Eliades Acosta Matos La CIA y su irresistible pasión ornitológica

Cubadebate,5 de abril 2014


ZunZuneo quedará en la historia de la CIA como una de sus más chapuceras operaciones de guerra cultural contra la Revolución cubana. La red social creada por inseminación artificial por la Agencia, a través de una compleja maraña de laberintos utilizados para encubrir su verdadero origen, las fuentes de financiamiento y auténticos promotores, terminó estallando en las narices de los genios omnipotentes de sus equipos creativos. 

Hoy ZunZuneo es un cadáver abandonado en la morgue, al que nadie se ha presentado a reclamar, como si nunca hubiese tenido deudos, ni padres, ni padrinos. Como es habitual, en estos casos, el cuerpo olvidado terminará brindando a la ciencia la oportunidad de un estudio serio acerca de sus orígenes, crecimiento, funcionamiento y muerte repentina. Todo lo que, tradicionalmente, aterra a la CIA, acostumbrada a vivir en las sombras inalcanzables, lejos de la mirada de lo que denomina en sus documentos internos como “personal no autorizado”.

Más o menos como el drone yanqui hecho descender, recientemente, por los medios radioelectrónicos de las Fuerzas Armadas rusas, cuando espiaba sobre territorio de Crimea. Otro hijo de nadie, surgido por generación espontánea y rápidamente desaparecido de los titulares de la prensa mundial, como se intentará hacer, no lo duden, con este monumento a la chapuza imperial que es ZunZuneo.
Una oscura pasión ornitológica

En su afán por pasar inadvertida, mimetizarse, disolverse y alojarse en las entrañas de los sistemas a los que espía, controla o pretende destruir, la CIA ha llegado a cometer los más escandalosos pecados de ingenuidad y ridiculez. Recuerdo la manera certera en que el caricaturista Virgilio y el insustituible humorista Marcos Behamaras, de la revista “Mella”, representaron a un espía de la Agencia que llegaba a La Habana vestido a la usanza nacional, para no ser detectado entre los viajeros: sombrero de charro, sarape mexicano y una maraca en cada mano.

Es lo que viene a la mente cuando uno lee que a los genios invencibles de los equipos creativos de la CIA no se les ocurrió nada mejor que disfrazar de zunzún cubano su red social troyana. Un incomparable ejemplo de sutileza y creatividad diseñado, especialmente, para levantar sospechas. Pero, claro, no podemos pedir a estos eruditos que conozcan la manera en que el siboneyismo poético de Juan Cristóbal Napoles Fajardo, el Cucalambé, con sus loas a la naturaleza y la vida idealizada del indio, levantó de inmediato las sospechas de las autoridades coloniales españolas, que no tardaron en saber que tanta exaltación de lo propio escondía anhelos separatistas.

 Pero el haber intentado tropicalizar los gorjeos de twitter en Cuba revela otra arista interesante de la psicología de la Agencia: su irresistible pasión ornitológica, atavismo, quizás de sus orígenes depredadores.
 Desde 1948, casi a la par del nacimiento de la Agencia, esta puso en práctica una de las más amplias operaciones secretas para influir sobre la prensa mundial, la que luego sería conocida como “Operación Sinsonte” (Mockingbird, en inglés). Por supuesto que éste nombre era tan refinado que delataba, de inmediato, los objetivos a alcanzar. Partiendo del hecho reconocido de que el sinsonte macho puede imitar el canto de las demás aves y tener en su repertorio entre 50 y 200 variantes del mismo, los sesudos expertos en “guerra política encubierta”, como la bautizase George Kennan, procuraban imitar, desacreditar, manipular y falsear información pública, con toda la elegancia parasitaria de un sinsonte.

 Mediante la “Operación Sinsonte”, la CIA logró controlar y poner a su servicio a una buena parte de la prensa del llamado “Mundo Libre”. Sus asalariados, entre los que se encontraban periodistas de la fama de Joseph Alsop, Phillip Graham, Walter Pincus, William Pawley, Henry Luce y Hal Hendrix, trabajaban bajo la dirección de la Agencia en órganos tan prestigiosos e influyentes como “The New York Times”, “Washington Post”, “Time Magazine” y CBS. Al poco tiempo de ser nombrado Frank Wisner como director de la Oficina de Proyectos Especiales de la CIA, encargada de llevar a cabo estas tareas, la misma llegó a controlar alrededor de 25 de los más poderosos medios noticiosos norteamericanos.
 A inicios de los años 50 del pasado siglo, la bien aceitada maquinaria informativa secreta de la CIA, conformada a partir de “Sinsonte”, tuvo su bautismo internacional de fuego en las guerras culturales e informativas que desembocaron en los golpes de Estado contra gobiernos “hostiles” y que tuvieron lugar, con sospechosa sincronización, en Cuba, Irán, Guatemala, Argentina y otros países. Se consagraba un modus operandi que llega hasta nuestros días y que une, por los oscuros caminos freudianos de la sangre y las pasiones, a “Sinsonte” y “Zunzuneo”.

Es de suponer que la inefable Agencia, con sus brillantes mentes creativas de siempre, tenga en funcionamiento redes sociales de microbloggins, semejantes a Zunzuneo, en varios países, “hostiles, poco amistosos o indiferentes”, según sus rotundas y no menos brillantes clasificaciones. Esperemos, la revelación de la red “Cóndor Andino”, “Flamenco”, “Cigua Palmera”, “Cotorra Imperial”, “Guardabarranco” y “Turpial”. Nada, simplemente para que a través de ellas se hable de fútbol o pelota, sin costo alguno. Buena gente que son.
Los tres monos sabios

Junto con el refajo de la Agencia que ha quedado al aire tras el fiasco de Zunzuneo y su escondida predilección por lo volátil, vale la pena hablar de la manera en que el gobierno de los Estados Unidos, en última instancia, el dueño del circo, ha “asumido galantemente”, aunque con reluctancia, la responsabilidad por la flagrante barrabasada de la CIA. Es cierto que no le quedaba más remedio, tras las contundentes revelaciones de AP, como también lo es que se empeñó a fondo, con todo su poder global, para esconder esta operación dirigida contra la Revolución cubana. Empresas fantasmas en España e Islas Caimán y la participación de la Agencia para el Desarrollo de los Estados Unidos (USAID), incluso el apresurado desmantelamiento de Zunzuneo, en el 2012, así lo atestiguan.

Tampoco es nada nuevo. Sucesivos gobiernos norteamericanos, con relación a Cuba y el resto del mundo, han negado siempre, o aceptado con escrúpulos y ambigüedades, cualquier responsabilidad ante revelaciones escabrosas de su accionar subversivo encubierto, aunque sobre la mesa se hayan puesto toneladas de pruebas y evidencias irrebatibles. Es cierto que hay en ello mucho de caradura y soberbia imperial, pero la cosa es más profunda: forma parte de la filosofía fariséica e inmoral del sistema y en sus documentos secretos figura como un principio de buen gobierno conocido, en clave deliciosamente eufemística, como “negación plausible”.

Veamos cómo se describe el mismo en un borrador desclasificado de un informe del Consejo de Seguridad Nacional del Gobierno de los Estados Unidos, con fecha 12 de mayo de 1948 y que figura como Documento 274 de la colección publicada en su web por el Historiador del Departamento de Estado

“Como se expresa en la Directiva de Seguridad Nacional que proponemos, han de entenderse como ‘operaciones encubiertas’ todas las actividades, con excepción de conflictos armados que involucren a las fuerzas militares y las acciones de espionaje y contraespionaje, conducidas y patrocinadas por el Gobierno(USA) contra grupos o Estados extranjeros hostiles y de apoyo a grupos o Estados extranjeros amistosos hacia los Estados Unidos, que han de ser planeadas y ejecutadas de manera tal que nuestra responsabilidad en ellas no sea evidente para personal no autorizado y que, de ser descubiertas, permitan al Gobierno de los Estados Unidos la negación plausible de cualquier responsabilidad, especialmente las operaciones que incluyan toda acción relacionada con la propaganda, acciones preventivas directas, incluyendo el sabotaje, anti-sabotaje, las medidas de demolición y evacuación, la subversión contra Estados hostiles, incluyendo la asistencia a movimientos de resistencia, guerrillas y grupos de liberación formados por refugiados, y por último, el apoyo a los elementos anticomunistas locales en países amenazados del Mundo Libre.”

¿Se entiende ahora mejor la caradura sin fronteras de personajes como Jay Carney, vocero de la Casa Blanca y de Marie Harf, del Departamento de Estado, al dar a conocer la postura oficial de la administración Obama ante el escándalo de Zunzuneo?
Tras el entierro del ZunZuneo, zumba, canalla y rumbero

ZunZuneo pasará a la historia de la guerra infinita de los gobiernos norteamericanos contra Cuba como una pieza de vodevil, o más exactamente, de teatro bufo. Nada que no se supiese; nada que no se hubiese experimentado ya, de una u otra forma.

Está claro y es su karma que, hasta el momento, ningún gobierno norteamericano ha encontrado la vía de llegar a los cubanos de manera respetuosa y constructiva; ni ha aceptado su ordenamiento constitucional, ni su forma de gobierno soberanamente elegido por el pueblo. Está más que claro que, tras el eterno sermón de las libertades y derechos, los gobiernos norteamericanos intentan imponer a los cubanos sus propias recetas políticas y económicas. Y está claro y más que claro, que eso es inadmisible e inaceptable.

ZunZuneo, además, deja una lección más y esta es para nosotros: las redes sociales, el acceso a Internet y a toda la tecnología de nuestra época no es un lujo, sino un deber y un derecho, que semejantes operaciones de chapuza imperial no pueden contribuir a restringir o vetar para los ciudadanos del país.
 Siempre he compartido la idea de que la verdad es revolucionaria y que los revolucionarios no deben temer el contacto con el mundo real. Es allí y no en una campana de cristal, donde se foguean las virtudes y se hacen las revoluciones.

Internet, entre muchas cosas, es ese campo de batalla de nuestra época y la voz masiva y libre de los cubanos no puede estar ausente. Precisamente eso es lo que buscan, en el fondo, operaciones como la de ZunZuneo

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