México:Tragedia, frivolidad, justicia
Adolfo Gilly · · · · ·
Sin Permiso
12/09/12
 

Adolfo Gilly, Trinidad Ramírez, Joel Ortega, José (de Cherán) y Luis Hernández Navarro, durante el foro Diálogo académico y con la sociedad civil sobre el contrainforme, celebrado en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de MéxicoFoto Yazmín Ortega Cortés

1. Tragedia

Monseñor Raúl Vera, obispo de Saltillo, en su incansable clamor por la justicia, dice hoy en La Jornada que el gobierno de Felipe Calderón se va con cerca de cien mil cadáveres espacidos por todo el territorio, decenas de fosas clandestinas, cerca de cuarenta mil desapariciones forzadas, doscientos mil desplazados, encarecimiento de los alimentos, fuga de capitales y venta de empresas mexicanas al capital extranjero.

Esta tragedia mexicana no es un azar del destino. Tiene al menos dos propósitos.

Uno, contribuir a mantener una de las industrias de exportación más rentables, el narcotráfico, y con ella las redes financieras locales e internacionales que la sirven, la encubren y sacan de ella sus propios y grandes beneficios.

El otro, sembrar el miedo, la indefensión y la desorganización en el pueblo mexicano para imponer las llamadas reformas estructurales, cuyo objeto es terminar de convertir en valor de cambio, en mercancías, en fuente de dinero para pocos y no de disfrute y vida para todos, nuestros trabajos, nuestra educación, nuestra salud, nuestras vidas y todas las riquezas naturales de México: las tierras, las aguas, los bosques, el suelo y el subsuelo y hasta el aire mismo con sus plantas eólicas.

De la indignación moral contra esta tragedia nació en la Ibero, el viernes 11 de mayo de 2012, el #YoSoy132. Otra vez los estudiantes se aparecieron a desordenar lo que bien planchado estaba y a informar lo que estaba desinformado. ¡Caramba y zamba la cosa, que vivan los estudiantes!, cantaba Violeta Parra.

¡Bienvenidos sean, y larga y sorpresiva vida al movimiento y a su inventiva!

2. Frivolidad

Mientras los estudiantes, lo mismo que Javier Sicilia y los movimientos que se organizan y actúan en todo el territorio nacional –Cherán, Atenco, Wirikuta, la Policía Comunitaria, las Juntas de Buen Gobierno zapatistas, los mineros, los electricistas y tantos y tantos más– enfrentan esta tragedia cada uno en su lugar y con su modo, la respuesta desde los gobiernos es la frivolidad y la amenaza, y desde muchos políticos el desconcierto y el pasmo.

El primer mensaje de Enrique Peña Nieto como presidente entrante, ante el escenario de destrucción que el que se va nos deja, es un discurso frívolo. Por eso mismo es conveniente tomarlo en serio. Mencionaré aquí tres de sus propuestas.

Nos dice Enrique Peña Nieto que se propone transformar una democracia esencialmente electoral en una democracia de resultados. Como ustedes bien saben por sus estudios, el pragmático y empresarial atributo resultados nada tiene que ver con el sustantivo democracia. Es un vocablo del pensamiento empresarial. Claro y coherente era, en cambio, el lema del Plan de Ayala, cuya demanda republicana fue libertad, justicia y ley. Sigue vigente para todos nosotros.

Tenemos playas, mares y litorales, tenemos valles y extensas planicies que deben ser espacios de verdadera oportunidad para nuestra gente, dice después ese mensaje.

México cuenta con bellezas naturales y culturales suficientes para convertirse en potencia turística global.

Sí, todo eso existe en México y es patrimonio común de vida y disfrute del pueblo mexicano, y no un espacio de verdadera oportunidad para muchos o para alguno. Espacios de oportunidad es lenguaje empresarial, amenazante para esos bienes nuestros que ahora los ven como nuevos espacios de despojo.

Más claro aún: esas bellezas naturales, dice Peña Nieto, permitirán a México convertirse en una potencia turística mundial. El sustantivo potencia se da de patadas con el adjetivo turística, pero esto es lo menos. Lo de más es que el presidente entrante se propone poner a la venta ese patrimonio y convertir a la naturaleza en valor de cambio en el mercado y no en valor de uso, de vida y de disfrute de los habitantes de la nación mexicana.

Enrique Peña Nieto también nos dice que vamos a ser protagonistas globales, preparando y educando a las nuevas generaciones para triunfar en cualquier lugar del mundo. Es la propuesta de un funcionario que no sabe el precio de la tortilla y del boleto de Metro ni el monto de los salarios mínimos ni los terribles índices de la pobreza ni los estragos de la guerra de Calderón.

La idea de educar a los jóvenes mexicanos para triunfar en cualquier lugar del mundo parece surgida de la mente de un publicista de universidad patito. Conocemos los índices de exclusión educativa a nivel universitario: los cientos de miles de jóvenes que, teniendo derecho y capacidades, no tienen acceso cada año a la educación superior; y las enormes deficiencias en recursos, instalaciones y hasta nutrición de la educación primaria y secundaria.

¿Cómo puede el nuevo presidente hablar de educar para triunfar en cualquier lugar del mundo? Ustedes, estudiantes, lo saben bien: está hablando para una juventud dorada de hijos de ricos, esos que nos llaman la prole y creen que el título se paga, no que se alcanza con trabajo, estudio, tenacidad y experiencia aprendida en la práctica del conocimiento.

Este es el pensamiento frívolo del presidente que nos han heredado una elección comprada y la falsa justicia de los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Este es, en efecto, un tipo de democracia que en verdad da resultados, dirán los miembros del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, uno de cuyos empleados bien podría haber escrito este primer mensaje presidencial.

3. Justicia

El Movimiento Progresista tiene razón en denunciar el fraude e impugnar ante la justicia la validez de la elección presidencial. Tiene razón también en señalar la prevaricación del alto tribunal electoral. Lo que no resulta tan coherente es por qué sólo se impugna la elección presidencial y se dan por válidos todos los demás resultados de la jornada electoral, falseados por la misma operación de compra de votos y de coacción clientelar de los votantes. Es desafiar a medias y aceptar a medias el resultado del fraude.

Pero más allá de esta incongruencia, que como ya sucedió en 2006 deja abierta una línea de falla y de litigio, un hecho es evidente: quienes con razón reclamaron su derecho ante la justicia electoral no encontraron jueces probos ni justicia legítima.

Pero ¿encuentran esa justicia los mexicanos y las mexicanas cada vez que son victimas de una agresión, un agravio, un despojo, una violación, un crimen de sangre o un atropello pequeño o grande de la autoridad? ¿Encuentran justicia en un país ocupado por sus propias fuerzas armadas? ¿Tienen a quien acudir las víctimas de la tragedia de este sexenio funesto?

El clamor de justicia en México es inconmensurable. Piden justicia Cherán, Ayotzinapa, Guerrero entero, Veracruz, Chihuahua y todos los estados de la dolida geografía mexicana. Piden justicia los movimientos indígenas y campesinos. Piden justicia los zapatistas y el entero pueblo chiapaneco, los pobladores de Cherán y de Atenco, los trabajadores despedidos, las víctimas de las catástrofes mineras, los cientos de miles de víctimas del terror desatado por Felipe Calderón y los suyos.

Justicia es un clamor nacional que en la desvaída campaña electoral sólo se empezó a escuchar de verdad ese viernes 11 de mayo, cuando ustedes en la Ibero, al grito de Atenco no se olvida, se rebelaron contra la represión, la injusticia y la mentira.

La justicia no empieza por la promesa escrita en un programa, sino por la denuncia, la indignación y la pelea en los casos de la vida real, poniendo el cuerpo y alzando el grito en la denuncia.

La justicia empieza por el conocimiento y la divulgación de la injusticia. Empieza por conocer, saber e informar al país cada injusticia, como lo han hecho quienes han asumido como personas o como organizaciones esa ardua tarea. La ausencia de justicia está encubierta y legitimada por el monopolio de la información. Antes que esos jueces infidentes, Televisa y TV Azteca son los fabricantes y los encubridores de la injusticia.

El gran malentendido del inicio de la campaña electoral con el apretón de mano a Joaquín López Dóriga y con él a su empresa, fue roto por ustedes ese 11 de mayo y con todo lo que después vino en las calles y plazas. La temporada electoral culminó en el cerco estudiantil a Televisa. Así cambiaron el panorama de la elección y hasta sus cifras finales.

Esa es conquista del movimiento estudiantil. No salió a pelear por partidos y promesas sino contra el escudo de la injusticia: Televisa y TV Azteca, el monopolio de la información, la expropiación del conocimiento, la mentira organizada y tecnificada. Es la enseñanza más preciosa del movimiento: saber, conocer, investigar, denunciar e informar al pueblo la injusticia y la depredación de esos que usurpan el gobierno y ejercen el poder.

Tenemos ahora por delante una embestida contra nuestros derechos y nuestras vidas que ya se apresuró a desatar Felipe Calderón con su proyecto legal de desmantelamiento de los derechos y conquistas de los trabajadores y sus organizaciones. Promete además Enrique Peña Nieto reforma energética: privatización abierta o encubierta de Pemex y el petróleo, propiedad inalienable de la nación, y apertura del territorio a la depredación de la megaminería; reforma fiscal: IVA a alimentos y medicinas, exenciones impositivas a los ricos; reforma educativa: exclusión para unos y privatización para otros, esos que, dice él, van a triunfar en cualquier lugar del mundo. Ante estos desafíos está hoy el movimiento #YoSoy132.

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