por ella leemos emotivamente los datos, escuchamos los mensajes de la naturaleza y percibimos lo humano de la historia humana, dramática y esperanzadora.

 La aceptación de los límites nos hace humildes y conectados a todos los seres. El imperio norteamericano, por la lógica propia de la arrogancia dominadora, se distancia de todos, crea desconfianzas pero jamás amistad y admiración.

 Terminó con un cuento de León Tolstoi en el estilo de João Cabral de Mello Neto: ¿De cuánta tierra precisa un hombre? Un hombre hizo un pacto con el diablo: recibiría toda la tierra que consiguiese recorrer a pie. Se puso a andar día y noche, sin parar, de valle en valle, de monte en monte. Hasta que extenuado cayó muerto. Comenta Tolstoi: si conociese su límite, sabría que apenas le bastaban unos metros; más que eso no necesitaría para ser sepultado.

 Para ser admirados, los Estados Unidos no necesitarían más que su propio territorio y su propio pueblo. No precisarían desconfiar de todos ni fisgonear la vida de todo el mundo. 

Fuente: http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=ES&cod=77199